Disclaimer: Solo los personajes pertenecen a N. Takeushi. Esta historia es totalmente mía. Dile NO al plagio.
La historia es Rated M, por lo que contiene Lemmon. Así que ya están advertidas. ¡Disfruten! ATT: angelesoscuros13.
Capítulo beteadopor Manue Peralta, Betas FFAD; www facebook com / groups / betasffaddiction
.
Burning Zeal
.
Capítulo 6
¿Qué se podía decir estando en un lugar como el Amazona? Darien jamás ha conocido otro lugar fuera de los laboratorios o este entorno salvaje; el clima es húmedo aquí, la lluvia forma parte día a día, aunque en algunas ocasiones se torna tan caluroso que dan ganas de darte un buen chapuzón en la cascada.
Darien se había ido en busca de frutas y pescados del río. Me sentía tan sola, considerando que hace tan solo un par de horas que se marchó; quería que me hiciera el amor, aun no entiendo qué era esta sensación tan primitiva que siento porque él me haga suya una y otra vez.
Me siento vacía y me duele la parte baja de mi vientre, me encuentro siempre deseosa, por no decir cachonda, cuando él no está cerca de mí. Solo ha pasado una semana desde que había intentado huir de él y seguía sintiéndome de este modo. Yo le quería y siempre estaría a su lado, pero no podría vivir para siempre en este lugar como una primitiva.
Yo me encargaría de enseñarle todo lo que pudiera con tal de que encontrara un trabajo como empresario o me ayudara en mis investigaciones como mi colega en arqueología. Reconozco que Darien posee más capacidad de desarrollo que cualquier ser humano, toda su vida ha estado rodeado de los mejores científicos, aunque estos fueran unos desarmados por usarlos de esa manera.
Observé a mi alrededor, todo permanecía como siempre, nuestra cama estaba algo desordenada después de la actividad recreativa de hace unas horas atrás. Me ruboricé al recordar todo lo que Darien me había hecho. ¿Cómo lograba mover su lengua de esa forma? ¡Joder! Esa lengua sería mi perdición algún día, de solo recordarla moviéndose tendría un orgasmo aquí mismo sin necesidad de tocarme. Mi respiración se volvió algo pesada, si no me conociera diría que mis mejillas estaban algo rojas por el calor de mi cuerpo, estaba ardiendo en llamas y necesitaba conseguir mi liberación. Me recosté en la cama, deshaciéndome de pantalones junto con mis bragas, y abría mis piernas, dejando expuesto mi sexo.
Pasé dos dedos por mi clítoris en forma de círculo y de un lado a otro, la sensación era indescriptible, tanto así mis dedos fueron con movimientos cada vez más rápidos. Me imaginé a Darien encima de mí, embistiéndome con furia como solo él podía; introduje un dedo en mi interior y una sensación de lujuria me llenó, un segundo dedo se le unió a este. El vaivén de las penetraciones de mis dedos me tenía caliente como el infierno, aunque preferiría mil veces que fuera Darien el que me penetrara y, de esta manera, sentirme completamente llena. Me toqué mis senos por debajo de la franelilla, apretando con mis dedos mis pezones ya erectos; gemí por lo alto, hasta que un hormigueo se formó en mi bajo vientre, proporcionándome la liberación que tanto ansiaba.
Luego de que mi respiración volvió a la normalidad y mis piernas recuperaron su fuerza, me incorpore para ordenar la cama; el fuego seguía encendido, por lo que agregué más leña para evitar que se apagara. Tomé una banana y me senté a observar el paisaje de todos los días, era hermoso, jamás me cansaría de contemplarlo. De pronto me sentía algo cansada, tanto mental como físicamente.
Darien, vuelve pronto.
Me levanté hasta llegar a la cama y tumbarme en el suave y mullido nido de pieles de animales, me quedé dormida en cuestión de minutos.
.
