¡Hola a todos!¡Aquí llega el Domingo! He tardado lo mío en plantear y escribir este capítulo, cuando leáis probablemente entenderéis por qué. ¡Preparaos para una montaña rusa de emociones!
¡Muchas gracias a Fujimy, Moo123, MeliKsta, Min Akane Akatsuki, ZakuryMinashiro, Breen Martinez, Srt Fluttershy, Anto13, ikaeluxor y XxXMitsukoXxX por comentar el capítulo anterior!
¡A leer!
Domingo
Se despertaron bien entrada la mañana, cuando la luz del día era tan fuerte como para atravesar las cortinas y darles de lleno en sus adormiladas caras. Levi fue el primero en abrir los ojos, girándolos inmediatamente hacia la fuente de calor que lo abrazaba con ternura. Bostezó y le dio un beso en la frente al menor, quien empezó a fruncir el ceño en señal de que volvía al mundo real.
- Buenos días- dijo el pelinegro, con voz suave.
Eren abrió los ojos poco a poco y parpadeó varias veces de una forma que hasta a Jean le habría parecido adorable. Al ver a Levi mirándole, sonrió y le abrazó un poco más fuerte.
- Buenos días.
- ¿Has dormido bien?- preguntó el otro.
- Mejor que nunca- respondió el chico con una gran sonrisa.
Levi sonrió un poco también y le acarició el pelo, hasta quedarse jugando con un pequeño mechón rebelde. Eren disfrutó de aquellos improvisados mimos durante varios minutos más. Después, tras escuchar un rugido proveniente de sus respectivos estómagos, decidieron levantarse.
- Voy a darme una ducha rápida- dijo Eren.
- Vale.
El chico se fue al baño mientras Levi se acercaba a las ventanas y apartaba las cortinas para que la luz terminara de entrar e iluminara la habitación. El cielo estaba completamente azul, y el suelo seguía blanco. La vista era muy bonita. Pero el astuto pelinegro sabía que había otra vista aún más bonita desarrollándose en ese momento en otro lado. Por eso, se dirigió al baño y entró sin permiso, metiéndose en la ducha con su querido Eren.
- ¡¿Levi?!- exclamó el chico, rojo.
- Yo también quiero ducharme.
- ¡Pues espera a tu turno!
- Así es más divertido.
Tras una pequeña disputa, en la que el pelinegro, obviamente, salió vencedor, se ducharon juntos. Y se dieron algún que otro beso, también. Y puede que alguna caricia. Y quizá, sólo quizá...
- ¡Ni se te ocurra!- chilló Eren.- ¡Tú lo que quieres es que no vuelva a caminar, ¿verdad?!
- Vale, vale, tú ganas esta vez...- concedió el pelinegro, limitándose a enjabonar el cuerpo del menor.
Salieron de la ducha al rato, cogieron sus suaves albornoces, se secaron y se vistieron. Y ahí empezó el dilema.
- ¿Qué vamos a hacer hoy?- preguntó Eren.
Levi se encogió de hombros.
- Bajar a desayunar, de momento, ¿no?- propuso.- Creo que si no como rápido te voy a comer a ti.
Eren se sonrojó y se rió. Después, se calló, llamando la atención del pelinegro.
- ¿Qué pasa?
- Es que... si bajamos, nos va a ver todo el mundo- dijo el chico.
Levi le miró sin entender.
- ¿Y qué?¿Hay algún problema con eso?- preguntó.- Ya te he besado delante de la maruja de tu...
- No es eso- cortó el chico.- Es que...
El pelinegro le miró, empezando a cansarse de la situación.
- ¿Te da vergüenza estar conmigo, Eren?- preguntó, con seriedad.
El chico le miró con los ojos muy abiertos.
- ¿Cómo puedes decir eso?- preguntó.- ¡Si me diera vergüenza, no saldría contigo para empezar!¡Ni públicamente ni en secreto! No me tomes por alguien hipócrita, por favor.
Levi suspiró y se rascó la nuca. El chico estaba raro.
- ¿Entonces cuál es el problema?- preguntó de nuevo.
Eren se calló otra vez, soltando algún balbuceo que no llegaba a ser una palabra. Y el pelinegro, exasperado, bufó.
- ¡Eren, contéstame!
