Capítulo 7: Sentimientos encontrados.

Ron permanecía estático en su lugar; con las manos en los bolsillos de su pantalón corto y el viento cálido jugando con sus rojos cabellos, miraba embelezado a esa castaña que se acercaba a él a lentos pasos, torturándolo por necesitar que llegue pronto a él y al mismo tiempo, que no lo hiciera.

Hermione caminaba hacia el encuentro con el pelirrojo prácticamente arrastrando los pies, como si los pocos segundos de diferencia que pudiera haber entre acercarse rápido o despacio, le dieran la respuesta a cómo debía actuar frente a él. En cada paso que daba se debatía entre si era una buena idea acercarse o no y la discusión mental seguía mientras más se aproximaba a él, aunque ya era demasiado tarde para dar un paso atrás. Siguió caminando, mirándose los pies para no observarlo, mientras intentaba convencerse de que hacía bien, tenía que aceptar su presencia mientras estuviera en la isla, sobre todo si pertenecía al grupo de amigos y en definitiva, había llegado ya a la conclusión de que era una mujer adulta, racional e inteligente, con su vida prácticamente hecha, con un novio maravilloso, con un trabajo perfecto y… Llegó. Levantó su cabeza, el sonrió:

- Hola – Fue todo lo que dijo, con esa endiablada sonrisa suya. Ella contestó la misma palabra, con una sonrisa de niña boba…

¡Maldición! – Pensó – Al traste con la adultez, la racionalidad y todo lo que había pensado hacía solo unos segundos… ¡¿Qué diablos le pasaba?! No podía ser que una simple sonrisa de él lograra que su coeficiente intelectual descendiera en picada.

- ¿Hermione, estás bien? – Preguntó el pelirrojo, notando que la castaña había vuelto a mirarse los pies y tenía el semblante extraño, como si estuviera sacando cálculos algebraicos.

- ¿Qué? – Contestó, mirándolo de nuevo – Ah si, estoy bien, solo pensaba… No es nada, no te preocupes, supongo que debe ser el calor que me está afectando el cerebro ja ja – Soltó y se mordió el labio cuando se dio cuenta de lo que había dicho y al notar que Ron sonreía más abiertamente… ¿Calor? ¿Acalorada por él? – Ya sabes, porque es un día de verano infernal – Intentó aclarar, sonrojándose al extremo y maldiciéndose una vez más por sus aclaraciones que solo lograban enterrarla más. Bajo nuevamente la cabeza, deseando con todo su ser poder ser un avestruz por un momento para esconder la cabeza en la arena.

- ¿Quieres ir a nadar un rato? – Preguntó Ron de pronto.

Nadar, sacarse la ropa, estar semi desnudos, mojados, cerca… La cabeza de la castaña trabajaba a mil por hora… No, no era una buena idea…

- Ahora no, no he almorzado aún y empiezo a tener hambre – Contestó mirando hacia el mar; había decidido que era mala idea mirarlo a él.

- Genial, yo también muero de hambre, vayamos a comer algo.

¡Diablos! Ahora parecía que quería tener una cita con él…

- Lo siento Ron, es que he quedado con Fleur – Por el cambio de semblante de Ron, notó que estaba claramente desilusionado. Pensó en cambiar de opinión e iba a hacerlo cuando vio que una mujer se acercaba a ellos y comprobó que se trataba de la novia del pelirrojo.

- Hola – Saludo Cho, besando la mejilla del pelirrojo y sonriendo a la castaña. – Me dijo tu madre que seguramente estabas aquí. ¿Hermione, verdad? – Preguntó, virándose hacia la castaña.

- Así es – Contestó Hermione, extendiendo su mano para saludarla.

- Ah no, nada de formalidades – exclamó la oriental, abrazando a una conmocionada Hermione mientras Ron las observaba sonriente – Tu perteneces a la pandilla, por lo tanto eres una amiga, aunque no te conozco. Pero créeme que me encantaría hacerlo ¿Has almorzado ya? – Soltó sin más, sonriendo ampliamente, algo que terminó de desconcertar a la castaña.

- De eso estábamos hablando precisamente – Contestó Ron tomando por la cintura a su novia, mientras Hermione se tocaba el cabello completamente nerviosa e intentaba sonreír.

