Capítulo 6
—señorita, luce hermosa—le dijo la doncella a Candy, quien le había ayudado a peinarse; decidió recoger ligeramente sus alborotados rizos, dejando todo el rostro despejado, que en combinación con el vestido y las joyas, le daban un aire sensual del que no tenía idea.
Llegó quince minutos antes de que diera inicio la obra, la mayoría ya se encontraba en sus lugares, repentinamente, alguien la llamó.
—Candy—era Eleanor, quien al reconocerla, rápidamente llamó su atención.
—señora Eleanor, que alegría verla nuevamente—dijo tímidamente Candy.
—llámame solo Eleanor Candy, anda vamos a mi palco, que hay otra persona que estoy segura le agradara verte—las piernas de Candy temblaron al pensar que se trataba de Terry, intentó negarse pero no pudo al darse cuenta que Eleanor la llevaba casi arrastrando a su lado. Al entrar en el palco, se dio cuenta de que se refería al duque, quien al verla la recibió con una gran sonrisa, poniéndose de pie como el caballero que era.
—Candy, nos volvemos a ver—exclamó el duque—con todo respeto Candy, luces hermosa.
—Gracias, duque—dijo Candy sonrojándose. Rápidamente tomaron asiento al escuchar el anuncio de que la obra estaba por comenzar.
Las luces se apagaron, dejando solo el escenario alumbrado. La obra transcurrió hasta que Terry apareció en escena, a decir de Candy, Terry estaba actuando bien, solo que se podía percibir la falta de emotividad y sensibilidad, y si ella lo había percibido, era obvio que los críticos y el resto de las personas se percataron de ello. El corazón de Candy se llenó de tristeza al ver que los augurios de la prensa eran ciertos: la carrera de Terry había llegado a su fin.
Todo ese tiempo fue una completa tortura para su alma, hasta que anunciaron el receso de la obra. Candy salió en compañía del duque y de Eleanor, los tres iban en total silencio, escuchando las murmuraciones referentes a la actuación de Terry.
Mientras tanto, tras bambalinas, los actores se estaban alistando para continuar con la obra, y mientras Terry se encontraba bebiendo agua, escuchó un comentario que lo hizo despertar de su letargo.
—¿viste que la amiga de Karen se encuentra aquí?
—¿de verdad? No me di cuenta, ¿en qué parte se encuentra?
—se encuentra en uno de los palcos laterales, esta con la señora Baker y un caballero.
—¡no lo puedo creer! En cuanto salga a escena…
Ya no escuchó más la conversación, pues ambos jóvenes se alejaron de ahí. El corazón de Terry latió ansioso por salir a escena, y poder ver a su amada. Se inició el llamado a escena, uno a uno fueron saliendo los actores, hasta que, finalmente llegó el turno de Terry. Inmediatamente su mirada se dirigió al palco en donde estaba Candy, al encontrarse con ese par de ojos verdes que tanto amaba, se llenó de coraje para luchar y demostrar el talento que muchos creían perdido.
El cambio entre el Terry que estaba actuando en esos instantes y el de un inicio de la obra, era evidente, muchos de los presentes se encontraban sorprendidos ante tal cambio. Su actuación era perfecta, llena de la emotividad que el papel requería, Terry se había fundido tan perfectamente con su personaje, que todos los presentes se encontraban realmente conmovidos ante esa actuación.
El público cayó rendido a sus pies, llenando el recinto con sonoros aplausos, que no cesaron hasta ya pasados algunos minutos, mientras Candy derramaba pequeñas lágrimas que secó discretamente, al ver que Terry había recuperado su lugar en la actuación.
—Felicidades Terry—le decía Robert realmente satisfecho con su actuación—los críticos te alabaran.
—Gracias—decía Terry, mientras intentaba salir de ahí lo más rápido posible para poder ver a Candy.
—sabía que lo lograrías Terry—murmuró Susana, sonrojada.
—gracias Susana, pero si me disculpas, tengo que reunirme con mi madre.
