7. Fiestas clandestinas

Después de aquella noche, Hermione no había vuelto a ver a Ron. Los días habían pasado lentos y aunque la chica había intentado hablar con él, no había sido posible. Cuando llamaba a su casa, nunca estaba, cosa que la misma Ginny se aseguraba en afirmar y cuando iba a la cafetería familiar, la señora Weasley tampoco le ofrecía datos que le sirviesen a Hermione de alguna ayuda. Por lo que la muchacha no tuvo más remedio que darse por vencida.

El trabajo en la heladería cada vez se hacía más duro, pues el propio Neville cada vez le daba más responsabilidades en un intento por darle confianza, sin embargo, Hermione sentía que su cabeza iba a explotar de un momento a otro. Ella no estaba hecha para trabajar, ni para servir. Sin embargo parecía que las estrellas se habían alineado para que su finalidad en esos días tan solo fuese el trabajo.

Esa noche había sido especialmente dura. Frank Longbottom había ofrecido una especie de oferta especial, aprovechando los últimos días de calor y la heladería se había llenado absolutamente, por eso cuando Hermione terminó su turno y pudo marcharse a casa, no dudó ni un segundo en tirarse al sofá, sin tan siquiera molestarse en acercarse a la cocina, para ver que le había dejado su tía para cenar.

Tras unos instantes sin moverse, se levantó y caminó hasta su dormitorio, donde reposaba su ordenador portátil, lo encendió y esperó paciente a que este estuviese preparado para ser usado. Abrió el correo y comprobó que Cormac le había vuelto a escribir. Leyó rápido las noticias que llevaba de Gran Bretaña y escribió una breve respuesta, omitiendo que ahora trabajaba y que sus zapatos más caros estaban cogiendo polvo en el baúl, por no poder ser utilizados.

No obstante, el mensaje de Cormac no era el único correo nuevo que tenía, Harry le había escrito también, por lo que extrañada lo abrió a toda prisa. Leyó con avidez para descubrir que el chico organizaba al día siguiente, una fiesta exclusiva en la piscina del colegio donde trabajaba. Pedía la máxima discreción posible, pues obviamente si se enteraban sus jefes podrían despedirle, pero entusiasmado declaraba que iba a ser un fiestón.

Hermione cerró el ordenador sin contestar el mensaje, no tenía ganas de ir, pues precisamente en tres días su padre cumplía años, e iba a ser el primer año que no podrían celebrarlo juntos.

Seguía perdida en sus pensamientos, cuando la puerta de la casa se abrió y se cerró con un portazo. Hermione se levantó y caminó hacía el comedor, Minerva entraba con la cara abatida y con los ojos rojos.

- Tía… ¿estas bien? – preguntó la muchacha preocupada

Esta negó lentamente mientras se sentaba en el sofá y se tapaba la cara con las manos, sollozando débilmente.

Hermione cogió un paquete de clinex que reposaban en la mesita y se los tendió, mientras se sentaba en un extremo del sofá que ocupaba su tía.

- ¿Tía? – repitió con voz calmada

Minerva sacó uno de los pañuelos que le tendía su sobrina y se secó las lágrimas, mientras intentaba contener el llanto.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó Hermione de nuevo

- Me han echado…

- ¿Qué? – se sorprendió la muchacha – Eso… eso no es posible

- Treinta año trabajando para ellos y me han echado sin dudarlo un segundo…

- Pero…

- Mi jefe ha pensado que es buena idea renovar el personal… y obviamente no tener los 25 años que tenía mi sustituta ha influido bastante…

- Oh…

- Me siento tan humillada, Hermione.

Ante tales palabras, Hermione se acercó más a su tía y la estrechó con fuerza, mientras esta volvía a sollozar sobre su hombro. La muchacha cerró los ojos con fuerza. La palabra "humillada" había revivido en ella unos sentimientos que había decidido ocultar en lo más hondo de su corazón.

Yo que tú no haría eso… me irrita… y no querrás irritarme, ¿verdad? Pórtate bien y te prometo que te gustará

Un escalofrío recorrió su espalda y agitó su cabeza intentando ahuyentar los malos recuerdos.

- Tranquilízate… ellos se lo pierden, tu no tendrás 25 años, pero todo lo que tú hacías no podrá igualarlo esa Barbie… ya veras como todo va a salir bien

- Pero… necesitamos el dinero… ahora… ahora más que nunca.

