Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.

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¡Hoooola! ¡Aquí estamos de nuevo!

Os quiero agradecer, como siempre lo primero, por todo vuestro apoyo ¡Sois maravillosas! Me alegro que os esté gustando tanto esta "nueva Bella" y "nuevo Edward" y sobretodo que dediquéis vuestro tiempo en dejarme vuestros comentarios. Son amor.

También me alegra que os guste este intercalado de POV, porque puede marear tanto cambio jajaja En todo caso, esta semana es toda para nuestra protagonista femenina. Repetimos POV de Bella.

Una cosa más e importante, esta pequeñita trama Alice/Bella está inspirada en el libro "Attachments" de Rainbow Rowell (en España se tradujo como "Enlazados"). Prefiero dejarlo bien claro para que después no haya ningún problema ;)

Ahora sí, os dejo con el capítulo, espero que os guste ;)

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NUEVAS RESOLUCIONES

BPOV

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Volvía a comenzar la semana. Volvía a ser lunes y volvía a comenzar con nuevas resoluciones. En el vuelo de retorno a casa había decidido que tenía que tener control de mi misma de nuevo. Desde que había recibido esa llamada estaba más alerta de lo necesario y eso debía acabar. Había venido a Chicago para comenzar de cero y estar dándole vueltas a los errores del pasado no iba a traerme nada bueno. El descontrol que había sufrido en este viaje no podía repetirse.

Llegué a mi puesto de trabajo, puntual como siempre. Ya había preparado la sala de juntas con todos los documentos y estaba aprovechando mientras llegaban todos para adelantar unos documentos necesarios para las gestiones que habíamos hecho en Seattle. Sentirme productiva y eficiente me hacía sentir bien conmigo misma. Necesitaba una dosis extra de autoconfianza.

-¡Buenos días Bellis! –escuché que me saludaba mi hermano con su siempre animado humor.

Iba acompañado de Rose y Edward.

-Buenos días, Emmet – me levanté para saludarlo con un abrazo. Con mi viaje y las semanas caóticas que habíamos tenido en la empresa no lo había visto mucho.

-Esto… te agradecería que no me llamaras así aquí – le dije intentando sonar lo suficientemente seria para que mi hermano me hiciera caso, pero él solo rodó los ojos. – Emmet soy tu hermana y por eso ya me está costando bastante imponerme, no necesito esa clase ayuda – dije haciendo la seña de las comillas con mis manos – para tenerlo, aun, más difícil.

-¿Hay alguien que te está tratando mal? – fue mi turno de rodar los ojos.

Rose y Edward se acercaron un poco más a nosotros al escuchar el tono serio de Emmet.

-Emmet para ya con tu pose de hermano sobreprotector. No lo necesito. Soy lo suficientemente lista para hacerme cargo de los comentarios malintencionados de algunas personas. – le dije intentando tranquilizarlo.

-Aun así… - intentó interrumpirme.

-Emmet he dicho que no. Ya lo hablamos el día que firmé el contrato. Tú te meterás en tus asuntos y yo en los míos. ¡Lo prometiste! Además, no voy a perder más el tiempo con esto. – sentencié recogiendo unos papeles de encima mi mesa y dirigiéndome a la sala de juntas.

-¡Bella soy tu hermano mayor y no me puedes ocultar las cosas! – escuché que gritaba a lo lejos, seguramente desde mi escritorio aun.

Solo faltaba Jasper para que se iniciara la reunión. Yo aprovechaba esos minutos para comentar un caso con el jefe del departamento legal. Había salido recientemente en la prensa, todo el mundo hablaba de él y me parecía muy interesante. Además poder tener a alguien que no te mirara como si te hubiese salido un tercer ojo cada vez que usabas jerga legal era todo un placer.

-Bella – escuché la voz de Edward llamarme – Deberías ocuparte de los cafés y las pastas. Lauren no ha llegado.

Ante mi cara de estupefacción solo añadió.

-Por favor. – acabó con una sonrisa girándose a hablar con Robert, el jefe del departamento legal.

Respiré hondo intentando controlar mi carácter y me dirigí a la sala dónde los del catering dejaban todo preparado cada mañana. Este trabajo lo solía hacer Lauren, pero hoy, y sin previo aviso, no se había presentado a trabajar. Espero que tuviera una buena excusa porque este contratiempo me iba a hacer correr más de la cuenta para poder hacer mi trabajo durante la reunión.

