Estamos terminando. Me faltan unas 10 000 palabras para terminar mi reto. Y tres capítulos como mínimo. Y quince días. Pero vamos yendo. Seguro que acaba todo bien :)

Muchísimas gracias a Bella Valentia, Aerith Sakura, ARevolution, Annie Thompson y 1 por sus comentarios. Espero que este capítulo sea de su agrado :D


PERDIDOS EN EL TIEMPO

Capitulo 7: El caso de Remus Lupin

Albus deja con un ruido sordo tres jarras de cerveza de mantequilla sobre la mesa, sobresaltando a Rose y a Scorpius. Están sentados con las cabezas muy juntas. Como si alguien pudiera escuchar una conversación privada. Como si alguien pudiese con el ruido de la taberna.

—¿Qué pasa? —pregunta sentándose junto a su prima.

Rose pega un salto en su sitio y niega con la cabeza.

—Estáis hablando de lo de antes, ¿verdad? —insiste tomando el primer sorbo. Está fría y su sabor, fuerte y dulzón, le embriaga.

—Albus, no...

—Si —la interrumpe Scorpius mirándolo fijamente—. Si los rumores le han llegado a mi... a Lucius, ¿a quién no le habrán llegado? Es cuestión de tiempo que investiguen. Y que no encuentren nada.

—Oh —murmura Albus inclinando los ojos—. Supongo que tiene sentido, ¿qué hacemos?

—Darnos más prisa.

—O darnos una, sin más. —Asiente Rose abrazando su jarra.

Se quedan en silencio, en todo el silencio que pueden cuando todo a su alrededor tiene vida. Es ruido, risas, charlas demasiado altas. Susurros ahogados.

—¿Y si no podemos hacer nada? —pregunta al fin—. ¿Qué vamos a hacer si no...?

—¿Si no qué? —Le interrumpe la voz alegre de Sirius Black, sentándose a su lado.

Albus se queda con los labios entreabiertos, mirándolo con sorpresa mal disimulada. ¿Qué habría oído? Parecía tranquilo, contento. Tenía el pelo largo, que le ocultaba los ojos, y ropa casual. Claramente muggle.

—¿Perdón?

—No te metas en conversaciones que no te incumben, Canuto —le riñe Remus tomando asiento.

—Está aburrido porque James tiene una cita —les explica Peter cruzando las anos sobre la mesa—. ¿Qué tal la mañana?

—¿Una cita? —repite Albus sintiéndose muy incómodo. James y su abuela, Lily, tenían que... Bueno, en algún momento. Eso. O ni él ni su padre existirían.

—Sí, con la pelirroja del demonio —explica Sirius echándose el pelo hacia atrás.

Peter hace un ruidito de asentimiento.

—¿Con Lily? —balbucea Albus con sorpresa. Con alivio. Nota la mano de Rose sobre su rodilla, dándole un par de palmaditas de animo.

—Ajá —asiente Peter haciendo una mueca—. Teníamos planes para hoy, pero ella ha llegado y...

Remus suelte una risa floja y niega la cabeza.

—Dadle un poco de espacio —recomienda—. ¿Qué tal lleváis el día?

Sonríe. Tiene una sonrisa bonita, con energía, a pesar de tener siempre ese aspecto tan cansado. No coincide.

—Raro —responde Rose al instante. Albus parpadea, confuso. Mira a un lado, mira al otro. Aprieta los labios. Ahí si que hay algo raro.

—Hemos ido a la Casa de los Gritos —dice Scorpius dando un par de golpes sobre la mesa. Intentando llamar la atención.

—¿En serio?

—¿A qué?

—¿Para qué?

El ambiente cambia de golpe. De estar tranquilo, relajado, a algo tenso. Albus intercambia una mirada con Scorpius. No entiende nada.

—Em... las chicas nos dijeron que estaba encantada. Queríamos comprobarlo —explica Albus apoyando los codos en la mesa.

Silencio. De nuevo.

—¿Pasa algo? —pregunta Scorpius frunciendo el ceño.

—No, para nada —niega Sirius esbozando una sonrisa. Intenta ser natural, pero la comisura de sus labios tiembla un instante—. Todo el mundo lo sabe, pero pocos se atreven a acercarse. Se oyen gritos horripilantes.

—A la gente le pone los pelos de punta —asiente Peter—. A nadie le gusta.

