CAPITULO 7
Annie
¿Qué lo iba a desollar vivo por lo de la biblioteca? ¡Vaya, esa chica está loca! No me imaginaba a alguien dándole esa importancia a una estúpida biblioteca en estas circunstancias, y menos a mi otra yo. El pobre chico había pasado del color verde nauseabundo al pálido en cuestión de segundos, y Nico no mejoraba el asunto; no paraba de reírse.
-Será mejor que nos demos prisa, no tenemos tiempo que perder.
-Sí. ¿A dónde vamos? – pregunto Nico.
-No sé, algún lugar cerca, no nos queda mucho dinero y, Annie tiene que asearse un poco, además debemos comer algo.
-Pues hay que empezar a caminar. – sugerí.
Tomamos la calle, hacia el sur, lo más alejados que podíamos de la biblioteca. Al caminar notaba mi cabello tieso, suponía debido a la sangre, mis fuerzas no eran muchas, pero no podía demostrar debilidad delante de ellos; ya había causado suficientes problemas. Conforme íbamos caminando venían imágenes a mi cabeza. Imagines de mi delirio mientras estaba inconsciente en la biblioteca con la esfinge sobre mí.
Tres mujeres. Una de de cabellos negros, adornados de unos rozos perfectos, una mujer con aspecto de niña, aunque sospechaba que esa no era su apariencia habitual y por ultimo una mujer de cabellos negros y unos turbulentos ojos grises. Las mujeres discutían y susurraban, daba la impresión de que estaban nerviosas, sus posturas eran rígidas y apenas movían los labios para hablar.
-Deberían haberlo encontrado ya, ¿no creen? – decía la de aspecto más joven. La de mujer de rizos bufaba.
-Pues eso es culpa de ella – apunto a la tercera mujer – es ella, la que tuvo la idea de intercambiarlas. ¡Que no soportes las elecciones amorosas de tu hija no significa que le tengamos que confiar cosas tan importantes! ¡No ha hecho nada! Ni siquiera tiene idea de lo que pasa aquí.
-Te recuerdo que mi hija es digna de confianza, lo ha demostrado antes y lo segura demostrando ahora. Además, no es solo por eso que sugerí que ellas fueran cambiadas, son las más capaces de llevar a cabo la terea. – decía la mujer de ojos grises.
-Yo confío en ella – decía la joven – creo que puede resolverlo, tiene como ayuda a Percy, el es un buen chico. – la mujer de ojos grises la fulmino con la mirada.
-No estamos aquí para vanagloriar a Percy, Hestia – contesto con los dientes apretados.
-Como sea, tal vez una si pueda completar la misión, pero la otra, la otra no tiene ni idea de lo que hace, casi hace que los maten, mas de una vez si me permites recordar, no veo que haya sacado mucho de ti Atenea.
-No empieces a criticar a mis hijos.
-¿Desde cuándo decir verdades es un crimen?
-Hera, Atenea tiene razón, las búsquedas fueron asignadas de acuerdo a sus aptitudes – y desvió sus ojos hacia Atenea – aunque ese no haya sido su plan original, está funcionando, al menos ya tienen una idea de lo que tienen que hacer, y a donde se tienen que dirigir.
-¡Con ayuda! Por los Dioses, si hubieran pensado un poquito no habrían tardado tanto, tienen el tiempo contado.
-Bueno, si tu no hubieras tardado tanto en ir con Annabeth, ya habría recuperado la caja, ¡pero no! tenias que agregar drama como siempre, y si tu – apunto a la joven – no hubieras sido tan descuidada, todo esto no estaría sucediendo.
-A mi no me eches la culpa, todos cometemos errores – se defendía la joven – si tu aceptaras las decisiones de tu hija no habríamos hecho el intercambio y si aceptaras a tus hijos como son…
-Acabas de decir que fue lo correcto, que intercambiarlas había sido la elección acertada.
-Y lo sostengo, pero si fueras más tolerante…
-Como sea – interrumpió la mujer de rizos –, todo depende de ellos ahora, ya no podemos hacer nada, el plazo es el día de hoy, lo logren o no, todo acaba le día de hoy.
-¿Y si se encuentran Hera? Es obvio que por eso eligieron San Francisco.
-Pues esperemos que no se los encuentren, ya han estado allí antes, según tengo entendido, y no ha pasado nada.
-Esa vez tuvieron suerte Hera – contestó Atenea –, sabes tan bien como yo que si se topan, aunque sea por accidente los resultados serán catastróficos, mas como están las cosas ahora.
-Por ahora hay que preocuparnos por que tus hijas hagan lo que deben, después no preocuparemos por lo demás.
Después de eso no había nada. Había despertado en el suelo duro y frío de un callejón mugriento, adolorida y sucia.
Caminábamos sin un rumbo fijo, no teníamos un lugar en mente al cual dirigirnos, mirábamos por la acera, aun era tempano, pero había algunos automóviles en las calles, algunos de ellos se quedaban viendo en nuestra dirección hasta que comprendí que es lo que veían: dos chicos menores de edad deambulando por la calle, y una chica con el cabello embarrado de sangre. Supongo que no es algo que se mire todos los días camino al trabajo.
-¿No deberíamos ir primero a asearnos? - pregunte
-Ya no tenemos dinero – contesto Percy – hemos gastado lo que nos quedaba para ir a buscarte.
-¿Dónde nos vamos a asear? – cuestione.
-No sé, si nos apartamos lo suficiente tal vez pueda crear un lago para limpiarnos.
-Espero sea de agua caliente, mi cabello se maltrata con el agua fría.
-Da gracias de que te puedas bañar Annie. – contesto Percy con voz dura
-Pero… - Nico fingió una tos y se llevó el dedo a los labios, dándome a entender que me callara.
