Capítulo 7
Radical – División Minúscula
Ella es muy especial
también algo radical;
Y lleva su mundo a todos lados
lo guarda en su backpack
Cuando Malfoy regresó a casa, aún era temprano. A decir verdad, no había tenido mucho que hacer hoy ni en el Ministerio, ni en la empresa. Hoy había despertado muy bien (a excepción por el despertador). Como siempre que llegaba a casa, Amelia lo esperaba en el recibidor.
- Que diferente se ve mi recibidor sin las maletas de Granger – musitó Draco, mientras se quitaba la chaqueta y se la entregaba a la joven ama de llaves, quien solo sonrió.
- ¿Necesita algo, señor Malfoy?
- No en realidad, Amelia. ¿Está Granger en casa?
- Salió desde la mañana, y hace poco que regresó. La última vez que la vi estaba paseando en el jardín, señor.
- Gracias – dijo Malfoy, para luego subir a su recámara. De verdad odiaba usar corbata… En eso estaba (en quitarse la corbata), cuando se le ocurrió voltear a una de las ventanas del pasillo: allí estaba ella, girando sobre su eje, a una distancia algo considerable de la casa – Granger: estás loca – aseveró Malfoy, divertido, mientras se recargaba en el vidrio de la ventana para ver mejor. Ella no paraba de girar, y ahora comenzaba a avanzar sin dejar de hacerlo. Draco la miraba divertido; ¿de cuando acá le daba por dar vueltas a la luz de todos? Bueno, seguro que todos lo hacían de niños, ¿pero a esta edad?
Y todos la pueden ver,
pero pocos pueden entender la magnitud
de su risa y su actitud;
Y bailará... Y cantará...
Bueno, ella era una chica y él un chico. ¿Actuaría él como ella si en lugar de hombre fuera mujer? Qué le importaba; lo único que le importaba ahorita era lo bien que se veía portándose como niña loca mimada y consentida, en su jardín.
- Linda vista, ¿verdad Malfoy?
- Maldita tu costumbre de llegar sin avisar Zabinni – exclamó Malfoy, sin perder la sonrisa en su rostro, ni mucho menos despegando la vista de la ventana.
- ¿Visitas nuevas?
- No ese tipo de visitas, Blaise – dijo, volteando a verlo de soslayo, tratando de mostrar toda la seriedad posible – Ven y asómate; fíjate bien – Zabinni obedeció y enfocó la vista.
- Pues… Es bonita; se parece mucho a Granger…
- Porque es Granger – explicó volviendo a verlo de soslayo. A Blaise se le iluminaron los ojos completamente, y pegó más la cara al vidrio.
-Así que la famosa princesa Griffindor está en dominios de un Slytherin de sangre azul – comentó, en forma vaga y sutil, con un dejo de escepticismo en su sonrisa. Malfoy empezó a reír.
- ¡Qué tontería acabas de decir, Blaise! ¿Princesa Griffindor?
- ¿Nunca supiste que se llevaba bien con Nott? – Draco negó – Pues él le llama princesa Griffindor; no estoy muy seguro del porqué, pero creo que algo tiene que ver su emporio de modas aquí y en Londres muggle…
- Así que princesa… – susurró Draco.
- Voy a saludarla, bote de baba – dijo Blaise, para luego marcharse. A los pocos instantes Draco reaccionó, y corrió a alcanzarlo en las escaleras.
- ¡Vete al demonio, Zabinni!
- ¡Vete al demonio tú primero, Malfoy! ¡Yo tengo que ir con la princesa! – respondió Blaise. Draco volvió a reír. Se echó el pelo hacia atrás con la mano, y se encaminó a su cuarto. Ya no se había acordado de su corbata, que había quedado tirada en el suelo en cuanto Malfoy hubo visto a Granger por la ventana. Sonaba tonto, pero ella lo estaba distrayendo de su rutina de una forma tan sutil que ni él se daba cuenta (y eso ya era bastante que decir).