—no te preocupes que estará en la fiesta, así que mejor ve a asearte que te estaré esperando.
Terry solo asintió con la cabeza, mientras su corazón regresaba a aquel letargo al saber que no la vería.
—Por favor Candy tienes que acompañarnos—le suplicaba Eleanor, Candy realmente no deseaba ir a la fiesta que se ofrecería, ya que inevitablemente se encontraría con Terry, y el solo pensarlo hacia que su corazón se detuviera.
—Lo siento Eleanor, pero estoy agotada—murmuró Candy.
—lo siento aún más yo Candy, pero no nos puedes desairar—decía el duque, ahora entendía de donde había heredado lo obstinado Terry, así que sin más remedio, aceptó.
La fiesta se llevó a cabo en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad, la mayoría de los ahí presentes eran gente de la alta sociedad y del gremio artístico. Candy no se dio cuenta de que mientras la mayoría de los hombres habían quedado deslumbrados al verla, algunas mujeres la miraban con envidia y admiración.
El duque se había reunido con unos conocidos, que a su vez, Candy conocía pues tenían algunos negocios con Albert, Eleanor la presentó con algunos de sus compañeros del teatro, los cuales no dejaban de elogiarla, provocando que el sonrojo de Candy casi no desapareciera de su rostro.
Terry nunca antes había estado tan ansioso de llegar a una fiesta, mientras buscaba entre los rostros de los ahí presentes, deteniéndose lo suficiente para agradecer los elogios que recibía, vislumbró a lo lejos, una esbelta figura cubierta por un vestido rojo, sosteniendo una copa de champagne mientras reía de algún comentario que le habían hecho. La sangre empezó a hervirle, deseando poder alejar a Candy de la vista de todos los ahí presentes.
Pero a su lado, se encontraba aquello que le impedía hacer sus deseos realidad: Susana. La cual, al ver a Candy en la fiesta, quería salir corriendo de ese lugar llevando a Terry consigo, así que se armó de valor y no se le despegó a Terry ni un solo instante. Terry vigilaba todos y cada uno de los movimientos de Candy, viendo lo bien que se desenvolvía entre los ahí presentes, conversando con diferentes personas mientras veía como una tras otra bebía copas de champagne. Se sintió más aliviado al ver que se había reunido con su madre, quedándose con ella.
—si Dios me hubiera dado la dicha de tener una hija, me gustaría que fuera como Candy—Susana escuchó la respuesta que había dado Eleanor a un reportero. Veía la manera en que Eleanor le sonreía a Candy, en que la estrechaba entre sus brazos, cosa que nunca, ni siquiera cuando Terry las presentó formalmente había hecho con ella.
Veía las fotos que les tomaban a ambas, odiando a Candy por usurpar un lugar que era de ella. Las lágrimas le quemaban los ojos, al percatarse de la forma tan dulce y amable con la que también la trataba el duque de Grandchester, mientras que a ella solo le había dado un cortés saludo al ser presentada por Terry.
—Terry, quiero irme a casa—dijo Susana, intentando controlar el llanto que de un momento a otro estallaría.
—Susana es muy temprano ¿no crees?—le respondió amablemente Terry, lo último que él deseaba era marcharse. Pero al ver la mirada cristalina y suplicante de Susana, no tuvo más remedio que complacerla, una vez más—está bien, iré por nuestros abrigos.
Al ver que Terry había dejado sola a Susana, el duque decidió aprovechar la oportunidad para charlar con ella.
—¿Sucede algo señorita Marlow?—preguntó el duque, sacándola de sus pensamientos—¿A dónde ha ido Terry?
—Terry fue por nuestros abrigos duque—respondió de manera incoherente Susana, era la primera vez en toda la noche en que él se dirigía directamente hacia ella.
—¿A dónde van Terry?—dijo el duque una vez que vio llegar a Terry con los abrigos en la mano.
—Susana está agotada, así que la llevaré a su casa para que descanse.
