Dejaron el lugar de la trampa del Death-Scissors. Al fondo girando a la izquierda el camino terminaba ante un pequeño y redondeado altar, sobre el cual reposaba una extraña y trabajada llave acabada en forma de sol. Aquello le hizo recordar a Sharon algo que había visto antes.

—Que llave más rara —Comentó Dante alargando una mano para cogerla.

Quedaban menos de diez centímetros para que la tocase cuando Sharon se lo impidió con un pequeño golpecito en el brazo.

—No lo hagas —le advirtió como a un niño, y él suspiró cruzándose de brazos con hastío—. ¿Ves la forma que tiene? En la alcoba del mariscal vi un emblema igual con una inscripción —contó, y le sonaba aunque vagamente: él había estado más pendiente de otras cosas—. ''El brillo de la Luz Guía te consumirá. Solo aquellos que puedan soportar la luz abrirán la nueva senda'' —recitó al pié de la letra pues contaba con buena memoria—. Esa Luz Guía sin duda debe ser esta llave, más no creo que sea recomendable tocarla dada la cristalina advertencia.

— ¿Y cómo nos la llevamos? A lo mejor tienes el don de teletransportar cosas y no me he enterado.

Se pasó una mano por el cabello ondulado, armándose de paciencia para más razonamientos.

—No tengo tal poder, más prefiero asumir yo el riesgo conllevado. Bastante hiciste antes con el Death Scissors.

Dante no tardó en protestar. Si aquella llave consumía a su portador, era preferible que no la tocara una humana.

—Te veo tan resistente como una pluma. No aguantarás ni dos segundos —Declaró él.

—Las apariencias no siempre reflejan la realidad.

—No me fío de tu resistencia, muñeca. Aún sigo sin creerme que te cargases tan rápido a ese demonio de antes.

—Piensa como gustes —repuso, dando un paso mientras toqueteaba una patilla de sus gafas de sol con un dedo—. Sé qué puedo hacer y qué no, funciono según la experiencia que he desarrollado con el tiempo. Si corro un riesgo no es en vano sino porque conozco cual será el resultado. No puedo permitirme fallo alguno, no ahora.

Extendió una mano en dirección a la Luz Guía pero fue detenida por Dante, quien sujetó su muñeca.

— ¿Y si lo echamos a suertes? —Propuso él entonces.

Por un momento creyó que le tomaba el pelo otra vez, pero un vistazo a sus ojos azules le reveló que hablaba en serio.

—De acuerdo —accedió, quitándose las gafas de sol y sonriéndole a pesar de no gustarle mucho la idea—. Quiera o no siempre acabo teniendo buena suerte, ¿Cómo lo hacemos?

Dante sacó una moneda de un bolsillo de su gabardina roja.

—Si sale cara la llevo yo, si es cruz entonces te tocará a ti —ella asintió despacio. El cazador arrojó la moneda al aire, donde dio varias vueltas antes de caer de nuevo en su mano—. Cara —anunció, sus ojos claros relucientes—. He ganado, yo la llevo.

Sharon contemplaba la moneda sin dar crédito, sus ojos castaños agrandándose, la sonrisa desapareciendo paulatinamente.

—Pero…

—Parece que no tienes tanta suerte —Repuso, encantado al ver su sorpresa.

Se dispuso a tomar la llave por fin cuando la chica volvió a impedírselo. Dante la fulminó con la mirada.

—Qué pesada eres, ¿No decidimos dejárselo a la suerte? Ha salido cara, por lo tanto me toca a mí.

—Hagámoslo otra vez.

—Acepta el resultado y no seas mal perdedora —Le instó aun sin ser el más indicado para hacerlo.

No le gustaba la idea, para nada, pero le dejó coger la llave. Dado lo cabezota que era no tenía más opción.

Dieron media vuelta para salir de las alcantarillas. Dante apenas había dado unos pocos pasos cuando empezó a sentir cómo la Luz Guía absorbía su energía vital, empezando por la esencia demoníaca heredada de su padre. Procuró ignorarlo, sobre todo para que Sharon no se diera cuenta y comenzase con uno de sus adorables discursos de ''te lo dije'' que poco le apetecía oír.

