Bueno, llegamos a la parte de los golpes, sangre, muerte… seré sincera es complicado escribir una escena de pelea con tantos personajes pero me las ingenie haciendo escenarios. Espero que haya quedado bien y se entienda, fue un reto escribir esta parte, comienzan poco a poco develarse secretos pero me asusta un poco… sobre todo porque si hago eso hare un giro de tuerca muy fuerte y no lo necesito pero vamos…
Es por eso que dividí la batalla en dos, porque es una de las más importantes que habrá.
Mil gracias de nuevo por sus comentarios preciosos y que bueno que le den oportunidad a esta loquera mía.
Advertencias: Muerte de un personaje, sangre, gore.
Feliz lectura
-o-
Cuenta regresiva
Primera Parte
Jiraya no pudo hacer nada una vez que se dio el primer golpe, al caer la primera gota de sangre; detenerlos sería imposible así que no tuvo más remedio que dejar que murieran o asesinaran. Pensó que podía ser la mejor solución.
Ver a sus antiguos alumnos le causó un dolor de cabeza intenso que ni la mejor medicina de Shizune podría aliviarlo. Naruto peleó contra Yahiko, sin darse cuenta que era en vano. Naruto irradió luz como el mismo sol, quemando todo a su paso, dejó que el animal de poder expandiera todo de él, enfrentándose a la geomancia de Yahiko. Recordó al muchacho de cabellos naranjas cuando comenzó a conectarse con las piedras, los cuadros y todo mineral. Utilizó esa habilidad para crear armas, armas que podían devastar ciudades enteras. Yahiko era de los pocos seres humanos que podía vincularse con la energía de los cuarzos. No sería fácil vencerlo cuando estos mismos minerales lo protegían.
Los golpes que lanzó Naruto al pelirrojo formaban restos de lava que caían al suelo. Aunque las piedras protegieran a Yahiko, había un segundo donde quedaba descubierto y fue entonces que Naruto aprovechó para acertar un golpe en su rostro. La sangre de Yahiko comenzó a caer de su nariz antes que las piedras volvieran a cubrir su cuerpo. Tiempo suficiente para comenzar una invocación o un experimento alquímico. Yahiko reunió suficientes minerales dentro de los cuarzos que sacó de su bolsa derecha. Los convirtió en balas que lanzaría a los puntos ciegos de Naruto. Lo sabía porque eso se lo enseñó él.
― No tienes oportunidad, soy un Dios― dijo Naruto con una sonrisa burlona.
―… error, niño, eres un semi-dios, los verdaderos dioses son energía, no arrogancia― los cuarzos comenzaron a flotar alrededor de Yahiko, formando un pentagrama y diversos símbolos desconocidos para el rubio.
Jiraya creyó por un momento que el maestro de la geomancia, el jovencito de los cuarzos, ganaría la batalla, en verdad lo creyó y lo deseaba tanto. Naruto había caído ya de su gracia desde el momento que inició esta búsqueda absurda y se dejó convencer por Sasuke y sus malas intenciones.
Mientras tanto, Gaara aspiraba el aroma de la prenda íntima de Matsuri, Kankuro ignoró a su hermano menor como solía hacerlo cada vez que lo veía embrujado. Es por eso que observó con inquietud la pelea cerca de Naruto y Pain. Llamó su atención Deidara, clandestinamente visitaba el Reino de la Arena para conseguir arena, guardar en frascos el calor del Sol y por su puesto el agua de los Oasis. Utilizaba esos elementos para complementar sus famosos amuletos. Mismos que mostró a su rival como amenaza. Figuras de arcilla, listas para estallar, maldecir, gritar hacia Kiba. Cualquier otro hombre en su sano juicio estaría asustado o nervioso, Kiba no. No percibió miedo ni preocupación en el castaño, miraba con altivez y altanería como era su costumbre, con una sonrisa de lado, esperaba el ataque o algo más.
― No me asustan tus adornos― escupió Kiba.
