Disclaimer: No me pertenecen los personajes, son de Tess Gerritsen y de los productores de Rizzoli and Isles. Las canciones tampoco, sólo me pertenecen las ideas que surgen al escucharlas.
A/N: Sin más preámbulos, la segunda parte.
Jazz: gracias por preocuparte por mí, todo bien, nada grave. Fueron baches que todos en la vida tenemos y que podemos salir adelante con un poco de paciencia
Cecilis: espero te guste cómo se respondió la pregunta de Jane
A todos ustedes, ¡Disfruten!
Lo que me haces sentir
Capítulo 7
Que no se rompa la noche, segunda parte
Desde la perspectiva de Jane Rizzoli
El recorrido por todos los hoteles fue largo, pues cruzamos cada vereda y contemplamos la belleza salvaje de la vegetación del lugar. Ya había obscurecido cuando llegamos a nuestra cabaña. El camino sinuoso estaba iluminado por pequeñas antorchas y aromatizado por flores que en la zona las conocen como "Huele de noche" que despiden su perfume justo al obscurecer.
Maura camina al frente cargando algunas de las bolsas, y yo voy atrás de ella, sintiendo como mi cuerpo va llamándola, pero simultáneamente mi mente no encuentra manera de iniciar esta noche tan deseada por mí.
Entramos en silencio, ya las luces estaban encendidas, en su mayoría candelas. Comentamos cosas triviales del viaje, estoy totalmente perdida y el pánico se apodera de mí. Es mi amiga, en los últimos días se hizo mi novia, y ahora podría ser mi amante, ¿pero cómo hago para derrumbar todo este muro que construí para no lastimarme ni alejarla? ¿cómo hago para destrozar este mito de no poderla tener para no delatar mi amor por ella en el diario trabajar juntas? Ayer todo parecía tan fácil, besos, su cuerpo junto al mío, abrazos que rozaban el desborde del deseo, y ahora, estoy aquí, paralizada. ¡Es frustrante!
- Toma, Jane.
Aquella voz me saca de mis pensamientos. Me ofrece una copa de vino blanco mexicano que compramos en una de las tiendas de la zona arqueológica. Se la acepto, sonrío tímida, creo que sabe que estoy entrando en pánico, debo ganar tiempo, tomar distancia, para ver si encuentro una solución.
- Gracias, tomaré un baño, siento arena en cada centímetro de mi cuerpo.
Maura sonríe, desconcertada, pero no insiste y me deja ir. Me preparo para bañarme, no en la tina, sino en la regadera que está justo en la pared posterior del baño. Dejo la copa de vino cerca, abro la llave y permito que el agua caiga con fuerza sobre mi cuerpo, deseo librarme del entumecimiento provocado por mi pánico. Lavo mi cabello y observo cómo poco a poco se refresca mi cuerpo quemado por el sol.
Repentinamente, a través de la delgada cortina, presto atención en el área de la tina. Maura llega envuelta en una toalla color coral. Sin importarle que esté yo ahí, entra a la tina, desnuda. Apenas pude ver su espalda también quemada por el sol, porque la toalla la dejó caer hasta que la mitad de su cuerpo estuvo metida en aquella pequeña pileta. Trago saliva.
Estoy segura que escucha el caer del agua de la regadera. Imagino su sonrisa burlona en el rostro, mientras ella supone la cara de idiota que tengo observándola. Bien, creo que la iniciativa la ha tomado ella, ¿qué harás, Jane Rizzoli? Por fin logro convertir en acciones el calor que tengo en la boca de mi estómago. Los cosquilleos de la piel vuelven a aparecer, sin embargo ahora no me paralizo, repentinamente sé qué debo hacer.
Salgo de la regadera, me seco un poco el cabello y dejo que la bata esponjada de algodón haga su trabajo secando el resto de mi cuerpo. Tomo la copa de vino y me acerco a la tina. Maura me observa sonriendo, pícara, extiende la mano y toma un trago de mi copa. No me la devuelve, la deja al filo de la tina, en el otro extremo, donde no podría alcanzarla. Sonrío contenta de estar ahí, veo una silla y la coloco al lado de a tina, dando la cara a Maura. Cruzo las piernas y me acomodo para observar tan bello espectáculo: las manos de la doctora forense recorren palmo a palmo sus brazos, sus piernas, pasean lentamente por su cuello, largo y sereno, como el tallo de una rosa y cubren discretamente su pecho.