Vale que no había mucho que hacer, unas simples pastas para acompañar los cafés, si me daba prisa quizás no me retrasaría mucho, pero aun así era un engorro. Estaba preparando la primera bandeja cuando vi como Jasper entraba a la sala de juntas.

¡Perfecto! Todo mi optimismo se fue volando y fue substituido por los nervios y las prisas.

¡Una forma maravillosa de empezar el lunes!

Cogí todo lo que necesitaba y entré en silencio a la sala de juntas, rezando para no caerme con todas las pastas encima de alguien. Preparé los cafés para todos, maldiciendo la comodidad de ser jefe. Se ve que a medida que te ascienden en una gran empresa se pierde la capacidad de usar tus lindas manos para tareas tan complejas como servirte café de una cafetera, pensé irónicamente mientras servía al último jefe de departamento, que resultó ser el de Alice. A él decidí servirle con la mejor de mis sonrisas, después del problemilla mío y de mi amiga con el comunicator de la empresa no quería tener más problemas. Mejor olvidarlo…

Cuando llegué a mi puesto había un montón de papeles de un par de temas que ya se habían tratado. Cosas que yo tendría que preparar y de las que no tenía ni la menor idea porque había estado sirviendo ricas pastitas.

¡Iba a matar a Lauren!

Sentí como Edward me pasaba una hoja con una serie de puntos escritos con su letra. Era todo lo que se había dicho hasta hora en la reunión.

-Gracias – murmuré bajito para que solo él me sintiera. Él me respondió con una leve sonrisa.

El resto de la mañana no había sido mucho mejor que la reunión. Lauren no se había presentado a trabajar y nadie la localizaba. En mi fuero interno esperaba que estuviera en unas vacaciones permanentes en Islandia. ¡Mínimo! Porque iba a acabar con ella en cuanto la viera aparecer por la puerta.

-Bella. – escuché la voz de Edward llamarme por enésima vez en menos de una hora. Al parecer había desistido de llamarme de usted después del viaje. – Necesito el documento que te pedí hace media hora.

-Ahora se lo llevo. – contesté apretando el botón del intercomunicador con más fuerza de la necesaria.

¿Si rompía el botón dejaría de escucharlo? Quizás. O quizás tendría que escuchar a mi jefe ladrar órdenes a velocidad de la luz sin poder hacer nada por evitarlo. Delante de esa terrorífica perspectiva decidir no tocar nada.

-Eso me ha dicho hace media hora. Que esta vez sea verdad. – me insistió y esta vez sí quise romper el botón, desenchufar el teléfono y, después, tirarlo dramáticamente por el hueco del ascensor.

¡Era imposible acabar nada si él cada diez minutos me hacía ponerme con otra cosa que era más urgente!

Cogí el maldito documento y me dirigí a su despacho.

-Aquí tiene. – lo dejé con una poquita de fuerza más de la necesaria en su mesa - En cuanto les dé el okey pasaré los contratos al departamento legal y cuando apruebe que el planning se lo enviaré a Jasper para que él haga sus modificaciones – dije mordazmente convencida que este último paso era absurdo.

Edward siempre me hacía crear unos planes de viabilidad para las obras que después Jasper acababa dinamitando. Eran horas de trabajo perdidas para nada.

-Gracias. Yo mismo se lo llevaré a mi hermano para insistirle en la necesidad de adaptarse a los tiempos. – me dijo zanjando el tema. No pude evitar rodar los ojos ante su utópica perspectiva. - ¿Algún problema? – me preguntó con un tono entre desafiante y divertido.

-¿Hoy? Bastantes. – contesté irónicamente y con una sonrisa letal en mi cara. –

-Por favor, Bella no te cortes. Te mueres de ganas de decirme que hacer plannings para que Jasper es una pérdida de tiempo. ¿Verdad? – dijo retador.

-Tenemos bastantes problemas, pero me los guardo para mí, puesto que soy yo la que los tengo que solucionar. Ahora si me permite, vuelvo a mi trabajo. Hoy lo tengo por duplicado debido a la ausencia de Lauren. – comencé a salir, pero antes de salir del despacho no pude aguantarme y me giré – Y sí, lo de Jasper es una completa pérdida de tiempo. Estaré esperando su e-mail con todos los cambios como agua de mayo. – y ahora con una sonrisa más relajada, de quién se sabe vencedora, salí del despacho.