― Eres un hereje― dijo Deidara sosteniendo en sus manos las figuras― estos no son simples adornos, cada uno representa el símbolo de un Dios mucho más fuerte que tu patético líder… Estas formas guardan energías antiguas, tan viejas como la Tierra misma… y van a hacerte pagar.
― Si, bueno… inténtalo.
Después de las palabras de Kiba, él emitió un fuerte silbido. Al momento, de entre los arbustos apareció un enorme perro blanco. Si no fuese tan feroz y rabiara, seguro hubiera creído que era un lindo perrito. Su hocico estaba pintado de rojo, muestra de que obtuvo una presa minutos antes de ser llamado a la batalla. Mostró sus feroces colmillos que trituraban un pedazo de carne, huesos, piel; la cabeza de Deidara cabría completa sin problemas.
― También conozco a esos dioses… los mismos que me dieron a este hermoso ejemplar que se alimenta de "magia" ― Kankuro miró a Jiraya buscando en él una respuesta a lo que escuchó, pero el viejo estaba ocupado mirando a Naruto― ¡AKAMARU! ¡Aplástalo! ― gritó Kiba.
Al mismo tiempo hubo una explosión. El humo le impidió saber si Kiba y su enorme bestia sobrevivieron pero logró escuchar un grito de dolor. Una vez el humo se disipó, notó que Deidara había perdido su brazo izquierdo. El animal roía el miembro mientras su pelaje blanco se teñía de más rojo. Kiba tenía sangre en las manos y de los labios caía una cascada de sangre y masticaba un par de dedos. Luego los tragó mientras saboreó la sangre al pasar su lengua por sus labios.
Las manos de Kankuro temblaron, ¿qué cosa era Kiba? ¿Un caníbal acaso?
― No te distraigas― Oyó al Maestro Jiraya― por más inquietante que sean las batallas, no olvides que debes mantenerte neutral si quieres salvar a tu hermana. Lo que has visto con Kiba es eso… él mismo lo ha dicho. Los Dioses le dieron algo a su clan desde la era antigua… Había un precio que pagar. En efecto, ese Familiar, se alimenta de magia.
Prefirió no comentar ya nada más acerca del tema. Volteó a otro extremo donde Lee y Kisame continuaban intercambiando golpes, porque Kisame no podía usar su magia a causa de la insistencia de los puños de Lee. De ese modo, para Kisame sería imposible lanzar un conjuró de agua, llamar a las ondinas, invocar monstruos marinos. La lucha no pintaba bien para el tótem de agua. La fuerza de Lee era sorpréndete, Kankuro había escuchado que heredó el poder de un gigante o coloso que capturaron hace cientos de años y el maestro de Lee compró. El cuerpo de Kisame se llenaba cada vez más de hematomas y sangre. Tenía que hacer algo antes que Lee lo moliera literal a golpes.
La pelea de Nagato contra Shikamaru y Choji estaba mucho más lejos. Jiraya exclamó una mala palabra ante aquella cobardía. Para Nagato en cambió no parecía representar peligro. Jiraya bien sabía que no era sencillo vencer a un Uzumaki puro, con sangre ancestral. No como Naruto que tenía sangre de guerrero y semidioses.
El cabello rojo de Nagato brillaba como sangre, como vino y rosas rojas. Paralizó a Choji rociando una poción en su pecho. Shikamaru invocó a las sombras que abrían portales bajo sus pies.
― El poder de Jupiter… los Nara no son tan distintos a nosotros― susurró Jiraya.
Aunque esa técnica fuese peligrosa y un agujero negro, no sería problema para Nagato, él era todo un hechicero y alquimista. Para que la sombra no lo alcance, el pelirrojo aparecía y desaparecía con ayuda tres espejos en el suelo, eso lo ayudó a deslizarse y saltar las mismas sombras. En tanto, Choji intentó liberarse de aquel hechizo sin conseguirlo y es que ni su fuerza podía contra la magia y eso ya debían saberlo.
