Hola :D bueno, aquí estoy con un nuevo capítulo de esta historia, muchas gracias a todos por comentar, realmente estoy muy feliz de que les este gustando la historia XD

Bueno… Hoy es mi cumpleaños! Jajajaja xD así que mi mejor regalo serán sus comentarios :D bueno disfruten el capitulo :D

Antes que nada quiero darle las Gracias a Claudia Gazziero mi beta :D

Disclaimer: Los personajes le pertenecen a la escritora E.L James yo solo los utilizo con el fin de entretener :) la historia me pertenece :D

Capítulo 7:

¿Qué? ¿Realmente acababa de escuchar lo que había creído escuchar? ¿Casarme con él? ¿Cómo era esa una solución? Podría serlo para mí pero… ¿Para Teddy? Mi cabeza estaba tan llena de preguntas y la sorpresa de su proposición me golpeó al mismo tiempo que comencé a sentirme mareada.

Christian llamó a su secretaria para que me trajera un vaso con agua, la rubia dejó el vaso y salió de la oficina, Christian se sentó a mi lado, en la otra silla que estaba frente a su escritorio, mientras yo me tomaba el agua de un sólo golpe.

—Perdóname, no debí soltártelo así.

— ¿Casarme contigo? No entiendo nada.

—Déjame explicarte. —Asentí, para que siguiera hablando—. Tu tío realmente tiene todo el derecho sobre Ted, por ser el único familiar que tienen, pero las condiciones en las que viven son precarias y, además de abusar de un menor al ponerlo a trabajar, podríamos quitarle la custodia si llamamos a un trabajador social.

—Eso ya lo sé, con eso es con lo que me amenaza todo el tiempo.

—Pero podemos hacerlo, así podremos sacarlos a los dos de esa casa. Tú te saldrías de allí porque ya eres mayor de edad y Ted porque ellos no son capaces de cuidarlo y darle un futuro.

— ¿Cómo permaneceremos juntos?

—Es allí donde entra mi proposición Ana, cásate conmigo… podremos casarnos y después moveré a todos mis abogados para que adoptemos a Teddy. Ustedes llevaran mi apellido y él ya no tendrá ningún poder.

Me quedé mirándolo un momento. ¿Realmente estaría dispuesto a llegar a tanto para ayudarnos? Había dicho que éramos amigos y yo también lo veía así, pero él hablaba de Matrimonio y adopción, era una idea muy chiflada y aún así era la única forma viable que veía para que Teddy y yo permaneciéramos juntos. ¡Era una locura!

—Ana, escucha… podrás divorciarte de mí en cuanto lo creas conveniente. —Lo miré confundida—. No voy a retenerte a mi lado si no quieres, eres bienvenida a quedarte conmigo el tiempo que quieras pero… si te enamoras o simplemente decides hacer tu propio camino yo no me opondré.

¿No iba a retenerme? ¿Qué había de él? ¿No quería enamorarse o tener hijos? ¿No pensaba en eso? Christian tomó mi mano y me miró con sus ojos grises expectantes.

—Los cuidare a los dos mientras me lo permitas, le daré una educación a Ted y aún si te separas de mí, seguiré velando por él.

—Pero… ¿y tu vida? ¿No quieres casarte y tener hijos?

—Ted será mi hijo… en cuanto a enamorarme, si encuentro a una mujer que valga la pena te pediré el divorció. —Mi corazón sintió una punzada al pensar que él podría ser de otra, lo escruté aún con dudas y él lo notó—. Escucha, Ana. Esta es la única solución que se me ocurre y no pueden seguir en esa casa, están corriendo peligro.

Él tenía razón, no había otra solución en la cual Ted y yo pudiéramos permanecer juntos y la situación en esa casa no era la mejor. Había podido mantener a raya a Jack pero, ¿por cuánto tiempo más? Si seguía en ese lugar corría el peligro de que Jack cumpliera su propósito y realmente terminará violándome, además me había jurado un millón de veces que si encontraba la solución para salir de esa casa no la iba a dejar ir. A pesar de parecerme una idea loca y demasiado sacrificio por parte de Christian tenía que pensar en Teddy, tenía que alejarlo de Jack y de ese lugar como fuera.