Pero ella no era tonta y tenía buen ojo: enseguida notó que algo no iba bien, y cuanto más lo observaba más convencida estaba de ello.

— ¿Estás bien? —Preguntó con aquella preocupación que la caracterizaba.

Se libró de responder gracias a los fuertes temblores que asolaron el pasillo. Tras ellos avistaron el gran corpachón de Phantom avanzando por el túnel.

Corrieron pasillo adelante para darle esquinazo a la araña gigante, pero el corredor se cortaba en una puerta bloqueada por energía demoníaca. No quedaba más remedio que luchar, lo cual animó enseguida a Dante, que se olvidó en el acto de la llave que lentamente se comía su energía.

Sharon estaba empapada de agua fangosa y con agujeros nuevos en pantalones y chaqueta después de un rato moviéndose de una pared a otra, esquivando los proyectiles ígneos de Phantom. Al parecer el demonio araña seguía enfadado con ella por lo ocurrido en la catedral.

Miró a Dante, observando que su forma de moverse no era la misma: la llave le estaba haciendo algo, lo sabía sin necesidad de que se lo dijera él mismo.

Una enorme bola de fuego se dirigió a ella. Se tiró a un lado para evadirla y acabó hasta arriba de agua fangosa, sacudiendo la cabeza y tosiendo para escupir con asco, lo cual solo divirtió a Dante.

—Buen baño de sales perfumadas —Se mofó.

Aun en su repugnancia Sharon sonrió, poniéndose en pie de un salto y esquivando otro proyectil pegando su cuerpo a la pared opuesta.

El techo comenzó a temblar ligeramente. Dante lo vio y tuvo una idea. Comenzó a disparar hacia allí mientras la chica mantenía entretenido al demonio araña con su magnum. Grandes fragmentos de roca empezaron a caer demasiado rápido para que Phantom, con su gran tamaño en aquel lugar tan estrecho, pudiera reaccionar y apartarse. Las rocas lo sepultaron.

—He aquí por qué prefiero un cuerpo más pequeño —Murmuró Sharon para sí, recordando las palabras que Phantom le dijera en la catedral.

La puerta se vio libre de influencia demoníaca alguna y los dos cazademonios pudieron reanudar su camino.

—Dante, sé que no estás bien —habló ella al cabo de un rato en silencio—. Es la Luz Guía, ¿Verdad?

De nuevo se libró de responder: una docena de insectos demoníacos les cortaban el paso esta vez. Los hacían pedazos a golpe de espada y balas surcando el aire, pero venían más y Dante cada vez se sentía más cansado por culpa de la maldita llave-Luz Guía. En un momento de respiro se frotó los ojos, parpadeando un par de veces para despejarse del ligero mareo, y se agachó para esquivar un mosquito al cual desintegró de un tiro.

Sharon tenía un ojo puesto en él constantemente, y al ver que empeoraba se acercó poniendo una mano sobre su hombro.

—Dámela.

Como respuesta se sacudió su mano de encima y volvió al combate. Ella sacudió la cabeza negativamente.

Un escarabajo derribó a Dante por la espalda, rodando varias veces por el suelo húmedo y quitándoselo de encima de una patada. Sharon vació el cargador en la cabeza del escarabajo, metiendo uno nuevo y esquivando a un último mosquito al que Dante disparó. Los bichos ya no invadían el lugar.

— ¿Estás bien? —Preguntó ella nuevamente, preocupada.

Dante empezaba a hartarse de aquello.

— ¿Quieres dejar el tema? No has parado de preguntar lo mismo en los últimos diez minutos.

—Si me brindases una respuesta concreta, un monosílabo por ejemplo, no tendría que repetirme —repuso, tomando su pelo castaño en un puño y escurriendo el agua que lo empapaba—. Apesto a demonio de cloaca… —Suspiró.

—Estaba a punto de decírtelo —Se burló él.

Dejaron los túneles de las cloacas, traspasando la última puerta y corriendo en dirección a las escaleras que los conduciría a la habitación del mariscal.