Entramos a una pequeña y vieja cafetería de 24 hrs. Las mesas estaban desgastadas y sucias, al igual que el mugriento piso, las ventanas eran opacas, casi no entraba luz, las bancas estaban chuecas y viejas, al igual que todo. Nos sentamos en la mesa lo más alejada y Percy saco el dinero que nos quedaba.
-Bien, tenemos cinco, siete, ocho, ocho dólares en total. – contaba Percy en voz alta.
-¿No se supone que cargábamos con comida en las mochila?
-Se perdió en el tren – me contestó Nico.
-Hay que apañárnoslas con lo que tenemos, desayunamos, nos aseamos y Nico nos lleva a San Francisco, tomamos el ave, atraviesas el portal y todo vuelve a la normalidad. – decía Percy
-Es fácil decirlo, ¿sabes? Con que desees que regrese no voy a desaparecer, no es como si yo… - el hombre delante de nosotros sostenía su periódico en alto, enseñando en la primera plana algunas de la fotografías de la biblioteca de la noche anterior y el dibujo de dos chicos de cabellos negros en ella con el encabezado de «Se buscan para interrogatorio». – Chicos. – levante la mano y apunte el periódico y ambos giraron el rostro.
-¡Maldición! – susurró Nico. – Como si no tuviéramos suficientes problemas, ahora somos buscados para declarar. Lo que nos faltaba.
-Será mejor que nos vayamos – susurré al ver que la mesera tenia la vista fija en nosotros y solo la desviaba para dirigirla a su copia del periódico. Nos pusimos de pie dispuestos a salir del lugar cuando se abrió nuevamente la puerta y entraron dos oficiales.
-Buenos días Lucy.
-Buenos días Patrick. – contesto la mesera, dejándonos de piedra al ver que tomaban asiento los oficiales. - ¿Lo de siempre?
-No esta vez no. – Contestó el segundo policía – Anoche armaron un revuelo en la biblioteca y hoy venimos de servicio, serán dos cafés para llevar.
-Sí, leí algo de eso en el periódico, ¡y pensar que destruyeron la biblioteca!
-Ni que lo digas, Lucy. Aunque aquí entre nos – bajo la voz el Patrick – creemos que atacaron a alguien ahí, había sangre, un charco de sangre y una clara señal de que habían luchado. Sin embargo, no tenemos sospechosos más que los que señalo un taxista anoche cuando llegaron los refuerzos al oír las alarmas, pero no encontraron nada.
-¿Y crees que sean peligrosos? – susurró la mujer, desviando la mirada hacia nuestra mesa.
-Son los únicos sospechosos que tenemos – contesto el segundo oficial –, pero un mantón de sangre esparciéndose en el suelo nunca es una buena señal, así que hay que mantenernos alerta. No pueden estar muy lejos, todo sucedió en la madrugada, así que no han tenido mucho tiempo para escapar, pero creemos que planearon un robo y algo salió mal, tal vez una riña entre los actores y se salió de control.
-¡Pero los dibujos que publicaron son de prácticamente unos niños! – exclamó la mujer, desviando la mirada nuevamente hacia nosotros, poniéndome más nerviosa, más consciente de mi cabello revuelto y embarrado de sangre y del asombroso parecido entre los dibujos de los sospechosos y los chicos que estaban conmigo.
-¡Ya no sabemos que esperar de los chicos de ahora, Lucy! El otro día Robert y yo atrapamos a un chico de doce años con un arma calibre 45. ¿Puedes creerlo? Ya nada nos sorprende.
A este punto me encontraba tensa en la mesa, los chicos tenían la cabeza baja como si trataran de camuflarse con la mesa.
-¿Y qué les harían a estos chicos? – pregunto nuevamente con la mirada fija en nosotros tres, mientras lo único que podía hacer yo era mirarla suplicante para que los policías no giraran el rostro buscando lo que ella miraba con tanta insistencia.
-Pues nada fuera de lo común, los detendríamos y las preguntas de rutina. ¿Por qué, has visto algo? – pregunto Patrick, y justo en ese momento giro el rostro para ver lo que Lucy miraba con tanta insistencia. Ambos oficiales nos observaron por unos segundos y, casi podría jurar que escuche sus engranes llegando a las conclusiones obvias. Se levantaron de los bancos y empezaron a caminar en nuestra dirección.
-Buenos días, jóvenes, señorita – saludo Robert - ¿Me podrían decir que hacen tres jóvenes solos, tan temprano en este lugar?
-Ehh… nosotros… este… vera, nosotros – balbuceaba sin sentido. El oficial enarco una ceja y se aclaró la garganta.
-¿Qué le pasó señorita…?
-Smith, Andy Smith. – Me apresure a contestar.
-¿Sería tan amable de decirme que es lo que le sucedió señorita Smith?
-Sí, claro oficial – conteste con voz temblorosa, los chicos mantenían el rostro hundido y los oficiales nos taladraban con la mirada – vera esta mañana veníamos a desayunar y yo tuve un accidente en las escales fuera de mi departamento, me hice una pequeña herida, eso es todo.
-Para ser una pequeña herida has sangrado mucho, ¿fuiste al hospital a checarte?
-No es necesario, en realidad se ve peor de lo que es. – y solté una sonrisita que trate que sonara confiada, pero en lugar de eso me hizo parecer un tanto histérica.
-Y ustedes jóvenes – decía el segundo policías - ¿por qué no llevaron a la señorita a urgencias?
- Nosotros no estábamos con ella cuando cayó por las escaleras – farfulló Nico.
-¿Disculpa? – Dijo el oficial – No escuchamos.
-Que no estábamos con ella cuando cayó por la escalera – repito Percy, alzando el rostro por una fracción de segundo, pero lo suficiente para que le reconocieran.