Emociones en el show
la hacen perder el control,
y se desconecta de todo lo que pasa a su alrededor;
Solo quiere disfrutar;
Todo lo que quiere es gritar su emoción,
entre más fuerte mejor
- Oh, princesa Griffindor.
- ¿Nott? – se detuvo al instante, algo mareada y tambaleándose.
- Soy Zabinni, Granger – ella lo reconoció al instante, luego que su visión dejó de ser doble.
- ¡Oh! Tiempo sin verte, ¿eh? – ambos rieron.
- Pude imaginar encontrarte en cualquier lugar, menos en casa de Malfoy – ella sonrió, volteando a ver la casa de Draco.
- Ya ves, cosas del destino, Zabinni – dijo, sin desviar la mirada de la casa – De no haber sido por su llamada, probablemente estaría eligiendo entre manteletas rojas o blancas – susurró, con algo de tristeza en sus ojos; tristeza que no había sentido desde hoy en la mañana; tristeza que empezó a calarle en el pecho.
- ¿Y no han peleado? – Hermione pensó en Ron, y se entristeció aún más; pero recordó que la platicaba no era sobre Ron. De repente le pasó por la cabeza la pregunta sobre que era lo haría de ahora en adelante.
Y la vida la hace cambiar
entre su personalidad
desata a cada momento en cualquier lugar
Si es difícil yo lo sé
ser diferente y no saber
¿Dónde vas? O ni siquiera, ¿donde vas a estar?
¡Cuando acabe el Show!
- Pues no en realidad. Ahora que lo dices, la hemos pasado hablando sobre si su casa es verdad muy grande o no – dijo. Luego volteó a ver a su acompañante – Dime la verdad, Zabinni: ¿es o no la casa de Malfoy demasiado grande? – él se echó a reír.
- ¿Pelean por eso? – preguntó, intentando contener las enormes ganas que de reír.
- Hasta he pensado en hacer una casa más grande y encerrarlo ahí por unos días, para que sienta lo que yo siento – aseveró seria con un semblante muy seguro; Blaise siguió riendo.
- ¿Niñerías entre ustedes? ¿Es que ninguno de los dos ha cambiado? – ella lo miró divertida, torciendo un poco los labios, en señal de berrinche.
- Ni que tú también hayas cambiado gran cosa – se sentó en el pasto; estaba cansada de tanto que había girado y corrido y saltado…
- Bueno, es que yo soy yo, Granger – ahora fue turno de ella de reír. Él también se sentó en el pasto.
Malfoy miraba desde la ventana de su cuarto la escena. ¿Cómo es que nunca se enteró de que Theodore y Granger eran amigos de toda la vida? Bueno, si él se había cambiado de bando, ¿por qué no pensar en una amistad entre un Griffindor y un Slytherin? De todos modos, no dejaba de ser sorprendente para Draco.
- Más oportuno no pudiste haber sido Blaise – susurró Draco. Hoy, él tendría una visita. Y aunque ya había venido en otras ocasiones, ninguna de ellas había sido con la intención de ésta – Seguramente querrá saber como llegó aquí – se sentó en el sillón de la ventana; la persiana estaba a medio cerrar. Siguió mirando y pudo notar que la conversación en ambos era bastante divertida – Ojala duren un buen rato así; no quiero que ella se de cuenta – desvió la mirada más allá de Granger y Zabinni, observando la extensa campiña del que era dueño. Una campiña grande… – Como todo lo que hay en esta casa – dijo, con vacío en sus palabras. El problema no era que su casa fuera grande, sino el hecho de que fuese Granger quien se lo hubiese hecho notar. Maldijo. Tocaron a la puerta.
- Señor Malfoy, tiene visita. ¿Qué lo espere en la sala?
- No, Amelia. Llévalo al despacho – exclamó. No quería levantarse; estaba de verdad muy cómodo en su sillón.
- En seguida, señor – sin embargo, no le quedaba de otra. Así que bajó al despacho.
- No creí que vinieras, Potter – habló Malfoy, haciendo que Harry volteara a verlo de espaldas. Malfoy comenzó a servir dos copas con vino.