Apenas habían subido un par de peldaños cuando más demonios con forma de insecto los rodeó. Dante cada vez estaba peor, quería deshacerse de la llave de una vez.

—Adelántate —le instó Sharon, dando una patada frontal a un escarabajo y golpeando con su rifle a un mosquito que volaba en círculos a su alrededor—. Yo me encargo de estos.

Esbozó una mueca.

—Nunca abandono una lucha.

—Tienes que apresurarte. Por una vez hazme caso y no discutas como un niño pequeño —Pidió pacientemente.

Por la experiencia que tenía con el cazador de demonios intuía que no le haría caso alguno. No se equivocó.

Dante hacía pedazos a los mosquitos con Ebony e Ivory sin fallar un solo tiro, mientras Sharon golpeaba con su rifle a modo de bate a todo escarabajo que se le ponía por delante y disparaba con el magnum. Pronto solo quedaron ellos dos y pudieron reanudar la apresurada marcha escaleras arriba, dando con la habitación del mariscal y entrando.

Dante se aproximó al emblema de sol, pudiendo por fin deshacerse de la Luz Guía. Fue como quitarse un peso de encima, enseguida dejó de sentir cómo le chupaban la energía y empezó a recuperar fuerzas perdidas.

—Es una puerta —Observó Sharon, abriéndola y entrando. Él la siguió.

Al otro lado descubrieron una sala con forma cuadrada y altas vallas a izquierda y derecha tras las cuales había fuego. Sharon se fijó en una gran estatua de bronce situada frente a ella, tomando su cámara digital. Dante sacudió la cabeza para sí.

—No estamos de turismo.

—No preciso que me lo recuerdes. Ya te dije antes para qué quiero las fotografías.

—Tampoco estamos en un museo —Añadió él.

Tras capturar la imagen se volvió en su dirección. Como era habitual en la chica, sonreía.

—Por cómo has pronunciado la palabra ''museo'' presumo que no son de tu gusto: aunque estuviésemos en uno, a buen seguro no te darías cuenta pues no es un lugar que frecuentes, ¿Verdad? —bromeó. Dante no la contradijo, tenía razón—. Más yo he trabajo en unos cuantos, y tienes razón, no estamos en un museo. Este sitio parece más bien un templo dedicado a algún demonio, probablemente el ahí representado —señaló la estatua que había fotografiado anteriormente—. No hay más que ver la gran cantidad de velas encendidas: o alguien planea una velada romántica o aquí se veneraba tiempo atrás al sujeto representado. Me decanto por la segunda opción.

—Hablas raro, ¿Lo sabías? —Comentó de pronto.

Ladeó la cabeza.

— ¿Sí? Será el idioma, a veces no me doy cuenta. En la universidad siempre hablo así.

—No sabía que eras extranjera —ella no dijo nada—. En fin, tan joven y hablas ya como en el siglo pasado —desaprobó con un chasquido de la lengua—. Imagino que no tendrás muchas citas, ¿Verdad que no?

Sharon frunció el ceño. No acababa de entenderlo muy bien.

—Define a qué te refieres con ''cita'' —Prefirió preguntar primero.

—Ya sabes, salir con alguien —vio como el ceño fruncido se acrecentaba, su rostro expresando desconcierto—. Tú no sales nunca —adivinó solo con mirarla—. Vives por y para tus libros de historia.

— ¿Y qué tienen de malo los libros? La escritura es uno de los mayores inventos del hombre. Harías bien en valorarla un poco más.

— ¿No te aburres nunca? ¿Por qué no te sueltas un poquito? —le propuso—. Tienes que tener un límite: no puedes ser tan perfectamente aplicada y metódica, tan amable y tranquila. No es natural.

—Soy como me ves, aunque las apariencias puedan engañar. La violencia ha girado siempre a mi alrededor, no puedo dejarme llevar por ella.

—No me creo tu actuación. Cuanto más tiempo paso contigo, más me convenzo de que estás fingiendo. Eres demasiado correcta en tu papel de chica buena cazando demonios que enseña arte en la universidad. ¿Quién eres, Sharon?

