N/A: Gracias por vuestros comentarios
Disclaimer: Sé que ya lo he dicho antes, pero me parece oportuno repetirlo de vez en cuando: mi fic está basado en un relato que a su vez se basa en el Necronomicón de Lovecraft. De hecho, si buscáis por la red seguro que encontráis mucha información sobre los perros de Tíndalos y demás. Yo sólo he aprovechado todos estos recursos para buscar una manera creíble de recuperar a Sirius.
Ya lo avisaba en el primer capítulo: al final del fic daré la referencia exacta del libro que me ha servido de referencia. Os pido que seáis pacientes. Un abrazo a todos, aquí os dejo el siguiente capítulo:
DETRÁS DEL VELO
7. El Loto Negro
… Y en medio del horrible limo y el hedor obsceno vi a los horrores trémulos y borboteantes, aquellas torres temblorosas de corrupción líquida y gelatinosa, salpicadas de ojos abiertos y saltones… y chillé, y huí, atravesando las sendas del espacio y el tiempo y la dimensión, reconociendo gracias a ese último vistazo que helaba el alma las flores inclinadas que crecían en los inmundos bajíos de aquel lago de cochambre burbujeante… y chillé, y huí, sabiendo al fin dónde florecía el Loto Negro, y de qué sustancia incalificable se nutría.
Abdul Alhazred
Cuando Ojoloco apareció a la mañana siguiente, Remus continuaba en el mismo sitio, revolviendo papeles, con dos tazas de café vacías sobre la mesa y unas profundas ojeras enmarcando sus ojos brillantes.
-¿Pero qué…?
-Buenos días, Moody –saludó el licántropo con una sonrisa. Y el mago se acercó a él curioso y enfadado.
-¿Qué estás haciendo, Lupin?
-Creo que he encontrado algo.
Había cansancio en sus ojos, pero también esperanza y Ojoloco no pudo enfadarse con él. Aún así, soltó una especie de gruñido al inclinarse a su lado.
-Supongo que no me hiciste caso y pasaste toda la noche en vela.
Remus curvó un poco sus labios, pero decidió no contestar a su pregunta.
-Se me ha ocurrido algo y me gustaría saber tu opinión. ¿Café?
Ojoloco negó y esperó impaciente a que Remus volviera a llenar su taza con un movimiento de varita y algunas palabras mágicas.
-No podía dormir y empecé a darle vueltas a todo lo que tenemos hasta ahora. ¿Recuerdas la visita al hospital? Aquel desagradable olor… Tú dijiste que era la manera en que aquellos seres se manifestaban en nuestro mundo y luego añadiste que, según Alhazred, al otro lado del Velo los sonidos y los olores eran más importantes incluso que la vista.
-Sí, lo recuerdo. ¿Pero a dónde quieres llegar?
-Verás… empecé a pensar en lo que sería para Sirius estar en un lugar así. Después de todo, al ser un perro su forma de animago, es posible que su sentido del olfato esté más desarrollado de lo normal. De hecho, él siempre hacía comentarios al respecto. A menudo se acercaba a nosotros y nos olfateaba como si realmente fuera un animal para decirnos a qué olíamos en ese momento: James a caramelos de menta, Lily a nubes y a primavera. Harry a dulces de nata… A mí siempre me decía que olía a bosque. A tierra mojada y lluvia.
Los labios del licántropo se curvaron ligeramente en una sonrisa.
-Vale, acabamos de descubrir que tiene un gran sentido del olfato. O una gran imaginación… ¿Pero en qué lo ayudará eso?
-Aún no he terminado. Mientras pensaba en ello rescaté otro recuerdo de mi memoria. Me acordé de lo que decía nuestro profesor de Adivinación en el Colegio: cuando hablaba de fantasmas y apariciones mencionó una modalidad muy curiosa. Supongo que sabes que existen presencias que se manifiestan por medio del olor. Nos contó el caso de una mujer que a menudo olía a flores en el viejo salón de su casa. No sabía de dónde venía aquel aroma pero siempre había una fragancia como de nardos en aquella habitación. Pues bien, la mujer realizó una sesión de espiritismo para averiguar la causa y ¿sabes qué descubrió? Mucho tiempo atrás, había muerto en aquella misma habitación una joven. Era una historia dramática y triste, pero el caso es que su esencia se manifestaba a través del olor. De hecho, aquella señora nunca la vio ni la percibió de ninguna otra manera. Sólo la olía.
-¿Y?
-He pensado –su mirada se iluminó- que tal vez pudiera ir allí. No cruzando el Velo, por supuesto –añadió rápidamente al ver la expresión en el rostro del ex auror-, pero Alhazred habla de otros métodos.