Quedaba solo media hora para salir de trabajar después de un día de locos. Treinta minutos y sería libre.

Vi que de mi pantalla de ordenador emergía una ventanita. Era el comunicator de la empresa y como siempre era Alice. No es como si hubiese hecho muchas más amistades en este tiempo.

Alice Brandon a Bella Swan: ¿Un brebaje al salir?

¿Brebaje? Alice cada día me ponía más difícil entenderla. La primera semana que habíamos hablado por este canal, con el que se podía hablar con cualquier empleado de la empresa que estuviera conectado a su sesión, habíamos hecho saltar casi todos los filtros de seguridad. Nunca me hubiese imaginado que hubiese tantas palabras susceptibles de hacer saltar las alarmas de una empresa. Rose me había invitado a un café, ese día, para informarme que tenía a los de seguridad muy entretenidos con mis conversaciones con Alice Brandon. Desde entonces, habíamos agudizado el ingenio para no llamar mucho la atención. Según me explicó mi cuñada solo se podían leer los mensajes que no pasaban el filtro. Todos los demás eran privados.

Bella Swan a Alice Brandon: A veces me siento rebelde y tengo ganas de poner en la misma frase todas las palabras prohibidas. ¿Haríamos explotar el sistema? Hoy me iría bien. Me siento muy combativa. Sin decir que me gustaría bastante que cierta persona tomara de su propia medicina.

Alice no tardó en contestar.

Alice Brandon a Bella Swan: ¿Eres consciente que seguramente: Rebelde, prohibido y sistema podrían hacerlo? ¿Pretendes llevarme contigo al lado oscuro…otra vez?

Entonces… ¿te espero?

No pude evitar reírme al imaginarme la cantarina voz de Alice intentando sonar como Dark Vaider.

Bella Swan a Alice Brandon: Dalo por hecho. Pequeña Padawan.

Estaba tan distraída con la conversación con Alice que no miré la pantalla de mi teléfono móvil que estaba sonando y lo cogí sin comprobar el identificador de llamadas.

-¿Hola? – contesté.

No se escuchaba nada.

Solo silencio.

Miré la pantalla, pero no conocía el número, era muy largo, seguramente de alguna de las centralitas de alguna empresa grande.

-¿Hay alguien? - volví a contestar algo más alterada. No me gustaba por dónde iba esta llamada.

- Bella solo dame un segundo… - un escalofrío me hizo temblar al escuchar su voz.

La otra vez no había llegado a coger el teléfono al poder identificar su número, pero esta vez había bajado la guardia y había respondido a la llamada. Pero no iba a acobardarme como la otra vez que me llevó a esconderme entre lágrimas en el lavabo. Este despropósito acababa aquí y ahora.

-No. Sam. No me vuelvas a llamar, ni a ponerte de ninguna manera en contacto conmigo. Sabes que no puedes. No dudaré en recurrir a la ley si vuelves a hacerlo. Estás advertido. – intenté sonar lo más serena y firme que pude y después colgué.

No me molesté ni en escuchar sus explicaciones. No me interesaban. Me había hecho la vida imposible en New Heaven y no me iba a amargar mi vida en Chicago, también.

Noté que estaba respirando muy rápido, claro síntoma de que estaba perdiendo los nervios. Así que decidí cerrar los ojos y respirar profundo. Él estaba lejos y no podía hacerme nada. Tenía que pensar con serenidad y relajarme.

Algún día le haría un monumento en algún lugar vistoso al Dr. Gerandy por enseñarme tantas técnicas para controlar mis miedos.

Cuando conseguí relajarme abrí los ojos recordando la resolución que me había hecho esta mañana. Se me antojaba más necesaria que nunca ahora mismo. Tomar las riendas de mi vida. Ahora.

Miré el reloj, faltaban cinco minutos para que mi jornada acabara. Miré el montón de cosas por hacer, y por un día, decidí dejarlo pasar. Mañana entraría antes y lo haría, pero hoy me había ganado un descanso.

Busqué a Alice. Y le escribí.

Bella Swan a Alice Brandon: Espero que no tengas inconveniente en acompañarme a un sitio antes de nuestro brebaje antiestrés.

Alice me contestó de inmediato.

Alice Brandon a Bella Swan: Cuenta conmigo. Recojo y te espero en el ascensor.