- Genial, ¡yo tampoco! ¿Almorzamos juntos?

- Eh, me encantaría pero Fleur me esta esperando. Quizás en otra oportunidad – Dijo con una sonrisa amable, intentando mantener la calma ante la tensa situación en la que se encontraba. – Será mejor que me vaya ahora, nos veremos después – Soltó, dejando a la pareja mirándose con sorpresa cuando ella salió corriendo de allí.

- ¡Un placer! – Grito Cho, tratando de que una fugada Hermione la escuchara. – Es un tanto extraña ¿no? – Se dirigió hacia Ron.

- No, solo es un poco tímida – Intentó convencerla el pelirrojo – Vamos a comer algo, ¡muero de hambre!

- ¡Que raro de ti! – Se burló la oriental abrazándose más a su novio y empezando a caminar junto a él para salir de allí. Ron pasó su brazo por los hombros de su novia y juntos se dirigieron a su casa para almorzar, sin poder dejar de sentir que ningún alimento que ingiriera podría calmar la ansiedad que sentía en ese momento.

Hermione se encaminaba hacia la casa hecha una furia, ¿Cómo podía ser tan tonta? El se divertía a su costa y ella se lo permitía… Pero eso iba a cambiar. Si el quería jugar, ella iba a hacer lo mismo. ¡Ojala estuviera Cedric para pasárselo por las narices! De repente se dio cuenta de lo que pensaba y se tomo la cara con las manos, meneando la cabeza… ¿Cómo podía estar pensando en utilizar a su novio para vengarse de ese idiota? Se sintió la peor basura y llego a creer que estaba perdiendo la razón. Antes de llegar a su casa, vio a Fleur saliendo al balcón dispuesta a tomar sol con su bikini puesta, unos anteojos de sol descomunales, una gran capelina y unas sandalias de tacón que le sacó una carcajada involuntaria. Fleur parecía una diva de los ochenta, por un momento se la imagino al lado del mecánico y no pudo más que reír y sentir pena por el pobre muchacho. Se acercó a ella y se sentó en la reposera de al lado, sin poder quitar los ojos de su extravagante amiga.

- ¿Dónde estabas? ¿No íbamos a almorzar?

- Si, precisamente venía a buscarte para eso – Contestó la castaña, intentando no tocar el tema sobre su encuentro con Ron y Cho.

- Bueno, me pongo la bata y vamos. – dijo la rubia levantándose de su reposera.

- ¿Irás vestida así? – Hermione intentaba contener la risa.

- No, te dije que me pondré la bata encima… No me tardo. – Concluyó, entrando en la casa. Hermione se limito a esperarla, cayendo en la cuenta de que si su intención era pasar desapercibida por la isla, su amiga no iba a ser de gran ayuda…

En la casa de los Weasley, Ron y Cho almorzaban en la cocina mientras Molly ponía una especie de ungüento en las heridas de Fred en su habitación. La pareja estaba en silencio, roto cada tanto por los alaridos del gemelo.

- Pobre Fred ¿no? Bueno, de alguna manera tiene que aprender que su estilo de vida lo lleva por mal camino – rompió el silencio Cho.

Ron no contestó. Masticaba un sándwich mirando la puerta como si esperara que alguien entrara por allí en cualquier momento.

- Ron, ¿me estás escuchando?

- ¿Qué? Ah si, te estaba escuchando – Contestó el pelirrojo, como despertando de un sueño – Podemos ir al mar después.

- Bueno… Parece que, o tienes problemas de audición o no me estabas escuchando… Estaba hablando de Fred. – dijo Cho escudriñándolo con la mirada.

- Nada de pobre… Se lo merece por ser tan idiota y de alguna manera tiene que darse cuenta de que su vida lo llevará tarde o temprano por mal camino – sentenció el pelirrojo, dándole una gran mordida al sándwich.

- Eso es precisamente lo que te estaba diciendo… No me estabas escuchando… ¿Estás preocupado por algo?

- ¿Yo? No, por nada, ¿por qué habría de estar preocupado?

- Por nada… Olvídalo – Cho decidió abocarse a su sándwich y olvidarse por el momento de intentar tener una conversación normal con Ron. Estaba distante y muy raro… Y sospechaba que Hermione tenía algo que ver pero lo averiguaría después.