Los movimientos de Nagato dibujaron un sigilo bajo los pies de ambos amigos. El sigilo era ajeno a Jiraya, no podía entender sus planes. Quien sabe que ideas tenía Nagato. Después de todo, era el alquimista y hechicero más hábil de todos ellos. Shikamaru no tenía posibilidades y aunque intentaba cortarlo con una espada de obsidiana negra, que no era más que una extensión de su sombra, no podía.
― Será mejor que dejes de luchar― pidió Nagato con su humilde voz― realmente no quiero dañarte, mi código me lo impide, pero si me atacas… no tengo más remedio que usar magia defensiva y atrapar tu sombra o tu alma y guardarla en un cofre de cedro hasta que tus acciones sean buenas.
La risa de Shikamaru Nara fue más bien un eco gigantesco que asustó a algunas aves. Jiraya jamás había visto ese semblante en él.
― ¿Por qué están aquí?― preguntó al mismo tiempo que detuvo su sombra a sentimientos de los pies de Nagato― ¿por qué pelean? ¿Sólo por haber secuestrado a la mujer de tu amigo? No, ustedes quieren asesinarnos… ¿por qué? No les hemos hecho nada.
Jiraya y Kankuro deseaban que Nagato tuviera una buena respuesta, cualquier cosa que dijera en ese momento, condenaría no sólo a las muchachas si no a ellos mismos.
Nagato no respondió, su mirada buscó inconscientemente a Jiraya. Shikamaru miró en la misma dirección y Jiraya no pudo moverse o hacerse el desentendido.
― Tu pelea soy yo, no el Maestro― observó Shikamaru, acercó la sombra al dedo del pie izquierdo de Nagato, quien al instante lo esquivó.
Frente a la grieta se encontraba otra pelea igual de intensa que las pasadas. Sasuke y su hermano mayor, mirándose fijamente, inmóviles, cubiertos por una burbuja azul, campo de protección que creó Itachi. Debían utilizar sus poderes oculares de ilusión para luchar. Bastante aburrido a los ojos de Jiraya, porque sabía que Itachi era superior en el mundo de los sueños, en el astral, en cualquier plano dimensional y Sasuke no era rival. Lo que se viviera en otras dimensiones, jamás lo sabrían y quizá era lo mejor.
A su lado una batalla interesante que nunca creyó ver, Shisui utilizaba el fuego de su boca para cubrirse de los insectos de Shino. Había escuchado que Shisui dominaba los elementos pero también la energía de la llama trina, al igual que su abuelo Kagami. Un rival complicado para Shino que al contrario se cuenta que su clan hizo pactos oscuros con diosas araña para obtener el control total sobre los insectos. Shisui debía saberlo y no tuvo miedo. Los insectos no dejaban de aparecer, si alguno lo tocase, moriría. La diosa araña apareció tras de Shino, Jiraya la notó y probablemente Shisui también porque retrocedió un par de pasos. La única manera de vencer era un ataque directo y eso significaba entrar en ese mismo estado de invocación. Así que olvidó los elementos y las energías, se concentró en sus ojos, utilizando la misma arma que Itachi y de los Uchihas. Dimensiones, sueños, el astral.
Por un momento Shino dejo de moverse y sus insectos cayeron al suelo y corrieron a esconderse al cuerpo de su hospedero. La diosa Araña seguía tras de Shino mirando a Shisui y a sus dos demonios que le hacían de guardias. El rostro de Shino que, de por sí pálido, se transparentó al ver semejantes seres.
― Diosa araña… no sé qué pacto tiene con los Aburame, pero debe saber que ellos planean destruir a las mujeres que le ofrendan cada luna― La voz de Shisui era un susurró que se difuminó con el viento pero Jiraya logró oírlo― controle a su devoto o de lo contrario.
― … va..s… a… t..ú― Shino luchaba para escapar de aquella dimensión donde pudo comunicarse con la diosa.
― No Shisui, no hables de más, Shino ya sospecha…― la advertencia fue demasiado tarde quizá.
Después ya no supo nada, una densa capa de neblina cubrió a ambos muchachos.