- ¡Pues que si nos ven ahora, cuando te vayas mañana no dejarán de hacerme preguntas que no harán más que dolerme!- gritó el chico, asustado por la exclamación de su novio.- Y... y yo no quiero que pregunten... no quiero que me tomen por una especie de prostituta que se acuesta con sus clientes. Los... los rumores duelen, Levi. Y esta situación, fuera de contexto, es muy fácil de malinterpretar.
Un silencio pesado inundó la habitación. El pelinegro no le quitó ojo de encima al chico, quien trataba de normalizar su respiración tras su confesión. Lo que ambos se temían había empezado: la ansiedad de saber que al día siguiente, por la mañana, Levi volvería a su ciudad, y Eren se quedaría en el hotel. Algo que habían estado callándose desde que empezaron a salir aquel viernes. Algo que ambos habían tratado de olvidar para poder disfrutar. Pero ahora, las dudas y miedos que Eren llevaba reprimiendo y guardando en un cajón en lo más profundo de su mente aquellos días, habían roto sus cadenas y salido a flote. Y ya no podían ser encerradas de nuevo.
- Cada pregunta que me hagan... cada comentario... me recordará que te has ido- susurró el chico, a punto de romper a llorar.
Levi se llevó la mano a la frente, tratando de calmarse. Poco a poco, la parte seria de su mente fue tomando el control.
- Eren... los dos sabíamos lo que iba a pasar cuando empezamos- dijo.- Y aún así, lo hicimos. ¿De qué vale tener dudas ahora?¿No es mejor disfrutar el tiempo juntos? Es una tontería perder el tiempo ahora por ponerse a pensar en que mañana me voy. Será duro, por supuesto, pero eres fuerte y lo superarás- incapaz de parar el torrente de palabras que salía de su boca, cedió ante sus miedos y pronunció aquella terrible frase, la cual había tratado de negar una y otra vez.- Yo no soy el amor de tu vida, Eren, estoy seguro.
El chico le miró incrédulo ante su frialdad al hablar. Lo que no sabía, era que esa frialdad provenía de los conflictos que tenía el pelinegro en su mente. Levi trataba de llevar el tema como el adulto que era, con su mente reprimiendo con fuerza lo que el corazón le decía. Quizá así sería más sencillo. Quizá así el chico podría entenderlo. Quizá así dejaría de sufrir, si el pelinegro le decía que era una relación pasajera, por mucho que le enfureciera imaginarse siquiera a Eren con otra persona.
Pero el chico no era un adulto. Para él fue como una puñalada. Levi lo supo en cuanto volvió a mirarle a la cara. Y en aquel momento deseó no haber nacido. Eren le dio una bofetada.
- ¡¿Me estás diciendo que... esto es como una ilusión pasajera?!- gritó el chico, con voz temblorosa.
Levi estaba demasiado impresionado como para responder. Las lágrimas empezaron a caer por las mejillas de Eren.
- ¿Te has encaprichado conmigo, y ahora que ya me has probado, puedes volver tranquilo a casa y buscarte otra persona?¿Es eso?
El pelinegro reaccionó a eso.
- ¡No!- exclamó.- ¡Eren, yo...!
- Mi hermana tenía razón- cortó el chico, tratando de detener sus lágrimas, sin éxito.- Soy un imbécil. Me lo tengo merecido por estúpido. Me voy.
El chico fue a coger sus cosas y se dirigió hacia la puerta. Levi se llevó las manos a la cabeza, sin saber qué hacer. Estaba asustado; la situación se le había ido de las manos. Mientras veía a Eren recoger sus cosas, entre lágrimas e hipos, pensó que quizá sería lo mejor. Así, el chico no querría volver a verle; así podría empezar de nuevo más fácilmente. Así no sufriría...
… Y una mierda.
Levi se abalanzó sobre el chico, tirándolo al suelo y quedándose sobre él. Tras el susto, Eren comenzó a retorcerse, tratando de zafarse del agarre, pero el mayor le cogió las muñecas y se las sujetó contra el suelo.
- ¡Suéltame!- gritó Eren.
- ¡No!- gritó Levi.- No pienso soltarte nunca.
El chico le miró con los ojos muy abiertos.
