Los personajes de Naruto no me pertenecen, sino a Masashi-Sama.
La historia tampoco, es una adaptación de Kylie Scott. El segundo libro de la saga Stage Dive, con el mismo nombre que la historia.
Muchas gracias a todos los que siguen la historia y le dieron favoritos.Y los que comentan!!!Los quiero!!
Disfruten!
Noche agitada..
Estudié mi reflejo en el espejo del pasillo mientras la fiesta continuaba en la sala de estar. Un lado de mi labio inferior se encontraba ligeramente más hinchado que el otro. Honestamente, lo estaba. Me veía ridícula. El baterista estaba loco. Siempre cabalgando al borde de necesitar admisión inmediata a una bonita habitación blanca, suave y acolchada. Y por un tiempo, incluso fue una especie de manera encantadora un poco convencional. Pero ahora oficialmente perdió toda apariencia de control.
¿Me gustaba morder? No. No, no me gustaba. Tampoco mordisquear y especialmente no me gustaban los chupetones. La marca en mi cuello no me impresionaba y me sentía bastante segura de que tenía un hematoma justo por encima de mi culo donde me presionó contra el mostrador de la cocina.
No hacía falta decir, que su duro y amoroso experimento no fue un éxito.
—Dios, maldito maniaco.
—¿Perdón? —preguntó la mujer que esperaba a mi lado por el baño principal.
—Nada. Sólo maldecía en voz alta. —Le di una amable sonrisa social—. No me prestes atención.
Asintió y volvió a aplicarse brillo labial con la precisión de una artista antes de proceder a acomodarse los pechos.
—Estás con Naruto Uzumaki, ¿verdad? —preguntó.
—Así es. —No diría que me pavoneé exactamente, pero hice correr mis dedos por mi cabello.
La sonrisa que me dio parecía poco sincera, a pesar de ser cegadoramente brillante.
—Creo que es muy valiente de tu parte.
—¿Qué quieres decir?
—Te encuentras fuera de su rango. —Sus ojos se encontraron con los míos en el espejo del baño. Eran oscuros, malos, y de un hermoso color avellana—. Quiero decir, está claro que no estás a su nivel. Pero, por qué no disfrutar de él mientras puedas, ¿verdad?
Lo comprobé en el espejo. Pero, sorprendentemente, no había vapor saliendo de mis oídos. Mi boca se abrió, pero me tomé un momento para encontrar las palabras.
—¿De verdad acabas de decir eso?
—¿Qué? —Se rio nerviosamente, moviendo rápidamente el pelo.
—Soy una completa desconocida para ti.
—Oye, creo que es genial. ¡Vamos hermana y todo eso!
Qué mezquina y envidiosa mentira. De ninguna manera iba a entregarle a esta perra el poder de hacerme sentir inferior.
—No soy tu hermana. Tengo una hermana y nunca me diría algo así.
Los labios perfectamente brillantes de la mujer se abrieron de golpe.
—En serio, cariño —dije—. Tus modales son horribles. Vete a la mierda.
La puerta del baño se abrió y tomé mi turno, cerrando la puerta con un poco más de entusiasmo del necesario. Mis hombros se elevaron en torno a mis oídos cuando me dirigí de nuevo a la fiesta, la leve palpitación en mi labio casi olvidada. No miré atrás hacia la perra.
Personas. Maldita sea.
La música de rock pesada me golpeó, manteniendo mi reciente agitación. Quería golpear algo. No a alguien, sino algo. Sólo darle a una pared inocente un golpe con la mano para dejar salir algo de la presión que se acumulaba dentro de mí. Ralenticé mi respiración, intentando tranquilizar mi mente maldiciendo.
Todo se encontraba bien.
Naruto, Itachi, y Kiba se encontraban al lado, tomando sus bebidas, ignorando las miradas esperanzadoras de las chicas en las inmediaciones. Mierda, ¿así era esto para ellos todo el tiempo? Tenía que volverse viejo. A pocos pasos de distancia, Azumi conversaba con una mujer de su edad. Su mirada se deslizaba de nuevo a Itachi de una manera que no expresaba exactamente interés profesional. Imagina eso.
Fuera del espacio confinado, pude respirar de nuevo. Todo se encontraba bien.
—¿Qué pasa? —preguntó Naruto cuando me acerqué.
Detrás de nosotros, la mujer se pavoneó saliendo del baño, arrojándole a mi falso novio una gran sonrisa falsa. No tenía ni una pizca de vergüenza.
—Prométeme algo —le dije.