-Jóvenes, les pediremos que nos acompañen a la comisaria – dijeron con una sonrisa triunfal en sus rostros regordetes. – al parecer, hemos encontrado a nuestros sospechosos con la "victima". – dijo la última palabra haciendo comillas en el aire.
-¿Disculpe? – Pregunte, tratando de encontrar una salida a todo este embrollo - ¿pero con qué motivo nos piensa arrestar?
-No necesitamos motivo señorita. Curiosamente, están buscando a dos jóvenes con las descripción de sus amigos por haber destruido un monumento público, encontraron sangre y resulta que tu estas cubierta de ella, todo esto cerca de la escena del crimen. Serían demasiadas coincidencias ¿no crees? Ahora, por favor le pedimos que nos acompañen, no nos gustaría emplear la fuerza con unos niños tan temprano.
Esperaron a un lado de la mesa por nosotros. Nos pusimos de pie y nos encaminaron a la salida, bajo la aterrorizada mirada de Lucy. Los policías venían detrás de nosotros, sujetando a los chicos por sus hombros.
-¡Ahora! – gritó Percy. Empujó a Robert con tanta fuerza que quedo tumbado en la mesa más próxima.
Nico, golpeó a Patrick en la nariz con su codo, haciendo que la sangre empezara a brotar de su nariz rota. Los gritos de Lucy no se hicieron esperar. Empezamos a correr hacia la salida, cuando los oficiales se pusieron de pie, tratando de capturarnos. Uno me tomo por el tobillo (supongo que fue Robert, que estaba tirado) y le aseste una pada en el rostro. Nico me jaló y me puso de pie nuevamente. Percy golpeo a Patrick, dejándolo tumbado en la barra. Estábamos por salir de la cafetería cuando se abrió nuevamente la puerta, dejando ver a dos policías más.
-¡Mierda! – dije por lo bajo.
-¿Qué pasa aquí? – gritó uno de ellos, viendo la escena con asombro e incredulidad.
Patrick estaba tumbado en la barra, con sangre manchando su uniforme y Robert no se encontraba mejor, estaba en el suelo, con el rostro tapado. La mujer gritaba horrorizada.
-¡Deténgalos, miren lo que les han hecho! ¡No se queden parados como si nada, hagan algo! – Los oficiales se aceraron a nosotros
-¡Están bajo arresto!
Nico no se detuvo, corrió hacia uno y lo derrumbo con su hombro. Percy le hacia una especie de llave al segundo policía. Patrick había superado su aturdimiento y me sujetaba fuertemente por los brazos. Le di un pisotón y lo golpee en las costillas con mi codo.
Tal vez podríamos salir de allí, pero justo cuando teníamos más oportunidades, Robert se levantó y me esposo. Lo mismo pasó con Nico, lo tomaron entre dos y lo esposaron, poniéndolo a un lado de mí. Los cuatro se amontonaron contra Percy y lo tumbaron boca abajo. Nico y yo aprovechamos para empujarlos, pero solamente cayeron dos, uno se tambaleo y el último nos sujeto a los dos.
-Están detenidos por disturbios públicos y atacar cuatro agentes de policía. – decía uno de los últimos policías en entrar a la cafetería.
-Sin mencionar – agregó Patrick –, que estos dos – señalo a Percy y Nico –, son sospechosos por lo de la biblioteca. Y esta – me apunto con su dedo torcido –, al perecer es la cómplice.
-Muy bien, es hora de ir a la comisaria chicos, están en un buen lío. Lucy, lamento todo esto.
-E-es-ta bien – susurraba la pobre mujer en medio de sus temblores. – Nos sacaron del local y nos metieron en la patrulla.
¡Esto no podía estar pasándonos! No ahora que estábamos justos de tiempo. Mis esperanzas de que todo saliera bien se esfumaron en el momento en el que arrancaron la patrulla.
-¿Qué hacemos ahora? – Pregunte llena de pánico - ¿Qué hacemos?
-Escapamos en cuanto lleguemos – dijo Percy con convicción.
-¡Por Dios! Si no pudimos contra cuatro menos contra todo el maldito escuadrón.
-Nico nos va a sacar de ahí. Lo siento Nico, pero tendrá que ser ahora.
-Percy, no los puedo sacar a los dos de ahí por un viaje sombra, aún no puedo hacer eso.
-Pues tendrás que hacerlo, Nico. No nos queda otra opción, es eso, o quedarnos allí.
-Dejen de cuchichear. Silencio. – dijo Robert, mientras se limpiaba los restos de sangre de su rostro mallugado.
Hicimos lo que quedaba de camino en silencio. No pude evitar las lágrimas silenciosas que corrían por mis ojos debido a la impotencia y desesperación. Cuando por fin nos detuvimos, abrieron la puerta y nos sacaron uno por uno. Nico fue el primero en salir, después Percy y finalmente yo. Nos arrastraron por todo el camino, nos quitaron las mochilas y para nuestra desgracia, nos pusieron en celdas separadas. Yo estaba en la celda que daba enfrente de ellos.
-Pueden llamar a sus padres. Ustedes dos – señalo a los chicos – vendrán por ustedes en unos minutos. – dicho eso nos dejaron solos.
-¿Cómo vamos a salir de aquí?
-No sé, no es territorio de Poseidón. – contesto Percy.
-Ni de Hades. – tercio Nico.
-¿Y qué vamos a hacer?
-Piensa Annie, esto es algo de tu madre, solo tú puedes sacarnos de aquí. – suplicaba Percy.
-Te equivocas, no puedo. No sé cómo.
-Pues será mejor que pienses en un modo, se acaba el tiempo y no podemos estar aquí por siempre.
Así pasaron los minutos. No se me ocurría nada, no tenia forma de librarnos de esta, no teníamos nada, todo nos había sido confiscado. La desesperación estaba haciendo mella en mí. El reloj del fondo no dejaba su constante tic-tac, presionándome más cada segundo. El tiempo pasó, y antes de que nos diéramos cuanta ya eran las doce en punto.
