Anna no se movió del lado de su amado rubio. No, no podía. El hielo se había derretido conforme llevaban a Kristoff a sus aposentos y es que ya era uno de la familia y como tal tenía que tener su habitación en el palacio. Era un cuarto sencillo, de colores verde y amarillo, con una chimenea en un lado de la pared que estaba empezando ya a dar calor y una cama cerca de la ventana. Tenía un par de cuadros sin valor y un jarrón con flores en una mesilla. Digamos que Kristoff no pasaba mucho tiempo en esa habitación, solo en los meses de invierno y casi todas las noches las pasaba cerca de su Anna…

-Dios... Kristoff… -dijo la joven mientras le acariciaba la frente.

-Tranquila Anna. He salido de situaciones peores…

Sin evitar esbozar una sonrisa, Anna se levantó de la silla que había colocado al lado de la cama y poniéndose de nuevo el vestido bien, dijo:

-Será mejor que baje a ver a los invitados, en cuanto pueda bajaré a verte…

Anna bajó las escaleras hasta el salón principal, en el que no tardó en darse cuenta de que hacía un frio congelador, imposible en verano. Todos los invitados estaban en corros, charlando y tratando de abrigarse con lo que encontraban. Sabiendo que tenía que tomar el control de la situación se subió sobre una silla.

-Por favor, háganme caso –dijo, tratando de levantar la voz lo más que pudo- vamos a preparar mantas y sopa para quien las necesito y… la reina bajará en unos momentos, gracias… -conforme dijo esto, se bajó gracias a la ayuda de una mano misteriosa a la que agradeció el gesto para dar posteriormente una bofetada.

-No hay tiempo para estas tonterías Anna… -dijo Hans mientras la agarraba de la mano y la llevaba a una sala apartada.

-¡Suéltame! –Anna empezó a dar puñetazos y patadas al aire para que la dejara ir, pero no funcionó.

-Escúchame, Anna… -Hans cerró la puerta del pequeño salón al que habían entrado – tu hermana no ha provocado esta tormenta… -su tono era serio, demasiado.

-¿Qué quieres decir? Es obvio que no se ha provocado solita… estamos en verano…

-Quiero decir que lo ha hecho otra persona.

Hubo un silencio sepulcral en la sala.

Por la cabeza de Anna pasaron muchos pensamientos, pero en especial el hecho de que alguien tenía poderes como los de Elsa, lo cual sería en realidad genial. El único problema era que no los controlase y esta tormenta la estuviese provocando esa persona. Y en ese caso, ¿Quién sería? ¿Sería la clave para descubrir el origen de sus poderes?

-¿Y qué sugieres hacer? –dijo cruzándose de brazos. Por muy mala que fuese la situación, no colaboraría con Hans ni loca.

-Voy a ir a por ella –Hans se colocó bien su traje y su espada.

-¿Qué? Un momento, a ver, a ver…. –dijo Anna mientras toda su compostura seria desaparecia - ¿Ya sabes quién es?

-Sí, lo sé…

-¿Y por qué no me lo has dicho antes?

-Porque no era el momento…

-¡Oh! ¿Y ahora si lo es? –dijo en un tono sarcástico.

-Sí –respondió Hans sarcásticamente mientras salía por la puerta.

-¡Espera! –Anna salió tras él – ¡Aun no me has dicho quién es!

Hans siguió andando sin hacerle caso, tenía que planear una estrategia. Esa mujer era muy peligrosa y arrastraba tras ella una historia llena de ira y tragedia que podría usar a su favor, y es que Hans tampoco había tenido una infancia feliz o digna, sin ser utilizado.

-¡Hans! –la princesa no aguantó más, y acabó tirándole un zapato -¡He dicho que me esperes!

-¡No tengo tiempo para princesas que van a ser una carga!

-¡¿Qué ha pasado con ese príncipe encantador de cuento de hadas?!

-¡Qué no lo es!

Un silencio incomodo de nuevo.

-¿Cómo que no eres un..?

Hans prefirió no responder a eso y se fue. Vale, Anna no sabía por qué se sentía tan mal. ¿No era Hans un príncipe? ¿Por qué e habría mentido o habría querido la corona de Arendelle? Anna se puso un abrigo de invierno y un par de botas que tenía guardadas en un armario cercano y salió detrás de Hans.

-No vengas Anna, es peligroso –dijo Hans mientras subía a un caballo.

-Es mi reino y algo le amenaza. Voy a ir lo quieras o no, porque como te atrevas a tócame un pelo…

Hans la miró y suspiró, esa mirada… no podía negarse. Era firme y segura de sí misma.