—Por supuesto.
Me detuve, sonriendo.
—Ni siquiera vacilaste.
—Estás enojada por algo. —Se inclinó, haciendo que nuestra conversación fuera privada a pesar de la sala repleta—. ¿Qué pasa?
—Prométeme que no dormirás con ella. —Asentí hacia la bruta en cuestión.
Ahora se hallaba ocupada hablando con un anciano, sonriendo y asintiendo. Con toda probabilidad, era prima de Sakura o algo igualmente inofensivo, no una "reina arpía de la oscuridad". Pero eso no hacía correcto su comportamiento.
También, en algún momento cercano, debería tratar de no insultar a alguien cada vez que entrara en este edificio. Era una gran idea.
—No dormiré con ella —dijo Naruto.
—Y tampoco tendrás sexo con ella.
Rodó los ojos.
—Solo para aclarar.
—¿Qué te hizo, Hinata?
—Me insultó. Pero está bien. —Sólo necesitaba saber que nunca conseguiría estar cerca de él. Ahora mi alma se hallaba en paz—. Continuemos con la fiesta.
La cara de Naruto se endureció, su boca apretada.
—¿Qué mierda te dijo?
—Eso no importa. Podría conseguir otra bebida. No tengo idea de donde dejé la mía y de repente el alcohol suena como una buena idea. Siento que necesito lubricación social.
Comencé a caminar hacia la cocina, completamente bien con mi mundo otra vez. La justicia prevalecería. Los pantalones de Naruto se encontraban cerrados para la mujer.
Una mano enganchó mi codo, atrayéndome de nuevo hacia el cuarto de baño. Era un bonito cuarto de baño. Superficies de piedra de color gris oscuro, con partes de cromo brillante. Un gran cuarto de baño, de verdad, pero no necesitaba pasar tanto tiempo en él.
—¿Naruto?
Cerró la puerta. Wuau, sus ojos. No mostraban ni un solo indicio de felicidad.
—¿Qué te dijo?
—Oye, de verdad, está bien.
Apoyé la cadera contra el mostrador, dando el ejemplo correcto y tratando que se lo tomara con calma. No esperaba este nivel de emoción.
—Hinata.
—Sólo necesitaba saber que no obtendría lo que quería, es decir, a ti. La culpa es de mi negro y pequeño corazón vengativo —bromeé.
No se rio.
Con el rostro todavía marcado por líneas furiosas, acechó hacia mí, apoyándome en el mostrador. El borde de piedra gris duro conectó de golpe con la antigua contusión en mi espalda. Me dolió.
—Ouch. —Me froté el punto doloroso, haciendo una mueca.
—¿Qué?
—Creo que tengo una contusión por la mesada de la cocina. Es tu culpa.
Carraspeó de una manera extrañamente sexy. Realmente nunca se me ocurrió que el ruido pudiera encenderme.
—Ya te dije que lo siento por eso.
Me tomó por la cintura y me puso en la parte superior del mostrador. Sus hábiles manos separaron mis rodillas todo lo que mi falda permitió y dio un paso al centro.
—Ah, ¡oye! allí. —Puse las manos sobre sus hombros, presionando contra el atractivo material de la chaqueta del traje—. Retrocede un poco.
—Dime lo que dijo.
—¿Por qué? ¿Vas a desafiarla a un duelo? ¿Pistolas al amanecer?
—Lees demasiados libros.
—¡Ni hablar! —grité, horrorizada.
—Sin duelo. Pero te aseguro que echaré su culo de aquí.
—Naruto, en serio. Lidié con ella. Está bien.
Sólo me miró.
—Muy cortésmente le di las gracias por su opinión y le dije que se fuera a la mierda.
La tensión en su rostro se alivió un poco.
—¿Le dijiste que se fuera a la mierda?
—Sí, lo hice. Canalicé mi Scarlet O' Hara interior y no tomé nada de su mierda.
—Bien. Me gusta ese límite. ¿Y ahora estás bien?
Puso sus manos sobre el mostrador a cada lado de mis caderas, lo que significaba que nos encontrábamos terriblemente cerca. Tan cerca que, con un poco menos de ropa, casi estaríamos juntos en el sentido bíblico.
—Estoy bien. Aunque mi labio inferior está un poco lastimado. No más mordiscos.
Dejó escapar una carcajada.
—Sí, sí. Me imaginé eso cuando jalaste la mitad de mi cabello para lograr alejarme de ti. Sabes que puedes ser un poco violenta, morita. Me gusta eso.
