Capítulo 7
un navío de dieciséis cañones por estribor y dieciséis por babor ocho, velas blancas bordadas con el amplio escudo perteneciente a la compañía de las Indias Orientales acababa de tomar tierra en Singapur.
James Norrington al mando, daba orden a su tripulación de desembarcar
"Quiero las espadas envainadas y las bayonetas descargadas a no ser que ordene lo contrario" recorría con calma la cubierta del navío con sus brazos a la espalda. Su traje azul oscuro y sus botones dorados brillaban con la luz del atardecer.
Desembarcó con unos veinte soldados y dos oficiales.
Beckett no dejaba de encomendarle tareas; primero ahorcar piratas y ahora asegurarse de sellar tratos que Beckett había hecho con anterioridad.
Me trata como a un mísero títere apretó con rabia las mandíbulas.
Un pirata con rasgos orientales de sao feng aguardaba bajo el puente sobre en una vieja góndola.
pensó con irritación.
El desconocido los miró sobre su desnudo hombro y les indicó que embarcasen con gesto hostil. James accedió con cierta desconfianza e indicó con un gesto de cabeza a sus hombres a embarcar con él.
El desconocido soltó el cabo. Empujó con el pie el borde de la orilla arrastrando la góndola hacia las aguas. Sacó del interior una enorme vara introduciéndola entre las solitarias aguas y comenzó a guiar la góndola .
Dejaron atrás el puente y se introdujeron en un estrecho túnel.
James abrazó la empuñadura de su espada podría ser una trampa miró de reojo a sus hombres, preparando el momento en el que dar la orden de abrir fuego.
El interminable túnel se abría camino por fin. Una fina luz blanca asomaba ya por el otro extremo. La atravesaron James soltó un suspiro de alivio aflojando el abrazo de su empuñadura. Alzó la vista al frente y enmudeció.
El enorme palacio de Sao Feng aparecía ante ellos .
Un inmenso palacio de mármol tan blanco como la nieve.
El desconocido acercó la góndola hasta la orilla y les indicó que bajaran con el mismo gesto hostil con el que les hizo embarcar.
"Muchas gracias" exclamó James con cierto tono sarcástico siendo el último en bajar.
Sus botas pisaron la húmeda hierba tras horas de incómoda postura. James se permitió un segundo para inhalar aire fresco.
Giró el rostro hacia el imponente palacio "Bien, Capitán Sao Feng. Es hora de aceros una visita". Una alta colina se interponía entre el palacio y ellos. James inició el rumbo con pasos rápidos.
Tras varios minutos llegaron ante el enormes puertas de la entrada estaban cerradas.
¿y ahora qué? giró el rostro hacia sus hombres mientras recuperaba el aliento.
Un desconocido de unos marcados rasgos orientales de casi dos metros apareció de pronto ante ellos deteniéndoles el paso.
Mostraba el torso descubierto, dejando a la vista un dragón chino tatuado sobre el cual emanaban gruesas gotas de sudor. su larga trenza grasienta y negra como el carbón caía por su espalda.
James reconoció el dragón tatuado de Sao Feng. Se detuvo frente a él.
"Estáis cortando el paso a la Compañía de las Indias Orientales, caballero" exclamó con prepotencia.
El oriental se cruzó sus enormes brazos apoyados por encima de La densa barriga. Incluso sus rasgos orientales se hundían entre la grasa de su rostro.
"No tenéis ningún paso permitido en este lugar" espetó con hostilidad.
"Decidle a vuestro Capitán, que la Compañía de las Indias ha venido por asuntos dr negocios" exclamó James con rostro altivo.
El hombretón frunció los labios e hizo una señal con la cabeza a uno de los hombres que aguardaban tras él. Nada más recibir el gesto entró al interior del castillo.
Giró su grasiento rostro a quedando frente a James retomando su postura.
James aguardaba una réplica llena de hostilidad pero aquel desconocido permaneció en silencio, impidiéndoles el paso.
