Lin observó a Oliver recoger sus pertenencias y ponerlas en su bolso, sus maneras un poco forzadas. Lo conocía lo suficiente como para no comentar sobre su aparente disgusto, pero el hecho despertaba su curiosidad. A diferencia de otros niños y jóvenes, a Oliver no había que obligarlo a estudiar, mucho menos a atender a sus lecciones, es más hace tiempo atrás, Gene trataba de forzarlo para que no fuera y se tomara un día libre.

—Me voy.

—¿Clases?

—Sí, nos vemos mañana.

Lin asintió.

Algunos minutos más tarde Madoka entró a su oficina.

—Hey, venía a decirte que me voy temprano.

—¿Y eso? ¿Dónde vas?

—Al aeropuerto —dijo inclinándose sobre el escritorio.

—No sabía que tenías agendado algún viaje —dijo despegando la vista de la pantalla y las manos del teclado.

Madoka lo miró intrigada y luego sorprendida.

—No puedo creer que no lo sepas —dijo sonriendo—. Voy a recoger a Mai.

—¿A Taniyama-san? —preguntó con incredulidad.

—Sí, viene para la entrevista final, debe llegar en un par de horas, Oliver planeaba recogerla pero no podía faltar a la cátedra de hoy, así que me pidió/ordenó ir por ella.

—Ya veo —así que eso era lo que lo tenía a Oliver de mal humor, pensó.

—Ah, mira la hora, su vuelo llega a Stansted, porque no había conexión directa a Cambridge y primero tengo que pasar por Luella, así que mejor salgo ahora si no quiero llegar tarde. Por cierto, no olvides la cena donde los Davis, estoy segura de que Mai se alegrará de verte.

Lin asintió y volvió su atención al ordenador, una pequeña sonrisa en la esquina de sus labios.

Mai despertó al suave llamado de la azafata que anunciaba la llegada al aeropuerto, había dormido como una roca, fue una suerte que su ubicación en clase turista (el tiquete que ella había comprado) desapareciera misteriosamente y se encontrara entre los de clase ejecutiva. Mai se desperezó y la realidad de dónde estaba la golpeó. Su corazón empezó a latir frenéticamente, no por Cambridge, no por la beca o por la entrevista, sino por su narcisista, déspota, adicto al té. Había estado comunicándose durante el último par de años con Naru, y lo que comenzó con una carta, se convirtió en un ir y venir de correspondencia que poco a poco evolucionó a correos electrónicos, y progresó a chats, y luego finalmente llegaron las llamadas telefónicas. Ellos eran, se atrevería a decir que amigos, sabían los acontecimientos más relevantes de la vida del otro, o eso le gustaba creer a ella. Naru se había abierto poco a poco, pero no se habían visto una sola vez en el transcurso de esos años. Antes de darse cuenta estaba recogiendo su maleta, buscó entre las personas que esperaban en la puerta de desembarque pero no lo encontró, y se sintió decepcionada.

—Mai —escuchó el nombre y vio a Madoka haciéndole señas, a su lado estaba una mujer que reconoció como la madre de Naru. Los años no parecían pasar para dos mujeres, las dos estaban tal como las recordaba. Sonrió mientras se encaminaba hacia ellas.

Madoka la envolvió en sus brazos y ella devolvió el gesto.

—Mai, no sé si la recuerdas, pero esta es la madre de Oliver, Luella Davis.

—Encantada de volverla a ver, Sra. Davis —habló Mai en inglés fluido—. Gracias por su hospitalidad.

—Los amigos de Oliver son bienvenidos —dijo con una sonrisa Luella—, y llámame Luella, por favor. La Sra. Davis es mi suegra, además estamos en confianza.

—De acuerdo, Luella.

Mai volvió mirar en derredor y sintió de nuevo la espina de la decepción cuando confirmó que Naru no estaba por ninguna parte, ¿estaba equivocada?, ¿interpretó mal sus mensajes? Los pensamientos debieron reflejarse en su cara, porque lo que escuchó a continuación la dejó sin palabras.

—No hay necesidad de lucir tan decepcionada, Mai —mencionó Madoka con malicia—. Oliver venía a recogerte pero se le presentó algo de último minuto y nos encargó asegurarnos de que llegaras a salvo.

—Y… Yo, no… ¿Por qué pen… pensarías… decepcionada, n… no —con cada palabra que dejaba salir su rostro se tornaba un nuevo tono de rojo.

—Pobrecilla, Madoka, déjala tranquila —pidió Luella entre risas.

Madoka dejó escapar una carcajada y pasó su brazo sobre los hombros de Mai.

—Podrás haber crecido un par de centímetros y ser toda una mujer, pero ya veo que sigues siendo la misma Mai-chan de siempre.

Mai dejó escapar un bufido.

Y las tres mujeres se encaminaron a la salida.

Después de tomar un baño y descansar por un rato, Mai se unió a Luella y Madoka para tomar el té. No dejaba de maravillarle la belleza y disposición de la casa, ni la atención de todos los que en ella trabajaban. Asuna la guio hacia uno de los jardines donde las dos mujeres se encontraban esperándola en un gazebo rodeado de flores y cercano al hermoso lago artificial.

Mai se permitió relajarse y disfrutar de la conversación con las dos mujeres, Luella era una mujer diferente a como la recordaba, pero solo la había intercambiado un par de palabras con ella en aquel entonces. Luella le preguntó sobre sus amigos, sobre sus estudios, podía notar el genuino interés en conocerla.

—Debes estar agotada, Mai, seguramente estás deseando dormir una siesta y nosotras entreteniéndote —se disculpó Luella.

—En absoluto, Luella, estoy perfectamente.

—¿Dormiste algo durante el viaje? Algunas personas no duermen nada.

—Ella no hace parte de ese grupo, es más, con lo mucho que se queda dormida donde no debe, y cuando no debe, seguramente durmió todo el trayecto de Tokio a Stansted —interrumpió la voz del recién llegado—, ¿o me equivoco, Mai?

El corazón de Mai se brincó un latido, allí tan apuesto como siempre está él, con la comisura superior del labio curvándose en un amago de sonrisa.

—Naru.

—Mai.