Miré a Christian, él esperaba mi respuesta, asentí y le sonreí, él me correspondió la sonrisa y me abrazó. Yo aspiré su olor, era magnifico. Eso que estaba pasando era una verdadera locura, ya que fuera por lo que fuera, ese magnífico hombre seria mi esposo.

—Mañana en la mañana llevarás a tu hermanito contigo, Taylor los llevara hasta una cafetería y allí hablaremos con él.

—Estoy de acuerdo.

—Esta será la última noche que trabajaras en ese prostíbulo, Ana. Mañana en la tarde, después de comentarle todo a Ted, me presentaré con un trabajador social, él se llevara a Ted y tú te irás conmigo.

Asentí; un día más, tenía que aguantar sólo un día más. Al día siguiente íbamos a ser libres por fin. Ya no tendría que vivir con miedo por mí o por mi hermanito, ya no tendría que sufrir acosos y Teddy tendría una buena vida. El corazón me latía fuertemente y las manos me temblaban, mientras lágrimas de alivio corrían por mis mejillas. Christian me secó las lágrimas con sus pulgares, me pidió otro vaso con agua y yo me lo tomé ansiosa, como el anterior. Por fin seriamos libres de Jack y todo su asqueroso mundo. ¡Gracias dios mío! Estaba segura de que él había puesto a Christian en mi camino y esperaba ser capaz de devolverle todo lo que él estaba haciendo por mí en el futuro. Él me daría la oportunidad de una nueva vida lejos de todo el maltrato y las amenazas. Christian me estaba ayudando a renacer.

Taylor me llevó hasta la cafetería, recibí un regaño por llegar tarde pero no me importó, estaba feliz y nada podría estropear mi humor. Sé cuidadosa, Ana; me susurraba mi subconsciente. Estábamos tan cerca de salir que no podía darle a Jack alguna pista que pudiera alertarlo.

XX

Caminé con la bandeja llena de tragos por el bar, comencé a repartirlos entre dos mesas y fui hasta la barra por más. Esperaba poder ver a José hoy para contarle la solución que me habían dado, no quería que se preocupara si desaparecía de repente, también quería decírselo a Malú, pero me daba tanto miedo que alguien pudiera escuchar y decirle a Elizabeth que desistí de hacerlo. José no estaba en el bar y seguramente no se aparecería por esa noche. Lo buscaría en cuanto tuviera tiempo.

Taylor se encontraba en una mesa un poco apartada sin quitarme los ojos de encima. Un par de borrachos trataron de sobre pasarse conmigo pero pude controlarlos sin su intervención, aunque vi en sus ojos la intención de ayudarme; se lo agradecí y traté de controlarme, él me recordó que era el ultimo día y eso me devolvió el ánimo.

A las tres de la mañana llegamos a la casa, Jack estaba borracho en el sofá negro, así que me dirigí al cuarto de una vez. Ted ya estaba dormido, besé su frente y me fui a cambiar.

No podía dormir por más que lo intentara, quería con todas mis fuerzas que amaneciera de una vez. Jack se había levantado y por lo visto estaba bastante despierto porque comenzaron a oírse los gemidos de Elizabeth. Odiaba tanto que los cuartos estuvieran tan juntos y que se escuchaba todo, era sumamente desagradable. -Es la última vez que aguantaras esto -me dijo mi subconsciente y con ese pensamiento me acomodé para tratar de conciliar el sueño.

XX

Tomé la mano de Teddy en cuanto terminamos de desayunar, le había comentado a Elizabeth que lo pasaría a buscar al auto lavado cuando viniera de la cafetería. A ella no pareció importarle, pero la mirada de Jack me alertó, él sospechaba de mí. ¡Mierda! ¿Por qué le había dado por ponerse persuasivo? Suspiré, ya no importaba; ese sería mi último día en esa asquerosa casa. Salimos y comenzamos a caminar rumbo al lugar de encuentro donde sabía que me esperaba Taylor.

— ¿A dónde vamos, Ana? —me pregunto Ted al ver que pasamos el Auto lavado

—No trabajaras hoy, Ted. Iremos a ver a alguien.

— ¿A quién? Si Jack se entera de que faltamos al trabajo nos va a pegar.