Kankuro buscó a Sasori, su maestro se enfrentaba contra un hombre lanzaba armas de tinta venenosa a las Magic Puppets que lo cubrían. Había más de seis que uso para defensa. Kankuro quiso ayudarle porque aquel tipo estaba armado hasta los dientes. Dos armas en las manos, tres en la espalda y de su boca disparaba con un pequeño silbato. Nunca había visto acorralado a Sasori. Las marionetas comenzaron a tomar formas familiares para su rival porque detuvo sus disparos. Tiempo suficiente para idear un plan. Kankuro suspiró.
― Tu maestro no es tan débil. Confía en él― aseguró Jiraya colocando una mano en el hombro del muchacho.
― ¿Quién es ese tipo con quien pelea el Maestro?― preguntó al mismo tiempo que lo veía lanzar más tinta a las marionetas manchándolas un ácido negro hasta ver como la madera se derretía.
― Un humilde pintor… un humilde pintor que quiere encontrar a su prometida.
Kankuro no supo cómo sentirse al respecto, ya que ese sentimiento no lo compartía.
― Tú no lo sabes, porque tu amada está a salvo, en la arena.
― No por ello voy a ser condescendiente… Maestro Sasori debe asesinarlo.
Mientras conversaban de amadas, venganzas y secuestros, Gaarra permanecía en el suelo, aspirando el aroma de la delicada prenda de Matsuri. Jiraya hizo una mueca de asco y enseguida continuó viendo las peleas. Kankuro pidió disculpas en nombre de Temari.
Los compañeros de Bee estaban admirados por la batalla que este le daba a Kakuzu. Ese nigromante era el único que podía enfrentarse a un dios además de Yahiko. Sin embargo, no era rival. Los huesos no pudieron defenderlo de la paliza que Bee con su fuerza y el pulpo sagrado que habitaba en él, le propinaban. Los mismos huesos de Kakuzu eran rotos como platos.
― Esto puede salirse de control… ¿Y si los barbaros estos ganan?― preguntó Omoi sin apartar los ojos de Bee.
― Van a preguntar porque no nos unimos a la pelea― compartió Atsui con preocupación― a mí se me ocurre que digamos que ya estaban armadas las peleas y ni modo de ir a interrumpir.
― Mi hermana está a salvo, yo no tengo porque pelear― observó Ce de mal humor. Miró en dirección donde su hermana era cubierta por la gabardina de Hidan― yo no quiero más problemas.
― Deberíamos escapar― observó Omoi con una risa traviesa.
― Claro y cuando Bee vuelva y nos vea va a castigarnos después de darnos una golpiza― respondió Atsui.
― Mejor no hay que volver― Omoi volvió a decir― que tal que Bee muere.
― Imposible, no seas ridículo― Ce miró la masacre que había sobre Kakuzu― estos hechiceros alquimistas no son rivales.
― Deberíamos irnos y buscar a Karui y Samui por nuestra cuenta. Esto sólo nos retrasa― en todo el trayecto, era lo más sensato que comentó Omoi.
― ¡Maestro Bee! Ya déjelo, ya está medio muerto― gritó Atsui al ver el cuerpo molido a golpes de Kakuzu.
― ¿Qué demonios haces?― preguntó Ce.
― Puede que Bee sea fuerte, un dios, pero no es un asesino… o eso, quiero creer.
Y tal vez era verdad lo que Atsui dijo, Bee no era un asesino, pero el animal de poder que habitaba en él, estaba cediendo, pidiendo, deseando un sacrificio como la mayor parte de dioses masculinos y guerreros. Los tres compañeros no pudieron evitar que un enorme puño de color morado con tentáculos saliendo de su piel acertara un golpe definitivo en el cráneo de Kakuzu, estrellándolo con el suelo y haciendo pedazos su cabeza. La sangre se disparó en todas direcciones, manchó la piel morena de Bee. Su sonrisa brillaba y juraban que tras esos lentes había un placer profundo.
Arrancó su cabeza y la levantó como premio, trofeo… Victoria para el Dios del Rayo. Los tres súbditos se limitaron a mirar en su sitio, sin moverse. Petrificados por la malicia que albergaba en ese Dios del Rayo que tanto admiraban.
