Aviso Subi una nueva historia The great blue bridge's esta basada en una cacion de gloria trevi Angel de la guarda. es muy bonita cancion, aqui Edward es un muchacho de la calle, que vive bajo un puente azul "el gran puente azul" ,Bella es su Angel guardian, y su amor esta totalmente prohibido. Los capitulos de ese fanfic seran cortitos, concisos y por lo mismo mas de los que normalmente publico.

En fin! para que les hago el cuento largo, aqui esta este capitulo que me costo mas trabajo que los otros, tal vez sea porque mi cabeza esta al borde de tantas ideas. Ayer escribri parte de este capitulo, el capitulo de la otra historia, y le ayude a mi hermano con su fanfic.. definitivamente mi cabeza esta apunto de colapsar.

Y como ya es todo, me despido hasta el prox Domingo, si me es posible en un rato publicare un capitulo mas en la otra historia.

Agradeciendo sus reviews!.


WELCOME TO MY LIFE

[Soundtrack: Satisfaction- The Rolling Stones]

Me sentía como una adolescente presentándole a su familia, su primer novio. Y no recordaba alguna vez haber tenido novio, así que bien no se como se siente, pero si es así, era una situación escalofriante. ¿Y como empezar? Edward, ellos son tus padres y hermanos vampiros. Por cierto uno de ellos quiere cortarte el pescueso.

Mire de reojo a Edward se veía tenso y nervioso, Intente darle la mano, pero el la alejo, fue una acción algo dolorosa, pero que deje pasar. ¿Qué esperaba?, ser recibida con los brazos abiertos, ¡No! Comenzaba a sentirme realmente ansiosa, cuando Esme dio un paso adelante y se situó frente a Edward.

—Me da tanto gusto conocerte Edward—Esme lo abrazo, sorprendiéndonos a todos por su gesto.

—Esme es prácticamente nuestra madre, al igual que Carlisle nuestro padre—Explique, con intención de aclarar que al forma parte de esta familia ellos también eran parte de su vida y por lo tanto sus padres. Edward ya estaba enterado de que absolutamente todos éramos de familia acogida.

— Espero que te sientas a gusto con nosotros, Edward.

—Gracias Carlisle— respondió Edward. Se veía un poco más a gusto, más que cualquier otro humano en nuestra presencia. Luego alzo la cabeza para toparse con la sonrisa socarrona de Emmett, e incomoda figura de Rosalie.

Entonces me di cuenta que los había olvidado.

—Oh!,… si, casi lo olvido… Te presento a Emmett y Rosalie, ellos también son nuestros hermanos.

—Así que tú eres el famoso Edward Cullen… Bienvenido entonces a la familia. Aunque humm— comenzó Emmett, pero se detuvo e hizo como si pensara— Me imagino que Bella, ya te dio una mejor bienvenida, ya sabes al estilo Cullen...o te la explico como la del gusanito que hizo un hoyito a la manzanita y….

— ¡Emmett! — interrumpieron todos al unísono. Las mejillas de Edward cambiaron de un rosado pálido, a un rojizo intenso, en otro situación me hubiera reído. Pero hasta yo me sentía avergonzada.

Me di cuenta, que ahora Edward miraba curiosamente a Rosalie. Su Belleza era imponente y no daba la imagen de una muchacha caprichosa e irresponsable, pero Edward no se veía cohibido por eso, y estaba claro que si ya de por si el no era santo de su devoción, ahora seria su demonio personal.

— ¿Rosalie? — animo Carlisle.

Ella resolló.

—Ese no era el trato— farfullo, y salio como alma que lleva el diablo. Edward se quedo clavado al piso, y posiblemente pensaría que no era de su agrado. Esa no era la mejor bienvenida.

—Discúlpala. No le des importancia, ya se le pasara— intente aminorar la situación. Edward asintió silenciosamente, y eso ya me estaba hartando. El no era un chico de pocas palabras, posiblemente estaba desubicado.

— ¿Bella, porque no le muestras su regalo? — Inquirió Esme con una radiante sonrisa.

¡Si claro su regalo! Con tanto ajetreó ya había olvidado mi sorpresa.

—No hace falta que me regalen nada, con su presencia me basta— dijo Edward con la voz temblorosa. Pero no le permití continuar, jale de su mano y esta vez le fue inevitable apartarla. Y note como vacilaba por el cambio brusco de fuerza.

