Disclaimer: Sí, veo a Jacob. Sí, sueño con Edward. Sí, río con Emmett. Sí, estoy loca. ¡Caray Alice! Te he dicho que sí a cada cosa... –y Alice habla–... ¡Oh claro que no! Los personajes de Twilight no me pertenecen, son todo de S. M.


Capítulo VI: Descubrir I.

"Desde pequeña deseé saber todo lo que los grandes no, ahora solo quiero tener la mente de un infante."


–Es enserio Bella, te ves espectacular –la brillante sonrisa que destilaba el rostro de Jacob invitaba a la mía cada vez que podía.

Giré de nuevo entre sus brazos y me alejé, para volver a marcar el ritmo de la música. Posiblemente Jacob sería mejor instructor de baile que cualquiera que John contratará. Volví a reír cuando frunció el ceño a fijarse en mi distracción.

– ¿Pasa algo? –Preguntó deteniéndose sin aviso.

Meneé la cabeza algo abochornada y lo jalé de la mano para acercarnos a la mesa de las bebidas. Ahí nos encontramos con la fluida conversación que mantenía John con la señora O'Donell.

–Y ahí está la hermosa señora Coleman –sonrío mi prometido al jalarme a su lado.

–No te adelantes querido –siseó Margaret O'Donell para agregar divertida–; es un mal presagio.

–Confío en que todo salga como yo quiero –aseguró él observando a Jake de forma cómplice.

Eso sólo hizo que un escalofrío –que se había vuelto común– recorriera mi cuerpo. No quería pensar que Jacob era parte de de todo eso que se privaba de mi conocimiento, incluso aunque mi persona estuviera de por medio. Era estresante tener la tentación de desconfiar de John sin poder pensar que mi inconsciente quería terminar la relación por motivos ajenos a mi moral.

–Discúlpenme –pedí cuando no pude escuchar el ridículo relato de Margaret.

John observó con ceño fruncido como me alejé y Jacob me siguió por detrás. Caminé hasta un pequeño balcón entre tanta gente. La mayoría enfundados en prendas elegantes, con una copa de vino en sus manos y el rostro atento a una absurda desinteresada perorata. En todo el camino solo me fije en el pulido piso que reflejaba mi figura en aquel vestido negro. Llegué al balcón y tomé todo el aire posible sin poder evitar escuchar a la parejita a mi lado.

–…no importa más, tú lo eres todo ahora, Eliza Douglas Mcgregor ¿te casarías conmigo?

El brillo en los ojos de la mujer fue imposible de confundir, estaba enamorada. Dios, tuve morderme los labios para no bufar y disfrazar la lágrima que caía por mi mejilla. Yo estaba a días de casarme y la emoción se había evaporado. ¿Qué pasó? Mi ex llegó para mostrarme que es un idiota y mi prometido me escondía algo.

Una segura inseguridad crecía… IRONICO.

Tomando en cuenta que debía de ignorar cada palabra que mi cerebro relacionara con John, Edward, amor, pasado, presente… ¡Demasiado! Cerré los ojos, debía dejar de pensar. Sólo los abrí cuando sentí una cálida mano en mi mejilla para encontrarme con el oscuro par que me había seguido como público fiel.

– ¿Estás bien? –Quiso saber Jacob con el gesto de preocupación.

Negué honesta para aceptar el abrazo que me ofrecía y enterrar mi rosto en su pecho. Entonces, un fuerte dejá vù llegó a instalarse en mi cerebro y me alejé más confundida de Jacob.

– ¿Podrías contarme cómo te conocí? –Pedí con una sonrisa entre mi abatido rostro.

Jake me observó como si estuviese loca, más asintió precavido.

–En una de todas tus caídas creo –esbozó una sonrisa traviesa–, salías de literatura y te caíste por delante de mí –recordó con la vista perdida–. Ese día también conocí a Edward, cuando llegó al rescate por ti, aunque yo ya te había ayudado tomó los libros de mi manos y te llevó a tu próxima clase.

–Claro –asentí conmovida–, como no pude continuar hablando contigo, te lo recompensé en aquel café –sonreí–. No estaba en mis planes tirarlo en tu camisa.

–Ni en los míos olvidarla en tu departamento –reímos juntos.

–Desde entonces, Edward empezó a odiarte –recordé divertida.