DPOV
Sentía a Sere con todo mí ser y sé que ella me extraña. Una sonrisa ladina se formó en mis labios al recordar cómo la había hecho mía hace unas horas atrás, su cara llena de lujuria no se borraría jamás de mi retina. Sus gemidos, jadeos y exigencias porque le diera más, me ponían tan duro como una roca. Lástima que ella únicamente pudiera aguantar nueve asaltos en una sola noche, yo, por mi parte, fui modificado para resistir unos treinta; pero debía entender que ella solo era una humana común y corriente, ella no poseía mi misma capacidad sexual.
Darien, vuelve pronto.
Mi dulce niña me extrañaba, ella no conocía aún que estábamos unidos telepáticamente y cuando su corazón me anhelaba nos uníamos. Solo faltaba un poco hasta que pescara otros treinta peces, los cuales nos servirían para todo un mes y no tendríamos que salir de la cueva por comida. Además, me gustaría pasar más tiempo con ella y que continuara contándome cosas de su vida y tener sexo salvaje… Bueno, más que todo sexo.
Ella era mía y nadie me la quitaría, jamás. Yo la amo y sé que ella siente lo mismo por mí.
Ya solo faltaban unos cuantos peces y me podría ir a casa con mi Sere. Reconozco que no es el mejor lugar para vivir, ella está acostumbrada a vivir con las mejores comodidades. Sin embargo, Sere no se queja; pero lo veo en su rostro cada vez que estamos paseando por la selva. Yo estaría dispuesto a trabajar en el pueblo e incluso la ciudad, si ella lo desea me iría hasta el fin del mundo con tal de hacerla feliz.
Un ruido de voces me alertó. Cogí el saco de hojas que había hecho y lo escondí por unos arbustos; trepé sobre un árbol grande y buscar de donde provenían las voces. Eran diez hombres como mucho, sus voces variaban y sus tamaños también, tampoco tenían capacidad de combate, como máximo tres de ellos sabían artes marciales y el resto podían disparar armas; noté todo esto con solo ver sus gestos y el modo en que hablaban. No podía matarlos a todos sin que alguno me disparara, tenía que matarlos uno por uno hasta acabar con ellos.
Ellos no eran turistas, lo sabía por todo el armamento que cargaban. Me quedé un poco más para escuchar lo que hablaban; y gracias a Dios tengo una buena audición.
―¿Cómo encontraremos a la chica? ―preguntó un tipo delgado.
―Ella solita vendrá a nosotros, todo es cuestión de tiempo. En cuanto se ponga a buscar el tesoro y nos lleve a lo que estamos buscando. ―Sonrió el tipo rubio, sosteniendo una daga que lanzó muy cerca de un compañero―. Lo siento, ¿te asusté?
Todos miraron a la corteza del árbol, allí padecía una serpiente gracias a la daga.
―Señor, ¿qué haremos con la bestia? ―interrogó otro de ellos.
―No hay nada que temer, imbéciles, es solo un estúpido rumor. La causa de las muertes de los cazadores son los pumas o cualquier animal salvaje. ―Su expresión era de irritación―. Nos han pagado muy bien para secuestrar a la chica, buscar el tesoro y llevarla ante el Doc. Considerando que es una buena cifra de dinero, no le veo el problema de seguir buscándola. Además, no puede estar muy lejos de aquí, contando con que debe estar herida u oculta en algún lugar. Si tú, Mark, no le hubieras disparado, por asustarte por un simple pájaro, no la hubiéramos alertado.
Se recostó en una piedra, bajando su sombrero para cubrir su rostro.
―Rick, te toca el turno de vigilar, no te vayas lejos porque así sentiré si pasa algo ―gruñó mientras se acomodaba―. Mark, ve con los demás a buscar comida y algo de beber, los veré al anochecer. Dentro de un momento me levantaré para verificar el perímetro. Vayan en grupos de cuatro no menos.
Así todos se alejaron, dejándolo a él y un compañero, el cual intentaba encender una fogata.
Serena está en peligro.