Pasaron varios minutos de incómodo silencio cuando el pirata a quien aquel desconocido había dado la orden, aparecía de nuevo por las amplias puertas de bambú.
Llegó corriendo junto a ellos y susurró algo al oído del desconocido. Por la expresión de desagrado no eran lo que esperaba oír.
"La Capitana Swann quiere veros" le anunció entre dientes.
¿La Capitana Swann?
James parpadeó los ojos, desconcertado.
¿Había oído bien?
¿Cómo era posible que Elizabeth reinase en el reino de Sao Feng?
"¡Esto es un ultraje! ¿Acaso sabéis con quién estáis tratando? ¡Estáis ante la Compañía de las Indias Orientales!"
Los gritos de su oficial sacaron a James de sus pensamientos.
Su oficial quien parecía una hormiga al lado de aquel gigante, avanzaba tras él, encarándose hacia el oriental.
James alzó la mano a tiempo apoyándola contra el estómago de su oficial deteniéndole.
El gigante oriental le lanzó una mirada intimidante que obligó al oficial retroceder temeroso un par de pasos.
"Vuelva a su puesto, marinero" espetó James entre dientes lanzándole una mirada de desagrado.
James entró al interior de la mansión guiado en silencio por el enorme pirata.
Las pisadas de sus botas rompían el hostil silencio. James ladeaba la cabeza de izquierda a derecha observando asombrado el enorme palacio de Sao Feng.
No podía creer que todo aquello perteneciera ahora a Elizabeth
"¡James!"
Su nombre pronunciado por sus labios resonó en un cálido tono de alegría entre aquella inmenso lugar.
James giró desesperado ante el llamado. Dejó escapar un suspiro al ver su figura frente las enormes escaleras, distinta a la última vez que la vio pero tan hermosa como siempre. James se detuvo unos segundos para contemplarla.
Lucía un kimono que cubría su cuello y casi sus muñecas. su castaño cabello ahora había clareado con la luz del sol lo llevaba recogido dejando varios mechones sueltos que acariciaran sus tostadas mejillas y sus ojos, sus dulces ojos castaños en los cuales James se perdió inconscientemente.
Una cálida y sincera sonrisa surcó la comisura de sus dulces labios.
James avanzó hacia ella con ambas manos a su espalda. Se detuvo frente a las grandes escaleras y la saludó con una cortés inclinación
"Capitana Swann"
Elizabeth ensanchó una amplia sonrisa. Bajó impaciente los escalones y se dejó guiar por su impulso y lo abrazó
"Cuánto me alegro de veros" exclamó estrechándole entre sus brazos.
James titubeó desconcertado. Estiró con cierta torpeza sus manos y la rodeó entre sus brazos.
El dulce aroma de sus cabellos llegó hasta él. cerró los ojos perdiéndose entre sus cabellos.
"Por lo visto aguardábais mi visita" exclamó con alegría en su corazón "Yo sin embargo no esperaba encontraros aquí" añadió. Colocó las manos sobre sus hombros notando la suavidad del kimono. La miró a los ojos desconcertado
"¿Cómo es que estáis aquí?"
Elizabeth alzó la barbilla.
No era un tono de sorpresa, sino un tono de preocupación.
"Es una larga historia" exclamó. cerró los ojos dejando escapar un suspiro.
"estoy deseando oírla" James ensanchó una fugaz cálida sonrisa.
"Entremos" exclamó Elizabeth " estaréis cansado" se agarró al brazo de James guiándolo al interior del castillo.
Jack observaba la escena a lo lejos, mezclado en la oscuridad, apoyando su hombro contra la fría columna de mármol.
observaba con desagrado cómo Elizabeth y James cruzaban el umbral de la puerta.
"Interesante"
frunció los labios. Se rascó la perilla meditando lo inusual de aquella inesperada visita.
"Muy interesante.."
James desembarcó en Singapur trayendo consigo el anochecer.
Elizabeth le llevó al despacho de Sao Feng. Le ofreció comida caliente y un vaso de vino.
