Capitulo 7

- Sube. – le pidió. Su corazón no dejaba de latir, como si fuera un niño emocionado por su primera cita. Es que su mismo corazón no podía entender que estaba sintiendo cosas diferentes por una chica de diecisiete. Elena se sentó de piernas abiertas sobre el abdomen remarcado de Damon. Este soltó un leve gemido al sentirla sobre él. Su húmedo sexo le abrazaba la piel. Estaba sintiendo lo mojada que estaba por su culpa. – Eso es… - le dijo acariciándole las piernas. Las manos de Elena tocaron suavemente el torso de Dmaon hasta llegar a su cabello, tocarlo y despeinarlo a su manera. A la misma vez, sus senos hicieron contacto con el pecho de Damon. Este intentó alcanzar uno con alguna mordida, pero fue imposible, ella se había volteado para alcanzar las sábanas y cubrirse.

- Tengo frío. – murmuró. Volvió a inclinarse para cubrirse la espalda desnuda completamente, cuando volteó… tenía los labios de Damon mirándola intensamente.

- Quiero besarte… - Elena sonrió. – quiero besarte, por favor… - le rogó él. De pronto, el sexo sin amor se había convertido en una completa mentira. Ambos lo estaban sintiendo. Las manos de Damon atrajeron el rostro de Elena hasta el suyo, haciendo que sus labios volvieran a juntarse. Aplastó su boca junto a la suya mientras ambos movían sus labios. El beso perfecto.
Ella se le separó.

- Eres cruel.

- No creo que pienses eso después de esto.
Hizo un ligero movimiento de caderas, bajando su nivel hasta llegar a sentarse cerca… muy cerca del miembro de Damon. Sus nalgas tocaron los muslos de Damon. Estaba tan cerca de tocar el cielo junto a él… podía sentirlo.

Damon tragó saliva. Endureció la mandíbula y bajó la mirada… vaya, vaya… el coño de Elena estaba por comerse su poderosa polla una vez más. Sin aguantar más, colocó sus manos sobre la cintura de Elena.

- Conmigo vas a olvidarte de él y del mundo entero.

El pene de Damon ingresó directamente entre las entrañas de Elena. Ella apretó fuertemente las manos que Damon había puesto sobre su cintura.

- ¡SÍ! – gritó ansiosa. Le había tocado pertinentemente el clítoris. Su cuerpo se envolvió en sudor. – más, más… - pidió gritando y sin temor de que alguien la escuchara.

Damon apretó aún más sus manos sobre la cintura de Elena, haciendo que esta lograra meter aún más su pene en ella. Un grito aún más fuerte de parte de Elena, que hizo que su garganta se viera afectada.

- Así, así… sigue, sigue… - volvió a pedir ella, convertida en la Elena fiera que solo Damon conocía. Alzó el cuerpo y sacó la polla de Damon de sus entrañas. Dios mío, necesitaba ya de esa droga que era su masculinidad… no dudó ni un segundo más en bajar su cuerpo y hacer que Damon entrara de golpe en ella. - ¡Oh Dios!

La garganta de Damon se había secado completamente. Estaba gritando por dentro y soltando pequeños gemidos que probaban que necesitaba desahogarse. Elena lograba llevarla al cielo en menos de lo que cualquier mujer podía lograr. Lo excitaba tanto. Muchísimo. Con solo verla su corazón latía y sus ganas crecían. Elena era lo más delicioso que sus labios habían probado y… sí, ahora lo podía comprobar, también lo mejor que su pene había follado.
Sus manos encerraron el rostro de Elena mientras ella se movía en círculos sobre sus caderas. La hizo inclinarse hacia él para así besarla de nuevo.

Un "eres exquisita" se escuchó en medio de los besos.

Ahora un gemido de Elena se escuchó. Y Damon, que la apretaba aún más fuerte… y ella… que estaba a punto de llegar al orgasmo.

- Te lo haría mil veces… - confesó él. No mentía. Podía pasarse la vida entera follándola y cada segundo lo haría correrse. – no sé que tienes joder… no sé que tienes que me encanta…

Ella volvió a sonreír. ¿Mañana se acordaría todo esto? Se mordió un labio y acarició suavemente el marcado torso de Damon. Sus dedos juguetearon con su piel, de arriba hacia abajo. Damon intentó alcanzar uno de ellos con sus labios y Elena le hizo el favor… colocó uno de ellos sobre su boca. Este se los besó suavemente mientras su nariz también hacía contacto con ellos. Se estaban mirando de nuevo… y él…aunque ella no recordara nada mañana… necesitaba decirle algo… algo que estaba sintiendo justo ahora…

Cuando de pronto, el móvil de Elena suena en medio de la noche. Y todo acaba. Y el deseo se esconde. Y nadie existe. Ni siquiera Damon. Ni siquiera lo que él ha empezado a sentir por ella. Ni lo que han hecho. Ni los besos que se han dado. Solo existe Matt, y el nuevo mensaje que le ha dejado en el celular.
Elena se le separó de inmediato, cogió el celular, puesto en la mesita de noche y leyó atentamente.

