…
A veces me gustaría poder salvarte
Y hay tantas cosas que quisiera que supieras,
no me rendiré hasta que haya terminado.
Si tú caes, tropiezas,
te recogeré.
Si pierdes, la fe en ti,
Te doy fuerza para seguir adelante.
Dime que no te has rendido,
porque estaré ahí, si tu caes
tu sabes ¡yo estaré ahí para ti!
…
Capítulo 7. Secretos.
– Parece que todo su esfuerzo finalmente comienza a dar frutos muchachos – comento la guerrera de cabellera rubia, felicitando al trio de jinetes que habían conseguido cumplir con éxito su primer misión en equipo. – Descansen, se lo han ganado– agrego para luego irse.
Patón se erguía orgulloso agradeciendo las atenciones por parte de la esposa del jefe y se despidió de los jóvenes para dirigirse al gran salón a buscar algo de comida. Kayla, Eidur y Rúnar los mejores de su generación, todos tenían los ojos puestos en el trio más nuevo del escuadrón de jinetes, las felicitaciones no se hicieron esperar. Lograron localizar y destruir un campamento enemigo que pretendía poner a su disposición el antiguo nido de la Muerte Roja, además de capturar a dos de los generales de guerra de Drago Manodura, era algo digno de reconocer. Trent los observaba desde una distancia prudente y rodo los ojos ante los elogios que recibían los recién llegados. – "Gran cosa" – pensó el engreído muchacho.
– Atrapar a un par de cazadores, hasta el más bruto sería capaz de cumplir una misión así – dijo entre diente al acercarse de forma sigilosa tratando de que no notaran su presencia.
– ¿Qué no piensas felicitarme, niño? – pregunto Eidur plantándose al frente de forma inesperada.
– No, crees que es muy pronto para celebrar tu triunfo, aun te falta mucho camino por recorrer – expreso tratando de sonar maduro. Eidur se comenzó a carcajear y alborotaba el cabello del fastidiado castaño.
– Sé que estas molesto de que acapare toda la atención, pero si quieres llegar a ser como yo debes seguir entrenando – dijo inflando su pecho y giñando el ojo para luego irse.
– Ser como tú, si claro – refunfuño. – Antes me tiraría de cabeza por un peñasco antes de ser tan ingenuo como ustedes jinetes de dragón – se dijo así mismo con sarcasmo. Para el, todo el asunto de la guerra lo tenía sin cuidado, su padre nunca le dejaba intervenir en esos asuntos y eso le molestaba. Todos esperaban que se convirtiera en el siguiente jefe de la aldea pero, como serlo si ni siquiera le daban la oportunidad de demostrar lo que realmente valía. Apresuro el paso al ver como su madre se alejaba entre la multitud, debía estar molesta, eso era seguro así que debía presentarse ante ella lo más pronto posible.
– Mamá – llamo en un tono bajo a la rubia que estaba de espaldas frente a él.
Astrid se dio la vuelta y su semblante tranquilo cambio a uno de molestia.
– ¡Trent! – le dijo molesta. – ¿Dónde te habías metido llevo toda la noche buscándote? –
– Tranquila solo fui a dar un paseo, el clima helado de la temporada es el mejor para acampar fuera, no sabías – respondió despreocupado.
– Hablas enserio… no tienes idea de lo preocupada que estaba – le reprocho aún más molesta y tomándolo por los hombros.
– Mamá tranquila solo estaba jugando, además Rena estuvo toda la noche conmigo – se defendió – te lo digo enserio estoy bien –
Suspiro derrotada. – Solo prométeme que dejaras de escabullirte así, sin decir nada – suplico con una tierna sonrisa en sus labios. Trent negó con la cabeza y su madre lo abrazo, el muchacho sintió su cara arder al notar como todos los presentes le miraban abrazar a su progenitora. Se deshizo sutilmente del abrazo apenado le dejo a su madre que iría a almorzar con sus amigos, esta asintió prometiéndole que lo buscaría más tarde.
– No hay nada más tierno que ver a una madre abrazando a su pequeño bebe, no lo crees así Ryden – se burló un joven de cabellera rubia y junto a su compañero comenzaron a reír.
– ¿Qué le robaste? – pregunto Ryden observando la hoja amarillenta que Trent sostenía en su mano izquierda.
– Pronto lo averiguare – dijo con una sonrisa guardando el papel en su chaleco negro de piel.