—¿te molestaría si lo hago yo, hijo? En toda la noche no he tenido oportunidad de charlar con la señorita Marlow, claro si ella no se opone—Terry miraba extrañado a su padre, detrás de esa amabilidad había algo oculto, pero no sabía qué.
—n…o, estaría encantada duque—murmuró Susana, sonrojada.
—muy bien, entonces está decidido, Terry quédate y disfruta la velada—por un breve instante, el duque dirigió una breve mirada en dirección a Candy, es como si él me estuviera ayudando para que pueda acercarme a Candy sin la presencia de Susana, si es cierto, le estaré profundamente agradecido duque, pensó Terry.
Desde el instante en que Susana salió del salón, Terry sintió como si le hubieran quitado un gran peso de encima, sintió cada una de las fibras de todo su ser, vibrantes y llenas de vida, justo como se sentía antes de aquel accidente en el que el invalido parecía él.
Con el corazón latiéndole apresuradamente, no sabía la manera en la que se acercaría a Candy, solo se estaba limitando a admirarla, guardando en su memoria cada uno de los detalles que la vista le ofrecía.
Ese vestido rojo que llevaba puesto, era demasiado incitante, y eso Terry lo supo desde el instante en que veía las miradas, algunas discretas y otras abiertamente descaradas, que le dirigían los hombres cuando Candy pasaba. Esa sonrisa que lo había cautivado, había perdido el brillo, pero no por ello, dejaba de cautivar a los presentes. Aquellas pecas de las que tanto se burlaba, ahora habían adquirido un tono pálido, que las hacían casi imperceptibles, dándole con ello un aire sofisticado del que seguramente, ella no se había percatado.
Lentamente, se acercó al grupo en el que estaba Candy, con ella se encontraban Karen y algunos actores y actrices de la obra.
—¡ah! Por fin nos honras con tu compañía Terry—dijo Karen una vez que lo vio acercarse—déjame felicitarte por tu excelente actuación, sobre todo después del receso, a propósito, ¿en dónde está Susana?
—Se fue a su casa a descansar—respondió Terry.
—Por unos instantes estas fuera de su radar Terry, así que diviértete que la noche es larga—dijo Karen. La plática giraba principalmente en la buena crítica que había tenido la obra, Terry trataba de controlarse para no lanzarse contra sus compañeros los cuales coqueteaban abiertamente con Candy, mientras veía como Candy vaciaba su tercera copa de champagne.
—¿Y por qué aun no te has casado?—alguien le había preguntado a Candy.
—Porque… aun no encuentro al hombre indicado—respondió ella, mirando por un breve instante a Terry.
Repentinamente, Candy se disculpó con los presentes diciendo que saldría a tomar un poco de aire, rechazando la compañía de los presentes. Terry vio como Candy se dirigía al jardín del hotel, así que sin pensarlo, salió tras ella.
Candy aspiraba profundamente el aire fresco, mi corazón late apresuradamente, es como si de un momento a otro fuera a salirse, pensaba Candy mientras tiraba sobre el pasto la copa de champagne que llevaba en las manos.
—Si el anfitrión te viera haciendo eso, seguramente nunca te invitarían a alguna reunión—escuchó que le decía Terry, quien se sintió como un tonto al hacer ese comentario, ya que por los nervios de verla nuevamente frente a frente, sin gente a su alrededor no se le ocurrió otra cosa.
—¡oh por Dios, me asustaste!—respondió Candy, limpiándose unas gotas imaginarias evitando así, encontrarse con ese par de ojos azules que tanto amaba—no es propio de un caballero estar espiando a una dama.
—no te estaba espiando, simplemente pasaba por aquí y vi como tirabas toda esa champagne.
Por un largo rato, ambos se miraban sin decir nada, ambos corazones latían frenéticamente, ninguno de los dos encontraba las palabras adecuadas para continuar hablando.
—Has cambiado—habló finalmente Terry.
—lo mismo digo—susurró Candy.
—nunca imaginé verte rodeada de joyas, y siguiendo las normas de la alta sociedad Candy.