- ¿Es él? – preguntó Damon. Volvió a tragar saliva, tragándose a la vez esos estúpidos reclamos que estaban a punto de hacerle sin razón. ¿Qué iba a decirle? No tenía derecho para nada, porque lo de ellos no era más que una relación de trabajo muy complicada.

- Sí… - contestó Elena, sonriendo y sin dejar de leer. Casi no podía prestarle atención a Damon. Y algo en él no andaba bien. Algo en algo él dolía como fuego en la piel. Podía controlarse él, pero no sus propios sentimientos.

- ¿Qué te ha dicho?

- Que no importa lo que ha pasado hoy, que quiere arreglar las cosas y que…

Y ella siguió hablando. Sin saber que, en esa misma habitación… estaba rompiendo el corazón de un hombre que había roto el corazón de muchas. Que lo estaba destruyendo, como no tenía una puta idea.

*****

Elena jugaba con las gotas de agua que caían sobre la ventana de su habitación. En lo único que podía pensar en ese momento era en él… en Matt, mientras trazaba su nombre entre la humedad de la ventana. ¿Qué le había hecho? No sabía y tampoco tenía cabeza para ponerse a pensar en aquello. Sin darse cuenta, eran más de la seis de la tarde. En horas y horas, se había pasado el día encerrada en esa misma habitación.

- Elena. – le llamó Damon. Tocó un par de veces la puerta de su habitación.

- Sí, pasa. – le indicó ella, sin prestarle mucha atención. La verdad, es que casi nunca lo hacía.
El perfume varonil de Damon se impregnó de inmediato en toda la habitación de ella. Era delicioso. Exquisito. Preparado. En el punto exacto para encantar a cualquier mujer que se le pudiera cruzar. Traía un saco azul marino y unos zapatos bien lustrados.

- ¿Podemos hablar? – preguntó él. La mirada de Elena dio a entender lo contrario. No quería conversar con un hombre así. Más bien, le provocaba hacer otro tipo de cosas. ¿Cómo…como hacía para derretirla de esa forma de un momento a otro?

- Si… - susurró. Y pensar que había estado en sus brazos hace solo una noche.

- Sé que mi deber es cuidarte. – empezó. – me pagan por eso y esa es mi responsabilidad. – parte de esas palabras dejaron a Elena en el aire. – pero hoy necesito dejarte un momento a solas.

- ¿Por qué?

- Saldré…

- ¿Con quién?

Él se aclaró la garganta, desabotonando el primer botón de su fina camisa. Las rodillas de Elena empezaron a caminar por toda la cama, hasta llegar al borde de esta… y encontrarse con el mismo Damon. Se miraron. Se conocían, al menos físicamente… él había contado con exactitud cada lunar de su piel, mientras que ella… no había podido olvidar ni un segundo de lo que Damon le había hecho sentir. Pero no podía negarlo, estaba enamorada de otro.

- ¿Sabes? No es tu problema. – le dijo. Elena soltó una risa pequeña.

- ¿Sabes? No me interesa.

- Que bueno, porque esto lo habíamos hablado. Entre tú y yo…

- ¿Te empiezas a creer de nuevo el más importante aquí? Te comento algo, a mi no me interesa saber de tu vida.

- Ni a mí de la tuya. Sin embargo, ayer te has emborrachado tanto que me contaste cuantas veces te había follado tu queridísimo amigo Matt. Y yo nunca te pregunté.

- ¿Y cuántas veces me ha follado? Porque yo no recuerdo ninguna.

- Lo suficiente como para que no sepas nada de sexo.

Elena se quedo callada. Maldito imbécil, repugnante, cerdo, idiota, sin moral… ni siquiera con ella podía tener respeto. Era un energúmeno. Es un energúmeno. Un niño engreído.

- ¿Qué no te ibas? - Elena alzó los hombros. Sus mejillas habían enrojecido de la ira misma. Damon se había percatado de eso. Había ganado la batalla por ahora y había hecho que ella se cabreara tanto como para dejarla sin palabras. Aquello le gustaba. Le fascinaba tanto que podría hacerlo mil veces… se veía hermosa, preciosa, encantadora… jodidamente sensual… era una diosa… aun estando con ganas de matarlo.

- Si llegas a escaparte de aquí, como la otra noche… vas a conocerme de verdad.

- A mi no me amenaces.

- Aquí nadie amenaza guapa. Es fácil, tú me debes un favor… yo no le digo nada a tu padre sobre lo de ayer y tú no mencionas nada de esto a mi jefe.

- Así que a esto querías llegar…

- Favores son favores. – le dijo, al mismo tiempo que le sonreía victoriosamente. Tenía todas las armas para ganar aquello. Hoy tendría una bonita velada con una modelo que había conocido en sus primero años de agente. Tal vez con eso… se quitaba a Elena de la cabeza por un momento, antes de que ella pudiera notarlo. Abrió la puerta de la habitación de Elena...

- Folla bien.

- Siempre lo hago.

Cerró la puerta. Mientras adentro, Elena ardía en sí misma de quién sabe qué cosa. No sabía si era por él, por lo idiota que se portaba a veces… o por el hecho de que se iba a pasar la noche con otra. Cualquiera que fuera la razón, esa noche… no ganaría Damon.