"Qué sujetos tan extraños", pensaba Kaito. Resulta que ver a alguien como Kim sonreír todo el día y sin descanso, era algo casi extraordinario. Cabello castaño oscuro, suelto, con una pequeña trenza inmiscuida sutilmente. "Es la alegría personificada...". El muchacho parecía bastante amargado. Pelo corto, color grisáceo, ojos marrones casi inexpresivos. Sonreía poco, y siempre estaba inmiscuido entre Katsumi y Kim. Parecía observarlo todo a través de sus delgados lentes... ¿Quién era ese sujeto? Pero la que se llevaba todos los premios a la complejidad personal, sin duda, era Katsumi. La joven tenia el pelo largo hasta la cintura, y tenía unos ojos azules que de a ratos, denotaban un aire de tristeza. Estaba como escondiendo algo... Era como tener mil personalidades, en una sola persona. Sentía que la muchacha era como una caja de Pandora. Y quizás conocerla del todo no era la mejor idea.

Llegaron a las clases respectivas. En el salón de Kaito, que compartía junto a Kurama, se encontraban las dos muchachas: Kim y Katsumi. Realmente guardaban un cierto parecido, algo sutil, pero con una marcada diferencia e personalidad. Mientras Katsumi era bastante callada, Ki-May-Li hablaba hasta por los codos. Decían que eran amigas desde tiempos inmemoriales.

La primera clase fue de química. Los 25 jovenes salieron rumbo al moderno laboratorio, en el 3er piso.
Se ataviaron las túnicas blancas por encima de los uniformes, y al llegar la Srta. Matsuko los acomodó en cinco grupos. Eligió como ayudantes al simpático pelirrojo y al doctor en letras, Yu Kaito.

-Muy buenos días, clase- dijo la profesora. -Tomen nota: reacción de desplazamiento o sustitución. - (No dejaba espacio para respirar, siquiera)- Elementos: sulfato de hierro y cobre...

La clase comenzaba su hormigueo, y el laboratorio completamente blanco daba la imagen de hospital, algo frígida para muchos. Los elementos a utilizar se encontraban en un armario de cristal, correctamente etiquetados y almacenados. Una enorme pizarra blanca se hallaba del lado oeste de la clase. La profesora no paraba de escribir en el pizarrón.

-Recuerden que los compuestos darán como resultado sulfato de hierro y cobre partiendo de... Veamos, clase, ¿de qué tipo de elementos?

-1 mol de sulfato de cobre...-inició Kaito, y vaciló. Casi se le caía un tubo de ensayo.

-Y un mol de hierro...-completó Kurama, concentrado en acomodar los instrumentos, mientras prestaba ayuda a su colega.

-Muy bien.-respondió ella, sin mirar nuevamente a sus estudiantes. Tomó rápidamente un matraz de Erlenmeyer.- Entonces recuerden que tendremos a continuación la reacción de un elemento libre que sustituye y libera a otro componente que está presente en un compuesto...

-Psst!- dijo la joven Kim a su amiga, mesa por medio que la separaba de ella. Le había tocado estar en la mesa con Kaito.
Katsumi la miró con cara de "Estamos interrumpiendo la clase!".
Kim se limitó a sonreír, y se escribió algo en la palma de la mano, señalándosela.
Yukito, quien estaba sentado casi de espaldas a Kim, le murmuró algo con cara de impaciencia y callaron ambos. Kas, entonces, suspiró y anotó algo en su cuaderno de apuntes.

Kurama, quien estaba de espaldas a la pizarra y casi enfrentado con la nueva chica de intercambio, dibujó una media sonrisa. Entonces le dijo, por lo bajo.

-Da Vinci dijo una vez...- Katsumi lo miró de reojo.- "El humor es..."-comenzó él-

-"...una lógica sutil"- completó ella, volviendo la mirada a su libreta. Sostuvo una débil sonrisa. Se miraron por unos segundos, y luego ella desvió la vista hacia el pizarrón a espaldas del joven. Él también se disponía a girar para contemplar el trabajo de quimica, cuando la escuchó. -Es que a veces se me olvida...- dijo ella, misteriosamente. Y calló por casi 10 minutos. Tocó el pequeño descanso de 5 minutos, y cada uno tomó por su lado.