–Oh créeme que lo hizo desde que me vio –aseguró mi amigo con una sonrisa de lado más perdido de lo común bebió más de su copa para agregar casi intangible–: Forks fue la gota que derramó el vaso.

Parpadeé sin entenderlo.

– ¿Forks?

Jake parpadeó de igual manera regresando a donde estábamos y dándose cuenta de lo que había dicho. Pude ver el arrepentimiento solo un poco antes de girarse a cualquier otro lado.

–Sí ya sabes, Forks –dijo él con fingido reconocimiento y me golpeó levemente el hombro.

–Yo no recuerdo nada de Forks Jacob –admití con una apenada sonrisa–. ¿Qué pasó con Edward en Forks?

–No. Que. Tu. Forks. Edward… –su tartamudeó me dejó intranquila e hizo que mi pecho se oprimiera en desconfianza.

¿También Jacob, también me estaba traicionando?

–Jake, dímelo –rogué con la vista fija en sus ojos y el ruego el mi rostro–. Por favor.

Jacob me observó con extrañeza.

–No sé de qué hablas, Bella –farfulló indiferente–; yo solo digo que Edward se molestó cuando supo que ambos veníamos de Forks, eso es todo.

Dijo esto algo molesto y volvió a entrar en la fiesta dejándome ahí. La parejita que había estado beso y beso después del compromiso me observaron sin disimular extrañados. Al carajo con todo –pensé.

–Sí –les dije en voz alta como una loca, como quien habla su pública en obra teatral; y con la decepción en el arrastro de mis palabras confesé–: ¡Mi ex novio, prometido y amigo me ponen el cuerno juntos!

Caminé sin vacilar hasta mi habitación, últimamente ese lugar había sido el más cómodo para mi persona. No era momento de ser racional, los días se acortaban y las opciones o dudas que florecían marchitándome pasarían de locuras a fantasías bobas.

Eso mismo traté de explicarle a Daniel cuando fue a buscarme, él debía de entender que no me estaba ahogando en un vaso de agua; sólo me faltaba el aire en una tormenta de arena. Por lo mismo, mi único propósito en la vida hasta el día de mi boda sería echarme en la cama. De cualquier manera, John estaría ocupado arreglando sus cuatro semanas lejos de negocios –y un nudo en mi estómago crecía al saber que asuntos demasiado escondidos trataría–. Así, debía de quedar cómoda a mi manera, ¿qué mejor que la deliciosa cama, servicio a la habitación o salir de vez en cuando a la piscina?

Muñequita de aparador.

Las palabras de Edward me frustraron de nuevo, ignorando por completo la palabrería que Daniel me decía sobre lo pesada que estaba últimamente divagué en el absurdo apodo. ¡Yo no era ninguna muñequita de aparador! No era de aquellas mujeres que solo están con un hombre por cumplir un papel, como la señora O'Donnell o todas aquellas que envejecen recordando viajes y tiempos en lugar de…

...

– ¿Me querrás hasta que envejezca, este marchita y no pueda recordar cómo te llamas? –Bromeé de mal humor y continué cruzada de brazos delante del espejo colgado en la puerta de mi habitación.

Por el espejo vi como Edward, cómodamente sentado en mi cama esbozó una sonrisa ladina y asintió con demasiada ternura en sus ojos. Fruncí más el ceño, no era momento para hiperventilar y continué escrutando mi rostro en cualquier busca de una arruga.

– ¡Las mujeres siempre envejecen más rápido que los hombres! –Me quejé delante del espejo y volteé hacia cualquier otro lugar. Mala idea. ¡El calendario!–. ¡Odio la fecha!

Sí, hoy era 'esos días', aquellos en los que pensaba que la obras caritativas en mera intención disfrazada, que la azúcar era amarga, Hitler no era tan malo y que en Forks sólo llovía porque sería el primer lugar en el que el cielo se caería. Hoy era 13 de septiembre, la fecha me golpeaba 'de diferente manera cada año'. Hace dos años estaba enojada por la fiesta sorpresa que Alice me había organizado y me sentía traicionada por Edward ya que se había enterado y no me advirtió, así que no le hablé en todo el día por más 'perdón, amor' que repitiera. Hace un año fue algo distinto, él para disculparse por la fiesta del año pasado había hecho el gran favor de comprarme un piano para darme clases privadas –envolviéndolo con papel navideño para aclarar que no era por mi cumpleaños, que sólo pretendía tocar conmigo en la víspera siguiente, con la misma excusa le dije que le hablaría hasta la víspera siguiente.