– Helen dijo que tenías un trabajo para nosotros, más vale que sea bueno – dijo el rubio ansioso.
– Helge, Ryden es solo un ajuste de cuentas, pero será en grande, si lo hacen bien serán bien recompensados – le aseguro caminando delante de ellos con una enorme sonrisa en sus labio. Los otros dos le seguían captando a medias la idea que su amigo tenia.
Un par de horas basto para que el gran salón quedara prácticamente vacío, un chiquillo permanecía escondido bajo una de las bancas del comedor observando a lo lejos con atención a las dos mujeres que salían con cautela de la misma habitación por la que Bonnie había salido prácticamente corriendo hace varios minutos, las vio entrar apresuradamente a la habitación continua y fue entonces que decidió salir de su escondite, dio un rápido vistazo a su alrededor y al percatarse que nadie le veía trepo hábilmente por uno de los postes de madera hasta llegar a las vigas del techo. Llego hasta la parte donde estaban los cuartos y con cuidado levanto una de las viejas tablas que estaba sobrepuesta entre el marco de la puerta y el techo de roca del salón, el espacio era pequeño pero perfecto para él, deslizo su cuerpo teniendo cuidado de no caer al suelo, a gatas avanzo un par de metros y se sostuvo con ambas piernas dejando caer el peso de su cuerpo hacia abajo, con su mano derecha sostenía su casco mientras sus ojos esmeralda observaban con intriga a la joven que yacía en la cama de madera, recostada boca abajo y con su espalda cubierta con gruesas pieles, en medio de la penumbra solo podía ver una parte de su rostro, su cara estaba pálida y su cabello seboso y sin brillo. No recordaba haberla visto antes pero su cara se le hacía conocida. Durante la noche anterior escucho a Patán y a Eret hablar sobre un grupo de náufragos que encontrado y que aparentemente vagaban sin rumbo, solo dejándose guiar por las corrientes marinas. Mientras cenaban intento sacarle algo de información a su madre acerca del grupo de personas que se alojaban en las habitaciones del gran salón y no en el comedor como todos los demás aldeanos, era bastante extraño que su madre recibiera con los brazos abiertos a un grupo de extraños pero por más que indago, esta solo le dijo que venían de muy lejos y necesitaban descansar.
A veces odiaba que le tratara como un niño, a pesar de tener solo 7 años el ya entendía las cosas como un adulto lo haría o al menos eso era lo que él pensaba, era muy inteligente y muy hábil físicamente hablando, se le podía ver trepando y escabulléndose por todos lado, pero en ocasiones usaba su finta de niño pequeño e inocente para zafarse de los castigos y regaños de los demás por meterse en asuntos que bien no eran aptos para niños curiosos como él.
En un movimiento se sentó de nuevo en la viga dejando caer sus pies mientras veía como la joven movía su cabeza levemente y fruncía el entrecejo. Tratando de pensar en una de las muchas razones por las que esa niña estuviera en ese estado tan deplorable, no se percató de un pequeño detalle. Un gruñido le hiso alzar la mirada y se dio cuenta que él no era el único que miraba a la joven.
Un pequeño dragón con escamas de color índigo, le observaba desde una de las vigas contiguas gruñendo y en posición de ataque, el pequeño pelirrojo se acostó sobre la viga sin quitarle la vista de encima y comenzó a retroceder muy despacio, acto seguido el dragón salto al suelo y corrió debajo de la cama para esconderse. El niño observaba atento cuando el sonido de la puerta abriéndose le alerto y vio entonces a Bonnie entrar por esta con una bolsa colgada en su hombro. Esa era la señal para salir de ahí.
…
Bonnie regreso con Ariana y le sorprendió el hecho de encontrarla completamente sola pues la noche anterior tanto Serena como Elvi no parecían querer apartarse de ella ni por un segundo, mientras cambiaba las gasas de su espalda y el trozo de tela de su frente, su mente comenzó a divagar intentando comprender algo de lo que su abuela le había contado y la extraña conversación que había tenido con la esposa del jefe.
Astrid se acercó a la puerta donde yacía la joven, el sonido de algo quebrándose la alerto y abrió rápidamente la puerta.
– ¿Está todo bien? – pregunto mientras cerraba la puerta detrás de sí.
– ¡Sí!, quiero decir no… ha ¿por qué habría de estarlo? – rio Bonnie y callo de pronto, se ponía nerviosa con facilidad y llegaba un punto en el que ya no sabía ni lo que decía.