Y le extendió un pergamino para que lo observara de cerca.
Era un dibujo a tinta, una reproducción del mismo dibujo que ya había visto en el Necronomicón: la imagen de una extraña planta con grandes pétalos negros.
-¿El Loto Negro?
-Sí.
Ojoloco frunció los labios.
-Creo que no te das cuenta de lo que estás diciendo. ¿Es que acaso no lo has leído¡El mismo Alhazred advierte del peligro que supone probarlo! Es una droga muy poderosa.
-Lo sé. Pero según Alhazred al ingerir esa droga, se entra en un estado de semi-inconsciencia capaz de comunicar este mundo con el Más Allá. Si tomara el Loto Negro podría viajar "espiritualmente" al otro lado del Velo.
-¡Pero esa droga podría hacerte daño!
-Tomaría una dosis muy pequeña –explicó Remus impaciente-. Ni siquiera me tendría que manifestar físicamente. Eso sería una pérdida de energía y además peligroso, como tú has dicho. Esos seres podrían advertir mi presencia y estaría perdido. Pero… si sólo me acerco un poco… No mucho, lo suficiente para dejar mi rastro. Sirius no podría verme, pero estoy seguro de que percibiría mi olor. ¿Y sabes qué haría en ese caso?
-Seguirlo.
-¡Podría guiarlo hasta el amuleto! –concluyó en voz alta y nerviosa-. Y luego lo llevaría hasta la Torre. Una vez allí él encontraría la manera de salir, estoy seguro, y si no, nosotros podríamos ayudarlo abriendo el portal desde este lado. ¿No lo ves¡Podemos hacerlo!
Ojoloco estaba sorprendido. Parecía tan fácil… Y sin embargo estaba seguro de que a él no se le habría ocurrido una idea semejante.
-Aguarda. Hay que pensar esto con calma. Primero¿cómo vamos a conseguir esa droga?
Remus dio un sorbo a su café e hizo una mueca al ver que se había enfriado.
-Eso te lo dejo a ti. Yo no puedo pensar en todo.
-Es un ingrediente muy valioso. Y prohibido.
-Pero seguramente no será tan difícil encontrarlo en el mercado negro.
-Sí, es posible. Tal vez en el Callejón Knockturn…
-Yo no puedo aparecerme allí, levantaría sospechas.
-No te preocupes, yo me encargaré de eso. Parece una buena idea, pero hay algo más. Tenemos que averiguar la forma de localizar a Sirius. Si queremos que capte tu aroma, tendrás que aparecerte directamente ante él y eso no va a ser fácil.
-También he pensado en eso, y sinceramente, no se me ocurre nada.
Moody curvó sus labios en un amago de sonrisa.
-¿Qué hay del espejo?
-No funciona. Lo he probado cada noche desde que Harry me lo dejó. Nada.
-Es verdad que el comunicador no funciona, pero tal vez podríamos utilizarlo como localizador. Podemos realizar un Hechizo de Ubicación sobre él. Si saliera bien, averiguaríamos dónde está. Podríamos establecer una especie de unión entre ambos espejos y tú sólo tendrías que dejarte llevar.
-¿Sabes hacer eso?
-No. Pero Kingsley sí. De hecho, ese tipo de hechizos es su especialidad, es capaz de encontrar una perla negra en el mar.
-¿Y crees que nos ayudará?
Moody sonrió.
-Depende de cómo se lo pidamos.
Pasaron la tarde encerrados en casa de Lupin, leyendo una y otra vez las referencias de Alhazred sobre el Loto Negro, buscando información sobre la forma adecuada de emplear aquella peligrosa droga, tratando de calcular la dosis perfecta… Usado en exceso, el Loto Negro podía dañar seriamente el organismo y sus secuelas eran irreversibles y permanentes. Ojoloco no se cansó de insistir en ello y, mientras leía y releía tratados y ensayos sobre la curiosa planta y su forma de preparación, su ojo mágico no dejaba de observar al licántropo, que trabajaba incansable a su lado.
Ojoloco estaba preocupado por él porque a aquellas alturas ya sabía que si tuviera que arriesgar su vida para conceder una mínima oportunidad a Sirius sólo se demoraría un segundo, y sería para comprobar que no había nadie cerca que pudiera resultar herido.