Abrieron mi celda y me jalaron. Percy y Nico se pusieron de pie inmediatamente, pero los sacaron a ellos también. Nos condujeron a un cuarto apartado, donde nos esperaban dos hombres.
-Bien, tomen asiento – decía el primer hombre. Era calvo y de complexión delgada –. Mi nombre es Sam, él es Ricardo – señalo a un hombre de rostro tosco, con el seño fruncido y de ojos negros.
-¿Sabías que es ilegal mentirle a un oficial tu nombre Annabeth Chase? Según os registros que tengo en mis manos, tu nombre no es Andy Smith, a menos que los del registro se hayan equivocado, lo cual dudo mucho, nos has mentido por miedo a ser descubierta como cómplice de Perseus Jackson y este chico del cual no tenemos registros. No tengas miedo de hablar, chica, sabemos todo él – señalo con la cabeza el expediente, leyéndolo en voz alta. – Perseus Jackson, nacido en Nueva York, dieciséis años, hijo de madre soltera, chico problema, perseguido hace cuatro años por ser sospechoso de la desaparición de su madre, se le vio viajar con una chica de tus características y otro chico.
-No se pudo probar nada – soltó Percy – al final vieron que era inocente.
-Cierto – contesto Sam, esbozando una media sonrisa – pero ahí no acaba, ¿dónde está? Sí, aquí, seis escuelas diferentes en los últimos seis años, ¿no debes ser muy popular entre las madres, no es así chico?
-No precisamente – contesto Percy con media sonrisa.
-Sí, eso creí. Bien, luego tenemos a Annabeth Chase, no creo que sea necesario leerlo, pero esto nos lleva a él – apunto a Nico –. No hay registros con si nombre, un acta, escuela, nada. Es como si no existiera. Ahora, todo esto nos lleva a preguntarnos ¿qué hacían tres chicos problema, en mitad de la noche, en una biblioteca sin llevarse absolutamente nada? ¿Solo destruirla por placer? ¿Por qué no iban los tres juntos en el taxi? ¿Por qué lo hicieron, por una maldad simplemente?
-Nosotros no... – empecé a protestar, pero fui acallada por la mano del hombre.
-No mientras, Annabeth. Hemos hablado a sus casas, excepto a la tuya chico, por obvias razones. Están detenidos, tienen derecho a un abogado.
-En ese caso – dije con voz alta –, nos negamos a decir algo mas sin un representante legal.
-Tarde o temprano tendrán que confesar chica. – dijo mordazmente.
-Pero para tu desgracia – contesté –, será tarde. – El sonrío e hizo un asentimiento con la cabeza.
-En ese caso, pueden regresar a su celda. Ricardo llévalos.- Sam salió de la habitación. Ricardo se acerco a nosotros y antes de que nos pusiera una mano encima abrieron la puerta.
- Señor, tiene una llamada.
-Enseguida voy. – contesto con voz áspera.
-Dicen que no puede esperar, que es de vital importancia que la atienda ahora.
-¿Quién es?
-Es un tal Brunner.
-No me es familiar. – nos hecho una mirada de desconfianza – cerraré la puerta con llave, no intenten nada. – Salió, dejándonos solos.
-Bien, Nico, ahora es el momento. Quirón no lo entretendrá por siempre. – dijo Percy con urgencia.
-Les dije que no podía hicos.
-Debes de poder. – Exigí – no nos podemos quedar aquí, es casi la una Nico, no me pienso quedar aquí por siempre. Sácanos de este lugar.
-No tenemos nuestras cosas.
-No me importa.
-La puerta se abrió nuevamente, sacándonos de nuestra discusión. Una mujer entro por la puerta. Era de cabellos negros en rizos, con un vestido blanco que reflejaba los colores del arcoíris, lo que le daba un contraste bizarro con el entorno en el que nos encontrábamos. Pero fue su rostro el que reconocí en mi sueño.
-Hera – dije a medio susurro. Percy se puso tenso a un lado mío y Nico le sostenía la mirada.
-Parece que no pueden hacer nada bien, ¿no es así? Ni aquí ni allá aciertas una niña. – dijo con voz fría. – Esta será la última vez que les ayude. Tiene diez minutos a partir de ahora, aprovéchenlos. Sus cosas están en el compartimiento 30-B, la clave es 42193, no podrán verlos, pero si escucharlos. Les quedan seis horas y contando, vayan a la calle novena numero 693 y no esperen más ayuda. – sin decir más desapareció.
-Bueno, ¡no hay que perder tiempo! – Nos apremio Nico -¡Muévanse!
Salimos de la habitación y corrimos hacia los compartimientos. Entre las prisas choque contra un policía que venía en mi dirección, caí encima de él, pero el solo se miraba desconcertado. Me puse de pie lo más rápido que pude y emprendimos camino nuevamente. Busque frenéticamente el compartimiento y cuando iba a sacar las cosas pasa una mujer junto a mí, apenas dándome espacio para moverme. Hice las cosas lo más rápido y silenciosamente que pude y salimos de la comisaria corriendo.
-Nos quedan, como máximo cinco minutos – decía Percy.
-Si no nos buscan antes. – contraatacó Nico.
-Cállense y corran – ordene.
Corrimos lo mas rápido que nuestros pies y energías nos permitían. Legamos a unos departamentos que se encontraban como a diez cuadras cuando nos permitimos descansar.
-Será mejor hacer el viaje de una vez – mire a Nico –. Ahora.
-Chicos, yo no… sé si pueda, ¿entienden?
-Confió en ti Nico – lo apoyo Percy.
-Mira Nico, no tenemos tiempo que perder, tienes que poder.