- Perdóname Eren, por favor...- susurró, apoyando su cabeza en el pecho del chico.- Esto es muy duro para mí también. Estaba tratando de ser el adulto que soy; pensé que la situación se arreglaría mejor así. Pero no lo ha hecho, sólo ha empeorado. Te he hecho pensar lo que jamás he querido que pienses. No eres pasajero. No me estoy aprovechando de ti. Yo no me voy enamorando de cualquiera. No me gusta jugar en estos temas. Por eso esta semana no he dejado de preguntarme qué tenías... qué era lo que me hacía perder el control al verte. Porque suelo ignorar a la mayoría de gente que me rodea. Pero tú... tú eres diferente. Desde que te pusiste los guantes nuevos para coger mi equipaje, o desde que nos quedamos encerrados en el ascensor. No dejo de ver tus ojos cuando cierro los míos. Y no quiero que pienses que a mí no me duele la situación. Tengo que ver a gente estúpida toda mi vida pero a ti... ¡¿A ti sólo puedo verte una puta semana?!¡Claro que estoy ansioso!¡Claro que pienso en ello todo el día!¡A mí también me asusta el lunes!
De nuevo, se hizo el silencio.
- Levi... ¿estás...?
- Sí, estoy llorando. Oh vamos esto es una mierda. No quiero irme sin ti, pero no puedo quedarme. Y tú tampoco puedes irte. ¿Acaso no es para llorar? Me dan ganas de secuestrarte, Eren, te lo digo en serio.
El chico le miró fijamente durante unos instantes. Luego empezó a reírse.
- ¿Se puede saber de qué te ríes?- preguntó el pelinegro, molesto.- No es gracioso.
Eren no dejó de reírse, a la vez que lloraba, lo cual le provocaba hipos entre risas.
- ¡Es que... es que...!- empezó el chico.- ¡Realmente no te pega nada!
A Levi le dio un tic en el ojo.
- ¿Sabes qué? ¡Te voy a dar una razón para reírte, mocoso!
Acto seguido, le atacó con cosquillas sin piedad, disfrutando de la risa de aquel pequeño ángel. Una risa que durante unos minutos había temido no volver a escuchar.
- ¡Para, por favor!
Levi se detuvo para dejarle respirar, mientras se secaba sus propias lágrimas.
- Eres un pequeño monstruo- dijo.- Yo aquí confesando mis sentimientos y temores y tú te ríes de mí. Mereces un buen castigo.
Cuando normalizó su respiración, Eren le miró.
- Gracias- dijo.- Gracias por sincerarte conmigo. Pensaba que era el único que sufría, y que no era más que otra persona en tu vida. Eso ha sido horrible. Ya que yo... te he dado mi virginidad entre otras cosas- su cara se tiñó de un rojo oscuro al pronunciar aquellas últimas palabras.- Y estoy realmente enamorado de ti. La risa era de alivio.
Levi no apartó su mirada de él. Observó sus ojos, color turquesa, curiosos, atrevidos. Percibió un suave aroma a vainilla procedente de su cabello. Sintió la delgadez de sus muñecas, a través de las cuales pudo sentir su acelerado pulso. Se fijó en su cuello, que tenía algunas marcas, como si un vampiro hubiera dejado su huella en él. Se fijó también en su ropa, muy distinta al uniforme que vestía cuando le vio por primera vez. Ahora no estaba a la luz de un móvil en un ascensor oscuro. Ahora podía verle completamente. Ahora sabía que el chico también le estaba viendo. Ahora sabía el sabor que tenían esos suaves labios, el tacto que tenía aquella piel morena...
Se perdió de nuevo en aquellos ojos turquesa, dejándose llevar. Repitió aquel beso que lo inició todo en el ascensor. Pero fue muy distinto; esta vez estaba cargado de sentimientos. Se separó lentamente al finalizarlo.
- Te quiero- susurró.
- Y yo a ti- respondió el chico.
Habían pasado la prueba. Y Levi había entendido algo.
Un rugido les recordó que no habían desayunado. Tras lavarse la cara, bajaron cogidos de la mano y salieron del hotel. Habían decidido que no querían ni desayunar en la cafetería ni en la habitación. Levi le llevó a desayunar a aquel lugar lleno de chocolates en el que le había comprado los bombones. Observó complacido cómo el chico comía con ojos brillantes una pequeña montaña de bollos de chocolate, acompañado de un batido. Él se decantó por su café y sus tostadas. Después, decidieron caminar sin rumbo por la ciudad.
Las calles estaban despejadas de nieve, mientras que en la acera quedaban unos diez centímetros acumulados. Fueron a visitar distintas partes de la ciudad, sin prestar mucha atención a lo que les rodeaba. Estaban centrados el uno en el otro.