- Tenemos mi pequeño sueldo, tía, podemos ir tirando… - dijo la muchacha de todo corazón

- Lo siento tantísimo, Hermione… yo… te insistí tanto en que trabajases y ahora yo… oh Dios mío…

- Deja de hablar de eso. Estamos juntas en esto. Todo se pondrá mejor, ya lo veras.

Sin embargo las palabras de Hermione no parecían tener ningún efecto, pues Minerva continuó llorando durante toda la noche.


Lejos de allí, Ron cliqueaba con desgana el portátil de Harry, mientras este terminaba de ducharse después de un largo día de trabajo. Entró en su perfil de facebook y comprobó que su hermana tenía una nueva amiga: "Hermione Granger". El pelirrojo suspiró y cliqueó en el nombre de la británica, para descubrir que tenía el perfil oculto.

Sabía que había actuado como un idiota, pero todos sus miedos habían aparecido en un segundo al ver a ese rubio estúpido. Sabía que no había superado lo ocurrido hacía apenas un año, sin embargo actuando como lo había hecho no conseguiría nada.

- ¿Algo interesante? – preguntó la voz de Harry, ya vestido y secándose el pelo con una toalla.

- No… nada… bueno Hermione ha agregado a Ginny.

- ¿Pensabas que te agregaría a ti? – preguntó y al ver la cara de Ron contestó sin esperar su respuesta – puede que no te haya visto.

- No me agregará después de cómo me comporté en el "Beach"…

- Más bien no te agregará porque has estado esquivándola casi una semana.

Ron gruño y Harry, sabiendo que no había tenido demasiado tacto se acercó a su amigo y le palmeó en la espalda.

- ¿Por qué no has cogido sus llamadas? – preguntó

- ¿Y que decirla? Oye Hermione, perdona que te tratase así pero es que te vi como ese idiota de Malfoy y… - el pelirrojo cerró la boca inmediatamente al ver que hablaba más de la cuenta.

- Entonces no te fuiste porque no querías verle a él… ¿tuviste celos?

- ¿celos? El trabajo te esta afectando el cerebro, Potter – contestó el pelirrojo mientras buscaba un cigarrillo.

- Comparaste situaciones… Gabrielle… Hermione…

- No te aceleres – pidió sin levantar la mirada y encendiendo el cigarro. – no es lo mismo… Gabrielle era… y Hermione no es…

- ¿te gusta Hermione? – preguntó sin andarse por las ramas el moreno

- Para el carro, Potter…

- Oh Dios mío, en verdad te gusta la londinense…

- No… claro que no

- No te había visto así por ninguna tía desde Gabrielle

- Y no me verás… ya sabes, yo y las chicas… fin del juego…

- No es algo que puedas decidir así, Ron

- ¿Podemos dejar de hablar del tema? Entró a trabajar en una hora y me apetece relajarme…

- Está bien –accedió Harry - ¿vendrás mañana?

- Si, claro que si. Estoy deseando usar esa piscina. ¿Irá mucha gente?

- He invitado a Hermione, si es lo que intentas preguntar sutilmente.

Ron fulminó a Harry con la mirada y este rompió en carcajadas. Ron sonrió también y tras darle la última calada a su cigarro, optó por tirarle un cojín a la cabeza a su amigo.


Al día siguiente, Hermione dejó a su tía en casa, visiblemente más tranquila y ella caminó distraída hacía la heladería. El que había sido un trabajo momentáneo, que le serviría para poder intentar recuperar parte de su vida, ahora era la base de su economía. Minerva confiaba en ella, y Hermione era incapaz de pensar en algo que no fuese el trabajo. Su tía le había dado la posibilidad de tener un nuevo hogar, una nueva vida lejos de los murmullos y de las falsas acusaciones y sabía que ese era el momento para agradecerle todo.

El final del verano cubría la heladería Longbottom, sin embargo, aun había bastantes clientes dispuestos a apurar los últimos momentos de calor y buen tiempo. Frank había comenzado a llenar el almacén de cargamentos de café y chocolate para cuando el frío otoñal finalmente apareciese entre las calles.

Había mucho que hacer, sin embargo, la cabeza de Hermione volaba muy lejos de allí, quitaba los bowls de helados y ponía las cuentas a pagar casi como si fuese una cosa automática. No había una sonrisa en su rostro como otros días.

