Acá vengo con un nuevo capítulo, ojalá les guste. Espero sus comentarios para poder mejorar :) Lo que quieren se acerca jejeje
PD: La historia es mía, pero los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
GRACIAS POR LEER! :)
Eran las 7:30 am y oficialmente comenzaba nuestro primer día en Los Ángeles. Pese a la insistencia de mi padre de que hoy me dedicará a descansar, decidí levantarme temprano para comenzar a arreglar todo ahí. Había averiguado que el jardín de niños abría a las 9 am, por lo que eso sería lo que haría primero, ir a inscribir temporalmente a Mía. Pude habérselo pedido a mi secretaria, pero eso me correspondía a mí.
Aproveché que Mía aún dormía para darme una ducha rápida e ir a prepararle su biberón. Apenas entré en la habitación mi bebe comenzó a retorcerse y abrió sus ojitos. Me dedicó la sonrisa más adorable y ahí supe que este iba a ser un gran día. Una vez que se lo acabo, me dio un apretado abrazo como todos los días y me dijo "Mía quee papi" (Mía quiere a papi), lo cual me hizo conmocionarme una vez más.
Ambos nos arreglamos y salimos camino al jardín, decidí que iríamos caminando, ya que solo quedaba a unas cuadras. En el camino me di cuenta que la mayoría de las mujeres, que pasaban a esa hora, volteaban a verme con una gran O en sus bocas apenas me veían pasar con Mía de la mano, lo cual me causaba mucha gracia. Cuando llegamos finalmente a "Smile" me recibió la directora, quién me hizo toda una clase de preguntas acerca de Mía. Desde su nombre, hasta su tipo de sangre. No me molesté en contestar nada, hasta que me preguntó por su madre. En ese instante me paralice un poco y se me borró la sonrisa con la que había estado hablando.
-Sr. Cullen, ¿se encuentra bien?- me dijo preocupada.
-Sí, sí, descuide, pero me gustaría que Mía no tuviera que escuchar esto- murmuré apenado.
-Oh, ya veo..mmm si quiere la puedo llevar con las tías que estarán a cargo de ella durante sus días acá- dijo animada.
-Me parece perfecto, así podrá conocer a sus otros compañeros-asentí un tanto complicado, ya que ahora vendría la parte en que debía convencer a Mía de ir, lo cual pensé que sería difícil, ya que nunca la había dejado en un lugar extraño, pero al contrario, ella emocionada se bajo de mi regazo y comenzó a saltar de alegría porque quería jugar.
Le di un gran beso y dejé que la directora la fuera a dejar, ya que desde mañana eso sería todos los días y debía acostumbrarse. Desde la oficina podía escuchar como decía toda clase de palabritas hasta que finalmente su pequeña vocecita se perdió por el pasillo.
Una vez que regresó la directora Denali le conté todo, aunque hubiese bastado con decirle que Mía era mi responsabilidad porque su madre no quiso hacerse cargo, prefería contárselo todo, creo que no dejé escapar ningún detalle. Ella lo comprendió y me hizo saber que estaba haciendo un gran trabajo con mi hija, lo que me puso muy feliz. Además, me aseguró que la cuidarían mucho y tratarían de ayudarme cuando fuese el momento de explicarle por qué su madre no está con ella, lo que por un momento me alivió, pero por otra parte, no quería que llegase ese día jamás.
Estuvimos un buen rato hablando acerca de toda clase de cosas referente al jardín, horarios, el tema de las comidas, pagos, actividades, en fin. Y me contó que ahora estaban al cuidado de los niños 2 estudiantes en prácticas muy buenas, así que no debía preocuparme por nada. De hecho me confesó, que en un par de meses cuando ellas terminarán, les ofrecería quedarse a trabajar ahí. Finalmente, me invitó a conocerlas, antes de retirar a mi bebe. Llegamos a la sala y espere afuera mientras la directora entraba a buscar a las tías. Volvió a abrir y ahí estaba mi hija en brazos de una rubia muy agradable y apenas me vio estiro sus bracitos para aferrarse a mi cuello.
-Edward, ella es Rosalie, una de nuestras estudiantes en práctica- dijo apuntándola.
-¡Gusto en conocerte!- dije todo emocionado- La Sra. Denali me ha hablado muy bien de ti y de tu compañera, así que espero dejar a mi pequeña princesa en muy buenas manos- continué, hasta que vi que su cara se estaba volviendo rojo escarlata, lo que me provocó mucha gracia.
Hablamos un rato, hasta que la Directora regresó y nos interrumpió. Había ido a buscar a la otra tía, pero creo que no le había ido bien. Me dijo un poco apenada que Isa, la otra tía, no se encontraba muy bien hoy y que era una lástima que no la hubiese podido conocer, pero me aseguro que era muy buena con los niños. Rosalie debía volver con los niños, así que me despedí y justo cuando estaba dándome la vuelta, junto a la directora, para retirarme mi hija de pronto se despego de mi cuello y me dijo "papi, Mía, quee juga" (Papi, Mía quiere jugar) y miré a la directora con una mueca graciosa en mi cara y ella asintió. Baje a Mía y se fue corriendo a la sala, después de todo tenía que ir a la oficina y allá se iba a aburrir.
-Su hija es muy adorable Sr. Cullen, sin duda ha hecho un gran trabajo. No ha visto los escándalos que hacen algunos pequeños apenas se bajan de los brazos de sus padres, en cambio Mía parece adaptarse rápido- dijo antes de despedirse en la puerta.