-Cómo has estado, Yana?- dijo Kaito por teléfono.
-Ah, hola, Kaito! Ha pasado ya un tiempo...- dijo entre alegre y sorprendido el joven Yanagisawa. -¿Cómo has estado?
-Oh, ya sabes, inmiscuido en los asuntos del último año- dijo, con fingida emoción. No acostumbraba a demorar lo que realmente tenía para decir.
-Quizá te sientas algo presionado, es normal en esta época.- dijo Yanagisawa, tanteando el terreno. -Aunque también puede ser que quieras decirme alg...-dijo, sin poder terminar.
-Sabes, preciso que me hagas un favor-. Se notaba ansioso. Eso no era normal en él, quien nunca perdía los estribos. Hubo un silencio notorio entre los dos.
-Depende...- dudó. "Toda una interrogante" se dijo Yana a sí mismo.- Qué estarías precisando?- preguntó el joven de cabello celeste claro.
Kaito dejó una dramática pausa, para luego contestarle.
-Preciso que utilices tus poderes...

Los chicos de intercambio se acomodaron bien. No hubo inconvenientes, salvo el extraño diálogo entre Yukito y Kurama, ya bastante lejano a esa hora del día.
Sonó el timbre de regreso, e iban lentamente entrando al laboratorio. Casi todos estaban sentados, aunque faltaban algunos estudiantes del colegio de intercambio.
De repente una llamada telefónica.
En plena clase de química, sonó el teléfono celular del afamado pelirrojo. Yusuke en línea.
Se disculpó y rápidamente salió de la clase. Notó por el rabillo del ojo que Yukito se estaba yendo.

-¿Diga?

-¡Kurama! ¡Kurama, necesitamos tu ayuda!

-¡¿Qué ocurre, Yusuke?

-¡Estamos presiguiendo un ente! ¡Es como una especie de niñita azulada que va corriendo y saltando por el parque de la ciudad!-

El joven no entendía nada. Yusuke iba a decir algo cuando Kuwabara toma el telefono, prosiguiendo: -Es casi imposible de atraparla sin hacerle daño!

-Tienen que entenderme, chicos, no puedo salir a esta hora! Sería demasiado notorio- se excusó el pelirrojo -Para qué me necesi...?

-¿Notorio?- irrumpió bruscamente Yusuke. -¡Notorio será cuando esa cosa atraviese esa pista de atletismo!

-¿Cómo dices?

-Esta cosa se dirige justo hacia ti! Se dirige hacia el Meioh Private School como si hubiera trazado su ruta con una regla! Pero... -Yusuke se interrumpió bruscamente.- Pero, ¿qué es esto...?

Boooom

Se escuchó un estallido y el teléfono se cortó.

Kurama no terminó de escuchar. Salió disparado como un rayo y bajó los 3 pisos en un abrir y cerrar de ojos. Ahora sí que habían problemas.

Al bajar, al lado del enrejado del colegio, existía un caminito vecinal que bordeaba un parque precioso. El joven saltó el enrejado, y se dispuso a encontrar a sus amigos corriendo a través de la arbolada.

-Huele a humo... ¡Una cortina de humo!- exclamó Kurama. No esperó a que se disipara nada. Entró a través de ella, y se sorprendió. En el piso, un inmenso círculo negro, como cuando tiras una bomba y quedan los restos esparcidos a casi la misma distancia.

-¡Kurama!-dijo Kuwabara.

-¡Kurama! ¡Sácanos de aquí!- gritó Yusuke.

Encontró fácilmente a Yusuke y Kuwabara, atados en un gran roble con halos de energía que tenían forma de anillos. Quiso examinarlos un poco, pero en seguida miró hacia abajo del árbol, y descubrió un pequeñísimo artefacto con una gema rojiza en el medio. La levantó, y la sostuvo en sus manos por unos segundos.

-¡Destruye esa porquería, Kurama!- le exigió Yusuke. -¡Ya, sácanos de aquí!

Ambos seguian chillando para escapar de las garras doradas que los tenian cautivos.

-Me alegra mucho que estén bien, chicos, realmente me estaba preocupando- les dijo a ambos, tranquilamente. Apretó una suerte de botoncito, y el artefacto con la gema roja se abrió como una cajita musical. Adentro había un mensaje. Se alejó unos instantes hacia el sol para leer mejor.

-Pero... ¿¡Qué rayos estás haciendo, Kurama? ¡¿Acaso no nos ves?- Yusuke estaba por perder el control.

-Descuida, Yusuke. Son anillos Hakimo. Te liberarás en unos instantes- dijo, sin dejar de mirar el mensaje.

Ni bien dijo eso, los anillos que los aprisionaban desaparecieron como por arte de magia.
Ambos se quedaron con la boca abierta.

-Cuéntenme todo, Yusuke, Kuwabara...

-Qué rayos fue eso, Kurama?- imploró Kazuma.

-Qué %#$/&% son los anillos Hakimo?- preguntó Yusuke.

-Los anillos Hakimo son energía pura- comenzó a explicar.- Es magia blanca. No pueden dañar, no pueden cortar, no pueden lastimar, sólo son utilizados como mecanismo de defensa. Te inmovilizan, pero a la vez te defienden.