-No lo presiones, Annie.
-Lo presiono si quiero, soy yo la que está en juego en toda esta situación.
-Ah, porque nosotros estamos aquí porque queremos ¿no es así? – contesto repleto de sarcasmo.
-¡No es lo mismo Jackson!
-Sí, es lo mismo Chase. – nos dirigíamos miradas asesinas cuando Nico nos interrumpió.
-Chicos, lo intentaré. Tratare de llegar a San Francisco, o al menos, lo más cercano que pueda llevarlos.
-Está bien. – acepte.
Nos tomo de las manos y cerró los ojos, concentrándose en algo. Al principio no sentí nada, pero después de unos minutos, todo se quedo negro, sentí un frio escalofriante, como si se hubiera esfumado toda la felicidad del mundo. Al abrir los ojos estábamos en un callejón oscuro, me llegaba el olor a océano, las personas se escuchaban a lo lejos y el sol apenas se asomaba a nuestra posición.
Nico cayó al suelo de rodillas antes de que pudiéramos sostenerlo. Estaba pálido y con un sudor frio en el rosto, este se miraba mas demacrado de lo normal y su temperatura estaba muy baja.
-Nico ¿te encuentras bien? – «Vaya pregunta estúpida que has hecho Annie, es obvio que no» me regañe a mí misma.
-He estado mejor. – fue lo único que dijo. – solo necesito unos minutos.
Intercambie una mirada de preocupación con Percy, pero él solo se limito a articular con los labios un «Se pondrá bien»
-¡Nico, lo lograste! ¡Eres genial! – Nico río por lo bajo.
-Lo sé. – después de eso, cerró los ojos y durmió.
Lo dejamos descansar media hora, mientras nosotros nos aseábamos en la playa por turnos, le dimos lo que quedaba de ambrosia y emprendimos camino. Caminamos por lo que me parecieron horas. Estaba hambrienta, cansada, y solo nos quedaban cuatro horas. La urgencia de que todo terminara sobrepasaba el límite. Quería que todo acabara, pero por otra parte, no podía negar que iba a extrañar todo esto, y no me refiero a ser asesinada en trenes, o ser comida de esfinges, sino a todo esto de tener amigo, personas que se preocuparan por mí. Si, era cierto que tenia a Luke, pero, solo lo tenía a él, y después del verano no sabía si seguiría conmigo. Después de todo, mis planes y los suyos no coincidían, él seguía empeñado en cumplir como todo héroe las misiones que se presentara, yo, yo no, yo escaparía en cuanto pudiera, dejando todo esto atrás, pero no podía negar que si dejas el peligro mortal fuera, podía llegar emocionante.
Cuando llegamos a la dirección que teníamos, ya estaba anocheciendo. Había una enorme y vieja bodega, comprobamos la dirección, pero no había dudas, era lo único que se encontraba en ese lugar. Aparentemente se encontraba vacía, pero no creía que las cosas fueran a ser tan fáciles.
-¿Entramos? – pregunté.
-Deberíamos checar los alrededores, ¿no creen? – dijo Nico, quien todavía lucia fatigado.
-Exacto – contesto Percy –, separémonos. Nico, ve hacia la izquierda, Annie, quédate aquí y checa las entradas, yo iré por la derecha.
-Pero… está bien. – dije frustrada. Nuevamente me dejaban de lado.
Los chicos se alejaron y yo me encamine a la entrada. Se encontraba abierta, no había necesidad de forzarla. La miré dubitativa, las cosas no podían ser tan fáciles, prácticamente la puerta me invitaba a pasar del umbral. Mire a los lados y los chicos aún no se veían, así que entre. Aparentemente se encontraba vacía por dentro también, no se veía nadie, solamente los murmullos lejanos me hicieron comprender que no estaba sola. Los pisos estaban cubiertos de madera y las paredes estaban opacas. No había luz, la única luz que había, se filtraba por pequeños agujeros de las paredes y algunas ventanas. La habitación estaba repleta de cajas, papeles y archiveros. Había tantos que parecía un laberinto. Con cada paso que daba, más claros eran los murmullos; había también un chillido y golpes metálicos. Todo provenía del segundo piso.
Me dirigí a las escaleras lo más sigilosamente posible. Me acerque y pude ver a dos mujeres, ambas de espaldas a mí. Hablaban tan rápido que era casi imposible entenderles más que algunas palabras «Es hora» o «ya debería estar aquí». Entre más aguzaba el oído, menos sentido tenia lo que decían. Cuando estaba tomando el hilo de la conversación, escuche que subían las escaleras, a paso fuerte y decidido. Gire para verme y solo vi una mano que me tomo por la espalda y me cargo con tanta facilidad como si fuera una muñeca de trapo. Un gigante de cinco metros me tumbo contra el piso, dejándome en evidencia. Las mujeres giraron y sonrieron socarronamente. Percy y Nico fueron aventados a mi lado.
-¡Vaya, ya habían tardado! – dijo una mujer de de cabellos negros y rizos alborotados, vestida de cuero y cara huesuda – Por lo que habla tu madre de ti, supuse que serías más rápida… aunque pensándolo bien, no hablaba de ti ¿cierto? No, claro que no, hablaba de Annabeth la favorita. Tu solo eres un problema que hay que corregir. – remato cruelmente. - ¡Ah, y aquí están los caballeros de armadura dorada! ¡Qué monos!
-Déjalos, Némesis, concéntrate. – La senda mujer era un enigma, y cuando que era un enigma no me refiero a que tuviera una apariencia misteriosa, no, su rostro cambiaba continuamente. – Ya casi es hora.
Los sonidos metálicos se seguían escuchando. Al fondo, podía distinguirse una jaula de bronce con un búho grande y majestuoso, de color del marfil y un resplandor plateado en sus plumas, de ojos grises y mirada inteligente. Los chicos se pusieron de pie rápidamente y sacaron sus espadas.