Todos mis instintos se pudieron en alerta máxima, tenía ganas de gruñir por lo alto. Traté de controlarme para no saltar y matar a esos dos hombres con mis garras, arrancándoles sus cabezas. Mi Serena estaba segura a mi lado, y nadie se le acercaría para hacerle daño mientras yo estuviera ahí para cuidar de ella.
No podía permitir que ellos llegaran a ella y más si planeaban secuestrarla para quién sabe qué cosa. Me alejé sigilosamente de la rama y subí hasta el tope para mirar desde lo alto del gran árbol, más allá se encontraban las montañas y tenía súper velocidad y gran fuerza, la cueva se hallaba bastante lejos para que ellos pudieran encontrarla, sin contar que estaba oculta de los humanos. Les tomaría, como máximo, tres días completos llegar allí. Si se conducía un poco al oeste, quizás pudiera prender una fogata en la noche para desviar su camino en sentido contrario. Tenía que trazar un plan y pensar qué le diría a Sere.
Fui a recoger las frutas y la canasta de pescados para ir devuelta con Sere. No tardé más de media hora en llegar junto a ella, la encontré durmiendo plácidamente en su nido de pieles. Dejé en una esquina las cosas y me acerqué a ella.
Verla dormir era uno de mis grandes placeres, aparte de hacerle el amor como un lunático. La cueva olía un tanto extraño, algo como vainilla y almizcle combinados. Mi mente hizo click y me encontré sonriendo.
Así que la dulce Serena me extrañó más de lo pensado.
Toda la cueva olía a su fragancia de hembra. Ella se había estado masturbando sin mi permiso. Debería recibir unas buenas palmeadas en ese culo respingón por haber tenido un orgasmo sin que yo se lo diera, estaba más que dispuesto a complacerla cuantas veces ella quisiera ella, no necesitaba de sus dedos para alcanzar su liberación si contaba con su boca y su polla lista para complacerla.
La miré dormitar un rato; sus pezones se marcaban a través de su franelilla dejando ver dos picos erectos en ella, sus labios estaban entre abiertos y un leve gemido salió de ellos. El olor de sus jugos me pegó como una ola salvaje.
Así que está teniendo sueños pervertidos.
Tendría que esperar si quería hacerle el amor. ¡Mierda, debía pensar primero en su seguridad!
Otro gemido brotó de sus labios.
Al menos espero ser yo el protagonista de sus sueños húmedos.
Agregué un poco más de leña al fuego y fui colocando algo de pescado para que se fueran asando antes de que ella despertara. Me dirigí hasta el río en busca de algo de beber, agua fría era lo que necesitaba si quería mantenerme en mis cinco facultades a su alrededor.
La cascada caía por todo mi cuerpo, relajando un poco los músculos tensos. Mi erección yacía flácida y los recuerdos estaban aplacados por el momento. Estaba tomando todo su autocontrol no correr hasta ella y penetrarla en cuatro.
Su polla quería reanimarse de nuevo, por lo que mantuve mis pensamientos en blancos. Pero cuando se trataba de Serena perdía cualquier rastro de lógica.
¡Joder, esto sí que sería algo difícil! La idea era cansarla hasta dejarla rendida para poder ejecutar el plan, no quiero que ninguno de esos bastardos se le acerque a ella. Yo le prometí ir a buscar el tesoro, pero le pedí dos semanas antes de partir.
No me quedaba más remedio que apresurar las cosas.
Ellos seguían estando lejos, no obstante los podía sentir, escuchar y caminar por todos lados; mejor que permanecieran lejos de mi mujer.
Los animales estaban algo inquietos y como podía comunicarme con ellos mentalmente, les avisé que se escondieran por su seguridad, ya que extraños deambulaban por nuestra área. Les pedí a las aves que me informaran cualquier cosa sospechosa en mis dominios. Esos humanos tendrían que ser eliminados, no me daban buena vibra tenerlos patrullando por aquí como si fueran los dueños del lugar.
Salí de la cascada y no me molesté en vestirme, necesitaba regresar antes que Serena despertara de su siesta.