Tras permitirse un poco de descanso, James sacó de su chaqueta una carta sellada con el símbolo de La Compañía de las Indias. Se la entregó a Elizabeth.
La carta le reprochaba cumplir parte del acuerdo establecido entre Sao Feng y la propia Compañía de las Indias Orientales.
"Sao Feng selló acuerdos con Beckett. Acuerdos en los que La Compañía de las Indias le dejó cruzar los mares fuera del Caribe en su viaje hacia la ruta de la seda" explicaba James, inclinado sobre la amplia mesa de escritorio. ambas manos apoyadas sobre la madera caoba. Su sombrero de tres picos reposaba sobre la esquina de la mesa.
Elizabeth sentada frente a él, al otro extremo, escuchaba con semblante serio sus palabras .
Jugaba distraía con el sello del dragón que Sao Feng usaba para sellar sus cartas. Un dragón de siete patas con la cabeza enroscada entre su cuerpo mientras su boca entre abierta mostraba una fina hilera de dientes afilados y desafiantes.
"La Compañía cumplió su parte del acuerdo, ahora Sao Feng debe cumplir su palabra.." James se detuvo por unos segundos" vos en este caso" corrigió. Posó la mirada en Elizabeth. Vio tanta ansia de libertad en aquellos ojos castaños que por un segundo creyó ver los ojos de Sparrow.
"¿Qué ofreció Sao Feng exactamente a Beckett a cambio?" Elizabeth Alzó la barbilla. Lanzándole una mirada entrecerrada.
James exhaló un suspiro
"Prometió entregarle La Panacea" exclamó
"¿La Panacea?" Elizabeth entrecerró los ojos . Nunca había oído hablar de ella "¿Un tesoro?" alzó las cejas
"Más o menos" corroboró James "Una planta de un valor incalculable"
Lo cierto era que los motivos de Beckett no le interesaban lo más mínimo
"¿De cuántos días dispongo para encontrarla?" Quiso saber Elizabeth.
Dejó el sello del dragón sobre la mesa y se colocó en una postura recta sobre la silla.
"Ese no es problema" James exhaló un suspiro "Yo me encargaré de daros el tiempo posib.."
"¿Cuántos?" repitió Elizabeth tajante.
James la miró con la boca entre abierta. Pasó la lengua por el borde la los dientes y se mordió el labio inferior.
"Tres semanas"
Elizabeth se recostó en la silla.
Apoyó los codos sobre la mesa y entrelazó las manos. Las anchas mangas del kimono descendieron suavemente por sus finos brazos.
"¿Y qué pasaría sino encontrara la panacea pasado el plazo?" Entrecerró los ojos.
Sabía cual era la sentencia sin siquiera preguntarla.
Miró a James. El Comodoro ladeó la cabeza soltando nuevamente un suspiro
"La Horca" contestó finalmente por él.
James se limitó a alzar las cejas en gesto de confirmación.
Elizabeth dejó escapar una sonrisa
"No sé donde está La Panacea" exclamó levantándose de la silla.
James la miró cruzar el borde de la mesa
"Yo arreglaré este asunto" intervino "Beckett no sabe que estáis aquí" se giró hacia ella "Marchaos de este lugar y yo mismo me encargaré de buscarla" la mirada de Elizabeth no fue la que esperaba. Sus dulces ojos castaños se entrecerraron en una mirada recelosa.
"Esa carga no os pertenece a vos" Elizabeth apretó los dientes" No fuisteis nombrado Capitán de La Emperatriz" le recordó
¿Acaso creía James que ella permitiría pasarle a él el problema y marcharse sin hacer nada?
"No tengo miedo a Beckett" exclamó lanzándole una mirada feroz
" Saldré en busca de La Panacea y saldaré la deuda con Beckett y si pasadas tres semanas regreso con las manos vacías" observó como James soltaba un suspiro ante la simple idea "caminaré hasta la horca sin vacilar"
"Elizabeth.." James trató de hacerla entrar en razón
"No hay más que hablar en este asunto" sentenció Elizabeth tajante.