- Voy a ver como esta Fred – Le dijo a su novio que solo asintió con la cabeza sin dejar de mirar la puerta. Meneando la cabeza, dejó el resto del sándwich en el plato y se dirigió a la habitación del gemelo.

Molly terminaba de pasarle el remedio por la espalda a su hijo cuando tocaron a la puerta. Cho apareció detrás de ella con cara de preocupación y la señora Weasley la recibió con un abrazo afectuoso para luego despedirse y dejarla junto a su dolorido y quejoso hijo.

- Hola Cho… - Saludó el gemelo con voz lastimera.

- Hola… ¿Cómo te sientes? – Preguntó, sabiendo la obvia respuesta.

- Fatal. Siéntate por favor. ¿Qué te trae a mis aposentos? – Los gemelos tenían siempre esa simpática manera de ser a pesar de cualquier situación, por mala que fuese.

- Vengo a ver si ya aprendiste tu lección – dijo sin más, sentándose junto a la cama de Fred.

- Si te refieres a si aprendí a no quedarme dormido ebrio en la playa, bueno… Sí, aprendí mi lección…

- No, me refiero a si dejarás de comportarte como un completo patán – Lo retó la oriental.

- ¡Oye! No me maltrates, ¿no ves que estoy sufriendo?

- ¡Te lo mereces, por herir a mi amiga!

- ¿La rubia esa es tu amiga? Bueno, debería saber que no debe tomar en serio a un borracho.

- Me refiero a Lavender…

- ¿Qué hay con ella? ¡No le hice nada!

- ¿No le hiciste nada? A ver… - Cho se acomodó en la silla y lo miró fijamente, intentando sonar lo más seria posible. – Te besuqueaste con una mujer delante de sus narices, cuando bien sabes que ella esta perdidamente enamorada de ti, cuando podrías haberte ido a besarte con esa muchacha a otro lado…

- Estaba muy ebrio Cho y yo…

- ¡Y tú nada! No me interrumpas y no te justifiques porque sabes que no tienes razón. Fred, mírate… Eres un chico inteligente, guapo y muy divertido. Entiendo que eso de "cazar chicas bonitas" es muy "entretenido" pero… Creo que, así como estas, deberías darte cuenta de que has llegado muy lejos ya… ¿Hasta cuando piensas seguir con estas cosas?

- Cho… Yo no soy de esos que se comprometen…

- ¿Por qué? ¿Acaso tan poco te valoras?

- No es eso… Es solo que… Mira, Lavender es una buena chica pero… No debería fijarse en alguien como yo.

- En quien debería fijarse Lavender es un asunto de ella y no es ese el quid de la cuestión. Creo que deberías ser más gentil con Lavender y dejar de herirla. Si no quieres estar con ella bueno, pero no la hagas sufrir. Y ya deja de comportarte como un niño, ya has comprobado que solo te trae problemas. ¿Se han cuidado?

- Yo… No lo recuerdo… - Fred hundió la cara en la almohada, sin atreverse a mirarla… Sabía que le esperaba una buena reprimenda. Y no se equivoco.

- ¡¿No lo recuerdas?! ¡Fred Weasley, eres un completo idiota! – Gritó, levantándose para abandonar la habitación.

- Lo se… - Dijo completamente apenado, pero Cho no lo escuchó ya que en ese momento salía del cuarto dando un portazo.

Cho decidió volver a la cocina… Prefería intentar averiguar que le pasaba a Ron antes que pasar un segundo más con el irresponsable gemelo. Al llegar notó que el pelirrojo se había ido y que Molly levantaba los restos del almuerzo de la mesa, refunfuñando por el desorden dejado.

- Molly… ¿Dónde está Ron?

- Se fue a dormir… Lo siento cielo, sabes que mi hijo es como un bebé… Come y duerme… ¿Quieres un té?

- No, está bien Molly, aprovecharé que Ron está descansando e iré a ver a Lavender. – Dicho esto, saludo a Molly con un afectuoso abrazo y salió para ver a su amiga.