-Guarden eso niños.
-Dennos el ave – exigí.
-Pero si la modelito tiene agallas – dijo la mujer vestida de cuero – pero más respeto, niñita. No siempre estoy de buen humor, no lo arruines.
-Dame el ave. – repetí.
-¿O si no que? ¿Piensas atacar a un par de Diosas con esos dos? Por favor, incluso tú eres más inteligente que eso.
-Conocí a tu hijo – interrumpió Percy - ¿Eres Némesis, no es así?
-Ah, tenemos aquí a alguien culturizado.
-Creí que estaba todo bien, tienen el reconocimiento que merecen, nos encargamos de eso ¿por qué tomar un ave para la guerra?
-Hay fuerzas despertando Perseus – contesto la mujer de varios rostros –, solo aseguramos de estar en el lado con más posibilidades de triunfar.
-¿Eso qué quiere decir? – cuestiono Nico.
-Lo que Hécate quiere decir – respondió Némesis – es que hay fuerzas antiguas despertando, pidiendo venganza, y es ahí donde entro yo, claro está.
-Ahora chicos, es mejor que no frustren nuestros planes, verán, esto nos tomo bastante tiempo, pero después de que hagamos lo que tengamos que hacer, podrás volver chica, no hay necesidad de que estés aquí, solo estorbas, como siempre.
-No le hables así. – dijo Percy con los dientes apretados.
-No me digas que hacer Perseus. – contesto Hécate. – Ahora, a lo nuestro. Y no intenten nada, están rodeados.
El gigante seguía a un lado de nosotros, pero aparecieron dos dracanaes de aspecto perturbador. Ambas armadas con espadas y lanzas. Sus serpientes emitían un zumbido desesperante.
-Tenemos que hacer algo. – Susurró Percy – ¿Nico, puedes contra el gigante?
-Sí, yo me encargo de él.
-Bien, Annie y yo tomaremos a las dracanaes, el que tenga la oportunidad toma el ave.
-¿Para qué? – dije, ambos se me quedaron viendo con una expresión inescrutable – digo, si finalmente me dejarán ir, y ustedes tendrán a Annabeth de regreso, ¿qué más da si tiene el ave?
-¿Te estás escuchando? – Susurró Percy, más enojado de lo que creí posible – ¿Acaso no pusiste atención a lo que dijeron? Nada bueno puede pasar si se llevan el ave.
-Annie – interrumpió Nico – no podemos dejar que se la lleven, ¿entiendes verdad?
-A mí no me importa una estúpida ave, si finalmente voy a regresar, ¿por qué debería hacer algo por mi madre, ella nunca ha hecho nada por mí, por qué debo hacerlo yo?
-Porque esto ya no es solo entre tu madre y tu. – contesto Percy cansinamente.
-Pues no pienso hacer nada, si van a hacer algo, háganlo solos, a mí no me metan en esto. Solo me sentaré aquí, a esperar a que me dejen volver. Fue un placer conocerlos chicos, pero hasta aquí llego esta búsqueda.
-Pensé que habías cambiado Annie, pero me doy cuenta que sigues siendo la misma niña estúpida y egoísta de hace seis días. No mereces tener a Atenea como madre, no mereces a Luke, no mereces nada. – dijo Percy, escupiendo cada palabra con rencor, y cada palabra fue como un puñal. Nada de todo este viaje había dolido tanto como sus palabras, ni las quemaduras del fuego griego, ni la mordedura de la esfinge. Nada. Voltee a ver a Nico, pero el simplemente me miraba con frialdad.
-Percy, vamos, tenemos que cosas que hacer.
Ambos tomaron sus espadas y se pusieron de pie. Hécate y Némesis estaban mezclando cosas en una mesa, absortas en su tarea. Hécate decía algunas cosas en griego antiguo. El ave seguía en una esquina, colgada.
La pelea fue brutal, Percy era acuchillado continuamente, ganándose varios rasguños y cortes en sus brazos, piernas y torso. Nico, era golpeado y lanzado contra las paredes, su cabeza sangraba por un costado y tenía el labio partido. Y yo, yo me quede sentada, viendo como masacraban a mis amigos. A los únicos dos amigos que había tenido en toda mi vida. A esos dos chicos que había regresado por mi y salvado mi vida la noche anterior, los que me hicieron curaciones y me salvaron de una muerte segura por un estúpido error mío, esos chicos que esperaron por mí en un tren en llamas. Unos amigos, que como ellos habían dicho, no merecía. El ver como los destrozaban en pelea era lo más difícil que había presenciado en toda mi vida. Simplemente no podía soportarlo. No iba a dejar que continuaran.
Tome mi chuchillo y me levante. Corrí hacia Nico (que era el que más necesitaba ayuda), estaba tumbado boca abajo, y lo moví antes de que lo aplastaran. El gigante me propino un manotazo que me dejo fuera de combate por unos segundos, pero le dio el tiempo suficiente a Nico para recuperarse. De una estocada le hirió el pie y enterró su espada en la pierna. El gigante se empezó a disecar hasta quedar un polvo dorado. Corrió a mi lado, pero lo empuje para que ayudara a Percy. Nico y Percy se compenetraban en combate, ambos se cubrían el uno al otro, y atacaban cuando era el momento. Se encontraban bien. Seguí las instrucciones de Percy y fui por el ave, que en esos momentos se encontraba chillando más fuerte que nunca.
Hécate y Némesis se encontraban tan concentradas en lo que hacían que no notaban el disturbio que estábamos causando. En la mesa tenían una especie de mezcla, Hécate seguía recitando palabras en griego y Némesis se concentraba en algo. De la mezcla empezó a surgir una especie de vapor, pero más denso, un punto intermedio entre el vapor, el líquido y el gel, era la cosa más rara que había visto en mi vida, era de un intenso color rojo sangre y empezó a crecer poco a poco hasta formar una especie de espiral sin fin.