—Pues Rose la ha tocado. —Bueno, no lo había hecho, pero no había sido su culpa. Había estado a unos milímetros de hacerlo. Se merecía el mérito.

Sonríe. Un poco, casi de manera tímida. Tiene una sonrisa preciosa.

—En realidad no ha sido para tanto. Me he quedado en las puertas.


—¿Qué piensas?

Albus parpadea. Según el nuevo horario de Rose y Scorpius, les toca hora en la biblioteca. En realidad, no sabe cómo se lo han montado pero parece que Scorpius siempre está allí.

—Que estamos dando palos de ciego. Esto es un rollo.

Scorpius apoya la mano en el libro por la parte en la que está leyendo.

—No, idiota. Sobre Rose.

Frunce el ceño cuando lo dice. Tiene las cejas muy finas y muy rubias. Y el color rojo no le acaba de quedar; era raro.

—Hombre, lo está pasando mal. Me parece normal, pero... —Albus baja la cabeza y se encoge de hombros. Las palabras prácticamente bailan frente sus ojos y no tiene muy claro si está perdido o siguiendo una buena pista—. Quizá deberíamos, no sé. ¿Apoyarla más?

La expresión de Scorpius se asevera.

—Estás de broma, ¿no te has dado cuenta?

Albus aprieta los labios. Desde la semana pasada, Rose ha estado rara. Pero no puede culparla. Parece más distraída, más ensoñada. Pero tampoco es tan raro, ¿no? Los tres extrañan. Echan de menos su tiempo, su familia, sus amigos.

Es normal.

—¿Cómo puedes ser tan obtuso?

—Sin faltar —gruñe Albus cerrando el libro sin preocuparse demasiado de cómo queda y cruzándose de brazos sobre la mesa—. ¿Qué pasa?

Scorpius se muerde el labio y espera unos segundos, como planteándose qué está a punto de decir.

—¿Te acuerdas de lo de tener cuidado con lo que hacemos? ¿De que podríamos estar cambiando el futuro?

—No soy tan estúpido —le espeta perdiendo la paciencia. Quizá ha hablado demasiado alto, porque la bibliotecaria (que no es la misma de su tiempo. Tiene la nariz ganchuda y un moño feísimo) carraspea con fuerza—. No soy estúpido. —Lo repite en voz más baja—. Por supuesto que me acuerdo.

—Bien, pues tengo la sensación de que Rose está a punto de poner un punto y a parte en la historia.

—¿A qué te refieres?

Scorpius se echa el pelo hacia atrás con teatralidad, alargando la espera. Albus tiene claro que lo hace a propósito. Para colocarse por encima de él.

—Está flirteando. Todo el día. Con el chico este... ¡Remus!

Albus parpadea. Ahora que lo dice... En los últimos días Remus, Lunático, había estado más tiempo del normal alrededor de su prima. Bueno, él y el resto de sus amigos. Albus no le había prestado demasiada atención porque había estado más pendiente de James (y de Lily, que se sentaba con ellos cada vez más a menudo). Pero ahora que lo decía...

—¿Y cuál es el problema?

—¿Que cuál es el problema? ¡Ése hombre tiene un futuro! Tendrá una mujer, unos hijos. Y si Rose interfiere... Quizá nunca nazcan. Y quizá esa persona es, joder, es importante en el futuro.

Albus baja la cabeza y frunce el ceño.

—Creía que habíamos quedado que no sabíamos si cambiaríamos o no el futuro.

—Precisamente. Tenemos que estar atentos. —Vuelve a callarse y Albus se ve obligado a reprimir el impulso de saltar por encima de la mesa y ahogarlo con sus propias manos—. Tenemos que pararla.

—Se lo va a tomar genial, ¿eh? —murmura con sarcasmo.

—Es racional.

—Es Rose. Sacará su varita y te lanzará una maldición solo por pensar en que podrás decidir con quién tiene que llevarse o salir o lo que sea.

Se levanta, un poco harto de todo y especialmente de estar allí, encerrado. En la biblioteca. Teniendo en cuenta que fuera hace un día maravilloso de octubre. De esos que invitan a quitarte los zapatos y los calcetines y meter los pies en el lago.

—Déjala vivir. —No necesita otro padre, añade para sí mientras coge su mochila, dejando solo a Scorpius.


Se la encuentra en la Sala Común. Con ellos. Concretamente, con él.