- Tenía que, Malfoy. Supongo que querrás decirme algo – incitó.
- ¿Yo? ¿Qué quieres que te diga? – Harry lo vio de mal modo, pero sin dejar de ser cortés; Draco suspiró – Granger está en mi casa, Potter. Me imagino que habrás entendido el sentido de mi carta.
- Eso, y que ella me hubiese mandado un carta con la misma lechuza. ¿Pretendían mantener el secreto?
- Así que no lo sabes – aseveró, ofreciendo la copa.
- Sé porque está aquí, pero no se porque precisamente aquí – dijo, aceptando el trago.
- Bueno, a mi me sucede lo contrario. Yo solo se que de no haber sido por mi, ella estaría echando a perder su vida de la manera más estúpida, o al menos eso es lo que ha dicho ella – desde hace rato que había empezado a atardecer. El despacho estaba muy bien iluminado, pero con las cortinas cerradas.
- ¿Y como fue que ella llegó aquí? – preguntó Harry, sumamente curioso. Malfoy rió, recordando que hace momentos atrás había asegurado que esa era la razón de la visita de Harry. Por su parte, Harry sonrió acomedido de la risa tonta de Malfoy – ¿Qué?
- Sabía que me preguntarías eso – dio un trago a la copa – Pues yo solo quería saber quien le hacía el catering de sus eventos, para una firma que tengo yo en unos días – explicó – Y ella de la nada me preguntó que donde estaba, yo le contesté que iba camino a mi casa y ella dijo: allá te veo – dio otra trago – Eso es todo lo que yo sé. ¿Tú?
- Bueno, no es algo que deba decírtelo pero Hermione y Weasley ya no son pareja – Draco casi escupe la bebida cuando oyó eso.
- ¿Qué? ¿Granger está así por un imbécil como ese? – Harry encarnó una ceja.
Ella es muy especial,
también algo radical;
Y lleva su mundo a todos lados,
lo guarda en su backpack
- ¿Cómo? – Draco cayó en cuenta de lo que había dicho. Se maldijo un par de veces.
- Pues simplemente no es la Granger que yo conozco. Tiene conductas extrañas e impropias de ella – Harry sonrió, pues sabía a lo que se refería.
- ¿Ha traído con ellas todas sus cosas? – Draco asintió – ¿Y eso te parece raro en una mujer?
- Oh bueno, si consideras cuarenta maletas algo 'normal', entonces puedes quitar ese echo de la lista – Harry empezó a reír.
- Mira Malfoy: Hermione es una mujer bastante especial. Se nota que nunca te has detenido a mirar alguna de sus revistas; todas sus creaciones tienen algo de ella. Ella misma es un capricho de su imaginación. Tuviste que haberla visto cuando recién empezaba su casa de modas – hablaba con una sonrisa en sus ojos. Draco pudo notarlo fácilmente.
- Seguramente mucho tenía que ver su amor por Weasley, ¿no crees Potter?
- Lo dudo Malfoy. Toda la vida para ella es un capricho; que no te sorprenda verla de vez en cuando dando vueltas por toda la casa, girando, saltando, cantando, o hasta cocinando mil platillos descalza. Hace lo que quiere y como ella quiere. A donde vaya, ella deja huella. Y ahora sin Ron a su lado, atándola, ella podrá ser más feliz. Siempre he querido que así sea.
- Así que piensas que el fin entre ella y Weasley fue lo mejor.
- Si no lo mejor, creo que lo más oportuno. Estuve investigando por aquí y por allá, y supe que Hermione estuvo a punto de firmar un contrato que volvía a Ron su modelo principal en el atelier.
- ¿Y eso qué? No creo que le afecte en mucho no tenerlo en sus pasarelas – Harry dio un trago.
- Que era una trampa; una de las cláusulas que ella no leyó seguramente era que volvía a Ron dueño total de la empresa si a Hermione le llegara a pasar algo.
- ¿Pero no lo firmó verdad?