—No te preocupes, Teddy. Jack no será más un problema.

Ted no protestó más y siguió caminando, aunque podía ver su cara de miedo y preocupación. Eso me reafirmó lo que ya sabía de sobra, lo mejor que podía hacer era aceptar la propuesta de Christian. Taylor ya nos estaba esperando cuando llegamos al lugar, Ted abrió la boca al ver el auto y me miró asombrado, mientras yo le sonría y saludaba a Taylor.

—Buenos días, Taylor.

—Buenos días, Señorita Steele.

—Este es Ted —le dije a Taylor, mientras colocaba mis manos en los hombros de Teddy, quien estaba enfrente de mí—. Teddy, él es Taylor, un amigo

Taylor se agachó a su altura, le sonrió y le dio la mano. —Mucho gusto, hombrecito.

Teddy le devolvió la sonrisa y le correspondió estrechándole la mano. Después nos abrió la puerta del Audi y ambos nos embarcamos. Teddy estaba muy pegado a mí y miraba el auto con desconfianza. Le acaricié la cabeza y le susurré que todo iba a estar bien.

Taylor estacionó frente a una lujosa cafetería de dos plantas, nos abrió la puerta y me deseó suerte, asentí en respuesta brindándole una sonrisa. Al entrar una de las meseras se acerco a mí.

— ¿Está aquí para ver al señor Grey?

—Así es.

—Sígame, la está esperando.

Ted se aferró a mi mano y con el corazón latiéndome a mil por hora seguí a la mesera. La sola idea de pensar que Christian y Teddy se conocerían me emocionaba y no sabía por qué. Él nos estaba esperando en una de las mesas que estaban cerca de la ventana, se levantó y caminó hasta nosotros al vernos, tenía un toque informal con esos jeans, la camisa blanca y la americana gris. Estaba tan guapo que quitaba el aliento, era un hombre impresionante. Se acerco a mí y me dio un beso en la frente.

—Muchas gracias, Victoria —le dijo a la mesera.

—A la orden señor… ¿Desean algo para tomar?

—Tráeme un café, un té para la señorita y… —Miro a Teddy, quien estaba aferrado a mí y sonrió—. Un helado de vainilla para el niño.

—En seguida, señor.

Victoria se alejó de nosotros y Christian nos guió hasta la mesa, me haló la silla para que me sentara mientras Teddy se sentaba a mi lado, él tomo asiento delante de mí. Christian miró a Teddy, que se volvía a aferrar a mi mano y yo me obligué a dejar de mirarlo a él y hacer las presentaciones.

—Christian, él es mi hermanito: Theodore —dije, acariciando su cabeza—. Teddy, él es mi amigo: Christian.

—Teddy, es un placer conocerte por fin —dijo dándole la mano, Teddy parecía embelesado por su presencia cuando se la estrechó—. Espero que te guste el helado de vainilla.

—Sí, me gusta mucho —La mesera llegó con el pedido. Teddy me observó expectante—. ¿Es a quien veníamos a ver?

—Sí.

— ¿Por qué? Si Jack se entera se va a poner furioso y después nos va a…

—Ya no tienes porque preocuparte más por ese hombre. —Lo interrumpió Christian—. Él ya no los va a volver a tocar.

Teddy me escrutó confundido, tomé un sorbo de mi té mientras pensaba. ¿Cómo le decía el plan que teníamos? No sabía ni por dónde empezar, estaba segura de que al mencionar a los trabajadores sociales Teddy se iba a desesperar. Lo había cuidado desde que era un bebe, la sola idea de separarme de él aunque fuera momentánea me dolía como nadie podía saberlo, pero era por nuestro bien. Christian me apretó la mano llamando mi atención y me regaló una de sus encantadoras sonrisas, de inmediato me sentí segura, era tal el efecto que tenía en mí que aquello era automático. Me volteé a mirar a mi hermanito, dispuesta a explicarle todo.

—Teddy, hemos encontrado la solución para salir de la casa de Jack.

— ¿Y seguir juntos? —me preguntó asustado, yo asentí y él sonrió—. ¿Cómo saldremos?

Miré a Christian y este me sonrió animándome a seguir.