Llegaría al caer la noche. Serena estaba despierta, lo podía sentir desde la lejanía; los pescados deberían estar ya listos para cuando llegara, lo que sería en cinco minutos.
Entré en la cueva. Ella estaba sentada en la cama observando todo a su alrededor, una sonrisa de alegría surco su rostro al verme entrar.
―¡Bienvenido! ―exclamó corriendo hasta saltar encima de mí.
La tomé por la cintura para plantarle un beso en su boca.
―Darien, te he echado mucho de menos. ―Hizo un adorable mohín―. Llévame contigo la próxima vez.
―Sabes que si te llevo conmigo, me distraerás. Aunque, pesándolo bien me vendría algo de ayuda…en todos los sentidos. ―Le guiñé un ojo y ella se sonrojó―. Eres adorable y tan dulce como una valla.
Ella sonrió y la tomé en brazos para poder sentarnos a cenar.
Le pasé un pescado y ella inmediatamente empezó a comer, dando sorbos ocasionales de agua desde un coco; las frutas picadas eran un buen complemento, aunque yo prefería la carne, aun cuando costaba algo de trabajo conseguirlas.
Ella estaba vestida con solo unos shorts, franelilla y unas bragas blancas que podía distinguir desde mi lugar. Su pelo, suelto, me tenía loco. Deseaba esta mujer como nunca había deseado a otra.
Ella se levantó, quedándose parada a mi lado y mirándome con picardía.
Toda una gata en cama, ¿eh?
Con mi velocidad llegué hasta ella y, sorprendiéndola en el acto, la besé con fervor.
.
SPOV
Antes de darme cuenta de lo que sucedía, me encontré a mí misma devolviéndole el beso a Darien. Un suave gemido surgió de mi garganta, silenciado por su boca mientras profundizaba el beso y me pegaba a su cuerpo. Se me hizo difícil concentrarse en otra cosa que no fueran los seductores movimientos de su lengua sobre la mía. Me sostuve de sus anchos hombros cuando el impulso de tocarlo se me hizo insoportable. Sus fuertes músculos se flexionaron debajo de mis dedos mientras él me atraía por la cadera, empujándome hacia delante para que nuestros cuerpos se tocaran entre sí. La inconfundible longitud de su erección presionaba mi estómago, tan dura. Jadeé y él trasladó sus besos a lo largo de mi mandíbula hasta mi garganta. Darien gimió, meciéndose contra mí mientras me mantenía apretada a sus caderas. Sus pantalones de cuero negro ofrecían muy poca protección.
Deslizó sus dedos por debajo de mi franelilla, para después trasladar sus manos hacia abajo y ahuecarlas en mi culo. Me masajeaba las nalgas con brusquedad, tal como a mí me encantaba.
Lamió mi cuello, pellizcando en la sensible piel que encontró allí. Me estremecí, abrumada por las sensaciones. La lujuria hizo estragos en mi cuerpo como nunca antes. Tal vez era la parte primitiva de mi psiquis, que había despertado por fin de su profundo sueño, hambrienta, desesperada y caliente como el infierno para ser follada como se debe después de estar separados por tanto tiempo el uno del otro.
Él capturó nuevamente mi boca y, sin darme tregua alguna, me fue empujando hacia atrás, hasta que mi espalda chocó suavemente con la pared de piedra. La fría superficie contrastaba con el calor de mi cuerpo. Darien se volvió más agresivo, manteniéndome atrapada delante de él sin escapatoria alguna, por otro lado yo no deseaba huir, solo sentir su amor salvaje en mi cuerpo. La longitud de su cuerpo perfectamente esculpido se ajustaba al mío, fuerte y firme como me gustaba. Él continuó moviendo sus caderas como si su polla no pudiera esperar a ser liberada de su prisión. Mi empapado coño respondió contrayéndose, y me encontré a misma siguiendo el ritmo mientras encontraba satisfacción a través de mis bragas.