Lavender aprovechaba el soleado domingo de franco caminando descalza por una playa alejada de la muchedumbre y de donde solían estar sus amigos; necesitaba aclarar su mente y para eso tenía que relajarse y estar sola. Quería evitar por sobre todas las cosas pensar en Fred, aunque a veces no podía evitar que su sonrisa apareciera en su mente para torturarla un poco más. Vio una gran roca el la orilla y se sentó, mirando hacia el océano y las olas rompiendo en la piedra que le mojaban las piernas descubiertas por su corto vestido de verano. Se sentía desdichada y solitaria; tenía tanto amor para dar y nadie que lo recibiera… Una lágrima rebelde escapó de cada uno de sus ojos y ella, como queriendo ocultarla las sacó con manos rápidas y temblorosas, aunque no había nadie allí, o al menos, eso pensaba ella.

- Hola… - Dijo una voz masculina a sus espaldas y ella se volteó sobresaltada. - Lo siento, no era mi intención asustarte – expresó el extraño con una tímida sonrisa – Pero es que me pareció que estabas triste y… solo quería saber si podía hacer algo por ti.

- Estoy bien, gracias, solo… Estaba disfrutando de este bello día – mintió la rubia, aunque muy mal ya que el hombre sonrió, demostrándole que no le había creído ni una palabra.

- Ok… No es esa la manera en que se suele ver a la gente disfrutando pero digamos que por ahora voy a creerte – Lavender lo miró con el ceño fruncido y el sonrió más abiertamente – Por cierto, mi nombre es Cormac McLaggen – dijo, extendiendo su mano.

- Lavender Brown – contestó la rubia estrechando la mano de Cormac.

- ¿Puedo sentarme contigo un momento Lavender?

Ella asintió y el se sentó a su lado. Pasaron la tarde conversando y conociéndose, Cormac era un hombre muy guapo, inteligente y caballero y Lavender no pudo evitar perderse en esos ojos que la miraban con una mezcla de ternura e interés. Las lagrimas cambiaron por sonrisas y la tristeza por esperanza ya que, aunque Cormac era un completo extraño, había logrado que un arco iris apareciera en el tormentoso corazón de la rubia.

Luna caminaba hacia la casa de Lavender y al llegar vio que Cho estaba sentada en la entrada con los codos apoyados en sus rodillas y la cabeza entre sus manos, como si estuviera aburrida.

- Cho, ¿Qué haces aquí sentada?

- Nada, vine a ver a Lav-Lav pero parece que no está aquí – Contestó con una media sonrisa.

- Ya veo… ¿Y por qué no te fuiste?

- No lo se… Supongo que esperaba que apareciera en cualquier momento.

- Oye, ¿estás bien? – Luna se sentó al lado de su amiga, con una expresión preocupada en su rostro.

- Si… Es solo que estoy preocupada por ella, no estaba bien en la fiesta y la he llamado esta mañana y no me atendió el teléfono.

- Entiendo… Pero no te preocupes Cho, Lavender es una mujer fuerte, saldrá adelante… Y no está sola, nos tiene a nosotras y a Ron… - Al nombrar al pelirrojo, Cho hizo un gesto contrariado que llamó la atención de Luna – Por cierto, ¿dónde esta Ron?

- Durmiendo. – Fue todo lo que dijo y se miró los pies, para evitar mirar a su amiga. Sabía que Luna era muy astuta y nunca se le podía engañar.

- En serio Cho… ¿Seguro que te encuentras bien?

- Si… Solo estoy un poco aburrida… ¿Qué te parece si caminamos un poco?

- Me parece bien… No tiene mucho sentido que nos quedemos aquí sentadas con tan bonito día.

Se levantaron y se dispusieron a caminar cuando Cho agarró fuertemente del brazo a Luna, frenándola para hablarle al oído.

- Mira… Ahí están Draco y Pansy, pareciera que están discutiendo.

Luna miró hacia donde le indicaba su amiga y los vio: Pansy le gritaba a Draco y éste miraba hacia el suelo, como si fuera una madre retando a su hijo. Sintió una opresión en el pecho cuando le vino a la mente la posibilidad de que estuvieran discutiendo por ella… ¿Y si Pansy se había enterado de lo que había pasado entre ellos?

- Pobre Draco ¿no? Le va a costar cara su "noche loca" – Opinó Cho, sacando a Luna de sus pensamientos.