"Es tarde" añadió suavizando el tono esta vez.
Giró el dorado pomo de la puerta y tiró de él. La luz del pasillo se filtró por el umbral iluminando las sombras que reposaban sobre el suelo de mármol.
"Tenéis ordenada vuestra habitación" anunció Elizabeth para sorpresa de James
"¿Mi habitación?"
alzó las cejas desconcertado
"Sois mi invitado, James" Elizabeth mostró una cálida sonrisa
"El viento sopla con fuerza y las noches en el mar son frías" una sonrisa volvió a surcar la comisura de sus labios
"en ese caso, Debería informar de esto a mi tripulación" agarró su sombrero y lo sostuvo entre sus manos .
"Navegar hasta aquí ha sido un largo viaje" giró su bello rostro hacia él "Os aprecio, James pero no confío en La Compañía de las Indias" alzó altivamente la barbilla. su fino rostro quedó alumbrado por la luz de las velas de la habitación "Soy consciente de que vuestra tripulación llevará semanas durmiendo sobre telas poco cálidas y bajo una cubierta húmeda y fría"
Una sonrisa tan desconocida para James surcó la comisura de los labios de Elizabeth. tan descarada tan poco inapropiada de una dama como Elizabeth. pero lo cierto era que dejó de ser una dama y Aquella sonrisa tan llena de libertad, tan propia de Sparrow lo demostraba.
"podrán soportar una noche más"
James aceptó la hospitalidad de Elizabeth con una sincera sonrisa.
"Como vos digáis" se ajustó el sombrero y abandonó el despacho.
Elizabeth le ofreció una de las mejores habitaciones de la mansión. Tan amplia y a la vez tan impropia de un pirata como Sao Feng.
tal vez por el hecho de volver a verla o por la falta de costumbre de dormir en un colchón, pero El sueño no acompañaba a James aquella noche.
Decidió dar un paseo por la mansión.
Se percató de los numerosos piratas repartidos que vigilaban la mansión.
Los pasillos estaban iluminados por antorchas.
James caminó en silencio admirando sin poder evitarlo la mansión.
El silencio y los pasillos tan amplios hacían que el eco de sus pisadas resonaran con fuerza.
Al fondo seguía una fila interminable de habitaciones. todas permanecían con las puertas cerradas. Todas excepto una, tres puertas más adelante. Vio luz al fondo y la puerta estaba abierta. Avanzó cauteloso con sus manos a la espalda.
"Merodear por los pasillos de una casa desconocida a altas horas de la noche, no es algo propio de vos, Comodoro"
Reconoció con irritabilidad la voz de Sparrow que le hizo girar sus pasos rumbo a la habitación.
"Tal vez la constante compañía con piratas esté causando cierta influencia en vos"
Allí estaba, recostado en una vieja silla de madera con una botella de ron en la mano y las botas sobre la mesa.
"Eso sería lo último por hacer en este mundo" se obligó a mostrar una sonrisa sólo para conseguir irritar a Sparrow.
"Pasad Comodoro,no os quedéis en el umbral. Es de mala educación" hizo un gesto con la mano a James " y si no me equivoco, estáis en vuestra casa, según os ha dicho la capitana Swann" Jack bajó los pies de la mesa.
En ese momento, James deseó no haber salido de su habitación a sondear el palacio. entró a su pesar con las manos a la espalda y evitando el contacto visual con aquel infame pirata.
Alzó la vista al techo, donde un juego de velas colgadas sobre las paredes iluminaba la sala. No pudo evitar percatarse por el rabillo del ojo de la sonrisa de Sparrow observándole.
James se detuvo frente a la mesa de caoba. observó los documentos esparcidos sobre ella . Mapas y cartas de la Compañía de las Indias ¿qué estaba buscando Sparrow?
"¿Un trago?" Jack le ofreció un trago de su botella de ron a medio consumir pero James lo rechazó.