-Está bien, vente… pero haz lo que yo hago y como vea que eres una molestia te mando de vuelta a Arendelle…

Anna lo miró con cara de pocos amigos. Hans también. Era un concurso a ver quién podía poner más normas y tener el control de la situación pero Anna sabía que al principio que era imposible, pues no tenía ni idea de que hacer o quien era la persona que provocaba esto.

Anna subió a su caballo y cabalgó al lado de Hans. Realmente esa excursión no le hacía gracia. No por cabalgar en medio de una tormenta, lo cual era un regalo al compararlo con el verdadero problema, el señorito Hans. Durante los primeros minutos guardaron silencio y es que habían pasado muchas cosas entre ellos, muchos sentimientos. Y todo eso se había roto. Anna siempre pensó que la codicia había cegado a Hans hasta límites insospechados, matarla era algo muy fuerte. Era por eso que a Anna no le gustaba llevar muchas joyas o maquillajes como a las demás damas de la corte, así como su prima Rapunzel, que siempre llevaba una corona llena de joyas, las más bonitas del reino. Sus ropas también eran muy sencillas en comparación, ya que para vestir a diario solía llevar ropas de plebeya de buena calidad en realidad, y es que es lo más cómodo que existe. Anna era una persona de gustos sencillos en realidad. No estaba hecha para los lujos.

De vuelta en Arendelle, Elsa estaba aún en sus aposentos, recogiendo todo el hielo que había entrado por la ventana. Estaba empezando a derretirse y formaba una especie de aguas negruzcas, en vez de cristalinas, siendo algo que le sorprendió bastante.

-Qué extraño… -dijo la reina tocando el agua, estaba espesa.

-¡Alteza! –un guardia entró en la habitación de Elsa ¿Qué hacemos con los invitados?

Elsa no dudó en levantarse digna. Tenía que mantener la compostura frente a sus súbditos.

-Enviadles a casa con mis más sinceras disculpas, pero el baile no puede celebrarse y cuando salga el último… cierren las puertas y no las abran hasta nuevo aviso. Enviad a mi hermana a sus aposentos y que no salga…

Conforme dijo esto, Elsa fue al cuarto de Anna para asegurar las ventanas con su hielo. No helaba, era familiar y cálido. En especial si era para su hermana. El siguiente dormitorio era el de Kristoff, el cual se incorporó lo más rápido que pudo creyendo que era Anna.

-Oh, eres tú…

-¿No estaba aquí Anna? –Elsa se quedó asombrada.

-Bajó hace una hora al salón y aún no ha vuelto…

-No, no puede ser… acabo de enviar a todos los invitados a sus casas y he mandado cerrar las puertas… Bueno, seguro que aun anda por ahí no puede salir…

-Elsa…

-¿Está fuera, verdad?

Kristoff asintió, temiéndose lo peor. Pero a Elsa se le congeló la piel, literalmente incluso pues no habría problemas si estuviera dentro de palacio, pero fuera… y lo peor…

-¡Llamad al príncipe Hans de inmediato! -dijo tratando de mantener la calma.

-Un guardia dice que vio salir al príncipe hace más de media hora e iba acompañado de una mujer… -respondió una criada.

Las paredes comenzaron a helarse, Elsa estaba realmente enfadada porque nadie le garantizaba que Anna estuviese segura o no hubiese sido secuestrada por ese corazón helado.

-Voy a ir a buscarla…

-Elsa es peligroso… -dijo Kristoff cojeando para llegar hasta ella.

-Lo sé, pero es mi hermana y el hielo y la nieve mis elementos. Estaré bien…

-Yo iré contigo…

-No, es peligroso… tú mejor quédate y recupérate…

Kristoff había pasado muchas tormentas en la nieve y sabía que era necesario estar en plena forma. Ahora sería un lastre…

-Está bien… pero por favor, trae a Anna a salvo y tú cuídate también… ¿Tienes el colgante de la suerte, verdad?

-Claro que… -Elsa se fue a tocar el cuello, pero descubrió que no se había llegado a poner aun el colgante, justo en ese momento el hielo había penetrado en la habitación. –Es igual, no pasa nada… podré sin ese collar. Tengo confianza en mí misma…

En ese momento, Elsa partió sin saber que ahí, en las montañas, esperaba una sorpresa…


Surpriseeee! He vuelto y por fin he terminado los exámenes! Si señor! Ahora si puedo decir libre soooy! Sueltalo! Suelta todas las mierdas que tienes acumuladas en todo el curso! Y aquí traigo de nuevo mi querido fic de Frozen jeje pero esto es solo el principio… jujujuju….

Como siempre! Sois libres de comentar lo que os de la gana, matarme, apuñalarme, vio- bueno no, eso solo puede hacerlo una persona... Jack Frost! y no esta aqui... asi que... comentad que os parece!