— ¡Tonterías! — exclame, Edward dio un brinquito por mi repentino arranque de entusiasmo—Es solo un pequeño detalle y no acepto devoluciones. Además todos hemos puesto de nuestra cosecha, así que no se diga más. ¡A que te va encantar!, yo se lo que te digo— Puntualice, y apreté su mano con menos fuerza, pero con mayor delicadeza. El seguía con su postura de antes. Serio, rígido y confundido. Ignore aquello y seguí empujando a cuanto se nos pusiera enfrente. Hasta que distinguí la figura rubia de su fastidiosa novia, maldije en mi fuero interno. Comencé a buscar entre los invitados a mis hermanos, tal vez uno de ellos me echara una manita. Estaba empezando a desesperarme, o me jalaba a Edward provocando una ráfaga de viento y un mareado hermano, o lo distraía en lo que alguien salía en mi auxilio. Si la segunda era la mejor y más adecuada opción.

Me envare frente a Edward, aprovecharía para hacerle frente. Si no me quería, entonces me iría. Pero recordé al gentío, así que lo empuje a una de las tantas salas que se veían sombrías.

El me miraba confundido. Pero de un momento a otros, sus ojos se opacaron como aquella ocasión cuando me pregunto si aun lo quería. Ninguno de los decía absolutamente nada, y eso ya me estaba poniendo mas tensa, que cuando veía películas de suspenso.

La iluminación de la habitación, era lo suficiente intentaza como para casi cegarnos. Sus ojos brillan con mayor intensidad que en el poco luminoso salón.

—¡Bueno ya estuvo bueno!, ¿no? — Subí un poco mas de lo usual mi voz, incluso hasta yo misma me sobresalte. — ¡Dilo… di que me odias, que soy una maldita bestia que te abandono y ahora regresa como si nada, y precisamente a tu feliz fiesta de cumpleaños! Pero di lo que sea, pégame, patéame, zarandéame, córreme de tu fiesta. Lo que sea, que me de alguna señal de que aun tienes lengua— Supuse que me pase un poquito, porque Edward ya se encontraba pegado a una pared, casi buscando como escurrirse del lugar. Su corazón iba mas rápido de lo normal, compitiendo una carrera con el resto de los corazones en esta fiesta.

Y lo oí, un sonido rítmico, compuesto con las notas más suaves posibles. La risa de Edward era un canto alegre para mis oídos.

—De bestia no tienes ni un pelo Bella, eres la criatura mas hermosa sobre la faz de la tierra— Se tapo la boca, dándose un buen manotazo, — quiero decir, no me agrado tu partida, pero eso no quiere decir que seas una bestia. Es solo que aun estoy impactado. ¡Dios, Bella una cosa es tener tres hermanos adonis, y otra tener 5 hermanos como posibles modelos y dos padres que podrían quitarle fácilmente su papel a George Clooney y Cameron Díaz!. ¿Y acaso falta algo? ¿Tal vez un perro Lassie? — Por supuesto que todo llevaba sarcasmo, pero no pude evitar soltar risitas, ese era el Edward que yo conocía.

—Me alegra que no estés molesto—Sonreí triunfante, pero el negó con la cabeza.

—Lo estoy, pero no echare a perder mis anhelados 18 por discutir con mi hermana— me tomo de la mano y abrió la puerta. No me quedo de otra que seguirlo, no sin antes echar un vistazo, asegurándome de que su novia no estuviera. Y lo estaba a unos cuantos pasos de nosotros.

Busque con la mirada y me tope con los ojos curiosos de Alice, le señale con la cabeza a la entrometida novia. Ella se acerco a su lado y le escuche decirle "Samm, porque no me acompañas a subir los regalos de Edward", ella asintió con la cabeza y le siguió. Las vi perderse escaleras arriba, mientras nosotros pasábamos tras ella, a la puerta principal.

— ¿Listo para tu pequeña sorpresa? — inquirí divertida, el sonrió y asintió. Abrí la puerta lentamente y le deje pasar primero. Lo vi buscar con curiosidad, hasta que dio con el volvo adornado con el enorme moño.

Tuvo reacciones muy chistosas, desde los ojos desorbitados, hasta su habitual costumbre de rascarse la cabeza confundida.

Se acerco dudo al auto y lo miro estupefacto.

— ¿Pequeña sorpresa, no? — alzo ambas cejas y negó con la cabeza riéndose. Y dejo de pasar su mano por el cofre. — Ya veo esto es pequeño a comparación de los lujos que se suelen dar, — Su tono fue más divertido que hiriente, en realidad tenía razón... ¿Pero que esperaba? Con tantos años de vida, ya no se te ocurre que hacer con tu dinero. No es como fácilmente dejarlo una alcancía y ya.