Este año no había hecho nada más que venir a despertare, Charlie había planeado un viaje de pesca para él y Billy pero a Renée se le había ocurrido unirse apuntando a Edward y a mí. Charlie no estaba en su mejor día, y Edward al contrario se divertía con la situación.

– ¡Edward los diez minutos que me dijiste con Bella ya han pasado! –Gritó mi padre cerca.

Me giré a mi novio aún con el ceño fruncido de coraje y me dejé caer en la cama recargando mi cabeza entre sus piernas. Él dejó de lado la divertida sonrisa por una bonita línea en sus labios que se aproximaba a los míos. Me colgué de su cuello en cuanto me faltaba cada vez más el aire. Escuché las escaleras crujir y maldije internamente, Edward me separó sin dejar de mirarme con tanta dulzura. Charlie vendría y abriría la puerta. Antes de que se alejará por completo lo jalé de nuevo hacía mí.

–Por favor –supliqué viéndolo directo a los ojos, se inclinó un poco hacia mí cuando estuve sentada decentemente–. Haz que nos quedemos, no hay peor manera de no celebrar mi cumpleaños, que yendo con Charlie a pescar…

Edward sonrío y negó lentamente con su cabeza.

–Se lo he prometido a tu mamá –explicó levantándose.

Sólo entonces la puerta se abrió y Charlie se fijo en cada detalle de mi habitación como si estuviera en alguna escena del crimen, con aquellos ojos de policía. Comprobó lo necesario y se dirigió a mí.

–Renée dice que lleves zapatos cómodos y mudada extra –gruñó, podía adivinar que se la estaba pasando peor que yo en esto de compartir el día.

Al final, me enojé con Edward por mantener la promesa con mi madre. Para no ser tan mala, apenas dieron las doce y era catorce de septiembre cuando me lancé a sus brazos y le dije que lo amaba más que a nada en el mundo.

Esta vez no sacudí mi cabeza, había empezado a pensar como sería todo realmente si Edward estuviera ahora mi lado, si no hubiera ocurrido la estúpida pelea. Recordé la pelea.

...

–¡Maldita sea Edward, eres demasiado inseguro! –Protesté de camino a la puerta.

Había estado harta de explicarle, de tener que darle tiempo. Por si fuera poco, mi padre se encontraba mal y no podía explicárselo ¿por qué? Porque él quería razones para un inexistente viaje con Jacob.

Impidió mi paso tapando la puerta sin dejar de verme tomó el puente de su nariz y cerró los ojos.

–Llevas maletas, no te he visto por dos días enteros Bella, ¿tengo derecho a saber a dónde vas?

Lo observé furiosa.

–Antes podía desaparecer y m esperabas –espeté con ojos llorosos.

Él continuó sin verme.

–Antes podía saber de ti, ahora no me dejas acercarme…

¿Yo no lo dejaba acercarme? ¿No era él el distante, desde que se enteró de la probabilidad de que Jacob viniera a estudiar cerca? ¿No era él quien había decidido dejar de tocarme desde la noche del mensaje?

– ¡Antes confiabas en mí!, ¡Antes siempre estabas ahí!, ¡Antes me acompañabas! ¿Edward que rayos te pasa?

Y eso era todo, un sollozo se había escapado. No dejé escapar más de mi garganta y lo esquivé para poder salir, no me retuvo.

–Antes sentía que me amabas –murmuró ya una vez que había pasado.

Había llegado a Forks para enterarme que Charlie no podría volver a caminar, para ver a mi padre débil y sentirme una lacra. Nadie estuvo ahí para apoyarme, mi madre estaba devastada y Forks había dejado de ser el mismo desde que todos fuimos a la universidad escogida. Estaba tan sola, sólo entonces Jacob llegó al enterarse, era él quien siempre estaba ahí.

Sabía que mi amigo había estado enamorado de mí desde siempre, sin embargo, nunca buscó algo que yo no le pudiera dar. Su presencia se limitaba a enojar y odiar a Edward.

–Se nos han acabado la toallitas –habló Daniel saliendo del baño con una cajita vacía. Levantó la cabeza y su rostro se descompuso al verme–. ¿Cariño, que te ha pasado?