- ¿Piensas que está enojada por eso? – Preguntó, intentando esconder el miedo en su voz.

- Si, ¿por qué más? – Interrogó Cho, sospechando de la pregunta de su amiga.

- No, por nada… Vamos por otro lado, será mejor no encontrarnos con ellos ahora – Dijo Luna, tomándola del brazo para dar la vuelta.

- Bueno aunque no creo que haga falta… Mira, parece que ya se están reconciliando.

Luna se giró nuevamente para verlos y entendió a que se refería su amiga. Draco y Pansy se besaban, mostrando un espectáculo digno de aplausos y envidia para muchos. Luna sintió que el corazón se le encogía y no pudo evitar emitir un pequeño gemido que fue escuchado por Cho, que la miró levemente sorprendida. La rubia no dejaba de observar a la pareja y cuando ésta dejó de besarse, se abrazaron y los ojos de Draco se posaron en ella. Se sostuvieron la mirada unos segundos que para ella fueron eternos… Y cuando su corazón dijo basta y las lágrimas afloraron en sus ojos, se dio la vuelta y empezó a caminar ligero, con una sorprendida Cho corriendo tras ella.

Ron se sentía la peor persona del mundo… Debía hablar con su novia, no podía hacerle lo que le estaba haciendo. Cho era una persona maravillosa y él se estaba comportando como un verdadero patán con ella. Hermione lo confundía y mucho, desde que la había visto esa noche en la playa no había podido quitarla de su cabeza. Y aunque no había pasado nada entre ellos, sabía que lo deseaba y eso no era justo para Cho. Tenía que decírselo… Aunque, cuando pensaba en eso, le parecía una estupidez. ¿Qué le iba a decir? ¿Qué no quería estar con ella porque no podía quitarse de la cabeza a una mujer que quizás jamás se fijaría en él? ¿Y si perdía a una increíble mujer como su novia por otra que tal vez se casaba con otro hombre y él se quedaba solo para siempre? No… Debía asegurarse primero de lo que le pasaba con Hermione… Quizás era sólo un capricho y nada más, tal vez era sólo una confusión… Tenía que verla. Se levantó y salió de su casa, ante la mirada de reproche de su madre que él eludió con un gesto de su mano, aparentando que todo estaba bien. Necesitaba aclarar de una vez por todas esas dudas que estaban carcomiendo su cabeza.

Hermione observaba sentada en un medano a la gente que comenzaba a irse de la playa sin poder dejar de pensar en la mala suerte que había tenido desde que había arribado a la isla. Había llegado a ese lugar con intensiones de ver a sus amigos y apenas lo había hecho. Después de almorzar con Fleur – Que no había hecho más que hablar mal del mecánico una y otra vez – había ido a la casa de Lavender, luego de Luna, siguió en la de Draco y por último a la de Harry pero no había tenido suerte con ninguno… Al único que había encontrado fue a Neville que, aunque la invitó a pasar, notó que estaba acompañado por una bella morena y no quiso arruinarles el bello momento que parecían estar pasando. Frustrada y sola – ya que Fleur había terminado por acceder a ir a buscar su auto ante la persistente negativa de ir ella – se sentó a mirar el océano, sin poder dejar de desear que Cedric terminara con su juicio lo antes posible para acompañarla en sus, por el momento, desastrosas vacaciones. Y, como si pensar en Cedric fuera la clave para llamarlo, vio aparecer a Ron… El pelirrojo se acercaba a ella arrastrando los pies por la arena, como si no se atreviese a hacerlo. Sintió que su cuerpo temblaba de los nervios al verlo aproximarse, sin saber como salir de allí para evitar su compañía.

- Hola… ¿Por qué estás sola? – Preguntó cuando llegó a su lado, sentándose con ella.

- Digamos que no es mi día de suerte… - contesto, encogiéndose de hombros – No pude encontrar a ninguno de los chicos.