Recogí mis cosas dispuesta a marcharme lo antes posible. Ya era hora de acabar con este día horrible.

Toqué a la puerta del despacho de Edward para anunciarle que me iba.

-Señor Cullen, me marcho. He dejado el teléfono conectado a la centralita por si hay alguna llamada de última hora no lo molesten. – era consciente que la mayoría de los días se quedaba a trabajar hasta tarde.

-Perfecto Bella. Descansa. – me contestó sin levantar la cabeza.

-Adiós. – me despedí y marché directamente a buscar a Alice.

El ascensor iba bastante lleno, pero aun así Alice me vio cuando las puertas se abrieron en su planta y decidió que lo mejor era molestar a todo el mundo hasta llegar a mi lado, en vez de esperar los escasos minutos que tardábamos en bajar hasta la planta baja.

-¿Estás bien? Te veo un poco pálida – me preguntó mirando mi rostro.

-Sí, claro… Es solo que ha sido un día loco allí arriba. Trabajo acumulado de los días que hemos estado fuera, el que hemos traído de allí, Lauren no se ha presentado… Vamos un lunes maravilloso – dije intentado quitarle importancia a su observación.

-En nuestra planta no ha sido mucho mejor. Suerte que me avisaste antes porque juro que escuché a Jasper llamar a su hermano inhumano cuando recibió el planning de la obra de Seattle. – me comentó bajito, algo que consiguió sacarme una buena carcajada.

Mañana a primera hora tendría en mi e-mail el nuevo planning. Ya me regocijaba internamente por mi triunfo.

Estábamos bajando del ascensor cuando puse al día a Alice de mis planes para esta tarde.

-¿Qué le pasa a tu teléfono para que lo quieras cambiar? – me preguntó curiosa.

-Nada… Digamos que es un capricho que me quiero dar… hace tiempo que no me doy uno. – le expliqué mientras íbamos caminado a la tienda de telefonía más cercana.

-Siempre estoy a favor de los caprichos en los días negros como hoy. Levantan el ánimo. ¡Y después un margarita lo rematara! ¡Yuupii! – me contestó dando saltitos de alegría.

Aprovechamos el paseo para ponerme al día sobre su estatus emocional. Estaba casi convencida de querer dar un paso adelante y conocer a la familia de Jasper, oficialmente. Era todo un cambio respecto la semana pasada. Algo me dice que el pequeño de los Cullen había intensificado su presión.

-¿Tú estarías allí? – me preguntó haciendo el puchero que hacía siempre que quería conseguir algo.

-No me hagas ese puchero, no soy Jasper. Yo no tengo una recompensa sexual por decir que sí a un plan maléfico tuyo. – dije mientras entrabamos a la tienda de teléfonos. – Además, yo soy la hermana de Emmet, no parte de los Cullen. No suelo ir a sus reuniones familiares a no ser que Ted esté involucrado.

Había tres personas por delante de nosotros esperando a ser atendidas, así que aun tendría que soportar a Alice un rato más intentando convencerme.

-Bueno ese día podrías hacer por ir… Jasper me ha contado que su madre siempre te invita. – me contestó dándome un pequeño empujón.

-¿Estás planeando todo esto con él? No habéis escuchado nunca eso que se lleva tanto hoy en día de dejar fluir las cosas – dije riéndome un poco de ella.

-Fue idea de él lo que tú fueras para que yo me sintiera más… acompañada… más… receptiva a ir - no le contesté, pero si bufé un poco.

Les mantenía el secreto de la relación y ahora, además, tenía que sacrificarme a ir a una reunión familiar… No era muy fan de ellas. Me hacían sentir extraña. Recordaba todas las cosas que no había tenido. Daba gracias del cariño que me habían dado mis tíos, pero no era lo mismo. Crecer en un hogar que no es el tuyo, sin tus padres, y con un hermano con el que te llevas tantos años que no siempre puede estar presente porque ya tiene una vida propia en otra ciudad, no propicia que ames ese tipo de celebraciones.

-Si fue su idea… ¿significa que tú tienes otra? – pregunté cuando caí en el comportamiento nervioso de Alice.

-Algo así… Quiero que pienses en el valor de nuestra incipiente amistad y cuanto hemos congeniado… Y en que no me ha importado que la hermana de mi novio, a la que aún le tengo que causar buena impresión, me haya llamado la atención por nuestras conversaciones…- esto me olía muy mal. Estaba divagando más de lo habitual en ella.