— ¿Quieres probarlo? — pase las llaves por su cara, meneándolas para darle tentación.

—Seria un placer arrasar con todo lo que se interponga en mi camino— tomo las llaves y subió al auto. —Vamos Bella, disfruta mientras puedas— me encogí de hombros y lo hice, después de todo, algo me decía que el día de mañana no seria mi mejor momento.

— Acabemos con el muu…. ¡Edward baja la velocidad te puedes matar!— para mi 200 km no era nada, pero en compañía de Edward era como buscarle su propia muerte y no estaba muy segura de dejarle morir tan fácilmente.

— ¿Te preocupas por mi? ¡Vaya! Normalmente es uno mismo el que se preocupa por su propia vida, y tú ni si quiera clavas las uñas en el asiento— Rió y le bajo un poco la velocidad. Mi primer error, aunque actuar como humana no es precisamente me especialidad. Me recosté en el asiento restándole importancia en el asunto, como ya lo he dicho si algo llegara a pasar, es poco probable que le dejara morir, tal vez adelantaría la plática "tu familia no es normal".

—Eres mi hermano pequeño, ¿Qué esperabas?, así soy yo— no mentí, era verdad, el estaba ante todos, y aun antes que mis padres. El me miro de reojo y suspiro.

—Pequeño— susurro, — es extraño, ¿sabes?.

— ¿Qué cosa?

— No me siento pequeño, es como si estuviera en universo paralelo. Ya sabes, donde ustedes se quedan estancados en la juventud y yo simplemente envejezco— Dijo el, apretando el volante y su ceño fruncido. Trague saliva, cuanta razón tenía.

— ¿Qué te hace pensar eso?

—Solo que ustedes, incluso Carlisle y Esme se ven tan jóvenes. Tú no has cambiado, sigues estando tal cual como en mi ajetreada memoria.

Era muy observador, pronto descubriría la verdad. ¿Y acaso no debía de ser así? Pocas eran las probabilidades de que el quisiese seguir en una familia de seres de ultratumba.

Sacudí mi cabeza y me deshice de todo mal pensamiento, el ahora abría que gozarlo, así que jugué con la verdad.

—Bueno, ahora comprendes lo que hacen las cirugías— solté lo primero que se me ocurrió. ¡Vaya empezaba a parecerme a Emmett!.

Me acomodo de lado, para tener una mejor visión de Edward. El parpadeo un par de veces atónito.

— ¿Hablas en serio? — pregunto vacilando primero un tanto con la pregunta.

—Por supuesto que no, lo nuestro es natural.

—Ya lo creo, son increíblemente perfectos, para usar cirugías baratas— Dijo soltando risitas tímidas.

—Suenas como si lo envidiaras. ¡Pero vaya! No tienes nada de que quejarte, tu además de lindo— dije avergonzada, — Gozas de unos expresivos ojos— suspire, — aun tan virtuosos y prohibidos— susurre.

Supuse que lo último no lo escucho, y aun así sus mejillas se encendieron, luciendo tierno.

—Uhmm— se paso la mano por su brillante cabello cobrizo, — supongo que gracias.

Edward acelero aun mas, seguía dándole vueltas a la manzana, hasta que dio un giro inesperado en una esquina. Y comenzó adentrarse un poco más a la ciudad.

— ¿A dónde vamos?

—Me apetece cenar— Lo mire y alce ambas cejas en un gesto de confusión, Edward lo noto— Yo no e cenado nada, e estado ocupado en otras cosas— me guiño un ojo, bueno con su novia ahí, por supuesto que estaría mas ocupado con ella que en la necesidad de ingerir alimento.

El camino al restauran que Eligio Edward fue menos larga, debido a su brusca velocidad. El aparco frente a el. Le dio vuelta al coche para abrir mi puerta.

— Yo invito, tu eres el festejado— sentencie.

Resoplo antes pero no me lo negó, un mesero se atravesó en nuestro camino, y antes de que pudiéramos llegar con la recepcionista nos interrumpió.

— ¿Puedo ayudarlos en algo? — pregunto con sus ojos fijos en mi, ni si quiera había notado a Edward.

Edward tosió disimuladamente, para llamar su atención.

— Una mesa para dos— dijo. Su voz fue un leve susurro pero pude notar el coraje. Ya empezábamos con los celos de hermano.

Lo tome de la manga de su sudadera negra y lo jale.

—Vamos— susurre, el asintió aun con la vista fija en el mesero, que ya nos esperaba en nuestra mesa.