- Hasta donde yo sé, no. Aún así, sigo investigando – Malfoy hizo una mueca de desconfianza. Pero cambió el tema de conversación.
- ¿Entonces, me crees o no que tuve algo que ver con que ella esté aquí? – Harry sonrió; si había ido a su casa era solo para ver que explicación le daba: si mentía o no, puesto que él ya había investigado previamente y sabía que había pasado.
- Te creo Malfoy – aseguró – Tan así, que me gustaría obligarte a que la tengas aquí algunos días – Malfoy lo vio con detenimiento.
- ¿Seguro de lo que me pides, Potter? Sabes mi buena fama entre las mujeres.
- No te creo capaz de siquiera tocarle una mano a ella – aseguró convencido; Draco rió fuertemente.
- ¡Por Merlín, Potter! ¿Qué tiene de diferente a las demás? – preguntó, con el corazón agitado.
Y todos la pueden ver,
pero pocos pueden entender la magnitud
de su risa y su actitud
- Deja que pasen los días, Malfoy. Te aseguró que hasta hará que se te quite esa neurótica costumbre de gritarle al despertador – dio otro trago. Draco continuó riendo.
Sólo Zabinni y la chica Weasley sabían de la excéntrica amistad entre Draco y Harry. Tal vez se debiera al encierro forzoso del que fueron objetos con el fin de evitar sus asesinatos una vez muerto Voldemort (por aquello de los mortífagos que aún permanecían fugados). Lo cierto era que habían limado asperezas, y habían hecho una tregua de paz mientras durara la batalla; tregua que incluso terminada la guerra, seguía en pie.
Y la vida la hace cambiar
entre su personalidad
desata a cada momento en cualquier lugar
Si es difícil yo lo sé
ser diferente y no saber
¿Dónde vas? O ni siquiera, ¿donde vas a estar?
¡Cuando acabe el Show!
- Así que por eso estás aquí – dijo Blaise. Ella asintió, bastante triste – ¿y él lo sabe? – negó – ¿Y porqué no se lo has dicho?
- Porque me imagino que él ya lo habrá investigado – comentó indiferente.
- No lo creo. Yo soy su espía – dijo, con voz vaga. Ella volteó a verlo, sorprendida.
- ¡Oh, vaya! ¡Te la he puesto en bandeja de plata! – ella empezó a reír; él tardó un poco en reaccionar, debido a que esperaba que lo golpeara o algo por el estilo.
- Aún así, no me ha preguntado nada acerca de ti. Te lo juro – habló, muy serio. Ella sonrió.
- ¿Crees que deba decírselo?
- No lo sé; es tu decisión.
- Además no ha habido la oportunidad de hablar acerca de eso – dijo, a manera de defensa, volviendo a mirar a la ventana del pasillo que llevaba a la habitación de Malfoy.
- Ya veo – ella no dijo nada – ¿Puedo decirle a Nott donde estás?
- Ya lo sabe – él asintió.
- ¿Sabes? A pesar de todo lo que te ha sucedido, creo que nunca has dejado de ser la Hermione que conocí en Hogwarts; y eso me alegra – ella volteó a verlo, sonriendo.
Y sabe bien
lo que es el dolor
pero lo guarda en su interior;
Y si la vez
te pido un favor
sonríele y dile adiós
- Y bien Malfoy, creo que ya estuve suficiente rato aquí – dijo, aludido.
- ¿Piensas hacer algo al respecto? Me refiero a Weasley.
- Ya hice algo para compensar el daño. Aunque no creo que sea suficiente.
- Déjame a mí hacer algo para compensar el daño, también – Harry sonrió.
- Nunca dejaste de odiarlo, ¿verdad? – Draco dio un trago a su copa, esquivando la mirada de Harry; no había necesidad de contestar eso.
Y la vida la hace cambiar
entre su personalidad
desata a cada momento en cualquier lugar
Si es difícil yo lo sé
ser diferente y no saber
¿Dónde vas? O ni siquiera, ¿donde vas a estar?
¡Cuando acabe el Show!