-Alice, al grano. – la apremié cada vez más segura que era una locura lo que se le había ocurrido.

-He pensado que tu podrías hablar con Edward para que fuera preparado a la supuesta comida… ya sabes allanarme un poco el terreno. – dijo ante mi estupefacción.

-¿Qué? ¿Qué YO hable con Edward? Sobre que su examante es la novia de su hermano. Estáis mal de la cabeza si pensáis que eso es una opción. – ella me miró con ojitos – No. Alice. No. No. Definitivamente, no. No. Eso no va a pasar… - tenía la esperanza que en una de las veces que lo repitiese le entrara en su dura cabeza.

-Jasper no sabe nada… es solo que yo me sentiría mejor si Edward… Bella ¡por favor hazlo por mí! Estaré en deuda de por vida contigo. Te prometo comprarte un café cada mañana por el resto de nuestras vidas… o un margarita después de trabajar cada tarde – negué con la cabeza –

-No me voy a destrozar mi hígado por tu miedo a Edward. No señorita. – contesté mientras veía como ya se marchaban los últimos. Éramos las siguientes. Al menos así podría silenciar un rato a Alice y sus locuras.

Ella contraatacó abrazándome muy fuerte.

-Por favor, por favor, porfi, por favor. Además seguro que Edward se lo toma muy bien, no es como si nos hubiéramos declarado amor eterno. ¡Vaaaaaa!– repitió mientras seguía haciendo fuerza con sus brazos.

-¡Pues si se lo va a tomar tan bien díselo tú! – ante mi negativa ella aumento la presión de su abrazo.

¡Me iba a tatuar sus brazos en mi piel!

-Bella por favoooooor – volvió a la carga añadiendo a su abrazo otro puchero.

-Para, para. ¡Todo el mundo nos está mirando! La regla del cincuenta por ciento, ¿vale? Iré a esa comida cuando sea que la hagáis para que te sientas más arropada. Lo de Edward… sigue sin ser una opción.

-¡Gracias! Menos es nada ¡Gracias! – me dijo volviéndome a achuchar con fuerza.

-¿De dónde sacas tú esa fuerza? – pregunté divertida.

-Del gimnasio. Voy tres veces por semana. – me contestó mientras intentaba sacar músculo de sus brazos.

-Siguiente. – escuchamos que nos llamaban. Era nuestro turno.

Con un pellizco de mis ahorros por el nuevo terminal que me había comprado y un montón de papeles que tramitaban mi nuevo número de teléfono, salí contenta y reanimada de la tienda. Ahora no habría manera de recibir llamas de indeseables.

-Sabes… hay algo que no entiendo… ¿Por qué te has cambiado el número? Yo tengo el mismo desde mi primer móvil… sería tan raro cambiarlo. Si no te conociera pensaría que estás huyendo de alguien – acabó con una risa.

-Me apetecía un cambio… Llamaba gente muy rara… ¿Quién sabe? Quizás lo pusieran en algún lado por error… Así hago limpieza de gente, siempre va bien… como en Facebook – intenté salir airosa de su comentario.

Ella solo se rió conmigo.

-¡Vamos! Ahora sí te invito al primer margarita – me dijo animada mientras me arrastraba del brazo hacía el pub.

-Por cierto Alice, no tendrás el teléfono de ese gimnasio al que vas, ¿no? –pregunté animada.

Había decidido no hundirme y no lo iba a hacer.

Siempre he pensado que el pasado nos dejaba de perseguir cuando nosotros lo dejábamos atrás. Y yo había dejado el mío atrás hace ya unos meses. No iba a volver.

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-Llegas tarde. – fue el saludó que me recibió de mi gran compañera de trabajo el martes a primera hora.

Me había retrasado porque había pasado por recursos humanos a dejar mi nuevo número de teléfono como parte de los datos personales.

-Es curioso que lo digas tú cuando ayer ni tan siquiera llegaste. – le contesté parándome delante de su mesa.

-Tengo justificante médico, así que no prepares mi despedida tan pronto. – me dijo con un tono de desprecio enseñándome la nota de su doctor. La cogí para ojearla y parecía real.