Parece una escena inocente. Rose está sentada en uno de los sillones, muy cerca del borde y con las piernas recogidas debajo de sí. A su lado está Remus. Está inclinado sobre una pequeña mesa, hablando con Sirius. James estaba ocupando un sofá, con Lily sentada en uno de los reposabrazos. Peter y Mary estaban ocupando la mesa para echar una partida de Snap Explosivo.

Puede que Scorpius tenga razón. Que todo ese sea un grave, grave error. Que qué Rose sonría mientras mira a ese chico solo implique caos y destrucción. Que sea la diferencia palpable entre su vida o su carencia. Entre volver a casa y no regresar jamás.

—Rose —la llama sintiendo la lengua pesada. Ella levanta la mirada. Tiene el brazo apoyado en el de Remus y parece sorprendida.

—¿Al? Pesaba que estabas en la biblioteca...

Nota los ojos de Sirius clavados en él. No le gusta. Es una mirada inquisitiva, que le observa, lo analiza. Albus intenta no pensar en él, en ello. No quiere

—¿Os habéis peleado? —pregunta estirando un poco más el cuello, como intentando desentrañar la respuesta.

—No. Es que la biblioteca me agobia —dice acercándose a ella y sentándose a su lado, sobre el reposabrazos.

Rose bufa y se apoya un poco en él. Levanta la cabeza y clava sus ojos, esbozando una sonrisa tranquila.

—¿A que no sabes quién va a ser la próxima cazadora para Gryffindor? —Cuando lo dice, Rose brilla.

Albus nota un vacío al fondo del estómago. Quizá Scorpius tenga razón. Quizá todo sea una gran equivocación. Quizá deberían encerrarse en un aula y no interaccionar con nadie.

Se obliga a sonreír.

—¿En serio? —Busca a James con la mirada. Necesita una confirmación—. ¿Y eso?

—Siempre que no intente suicidarse, es nuestra mejor opción. Y, si lo intenta, bueno, con un poco de suerte distraerá a los jugadores de Slytherin el tiempo suficiente.

James lo dice de manera casual, sonriendo. Todos ellos tienen una expresión tan risueña, tan feliz. Parecen tan tranquilos. Incluso Rose está perfectamente incluida en esa estampa. Siente nauseas.

—Seguro que lo haréis genial —dice removiéndose en su asiento.

—Albus, ¿te apetece unírtenos a una partida de Snap Explosivo? —interviene Mary dejando las cartas a un lado. Tiene los dedos ennegrecidos, como de hollín, una expresión amable en el rostro. Peter se gira para mirarlo. Levanta su mano, aún con las cartas intactas, como para animarlo—. Aunque te aviso desde ya que es imposible ganar con éste.

Le saca la lengua para acompañar sus palabras. Parecen tan amigos...

¿Tanto se había perdido con los horribles horarios de biblioteca?

Que él supiera aquellos dos grupos rara vez se juntaban... Hasta ahora. Claro.

—No, yo me voy a duchar y a hacer unos deberes antes de dormir.

No era del todo verdad. Las clases le importaban poco, pero tenía pocas ganas de estar allí.

—Hasta mañana, Albus.

—¡Adiós!

—Qué descanses.

Mira a Rose. Ella no dice nada, simplemente mueve un poco la mano. En una despedida queda.

No tiene que decirlo. Albus ya se ha dado cuenta que aquella noche dormirá solo.


—Están saliendo.

Por una vez no están en la biblioteca. Están en un pasillo del colegio, en una esquina, medio asomados. La están siguiendo, claro. Es lo más normal del mundo. Aunque Albus no tiene claro si es, simplemente, por una morbosa curiosidad o es para asegurarse de que el futuro seguirá igual una vez haya acabado todo el asunto de Remus.

—¿Te lo ha dicho?

—No seas absurdo —responde echándose hacia atrás. Es martes y Rose está esperando fuera de la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Albus juraría que Scorpius tenía alguna clase en aquellos momentos, pero prefería no preguntar.

Era más fácil espiarla si tenía a alguien con el que estar allí. Se hace menos raro. Menos algo que haría su tío Ron. O su hermano.

—Entonces, ¿cómo lo sabes?

Es una pregunta estúpida, claro. Rose está resplandeciente. Siempre está rondando a Remus, James, Sirius y Peter. Está más parlanchina, los ojos le brillan de más. Está rara, cambiada. Estupidamente feliz.