Sonreí y él sonrió y todo estaba bien y correcto.
—Sin embargo, definitivamente no dormirás con ella —le dije, sólo para estar segura. Realmente no me gustaba la mujer—. En serio.
—Mi polla no se acerca a alguien que es grosero con mis amigos. Eso no está bien.
—Tu polla tiene buen gusto, entonces.
Sus ojos se volvieron nebulosos.
—¿Naruto?
—¿Hmm? Lo siento. Me gusta la forma en que dices "polla" y "gusto" en la misma frase.
—Correcto. —Así que no iba ir allí. Me retorcí, siempre muy discretamente en la encimera—. Gracias por preocuparte por mí. Pero tenemos que volver a salir y unirnos a la fiesta. Probablemente la gente quiera ir al baño.
—Hay cuatro más.
Suavemente como una pluma, rozó sus labios con los míos. Cada nervio de mi cuerpo se activó por el contacto.
— Voy a hacer que te sientas mejor, Hinata.
—Ah, sí. Ya dije que me sentía bien. ¿Y te acuerdas de esa línea en la arena que dibujaste para que no nos involucráramos de una manera sexual y esas cosas? Estás jugando con ella a lo grande esta noche.
—No es un problema.
—En cierto modo lo es. No quiero ser tu juguete, Naruto.
—¿Mi juguete? ¿De qué demonios estás hablando?
Sus manos se deslizaron alrededor de mi trasero y de repente fui jalada contra él. Todo él. Y por lo que sentí, gran parte de él tenía un estado de ánimo bueno y duro.
Grité y envolví mis piernas alrededor de sus caderas. Juro por Dios, no era mi intención. Fue un accidente. Cuando apretó su polla contra mí, me generó pensamientos imposibles. Mis hormonas tomaban el control. Toda esta conversación de bebés obviamente les dio ideas. Aun así, hice un esfuerzo simbólico por resistir.
—Está bien, grandote. Eso es suficiente.
Suavemente, besó mi labio inferior.
—¿Todavía duele?
—Totalmente curada.
Oh me duele, me dolía. Sin embargo, un poco más de presión de su pelvis, haciendo que mi mente se tambaleara, haría el trabajo. Me sacudí contra él, incapaz de detenerme. Mis párpados se deslizaron medio cerrados. Maldita sea, se sentía bien.
—No eres mi juguete, Hina. Eres mi amiga. Una en la cual estoy malditamente interesado por muchas razones.
No pude evitar sonreír. —Tú también eres mi amigo.
—Pero sabes, está bien que nos relajemos y pasemos un buen rato. — Demostró este punto amasando mi culo—. No tienes que estar tensa todo el tiempo. No dejaré que nada malo suceda.
Naruto Uzumaki podría haber sido un montón de cosas, pero omnipotente no era una de ellas. Las cosas malas sucedían. Era una realidad de la vida.
—¿Qué estás pensando? —preguntó, frotándose contra mí, una vez más, descarrilando mi tristeza.
—Nada. —En sexo. Estrés. Un poco de ambas cosas, verdaderamente.
—De verdad me gusta tu vestido.
—Gracias. Bonito traje; te ves increíble.
—He pensado en este problema de besos que tenemos.
—No existe un problema de besos. Todo el mundo cree que estamos juntos así que... un trabajo bien hecho por el equipo de Naruto y Hinata. —Levanté el puño alto—. ¡Yay!
Se rio en voz baja. —¿Ves? Puedes ser divertida.
Le di lo que tenía que ser una sonrisa aturdida. Hombre, era hermoso, especialmente así de cerca. Inclinó la cabeza y acarició mi mejilla con la nariz, besando la comisura de mi boca. Los dedos juguetearon con la cremallera en la parte posterior de mi vestido. Sin moverla, sólo ocasionalmente amenazándome con su descenso inminente. Buen Dios, disfrutaba ser amenazada de esta manera por él. Mis pezones se endurecieron, más que listos para ser expuestos. Ellos no tenían ninguna sensatez.
—He estado pensando —dijo—. Tal vez necesitas ser besada en otros lugares.
El hombre era un puto genio.
Muy lentamente, bajó la cremallera uno o dos centímetros. Su sonrisa me desafío a detenerlo. Lástima que perdí todo poder sobre mis miembros. La cremallera fue más abajo, aflojando el corpiño del vestido, haciendo que el frente se abriera. Naruto deslizó un dedo por el escote, deshaciendo el lazo negro.