No lo entendí hasta que sentí de la nada mis mejillas húmedas. Me sentí patética.

–Es sólo la estúpida boda –me defendí con una falsa sonrisa–, estoy algo sentimental.

Daniel frunció el gesto pero no dijo nada más. Se limitó a ir por más toallitas darmelas para las lágrimas y dar vueltas por la caótica habitación.

–Hoy te vestirás de gatita –dijo de la nada cuando había tomado el mando de la tele distraídamente–, una linda gatita rosa.

Levanté una ceja a su mirada perdida.

– ¿Qué? –Se preguntó después de un rato–. Alice y yo hemos acordado que queríamos un poco de diversión para el baby shower, habrás gatitos, conejitos y todo animalito tierno –rodó los ojos.

Me había olvidado por completo, abrí la boca pero adivinó todo demasiado rápido.

–Ya he arreglado tu vestuario –sonrío maliciosamente.

– ¡Rosalie Hale! –Grité sonrojada–. Yo no elegí vestirme tan ridícula, ya te lo he dicho.

Me quejaba del incomodo traje ajustado de felpa rosa, con una ridícula cola rizada y las tontas orejas en mi cabeza. Para terminar, Rosalie me había maquillado como una gatita. Aunque mi amiga se había vestido de canguro, luciendo increíble aún después de lo ridículo de la situación.

Ella volvió a reír observando a todas las mujeres alrededor.

– ¿Cómo hay tanta gente? –murmuré fijándome en las mujeres sentadas en una luna alrededor de un pequeño escenario.

–Alice, se ha encargado de pasarle a Jasper una lista de invitados –respondió bebiendo de un extraño liquido rosa.

Rosalie, Edward y yo nos habíamos dedicado a ser cien por ciento temáticos en colores pasteles. Bebidas de fresa, mango, limón servidas en fuentes con colorantes pasteles. Lindos manteles blancos y panecillos con sonrisas. Todo demasiado dulce.

– ¡Al fin las encuentro! –Llegó Alice casi brincando de la felicidad y riendo sin dejar de sobar su pancita–. ¡Todo me ha encantado! No sé como nunca organizaron alguna fiesta, son grandes chicas.

En eso llegaron tres mujeres más a felicitarla con cosas como ¡Chaparra, ya vendrá una paqueña Alice! Ó ¡Dios nos salve de una nueva hiperactividad!

Alice reía y Rose y yo la acompañábamos.

– ¡Mira, ahí viene el padrino del baby! –chilló Alice saludando a lo lejos.

Oh no, me había preocupado por no ver a Edward y ahora sucedía en el peor ámbito. Rose me miró con curiosidad y murmuró:

– ¿Algo nuevo que contar, Bella?

Sonrío perspicaz y me molesté.

Rubia inteligente.

–Nop –negué robándole lo que bebía, aprovechando el tiempo en el que él esquivaba a la gente para pasar–. Sigo odiando al maldito que me cree infiel.

Rosalie rodó los ojos y Edward llegó.

–Hola hermanita –saludó a Alice–. Rosalie y… Bella –tomó su tiempo para buscar mi mirada y únicamente asentí como respuesta–, ¿puedo hablar contigo?

Me mordí el labio ante la mirada del público. Alice y Rose me sonreían, ¿Qué creían? Que estaría bien con Edward sólo por hablar con él, sólo porque en mi pasado había sido tan estúpida como para amarlo. Se equivocaban, yo era más fuerte que eso, y sí, hablaría con él pero no cambiaría.

Abrí la boca para murmurar la respuesta cuando las bocinas nos interrumpieron. Giramos al pequeño escenario. Daniel mantenía una sonrisa expectante y observaba a Alice con mucha ternura discursando la bienvenida del bebé.

Finalmente dijo–; '¡Que empiecen los juegos!'

Y esa era oportunidad, tomé a Edward de la mano y ahora era mi turno de enseñarle la verdadera tentación.

Al principio Edward me miró con los ojos bien abiertos cuando le pedí que fuera mi pareja, no sabía lo planeado. Hice que cargara a una amiga de Alice que parecía pesar más de lo que hablaba, besó a cuatro solteronas que se habían colado a la fiesta, recogió la fruta de lugares desagradables y obtuvo el premio como 'compañero generoso' por ser quien había soportado más. La mayoría se mataba a carcajadas y él solo fijaba en mí el desafío, intentando acercarse a hablar cada vez que una actividad terminaba, para entonces yo ya tenía visto el siguiente reto. La gota que derramó el vaso fue cuando cinco huevos le cayeron encima y su melena cobriza junto con su rostro y camisa terminaron victimas.