"Vaya, negáis algo tan preciado como una cálida bebida a estas frías horas de la noche" dio un largo trago
" pero sin embargo no tenéis reparos en aceptar la hospitalidad de la Capitana Swann" las propias palabras sonaron tan insinuantes a pesar de la mirada de Jack que James evitó.
el poco ron que quedaba se mecía dentro de la botella con cada movimiento de Jack.
"Tengo razones para No rechazar nada proveniente de la señora Swann" contestó James no pudiendo evitar por más tiempo el contacto visual. Sparrow mostró una sonrisa tan insolente que apretó la mandíbula.
"No me cabe la menor duda" inquirió Jack, por su parte. Dejó la botella sobre la mesa tan bruscamente que el cristal resonó contra la madera. James no supo adivinar si lo hizo por irritación o por el mero efecto del ron.
"Y supongo que el que os hayéis aquí en Singapur justo después de nuestra inesperada llegada no es sino más que el fruto de una mera e inesperada casualidad ¿me equivoco?" Jack colocó de nuevo sus botas sobre la mesa, cruzándolas mientras se recostaba sobre su silla,retomando la postura inicial con la que James lo encontró.
"Si estoy aquí es para cumplir órdenes, señor Sparrow" dejó claro James entre dientes.
Aquella actitud tan indiferente causaba una irritabilidad en lo más profundo de su ser.
Jack abrió los labios ensanchando una media sonrisa, su diente de oro quedó iluminado bajo la roja luz de las velas
"¿llamáis trabajo a actuar bajo las órdenes de Beckett?" Se dedicó a jugar desinteresado trazando círculos con la yema de su dedo sobre la boquilla de su botella lamentablemente vacía.
"Lord Cuttler Beckett dirige la Compañía de las Indias en Port Royal. Y yo sirvo a la marina real"
Estaba claro que Sparrow estaba tratando de sacarle de sus casillas
"Servir con orgullo a la marina real" enarcó una ceja mostrando una mueca de desaprobación "Nunca ha sido mi destino" Apartó los pies de la mesa, incorporándose de su silla mientras dejaba la botella vacía sobre la mesa.
"Vuestro destino siempre ha sido la horca, señor Sparrow" James mostró una sonrisa gustosa.
Jack arrugó la nariz mientras apartaba los documentos de la mesa. James avanzó un par de pasos con el ceño fruncido y se inclinó hasta quedar a la altura del pirata "pero no por ello debéis arrastrar con vos el destino de Elizabeth"
Jack entrecerró los ojos dirigiendo hacia James sus ojos ocultos por el negro que sombreaba sus párpados. Dio un golpe seco sobre la mesa.
"Ha estas alturas, el destino de Elizabeth os queda lejos de vuestro alcance" se echó mano a la pistola bajo su cintura, agarrando el mango.
James observó el gesto y no pudo reprimir una sonrisa "¿pensáis formar un tiroteo Sparrow? Ni siquiera voy armado para poder defenderme" la idea le resultó tan cobarde que no pudo evitar soltar un bufido de indignación.
Jack se encogió de hombros "soy pirata" aunque no tenía intención de disparar. "Además tal y como habéis dicho a la capitana Swann, estáis aquí por otros... compromisos" ensanchó de nuevo esa sonrisa tan llena de confianza, tan descarada y tan provocadora. James avanzó hacia él pero el filo de la mesa lo detuvo clavándose contra su ombligo.
Sparrow se limitó a inclinarse sobre la mesa extendiendo los brazos sobre el caoba.
"Sois la presa más preciada de todo el Caribe para Beckett y estoy en esta ocasión para recoger la panacea pero no por ello desaprovecho las oportunidades. Si embarcáis mañana con nosotros, no dudaré en poneros losgrilletes una vez pongáis pie en tierra firme y vuestra próxima parada serán las celdas de Port Royal" tenía a Sparrow a escasos centímetros de distancia separados por la inoportuna mesa de caoba.