—¿No me vas a detener? —preguntó en voz baja.
—En cualquier momento. —No existía posibilidad.
Luego bajo la vista.
—Hina. Joder. —Tragó saliva. Una muy buena señal. Suavemente, sus dedos trazaron sobre el hueco en la base de mi garganta.
—¿Si?
—Eres tan malditamente…
Alguien aporreó la puerta, sacándome de mi niebla de lujuria.
—Naruto, es el momento —gritó una voz.
No. ¡NO!
—¿Qu…? —Naruto se volvió, frunciendo el ceño, mientras yo frenéticamente acomodaba mi vestido en su lugar.
La puerta se abrió y Kiba asomó la cabeza en ella.
—¡Por los clavos de Cristo, hombre!—dijo Naruto, con la voz tensa y furiosa—. Hinata podría encontrarse desnuda.
Kiba se burló—: Nunca te importó lo que viera antes. Y si es un problema, hay una cerradura en la puerta, idiota.
—Las reglas cambiaron.
—Mierda, hombre —dijo Kiba, mostrando los dientes en una amplia sonrisa—. Hablas en serio.
—¡Por supuesto que hablo malditamente en serio!Esta es mi jodida novia, idiota.
La mirada de Kiba revoloteó sobre mi cuerpo.
—Sí, bueno, tu jodida novia es bastante linda. ¿Sabes qué? Creo que me gusta.
Cada parte de Naruto se tensó. Tenía fuego en sus ojos. —Tú…
—No. —Agarré las solapas de su chaqueta—. No peleen.
Me miró, con las fosas nasales dilatadas. ¿Qué había en las bodas que invitaban a tanto drama?
—Lo digo en serio —dije—. Se trata de la noche especial de Sakura y Sasuke.
Pero al parecer, Kiba se encontraba demasiado divertido para detenerse ahora.
—¿Recuerdas esa vez que compartimos a una chica en Berlín? Eso estuvo bien... muy bien. Siempre pensé que me gustaría probar otra vez. ¿Qué dices tú, Hina? ¿Te apuntas a un poco de diversión? Prometemos cuidar bien de ti.
Naruto gruñó y me lancé, logrando agarrarlo del cuello. Básicamente colgaba de él. Maldita sea, el hombre era fuerte. Kiba podría ser enorme, pero teniendo en cuenta el estado de ánimo actual del Naruto, no apostaría contra él en una lucha justa. Los músculos de su cuello se hallaban abultados.
—¿Naruto? —dije su nombre con una voz súper tranquila y controlada. En diferentes circunstancias, probablemente hubiera sido una terapeuta impresionante—. ¿Me estás escuchando?
—Sí.
Sus manos agarraron mi culo, sosteniendo un poco de mi peso. Fue algo bueno. Colgar del cuello de alguien era más difícil de lo que parecía.
—Todo está bien. No le hagas caso —dije—. Kiba, vete.
El idiota movió las cejas hacia mí.
—Ahora.
—Claro, Hina. No te preocupes. —Me guiñó un ojo y cerró la puerta.
—Mantén la calma, Naruto. El hombre malo se ha ido.
—Estoy tranquilo —gruñó, sosteniéndome con él.
—No lo decía en serio. Sólo jugaba contigo.
—¿No viste la forma en que te miraba? El idiota lo dijo en serio. —Me abrazó con fuerza—. ¡Pedazo de mala mierda! a veces es igual que Itachi. ¡Debería haber pateado su culo!
—Oye ahora, canaliza a ese cavernícola interior. Estás muy agresivo esta noche.
—No me gusta la gente que dice cosas sobre ti. No deberías tener que soportar eso.
—Bueno, eso es dulce. Pero no necesito que golpees a alguien por mí.
—Nosotros cuatro nos hemos estado golpeando unos a otros desde que éramos niños. Sucede. —Con solo una mano, Naruto jaló la cremallera de nuevo hacia su lugar. Luego me atravesó con una mirada dura—. No querías, ¿verdad?
—En general, prefiero una polla a la vez. Es un defecto mío, supongo...
—Bien.
Le di un beso en la mejilla porque Naruto celoso era una vista impresionante.
—¿A qué se refería con "es el momento"?
—Sasuke quiere tocar un par de canciones para Sakura. Tenemos que regresar. — Suspiró y me sentó de nuevo sobre el mostrador. Sus manos frotaron sobre mis costados—. ¿Estás bien?
—Sí.
Aun así frunció el ceño.
—Sabes, puedes ser un poco intenso a veces, Naruto Uzumaki.
