-Sufrí, pero ya no. Aunque creo que ella me robó toda mi capacidad de amar la verdad. –una sonrisa triste se dibujó en su rostro.

-Tranquila… el tiempo todo lo cura.

Nanoha no añadió nada más y la conversación murió ahí, pero una palabra se quedaría grabada en su mente "ELLA".

Fin del flash back

En ese momento no quiso darle mucha importancia, pero la verdad era que no había podido parar de pensar en aquella última frase: "creo que ella me robó toda mi capacidad de amar". Ella. ELLA. Mientras hablaban no se detuvo a analizar sus palabras, simplemente pensó que Fate se había equivocado, que quiso decir él o, quizás, que no la había escuchado bien. No sería la primera vez que le costaba entender a la rubia. Pero cada vez que rememoraba su conversación, más eco se hacían aquellas palabras en su memoria y más convencida estaba de haberla oído perfectamente.

Había pocos hombres en la fortaleza, pero parecía que Fate ignoraba a todos ellos. Durante unos días, uno de los soldados comenzó a cortejarla descaradamente, pero fue tal su fracaso que nadie más volvió a intentarlo. No es que los rechazara abiertamente, siempre era amable con todo el mundo, simplemente se percibía que la joven no sentía el más mínimo interés por ninguno de ellos. Hasta ahora el escaso "romanticismo" de su amiga había pasado desapercibido para ella, pero tras aquel día su total desinterés por los hombres comenzó a llamarle la atención.

Y es que Nanoha no paraba de darle vueltas al mismo pensamiento "¿Había amado Fate a una mujer?" Jamás se le habría ocurrido la idea de que dos mujeres pudieran estar juntas y entonces, llegó aquella mañana en el lago. No sabía que hacer ni que pensar, se encontraba perdida… hasta que habló con Hayate.

Desde que la conoció, Fate le había parecido un ser especial, diferente, por lo que en cierta manera casi parecía natural que su amor fuera tan libre como ella. No le importaban las clases sociales, jerarquías o lo políticamente correcto… por qué entonces iba a ser importante para ella el género de su amante. Cuanto más lo pensaba más razonable lo consideraba. Posiblemente Dios no aprobara ese tipo de conductas, pero Nanoha nunca fue una persona religiosa. Y puede que no entendiera, o más bien no imaginase, como dos féminas podían intimar, pero eso no era importante. Ninguna de las trivialidades que tanto preocupaban a la nobleza debería ser importante. Ella sufría por vivir en mundo lleno de normas y limitaciones, mientras que la vida, tal y como la rubia la entendía, era mucho más feliz. Entonces fue cuando decidió que estaba harta de seguir las normas, de estar pendiente de las acciones de los demás. A partir de aquel día intentaría tener una vida plena, tal y como Fate hacía.

Por supuesto, todas estás conclusiones no llegaron solas. Fueron varios días los que la pelirroja pasó pensando, meditando durante horas sobra esta nueva "revelación", a la vez que fabricaba una opinión al respecto. Durante este tiempo Nanoha apenas si vio a la joven, siempre intentaba que sus encuentros fueran lo más cortos posibles pues aún no sabía como interactuar con ella y, curiosamente, se dio cuenta de cuanto añoraba su compañía. Puede que todo en ella, hasta su llegada al castillo, fuera un enigma, pero era sin duda una persona extraordinaria y el hecho de que prefiriera la compañía femenina en su lecho no la hacía peor persona. O esa era la decisión que la joven madre había tomado finalmente.