Jack apretó los puños
"¿Creéis acaso que me intimidan vuestras palabras? ¿Acaso creéis que por ello dejaré a mi esposa navegar sola bajo la compañía de las Indias Orientales?" Golpeó con violencia la mesa causando que la vela a medio consumir se tambaleara.
"¿De verdad creéis que dejaría sola a Elizabeth?" Jack apretó la mandíbula encarándose hacia James.
"Elizabeth no está segura a vuestro lado" espetó James pudiendo ver la ira en los oscuros ojos de Sparrow "La condenasteis el día en que os unisteis a ella en matrimonio. Prometiéndole leyendas cuando la verdad os da en vuestras narices. no sois más que un simple pirata, Sparrow. Si caéis, ella caerá con vos" dice James y abandonó la habitación.
Las palabras de James hicieron tomar una decisión a Jack.
Se incorporó sobre la silla agarró la pluma mojándola en el tintero y alcanzó una hoja de papel. Estaba furioso por seguir el consejo de James pero él tenía razón, si caía en manos de Beckett, Elizabeth caería con él y no permitiría mandarla a la horca. Tras acabar la carta la dobló en tres partes. Derramó cera caliente sobre el borde y la selló con su anillo.
No le dijo nada a Elizabeth sobre su charla con James.
"¿Dónde estabas?" Le preguntó con una sonrisa cuando él llegó
"Disfrutando de un poco de las comodidades de este lugar" dejó su sombrero sobre la silla y la besó, le deshizo de sus ropas y la hizo suya.
James se acostó entre las sábanas que olían a cerrado. Le costaba dormir y para colmo oía los gemidos de Elizabeth desde la habitación.
Imaginó a Sparrow besando sus labios, recorriendo su suave piel y haciéndola suya. Apretó furioso la mandíbula y se giró bruscamente sobre las sábanas. Apagó la luz de la vela y se recostó esperando el amanecer.
Con las primeras tenues luces del alba, En el Puerto de Singapur, marineros y tripulantes no dejaban de rondar por La Emperatriz aún cuando el sol comenzaba a bañar los claros cielos con el naranja del amanecer.
Sobre la zona de embarque se colocó una vieja tabla de madera dispuesta a modo de trampilla la cual crujía sonoramente cada vez que algún miembro de la tripulación de la Perla Negra como la de La Emperatriz bajaban y subían, transportando cajas con provisiones, bebidas y algún que otro animal seguidos de cerca por los soldados de la Compañía de las Indias Orientales.
La brisa del mar traían consigo un intenso olor a sal hacia el muelle. Las gaviotas observaban desde las alturas cómo las olas rompían contra la costa.
A bordo de La Emperatriz, James Norrington vigilaba con precisión el transporte de las provisiones.
Con ambas manos a la espalda cuidaba con un ceño fruncido de que cada marinero que embarcaba por la tabla, llevara las cajas a la bodega. Desde la cubierta observó a a lo lejos las figuras de Elizabeth y Jack a varios metros del navío.
Mantenían una conversación. La contemplaba de espaldas vistiendo pantalones y camisa y sombrero. De no ser por su larga melena, nadie diría que era una mujer. Y aún así James no dejaba de verla hermosa. El viento movió sus rubios cabellos y James sintió celos del viento. Se limitó a soltar un suspiro desalentador.
"¿Porqué no puede Barbossa dirigir La Perla hasta Prado del Violinista?"
Elizabeth no entendía nada.
Aquel repentino cambio de planes que Jack había tomado.
Abandonarla justo ahora para dirigirse a Prado del Violinista.
Él mismo insistió en acompañarla a encontrar La Panacea. Había estado todo el día planeando las rutas que toma última hora cambió los planes.
No tiene ningún sentido
Le molestaban aquellas decisiones inesperadas , aquellas acciones dejadas llevar por ese impulso repentino de Jack.