Me observó en silencio.
—Actúas siempre como este tipo despreocupado la mayor parte del tiempo, pero en realidad eres un hombre de muchas capas. Eres un poco complicado.
—¿Sorprendida?
—Sí. Y no.
—Y me llamas complicado. ¿Bailarás conmigo más tarde? —preguntó, sacudiéndose el mal humor.
—Me encantaría.
—Querías otra copa, ¿no? Vamos, vamos a buscarla antes de que comience. —Me ayudó a bajar, sus manos en mis caderas, tratándome con máximo cuidado.
—Eres el mejor novio del mundo. Falso o no.
—¿Cuántos has tenido?
—¿Novios? Dos. —Levanté un par de dedos, por si acaso quería una ayuda visual. Era buena siendo servicial.
—¿Así que soy el número tres?
—No, tú eres el número dos. Las relaciones no son mi especialidad.
—¿No? —Levantó la barbilla, y me miró—. Lo estás haciendo realmente bien, Hina.
—Gracias, Naruto.
0
Tenía un lindo mareo para el momento en que llegamos a casa. Compartimos un taxi con Sai e Ino cerca de las tres de la mañana después de una fiesta increíble.
Por fin oí a Stage Dive tocar en vivo. Eran impresionantes tocando en acústico. Las voces de Itachi y de Sasuke se fusionaban juntas maravillosamente. Cada uno de esos hombres era tan malditamente talentoso que hacían que me dolieran los dientes. Kiba, con su bajo, e incluso Naruto, privado de su kit completo de batería, hizo sentir su presencia de manera asombrosa. Todos se unían en perfecto equilibrio, incorporados a la música.
Tal vez era más tarde de mi hora usual de dormir, pero no quería que la noche terminara. Todavía no. Me acosté de espaldas, mirando el techo de mi dormitorio. Había dejado de girar hace un ratito. La abertura en las cortinas dejaba entrar suficiente luz como para ver. Hace unos años atrás, en noches como éstas cuando el sueño no venía, a menudo hablaba con Naruto. Quiero decir, la versión en afiche de él. Triste y psicótico, pero cierto. Ahora, el hombre mismo dormía al lado.
A veces la vida podía ser una cosa extraña y bella.
Otras veces era sólo un desastre. Pero a veces la belleza se imponía.
Pasé los dedos sobre mis pobres labios doloridos. Casi fueron besados hasta la extinción. Una vez que Naruto tenía una idea en la cabeza, era imparable. Y por lo visto bailar con él significaba entregarse a una mini sesión de besuqueo. Se volvía más y más difícil fingir insatisfacción cada vez que intentaba algo nuevo. Existían tantas formas de besar, que realmente no conocía. Suave y duro, con o sin dientes, las diferentes profundidades de penetración de la lengua aparecieron en gran parte. Y la colocación de la mano. Vaya, la colocación de la mano. Había hecho de todo, desde acariciar suavemente mi cuello hasta masajear mi trasero. Un hombre que sabía qué hacer con sus manos era verdaderamente una fuerza a tener en cuenta. Sólo lo detuve de subir mi falda a media noche.
Una gran noche.
Se dejó puesto sólo su bóxer corto de nuevo una vez que llegamos a casa. Fui al baño para agarrar una peineta y allí estaba él, lavándose los dientes. Un hombre lavándose los dientes nunca fue tan excitante, incluso con la baba blanca burbujeante deslizándose por la comisura de su boca. Mi conjetura sería que él no tenía pijamas. Nop, un hombre como él debía dormir desnudo. Una brillante deducción científica basada en el hombre caliente y fuerte actualmente ocupando mi sofá. Con demasiada facilidad podía imaginar su piel cálida y bronceada expuesta. ¿Dormía sobre su espalda, su vientre o de costado? Estéticamente, sobre su espalda sería más agradable... por varias razones.
Pero si se acostaba sobre el vientre, la larga línea de su columna vertebral sería un espectáculo, con el bono extra de su culo. Vendería algo importante por ver su trasero desnudo. Mis libros, mi lector de libros electrónicos, mi alma, lo que fuera necesario.
Y podría pensar en otra cosa en cualquier momento que quisiera. Pero ¿por qué lo haría?
No, masturbarse era una táctica mucho más práctica. Me encontraba toda despierta y acelerada, mis pezones duros y mis pechos ardiendo en deseos. Había llegado el momento de tomar el asunto en mis propias manos.
—Mm, Sai.
Más gemidos.
