Capítulo 7: El pequeño fantasma
Thánatos y Macaria se encontraban en el palacio de Hypnos. Desde que Cronos fue derrotado, y Hécate abandonó Grecia, el palacio que había sido de la diosa de la hechicería y de las almas errantes ahora era de Thánatos y Macaria.
A la hija de Hades le encantaba ir a ese palacio de visita, siempre, desde niña, había pasado mucho tiempo en ese lugar. Le tenía un gran cariño a los dos espectros, cariño que con el paso de los años, en el caso de Thánatos, se convirtió en amor.
Y con ellos había venido su sobrina, Melinoe. Todo el mundo decía que era calcada a Perséfone, pero él no lo veía así.Él conocía todos su matices, había conocido sus berrinches de niña, sus desilusiones y alegrías. Conocía perfectamente su manera de ser, e incluso físicamente notaba sus diferencias. Su nariz tenía unos rasgos mucho más redondeados, no así la de Perséfone, que era más respingona.Y aunque sus ojos tenían la misma forma,su mirada era completamente diferente. Tenía una mirada que le encantaba. Por fuera sus rasgos eran de hielo, con su pelo rubio, sus ojos azul claro casi blanco, y su blanca piel. Parecía un fantasma de hielo, pero él sabía que por dentro era puro fuego.
Ella tenía 17 años,y estaba en el segundo curso de la Academia Prometeo. Los 4 se encontraban en el salón charlando y tomando ambrosía,y no podía evitar mirar a Melinoe, era tan evidente que Macaria y Thánatos tenían que haberse dado cuenta.
Melinoe lo sabía, y aquello la divertía. Le encantaba ver a Hypnos embelesado mirándola, intentando disimular, y poniéndose cada vez más nervioso. Le encantaba esa sensación de poder que tenía sobre él, saber que aunque él intentaba rechazar sus sentimientos por ser su sobrina, no podía. En realidad Melinoe no estaba jugando con él,la joven siempre, desde niña, había sentido una intensa atracción por el dios de los sueños sin poderlo evitar.
Siempre había pensado que aquella adoración era normal por ser su tío,hermano de su padre, con quien había pasado mucho tiempo. Pero descubrió que no era así. Todo empezó cuando Melinoe comenzó las clases en la academia ,Hypnos, con el que siempre había sido muy cercana, comenzó a distanciarse.
Aquello le dolió a la semidiosa de una manera que no creía que fuese posible, y aunque hizo buenos amigos allí, había un vacío dentro de ella que le suponía la ausencia de Hypnos. En la academia le habían surgido varios pretendientes, pero los había rechazado a todos. Y comprendió porqué... Comparaba a todos con el dios del sueño, y ninguno le parecía lo suficientemente bueno en comparación con él.
Un día fue a su palacio a verlo y lo abordó. Le exigió saber porqué la rechazaba, porque ya no queria pasear con ella por el Inframundo. Porqué ya nada era como antes.
Pero se encontró nuevamente con su rechazo. Las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos azules. Aquello fue demasiado para Hypnos, que no pudo evitar abrazarla. Aquello fue el principio. Sin saber como, acabaron besándose, y terminaron en la cama de él.
Al principio el le había dicho a ella que aquello era un error, y que no debía volver a repetirse. Pero se había repetido, múltiples veces, a cada cual más intensa que la anterior.
Hypnos estaba enganchado a Melinoe. Sus sentimientos, los que le habían hecho alejarse de ella para evitar la tentación y protegerla,le traicionaban cada vez que la veía.
Ella lo sabía, y finalmente estaban en una relación clandestina. Él era el padrino de la muchacha, ésta era su sobrina, temía que su hermano se enterase, pero por más que lo intentaba no podía dejarla. No sin que su corazón se resquebrajase en mil pedazos.
Macaria y Thánatos debían marcharse, su hermano debía trabajar, y su mujer iba a acompañarle.
-Yo me quedaré un poco más. Seguro que el tío Hypnos me acompaña luego al palacio.- Dijo la joven de cabellos dorados.