No estaba con ánimos de hacer aquel viaje. Le irritaba la idea de tener que cargar con responsabilidades que no le correspondían y para colmo debía dirigir a una tripulación que apenas hablaba su idioma y ni siquiera sabía qué debía buscar exactamente y el echo de que Jack la dejara sola la enfurecía aún más. era la primera vez que navegaría a la deriva sin rumbo, guiada por una simple idea de la que no estaba segura que fuese real.
"Barbossa ya ha navegado La Perla por un tiempo más que razonable y más vale recordarle quién es el capitán" exclamó Jack ensanchando una sonrisa excusadora.
No era más que una simple excusa
Elizabeth entrecerró sus castaños ojos y le dedicó un ceño fruncido
"Estarás bien, lo sé" exclamó Jack. Pasó los dedos entre sus castaños cabellos colocándolos detrás de su oreja.
"Estás muy seguro" le reprochó Elizabeth
"¿Cómo no iba a estarlo?" Jack alzó las cejas mostrando una cálida mirada entre sus ojos tiznados "Somos dos gotas de agua, amor"
A pesar de sus palabras de ánimo, el ceño de Elizabeth seguía fruncido en su hermoso rostro.
"No sé por dónde empezar. Qué rumbo establecer"
Jack soltó un suspiro. Se echó mano al cinturón, descolgándose su preciada brújula. Agarró las manos Elizabeth y la colocó sobre ellas.
Jack cubrió las finas manos de Elizabeth las cuales cubrió entre las suyas . "Estoy convencido de que hallarás el modo" mostró una sonrisa dejando al descubierto su diente de oro.
una breve sonrisa se ensanchó en el rostro de Elizabeth, tan fugaz que Jack dudó de haberla visto. Elizabeth se centró en el tacto de las manos Jack cubriendo las suyas.
"¿Confías en mi?" Necesitaba saberlo.
Jack la miró. Sus castaños ojos tiznados se llenaron de seriedad
"Más que nada en este mundo"
Elizabeth Se liberó de las manos de Jack y le echó los brazos al cuello y besó desesperada sus labios, tratando de llevarse de ellos un poco de la seguridad de Jack .
Sólo serán tres semanas se recordó
Encontrar esa planta, sellar el trato de Sao Feng con la Compañía de las Indias y todo habría terminado. Volverían a estar navegando en la Perla Negra.
"Ahora ve y tráeme ese horizonte" susurró Jack.
Apoyó su frente sobre la de Elizabeth sin apartar la vista de sus dulces ojos castaños.
Buscó sus labios una última vez. En un gesto tan egoísta, tan pirata,tan propio de él.
Con la brújula en sus manos, Elizabeth dio media vuelta rumbo a la tabla de embarcación de La Emperatriz.
Jack la observaba alejarse con pesar, atravesando el tráfico de marineros que embarcaban y desembarcaban con cajas de La Emperatriz.
Pintel y Raguetti llegaron junto a él y soltaron un comentario
Jack confiaba en Elizabeth pero la simple idea de perderla en aquel viaje nublaba su mente y James Norrington y la Compañía de las Indias no eran de su total confianza y Una vez tiene a Elizabeth lo bastante alejada, inclinó el rostro haci a Pintel y Raguetti que estaban tras él sin apartar la vista de la figura de Elizabeth cruzando la enorme tabla de madera embarcando en La Emperatriz.
"Procurad que vuelva sana y salva" ordenó en voz baja.
No reparó en qué miembro de su tripulación estaba tras él .
Pintel y Raguetti compartieron un breve cruce de miradas
"¡A sus órdenes, mi capitán!" Exclamó Pintel echándose la mano sobre la frente.
Adelantaron a Jack llegando con un descarado disimulo a la tabla de embarque de La Emperatriz. Eran los únicos que embarcaban con las manos vacías y subían la tabla mostrando unas sonrisas tan delatadoras que Jack se lamentó de la decisión
Descontento, mostró una leve mueca al ver a Pintel y Raguetti dirigiéndose a La Emperatriz los observa desde el muelle no muy convencido de su idea.
La Perla Negra también daba los últimos pasos para desembarcar
Giró el rostro en busca de una mejor opción.
