- Y la madre dice "¡Johnny, ven corriendo! ¡El perro está hablando!". ¡Jajajajaja!

Mi cara de circunstancias me ayuda a conseguir que pare.

- ...Qué poco sentido del humor tienes-se queja Doofenshmirtz, volviendo a mirar el lío de cables del que se estaba encargando.

- Sí, lo sé-admito-. Bien, ¿qué tengo que hacer ahora?

- Bueno...Los planos están revisados y corregidos, tengo las planchas de metal...¿Y los tornillos?

- Aquí.

- Vale. En fin, esto ya está conectado. Sólo falta...La alimentación y la carcasa.

- Voy a empezar a montar la carcasa-me ofrezco.

- Claaaro, tú te vas a lo fácil-murmura Doofenshmirtz, mirándome con el ceño fruncido.

- Tú eres el genio maligno, no yo-replico.

- Pues para ser el bueno, tienes una lengua muy afilada.

Sacudo la cabeza y empiezo a medir el aparato para cortar el metal a medida.

- Y...¿Cómo se siente cambiando de cuerpo? ¿Estás...bien?-me pregunta Doofenshmirtz al cabo de un rato, hurgando en una caja llena de cables.

- No sabía que fueras tan considerado-contesto sin apartar la vista del metro-. Y más teniendo en cuenta que fuiste tú quien me cambió.

- No es consideración, es curiosidad, no me malinterpretes-corrige Doofenshmirtz, negando con la cabeza.

- Pues...No lo sé. No está mal, realmente.

- Supongo que no habrá comparación entre ser humano y ornitorrinco.

- No es tan diferente como te crees. Sólo soy más alto, menos peludo, no tengo cola ni pico y mis pies tienen dedos.

- Y hablas.

- Sí, bueno, eso también. Pero aparte de eso, no he cambiado gran cosa.

- ¿Y no lo echarás de menos?

- ¿Tendría que hacerlo?

- Bueno...Creo que sí.

- Los humanos sois muy antropocéntricos. Que sea un animal no quiere decir que envidie vuestro estilo de vida. Estoy bien siendo ovíparo, comiendo lombrices, crustáceos y moluscos, y con una esperanza de vida de veinte años. Los agentes de la O.S.A.C, en general, protegemos a la gente de villanos como tú, caminamos a dos patas, llevamos sombreros, pero no queremos ser como vosotros.

- Entiendo...En ese caso, intentaré tener la máquina lo antes posible. Para que me dejes tranquilo y acabe antes este mal trago para ti-dice Doofenshmirtz, destilando sarcasmo e ironía por los poros.

- Gracias. Pero esto también tiene cosas buenas, no te creas-añado, tomando la sierra para empezar a cortar.

- Ah, ¿sí? ¿Cuáles?

"Pasar un rato divertido con Phineas y Ferb", pienso al instante. Pero prefiero que Doofenshmirtz desconozca su existencia.

- ...Por ejemplo, poder hablar contigo.

- ¡Oh, vamos, ¿ahora nos vamos a poner sentimentales?

- No he dicho en ningún momento que me caigas bien. Me has encerrado miles de veces, golpeado, estrangulado, has puesto a la Agencia en mi contra...Y más cosas por las que debería abofetearte ahora mismo.

- Sí, el sentimiento es mutuo.

- Pero, aún así, he de reconocer que hemos pasado algunos momentos agradables.

- Je, ¿te acuerdas de El Regurgitador? Qué tío...¡Menudo borde!

- ¿Y cuando te querían quitar la casa y tuve que darte la lata todo el día para que te tragaras tu orgullo y llamaras a Charlene?

- Sí, sí que me acuerdo...No me puedo creer que me obligaras a hacer algo tan humillante...

- Pero salvaste tu casa, ¿no?

- Sí...Eso es verdad...-Doofenshmirtz suelta un segundo el cable y me mira disimuladamente-. Como en esas ocasiones en que me salvaste la vida. Aunque no tenías por qué hacerlo...

- Mi misión es echar a perder tus planes, no matarte.

- ...¿Sabes? No eres tan mal tipo cuando se te conoce.

- ...Tú tampoco.

Ambos nos sonreímos.

Hasta que nos damos cuenta de que es una situación un tanto incómoda.

- Ejem...Bueno...Mejor sigamos en silencio...-murmura Doofenshmirtz, hundiendo la cabeza en el montón de cables.

- De acuerdo-afirmo, sacudiendo la cabeza violentamente.

Y así seguimos hasta que la máquina está terminada. Lleva unas dos horas de trabajo sin descanso, durante el que no volvemos a abrir la boca salvo para pedir alguna herramienta o hacer indicaciones.

- Bufff...Nos merecemos un descansito, ¿no crees?-propone Doofenshmirtz.

- Creo que sí-me limpio el sudor con el dorso de la mano.

- ¡Norm, trae unos bocadillos y refrescos!

- Y, como siempre, ni un por favor, ni un gracias. Ains, qué vida...-se queja Norm en voz baja, yendo hacia la cocina.