- Hermione… ¿te sientes bien? – preguntó Neville a media tarde, incapaz de ver más tiempo a su amiga con esa cara de tristeza

- Si… claro…

- Vaya… eres la persona que peor miente de todas las que conozco – musitó intentando conseguir que la muchacha sonriese, y lo consiguió al menos un poco.

- Son días un poco raros…

- Mi padre se enteró que han despedido a Minerva de la tienda.

Hermione asintió y se sentó en una de las sillas que había libres cerca del mostrador.

- ¿Cómo esta? – continuó Neville

- Un poco alicaída… no sé lo esperaba…

- Ella tiene mucha experiencia, seguro que encuentra algo pronto.

- Eso espero… no me gusta verla tan triste.

- Tampoco la ayudará verte tan triste a ti… te vendría bien despejarte un poco…

- Solamente tengo ganas de tumbarme en el sofá y tomarme un buen tazón de cereales…

- Entonces, ¿no te pasarás a la fiesta de Harry?

- ¡La fiesta!... Lo había olvidado completamente… pero la verdad es que no, no tengo ganas de ir…

- Quizás te vendría bien…

- Lo siento, Neville, pero hoy no quiero dejar a mi tía sola en casa… entiéndelo.

Neville asintió y sin decir nada más, volvió a coger su bandeja y reanudó su trabajo.


Horas después, cuando Hermione abrió la puerta de casa, se encontró a su tía, brazos en jarra y con aspecto enfadado.

- ¿Qué…? – empezó a preguntar, pero no dijo nada más al ver a Ginny sentada en el sofá.

- Ginny me lo ha contado todo – musitó Minerva con tono molesto - ¿Cómo que no piensas ir a esa fiesta?

- ¿Y como es que Ginny lo sabe? – preguntó la muchacha mirando a la pelirroja – Oh Neville…

- No le culpes – se metió Ginny sacudiendo su pelo – solo estaba preocupado por ti. Ha hecho lo que un buen amigo tiene que hacer.

- Tan solo no tengo ganas, ¿vale?

- Pero Hermione, que yo me haya quedado sin trabajo no hace que tengas que estar en casa. Eres joven y tienes que disfrutar con tus amigos.

- No tengo ganas – repitió apretando los dientes – fin del tema

- ¡Vamos! – la animó Ginny – solo será un rato. Lo pasaremos bien, de verdad. Llevas trabajando toda la semana, te mereces un pequeño descanso.

- Y para ello lo mejor es irme a dormir – contestó violentamente y con las lagrimas agolpándose en sus ojos.

- ¿Cielo? – preguntó Minerva observando la reacción de su sobrina - ¿Estas bien?

- Si… yo… yo… no… papá…

- Oh cielos – cayó Minerva en la cuenta

- ¿Qué pasa? – preguntó Ginny acercándose a su amiga para estrecharla entre los brazos.

- Dentro de dos días… es el cumpleaños de mi padre – explicó entre sollozos – será el primero que no pasemos juntos… y yo… le extraño demasiado

Durante la siguiente hora, Hermione estuvo sentada en el sofá, con su tía y Ginny a ambos lados, confesándoles todo lo que pasaba por su mente y le hacia sentirse tan desdichada. Como le había afectado el encarcelamiento de su padre y como le había cambiado todo ese tiempo sin verle. Al principio, Ginny se mostró muy sorprendida de que el padre de Hermione estuviese en la cárcel, sin embargo, prometió no contarle a nadie lo que Hermione le había confesado.

La charla fue como un regalo para Hermione. Descubrió que Ginny no solo era una chica divertida y simpática, era mucho más. Demostró con sus consejos ser muy madura y empatizó casi al momento con su situación permitiendo que Hermione se sintiese realmente cómoda hablando de todos sus problemas.

- Gracias – musitó la muchacha limpiándose una solitaria lagrima que se deslizaba a lo largo de su mejilla – por todo… yo… realmente necesitaba hablar…

- Y ahora necesitas despejarte – sentenció Minerva – de verdad, Hermione, eres joven y tienes toda la vida por delante…

- Podemos salir un rato – se metió Ginny – y si ves que no puedes con todo ello nos volvemos. Yo contigo, y nos tiramos toda la noche viendo capítulos repuestos de "Friends".

- ¿Con un buen bowl de palomitas? – preguntó la chica con ojos brillantes

- Eso esta hecho – dijo la pelirroja guiñando un ojo.