En un parque, Eren le lanzó una bola de nieve al pelinegro, lo cual empezó una pequeña guerra, en la que acabaron empapados. Entraron a un centro comercial, donde recuperaron temperatura corporal, y allí estuvieron el resto del día, haciendo locuras en las tiendas de ropa, locuras más grandes en las tiendas de muebles, comiendo una hamburguesa deliciosa, jugando a los bolos... En resumen, pasándoselo en grande. Los dos juntos. Sin que nadie los interrumpiera.
En determinado momento, Levi desapareció, y Eren empezó a buscarle por todas partes. Cuando el pelinegro volvió a aparecer, se ganó una buena bronca. Así que tuvo que comprarle a su novio un helado como disculpa.
Cuando empezó a anochecer, decidieron cenar en un restaurante antes de regresar al hotel. Era un bonito restaurante francés que se encontraba en una calle cultural de Trost. No era muy grande, pero era muy acogedor. Había cuatro personas tocando música ambiental, lo cual le daba un toque de distinción al local. Les dieron una mesa al lado de la ventana, por la que entraba la luz de la luna. Levi aconsejó a Eren sobre lo que pedir, y disfrutaron de una buena cena. Durante ella, el pelinegro no dejó de mirar a las otras mesas del local.
- ¡Madre mía, Levi, esto está delicioso!- exclamó Eren, tan centrado en la comida que no se había dado cuenta.
El aludido sonrió.
- Me alegro de que te guste, la verdad es que aquí cocinan de maravilla.
Eren asintió. Levi miró un momento por la ventana y dio un sorbo a su copa de vino, tratando de calmar sus nervios. El chico se terminó su plato ajeno a ello. Cuando el último cliente aparte de ellos salió del restaurante, el pelinegro inspiró hondo.
- ¿Qué tal te lo estás pasando?- preguntó al chico.
- Genial- respondió Eren.- Ha sido un día fantástico.
- Realmente lo ha sido- dijo, levantándose.
El chico le miró.
- ¿A dónde vas?- preguntó.
- Al baño y de paso a pedir otra botella de vino- respondió Levi.- ¿Quieres algo tú?
- No, gracias, pero cuando vengas pedimos el postre. He visto ese "moelleux au chocolat" que me está haciendo la boca agua.
Levi negó con la cabeza, sonriendo.
- Monstruo del chocolate.
Eren se rió y siguió rebañando su plato, ajeno a que su novio estaba hablando con el camarero. Cuando terminó por completo con su plato, dio un sorbo a su soda y miró por la ventana. Aquel día no lo olvidaría nunca, pensó. Y tenía razón.
- Ya estoy aquí, he pedido el postre- dijo Levi.- Así tarda menos en llegar esa bomba de chocolate que te vas a meter en el cuerpo. Espero que no te vuelvas diabético.
- Soy inmune a esas cosas, ¿no lo sabías?- respondió Eren.
- Ya, claro...- luego, mirando el plato, añadió.- Pues sí que te ha gustado la comida, sí.
El chico asintió. Luego se fijó, por primera vez, en las gotas de sudor que bajaban por la frente de Levi, en su forma de apretarse las manos, y en sus recurrentes sorbos a la copa de vino. Estaba claro que le pasaba algo, parecía muy nervioso.
- ¿Estás bien?- preguntó Eren.- Parece que estés sufriendo un ataque de ansiedad.
La pregunta pilló por sorpresa a Levi, quien recordó que el chico era agudo en cuanto a gestos si estaba atento. Soltó lo primero que se le pasó por la cabeza.
- Estoy bien, es que estoy reprimiendo las ganas de tirarme encima de ti...
Eren empezó a reírse al escucharlo. No sabía qué le pasaba, y estaba claro que eso no era, pero si el pelinegro no quería contárselo, no iba a obligarle. Menos aún cuando escuchó los pasos del camarero, que venía con su delicioso "moelleux au chocolat" en la bandeja. Cuando se lo pusieron delante, su cara fue para hacerle una foto y enmarcarla. Aquello olía muy bien.
- ¡Que aproveche!- exclamó, cortando el bizcocho con la cuchara y llevándose el trozo a la boca, a la vez que un torrente de chocolate fundido empezaba a brotar del interior.- ¡Mmmmmm!¡Es lo más rico que he probado nunca!