—Una Coca Cola y nos ravioles, por favor— ordeno Edward, el joven mesero apunto distraído. Su pie se movía constantemente nervioso. Y sus ojos aun no se separaban de mi persona, comenzaba a fastidiarme.

— ¿Y usted señorita? — me pregunto, sonreí coquetamente, había dejado de mover su pie, y pegaba su pluma suavemente en su libreta de ordenes.

—Nada— respondí.

— ¿Un refresco? — Negué, —Un helado, algún postre, lo que usted desee— sugirió y lo último tuvo un sabor a doble sentido. Volví a negar.

—Así esta bien, gracias— respondí con tedio, finalmente. El mesero asintió aun sonriéndome y se dio la vuelta para irse.

Me voltee para ver a Edward con un gesto de disgusto, sus labios hacían una línea firme y tenia ambos puños apretados sobre la mesa.

— ¿Qué pasa?

—No te diste cuenta el tipo casi te come con los ojos— su voz tenia un toque de molestia.

—¿Ya empezamos con los celos de hermano?.

—Celos de hermano— farfullo muy bajito, pero lo escuche.

El mesero regreso con el refresco de Edward, pero esta vez se retiro enseguida.

—Bella, ¿De veras no gustas nada? Yo invito. Anda que no me gusta comer solo— le dio un trago a su refresco y luego sonrió.

— No, yo ya e cenado poco antes de llegar— me excuse, de cierto modo era verdad, habíamos ido de casa horas antes de partir.

—Uhmm— iba a decir algo, pero agradecí que el mesero llegara a tiempo y sus manos nos separaran, el puso la comida de Edward en la mesa. Justo me llego un desagradable olor, pero evite hacer una mueca de asco para no alertarlo.

Tomo el tenedor y se llevo un pedacito de ravioli a la boca. Me miraba con curiosidad, dejo su tenedor aun lado.

— ¿Por qué te fuiste? — pregunto, y el tema mas había tratado de evitar llego para acabar con mi total felicidad.

Suspire resignada y me dispuse a inventarme algo creíble, pero con la verdad oculta.

—Yo hice algo malo, posiblemente tu no lo recuerdes— comencé, y lo mire cautelosa, su expresión era apacible. — y temí cometer ese error dos veces, nunca me lo perdonaría. Así que opte por huir. No hice bien, lo tengo claro, pero era lo mejor—Fui cuidadosa con mi explicación, no podía decirle bien a bien, toda la verdad, pero tampoco debía mentirle, no si quería ganarme su cariño.

Edward seguía quieto, y con la misma posición, sin darle una probada más a su comida. Me mordí el labio nervioso y entonces lo vi reaccionar, negando con la cabeza.

— ¿Tiene que ser algo muy malo, para dejarlo pasar? — su tono era entre divertido y serio.

—Te lo diré, pero no ahora. No es el momento.

Aparco frente a la gran mansión, aun con la música a todo volumen, de poder me taparía los oídos, en ocasiones era molesto tener una buena audición. Pobres humanos, terminarían por quedarse sordos.

Camine a lado de Edward siguiéndolo, ambos coordinados y bien calladitos. El se había molestado por mi voto de silencio y yo por su rebeldía adolescente, ahora entendía mis padres, cuando pase por aquella época.

— ¡Edward! — chillo la vocecita que ahora era la mas odiada por mi. — ¿Dónde estabas metido? — exigió, puso ambas manos sobre sus caderas, en una pose segundo ella amenazante.

—Fui a probar mi auto— dijo el, encogiéndose de hombros. Ella ni si quiera se había dado cuenta de mi presencia.

—No te enojes con el, yo se lo sugerí.

Dio un pequeño respingo, cuando escucho mi voz.

— Esta bien, no importa. Solo me preocupe no ver por ningún lado a Edward, suele ser muy problemático— aquello me agarro desprevenida, ya tendría unas cuentas palabras con el.

— Si claro— susurre— Ahora es todo tuyo, procura que no se meta en problemas— porque en realidad estará en serios problemas.

Sonreía a ambos, y me di la vuelta para entrar a la casa.

"Sammantha no puedes ser un poco mas discreta" le murmuro bajito, cuando yo ya estaba lo suficiente lejos como para escucharlos.

Volví a sonreír, Edward era el humano mas divertido que hubiese conocido en toda mi existencia.

Dentro ya quedaban unos cuentos invitados, nada que no se pudiera soportar, lejos vi a Alice sentada en un sillón. Alejada de los pocos humanos que quedaban.