Silencio, solo se oía el crepitar del fuego cercano.

—No veo apropiado que me juzgues. Tienes tus propios secretos, secretos que no has querido compartir conmigo y lo respeto.

—Es distinto —Quiso cortarlo ahí.

—Es lo mismo, ambos callamos. Tal vez más adelante quieras contarme de dónde provienen esas habilidades sobrehumanas tuyas. Yo de momento optaré por el silencio: no es el momento ni el lugar.

No volvieron a hablar, preferían examinar la mística sala buscando un modo de subir al nivel superior, donde se veía una puerta. Sharon probó su gancho de escalada pero fue en vano, este caía a falta de algo donde engancharse correctamente.

—Tíramelo a mí.

Ella se volvió, descubriendo que mientras había estado ocupada Dante había logrado subir por sí mismo. Le habría gustado ver cómo lo hacía, aunque podía intuirlo.

Le lanzó el gancho. Dante lo agarró con fuerza, manteniéndolo sujeto para que la chica pudiera subir, lo cual hacía con bastante agilidad y enseguida estuvo en el nivel superior con él y se dirigieron a la puerta, abriéndola: ahora se encontraban en el exterior, con una gran plaza redondeada ante ellos.

Los ojos marrones de Sharon estudiaron cada rincón con inquietud: allí eran demasiado visibles y su instinto la alertaba de que no era un buen lugar para detenerse mucho tiempo.

Dante, siempre menos cauteloso que su compañera, estaba ya en la otra punta de la plaza a pocos pasos de salir por el gran arco abierto en la muralla que los cercaba cuando una pesada verja cayó cerrando aquella salida, la única existente. Sharon lo miró con sorpresa.

— ¿Qué has tocado ahora? —Inquirió, ya dando por hecho que era culpa del cazademonios.

Él alzó una mano.

—Eh, no empieces con el discurso que no he hecho nada.

Un rugido silenció la réplica de Sharon. Cuando la araña gigante Phantom ocupó media plaza con su corpachón borboteando lava candente, entendieron qué los había encerrado allí dentro.

— ¡Te destruiré! —Bramó, sus múltiples ojos rojos fijos en la chica mientras alzaba una de sus patas en gesto amenazador.

Ella suspiró.

—No serás ni el primero ni el último que lo pretenda, más al final sigo viva. No como otros.

Intentó aplastarla bajo el peso de su pata de araña pero Sharon se apartó con facilidad, tomando su magnum y disparando.

Aunque Phantom seguía furioso con la chica por sus anteriores encuentros en los que no había podido destrozarla, pronto la olvidó para centrarse en su otro adversario: Dante, indudablemente más agresivo en combate que Sharon, quien aprovechó para quedar en segundo plano cubriendo a su compañero y preparada por si necesitaba su ayuda. Pero pronto se dio cuenta de que él solo se bastaba contra la araña gigante, dejando entrever su naturaleza no del todo humana en medio de la violenta lucha: Sharon podía ver el aura rojiza que lo envolvía a él y a su espada con mayor intensidad en cada movimiento.

Apuntaba a Phantom con su magnum pero pronto dejó de hacerlo. Fue un error por su parte, uno que no era propio de ella: la araña gigante estaba muy concentrada en Dante pero aún no la había olvidado, y aprovechando su descuido la golpeó con la cola de escorpión.

Sharon voló por los aires hasta estrellarse con un muro y caer al suelo. Dante siguió su desafortunado viaje con la mirada, alarmado pues el golpe había sido fuerte.

— ¿Sharon?

Permanecía inmóvil con la espalda contra la pared, el cabello castaño velándole el rostro. Solo movió un brazo, la mano cerrada en un puño con el pulgar hacia arriba: estaba bien.

Suspiró al ver que la chica aún viviría para contarlo y se volvió furioso hacia Phantom, sus ojos azules tornándose rojos.

—Vas a pagarlo muy caro.

Se lanzó sobre la araña gigante espada en mano, un fulgor de energía demoníaca a su alrededor. La ira estaba desatando su parte más oscura, herencia de su padre.