- ¿Le gusta lo que ve, Dtve. Rizzoli?
Sonrío ampliamente. Mi atrevimiento resurge de su escondite.
- Por supuesto, Dra. Isles, aunque confieso que quisiera ver un poco más.
Los ojos de Maura brillan, roban el fulgor de las velas que nos acompañan. Sin previo aviso ella se levanta de la tina, y la veo ahí, a cuerpo entero, completa, satisfaciendo mi deseo de verla toda, de conocerla toda, cada curva, cada peca, cada sombra de los lugares que aún no conocía.
El corazón se desboca, y empuja a mi cuerpo para atrapar el cuerpo de Maura entre mis brazos. Cual héroe de película de piratas, la envuelvo en un abrazo efusivo, tomo su rostro con una de mis manos y pego sus labios a los míos, no los quiero dejar escapar, no quiero que exista espacio entre nuestras bocas. Ella me corresponde, y se aferra a mi cuerpo.
Cuando nos separamos para tomar aire, aprovecho para levantarla con mis brazos. Sin preocuparme por tropezar, la llevo hasta la recámara y la acuesto al centro. Contagiada por mi euforia, al caer en el colchón, Maura desabrocha y jala la bata de baño que me vestía, ahora estamos iguales, sin secretos qué ocultar, y unas manos ansiosas por explorar.
La pelirroja observa mi cuerpo, pasea sus manos por mi abdomen y cuando llega a los hombros me jala hacia ella, rodamos por la cama y ahora soy yo la que estoy sometida bajo sus caderas. Ha prestado atención a las clases de sumisión de sospechosos. Me quedo atónita admirando su torso bien formado que se levanta ante mí, cada curva y cada monte en su lugar. Ella corresponde mi mirada, reconozco una chispa de curiosidad.
- ¿Qué piensas Jane?
Me pregunta a bocajarro, con voz sensual.
- Estoy pidiendo a esos dioses mayas que conocimos hoy, que no se rompa la noche, por favor que no se rompa, que tengo que amarte mucho, que tengo que amarte tanto, que si la noche no acaba, yo te voy a enloquecer.
Repentinamente se lanza a mi pecho, a besarme, a recorrer mi cuello, a conocer mi rostro con sus labios.
- Gracias, Jane, si tu supieras…
Interrumpo su frase a medias con un grito, pues sus manos expertas llegan al centro de mis caderas y provocan un estallido de mis sentidos, algo esperado para esta noche, pero involuntario en ese momento.
- ¡Oh, Mauuuura!
El jadeo fue incontrolable, no pude ver el rostro de Maura, sólo siento que su boca regresa a mi rostro para cubrirme de besos y espera paciente observándome, a que recupere el aliento.
- ¡Oh, Maura! Me siento ridícula.
- ¡¿Quéeee?!
Me cubre de nuevo de besos.
- Es lo más hermoso que he visto, la expresión más espontánea de un cuerpo reaccionando a otro.
La observo con atención; entiende que hay algo que no me encaja.
- Es lo más hermoso que he visto, tu reacción a mí es algo que no puedo poner en palabras.
Sonrío ante la explicación, la beso de nuevo poniendo todo mi corazón en ello. Aún sus caderas me someten, pero recupero fuerza y me levanto para acomodarla bien en mi regazo, y yo poder refugiarme descaradamente en su pecho. Con la respiración entre cortada por mi asalto a su cuello, me dice al oído.
- Yo también ruego a quien sea que esta noche sea larga, larga, que no llegue la mañana, que no se oculte la estrella ni la luna en la ventana.
Cubro su boca con mis labios, y mis brazos se encaraman por su espalda, para que mis manos cumplan sus inquietos deseos. Deseo hacer sentir a Maura cómo la hacía sentir mujer en mis sueños. Y la embriago con mis caricias y con más besos, hasta escuchar mi nombre surgir desde su pecho.
La noche no fue suficiente para demostrar el amor que desbordaba de nuestros cuerpos, así que todavía la mañana siguiente hicimos locuras nuevas, en la terraza, en la regadera y terminamos tumbadas en la cama esperando a que otra noche llegara.
A/N: ¿Qué les pareció el paseo? ;) Todavía queda un capítulo, ¡Gracias! KEy