- ¿Merendamos? – Preguntó y Hermione lo miró extrañada, como si eso fuera lo último que esperaba escuchar de él. Por un momento pensó en decirle que no, lo mejor era estar lo más lejos posible de él, sobre todo porque cuando la miraba con esos profundos ojos azules sentía perderse en ellos. Y lo último que esperaba era perder la cabeza por un hombre al que apenas conocía. Recordó la conversación de la noche anterior… Bueno, no iba a negar que era apuesto, pero también un completo idiota… Mientras siguiera pensando en eso iba a salir adelante. Seguramente iba a sobrevivir a una merienda, ella era una mujer inteligente y una cara bonita no iba a descomponer su vida.

- Esta bien – respondió, aparentando seguridad en la voz.

- Excelente, espérame aquí solo un momento, ya regreso… ¡No me tardo! Gritó cuando se había alejado unos metros de ella.

Hermione sonrió, mientras jugaba con la arena con sus pies. Indudablemente había ido a buscar su billetera para hacerse el gran galán y llevarla a un restaurante caro para que ella cayera a sus pies. Pero su plan iba directo al fracaso, ella no caía en las redes de un hombre por esos detalles. Podía estar tranquila… El sonido del celular la sacó de sus pensamientos y al ver que se trataba de Cedric, una mezcla de sentimientos la envolvió: Por un lado se sintió feliz de que fuera él y por otro, no entendía por que pero sentía un dejo de culpa por la situación en la que se encontraba en ese momento… Sabía que muy dentro de sí, deseaba pasar esa tarde con Ron y eso la hacía sentir una criminal.

- Hola amor – Dijo aparentando tranquilidad en su voz, aunque se sentía como si estuviera engañándolo.

- Hola vida, ¿Cómo la estás pasando? ¿Me extrañas?

- Mucho. – Hermione cerró los ojos y apretó los labios. Se sentía como si estuviera siendo juzgada por un crimen.

- Yo también… Sólo llamaba para saber como estabas, debo dejarte ahora porque estoy en un pequeño receso y ya debo entrar nuevamente. Te quiero y te prometo que estaré pronto allí…

- Esta bien… Yo también te quiero… Cuídate.

Cuando colgó, unas inmensas ganas de llorar la invadieron. Lo necesitaba y mucho. Ojala hubiera estado en ese momento junto a ella, ojala la hubiera acompañado en ese viaje. Debía terminar con todo esa locura de una vez. No podía creer que una mujer racional e inteligente como ella estuviera comportándose como una niña por un completo extraño, porque eso es lo que era Ron. Miró hacia donde se había ido el pelirrojo y lo vio venir… Su corazón se detuvo por un momento, eso si que no se lo esperaba… Ron caminaba hacia ella trotando, con una gran canasta en sus manos. Al llegar, sacó una manta que tendió en la arena y sacó de la canasta galletas, dos vasos y un termo con chocolatada. Hermione observaba toda la escena con la boca abierta; jamás hubiera esperado un detalle semejante de él…

- ¿Cuando hiciste todo eso? – Preguntó, sin poder evitar sorpresa en su voz.

- Recién… ¿No te gusta? ¿Prefieres ir a un lugar más… elegante?

- No… Al contrario, me encanta Ron…

Por la sonrisa de felicidad de él, se dio cuenta que "me encanta" era precisamente lo que esperaba escuchar y por lo tanto, lo último que debía haber dicho. Ron se sentó a su lado en silencio, contemplando el océano mientras el viento jugaba con su cabello. Ella lo observaba a él, odiándose por tener que evitar un tonto impulso de querer pasar sus dedos por ese cabello.

- ¿Recuerdas cuando fuimos a ese bosque a buscar el tesoro? – Habló Ron de repente, sin dejar de mirar el océano. – No lo hubiera admitido ni bajo tortura en ese momento pero estaba aterrado – una sonrisa se dibujo en su rostro y Hermione no pudo evitar hacer lo mismo – Aunque parezca ridículo, haber estado contigo esa noche me dio tranquilidad… Eras una niña muy valiente Hermione, yo era un cobarde…

- No eras un cobarde Ron, sólo eras un niño y todo eso era nuevo para ti. Yo me crié aquí y estaba acostumbrada… - Ron la miró con una sonrisa y el corazón de Hermione comenzó a latir muy rápido.

- Lo se… Lo mejor que pudo haberme pasado cuando llegue aquí fue conocerte… Y aunque te fuiste, jamás te olvide.