"¡Señor Gibbs!" alzó el brazo rápidamente hacia el maestre .
Gibbs, a punto de embarcar en la Perla Negra, llevaba una cabra en brazos. Se detuvo con un pie en la zona de embarque ante el llamado.
Giró sobre sí mismo, observando vio a Jack a varios metros de él tenía el ceño fruncido y sin quitar el ojo a La Emperatriz.
Dio media vuelta. Cabra en mano, se dirigió hasta su Capitán.
"¿Sí, Capitán?"
"¿Todo está arreglado?" Quiso asegurarse Jack sin quitar el ojo a la actividad de La Emperatriz.
"Si, Capitán" afirmó Gibbs satisfecho con una sonrisa "Entregué la carta esta mañana tal y como ordenasteis" inclinó la cabeza ensanchando una sonrisa satisfactoria
"Perfecto" Jack ladeó sus labios en una sonrisa dejando ver su diente de oro.
Gibbs dirigió la vista hacia La Emperatriz y emitió un bufido de descontento
"¿No os preocupa que la señora Elizabeth navegue en compañía de las Indias Orientales , Capitán?" la cabra en brazos baló sonoramente revolviéndose entre sus anchos brazos.
"Terriblemente" reconoció Jack con una mueca " aunque ya me he encargado de asegurar la protección de Elizabeth" exclamó observando las figuras de Pintel y Raguetti rondaban sobre la cubierta con sonrisas infantiles.
Gibbs siguió la mirada de Jack
"¿Protección dices?" alzó las cejas "ni siquiera son capaces de cuidar de sí mismos" se mofó con una mueca de desagrado.
Jack le clavó una mirada desconcertante antes de desviar la mirada de nuevo hacia el dúo pirata.
"Tal vez tengas razón" meditó
" no estoy muy seguro de dejar tan preciado tesoro en manos tan descuidadas" añadió acariciándose la perilla.
Gibbs hizo una mueca mientras trataba de calmar a la cabra que insistía en zafarse de sus brazos
"Deberíais encargar a alguien más... razonable" sugirió
"Tienes razón" concluyó Jack.
Giró sobre sus botas colocándose frente a Gibbs
"Embarca en ese navío y asegurare de que mi decisión haya sido la correcta" ordenó con una mueca al mirar a la cabra revolviendo sus patas entre los robustos brazos del maestre.
"¡Vamos, date prisa!" Urgió alzando los brazos "¡están a punto de zarpar!"
Se ajustó el sombrero. dirigió sus pasos hacia la Perla Negra dejando en mitad del muelle a un Gibbs desconcertado.
"Sí, Capitán..." exclamó de mala gana con la cabra en brazos la cual emitió un leve balado.
Con un suspiro de resignación, Gibbs dio media vuelta rumbo a la tabla de embarque a La Emperatriz, la cual comenzaba a soltar amarres dando los últimos pasos antes de desembarcar.
La Perla Negra también se preparaba para zarpar.
la tripulación se movía de aquí para allá sobre la oscura cubierta.
El sol daba un brillo a especial al negro color del navío.
Jack atravesó la cubierta con pasos apresurados. subió el pequeño tramo de escaleras hasta llegar a la zona de mando. Se acercó a la barandilla de proa.
Desde allí La Emperatriz era apenas una cáscara de nuez y la tripulación tan diminuta como guisantes en el mar.
"Agg, puñeta" maldijo entredientes.
Agarró su catalejo.
observó a La Emperatriz levar anclas y comenzar a dejar atrás el muelle abandonar.
Oía a lo lejos las rudas órdenes de Elizabeth.
No pudo evitar ensanchar una sonrisa en su rostro.
"Aquí se separan nuestros caminos, amor"
La sonrisa desapareció al instante. Se apartó de la oscura barandilla y se acercó el timón
"Y ahora rumbo a Prado del Violinista"
Abrazó los pomos del timón manteniendo a Elizabeth en sus pensamientos ¿Cuánto tardaría en volver a verla?