—Voy a casarme con Christian, Teddy. —Él abrió tanto los ojos de la impresión que casi me hizo reír

—No sabía que tenías novio, Ana.

—Tu hermana ha preferido ser reservada con nuestra relación —habló Christian, antes de que yo pudiera formular una respuesta coherente—. Tenemos pensado casarnos y después de eso adoptarte, pero… tendrás que hacer una cosa primero.

— ¿Qué es? —preguntó con recelo.

—Tendrás que irte con un trabajador social.

— ¿Qué? —Inquirió alarmado y se giro rápidamente hacia mí—. ¿Vamos a separarnos, Ana? —insistió con lagrimas.

—Pero sólo por poquito tiempo… —dije tomando su carita—. Tienes que entender que es la única solución, Teddy.

—Tu hermana tiene razón… mírame, Ted. —Teddy con lágrimas en los ojos lo obedeció—. Para que puedas salir de esa casa primero tenemos que quitarle a ese hombre el poder que tiene sobre ti. ¿Entiendes eso? —Le habló con dulzura y firmeza en sus palabras, Teddy asintió a mi lado—. Bien, una vez que ya no tenga poder sobre ti, yo haré todo para adoptarte… soy un hombre con mucho dinero Teddy, puedo adoptarte, sólo debes ser paciente por unos días. No quieres que él vuelva hacerle daño a tu hermana, ¿verdad? —Él Negó—. Bueno, es la única solución para sacarlos de allí, solo debes ser paciente… Así tú y tu hermana estarán juntos… ¿Aceptas?

Teddy me miró a los ojos, se secó las lágrimas y después vio a Christian.

—Acepto… pero tiene que cuidar de mi hermana mientras no estoy.

Sus palabras me emocionaron. Mi hermoso niño, ¡Dios mío cómo lo quería! Christian sonrió y le estiró el brazo para que Teddy le diera la mano.

—Por supuesto, y cuando estén los dos juntos —me tendió su mano libre y yo la tomé—, los cuidare a los dos.

Mis lágrimas descendieron por mis mejillas al ver la unión que habíamos formado, Christian sería nuestra familia de ese momento en adelante. No te emociones mucho, me decía mi subconsciente y tenía toda la razón, eso era temporal, no podía pegarme mucho a Christian porque seguramente encontraría a la mujer de su vida y yo pasaría a un segundo plano.

Dejé mis pensamientos de lado cuando Christian me besó los nudillos, no importaba qué pasaría después, lo único que importaba era que en ese momento teníamos una vía de escape segura, que estaríamos lejos de las amenazas y de los maltratos de Jack, y por sobretodo, teníamos una nueva oportunidad.

Teddy se comió su helado con entusiasmo, mientras Christian llamaba a uno de los trabajadores sociales. Lo estaba poniendo al corriente de la situación y le explicaba todo lo que Jack había hecho. Le pedí a Christian que dejara a Elizabeth fuera de eso, no era que Elizabeth me agradara ni nada por el estilo, era sólo que había sido ella la razón por la que Jack no había ido más lejos en sus insinuaciones y era mi manera de agradecérselo.

Cuando llegamos a la casa Jack estaba recostado en el sofá, me pidió las propinas que había ganado hoy y yo saque los billetes de cinco y diez dólares que me había dado Christian. Eso sería lo último que le daría.

Me encaminé a mi cuarto junto a Teddy y en cuanto llegamos saqué las viejas maletas del closet y le di una a Ted. Él comenzó a sacar la ropa y todas sus pertenecías lo más rápido que pudo, Jack le había quitado seguro a la puerta y tenía miedo que pudiera entrar en cualquier momento. Afortunadamente no lo hizo y pudimos guardar todas nuestras pertenencias en las maletas.

Me quité el uniforme pero no me puse ropa de casa, tomé unos jeans, una camisa azul y unas botas negras. Ted sólo se cambió la chemise del trabajo por una negra, me sonrió y yo lo abracé, estábamos cerca… tan cerca de salir de ese lugar que el corazón se me iba a salir del pecho.

Hice el almuerzo lo más tranquila que pude, pero tenía tantos nervios de que las cosas se me resbalaban de las manos que me demoré mucho más. Elizabeth me tachó de inútil y yo me arrepentí de haberle pedido a Christian que la dejara fuera de todo. Antes de haberme venido le di mi dirección a Christian, pero él no me dio ninguna hora exacta para la visita y no sabía si estaría ahí, ya que debía ir al bar. ¿Qué excusa daría para no irme?