-Me alegro de que como mínimo tengas un motivo, pero eso no te va a librar de todo el trabajo que tienes retrasado. Lo que hay en la bandeja de al lado de la fotocopiadora debe estar hecho antes del mediodía. Y lo de esta bandeja negra antes de acabar el día sin falta. Te aconsejaría que si no quieres hacer horas extras comiences ya.– dije con el sabor de la justicia en mi boca.

Lauren cada vez me daba más mala espina. Desde que Edward me había hablado de sus sospechas sobre que había alguien que filtraba información me había invadido el espíritu de Sherlock Holmes y miraba a todo el mundo con sospecha. Y sin lugar a dudas, Lauren era la primera en mi lista. No era una lista muy fiable, y desde luego, nada neutral… pero por algún lado se comenzaba. Yo había iniciado mi peculiar investigación cercando a los que me caían mal. No era muy metodológico, pero me funcionaba estupendamente para canalizar mi rabia.

Vi que Edward me esperaba apoyado en su puerta con una sonrisa en la cara.

-Veo que lo tienes todo controlado. – me dijo refiriéndose a Lauren haciendo un gesto con su cabeza para que pasara a su despacho.

Cogí mi ipad y entré a su despacho para nuestra reunión de cada mañana.

-Antes de que me comiences a vomitar todas las cosas que tenemos que hacer y las reuniones a las que asistiremos esta semana, toma. – me dijo entregándome un papel. – Me he tomado la molestia de imprimirte la corrección del planning que me envió Jasper ayer. Dos minutos después de que salieses por la puerta.

Estaba intentando aguantarme para que no me saliese la sonrisa de la victoria, pero era superior a mí.

-No te frenes... Sé que estás disfrutando de este momento… - me dijo dando rienda suelta a mi risa. – No desisto que algún día entenderá la importancia de ceñirse a los plazos para que los presupuestos se cumplan y los beneficios sean los deseados. Hasta ese día será mi equipo y no el suyo el que siga haciendo plannings. Aunque él después no les haga ni caso. – me explicó.

-Está bien. Teniendo en cuenta que cuando dice su equipo se refiere a mí, me alegro de saber el motivo de ese trabajo extra innecesario.– le contesté divertida.

-Se te cambia la cara cuando tienes razón – gruñó un poco – Aun así…Estás muy…receptiva… incluso diría zen esta mañana – me dijo mirándome incrédulo, supongo que se esperaba que hiciera un poco más de leña del árbol caído. Pero hoy, a diferencia de ayer, mi vida tenía otra perspectiva.

-¿Comenzamos, Señor Cullen? – contesté dando por acabada esta conversación y aun saboreando mi pequeña victoria .Él solo cabeceó afirmativamente.

Le informé de todas las reuniones y tareas que había para hoy y para el resto de la semana. Comprobamos que la lista de tareas prioritarias iba cumpliéndose y, cómo no, añadió más faenas de las que había conseguido tachar previamente… pero esta era mi vida como asistente de Edward. Por cada cosa que hacías, él te añadía dos extra.

-Eso es todo… hasta que alguien decida cambiarlo, claro está. – dije levantándome. Tenía trabajo retrasado y no tenía mucho tiempo que perder si no quería que Edward me pateara el culo como acababa de hacerlo yo con Lauren. - ¿Necesita algo más?

- Sí. Hoy a las once y media vendrá Jenks, mi investigador. Hágalo pasar directamente. – asentí.

No pregunté, pero supongo que habían comenzado a mover ficha con el asunto de Witherdale.

-Y una cosa más… ayer por la noche me llamó mi madre. Este fin de semana hay una comida familiar en su casa e insistió en que te invitara personalmente. Según ella, Rose y Emmet son muy blandos contigo y siempre consigues librarte de ir. Me ha sugerido que haga uso de mi cargo en la empresa si te niegas, así que yo no diría que no. – me dijo sin prestarme mucha atención. Estaba concentrado en su ordenador.

Iba a matar a Alice.

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NA:

¿Os ha gustado? Bueno, ya tenemos una pista más sobre el misterio de Bella… Sam. ¿Quién será? Y ¿Qué le habrá hecho a Bella?

Ya sabéis que espero vuestros comentarios sobre este par. Me encanta leer vuestras teorías y (cómo no puede ser menos) todo el cariño que me dais. ¡Sois estupendas todas!

Supongo que actualizaré el martes por la mañana. Y la semana que viene también habrá dos capítulos.

Nos leemos en el próximo,

Saludos ;)