Darien me levantó, sosteniéndome por el culo mientras sus calientes manos se imprimían en mi carne. Mis piernas se abrieron automáticamente, dándole un mejor acceso para frotarse contra mí con tanta fuerza que parecía que las ropas se habían desaparecido entre los dos. La longitud de su pene erecto empujaba apasionadamente a lo largo de mi abertura, enviando sacudidas de placer a cada empuje que él ejecutaba contra mí.
Darien movía sus caderas rápido y fuerte, simulando el acto sexual. Su erección se había puesto extraordinariamente dura, y el gran tamaño de esta la hizo excitarse aún más. Su enorme erección podría estirar su abertura y llenarla hasta el límite. ¿Sería imaginación suya o su polla crecía todos los días? Le arañé los hombros cuando otra descarga de placer me recorrió. No podía parar, ni siquiera el tiempo suficiente para terminar de desnudarse.
Mi coño había humedecido la tela de mis bragas. La fricción y el calor estimulaban mi clítoris hinchado. Gemí dentro de su beso abrazador, el cual me tenía al borde de la inconsciencia, aturdida y delirando mientras sacudía la cabeza alejándose para que poder respirar. Su sabor estaba en mi boca y su olor dentro de mi cabeza.
―¡Ah, Darien! ―gemí, sintiendo que se acercaba mi orgasmo.
Mi coño se apretó con fuerza. Darien sostuvo mis muslos bien abiertos, empujando cada vez más rápido. Sus dedos se deslizaron hasta mis nalgas, separándome de lado y lado. Me arqueé contra la pared por instinto, odiando toda la ropa que se interponía entre ambos.
―Argh, se siente tan bien. ¡Joder! ―gruñó él, apretando mi culo con fuerza.
El fluido balanceo de sus caderas se convirtió en sacudidas irregulares, y sabía que él había llegado al clímax dentro de sus pantalones, el caliente líquido surgió entre nosotros. Fue demasiada estimulación, llegué y mi cuerpo explotó en mil pedazos. Mi boca se abrió, pero estaba demasiado abrumada por el placer como para gritar.
Darien seguía teniendo energía para continuar, lo besé, demostrándole así que todavía podía aguantar un poco más.
Su mano se deslizó sobre mi cadera entretanto me devolvía el beso con desesperación. Su lengua se escurrió entre mis labios, provocándome un escalofrío de placer. Una ola eléctrica de deseo me atravesó. Darien gimió. Esta vez su lengua se introdujo más profundo tornando el beso más apasionado y salvaje.
Enredé los dedos en su cabello. El deseo me consumía, hasta que perdí la capacidad de prestar atención a otra cosa que no fuera su beso. Mi cuerpo recordaba muy bien la sensación de liberación y quería sentirlo de nuevo. Me volví más agresiva, agarrándolo fuertemente mientras su cuerpo se apretaba contra el mío. La sólida forma de sus músculos se amoldaba contra mi cuerpo delgado. Mi coño ya estaba mojado y listo para ser penetrado. Mis pechos hormigueaban por ser tocados por él, mis pulmones ardían por aire y mi corazón latía erráticamente en mi pecho con locura.
Darien me agarró por la cadera y me empujó contra su erección dura. Dio un paso adelante, empujándome hasta llegar a la cama.
Me fue quitando la franelilla, deslizándola por encima de mis brazos y la arrojó a un lado antes de hacer lo mismo con mis bragas de encaje. Al instante, me acarició la piel, ahuecando con la palma de sus manos mis senos. Sus manos eran cálidas mientras recorrían y exploraban con movimientos circulares mis delicados senos. Sus labios se perdían a lo largo de mi cuello, lamiendo y mordiendo a la vez que se deslizaba hacia abajo. Convirtió mis pezones rosas en duros picos con un solo toque. Me quedé sin aliento al momento que los succionaba y trazaba círculos con su lengua.
Su toque se volvió hambriento y urgente, como si quisiera tocarme por todas partes al mismo tiempo.
Ansiosamente, vio como Darien se deshacía de sus pantalones. Lo arrojó a un lado, revelando su perfecto y erecto miembro. La anticipación me sobrepasaba. Mi coño hormigueaba por ser llenado por cada centímetro de él, por tenerlo dentro de mí, embistiéndome.