Algunos quejidos.
Un ruido sordo.
—Cariño, sí.
—Chúpalo, Ino.
De. Ninguna. Jodida. Manera.
Me tapé la cara con la almohada y en silencio grité. Si ponía música para ahogar sus sonidos (mi táctica usual a seguir para hacer frente a las pasiones nocturnas de Sai e Ino) probablemente despertaría a Naruto.
Dos golpes más. La cama de al lado empezó a crujir. Era tan alto que casi no escuché la puerta de mi habitación abrirse.
—¿Morita, estoy en el infierno? —Naruto entró y se sentó en el borde de la cama.
—Sí. Sí, lo estás. Lo siento. Este es el primero y el peor nivel de todos, aquel en el que puedes escuchar a tus vecinos follando a través de las paredes finas como el papel.
Ino hizo un poco de ruido chirriante al que era particularmente propensa durante tales encuentros. Me encogí de vergüenza.
—Haz que se detenga —susurró Naruto, la boca abierta con horror—. Oh, mierda, no. Esto es horrible.
Los dos empezamos a reír en voz baja. Era la única respuesta sensata.
—Vamos a un hotel —dijo, alejándose de mi cama.
—Son las cuatro de la mañana.
—¿Cuánto tiempo tardan normalmente?
—Han estado bebiendo, así que esto podría continuar durante un rato.
Subí mis rodillas, abrazándolas duro contra mi pecho. No necesitaba enterarse acerca de la situación de mis pezones. La triste verdad era que escuchar a la gente teniendo sexo bueno y ruidoso no ayudaba. Suerte que llevaba mis mejores y más cómodos pantalones de algodón y una camiseta vieja. Eran tan holgados que escondían todo. De lo contrario, tener a Naruto sentado en mi cama tan cerca podría haber sido un toque embarazoso.
—¿No hay algo malo en esta imagen? —dijo Naruto, frunciéndole el ceño a la pared como si lo hubiera ofendido personalmente—. Soy el baterista de Stage Dive. No me mantengo despierto por otras personas teniendo sexo salvaje. ¡Yo los mantengo despiertos! ¡Mantengo putos barrios enteros despiertos!
—Maldita sea, nena. Eres muy buena en esto —gruñó Sai a través de la pared.
—¿Oíste eso? —preguntó Naruto.
—Sip.
—Bien. Eso es todo. —Naruto se puso de pie sobre la cama. Como mucho sólo había unos treinta centímetros entre él y el techo—. Se está burlando de mí. Me está desafiando.
—¿De verdad?
—Ese desgraciado.
—Y siempre pensé que Sai era un buen chico.
Me tendió la mano.
—Vamos, Hina. Debemos defender nuestra falsa vida sexual.
—Mierda. —Le tomé la mano, dejando que me levantara—. No me dejes rebotar fuera del lateral. Y no te golpees la cabeza.
—No voy a golpearme la cabeza. ¿Quieres dejar de ser tan adulta por un minuto? Relájate, diviértete un poco.
—¡Más duro, Sai! —Vino de al lado.
Naruto carraspeó ruidosamente.
—¡Hina!
—Naruto.
—Más fuerte —dijo entre dientes, cuando empezamos a rebotar.
La estructura de madera de mi cama hizo crujidos sorprendentes. Del tipo que no había hecho en mucho tiempo, casi nunca. Si sólo fuera debido a nosotros estando en posición horizontal y desnudos. Eso sería tan genial.
—¡Naruto!
—Eres una chica muy atractiva, Hinata —expresó Naruto por el bien de nuestros vecinos—. Realmente me gustas mucho.
—¿En serio? ¿Esa es tu versión de charla sexual?
—Vamos a escucharte hablar sucio, entonces. Adelante.
Cerré la boca. Se quedó cerrada.
—Cobarde. —Naruto giró el rostro hacia la pared que compartíamos con Sai e Ino—. Sabes tan jodidamente bien.
—¿Cómo a qué? —le pregunté sin aliento, apretando los músculos del muslo. El hombre era afortunado de que no lo atacara con mi vagina—. ¿Cómo a qué tengo sabor?
—Bueno, como a miel, crema y... no sé, ¿a pan?
Arrugué la nariz. —¿A pan?
—Sí. A pan sexy que podría comer todo el tiempo porque eres tan deliciosa y llena de valor nutritivo integral.