-Cómo es eso?- preguntó Yusuke nuevamente.

-Si eres atrapado por uno de éstos, y luego quiero atacarte (yo o cualquier otro), el mismo anillo te protegerá. Pero no puede hacerlo por más de 3 minutos.

-Así que sólo precisaban sacarnos del camino por unos momentos.

-Creí que esa caja roja era la que causaba los anillos...- dijo Kuwabara.

-No- dijo Kurama, alzando la caja sobre la palma de su mano. -Este es sólo un mensaje que terminó de comprobar mi teoría.

-Qué teoría?-inquirió Yusuke.

-Primero, cuéntenme cómo fue todo.

Ambos jóvenes comenzaron a hablar al mismo tiempo. Al darse cuenta de que el otro hacía lo mismo, hablaron más fuerte, hasta que se comenzaron a insultar.

-¡Cállate, tú eres el inútil que cayó primero!

-¡¿Yo? Y tú eres el tonto que alarmó a toda la ciudad con ese reigun!

-No es mi culpa que no puedas atrapar a una niñita!

-Tú no dirías eso si ella se comiera el pastel que dejé en la ventana para mi Yukina!

Yuuske cerró la boca de golpe. Kurama lo miraba al pelo de zanahoria con los ojos enormes de curiosidad, a quien le fue imposible esconder su pregunta.

-¿Tú... Tú cocinas...?

Y de repente todo el ambiente se llenó con las carcajadas del master del ReiGun.

-¡Ah- hoo ho ho- rah entie- eh ehn doo todo! jjajajaja (ahora entendía todo).

-Ok, está bien, chicos, está bien. Ya díganme cómo les hicieron eso.-concilió Kurama.

-Es simple. Les tendieron una emboscada.

Ese no era ni Kurama, ni Kuwabara, ni Yusuke. Una familiar voz se hacía lugar proveniente de la copa de un abeto.

-¿O acaso ya te olvidaste de que Yusuke y el cara de idiota son unos pésimos detectives?

-¿¡A quién le dices cara de idiota, enano?- exclamó Kuwabara.

-¡Hiei!- exclamó Kurama. -Creí que estabas en la frontera con el Mundo Espiritual...

-¿Qué crees? Me estoy tomando unas vacaciones. Estaba descansando tranquilamente cuando este par de locos pasaron haciendo tanto barullo, que seguro que lo escuchó Genkai desde el otro lado de la ciudad.

-Y qué dices de esa cosa azul, Hiei?- indagó Yusuke.

-Algo me dice que la he visto en alguna otra parte...

-Bien, pero hasta ahora ninguno de ustedes me ha dicho exactamente qué fue lo que pasó.

-Pasó que...- inició Yusuke.

-Por lo que ahora yo tomaré la iniciativa- lo terminó de interrumpir el pelirrojo.- Kuwabara, tú comenzaste a perseguir a esa pequeña, y de alguna manera Yusuke se enteró. Ambos asintieron con la cabeza.

-Sintieron energía, pero se dieron cuenta de que a pesar de sus travesuras, era inofensiva. Magia blanca. Del mismo modo en el que Yusuke se enteró por el tramo de energía que dejan los seres magicos, alguien también lo hizo y todo se transformó en una cacería.- continuó Hiei.

-Espera un momento, Kurama- interrumpió Yusuke.- Nadie nos estaba siguiendo cuando perseguiamos a esa niña.

-Eso es lo que tú crees- respondió Hiei. -Te olvidas de lo fácil que es esconder tu propio poder para no ser reconocido. Kurama lo hace todo el tiempo.

El ojiverde asintió, cómplice.

-Ustedes dos pasaron junto con esa aparición, e inmediatamente pasó sobrevolando algo o alguien que también estaba interesado en ella. Así que, decidí convertirme en espectador.- dijo Hiei con una maliciosa sonrisita.

-Estuviste con nosotros todo este tiempo?- preguntó Kazuma. -¿No se te ocurrió que podíamos precisar tu ayuda, maldito canalla?

-Para serte honesto, no.

-¡Eres un...!

-Ya deben estar lejos, de todos modos... Igual que lo que le pasó a Kurama. -Yusuke y Kuwabara los miraron sorprendidos. -Un grupo de ningens lo seguía el pasado viernes.

Los chicos miraron sorprendidos al pelirrojo.

-Pero Kurama, ¿por qué no nos dijiste nada?- dijo Kazuma Kuwabara. Pero el joven no les respondió, sino que más bien desvió la conversación.

-Y la caja, en vez de tener un logo de soles, tiene forma de estrella. Vean esto.- Kurama les alcanzó la cajita cuadrada, quedándose con la nota.

-Al final, qué dice la nota?

Yusuke la comenzó a leer en voz alta.