A pesar de sus protestas, no tardó en volver con una bandeja de comida y bebida. Empezamos a comer como coyotes hambrientos.

- Mmm, la comida sale mejor después de un día ajetreado-sonrío-. Esto es vida...

- Sí, pero más te vale que no te acostumbres-espeta Doofenshmirtz-. En cuento vuelvas a ser un ornitorrinco, seguiré con mis diabólicos planes y trampas para ti.

- Lo veo justo.

Apuro mi refresco de cola y el bocadillo de atún y me sitúo frente a la máquina.

- ...¿Seguro que no es ningún truco de los tuyos?-pregunto antes de exponerme a ella.

- ¿Primero me amenazas, luego me chantajeas y ahora dudas de mí? ¡Oh, por favor!-gruñe Doofenshmirtz, sacudiendo la cabeza.

- Vale, vale, de acuerdo, me fiaré de ti...

- Gracias. Ahora lo único que tienes que hacer es quedarte quieto...y rezar por que todo salga bien.

Eso es lo que haré.

Doofenshmirtz se sitúa al otro lado de la máquina y yo me preparo para recibir el rayo. Cierro los ojos y aprieto los puños esperando que no duela.

No ocurre nada.

Abro un ojo y veo a Doofenshmirtz dando vueltas alrededor del cacharro.

- ...¿Qué pasa?-pregunto.

- Me temo que el interruptor se ha estropeado...Mpf, sí, es el interruptor...

- Bueno, pues cámbialo.

- No tengo más.

- ¡Si tenías una caja llena de interruptores! ¡La he visto mil veces!

- ¡Pero ninguno tiene esta forma, listo! Ains...¡Esto es lo que pasa cuando uno se lía a dar golpes a diestro y siniestro, que te cargas los repuestos!

- Sigh...Iré a comprar uno...

- ¿Te puedes traer el pan, ya que bajas?

Otra vez mi mirada habla por mí y me ayuda a no usar una expresión muy fea.

- Vaaaaaale, perdona-suspira Doofenshmirtz-. Estaré aquí esperándote.

Cierro la puerta y bajo las escaleras. Salgo a la calle y me dirijo a la ferretería sin prisa, pero sin distracciones.

¡Estoy a un paso de volver a ser un ornitorrinco, por fin!

No es que me muera por dejar de ser humano. Como le dije al doctor, no está tan mal...Pero esto no es lo que soy. Yo no soy Perry el Humano. Soy Perry el Ornitorrinco. Lo cierto es que es una situación muy surrealista. Tan surrealista que dudo que alguien más haya pasado por esto mismo. Pero con un poco de imaginación se puede acaso comprender.

El olor que emana un puesto de perritos calientes a unos metros de mí me anima a pedirme uno antes de volver a la guarida de Doofenshmirtz. Ya que voy a volver a ser un animal en breve, tendré que aprovechar.

- Y entonces me dijo, me dijo...

¡PLAF!

Si hubiera mirado por dónde voy, ahora no tendría un buen dolor de cabeza y aquella chiquilla no estaría tirada en el suelo con el mismo golpe que yo.

- ¡Madre mía!-exclama su acompañante, ayudándola a levantarse-. ¿Estás bien?

- Lo siento, siento mucho, de verdad-me disculpo-. Deja que te ayude.

Me agacho para agarrar a la caída y entonces me doy cuenta de que conozco a su compañera. La he visto muchas veces en casa de los Flynn-Fletcher. Es Stacy.

Entonces, la que está en el suelo es...

- ¡Mire por dónde va!-exclama Candace, llevándose la mano a la cabeza.

Creo que estoy a tiempo de salir corriendo antes de que me reconozca. Tengo que...

- ¡Gasp! ¡T-Tú eres...! ¡TÚ ERES EL CERDO QUE SE METIÓ ANOCHE EN MI CAMA!-grita Candace, señalándome mientras lucha por vencer el tambaleo con el que se ha levantado.

Abro la boca y balbuceo algo, pero ahora no se puede razonar con ella. Sólo me queda correr.

- ¡EH, VUELVE AQUÍ, PERVERTIDO!

Pero apenas he dado unas pocas zancadas cuando Stacy se me echa encima y me aplasta contra el suelo como una tortilla.

- ¡Lo tengo, Candace!

- ¡Voy a llamar a la policía!

Toda la calle nos está mirando. Algunos se paran junto a nosotros a curiosear, otros se asoman desde las tiendas al oír los gritos...Podría quitarme de encima a Stacy, pero podría hacerle daño y la gente me detendría. Contarles la verdad no sólo pondría en peligro a la Agencia...Sino que además suena tan disparatado que no me creerían; es más, no creo ni que quieran escuchar alguna de mis excusas ahora mismo. Ya me pasó con la señora Flynn esta mañana.

Dios, esto es tan bochornoso...

- Creo que es un ladrón.

- ¡Qué fuerza tiene la chica!

- He oído que la ha golpeado.

- Me gusta ese traje.

- ¡La policía ya está aquí!

Hundo la cara en el asfalto.