Hermione desvió la mirada hacia el océano; Ron no se lo estaba haciendo fácil.

- ¿Tú me olvidaste? – Preguntó, con un nudo en la garganta.

Se odió por ello pero creyó que era lo mejor. Tomando aire y mirándolo a los ojos, le dijo con la voz más segura que pudo:

- Si… Lo siento Ron pero… Si, te olvidé… No es que no fueras un buen muchacho pero… Era una niña y apenas estuve contigo un solo día. No me odies…

Ron negó con la cabeza sonriendo pero ella notó que mentía… Seguramente la odiaba y tenía razón. Pero ella no podía decirle que nunca lo había olvidado y que no había podido desprenderse de esa pulsera en todos esos años que habían pasado desde la última vez que se habían visto. Tenía que alejarlo de ella como fuera, así tuviera que mentirle.

El sol comenzó a esconderse y empezó a sentir frío. Ron lo notó y cubrió sus hombros con una pequeña manta que había quedado en la canasta. Al sentir las manos del pelirrojo en sus hombros, Hermione sintió una descarga eléctrica recorriendo todo su cuerpo y fijó la vista en esas manos, sin poder evitar encontrarse con el rostro del pelirrojo muy cerca del de ella.

- Es cierto… Pasamos un solo día juntos, no tienes por qué recordarme – Dijo en un susurro – Pero ahora pasaremos más de un día… Podemos ser amigos, ¿no? ¿Qué opinas? – Terminó, alejándose de ella y volviendo a sentarse.

- Claro Ron, me encantaría – Contestó, asintiendo con una sonrisa.

- Perfecto. – La felicidad de Ron por la respuesta de ella no podía ser más evidente – Vamos, me gustaría enseñarte algo.

El pelirrojo le tendió una mano, invitándola a pararse y ella la tomó, sin poder evitar sentirse insegura por aceptar al ofrecimiento de él. Salieron de la playa y caminaron unas cuadras en total silencio; comenzaba a oscurecer y Hermione no podía dejar de preguntarse a donde la llevaría. Le preguntó varias veces por el camino pero él solo atinaba a sonreír y contestar que era una sorpresa. Sonrió abiertamente cuando llegaron al oceanario y lo miró con el ceño fruncido cuando el quiso taparle los ojos con una venda.

- ¿Para qué quieres taparme los ojos? ¡Ya vi donde estamos!

- Vamos, no seas cabeza dura, confía en mí.

Hermione suspiró rendida y termino accediendo, aunque tenía la seguridad de que terminaría arrepintiéndose de ello. Ron cubrió los ojos de ella con un pañuelo oscuro y la tomó de la mano para guiarla hacía donde pretendía llevarla. Ron sentía que iba a morir en ese momento si no la besaba; se veía tan indefensa con los ojos tapados y dejándose guiar por él y le gustó saber que confiaba en él. Pero, contra todo su ser, se contuvo y siguió caminando con ella. Hermione intentaba controlar los nervios que le producía estar con él a solas en ese momento y sin saber con qué se iba a encontrar cuando le descubriera los ojos. Hasta que se detuvieron y sintió la mano de Ron bajando el pañuelo lentamente de su rostro. El corazón de la castaña se paró por un momento y abrió la boca sin poder evitarlo. Frente a ella había un gran ventanal de vidrio donde se podía ver a los dos delfines nadando en el agua que le daba una iluminación azul a todo el cuarto en donde estaban parados. Era una de las cosas más bellas que había presenciado en su vida y no pudo evitar acercarse a la ventana y apoyar la mano en el vidrio y al hacerlo, uno de los delfines se acercó casi apoyando su nariz donde ella había colocado la mano.

- Esa es Kendra – Dijo Ron, acercándose a ella.

- Oh Ron, es una de las cosas más hermosas que he visto… - Sinceró, girándose para mirarlo y se encontró con el rostro de él muy cerca del de ella.

- Opino lo mismo – Dijo en un susurro, sin dejar de mirarla a ella.

Hermione desvió sus ojos hacia los labios entreabiertos de Ron y suspiró. El aire parecía haberse esfumado de sus pulmones; su corazón y su mente luchaban en una batalla sin tregua en la que no podía adivinar quien llevaría la victoria…