Obviamente es mucho más fácil pensar sobre una realidad que enfrentarla y la pelirroja tuvo que sufrir las incoherencias en las que una educación conservadora te hace caer. El simple contacto físico que para ella había sido siempre una manera más de lenguaje se convirtió en su gran dilema. Los hombres y las mujeres no se tomaban de las manos y mucho menos se abrazaban sin estar casados, o ser familia claro. Entonces ¿Era moral que se acercara tanto a la rubia? Pasó unos días de auténtica tortura intentado refrenar lo que para ella era una reacción natural hasta que finalmente se hartó. La única razón por la que los jóvenes no mostraban su amor en público era por la segura objeción del resto de la sociedad y ella ya había decidido que eso le importaba un pimiento… y entonces llegó el baño matutino. Hasta ese momento, justo cuando se encontraba frente al agua tibia del manantial, había estado tan preocupada por su propio comportamiento que no reparó en un pequeño detalle: tendría que desnudarse frente a alguien que poseía "los ojos de un hombre". Después de cinco eternos minutos de auténtica lucha personal recordó otro detalle, llevaban semanas bañándose juntas y no había nada que Fate no hubiera visto ya. Enseguida se avergonzó de sí misma y comenzó a desvestirse, aunque no pudo evitar un pequeño rubor en su rostro. Tal vez no fuera su primera vez en el lago y era cierto también que ambas se habían visto desnudas varias veces, pero la verdad era que no se atrevía a levantar la mirada, tenía miedo a saberse "observada". Sin embargo, cuando alejaba de su cuerpo la última prenda de ropa, descubrió con cierta decepción que Fate hacía rato nadaba felizmente en las aguas cristalinas sin prestarle atención alguna.

No es que esperase que su amiga se comportara como un animal en celo, pero tampoco se hubiera imaginado que la ignorase completamente. ¿Es que no era merecedora de una pequeña mirada? ¿ni si quiera de un mínimo vistazo robado en un momento de distracción por su parte?... Ahora que lo pensaba, Fate jamás había actuado de manera extraña durante sus baños, nunca se acercaba a ella o intentaba tocarla, al contrario de lo que cabría esperar de un hombre. ¿Le gustaban de verdad las mujeres o… "¿Acaso no soy lo suficientemente bella para que se fije en mí?" Falta decir que Fate era totalmente ajena al torbellino de emociones que se estaba desatando dentro de Nanoha gracias a su despreocupada actitud y que acabarían desembarcando en un sentimiento irracional de orgullo herido. La rubia no lo sabía, pero la joven madre se había fijado el objetivo de obtener alguna respuesta "física" de su parte.

-O-

Hayate recorría los pasillos de la fortaleza, aquella mañana había tenido una reunión con Signum y, como ya era costumbre, no portaba buenas noticias. Al parecer el mensajero del rey llegaría en tres días, por lo que debía procurar que todo estuviera en orden antes de su llegada, eso incluía también calmar la ira de su mejor amiga. Nanoha había estado rarísima durante las últimas jornadas, sabía que estaba en contra de tal encuentro pero nunca se imaginó que la alteraría tanto y ahora, con la fecha tan cercana, temía su reacción. Llamó a la puerta de la joven madre y abrió sin esperar respuesta, como siempre hacía, para acabar llevándose una de las sorpresas de su vida.

-¿Qué hacéis?

-Nada, no hago nada.

-Nanoha, he visto como os bajabais el escote de vuestro vestido a la vez que os mirabais al espejo y, debo decir, en una postura un tanto extraña.

-Imagináis cosas amiga, solo comprobaba que mi vestido estuviera bien abrochado, nada más.

-Ya, claro… ¿y eso que lleváis en los labios es carmín? Dioses, creo que jamás os había visto usar maquillaje, al igual que tampoco os recuerdo vestida con algo tan… fresco.

-Bueno, siempre decís que soy una mujer encerrada en lo cotidiano, así pues, hoy he decidido cambiar eso, ¿os parece mal?

-Al contrario querida amiga, me parece estupendo, es solo que estoy algo preocupada por la seguridad del castillo.

-¿La seguridad del castillo?

-Seguramente nuestra guardia estará demasiado ocupada vigilando que vuestros pechos no escapen del vestido como para que puedan prestar atención a algo más.