Hermione sonrió y sin poder encontrar una excusa, acabó asintiendo.

- Está bien. Pero solo un rato.

- Prometido.


El colegio en el que trabajaba Harry desde luego no era para chicos de su clase social. La escalinata de mármol ya lo chillaba desde la puerta, pero por si quedaba alguna duda, las verjas labradas a la perfección alrededor del terreno lo aclaraban.

Hermione, mientras bajaba del coche de Luna, por primera vez vio algo que la recordaba a su vida anterior, al otro lado del charco, sin embargo no fue melancolía lo que sintió. Sino algo muy diferente a lo que fue incapaz de bautizar. Ese sitio tan lujoso, con un escudo de armas labrado en piedra en la fachada principal le hacía sentirse de pronto desdichada.

- ¿Por qué las verjas? – preguntó con voz tenue

- ¿No es típico en los colegios privados? – preguntó Luna frunciendo el cejo

Hermione negó lentamente sin quitar la mirada del escudo, que sobresalía gracias a dos grandes focos que le señalaban, alumbrando a su alrededor.

- Pues entonces será para que la gente no tan "elegida" no entre dentro – sentenció Ginny encogiéndose de hombros – que más da.

- O para que la gente de dentro no salga – observó Hermione sintiéndose demasiado pequeña de pronto.

Luna miró a Hermione y sabiendo exactamente lo que pensaba, se acercó a ella y cogiendola del brazo con delicadeza sonrió.

- Venga vamos dentro, que empieza a hacer fresquito.

Ginny sacó rápidamente su teléfono móvil y marcó la tecla de llamada. Automáticamente colgó.

- Ya le he dado un toque, ahora saldrán a abrirnos.

Y así fue. Antes de que Ginny hubiese terminado de decir esas palabras, Harry, sin gafas y con tan solo un bañador puesto salió corriendo por la puerta.

- Hola chicas

Hermione sonrió. Podía asegurar que Harry había tenido todo el tiempo el teléfono en la mano, esperando a que Ginny llamase.

- Menuda barriguita estamos echando – se rió Ginny dándole un par de palmadas en el estomago

Luna se rió y sin esperar nada más, cogió a Hermione del brazo y la arrastró hacía la puerta.

- Nosotras nos vamos para dentro – sentenció sin borrar la sonrisa.

- Ron y Neville están dentro – musitó Harry sin dejar de mirar a Ginny.

- Si, vale, le vigilaremos – añadió Luna y acto seguido le guió un ojo a Hermione en señal de complicidad, pero esta no lo notó. El nombre de Ron le había puesto demasiado nerviosa.

- ¿Cómo dices? – exclamó Ginny de pronto nerviosa

- Nada – se metió Hermione- que vamos a ver si le encontramos.

Y sin decir nada más las dos chicas entraron dentro, dejando a Harry y a Ginny en una intimidad a la que no estaban acostumbrados.

- ¿Quieres que pasemos? – preguntó Harry mirándola profundamente

- Yo estoy bien aquí fuera, pero en verdad no me apetece mucho que pilles una pulmonía. Ha sido muy poco avispado de tu parte salir así.

- Esperaba que vinieses antes y bueno… estrenamos la piscina.

- Me apetece mucho una copa – sentenció la pelirroja sin dejar de sonreír – veamos tus habilidades de barman.

- Quedaras encantada, pelirroja.

- Nos espero menos – aclaró levantado la barbilla y cogiendole con delicadeza de una mano.

Harry respiró hondo, intentando tranquilizarse ante ese contacto y asintiendo, la siguió dentro del colegio.


El colegio era una autentica maravilla. Cada detalle estaba cuidado en lo más mínimo y visto desde dentro no daba tan sensación de prisión. Por su parte, Luna estaba completamente maravillada. Sus grandes ojos expresivos giraban de forma rápida en sus cuencas orbitales, dándole un aire completamente místico.

- No tiene nada que ver con el lugar en el que yo estudié – sentenció al fin mientras se agarraba el largo pelo rubio en una coleta - ¿era parecido tu colegio?

- Si… bueno… más o menos. Pero visto desde otra perspectiva. No es tan maravilloso como parece.

Luna iba a replicar cuando la voz de Neville, desde el fondo del pasillo, las distrajo.

- ¡Luna! ¡Hermione!

El muchacho también llevaba un bañador surfero puesto y tenía todo el cabello empapado.