La siguiente ronda de risas hizo que los músculos de mi estómago se pusieran rígidos, pero seguí rebotando. Qué raro estar riendo, saltando y calentándose al mismo tiempo. Algunos amigos de Hanabi y míos tenían un trampolín cuando éramos niñas. Sin embargo, nunca había sido tan divertido como esto.
Luego Naruto saltó particularmente alto y golpeó el techo con la cabeza.
Se dejó caer sobre su tan codiciado trasero, frotando la cima de su cráneo.
— Joder. Ouch.
—¿Estás bien?
La cama se derrumbó repentinamente, un extremo de la estructura de madera se estrelló contra el suelo estrepitosamente. El ruido fue impactante. Como el repentino silencio de al lado. Tropecé, me resbalé y acabé aterrizando medio en su regazo. Afortunadamente, un brazo fue alrededor de mí, impidiéndome rebotar más. Nos sentamos allí, básicamente, pecho a pecho, con una de mis piernas arrojada sobre las suyas.
—Rompimos mi cama —le dije, señalando lo obvio.
—En la batalla, los sacrificios deben ser hechos, morita.
—¿Tu cabeza está bien? ¿Necesitas una bolsa de hielo?
Le aparté su lío de cabello rubio de la cara. Tal vez necesitaba medicina sexual. Me sentía tan lista para eso. Estaba justo en la punta de mi lengua sugerirlo. La bravuconería ebria era lo mejor.
—Está bien. —Su sonrisa llegó muy lentamente.
Alguien llamó desde la pared del lado de Sai e Ino.
—¿Los dos están bien?
—Estamos bien —respondí—. Gracias. Continúen.
Pude oír la risa apenas contenida. Mi cara se sentía caliente. Un merecido ardor caliente. Probablemente podrías cocinar un filete en ese ardor. Mierda, todo el mundo se enteraría. Y quiero decir, todo el mundo. Nunca íbamos a superar esto.
—Se están burlando de nosotros —dije.
—Tonterías. Sólo follamos tan duro que acabamos rompiendo tu cama. Desean ser nosotros. El orden natural de la condición sexual ha sido restaurado.
Ambos nos reímos. Era todo tan ridículo.
Pero entonces la risa menguó hasta desaparecer y seguimos sentados allí mirándonos el uno al otro. Su rostro se encontraba en sombras. Imposible leerlo. Pero el engrosamiento de su polla hizo notar su presencia contra mi muslo. Lo que no hubiera dado por saber lo que pensaba. Todo mi razonamiento se fue directamente a entre mis piernas y oh, mierda, se sentía bien. Me hubiera gustado que él hiciera algo porque no me sentía segura de que yo podría.
Reaccionó a mí, pero ¿qué significaba eso? Las pollas hacían cosas. Cosas misteriosas, como ponerse duras sin ninguna razón. El sexo definitivamente no era parte de nuestro acuerdo. Fue específico. Y, sin embargo, todos los besos y las bromas de esta noche...
Nunca estuve tan confundida en toda mi vida. Confundida y cachonda.
Al lado, los ruidos comenzaron una vez más ya que tomaron mi consejo y, efectivamente, siguieron adelante.
—Estoy bastante segura de que no están pensando en nosotros en lo absoluto —dije.
—Sólo por curiosidad, ¿qué tan borracha estás?
—La habitación gira un poco. ¿Por qué?
—Por nada. Mejor nos movemos —dijo, con voz gutural.
Con cuidado, me levantó de encima de él y luego salió de las ruinas de mi vieja cama. Los dos nos quedamos allí, colectivamente ignorando el bulto en sus pantalones. Para nada incómodo. No obstante, tenía que decir que una entrepierna húmeda era mucho más fácil de ocultar.
—Vamos a ver una película —dijo—. Nadie va a lograr dormir pronto.
—Buena idea —mentí y lo dejé arrastrarme fuera de los restos del accidente—. Pobre cama. Pero eso fue divertido.
—Sí, lo fue. No tan divertido como follar de verdad, pero aún así, no estuvo mal.
Mi curiosidad pudo más que yo. O eso, o no tenía modales y de hecho todavía continuaba borracha.
—Hablando de eso, ¿qué pasó con tus conectes? Pensé que irías a visitar a una amiga después de que regresáramos de la fiesta.
—Meh.
—¿Meh?
¿Tenía una media erección y me daba un "meh"?
—Entre preparase para esta gira y estar en una falsa relación seria, no he tenido tiempo.
—Muy bien. —No le creí en absoluto.