Al otro lado de la plaza, una cobaya se acercaba en carrera hacia Sharon, aún sentada con la espalda apoyada en la pared y una pierna flexionada contra el pecho. Le rozó una mano con el hocico, atrayendo la atención de la chica.

— ¿Has descubierto algo, Eahla? —Preguntó serenamente.

La cobaya negó.

—Solo su nombre: Nelo Angelo. O así le llaman, tampoco lo sé con certeza. ¿Le conoces?

—No, pero no es ningún ángel negro. Los ángeles que han caído en desgracia son bastante más difíciles de ahuyentar, demasiado viejos para sentir miedo por algo o alguien.

—Y Mundus no enviaría a uno de ellos como si fuera la unidad de infantería, se lo reservaría para una emergencia lo más cerca posible de sí mismo.

Sharon alzó la cabeza y se apartó los cabellos ondulados que le cubrían la cara, clavando sus ojos oscuros en la cada vez más encarnizada lucha entre Dante y Phantom: la araña gigante apenas lograba evitar los brutales ataques del hijo de Sparda.

— ¿Vas a levantarte? —Preguntó Eahla, al verla así.

La chica sonrió un poco.

—Aún no, creo que me quedaré aquí un poco más —la miró enarcando una ceja—. ¿Tú qué crees?

La roedora asintió, bajando la cabeza tímidamente.

—Lo siento, a veces no me doy cuenta… —Se disculpó.

—No importa, amiga mía. Los humanos y los demonios son diferentes, no tienen la misma resistencia física —le restó importancia—. Es mejor que te vayas. Si él te ve intentará dispararte —La advirtió.

Eahla se estremeció ante la idea, todo su pelaje oscuro poniéndose de punta. No tardó en seguir el consejo de Sharon, colándose por las rejas de la verja y marchándose de allí velozmente.

Dante seguía enfrascado en su lucha con Phantom, sin dejarle la más mínima oportunidad de volver las tornas a su favor. La araña gigante empezaba a ofuscarse, lanzando bolas ígneas sin ton ni son esperando derribar de una vez por todas al cazademonios.

—No eres humano, ¿Quién eres? —Gruñó Phantom, su gran corpachón apagándose ligeramente.

Dante no respondió. Volvió a cargar contra la araña gigante, el fulgor rojizo cada vez más intenso, el filo de Force Edge enterrándose en un punto frágil del exoesqueleto de Phantom, quien entre alaridos trató de sacudírselo de encima con gran desespero. La araña gigante saltó tratando de aplastar a Dante, pero este rodó por el suelo y le disparó con Ebony e Ivory esquivando más proyectiles ígneos.

El suelo bajo Phantom se derrumbó debido a su peso y la violencia del combate y el fuego, haciéndolo perder el equilibrio y caer con la mala suerte de acabar empalado por la espada de la estatua de piedra que le esperaba abajo. Bramó de ira y dolor, sacudiendo las patas en un intento por liberarse, lava hirviendo manando de su cuerpo herido.

— ¡Imposible! ¡Ningún microbio humano puede vencerme! —sus múltiples ojos rojos se fijaron más en la figura que lo observaba desde arriba. Por un momento le pareció ver a otro en su lugar—. Tú… Sparda…

Dante esbozó una mueca. No era la primera vez que los confundían.

—En realidad soy su hijo. Dante.

Phantom no cesaba de intentar salir de su empalamiento pero el esfuerzo solo lo empeoraba. Finalmente murió, su exoesqueleto fundiéndose en lava que se evaporó como si jamás hubiera estado allí.

Dante dio la espalda al gran hueco por el que la araña gigante había encontrado su final, encarando a Sharon. La chica no se había perdido detalle alguno de lo acontecido, viendo lo mismo que Phantom. El cazador de demonios se alarmó al ver la sorpresa en su rostro, comprendiendo que había visto demasiadas cosas sobre él que era mejor siguiera desconociendo. Hizo ademán de acercarse a ella, pero no tardó en cambiar de idea pues temía asustarla.