- Quedamos en que nos os bañaríais hasta que llegásemos todos – se quejó Luna

- Habéis tardado muchísimo. Ya ha llegado todo el mundo.

- Ha sido mi culpa – musitó Hermione

- Pensé que Ginny tardaría menos en convencerte – aseguró el muchacho.

- No se lo puse fácil.

- Venga anda, toda la fiesta está en la zona de la piscina.


Y tenía toda la razón. En la sala de la piscina cubierta había al menos veinte persona que bailaban al son de una música muy marchosa y actual. Todos estaban en bañador y la mayoría llevaban una copa en la mano. Hermione intentó buscar a Ron con la mirada, pero en el primer visionado no logro vislumbrar ninguna cabellera pelirroja, por eso, tras su fracaso, volvió a prestar atención a Neville, que hablaba alegremente sobre algunas de las últimas actualidades en el mundo deportivo.

Luna miró disimulada a Hermione y sonrió débilmente, pues había notado la búsqueda de la muchacha británica, e intentado echarle una mano, pronunció aquella pregunta que sabía que su amiga era incapaz de mencionar en voz alta.

- ¿Dónde esta Ron, Neville?

Hermione levantó la mirada de forma rápida y miró a su amiga, que seguía con una amplia sonrisa en el rostro. Estaba sorprendida, y por el brillo de los ojos de Luna, casi podía asegurar que esta sabía lo que Hermione había estado buscando.

- ¡Que raro! – comentó Neville mirando hacía la piscina – hace 5 minutos estaba salpicando a todo el mundo con sus saltos en la piscina… no sé, se habrá ido a por más bebida al almacén.

- ¿Y donde esta el almacén? – preguntó automáticamente Hermione sin pensarlo, pero ante la mirada atónita de Neville y la sonrisa más amplia de Luna, busco una excusa creíble- podría necesitar ayudar si va a traer bebidas.

- ¡Ah claro! – sonrió Neville creyendo a Hermione – es la primera puerta según sales de esta sala a la derecha

La muchacha asintió y sin decir nada más se giró y caminó con prisa hacía el almacén. Al salir de la sala de la piscina, llegó a un amplio pasillo cubierto por una larga y elegante alfombra, que en esos momentos estaba húmeda por algunos lugares. Al fondo, había una pareja besándose apasionadamente, y a Hermione inevitablemente se le llenaron los ojos de perladas lágrimas, mientras un nudo se instauraba en su garganta.

Justo en ese momento, una puerta cercana a ella se abrió, y de ella salió Ron, con el pelo totalmente empapado y llevando un bañador hawaiano y una camiseta de "Iron Maiden". En las manos llevaba lo que parecía cerca de dos docenas de cervezas.

- ¿Hermione? ¡Ya habéis llegado!... ¿Qué haces parada en medio del pasillo?

- Yo… bueno… Neville me dijo que… venía a ayudarte… y pensé…

El nerviosismo de la joven fue muy claro para Ron, que con una amplia sonrisa miró hacía donde la pareja seguía abrazados estrechamente.

- ¿Y pensaste que era yo el que se estaba dando el lote con Pansy? – preguntó socarronamente

- ¡No! Esto… ni siquiera sabía que ella era Pansy – musitó la muchacha clavando los ojos en el suelo.

- Esta noche voy a ser un buen chico – pronunció solemnemente – nada de machito de corral ni cosas por el estilo. Esta noche seré todo tuyo.- acabó sonriendo.

- ¿Mío? – preguntó Hermione con media sonrisa

- Después de todo te lo debe, ¿no? El otro día… no estoy contento con como me comporte.

- No tienes porque disculparte – se apresuró en cortarle Hermione – Esta todo bien.

- Es solo que… bueno… ese tipo… Malfoy… no me cae nada bien. Deberías tener mucho cuidado con él.

- No tienes porque preocuparte. Te recuerdo que no le conozco de nada, dudo mucho que vuelva a verle.

- Ya bueno… nunca se sabe… te miraba raro – sentenció mirando hacía otro lado.

- Solo pidió disculpar por tropezar conmigo. Además… él no es mi tipo. – sonrió y se sonrojo al pensar en su atrevimiento.

Ron la miró fijamente y también sonrió.

- Vamos a la fiesta – pidió Hermione incapaz de aguantarle la mirada mientras le quitaba una docena de cervezas.