En cambio, mi mente alcoholizada dio pasos gigantes de lógica. Pequeña o ninguna razón estaba involucrada. ¿Y si su falta de libido tenía que ver con su necesidad de una novia falsa de alguna manera? Tal vez tenía una verdadera misteriosa novia escondida en LA y yo existía únicamente para poner a la gente fuera de escena. En realidad, no. Esa teoría dolía.
Pero quizás esto se trataba de la apuesta que hizo con Kiba. Se había colocado a sí mismo en esta ridícula esquina con sus bromas locas y ahora su orgullo sería herido si intentaba echarse atrás. Y esa teoría dolió aún más. Sin embargo, ninguna probabilidad cubría que él estuviera triste a veces. Dejé que me condujera a la sala, mi cabeza y mi corazón un desastre no tan sobrio.
—¿Qué hay de ti? No mantuviste en serio las piernas cruzadas hasta que el imbécil volviera a sus sentidos, ¿no es así?
Se sentó en medio del sofá de terciopelo, jalándome a su lado, manteniéndome cerca.
—No, he ido a citas. Sólo que no últimamente.
—¿Cómo que no últimamente?
Levantó el mando a distancia y la enorme televisión volvió a la vida. Su brazo apoyado en el respaldo del sofá detrás de mí, la palma de su mano golpeando repetidamente a un ritmo feroz.
—¿Qué te apetece ver? —pregunté.
—¿No me vas a decir?
—Un par de meses.
Pasaban alguna película de terror. De los años ochenta, si el pelo largo y la permanente en forma de espiral eran algún indicador. Un par de senos apenas ocultos rebotaron su camino a través de la pantalla. Una mujer gritó.
—Esto se ve bien —dijo Naruto.
—Mmm-hmm.
—No te asustas fácilmente, ¿verdad?
—No. A pesar de que me pone triste cuando Johnny Depp se convierte en sopa de tomate.
—Apuesto a que sí. —Sonrió—. Sabes, hablaba en serio.
—¿Sobre qué?
—Sobre ti. —Miró al frente, nunca encontrando mis ojos. La luz de la televisión iluminaba los ángulos y planos de su perfecto rostro—. Me gustas.
—Gracias, Naruto.
Entonces ¿por qué no teníamos sexo? Obviamente, no le gustaba-gustaba. Sólo le gustaba, como había dicho.
Mi mente empezó a girar por todas partes de nuevo.
—No me respondiste que te gustaba —instó, sonando un poquitín inseguro si mis oídos no me engañaban.
—Oh, bueno. —Me giré para mirarlo, entrecerrando los ojos, ignorando los gritos viniendo de la pantalla—. Eres…
—¿Soy qué?
—Tan…
—Vamos, morita, te estás tomando demasiado tiempo. Dilo de una vez.
—Muy...
—Joder. Sólo voy a halagarme a mí mismo.
Suspiré larga y fuertemente, disfrutando de esto inmensamente.
—Eres incorregible —se quejó.
—¿Qué te parece extraordinario? ¿Funciona extraordinario para ti?
—Hmm. —Me dio una pequeña sonrisa de satisfacción—. Sí. No está mal. Quiero decir, sin duda comienza a cubrir la gloria que soy.
—Y presumido. Muy, muy presumido.
—Mientes. —Sus dedos danzaron sobre mis costados, haciéndome reír y retorcerme—. Soy la perfecta humildad.
—No. No me hagas cosquillas.
—Admite que soy tu razón de ser. ¡Admítelo! —Su brazo vino alrededor de mí, presionándome en él mientras trataba de escapar—. Mierda, no caigas de la silla de nuevo. No puedo soportar más golpes en la cabeza para salvarte.
—Entonces deja de hacerme cosquillas. —Resoplé.
—Hacerte cosquillas. Por favor. Como si fuera tan inmaduro. —Una mano se acercó y suavemente presionó mi cabeza en su hombro y un brazo alrededor de mí se apretó—. Shh, tiempo de silencio ahora.
El mareo caliente llenándome era diez veces mejor de lo que el alcohol podía proporcionar. No, un millón de veces mejor, porque venía con la ventaja añadida de oler y sentir a Naruto Uzumaki.
—Relájate —dijo.
—Estoy relajada.
Cosas pasaron en la gran pantalla. Nada de eso importaba. Mis ojos se cerraron mientras me concentraba en él. Cualesquiera que fuesen sus razones para estar aquí, había pocas probabilidades de que alguna vez yo lograría lo que quería. Era la condición humana el desear siempre más. Dicho esto, lo que tenía por el momento era malditamente muy bueno.
Continuará...