Comencé a servir el almuerzo, pero por más que trataba de comer algo no podía, había un nudo en mi estomago que me hacía imposible pensar en comer. Teddy estaba igual, no pasaba bocado, lo único que hacía era jugar con la comida.

— ¿Qué les pasa a ustedes dos? —Pregunto Jack con desconfianza—. ¿Por qué no comen?

—Es que… no tengo mucha hambre —comentó Ted.

—Yo comí algo en la cafetería, así que aun estoy algo llena.

—Bueno, entonces deja eso —dijo Elizabeth, mientras dejaba su plato—. Vámonos al bar.

—Espera… es que me siento un poco mal y…

No pude terminar de hablar porque la puerta comenzó a sonar. Mi corazón comenzó a latir a mil por hora mientras me levantaba para abrirla, pero fue Elizabeth quien se adelantó.

— ¿Quiénes son ustedes? ¿Qué es lo que quieren? —se escuchó que Elizabeth gritaba.

Teddy se levantó de su silla y se aferró a mi cintura mientras yo lo abrazaba, Jack también se levantó y me observó curioso. Elizabeth entró a la cocina seguida de Christian, Taylor, un hombre en traje con un portafolio y dos policías. El alivio que me invadió al verlo fue descomunal, quería correr hasta él y lanzarme en sus brazos, pero era mejor permanecer en donde estaba.

— ¿Quiénes son ustedes? —pregunto Jack, irritado.

—Lo ve, señor Parker… estas condiciones son precarias y sin mencionar todo lo que le conté sobre cómo viven. —Christian le habló al trabajador social, ignorando la pregunta de Jack.

—Tiene usted toda la razón, Señor Grey… estas condiciones no son aptas para criar a un niño.

Pude ver la alarma en los ojos de Jack, se había dado cuenta de que era un trabajador social y que estaban a punto de quitarle a Teddy. Jack se puso delante de nosotros imitando un gesto protector, cosa que le molestó a Christian de sobremanera, podía ver el reflejo de la rabia en sus ojos grises y su mandíbula estaba tensa.

— ¿Quiénes son ustedes? —Volvió a preguntar

Christian se acercó unos pasos y con una media sonrisa le habló. —Mi nombre es Christian Grey y soy el prometido de Anastasia.

Jack se volteó hacia mí y la mirada que me dio me heló la sangre, sus ojos brillaban de rabia, estaba segura que si no hubieran estado todos ellos me hubiera lanzado una bofetada. Se volteó de nuevo para mirar a Christian.

— ¿Su prometido? —masticó con rabia.

—Así es, Anastasia va a ser mi esposa.

— ¡Qué bien calladito lo tenías, Ana! —Me dijo Elizabeth desde su lugar—. Por supuesto, este es el cliente que pago por ti para monopolizarte… ahora lo entiendo todo.

Jack volvió a mirarme dándome a entender que él también lo entendía todo, seguro que había comenzado a atar cabos, gracias a mi comportamiento, el dinero y el teléfono. Sabía que me había estado viendo con Christian, pero eso ya no importaba porque en ese mismo momento saldríamos de ese lugar. El trabajador social se acercó y estudió a Jack.

—Señor Jack Hyde, a partir de este momento usted no tendrá ningún poder sobre el menor Theodore Steele, debido a su falta de recursos para cuidarlo, la ausencia de educación y su abuso al maltratarlo y ponerlo a trabajar.

—No pueden hacer esto, soy la única familia que tiene.

—Lo siento, señor Hyde; pero a partir de este momento usted no es el tutor de niño.

—Teddy, Ana… vayan a buscar sus cosas, nos vamos en este instante —nos dijo Christian.

Teddy salió corriendo hasta el cuarto, pero yo no podía moverme, el miedo me tenía paralizada. Christian me sonrió y me estiró la mano, él era como mi salvavidas, así que no dudé y caminé dispuesta a tomarla, pero Jack me tomó del brazo y me dio la vuelta para encararme.

—Tú no te puedes ir, Anastasia.