- Claro, además seguro que estas deseando verme en bañador – bromeó el pelirrojo mientras comenzaba a andar.

Hermione le miró con cara seria y él soltó una carcajada.

- ¡Era broma! – y la dio un golpe leve con su hombre en el de la muchacha.


Cuando entraron a la sala Ginny y Harry ya habían aparecido. De hecho, tanto Luna como Ginny ya se habían desecho de de sus ropas, para lucir sus trajes de baño.

- ¡Hermione! – llamó Ginny - ¿Dónde estas? ¡Venga, vamos a bañarnos!

La muchacha asintió y dejó las cervezas, donde Ron había dejado las que él llevaba. Y en un segundo sus ojos se perdieron. El pelirrojo había agarrado su camiseta por un extremo y se la retiró con rapidez, dejándola sobre una silla, que tenía una toalla de un equipo de fútbol.

Sus músculos estaban bien formados, sin estar demasiado marcados. Los brazos fuertes declaraban que en el trabajo debía levantar grandes pesos, y la espalda ancha, casi de nadador, aseguraba que Ron era un chico deportista. No era la primera vez que Hermione veía a un chico en bañador, pero si era la primera vez que sentía algo que no podía definir al ver un cuerpo masculino.

- Tu turno – soltó Ron, descarado, al comprobar como Hermione se había quedado totalmente extasiada al verle.

Ante esas palabras, Hermione no supo como reaccionar, así que se dio la vuelta, incapaz de enfrentarlo, y caminó hacía Luna que estaba en el borde de la piscina.

- ¿Qué pasa? – preguntó la muchacha rubia al ver la cara de Hermione

- Esto…

- ¡No me digas que te has quedado así al ver a Ron sin camiseta! – soltó una carcajada. – Si, no esta nada mal – afirmó mirándole de reojo.

- Nunca pensé… - empezó a hablar muy despacio.

- ¿Qué detrás de esa ropa hubiese semejante bombón? – finalizó sonriendo – Ahora ya sabes porque nuestro pelirrojo liga tanto. Aunque supongo que desde tu situación todo es aun más impactante.

- ¿Mi situación? – preguntó Hermione sin comprender a su amiga.

- Vamos Hermione, estas loca por él.

- ¿Qué? ¡Claro que no! – musitó

- Claro que si, no hay más que verte – afirmó – Y si te sirve de estimulo, te diría que creo que él también.

- Estas totalmente loca o quizás has bebido demasiadas cervezas. Ron y yo no nos conocemos tanto como para…

- ¡Oh vamos! – la cortó Luna – llevas ya dos meses aquí, y desde el día del partido de baloncesto supe que algo había entre vosotros dos. No es muy difícil de adivinar. Solo hay que ver como os miráis.

- Déjalo Luna, para nada es así,

- Hermione, conozco a Ron hace años y te prometo que nunca había mirado a una chica como te mira a ti desde…

- ¡CHICAS! – chilló Ginny que venia con tres cervezas en la mano – venga, vamos a brindar y a bañarnos

- Si – asintió Luna – y venga Herm, que eres la única de la sala en ropa de calle.

Y sin poder hacer nada por evitarlo, Hermione se comenzó a desvestir, sin poder evitar el ruborizarse.


El tiempo avanzó y con ella la diversión y el alcohol. A pesar de que Ron no había vuelto a hablar con ella, ni a lanzarle ninguna indirecta, Hermione era consciente de que él la miraba y eso la ponía nerviosa. Sin embargo, después de dos cervezas, la situación se volvió más cómoda, y se olvidó de que cierto pelirrojo solo tenía ojos para ella. Aun así, no se sorprendió de que tras que Luna y Ginny se acercasen a saludar a unas conocidas, Ron apareciese.

- Anda que has tardado mucho en venir – sonrió coqueta la muchacha, gracias en parte al efecto que el alcohol tenía en ella

- No es bueno dejar sola a una chica tan guapa – aclaró el muchacho encogiéndose de hombros.

- Bueno, sola no estoy. Tengo un guardaespaldas que me vigila.

- Se hace lo que se puede – sonrió Ron

- Me refería a Neville – bromeo Hermione y rió feliz ante la cara de desconcierto del pelirrojo.

- ¡Vaya! No conocía esta faceta tuya. Que graciosa eres – se burló el joven.