Jiraya y Kankuro también observaron la escena, pero fueron los únicos, los demás estaban enfrascados en sus asuntos que nadie notó cuando Kakuzu paso a ser parte de la colección de caza del Dios del Rayo.
Y como si aquel acto hubiera despertado a los demonios, abierto más puertas astrales y dimensiones, el hechizo de Temari comenzó a perder fuerza o Gaara perdió la cordura. Sus ojos comenzaban a tener la misma dirección que un psicópata. Ese animal que albergaba en su interior comenzó a causar estragos en la mente de Gaara y era normal, Matsuri era la única que podía controlarlo a esas alturas. No fue suficiente con la prenda.
Gaara comenzó a tirar de sus cabellos y golpear el suelo. Babeaba y las venas en su frente se marcaban de forma violenta. Se estaba haciendo daño.
― Date prisa antes que comience a gritar o mucho peor, el animal lo domine y nos mate a todos― Jiraya conocía los efectos secundarios de un amarre.
Así que Kankuro sacó a toda prisa de una bolsa una pequeña botella que dio a beber. El pulso regresó a su estabilidad, la respiración y temperatura también. La mirada de Gaara volvió a ser la de un muerto viviente. Kankuro pasó su mano por los mechones rojos y le pidió disculpas.
― Cuando vuelva Temari, haré que lo solucione― dijo con dulzura.
El menor de los hermanos de la Arena recargó su cuerpo en una piedra y apretó con fuerza la tela de satín de Matsuri.
A lo lejos, tras los árboles, Yugito Nii comenzó a abrir los ojos gracias a un bálsamo de nardos y limón que Hidan le dio a oler, llevaba eso consigo porque también servía como antídoto. La hermosa Diosa felina despertó en los brazos del sacerdote de la muerte. Luego de un abrazo y un beso ella se incorporó. Hidan le explicó desde el momento que la encontraron hasta la pelea.
― Esto es ridículo, Hidan… lo más sensato es matarlos a todos. De lo contrario serán un estorbo.
― Explícate… ¿Sabes lo que sucedió?
― Por supuesto que lo sé, la abuela Nekobaa me contó lo que el gato de Tamaki vio― Yugito sintió un poco de pena por la mirada tierna de su novio hacia ella y paso su mano por la mejilla.
― Eres tan buena, Yu… ibas a sacrificarte por esa información.
― No, pero, tampoco iba a permitir que esos barbaros llegaran a ellas, además están muy lejos.
Fue entonces que Hidan habló sobre la carta de Konan y que ella esperaba en el templo. Debían llegar hacia allá, aunque para ellos estaba prohibido ir, Yugito con suerte y le era permitido entrar. No sólo por ser una diosa, era mujer…
― Que buena noticia, si Konan está viva, será más sencillo encontrar a las demás niñas. ¡Debemos irnos!
― No, Yu, mis amigos están peleando y… parece que he perdido a mi mejor amigo.
Yugito miró en dirección a la pelea y observó como Bee levantaba con orgullo la cabeza de Kakuzu. Hidan apretó el mango de su oz. Iba a jurar venganza pero Yugito tocó sus labios con un dedo.
― Ya ha habido muchas venganzas y muertes… yo me encargaré de Bee, la muerte de tu amigo no será en vano.
Hidan suspiró resignado sin dejar de observar a Killer Bee.
― En verdad son asesinos, son incluso más aterradores que yo.
― Tú sólo eres el mensajero de la muerte, Hidan… ellos son monstruos― tomó la mano pálida y fría de Hidan y la apretó con fuerza― escaparemos juntos… sé cómo hacerlo, pero necesito un poco de oscuridad a la noche y la luna.
― Espero que resistan hasta que comience a oscurecer.
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Notas: Quise hacer que Hidan llamara a Yugito Nii como "Yu" suena mucho más cercano y en confianza, y como es una relación muy linda en este fic.
Gracias de nuevo por sus comentarios y cualquier duda comentario y aclaración pueden decirme. Mil gracias. Besos.