– Lo siento mucho – se disculpó Bonnie mientras recogía del suelo los pedazos de un tazón de barro.
– Tranquila, no pasa nada – Astrid se puso de cuclillas para ayudar a la joven.
– Yo realmente lo siento –
– ¿Por qué te disculpas, no has hecho nada malo o sí? –
– No, no lo creo… es solo que –
Bonnie fue interrumpida por su abuela quien dio tres golpes en el suelo para llamar la atención de ambas, la castaña se levantó rápidamente y su abuela le entrego a Astrid un trozo de papel.
– Bien creo que ya es hora – dijo mientras terminaba de leer la nota y se dirigía hacia la puerta.
– ¿Qué pasa? – le pregunto a su abuela en un tono apenas audible.
Gothi negó con la cabeza.
– Bonnie, ¿podrías esperar afuera un momento por favor? – le pidió Astrid con un evidente nerviosismo en su rostro que le era difícil ocultar.
Bonnie no dijo nada y volteo a ver a su abuela y esta le indico que saliera con un movimiento de su bastón.
– Esta bien, iré… iré a buscar algo de leche, ya regreso – dijo mientras salía de la habitación.
– Bien, antes que nada debemos asegurarnos de que realmente sea ella – leyó Astrid en voz alta la nota que Gothi le había dado.
La anciana le hiso una señal con la mano. – ¿estas lista, tienes la piedra? – le pregunto entre señas. Astrid asintió con la cabeza mientras sus dedos jugueteaban con curioso collar cuya piedra cortada de forma irregular emanaba una hermosa luz purpura al acercarla al cuerpo de la niña. La castaña observaba atentamente desde una pequeña rendija del otro lado puerta asombrada por la rareza de aquella piedra.
Coloco una silla junto a la cama y con ambas manos apoyaba su cara intentado no sucumbir ante el cansancio de su cuerpo por no haber dormido nada la noche anterior se tallo los ojos y bajo estos se comenzaban a notar unas leves marcas negras, soltó un largo bostezo, se incorporó de forma apresurada al escuchar el crujir de la madera, pensando que se trataba de alguna rata que se había colado tomo una de las velas de la mesa y reviso los oscuros rincones del pequeño cuarto, lo escucho de nuevo y ahora parecía venir de debajo de la cama, pego su cara en el frio suelo y coloco la vela a un lado con su tenue luz vio como algo enroscaba su larga cola en una de las patas de la cama de madera. Con un rápido movimiento tomo a la criatura por la cola y la obligo a salir, el pequeño soltó un gruñido y aleteaba con fuerza intentando librarse del agarre de la chica. Bonnie lo tomo con firmeza de las alas con su mano derecha y con su mano libre sobo bajo la barbilla del dragón, ante este acto sintió como sus músculos se relajaban y dejo de forcejear.
– Mmm, que curioso no recuerdo haber visto uno de estos antes – dijo examinando al pequeño dragón.
– ¿Cómo llegaste ahí pequeño? –
…
Aprovechando la inesperada distracción que el dragón le brindo el pelirrojo se escabullo entre las tarimas que dividían los cuartos, estas formaban un estrecho pasillo por el cual debía ir a gatas. Se detuvo al escuchar voces en la habitación de alado, miro por una pequeña apertura y vio a un buen número de personas desconocidas para él, que discutían entre sí.
– La abuela de Bonnie dijo que podría tardar varios días en despertar – dijo Elvi desanimada.
– Además, no sabemos cómo tomara la noticia – comento Abel.
– Ni nosotros lo podemos procesar aun, como se lo diremos – dijo su hermano. La angustia se apodero de los presentes y se miraban entre si temiendo que el "asunto" se les saliera de las manos.
– ¿Quién se lo dirá? – pregunto la señora Amelia.
– No importa quién se lo diga, al final terminara odiándonos a todos por ocultárselo – dijo Serena.
– Lo mejor sería que… –
– Eso en particular es un asunto que no nos concierne tratar, cumplimos con nuestro deber ahora debemos dejar su seguridad en las manos de los jefes, ellos sabrán que hacer – interrumpió el viejo Williams quien se había mantenido en silencio junto a Ericksen.
– ¡Pero Williams! – protesto Abel poniéndose de pie.
– ¿No lo crees así, muchacho? – pregunto ignorándolo y dirigiéndose al pelinegro que estaba a su lado y este asintió enseguida.
– Williams tiene razón, no nos involucremos más en esto, solo lo hará más difícil – dijo Ericksen en un tono seco.