- Me marcho a nadar un poco – aclaró la chica mientras dejaba la lata de cerveza en una mesa cercana - ¿te apetece venir?

Ron se sorprendió y Hermione disfruto de la cara del muchacho.

- No puedo ahora mismo. Le prometí a Harry que le ayudaría con unas cajas.

- Bueno… entonces ya nos vemos luego – musitó la joven, un poco cortada tras la negativa del pelirrojo.

Y sin decir nada más, caminó hacía la piscina sin decir nada más.

Ron caminó deprisa hacía Harry, que andaba ordenando unas cuantas vacías en un extremo de la sala. El moreno movía distraídamente la cabeza al compás de la música, pero se detuvo al ver a su amigo.

- ¿Qué pasa? – preguntó mirándole detenidamente

- Harry… voy a lanzarme – sentenció

- ¿Qué?... ¿Cómo? ¿Por qué?

- Hermione me tira fichas… estoy seguro…

- No puedes hacerlo – agregó Harry- Ginny te pidió…

- Me da igual lo que pidiera Ginny…

- Ron, creo que las cervezas te están haciendo malinterpretar las señales. Es imposible que Hermione te tire los tejos. Ella no es así. Mírala, es muy tímida… además, Ron, no creo que seas el tipo de chico en el que ella se fijaría.

- Y una mierda – musitó Ron – le gusto. Lo sé.

- No habrá nada que diga que pueda detenerte, ¿verdad?

- Nada – aseguró el pelirrojo

- Entonces adelante… pero no le digas Ginny que yo he dicho eso – añadió sonriendo.


Luna se acercó con tranquilidad a Ginny, que estaba sentada en una de las tumbonas mirando a su hermano y a Harry hablar a lo lejos.

- No creo que hable de ti – sentenció la rubia – si así fuese Ron estaría chillando.

- Supongo – asintió Ginny dándole un pequeño sorbo a su bebida

- ¿Ya se ha atrevido a besarte? – preguntó sin cortarse

- Más bien ha sido al revés – aseguró la pelirroja

- Ginny… tienes que saber algo…

- ¿Qué pasa? – preguntó la pelirroja mirando fijamente a su amiga.

- Creo que entre Ron y Hermione va a pasar algo…

- El idiota de mi hermano. Chica que ve, chica que se le antoja – suspiró – no quiero que Hermione sufra por él.

- No creo que sea eso, Ginny. Creo que a Ron le gusta.

- Nadie le ha gustado desde Gabrielle…

- Algún día tenía que ser la primera vez, ¿no crees?

- Pero… ¿y si sale mal? No quiero estar en medio. Él es mi hermano, y ella es mi amiga.

- ¿Y si sale mal lo tuyo con Harry? – preguntó en respuesta Luna – ¿Nunca te has preguntado la razón por la que le ocultas a Ron que tú y Harry estáis juntos?

Ginny agachó la mirada, pero no dijo nada

- Deja que pase lo que tenga que pasar – añadió Luna abrazándola por la espalda

- ¿Por qué cuando hablas, las cosas que dices tienen tanto sentido? – preguntó Ginny con un deje melancólico en la voz

- Porque pienso y luego hablo, al contrario que una pelirroja que yo me sé.

Las dos rieron felices sin dejar de abrazarse.


Hermione estaba metida en la piscina, apoyando su espalda en una de las paredes, evitando así mojar su pelo. Observaba el partido de waterpolo que tenía lugar a pocos metros, dentro de la misma piscina. Sin poder evitarlo, de pronto sintió melancolía. Hacía ya dos meses desde que partió de Londres, desde que vio a su padre por última vez.

Seguía absorta en sus pensamientos cuando alguien se lanzó a la piscina, salpicándola completamente y empapando su cuidado pelo, que tanto se había esforzado por no mojar. Estaba dispuesta a soltar un grito de horror, cuando una cabellera pelirroja aprecio de debajo del agua, acompañada de una gran sonrisa.

- ¡Tú! – exclamó Hermione enfadada - ¡Me has empapado!

La sonrisa de Ron se borró de golpe. Desde luego que en sus planes no había entrado esa reacción por parte de la británica.

- Estas en una piscina… ¿Qué pretendías?

- ¡Oh, Ronald! – se quejó mientras se daba la vuelta para poder agarrar la escalerilla que la permitiría salir de la piscina.

Pero no pudo alcanzarla, porque una gran mano la agarró con firmeza de uno de sus brazos.