—Mírala.

Cuando la puerta se abre, prácticamente pega un salto sobre su sitio. Se arregla el pelo y se pone recta. Tan diferente a la posición relajada que había mantenido hasta entonces.

—Vale, ¿y qué hacemos? No podemos cruzar el pasillo y hablar con ella sin más.

—Evidentemente.

—Tampoco podemos seguirla todo el día.

Scorpius suelta na risotada débil y se apoya contra la pared. De pronto parece que las horas extras de investigación y las clases le están pasando factura. Está cansado.

—Siempre se está metiendo con las chicas porque, parafraseándola, se anulaban a sí mismas para gustar a los chicos. Y ahora pierde el culo por un mago que... que...

—Que podrías ser su abuelo.

—¡Eso! Y ahora es exactamente igual que todas ellas. No... No es Rose.

Albus echa un último vistazo al otro lado del corredor. Ve como su prima juguetea con su pelo mientras saluda a Remus, que parece más alto y más feliz, quizá orgulloso. Y cómo ella se echa ligeramente hacia delante y él inclina la cabeza.

Aparta la mirada antes de que lleguen a besarse. No sabe si quiere verlo.

—Tenemos que encontrar la manera de volver a nuestro tiempo antes de que las cosas vayan a más. ¿Y si no quiere volver? No podemos dejarla aquí.

Scorpius asiente, casi distraído.

Comprueban una vez más el pasillo, completamente vacío, antes de decidirse a salir.

Albus supone que será otro día de biblioteca.

Al menos espiar a Rose era medio entretenido.


Entre las prácticas de Quidditch y Remus, Rose es prácticamente un fantasma al que ven a las comidas. Se nota que cada vez está más cerca el primer partido de la temporada. Slytherin contra Gryffindor.

La situación es asfixiante. Scorpius está cada día más nervioso. Más enfadado. Para Albus es una especie de tortura. Cuando solo puedes hablar con una persona, hablar de verdad. Sin preocuparte de decir cosas que jamás han existido, de hablar de las cosas que se te clavan en el fondo del corazón y no sabes cómo explicarlas a alguien que no las ha vivido.

Merlín, se podría decir que están empezando a ser amigos.

Si James, su James, se enterase... seguro que le daría un ataque. Y empezaría a desarrollar teorías sobre relaciones insanas y mear la cama hasta una edad muy tardía.

—Estoy harto —le dice. Es tarde, está a punto de darse el toque de queda. Le duele el cuello y la espalda y tiene sueño. Mucho sueño.

Tampoco ha terminado los diarios de sueños, ahora que lo piensa. Y eso significará que mañana tendrá bronca con el profesor de Adivinación. O que se quedará despierto hasta más tarde de lo que debería y estará agotado... y tendrá una bronca.

Del mismo jodido profesor.

—Y yo —acepta Scorpius. Albus está seguro de que ha perdido peso y que está más delgado. Lleva un libro debajo del brazo, lo que significa que pasará parte de la noche en vela.

Como si fuera a servir de algo.

Le da una palmadita en la espalda, intentando darle ánimos.

—Te esfuerzas dem...

No termina la frase. De la nada, frente a sus ojos, aparece una varita. No es que se sobresalte. Ha visto a James, su James, salir de su capa de invisibilidad dándole diversos sustos desde que su adre se la dejó.

Pero aquello es diferente. Porque le están apuntando, directamente a él. Al pecho.

—Alto ahí. —La voz viene de su espalda. La reconoce en el acto. Peter.

¿Cómo ha llegado...?

—Sí, eso, alto ahí —añade una segunda voz, propietaria de la varita. Es James. James apareciendo tras la capa de invisibilidad que pertenecerá a su padre. Como hacía su hermano.

A su lado está Sirius. También lleva en alto la varita.

—Esto... ¿esta es alguna clase de prueba de valor? —pregunta Scorpius. Ha movido la mano en busca de su varita, en una especie de autoreflejo—. ¿Cómo lo de la Casa de los Gritos?

—No. Para nada. Esto... Vamos a dejar las cosas claras, ¿vale?

James hace una mueca y, por primera vez, le recuerda un poco a su hermano. Es la misma cara que ponía cuando estaba a punto de decir algo que no le iba a gustar.