Junté mis piernas y las apreté lo más que pude mientras mi coño liberaba un torrente de jugo. Darien se arrastró sobre mí con una sonrisa pícara y negando divertido con la cabeza. Soportando su peso sobre mis manos, tracé la extensión de su pecho con el dorso de mis dedos, haciéndole cosquillas mientras dibujaba un camino hacia su sexo. Separó mis húmedos pliegues, rodeando suavemente mi clítoris con los dedos.
El primer roce del cuerpo de Darien contra el mío causó un intenso escalofrío a lo largo de mi piel. Envolví la mano detrás de su cuello y tiré de él hacia abajo. Él movió su cadera, acomodando su polla a un lado de mi coño.
―Darien… Por favor…―lloriqueé desesperada, necesitando sentirlo dentro de mí ya.
Darien besó mi cuello, pasándo su lengua por encima de mi pulso. Eso me hizo temblar y que mi coño chorreara aún más. Arañé su espalda sin poder evitarlo. Darien frotó la punta de su polla a lo largo de mi sexo antes de encontrar la entrada y tantear un poco, haciendo mi espera una agonía. Entró fácilmente, trabajando de un lado a otro, dentro y fuera, yendo más profundo con cada empuje, extendiéndome para ajustarme más a él. Finalmente se hundió hasta el final de mi matriz, sacándome un grito de placer cuando lo sentí tocar mi útero.
Mi cuerpo estaba atrapado debajo del suyo. Darien impulsó su cadera hacia delante, tomándome con fuerza y acelerando el ritmo. Lo tomé por las nalgas, alentándolo a que siguiera ese ritmo. La tensión se acumulaba en mis caderas, llevándome al borde de una locura. Se sentía demasiado bien, demasiado perfecto para ser un sueño. Mi coño se apretó fuertemente alrededor de su polla, ordeñándola; mis músculos se tensaron mientras alcanzaba al clímax. Mi visión estaba borrosa y sentía como si mi corazón fuera a estallar en mil pedazos.
Darien gimió, cabalgando y sin detenerse, mientras yo seguía con los rastros de mi tercer orgasmo. Continuaba montándome sin clemencia, podía sentir cómo el hormigueo de un cuarto orgasmo se iba formando en mi punto de placer. Con sus dedos empezó a estimular mi clítoris, con su otra mano atendía mis pezones. Ambos llegamos, sacudiéndonos con fuerza.
Nunca había sentido tanto placer. Darien se retiró de mi cuerpo, deslizándose lentamente antes de caer a mi lado. Él yacía allí, gloriosamente desnudo y sin el menor asomo de vergüenza. Su miembro aún estaba parcialmente erecto, como si fuera a levantarse con la más mínima provocación que yo le diera.
Me sentía agotada. Darien me jaló para quedar durmiendo recostaba en su pecho. Su calor me envolvía y me sentía segura estando a su lado.
.
DPOV
Los rastreadores eran unos imbéciles, pero no por eso debía confiarme. Quizás no fueran capaces de encender una fogata o pescar algo productivo, sin embargo "el líder" al parecer tenía experiencia sobre acampar. Seguía escondido entre árboles, observando todos sus movimientos y recordando sus rostros, números de personas y sus debilidades.
Serena permanecía durmiendo, me lo confirmaba su respiración lenta y pausada, lo que me aliviaba un poco.
El tipo llamado Mark se encargó de cocinar los peces. El líder se hallaba recostado en la piedra, mirando a los demás hacer sin mover un solo dedo.
Cenaron con calma y procedieron a ingerir de una cantimplora un extraño líquido, olía parecido a lo que bebían los guardias, creo que es licor. Estos hombres estaban bebiendo en una noche como esta. ¡Grave error y más puntos a mi favor!
Un gemido provino de mi nido. Serena, gatita, ¿qué estarás soñando? Me reí mentalmente, ya sabía yo lo que ella soñaba y más con ese olor tan inconfundible que me vuelve loco.