Me miró colérico desde el centro hacia la esquina donde me encontraba y avanzó midiendo sus pasos.

–¡Omelett a la Edward! –Gritó Rosalie y chifló.

–Hermanito eres huevo batido –escuché a Alice mientras corría con una toalla para ayudarlo.

–La clara es la nueva crema batida para aderezo sexual –murmuraron unas solteronas desde la esquina.

Alice le ofreció la toalla a Edward cuando me alcanzó y tuvo que salir por ser hora de empezar a destapar los regalos según Daniel. Levanté una ceja a mi compañero.

– ¿Te diviertes? –me preguntó justo enfrente.

Asentí dibujando una sonrisa.

El negó con la cabeza, cerrando sus ojos y tomando el puente de su nariz. Suspiró finalmente y abrió los ojos. No recordaba sus ojos tan verdes, su ¿sonrisa? tan decaída.

–Esto ha sido nada Bella –murmuró acercándose, me alejé con repulsión al huevo–, y tal vez me lo merezco –me miró fijamente–. Me ducharé y cuando regresé espero merecer hablar contigo.

Se acercó a mi rostro y tuve el impulso de apretar mis labios, no lo besaría. Me fije en sus ojos cerrados y boca entreabierta, abrió un poco más inhalando y se alejó.

–Siete años después y eres más exquisita –sonrío antes de irse.

¡Lo odio!, ¡LO ODIO!, ¡SI! Lo odio…

–Bella –una fina voz me sacó de mi trance.

Hasta entonces me di cuenta de mis ojos cerrados y los abrí para encontrarme con el rostro afligido de Ángela.

– ¿Estás bien? –Preguntamos las dos al mismo tiempo, una a la otra.

Ambas asentimos y sonreímos.

–Tengo algo que contarte –murmuró ella después volviendo a la aflicción.

Mi rostro se crispó en duda y miedo anticipado. Demasiado desconfiada de lo que diría tomé mi tiempo para observar todo. Alice desenvolvía feliz un gran paquete rosa, todos a su alrededor, Rosalie sonriendo. Tenía la ligera sospecha de que lo siguiente que diría Ángela no sería con exactitud algo bueno.

Con un nudo me atreví a preguntar–: '¿Qué pasa, Ang?'

–Es John, Bella, o mejor dicho… es George.

...Continuará...


O3/09/10

Sí, probablemente ahora que vieron el título de la historia digan ¿y que ésto? tal vez ya ni la reconocen u.u (y si sí, perdonden que me hunda en un vaso de agua). Lo cierto es que como dije anduve en vacaciones luego terminaron y mi inspiración andaba en casi nada. Éste capítulo lo he logrado sacara en momento que le digo a mi cerebro: ¡turn on, please! Si notan dedazos o algo les pido mil disculpas pero necesitaba publicarlo pronto, no quería dejarlar sin un mes de actu... ¡Mil disculpas por los errores!

Y bueno, queriendo disipar dudas, les digo que sé que algunas(por que creo que sólo hay mujeres, si hay hombres... mil disculpas!) están totalmente confundidas por como terminaron Edward y Bella así que tengo un capítulo (que aún escribiré) donde todo se platicara entre... tachán... (ahí lo verán). Así que por la dudas solo traten de agarrarle por uno de todos los hilitos que dejó sueltos...

Por otro lado, Edward y Bella tienen que estar juntos (para quienes preguntaron si habrá final feliz, sí, lo habrá) Y sé que me dijeron por ahí que la Bella fuerte que proyectaba decayó en el capítulo anterior, sí, tal vez... pero, bueno, espero que con los siguientes caps (éste por ejemplo) se aseguren de que Edward pagará algunas de sus tonterías...

¿Huevo en la cabeza? Tal vez no es un gran castigo pero es el principio...

¡No las abrumo! Les pido disculpas de nuevo, y les aseguro que haré todo lo posible por continuar pronto, yo soy la más ansiosa por ver el final jajaja...

¡Un abrazote a todas! ¡Muchas gracias por leer!

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