- ¿Ronald? – preguntó con el cejo fruncido – Nadie dice ese nombre y queda impune

Y sin decir nada más, la agarró de ambos hombros y la sumergió completamente.

Cuando Hermione salió a la superficie, lo hizo con tal expresión que Ron soltó una enorme carcajada, y sabiendo lo que se avecinaba, sin dar tiempo a la chica a reaccionar, se impulsó desde un borde de la piscina y salió al exterior.

Hermione entró en la provocación sin apenas darse cuenta, y subiendo por las escaleras, salió corriendo detrás de él, ante la atónita mirada de los presentes.

Pasaron el pasillo del almacén y subieron un par de pisos sin detenerse. Ron tenía una muy buena condición física, pero Hermione no, por ello, al llegar a la tercera plante, la distancia era tan amplia, que Hermione le perdió de vista y no pudo evitar detenerse a recobrar el aliento.

Recobró el camino, andando en esta ocasión de manera lenta, e intentando abrir las puertas que había en el amplio corredor al que habían llegado. Pero todas estaban cerradas.

- No ha podido ir muy lejos – musitó sin parar su marcha.

En ese momento, llegó a una amplia sala, que tenía en medio una enorme fuente de piedra, con unos ángeles tallados en ella. No caía agua por ella, porque estaba desactivada, pero aun así Hermione disfruto mirándola. El tallado era esplendido y exquisito. Pero había algo más, el techo de esa sala era de cristal, permitiendo que la luna reflejase todo su brillo en los ángeles.

Y de pronto el agua, comenzó a brotar de los dedos de los ángeles, cayendo hacía el suelo con gracia y fragilidad.

- Preciosa ¿verdad? – musitó la voz de Ron

- Si – afirmó Hermione sin poder retirar sus ojos de la fuente – es la fuente más bonita que he visto nunca.

- Yo no hablaba de la fuente – se atrevió a decir Ron, al comprobar que el mal humor de la muchacha se había paliado.

Ante esa frase, Hermione se sonrojó y miró a Ron a los ojos.

El muchacho parecía decidido, daba igual lo que había intentado decirse a si mismo para auto convencerse, la verdad era que Hermione le había devuelto una parte de él que perdió hace mucho tiempo, y pensaba luchar por ello. Se acercó un poco más y tomando la mano de Hermione, la invitó a sentarse en el borde de la fuente. Ella aceptó la invitación, pero no dijo nada. Se sentía nerviosa, como una colegiala a punto de recibir su primer beso. Sabía que Ron había despertado en ella algo que nunca había sentido por nadie más, y en ese momento, tenerle tan cerca, sin nadie alrededor le hacía sentirse una tonta inexperta, por lo que decidió no hacer ni decir nada.

Ron tampoco hablo, simplemente la miró en silencio un rato, sin dejar de sonreír, hasta que finalmente, separó sus labios.

- ¿Dónde has estado tanto tiempo? – preguntó, con una voz tan dulce que Hermione sintió que le faltaba el aire, rompiendo el silencio

- Yo…

Pero la muchacha no pudo continuar, Ron acarició su mejilla con delicadeza y colocó su pelo detrás de la oreja, para después, atraerla lentamente hacía sus labios. Besándola tiernamente y haciendo que fuegos artificiales nacieran en el corazón de la muchacha.

Ninguno de los dos se dio cuenta de que la fuente se apagaba, ni de que una sombra, que llevaba observándolos largo rato, caminaba hacía las escaleras, dispuesta a solo ella sabía que.


Lo sé, soy lo peor actualizando.

Pido mil disculpas por ello, pero mi vida actualmente es muy complicada y apenas tengo tiempo. Estoy estudiando en la universidad y a la vez trabajando, por lo que apenas me queda tiempo para sentarme frente al ordenador y escribir. De verdad que lo siento por todos los que seguís mis historias, pero como seguro que entendéis el trabajo y los estudios son prioritarios.

Intentaré escribir un poco más rápido, pero no puedo prometer nada…

Pero bueno, espero que hayáis disfrutado el capitulo mucho, yo lo he escrito con todo mi cariño y lo he escrito bien largo para compensar un poquito todo lo que os he hecho esperar. Espero que os guste y que me comentéis que tal os parece la historia y el rumbo que esta tomando.

Muchas gracias por todo.

Un beso!

Sweety!