Sharon se percató de su titubeo. Ladeó la cabeza, extendiendo un brazo en su dirección.

— ¿Tendrías la gentileza de echarme una mano? —Pidió dulcemente.

No tardó cruzar el espacio entre ellos, tomando su mano y ayudándola a ponerse en pié de nuevo. Ella sonrió.

—Gracias. Ese demonio me cogió bastante inquina, ¿Cuál era el dicho? Ah, sí: me tenía entre ceja y ceja —Se frotó un hombro, estirando el cuello de izquierda a derecha para desentumecer los músculos.

Dante la miraba con mayor atención que nunca, esperando que dijera algo relacionado con ''cierto tema'': daba por hecho que lo había visto usar una parte de aquella energía demoníaca que llevaba dentro, y ella era lo bastante lista como para atar cabos y entonces sería el fin de su alianza.

—Lo has hecho muy bien, Phantom no era cualquier demonio. Pero si no destruyeras todo cuanto te rodea sería mejor —Suspiró la chica, caminando hacia la verja que les hubo bloqueado el paso, y que al momento ascendió permitiéndoles continuar.

Seguía sin mencionar la gran cuestión, lo que le extrañaba aún más que su aparente normalidad.

— ¿No vas a preguntarme nada? —Acabó por sacar el tema él mismo. Si le iba odiar, mejor que fuera cuanto antes y acabasen de una vez.

Se detuvo, dando media vuelta en su dirección, la sonrisa aún adornando sus delicadas facciones.

— ¿Qué quieres que te pregunte, Dante?

—Ya lo sabes —Repuso de mal humor.

—Y por ello no he preguntado nada.

Aquello lo desconcertó más que su inamovible calma y serenidad.

— ¿Lo sabías?

Asintió con lentitud.

—Lo supe hace poco, pero como tratabas de ocultármelo preferí obviarlo… comprendo que no quisieras decir nada, no es un tema fácil de tratar con otros —sonaba tan natural, como si el hecho de que fuera en parte demonio no le afectara lo más mínimo a pesar de dedicarse a matarlos, Dante no supo que decir y guardó silencio: nunca le había pasado eso, normalmente la reacción de los demás era violenta o el miedo. Ella iba a añadir algo más, pero sacudió la cabeza y cambió de idea—. Vamos, no te quedes ahí parado: tenemos que seguir —Le instó alegremente.

Se dirigió a la verja sin más. Antes de dejar el lugar, Sharon se asomó por el gran agujero dejado por Phantom, viendo abajo en un rincón en sombras la figura de una mujer por apenas un instante pues en el acto desapareció en la oscuridad. Contuvo el aliento.

—Imposible… —Musitó, palideciendo ante aquella visión. Apenas fue un segundo, pero la había visto claramente.

La voz de Dante la devolvió a la realidad.

— ¿Vienes o qué, muñeca?

Sacudió la cabeza, frotándose los ojos.

—Sí, vamos…

Trish no salía de su asombro. En su mente aún veía nítidamente a la mujer joven de pelo castaño, cazadora de cuero negro y pantalones ajustados que le había devuelto la mirada desde el nivel superior por el que Phantom había caído. Aquello era imposible, solo Dante estaba en Mallet, ¿De dónde había salido ella? ¿Y como había llegado a la isla? Le resultaba demasiado sospechoso para ser casualidad, más aún con el rifle que colgaba de su hombro: aquella chica no se había perdido en medio del mar, eso estaba claro. Se lo comunicaría a Mundus en cuanto tuviese ocasión.

—O tal vez no —Pensó en voz alta. Al fin y al cabo, ¿Qué importancia tenía para el emperador del Infierno una simple humana de turismo por Mallet? Tarde o temprano algo la mataría, a ella y a Dante, la propia Trish se aseguraría de ello en la sombra.

Pero algo la había inquietado: su rostro. Trish juraría que aquella mujer la conocía, se lo había visto reflejado en los ojos a pesar de la gran distancia y el fugaz momento en que se miraron. Pero Trish no la había visto jamás, eso era lo que más la desconcertaba.