– ¡¿Entonces la dejaremos sola?! – le recrimino Abdul. – ¡Eso es lo que dices! –
– Yo no dije eso idiota, no es mi culpa que no entiendas las cosas como son – contesto el pelinegro que se postraba amenazante frente al gemelo.
– Hermano, por favor no sigas, compórtate – le pidió Elvi.
– Deberías escuchar a tu hermana no querrás perder tu finta de caballero o sí – se burló Abdul retándole con la mirada. – Ericksen el valiente, el más justo el más fuerte y hábil, el comandante favorito de su majestad el rey – hablo casi burlándose.
– ¿Cuál es tu problema? tu pequeño saco de porquería – contesto arrastrando las palabras.
– ¿Problema? – Rio – Ninguno, solo aremos lo que usted considere mejor, ¿no es lo que siempre hacemos? Cumplirte tus caprichos –
Ericksen estuvo a punto de hundir su puño en la cara del muchacho, pero fue oportunamente interrumpido.
– ¡Ericksen!... ya fue suficiente, si no se controlan nos meterán a todos en un serio problema – Amelia se interpuso entre los dos que seguían sosteniendo un duelo de miradas. Abel tomo a su hermano y lo sentó de nuevo junto a él, mientras la señora Amelia se llevaba a su hijo al otro lado de la habitación.
– Ustedes dos no son más que un dolor de cabeza – dijo Serena. – En vez de pelear, deberían pensar en lo que aremos con Ariana –
– Nos quedaremos con ella, y no le diremos nada hasta que llegue el momento adecuado – Williams remoto la palabra mirando severamente a los protagonistas de la escena anterior. – Quedo claro – Abdul asintió con la cabeza mirando hacia el suelo y después de unos segundos de silencio Ericksen hablo recuperando su postura.
– Más que sus súbditos, ahora debemos ser una familia para ella, es lo único que podemos hacer, lo que está por venir no será nada fácil para ella – dijo mientras colocaba sus manos sobre los hombros de su madre. – Ni para nosotros – prosiguió. –Dudo mucho que esa rata miserable de Fridtjof y sus bastardos seguidores desistan en la búsqueda, tarde o temprano sabrán que venimos aquí y cruzaran el canal para buscarnos –
– Por ahora Berk es el lugar más seguro para nosotros, pero ¿que pasara si se niegan a ayudarnos?– pregunto Elvi.
– No se preocupen por eso yo me hare cargo, hablare con el jefe en cuanto regrese, Astrid aseguro que el podrá ayudarnos con eso – hablo Williams intentando sonar lo más tranquilo posible.
La puerta se abrió de golpe y la silueta de una joven de cabello corto y claro con un par de ojos color miel se hiso presente, todos se sorprendieron al ver a Bonnie cerrando la puerta tras ella con una mirada seria.
– ¿Qué pasa, Ariana está bien? – pregunto Elvi nerviosa.
– No te preocupes por ella, parece reaccionar bien al brebaje que prepare, solo hay que esperar a que despierte, pero esa no es la razón por la que estoy aquí – respondió en un tono serio…
Bonnie salió de la habitación y se topó de frente con el pequeño bribón que escuchaba a escondidas sin ser descubierto, frente a ella.
– ¿Qué pasa? Necesitas algo Es… – no termino la oración pues el niño salió corriendo del lugar después de dedicarle una enorme e inocente sonrisa. Un tanto extrañada y con su cabeza echa una maraña de ideas sin sentido volvió con su paciente, esta permanecía boca abajo como la había dejado, sobre su espalda yacía recostado el escurridizo dragón que había encontrado bajo la cama, tenía la cola enroscada en el brazo de la chica y no pensaba moverse de ahí. Se sentó en el borde de la cama dándole la espalda, volvió su mirada y vio como en su cara demacrada se reflejaba el dolor y el miedo que guardaba la joven chica, no pudo evitar sentir pena al pensar que había sido arrancada de su familia y de su hogar y llevaba al más infame sitio jamás conocido.
Volvió a sentarse en la silla mientras la veía dormir profundamente, un sentimiento de empatía nació en ella sin darse cuenta. – No te preocupes, yo te voy a cuidar – le prometió mientras sus ojos se cerraba y se acomodaba en la silla. – ¿Quién sabe? tal vez hasta podríamos ser amigas – confeso sucumbiendo ante el sueño.
Continuara...