Me acerque a ella, y me senté a su lado.

— ¿Jasper? — le pregunte, no había visto a mi intimidante hermano, desde mi llegada.

— Ha ido de Caza, no soportaría tanto humano a su alrededor.

— Me lo imagine, tenia ganas de verlo.

—Estará aquí por la madrugada— cruzo su pierna, por costumbre. — ¿y tu? — me interrogo con sus curiosos ojos que ahora tenían pequeñas manchitas negras.

—Fui a dar una vuelta con Edward— alzo ambas cejas— solo hablamos, Alice.

— Si hablar— musito— si tú lo dices.

— Deja de insinuar cosas que no son— me queje.

—Lo se perfectamente, y lo sabes. — Ella gimió, — ¡No entiendo! — Farfullo, — Eres tan cabezota, porque no abres los ojos, me das dolor de cabeza— mascullo, levantándose y dejándome con la boca abierta. ¿Pero que había hecho yo?

Me quede sentada un rato mas, mientras veía a los adolescentes entre besos, agarrones. Después de asquearme un rato con tanto masajeo personal, me levante y decidí resguardarme en mi habitación. Mi vieja habitación.

En la planta alta no se oía ningún ruido y agradecí por ello, necesitaba un poco de paz.

Todo iba perfecto, hasta que escuche unas risitas, agudice mi oído para saber de donde venían, y sacarlos a patadas.

Me acerque mas a mi cuarto, y las risas se hacían más fuertes, titubee un poco antes de abrir mi puerta, preparándome mentalmente, por lo que estaba apunto de ver.

Estaba en la penumbra, pero podía distinguir dos figuras, una sobra otra,. Y la primera era la mas fácil de ver, ya que no tenia vista de rayos "x", y una de dos o Samanta le ponía el cuerno a Edward, o Samanta estaba montando el caballito ¡con mi hermano, en mi recamara, sobre mi cama!

— ¿Qué demonios esta pasando aquí?—vocifere tan alto, que samanta brinco cayendo de la cama jalando las cobijas. — Tápate ahora mismo Edward, que no estoy de humor para ver tus miserias.

Jalo una de las cobijas que se llevo Samanta y se enredo en ellas.

—Vamos Bella, la estábamos pasando bien. ¿No te quieres unir?— inquirió con la lengua trabada.

— ¿Qué?, mírate Edward estas hasta atrás. ¡Samantha ve y cámbiate, que la fiesta ya termino!— la chica se tambaleo un poco al pararse y junto su ropa para irse al baño.

—Vístete Edward— el no se movió, no se que me irritaba mas que ella lo tocara o que el me ignorara, —Ya, ¿que estas esperando?

—Si mamá— siseo. El se levanto con la cobija y fue a su cuarto para tener mayor privacidad.

Salí para esperarlo en salita que separaba su habitación de la mía. Luego de darle la orden a Emmett de que sacara a toda la bola de locos adolescentes.

Edward salio frotándose la cara, y se acerco a donde yo estaba.

—Vamos Edward, te preparare un café bien cargado— le dije, al mismo tiempo que intentaba tomarlo de la mano.

—Estoy bien— dijo, mientras bajaba las escaleras, y se tropezaba con sus propios pies, lo sostuve antes de que se diera un buen porrazo.

—Estas borracho, y casi no estas consciente— lo tome la cintura y lo ayude a bajar las últimas escaleras.

Alice ya nos esperaba en la cocina, con una taza de café negro. Claro ella ya lo sabia.

Miro a Edward reprobatoriamente, Emmett se acerco para ayudarme a sostenerlo, por supuesto que yo podía sola, pero si lo hacia borracho o no se daría cuenta de mi súper fuerza.

—Toma— le entregue su café, y le dio un pequeño sorbo.

Un rato estuvimos en silencio, hasta que el hablo.

— ¿Estas molesta?— pregunto, negué con la cabeza.

—Bien, porque no tienes por estarlo.

Si no estaba molesta, ahora estaba realmente enojada.

— ¡Edward estabas en mi cuarto, borracho y teniendo sexo!

—Eso estuvo mal lo reconozco, pero no tenias porque correr así a Samanta, tu no eres nadie en mi vida para decirme lo que tengo que o no hacer—Voceo, levantándose de la mesa y subió las escaleras corriendo.

Deje caer pesadamente mi cabeza sobre la mesa. Era cierto ¿Quien rayos era yo para el?, nunca seria nadie. Más que una simple intrusa en su vida. Comencé a sollozar en silencio, y Alice me sobaba cariñosamente la espalda.