Corrí con todas mis fuerzas hasta llegar al ave. La jaula en la que se encontraba estaba cerrada. No la podía abrir, saque mi cuchillo y empecé a tratar de cortar los alambres. Casi la liberaba cuando todo quedo en silencio.
-¿Y qué piensas hacer cuando la liberes, Annie? – dijo Némesis. – Esa ave, es la razón por la que siguen con vida. – gire lentamente y me encontré con que los chicos habían sido finalmente inmovilizados, sus espadas estaban en el suelo, a dos metros de ellos, las dracanaes los tenían sujetos por el cuello y Hécate y Némesis tenían una sonrisa burlona adornando sus labios, lo que le daba un aspecto bizarro a Hécate.
-Dame el ave Annie – decía Hécate – y podrás regresar, solo tienes que dármela.
Negaría si dijera que la oferta no resultaba tentadora, porque si lo era, y mucho. Pero una sola mirada a los chicos me hizo comprender que no podría traicionarlos, no ahora que eran mis amigos, quizá hace cinco días lo hubiera hecho, pero no ahora. Es increíble el cómo pueden cambiar las cosas en tres días. Corte el ultimo alambre de la jaula y la liberé.
-¡Nooo! – Chilló Némesis, mientras el ave chillaba fuertemente y desplegaba sus largas alas blancas, dirigiéndose hacia la libertad – ¡Niña estúpida! ¿Qué has hecho?
-Mátenlos – ordeno Hécate, pero yo ya estaba corriendo para socorrer a los chicos. Nico y Percy se retorcían, tratando de que no les asestaran con las espadas.
-El portal no durará eternamente, tomaste tu decisión Annie. Asume las consecuencias de tus actos. – dijo Némesis, y ambas desaparecieron.
El portal iba desvaneciéndose con cada segundo que pasaba. Los chicos se las habían ingeniado para recuperar sus espadas y se enfrentaban en solitario a cada una de las dracanaes. A pesar de que estaban heridos, lo hacían muy bien.
-¡Vete! – Gritaba Nico – ¡Vete Annie! – me acerque a ellos en un acto reflejo.
-¡Largo, Annie, vete ahora, no durará por siempre! – dijo Percy, mirándome a los ojos, y de alguna forma, supe que todo estaba bien entre nosotros, mis palabras de hace unos mementos habían sido perdonadas, al igual que las suyas.
Di media vuelta y empecé a correr hacia el portal. Dentro de él, se podía ver un fondo negro y espeso, no había luz dentro de él. Estaba a punto de atravesarlo cuando escuche un grito agónico detrás de mí que me helo la sangre. Me gire lo más rápido que pude y vi a Percy tumbado en el suelo, la dracanae encima de él, encajándole una lanza en su hombro izquierdo. Nico estaba acorralado contra la pared, tenía una herida grande en su pierna, y su espada estaba a unos metros de él, y lo comprendí: iban a morir si me iba. Fue cuando comprendí las palabras de mi madre en la biblioteca. «Sacrificarás lo que más quieres por el bien común.» y después de todo ¿Qué era lo que yo mas quería? A mí misma, mi estilo de vida, mi futuro, en pocas palabras: yo, eso era lo que más quería, por muy egoísta que fuera. Eche una última ojeada al portal y desanduve mi camino, blandí mi cuchillo y me lance para ayudar a mis amigos.
Jackson
Nunca en mi vida había sentido tanta envidia como hoy en la mañana cuando Luke beso a Annabeth. Y eso fue lo que más me descoloco. El que me molestara que Luke besara a Annabeth, antes, cuando los miraba intercambiar muestras de afecto me preguntaba que había hecho Luke para merecer eso, que no había peor castigo en la Tierra, que ni los campos de castigo de Hades podía haber castigos tan crueles como el besar a Annie, pero esta mañana, esta mañana desee ser yo el que besara, lo cual era lo más estúpido que podría desear. Necesitaba un tiempo a solas, y cuando regrese los encuentro discutiendo.
Después de que le dijera a Luke que era un idiota por tratar de besar a Thalía nos ordeno llamarla para que pidiera disculpas y nos ayudara. Pero yo realmente me preguntaba si le había llamado idiota porque reprobaba su comportamiento, o porque estaba celosa., lo cual me inquietaba aun más.
Finalmente, después de seis dracmas, múltiples suplicas, escuchar como llamaban a Luke idiota, fácil y cuanto más se le ocurriera a Thalía, logramos convencerla de que nos ayudara.
Le dimos nuestra localización y prometió llegar lo más rápido que pudiera. Alrededor de medio día vimos una enorme mancha café descender hacia nuestra posición. La gran mancha café resulto se un águila enorme, de unos seis metros de largo, y una Thalía vestida de negro, chaqueta de cuero y botas militares, bajó de ella. Sus ojos azules eléctrico estaban enmarcados en un denso delineador negro, haciéndolos más intimidantes aun.
-¿Les gusta? Es un obsequio de mi padre. – dijo tranquilamente, como si las águilas gigantes fueran los regalos más comunes entre padre e hija.
-Es muy bonita. – se apresuro a contestar Luke. Thalía le dirigió una mirada, que si las miradas fueran puñales… bueno, el ya estaría recogiendo sus dientes.
La tensión se podía sentir en el aire. Thalía nunca se caracterizo por tener un carácter fácil, era un poco hostil en cuanto a Annie y Luke, pero esta vez era como si sus deseos homicidas pudieran tomar control de su cuerpo en cualquier momento. Annabeth salió de entre algunos árboles, limpia y cambiada. Se veía mejor que esta mañana, al menos, ya no estaba tan pálida. Tenía el ceño fruncido y la boca fruncida, pero en cuanto vio a Thalía una sonrisa hermosa y radiante ilumino su rostro.