La respuesta no se hizo esperar, una enfurecida Nanoha la echó inmediatamente de su cuarto con el rostro más que encendido. La castaña no podía parar de reír, realmente su amiga estaba muy rara.

-O-

-Y entonces, con una simple operación… ¿Qué te pasa Vivio?

-¿Por qué no me contáis algo sobre vuestro país Fate?

-Por que ahora estamos con las matemáticas,

-Puff… llevamos toda la tarde estudiando números ¿No podéis contadme algo sobre vuestro hogar ahora? O sobre vuestros viajes!

Fate suspiró cansada, Vivio era una buena estudiante, aprendía rápido y rara vez le costaba entender algún concepto, sin embargo mostraba más interés por su profesora que por la lección y aprovechaba cualquier ocasión para preguntar a la rubia sobre mil y una cosas. Al fin y al cabo era una niña como cualquier otra. Pero antes de poder siquiera responder, sonaron unos golpes en la puerta.

-No me puedo creer que sean pasadas las 5 y mi hija siga aun sentada en la misma silla. –Un mohín por parte de la aludida fue la única respuesta –Vivio cariño, debéis empezar a vestiros, la cena se servirá pronto.

La pequeña no dijo nada y salió de la habitación con porte orgulloso, queriendo hacer ver a su madre que ya no era una niña, aunque no antes de darle un pequeño beso a su maestra en la mejilla.

Vivio había adoptado este nuevo hábito tras una de la historias de Fate, cuando habló de su familia, de cuanto los añoraba y de como le habría gustado despedirse de ellos con un beso. Le pareció tan triste su cara al contarlo que se le ocurrió la idea de que, tal vez así, su tutora no se sentiría tan sola.

La puerta finalmente se cerró tras ella dejando a ambas mujeres en la habitación.

-Vaya, al parecer habéis hechizado a mi hija.

-¡Que va! Vivio es una niña encantadora y tiene la misma exquisita educación de su madre. –Nanoha levantó la ceja ante el inesperado cumplido.

-¿Eso pensáis? Puede que yo también deba despedirme de vos con un beso para hacer gala de tal educación.

Tan peligrosamente se había acercado la joven madre que Fate tuvo la necesidad de dar un paso atrás para conservar algo de espacio personal. Una pequeña nota de enfado pudo apreciarse en los ojos azules.

-Y vos ¿no pensáis vestiros para la cena?

-¿No sabía que estuviera desnuda? –El comentario sacó una pequeña sonrisa a su amiga.

-No, no vais desnuda de hecho, aunque tampoco me parece una mala elección para esta noche.

De nuevo. Ahí volvía estar aquel brillo en los ojos tras una frase sugerente. Si se encontrara en un bar y su acompañante fuera una autentica desconocida Fate hubiera pensado en aquella frase como un tipo de invitación, pero ese no era el caso. La verdad era que se hallaba en un castillo, rodeada de gente de otro tiempo y quién hablaba era una joven madre de la edad media, por supuesto no existía ningún tipo de mensaje oculto tras sus palabras. Sin embargo, este tipo de comentarios se habían repetido varias veces durante los últimos días, demasiadas para su gusto, y la rubia tenía que hacer un esfuerzo sobre humano para calmarse y que su imaginación no echase a volar. Lo que no podía evitar era que sus mejillas se encendieran en cada ocasión.

Ante la esperada reacción Nanoha sonrió satisfecha… por el momento.

-Acompañadme, iremos a vuestra cámara para vestiros "apropiadamente".

AN: Ummm… que puedo decir? Una actualización con muchísimo retraso y encima más corta de lo normal. En mi defensa comentar que mi vida profesional y personal es un auténtico caos, aunque pensándolo bien tampoco es una buena excusa jajaja Todos tenemos nuestras preocupaciones ;P

Finalmente agradecer los comentarios recibidos, siempre me hace mucha ilusión leer vuestras opiniones e intento tenerlas en cuenta en cada cap ^^