Hypnos sabía lo que pretendía, y aunque sabía que no estaba bien, sabía que no podría negarse. Llevaba toda la visita deseando aquello. Cuando su hermano y Macaria se marcharon, ella le miró con una sonrisa desde el diván Cruzó las piernas de manera sensual, y comenzó a jugar con un mechón de pelo.
Hypnos, ebrio de deseo, se acercó a donde ella estaba. Con su semblante imperturbable, clavó sus ojos dorados en los de ella. A Melinoe le encantaba poder leer en sus ojos todo lo que su rostro escondía. La joven tenía ganas de besarle, pero esperó a que el espectro diese el primer paso.
Como ella esperaba, el dios del sueño se acercó lentamente a ella y la besó. Mil contradicciones bailaban en su cabeza, pero era muy consciente de que no iba a poder detenerse. Nunca había podido. ¿Porqué iba a ser ahora diferente?Aquello iba a suceder le pareciese bien o mal. No podía resistirse a ella y lo sabía. Y por primera vez, el dios se relajó. Dejó que los sentimientos fluyeran y los pensamientos se evaporasen, y sin darse cuenta, dijo algo sin pensar:
-Te quiero.-
Los ojos de Melinoe se abrieron como platos. Era la primera vez que Hypnos le decía aquello. Siempre era muy apasionado con ella, y la trataba como una reina, pero las únicas palabras que habían salido de su boca referente a su relación siempre había sido que aquello no podía ser, que era un error, un amor imposible.
El pecho de la semidiosa subía a un ritmo acelerado, y ésta pensaba que el corazón iba a escapar por su boca. No pudo evitar besarle con pasión. Puso sus manos en su cabello platino,y le dijo al oído:-Te quiero, Hypnos.-
Cuando el dios de ojos dorados escuchó esas palabras de boca de Melinoe sintió una sensación de euforia dentro de su cuerpo. Siempre tuvo miedo de ser un capricho para aquella joven,pero ella le había dicho que la quería. Le hizo el amor, pero no con la pasión con la que siempre la abordaba, sino con ternura, lentamente, con amor.
Cuando terminaron de hacer el amor, Melinoe se quedó dormida sobre el pecho de Hypnos, en el mismo diván que acababa de ser testigo de su amor. Hypnos la miraba con ternura, mientras tomaba entre sus manos un mechón de su dorada melena. Le había dicho que la quería, sus sentimientos le habían traicionado y se lo había confesado. Aquello le rompía todos sus esquemas, esa mortal rompía todos sus esquemas. Era su ahijada, su sobrina... aunque si lo meditaba bien, ¿ que problema había con aquello? Thánatos era el padrino de Macaria, y la misma Perséfone era sobrina de Hades.
No era algo tan horrible y tan raro, al menos no en el mundo de los dioses. Y si a Melinoe no le importaba que él fuese su tío... ¿Porqué debería importarle a él? ¿Porqué debía sufrir por algo que él mismo se había impuesto?¿Cómo algo tan maravilloso podía ser malo? Acarició suavemente el hombro de la semidiosa. Quizás ya era hora de acabar con la clandestinidad, quizás ya era hora de empezar a luchar por lo que le importaba. Era hora de luchar por ella.
Hola! Tras unas breves vacaciones he traigo un capitulo para los fans de Melinoe... y como ya se daba a entender sutilmente... ella e Hypnos están enamorados. No lo puedo evitar, me gustan las relaciones dificiles... jajaja.
Aqui hay un guiño a algo que ya pensé desde el primer fic. No se si recordaréis que en uno de los primeros capítulos del primer fic, las parcas le dicen a Hécate que ven a una mujer morena ocupando su palacio. Ella al principio no le da importancia ya que Perséfone que es su principal enemiga en ese momento es rubia, y las parcas no siempre aciertan al cien por cien... Esa mujer morena que ven ocupando el palacio de Hécate es nada más y nada menos que Macaria... Si...desde el principio tenía pensada la existencia de Macaria.
Bueno no os aburro más, espero que os haya gustado el capítulo, intentaré actualizar lo antes posible.