Era evidente que aquello sobrepasaba los límites de la amistad, y Ojoloco lo sabía desde aquella fatídica noche. Ellos no se habían dado cuenta porque estaban demasiado absortos en la contemplación de sus enamorados rostros, pero él aún no había abandonado la habitación cuando compartieron aquel fugaz beso de despedida, y su ojo mágico lo vio. Por eso había decidido ayudarles, porque merecían otra oportunidad. Porque estaba cansado de oír cómo la gente pregonaba a los cuatro vientos su amor eterno para renunciar a él a la mínima de cambio. Y sin embargo el licántropo ponía todo su empeño en seguir adelante, en rescatar un amor que cualquier persona habría creído muerto y desaparecido para siempre. Y él admiraba eso, admiraba su dedicación, su entrega. Por eso lo ayudaba, pero por eso mismo no debía permitir que el licántropo malgastara su vida en aquella búsqueda. Ahora era su deber cuidarlo, lo mantendría a salvo hasta que Black volviera a estar a su lado.
Esa noche, Moody decidió quedarse y obligó a Remus a acostarse un rato. El licántropo se negó con obstinación, alegando que no podían perder tiempo, y el auror acabó lanzándole un Desmaius. Lo llevó a su cama y una vez allí preparó un vaso de poción para dormir. Sabía que la poción no le sentaba bien debido a su licantropía: alguno de sus ingredientes parecía producir una extraña reacción en su organismo, pero se dijo que no pasaría nada por una vez. Además, el joven necesitaba descansar.
Mientras Remus dormía por fin después de varios días en vela, Ojoloco cogió su capa y entró en la chimenea, soltó un puñado de polvos flu y pronunció con voz clara y fuerte el nombre de Cabeza de Puerco.
El local apestaba a humo de tabaco y el ambiente era denso y agobiante. Moody sacudió sus ropas y se dirigió a la barra, apartando de su camino a un borracho que acabó perdiendo el equilibrio y cayendo al suelo con un gruñido, para quedarse allí tumbado.
-Buenas noches.
El camarero no se esforzaba lo más mínimo por parecer amable.
-¿Qué quiere?
-Busco al señor Mundungus Fletcher.
-Ahí dentro.
Ojoloco le dio las gracias y fue hacia el lugar que le habían indicado. Atravesó una puerta y entró en una habitación aún más cargada de humo que la anterior. Había varias mesas, todas ocupadas. El tono confidencial de las voces indicaba que allí se hablaba de cosas prohibidas y secretas. No tardó en localizar a Mundungus, que parecía ser el centro de atención en el grupo del fondo.
Cuando Ojoloco se acercó, vio que sobre la mesa había varios objetos brillantes: un par de anillos, algunas copas y una cubertería casi completa de la más pura plata. Hizo una mueca al reconocer las iniciales de una de las sortijas.
-Veo que aún no has escarmentado.
El hombre se giró con una rapidez asombrosa, nacida de la práctica.
-¡Alastor! –intentó disimular un gesto de agradable sorpresa mientras agarraba las copas para esconderlas en algún lugar entre sus ropas-. ¿Qué te trae por aquí, viejo amigo?
Moody levantó a un hombre de su silla para sentarse en su lugar.
-Necesito hablar contigo.
Mundungus lanzó una mirada preocupada a su potencial clientela, que los miraba ahora con curiosidad.
-Bueno, verás, es que ahora estoy muy ocupado y…
-¿Vendiendo mercancía robada? –lo interrumpió el ex auror.
Mundungus sonrió con nerviosismo.
-¿Por qué no quedamos más tarde?
Ojoloco atrapó su mano, que reptaba sobre la mesa para alcanzar los demás objetos.
-Me temo que no puede ser. Es que, verás, tengo algo de prisa y sólo puedo estar aquí un momento. Lo entiendes¿verdad? Necesito hablarte ahora.
El mago asintió un par de veces y lanzando una rápida mirada a su alrededor agregó en voz baja:
-¿Por qué no vamos a un sitio más privado?
-Me parece perfecto.
Media hora después, Ojoloco salía de la atestada taberna con una enorme sonrisa de satisfacción. Mundungus se encargaría de buscar la droga. Él conocía a más maleantes, truhanes y ladrones que el resto de la Orden del Fénix juntos. Seguro que averiguaba la manera de dar con el Loto Negro sin levantar sospechas, de forma rápida y eficaz.
Ojoloco abrió la mano y contempló el pequeño objeto que descansaba en su palma. Y de paso, se dijo, daría una alegría al licántropo. Estaba seguro de que aquello le gustaría.
Continuará…
Lo sé, este capítulo ha salido más corto, pero al menos ahora sabemos el plan de Remus. De todas formas pienso compensaros. No iba a deciros cómo, pero si insistís… de acuerdo, ahí va: en el próximo capítulo… ¡habrá LEMMON! Je, je. Ya está, no digo más
¡Gracias por leer! Y por supuesto, gracias por los reviews :-)
DAIA BLACK
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