Christian tomó a Jack por el cuello de la camisa y lo estampó contra la nevera, alejándolo de mí. Lo golpeó contra ella dos veces más, ocasionando que se tambaleara y luego lo volvió a aferrar por el cuello.

—Tú… no la vuelves a tocar, ¡nunca más! —gruñó y recalcó cada palabra.

Lo lanzó al piso y lo pateó en el estomago, luego ordenó a los guardias que se lo llevaran porque iba a presentar cargos por maltrato y por abuso infantil. Los guardias lo recogieron del piso, lo esposaron y lo sacaron de la casa, mientras él maldecía gritando mi nombre y jurando que volvería por mí. Elizabeth estaba paralizada en un rincón de la cocina, pero cuando dirigió su mirada hacia mí no había rencor ni rabia. Tal vez ella estaba tan asustada de Jack como yo.

Sentí lo brazos de Christian rodearme así que me deje llevar y me recosté en su pecho, su olor comenzaba a ser mi olor favorito en el mundo; me sentía tan segura en sus brazos.

Teddy volvió con nuestras maletas y Christian me dijo que era hora de irnos. No me despedí de Elizabeth ni miré atrás, no extrañaría absolutamente nada de esa casa, sólo quería salir de ese lugar para que Ted y yo pudiéramos comenzar nuestras vidas. Taylor tomó las maletas y el trabajador social nos siguió, venía en su propio carro así que tenía que despedirme de Ted.

—Esto será momentáneo, ¿de acuerdo? —le dije, agachándome a su altura—. Pronto volveremos a estar juntos.

Él me abrazo con lágrimas en los ojos y no se permitió llorar ni hacer escándalo. ¡Mi niño fuerte! Esperaba que cuando estuviera con nosotros pudiera permitirse ser un niño y crecer como todos. Taylor metió la maleta de Teddy en la cajuela del auto del trabajador social, lo acompañé hasta el carro y los vi alejarse, sólo cuando el auto se perdió de vista comencé a llorar.

—Ya, Ana… tranquila, no será por mucho tiempo —me tranquilizó Christian, atrayéndome hacia sus brazos.

Yo asentí y me dejé guiar por él, entramos al Audi y Taylor nos condujo por la calles de Seattle. No volveríamos más a ese lugar, nos habíamos librado de Jack y ahora comenzaríamos de cero y teniendo un futuro por delante. Nunca me había permitido pensar en donde vivía Christian hasta que entramos al estacionamiento del enorme edificio. Madre santísima… ¡El vivía en el Escala!

Nos bajamos del auto y Christian me llevó hasta el ascensor, introdujo un código y nos llevó hasta el último piso. Cuando las puertas se abrieron mi boca se cayó de la impresión, ese lugar era enorme y lujoso. Había escuchado de ese edificio pero jamás en mi vida hubiera pensado que entraría. ¿Cuán rico era exactamente Christian Grey?

—Bienvenida a tu nuevo hogar, Anastasia.

¡Madre santa! ¿Ese era mi nuevo hogar? No podía dejar de mirarlo, todo en él era precioso: los muebles de la sala, la barra en la cocina, el piano, todo era simplemente un sueño. ¿Sería que la vida me comenzaría a sonreír a partir de ese momento? Yo rezaba porque fuera así. Vi salir de una puerta a Taylor junto a una hermosa mujer y una niña, ambas eran rubias. ¿Por dónde había entrado?

Los tres se detuvieron frente a mí, Christian se puso a mi lado y me pasó un brazo por los hombros atrayéndome hacia él. Ignoré la reacción de mi cuerpo y escruté a la mujer que me sonreía con amabilidad.

—Anastasia, ellas son Gail y Sofía Taylor, la esposa y la hija de Jason. Chicas ella es Anastasia… mi prometida.

¿Jason? Tomó unos segundos darme cuenta que ese era su nombre y que siempre lo había llamado por su apellido. Traté de ignorar la sensación que me produjo el saber que era su prometida y me acerque a Gail para estrecharle la mano.

—Es un placer, señora —me dijo con una sonrisa

—Por favor, solo llámame Ana.

—Bienvenida, Ana —me saludó Sofía, dándome un abrazo.