-Me alegra que hayas podido venir a ayudarnos Thalía. – decía con voz alegre.
-No lo hice por ti – contesto la mestiza con voz dura –, lo hago porque es importante todo esto. – La sonrisa de Annabeth se fue desvaneciendo poco a poco
-Aunque no la hayas hecho por nosotros, me alegra que nos ayudes, eso habla lo buena persona que eres, y te estamos agradecidos.
-No, me importa lo que piensen de mí, ni sus agradecimientos, guárdenselos.
Luke y yo estábamos callados, mirando de una a otra en su intercambio de palabras. Temerosos de decir algo estúpido y arruinar mas las cosas.
-Entiendo.
-¿Nos vamos? Según tengo entendido, tenemos el tiempo contado, entre más rápido nos vayamos, mas rápido llegaremos. – Subió al águila, justo en medio de sus alas y esperó a que subiéramos detrás de ella.
Subimos uno a uno. Annabeth quedó en medio de Luke y yo. El trayecto a San Francisco fue incomodo. Thalía no abrió la boca en todo el trayecto, tenía una posición rígida. Luke, que iba detrás de ella, iba sujeto a su cintura, susurraba de vez en cuando frases incomprensibles que no llegaban a mis oídos, solo escuchaba las contestaciones de Annabeth. Yo, por mi parte, iba en mi paraíso personal. Tenía a Annabeth sujeta de la cintura, sus cabellos desprendían un muy leve aroma a limos casi imperceptible, provocándome un calor en el pecho que no quería analizar a profundidad.
El viaje duró alrededor de cuatro horas. El atardecer era de un rojo brillante, el sol nos había tostado y dejado la piel roja, ya que Thalía no se preocupo por ir debajo de las nubes.
-¿Cómo sabes a donde ir? – Pregunto Annabeth – solo sabíamos que teníamos que llegar a San Francisco.
-Atenea me dijo a donde ir, venia con el águila. Algo de que eran muy lentos y esperaba más de ti, algo así. – contesto, y pude sentir el tono burlón en sus palabras – Bueno, será mejor que nos demos prisa.
Bajamos del enorme animal y echo a volar nuevamente. Estábamos frente a una fábrica abandonada. Había muchas criaturas moviéndose en los alrededores, no había duda de que nos encontrábamos en el lugar correcto. Estábamos como a cien metros, nuestra posición era favorable, teníamos una buena vista de lo que nos esperaba. Había gorgonas, ciclopes, y perros del infierno haciendo guardia en la entrada. Si tenía una cosa clara, es que entrar, iba a ser lo más difícil que habíamos hecho hasta ahora.
-¿Cuál es el plan? – pregunto un Luke ansioso.
-Tratar de no morir. – contesto Thalía. Annabeth la ignoró.
-Trataremos de entrar a hurtadillas. Si ponen atención, cuando la Gorgona de la izquierda avanza a la derecha, el ciclope que resguarda la pared izquierda, se encuentra del lado opuesto, tardan seis segundos en volver a encontrarse, podemos pasar uno por uno. Podemos usar esos escombros para cubrirnos de los perros que resguardan las afueras del lugar. Tendríamos que ser muy sigilosos y rápidos.
-No eres tan estúpida como pensé. – Dijo Thalía altivamente – supongo que a veces puedes resultar útil.
-¿Sabes? Que no te agrade Annie, no significa que puedes insultarme a diestra y siniestra. Tus problemas con ella son aparte. – Thalía se limito a verla fijamente, como si estuviera decidiendo si era conveniente golpearla o no. Finalmente asintió con el cuello rígido como tabla.
-Bien, lo haremos a tu como, pero si algo sale mal…
-Yo pago las consecuencias ¿recuerdas? Soy yo la que se queda aquí, tú no pierde nada. – contestó Annabeth claramente irritada.
-Entonces vamos. – dije. Empezamos a caminar, alertas en todas las direcciones. Thalía y Luke se adelantaron un poco.
-Jackson. – Me hablo Annabeth a mis espaldas – Por si esta es la última vez que podemos hablar bien, solo quería decir gracias. Por haberme acompañado en todo esto, significó mucho para mí. Sé que no eres él, pero me ayudaste a no perder la cabeza. – se acercó a mí y me abrazo. – Gracias por todo. – susurró a mi oído y empezó a caminar, dejándome con una euforia que no había sentido antes.
Esta chica solo vino voltear mi mundo de cabeza. ¿Qué iba a hacer cuando ella se fuera y regresara la Annie de siempre? Gracias a ella ahora tenía un padre identificado, me había probado a mi mismo que si tengo lo necesario, sabía que podía tener una vida mejor con mi madre. ¿Por qué había venido para que la tuviera que dejar ir? Sin duda iba a extrañarla, era una amiga que en tan poco tiempo me hizo darme cuenta de lo que era capaz. A pesar de mis desplantes y palabras hirientes los primeros días, no se dio por vencida conmigo y, sin duda, yo no me iba a dar por vencido ahora hasta que ella regresara a donde pertenece, aunque eso no es lo que deseo, haré lo mejor para ella, aunque eso duela.
Bueno he aquí el séptimo capítulo. Cada vez estamos mas cerca del final
Lamento haber estado ausente tanto tiempo, pero fue por una buena causa,
ahora ya soy tía de una hermosa nena llamada Miriam, así que estuve con mi
amiga estas semanas que estuvo en recuperación, pero como ya se encuentra
mejor y estoy en mis muy merecidas vacaciones podré actualizarles mas seguido.
Solo espero que haya valido la pena.
Besos