Pero cuando fue a coger el segundo trozo, se dio cuenta de algo. En medio de aquel torrente de chocolate, asomaba una especie de bolsita. El chico se la quedó mirando, con curiosidad, y la cogió. No se veía nada, ya que estaba cubierta de chocolate. Levi le miró con curiosidad.
- ¿Y eso?
- No sé, estaba ahí dentro.
El pelinegro se levantó con cara de mal humor y cogió la bolsita.
- ¿A dónde vas?- preguntó Eren.
- A quejarme, obviamente, por estropearte tu postre- dijo, abriendo la bolsa y empezando a caminar hacia el camarero, que estaba recogiendo una mesa.
Eren se levantó también.
- ¡Déjalo, no hace falta que...!
Se calló al ver que Levi se detenía, se giraba y se arrodillaba frente a él. Sobre una rodilla. La música se detuvo.
Eren no se movió, no dijo nada. Sólo observó cómo el pelinegro sacaba algo de la bolsita. Un anillo. El corazón empezó a latirle muy deprisa. Levi cogió aire.
- Esta es la locura más grande que voy a hacer en toda mi vida- empezó.- Lo sé, soy consciente de que sólo te conozco desde hace una semana. Lo sé, y no me importa. Después de todo lo que ha pasado, lo tengo claro. No quiero perderte.
Eren tragó saliva. Las lágrimas empezaban a inundarle los ojos, pero las aguantó por Levi. No quería cortar nada de lo que tuviera que decir.
- Quizá mañana me vaya, pero eso no cambia el hecho de que te quiero y de que voy a volver a verte. Buscaré la forma de arreglar nuestras situaciones. Pero no voy a irme de aquí sin dejarte una prueba sincera de lo que siento y de lo que estoy dispuesto a hacer por ti- el pelinegro inspiró hondo y prosiguió.- Eren Jaeger.
- ¿Sí?- preguntó el chico con la voz temblorosa.
- ¿Quieres casarte conmigo?- preguntó Levi.
Eren se llevó las manos a la boca, ahora ya incapaz de detener por más tiempo sus lágrimas. Asintió muchas veces seguidas y se arrodilló frente al pelinegro, o se desplomó más bien, pues sus piernas habían perdido la fuerza por la tensión. Levi suspiró aliviado y le abrazó con fuerza, calmando sus hipos y dándole besos en la mejilla, el cuello y el hombro. La música se reanudó y el pelinegro le puso el anillo a Eren. Después, se fundieron en un apasionado beso.
Los siguientes instantes fueron divertidos para Levi. Observó al chico terminarse el postre entre lagrimones con una cara muy graciosa. El pelinegro se sentó a su lado hasta que terminó. Después, pagaron la cuenta, agradecieron su complicidad a los camareros y músicos y salieron de aquel local, que nunca, nunca olvidarían.
El camino de vuelta se les hizo corto, a pesar de ir a paso muy lento. Llegaron al hotel casi a media noche. Subieron a la habitación y Levi fue al baño mientras Eren respondía a una llamada de su hermana. No tardaron mucho en meterse en la cama, pero aquella noche no hicieron nada más que abrazarse y darse algún que otro beso. No querían estropear el momento. No querían que nada perturbara aquella paz que habían creado.
- Ojalá mañana no fuera lunes- susurró Levi, acariciando el pelo a Eren.
El chico asintió.
- Mi hermana y Armin vendrán con nosotros al aeropuerto- dijo el chico. Ante la mirada de sorpresa del pelinegro, sonrió.- No pensarás de verdad que no iba a ir a despedirte...
Levi le abrazó aún más fuerte.
- Gracias, Eren- dijo.- Y dale las gracias también a ellos. Me quedo más tranquilo sabiendo que no te dejo solo.
Le dio un beso en los labios y se acurrucó en la cama con él.
- Yo también...- susurró el chico, abrazándole con fuerza.
Así permanecieron hasta que ambos cayeron dormidos, soñando con un mundo en el que los lunes no existían.
El moelleux au chocolat es una delicia. Si no sabéis lo que es, os aconsejo buscarlo en google. Babeo sólo de recordarlo.
¡Espero que os hayáis llevado una sorpresa con este capítulo y que os haya gustado!
El próximo será el final.
¡Ciaossu!
Rikku