—la verdad es que yo tampoco. Y las joyas, realmente no son de mi agrado, solo las uso porque han sido un regalo de Albert.
—el misterioso abuelo William—sonrió Terry—recuerdo cuando leí en el periódico su presentación en la alta sociedad. Debe de ser un martirio para Albert estar encerrado entre las cuatro paredes de un despacho.
Candy se sorprendió ante lo bien que lo conocía Terry. Albert trataba de que el resto de la gente no se percatara de lo infeliz que era, pero aquellos que lo conocían bien como lo eran Candy y George, no se dejaban engañar, ya que sabían lo mucho que Albert amaba la libertad y lo mucho que disfrutaba estar en contacto con la naturaleza.
—y no te imaginas cuanto, solo espero que ahora que ha terminado la guerra, Albert se tome un merecido descanso, después de que a pesar de los tiempos difíciles la fortuna Andrey no disminuyó ni un céntimo.
—espero verlo pronto y esta vez poder charlar largamente, como en los viejos tiempos.
Terry recordaba las únicas dos ocasiones en que vio a Albert una vez se anunció su identidad, en ninguna de ellas Terry encontró el valor para preguntarle por Candy, y Albert nunca la mencionó.
—tal vez un día de estos te vaya a ver al teatro.
—Has cambiado—dijo repentinamente Terry, mirándola fijamente, causando un ligero sonrojo en Candy—tus pecas apenas son perceptibles…
Guardó silencio por un breve instante, nombrando en su mente todos los cambios que notó en Candy, el cuerpo de aquella chiquilla pecosa, dio paso al que sería el de una hermosa mujer, Terry podía ver bien definidas cada una de las curvas de Candy, provocando que su cuerpo reaccionara como hacía mucho lo había dejado de hacer.
—y no solo físicamente—continuó diciendo Terry—ahora tus movimientos parecen tan estudiados, tan frívolos, y las amistades de las que te rodeas…
—Si te refieres a Elisa—lo interrumpió Candy—creo que al igual que al resto de los que nos conocieron de tiempo atrás, te sería muy difícil entender el porqué de nuestra amistad.
—¿No me digas que descubrieron que después de todo eran compatibles?—preguntó Terry irónicamente.
—Por extraño que parezca, así es Terry—le respondió Candy elevando la barbilla en tono retador, como solía hacerlo en aquellos tiempos cuando Terry se burlaba de ella.
—creo que después de todo, aún queda algo de la Candy que conocí—ese comentario tomó a Candy por sorpresa, provocando su sonrojo.
—gra… cias. Me despido Terry, fue… un placer volver a encontrarnos.
Mientras Candy se giraba para marcharse, Terry la tomó del brazo impidiéndole seguir su camino, la acercó lentamente a él, envolviéndola en su brazos, embriagándose con el dulce aroma a vainilla y rosas que despedía, enroscando un rizo en uno de sus dedos, mientras Candy se encontraba petrificada, esta escena era tan parecida a la de aquella noche, solo que esta vez, podía aspirar la suave mezcla de lavanda que lo envolvía, tenía las palmas de sus manos descansando sobre su fuerte pecho, solo tenía que levantar el rostro para perderse en ese mar turbulento que eran sus ojos, ambos corazones latían como hacía mucho lo habían dejado de hacer, y como el tiempo no se detiene, Terry aflojó el abrazo, una vez más la dejaría ir.
Repentinamente, Candy elevó su rostro, mirando fijamente a los ojos a Terry, tomó entre sus manos el rostro de su amado, acariciando con la yema de sus dedos cada parte del rostro, era más alto de lo que recordaba, así que se paró sobre las puntas de sus pies, y ligeramente, rozó sus labios con los suyos. Rápidamente, corrió al gran salón lo más rápido que le permitieron sus pies, dejando a Terry agonizante.
Sin atreverse a despedirse de la gente que la rodeaba, Candy tomó su abrigo y se dirigió a la seguridad de su habitación en la mansión Fergusson.