—Dejad en paz a Rose —continúa—. Tiene un partido muy importante por delante y no estáis ayudando. La ponéis nerviosa.

—Pero si no...

—Rose es...

—Nos da igual —les interrumpe Peter desde su espalda—. Ahora es la novia de Remus. Y Remus es nuestro amigo.

—Les estáis molestando.

Albus intercambia una mirada con Scorpius. No entiende nada.

—No sé qué pretendéis...

—¿Nosotros? —le interrumpe James con una sonrisilla de superioridad—. No pretendemos nada. Esto solo es una advertencia. Pero como os metáis... Como os metáis os juro que vamos a hacer vuestra vida un infierno.

La amenaza se queda en el aire.

—No tenéis ningún derecho. —A Albus le sorprende que esas palabras no hayan salido de sus labios—. Los cinco sabemos que Lupin y Rose no deberían estar juntos. De otra manera no estaríais aquí.

—Eso no es asunto tuyo, Malfoy —le espeta Sirius dando un par de pasos al frente. Utiliza su apellido como si fuera un insulto. Pesado, que llena la boca.

Scorpius ni parpadea.

—Ni vuestro. —Albus da un paso al frente, intentando controlar la conversación. O quizá apoyarla.

Sirius gira un poco la cabeza. Es guapo. Tiene el pelo largo, que le cae a ambos lados de la cara. Y los ojos grises y un porte elegante. Parece más peligroso que nunca.

—Remus es nuestra familia.

—Y Rose la nuestra.

No sabe exactamente por qué ha incluido a Scorpius en aquel saco. Solo sabe que se ha cruzado de brazos, ha apretado los labios y que le da igual lo que digan. Que le da igual quiénes sean. Porque no tienen ni idea de nada.

Porque ellos están en su tiempo, en el sitio al que pertenecen. Y no pueden estar cargándoselo todo por el simple hecho de existir. De estar allí.

—Dejadles en paz —insiste James dando un par de pasos hacia atrás—. No volveremos a tener esta conversación. Venga, vamos.

—Adelantaros, quiero decirles un par de cosas más.

—Como quieras, vamos Colagusano.

James se da la vuelta. En apenas un parpadeo, Peter da un par de pasos al frente y desaparece junto a él.

Sirius se queda. Sigue teniendo la varita entre los dedos, pero no la mueve. No dice nada hasta que el sonido de los pasos se pierde por los corredores.

—No lo he dicho antes porque... es raro, pero... —mira hacia atrás, como asegurándose de que nadie puede oírlo—. Sé dónde ha estado durmiendo Rose hasta hace poco.

—Eso no es asunto tuyo —le espeta más violentamente de lo que le gustaría.

—Lo sé. Ella misma está de acuerdo con que es raro.

—Espera, ¿cómo lo sabes? —interviene Scorpius apoyando una mano en el hombro de Albus y echándolo hacia atrás.

Sirius esboza una sonrisa. Es cínica, cansada. Como de quién sabe de más.

—Porque entré y lo vi —responde con simplicidad—. Necesitaba saber qué era lo que pasaba.

Es el agarre de Scorpius lo que evita que salte hacia delante y lo ataque. Les está tentando. En minoría. Parecía que estaba buscando una pelea con todas las de perder.

—No era lo que parecía.

—Claro —acepta Sirius—. No sé que haríais o qué tipo de relación tendríais vosotros tres. Pero se acabó. Ella está ahora con Remus: dejadla en paz.

—Rose es libre de hacer lo que quiera —farfulla Albus apretando los dientes.

—Perfecto. Me alegra que podamos ser todos amigos. Me caéis bien.

Ni Albus ni Scorpius retoman su camino. Se queda allí, viendo como Sirius desaparecía a lo largo del corredor. Tal y como habían hecho antes James y Peter.

—No tienen ni idea —murmura Albus apoyándose contra una pared—. Me da igual lo que digan. No era raro, es mi prima. Además, esto es peligroso.

—Y que lo digas. —Scorpius gira la cabeza hacia él—. ¿A que no sabes de quién es padre Remus Lupin?

Una sensación extraña le recorre. El nombre le suena, claro, pero no tiene claro de a qué. Es como si estuviera fallando algo básico, que debería entender.

—Edward Lupin. El ahijado de tu padre.

Albus parpadea.

¿Cómo no se había dado cuenta antes?


Continuará.