Volteé mi cabeza y continué con mi espionaje. A simple vista se podía observar que el líder estaba distraído y relajado, ese hombre sin duda me daría más problemas de lo que imaginé. Sus hombres podían creer que era inofensivo, pero mi instinto me revelaba que estaba en guardia y sintiendo todo a su alrededor, como un depredador.
Sonreí ante la vista de mi nuevo juguete. Me sería muy fácil acabar con él de un solo movimiento. A los enemigos no hay que subestimarlos, eso lo aprendí muy bien.
Salté del árbol lo más lejos posible, en un lugar que ellos puedan detectar el fuego. De mi cintura, desanudé los zapatos de Bella para ir dejando un rastro falso, con tal de que cuando ellos llegaran, notaran las huellas falsas. Nada era seguro en este plan, pero de algo serviría que se alejaran por unos días, hasta que decidiera qué hacer con ellos.
Serena de seguro se pondría triste y me miraría como un monstruo si acabo con ellos. No obstante, no tengo otra opción, es eso o que se la lleven como planean hacerlo. Si deciden no volver a pisar mi territorio, lo reconsideraré.
Debo llevármela a buscar ese dichoso tesoro ¿hindú? ¿O era maya? No importa, cuando estos se alejen a tres o cuatro horas de mi territorio, empezando desde aquí la levantaré y nos pondremos en marcha. Conozco el lugar donde puede ubicarse lo que ella busca. Hace ya un año atrás, buscando por las montañas, encontré una cueva con varios túneles, los cuales conectaban a distintas trampas. Memoricé cada rincón del lugar, sin embargo nunca logré descifrar una pared con extrañas escrituras incrustadas en ella, quizás allí se halle lo que tanto busca mi Bella.
Cerca de la montaña, atravesando una cascada inmensa, se podrá entrar a las ruinas secretas. A simple vista era una cueva común y corriente, pero si uno se adentra se podrán ver cinco túneles subterráneos que conducen a diferentes partes, aunque solo uno conduce al camino correcto. Uno de ellos te lleva a una caída en picada, directo a unas rocas puntiagudas que te atravesarían el cuerpo en menos de dos segundos. El segundo, después de pasar diversas trampas, termina en arenas movedizas.
El tercer túnel te transporta a un camino sin salida, aunque si pisas una piedra incrustada en el suelo, flechas salen disparadas de las paredes, matándote en un instante. Una de esas flechas me hirió en un costado, pero no sería lo mismo comparado con lo que sentiría un humano.
El cuarto túnel es como una tela de araña que conecta con el quinto y último túnel de las entradas, caminas por un buen tiempo y hasta puedes pasar horas y quizás días sin encontrar la salida. Los túneles son alumbrados con antorchas, que misteriosamente se enciende cuando entras en una cámara y se apagan cuando sales. Lo peligroso en este punto es la gran piedra que, gira hasta poder aplastarte y el arma, que te corta en dos.
Busqué algunas ramas y hojas secas y las apilé, de manera que parecieran como si una chica, en este caso mi Sere, lo hubiera hecho. Escarbé unas cuantas sobras de pescados medios comidos y cáscaras de frutas, esparciéndola por el lugar y dejando una botella de agua medio vacía junto una bolsa de esas galletas que come Serena. Con los zapatos me dispuse a marcar el suelo semi húmedo con sus botas, caminando en dirección opuesta a ellos hasta llegar a un río que atravesé y seguí con mi tarea. Al cabo de una media hora, me devolví y encendí el fuego, traje conmigo agua en un coco para cuando tuviera que volver y apagarlo.
Saltando de árbol en árbol arribé hasta donde se ubicaban los hombres, estaban recostados en el suelo durmiendo. No notaron el humo ni de dónde provenía. Uno de ellos, que supuestamente estaba vigilando, andaba medio dormido en un tronco. Todo era cuestión de esperar hasta que uno de estos idiotas se percatara de lo que sucedía. No transcurrió mucho tiempo para cuando el "vigilante" se despertó y se levantó a beber un poco de agua.