— ¡Sofía! —la reprendió Gail.

—No hay problema… —la tranquilicé, correspondiéndole el abrazo.

Christian sonrió y me guió para mostrarme mi habitación, era hermosa como todo en ese sitio. Poseía una cama matrimonial, un escritorio con una laptop, una cómoda y un closet; el baño era enorme también, aunque mi sorpresa aumentó al abrir el armario.

Allí estaba el sueño de toda mujer, al menos de toda mujer normal. Había ropa casual, vestidos, zapatos, carteras y joyas. Era demasiado y se lo hice saber a Christian, pero él no dejaba de repetirme que podía permitírselo y que sería su esposa.

—Hay algo más que tenemos que hacer… —me dijo nervioso.

— ¿Qué es?

Sacó de la gaveta unos papeles y un bolígrafo. —No es que desconfié de ti… pero necesito que firmes este contrato pre-matrimonial.

Su cara reflejaba preocupación, ¿tenía miedo de que me enfadara? Le sonreí para tranquilizarlo, le tomé el contrato de las manos y sin mirar lo firmé. Confiaba totalmente en él y lo entendía perfectamente. Su dinero no me importaba y Christian estaba haciendo mucho por nosotros. Me sonrió cuando se lo entregue.

—Date una ducha, llamaré a Gail para que te haga una pequeña maleta, nos vamos en dos horas.

— ¿A dónde?

—No preguntes… te lo diré más tarde.

Me dejó sola en el cuarto y yo me quedé perdida por un momento, era increíble el giro que había dado mi vida. Hace días el salir de aquel lugar era sólo un sueño para mí, pero ahí estaba, lejos de los cuatro años de sufrimiento. Dejé de pensar y me metí al baño para darme una ducha rápida, a pesar de que me moría por probar la bañera decidí que sería en otro momento. Cuando salí del baño tenía en la cama un jean, una Blusa y unos zapatos altos Morados. Gail metía en el bolso un vestido corto con tirantes negro de tubo, una americana beige y unas sandalias altas.

Me sonrió al verme y terminó de meter mi ropa interior y cosas de aseo personal, se despidió y me dejó sola para vestirme. Me apresuré y en diez minutos ya estaba lista, todo me quedaba a la perfección, no sabía cómo Christian había adivinado mi talla pero no quería darle más vueltas.

Salí de la habitación con mi pequeño bolso y en la sala me esperaba Christian con un pantalón color caqui y una camisa blanca manga corta, se veía guapo e impresionante como siempre. Taylor me quitó el bolso y tomó el de Christian, él me dio la mano y me sonrió. Me despedí de Gail y Sofía para entrar con ellos al ascensor. Nos embarcamos en el Audi y Taylor se puso en marcha.

No sabía a dónde íbamos, pero el corazón comenzó a latirme en cuanto nos acercamos al aeropuerto. Nos bajamos del auto y caminamos hacia la pista, en ese lugar había un avión blanco con las palabras "Grey Enterprise holdings inc." en azul. Miré a Christian confundida mientras Taylor se acercaba a nosotros.

—Todo está listo, señor.

—Muy bien… es hora de irnos.

Entramos al avión, el cual era igual de lujoso que todo lo que Grey poseía; era como una pequeña sala con dos sillas y una mesa al principio. Me senté junto a él en un mueble largo, admiré la estancia y vi una pequeña puerta, era una cabina que funcionaba como habitación. Taylor se embarcó detrás de nosotros y se metió a la cabina con el piloto.

—Dame la mano derecha.

Se la di, él sacó una caja pequeña de terciopelo, la abrió y el anillo quedó a la vista. Era una banda de oro con un diamante en el medio, abrí los ojos sorprendida mientras él deslizaba el anillo por mi dedo.

— ¿Qué es un compromiso sin anillo?

—Esto es demasiado, Christian… no debiste molestarte, yo…

—Basta, Anastasia, no es nada… puedo permitírmelo…

Asentí y decidí cambiar de tema. — ¿A dónde vamos?

—A Las Vegas… nos casaremos esta misma noche.

Mi corazón comenzó a latir fuertemente, mientras sentía como el avión se movía.

¡Esa misma noche sería la Señora Grey!

CONTINUARÁ