Me fui durante todo el camino pensando en lo que la directora me había dicho ¿de verdad estaba haciendo bien las cosas?, de repente una sonrisa se dibujo en mi cara y me alegre de que mi pequeña fuera feliz y que la ausencia de Bella no se notara. Muchas veces pensé en decirle por qué su madre no estaba en casa, pero ni yo lo sabía, además Mía ni se había dado cuenta todavía y quiero aplazar lo que más pueda su sufrimiento.
Pensando en eso estaba cuando llegué al edificio donde se encontraba mi oficina. Todos se portaron amables cuando entré, como si hubiese estado trabajando años ahí, lo cual me agrado y una vez más me alegre de haber tomado esa decisión.
-Sr. Cullen, buenos días- me saludo Irina, mi nueva secretaria, quien era hija de uno de los mejores amigos de mi padre.
-¡Buenos días Irina! – dije todo animado- Y no me digas Sr., tenemos la misma edad- continué riendo.
-¡Está bien!... Entonces… ¿dónde está tú hija?, muero de ganas por conocerla, tu padre me ha dicho que es probable que vinieras con ella- preguntó con extrañeza.
-Carlisle- dije para mí- La he dejado en el jardín de niños que está a unas cuadras de acá, ella ha querido quedarse a jugar- continué riendo.
Mientras Irina me mostraba la oficina continuamos hablando de mi hija y de su pequeño Benjamín, que apenas iba a cumplir un año. Me contaba que él se quedaba en casa con su padre, que tenía su oficina ahí, mientras ella trabajaba. Irina no había querido dejar su trabajo, ya que le gustaba ser independiente, lo que me pareció bien, yo nunca hubiese obligado a Bella a dejar lo que le gusta.
Al rato me puse a ordenar unos documentos hasta la hora de almuerzo en que me decidí a ir por mi hija al jardín de niños, ya que no tenía nada más que hacer por la tarde, así que la llevaría a recorrer la ciudad. Apenas llegué, la directora amablemente me invitó a pasar para que yo mismo sacara a mi hija de la sala antes de que sirvieran la comida. Al entrar, la vi sentadita con unas niñitas un poco más grandes que ella y jugando a las muñecas, se veía tan adorable compartiendo con otros bebes. En la esquina estaba Rosalie consolando a un bebe que se había dado un pequeño golpecito y la otra tía nuevamente no estaba. Seguramente había ido al baño a mudar a algún bebe.
-¡Papi, papi, mia muneca! (Papi, papi, mira la muñeca)- dijo corriendo con los brazos extendidos para que yo la tomará y con una muñequita en una de sus manitos.
-¡Qué linda bebe, pero no más que tú!- dije dándole un besito en su frentecita, que hizo que me diera una de sus sonrisas adorables.- Nos vamos a casa Mía- continué, pero en su carita se dibujo un puchero y comenzó a llorar.
-No, Mía quee juar (No, Mía quiere jugar)- repetía una y otra vez con los ojitos llenos de lágrimas y retorciéndose en mis brazos.
Me partía el alma verla así, aunque fuese una pataleta de momento, no me gustaba verla llorar. –Vamos a ir a pasear bebe, compraremos muchos juguetes para que vengas a jugar con tus amiguitos- le dije acariciando su espaldita para que se calmara, e inmediatamente dejó de llorar y me dedicó una linda sonrisa.
-¡Vamos!- me dijo toda animada.
-Pero antes, debes ir a despedirte cariño y te limpiaré esta carita tan bonita- dije dándole un besito en sus adorables mejillas rosadas.
La llevé hasta donde estaba Rosalie, quien se despidió de una forma muy tierna de mi hija. Luego le pregunté si podía pasar al baño con Mía para lavarle la carita, pero se negó con algo de pena. -Lo siento, pero es mejor que la lleve yo…¿puedes ver a los niños por mí?- me dijo un tanto avergonzada.
-Claro- asentí y mi hija se fue de la mano con ella. Pensé para mí que tal vez la otra tía estaba ocupada y no era propio que yo entrase.
-¿Está bien?- pregunté a Rosalie cuando me pasó a mi bebe en los brazos.
¿Quién?- dijo desconcertada.
-Tu amiga…he visto moverse la puerta cuando Mía lloraba y lleva mucho tiempo en el baño.
-¡Ah, claro!, no es nada, no te preocupes- dijo dedicándome una sonrisa.
Me fui con Mía a almorzar a casa y luego por la tarde fuimos al parque y al centro comercial a comprar una muñeca, ya que le había gustado tanto la del jardín que no la quería dejar, casi tuve que quitársela de las manos.
Llegamos a casa de noche. Mía se había quedado dormida en mis brazos, estaba exhausta ya que no habíamos utilizado el auto. Le puse su pijama de princesa y la fui a acostar a su cuna durmiendo como un verdadero ángel.
Estaba en mi cama pensando en lo maravilloso que había sido nuestro primer día y en lo bien que llevaríamos nuestra vida acá, cuando de pronto la escuche llorar. Salí corriendo a su cuarto y ahí estaba paradita en su cuna llorando desconsolada. No dude 1 segundo en tomarla en brazos y se aferró a mí con toda la fuerza que su pequeño cuerpo podía.
-¿Qué pasa bebe?- le pregunté mientras sobaba su espaldita.
-Queo domi con papi (Quiero dormir con mi papi)- dijo entre sollozos y con el chupete aún en su boquita. Nunca había dormido en su habitación, por lo que supuse que se despertó, no reconoció el lugar y se asustó.
La lleve a mi pieza y se acurrucó en mi pecho. Mientras le contaba que esa era su habitación y que no debía asustarse si se despertaba ahí, se quedo dormida. La observé un buen rato y una sonrisa se dibujó en su carita, mi pequeña era feliz, ella estaba feliz ahí.