―¡Despierten! ―gritaba―. ¡Despierten todos!
―Zack, pequeño renacuajo, te mataré si es para una pendejada ―farfulló el líder.
―Jefe, mire, mire allí. ―Señaló eufóricamente por detrás de unos árboles por donde se podía visualizar humo.
―Debe ser la chica, señor ―dijo otro incorporándose.
Otros dos se fueron acercando hasta el jefe.
―Debemos ir de una vez o se nos irá nuevamente ―declaró Mark.
―No sabemos si es ella con certeza ―replicó uno de ellos.
―José tiene razón. Puede ser ella como puede que no, acuérdense que también vienen cazadores por esta zona ―respondió el jefe―. Aunque, por otro lado, puede que sea la chica.
―Entonces, ¿qué hacemos, jefe? ―inquirió Zack.
―La más lógico, ir a ver. ―Se levantó de su lugar sacudiéndose la tierra, tomó su escopeta y unas navajas y las enfundó en su pantalón―. No perdemos nada con ir y echar un vistazo. Además, el que se quiera quedar, lo puede hacer, a mí no me importa. Lo que quieran venir, siéntanse libres de seguirme.
Todos se miraron entre sí, debatiéndose entre permanecer seguros o arriesgarse a morir. Entretanto el líder se ponía en marcha. Sin dudar los demás caminaron detrás de él sin chistar.
Era divertido ver a mis presas ir directo a mi pequeña trampa. Al menos estoy intentando no matarlos, por mi Sere. Aunque si vuelven a entrar en mi territorio, lo lamentarán mucho.
El viento era frío y la humedad no ayudaba en nada. Particularmente me encantaba este tipo de clima, no obstante temo porque mi Sere se enferme; su cuerpo no es como el mío, que no puede sufrir ningún tipo de enfermedad. A veces me gustaría darle mucho más de lo que le ofrezco. Aunque yo le doy mi amor sincero e incondicional, la amo desde el momento en que la conocí. Ella se volvió mi mundo y todo por lo que vivo, es mi deber como su compañero cuidarla y alejar a estos hombres lo más que pueda de ella; si la llegaran a tocar, mi instinto se saldría de control y mataría todo a mi paso. No me gustaría que Serena me viera manchado de sangre; y aunque no me arrepiento de haber matado a muchas personas, es algo que odiaría que ella presenciara, me destruiría ver su rostro de horror y que llegara algún día a tener miedo de mí.
Seguí por el camino a los hombres, se trasladaban en completo silencio por orden del líder, quien para comunicarse utilizaba ademanes. Sin embargo, sus susurros no servían de nada, puesto que los escuchaba perfectamente.
Solo les faltaba un poco para llegar, así que me moví a toda velocidad para llegar rápido a la fogata y apagarla antes que ellos llegaran.
―¿Estás seguro que era por aquí? ―preguntó el tal Mark.
―Idiota, ¿crees que no sé por dónde voy? ―rezongó el líder.
―N-No. Y-Yo solo decía…que…
―Sé muy bien lo que quisiste decir, así que mira allí, imbécil. ―Señaló la fogata apagada―. Ella debió estar aquí. Miren, barra de proteínas y frutas medio comidas con una botella de agua. Sin dudar estas pisadas son de alguien pequeño y preferiblemente de una mujer.
―El jefe tiene razón, son talla 36, un pie muy pequeño por lo que veo ―dijo Zack.
―La encontraremos y la llevaremos ante el Doc ―aseguró el líder siguiendo los rastros de las pisadas.
Eso sobre mi cadáver, imbéciles. Si se le llegan a acercar a más de dos metros, los descuartizo a todos.
Continuará…
N/A: Chicas primero que todo siento la tardanza pero entre estudios mi beta y yo no nos queda vida y el cap ya estaba desde hace un tiempo solo que no lo tenía ya veteado, espero comprendan y disfruten de la lectura saludos.
Un autor motivado es un autor inspirado.
