Ryuuji Midorikawa era un joven de camino a los treinta con un buen trabajo, un magnífico sueldo, un novio encantador que le ponía ese magnífico sueldo en la cuenta corriente cada mes ya que también era su jefe…
Y un niño de acogida un tanto desastre.
Era normal para Kariya el dejar todo tirado por la casa y también era normal para Midorikawa el recoger todas las cosas mientras refunfuñaba por lo bajo. Hiroto bromeaba diciéndole que entre eso y el moño que solía usar para recogerse el cabello parecía una madre de verdad, ganándose un cojinazo en toda la cara por parte de su novio. Y aunque Midorikawa podía aceptar que podía llegar a ser un poco obsesivo y perfeccionista, nadie, absolutamente nadie, tenía derecho de llamarle señora.
Esa noche no era una excepción a la rutina que estaba empezando a odiar con todas sus fuerzas, Kariya había llegado triste a casa y en lugar de aceptar un buen dulce se fue directamente a su cuarto, dejando todo lo que traía tirado en el suelo. Midorikawa agradeció que por lo menos ese día fuera Hiroto quien cocinara la cena y se levantó del sofá con dificultad, un poco cansado después de las largas horas en el trabajo haciendo papeleos. Cuando fue a recoger la bolsa de plástico que justo estaba al lado de la cartera del chico, se cayó lo que parecía un montón de pelo rosado.
Midorikawa sabía perfectamente a quien pertenecía ese cabello, que al tacto estaba claro que no pertenecía a una peluca.
–¡Kariya Masaki, baja ahora mismo!
El que asomó la cabeza desde la cocina fue Hiroto Kira, que no podía evitar sonreír ante esa escena tan familiar. Kariya, por su parte, bajó las escaleras con la expresión del que no sabe que crimen había cometido hasta que vio lo que Midorikawa tenía en la mano; las coletas de Ranmaru Kirino.
–Me parece gracioso que a veces te guste gastar según qué bromas a la gente, pero esto pasa de castaño oscuro. Dime que no es el pelo de tu compañero de equipo, ese tono de rosa es difícil confundirlo ¿sabes? Me da que no te pareció suficiente el rapapolvo que te echamos cuando lo de Kageyama-kun que lo has vuelto a repetir. Y lo peor de todo es que hay un dicho que dice que "no hay dos sin tres", así que no sé cómo no lo he visto venir.
Kariya miró al suelo de inmediato, nunca se encaraba con Midorikawa y, por la expresión de su rostro, Hiroto pudo observar que algo no iba bien. Su novio se debió dar cuenta también, porque dejó el mechón rosado dentro de la bolsa y con la voz seria y clara intentó llamar la atención del menor.
–Cuéntame que ha pasado –más que una demanda era una petición suave. Kariya no hizo ningún tipo de contacto visual con él, concentrado como estaba en los escalones.
–No era capaz de tirar la bolsa a la basura –la voz tenue de Kariya llegó a los oídos de Hiroto y éste se acercó para escuchar mejor –. Él me pidió que le cortada el pelo, pero no me dijo el motivo. Prefiero pensar que le gustó lo que le hice a Kageyama porque por su cara parecía más estar sufriendo por algo que emocionado por un cambio de peinado.
Los ojos negros de Midorikawa se suavizaron casi al instante y miró a Hiroto, quien ya estaba a su lado.
–Has tenido un mal día, así que vete a dormir –éste le dijo al chico, dándole una pequeña palmadita en el hombro. Kariya asintió y le hizo caso, sin chistar ni un poco, algo bastante raro en él en cuanto a su horario se refería.
–¿Crees que es mejor dejarlo solo? –Midorikawa preguntó a Hiroto aún mirando las escaleras. Éste se dio la vuelta para dirigirse de nuevo a la cocina.
–Mientras sepa que estamos a su lado, todo irá bien. De todas formas, esto le ha entristecido pero no parece que le vaya a afectar más a parte del mal rato que haya tenido hoy.
–¿Te acuerdas de lo que nos contó el otro día? Sobre Shindou-kun confundiendo a Kirino-kun con una chica. Si eso ha pasado, explicaría lo que ha ocurrido hoy a la perfección.
Hiroto sirvió el café en dos tazas y las dejó encima de la mesa, con expresión grave en la boca.
–Tienes razón Ryuuji. Esto no tiene porqué afectarle en absoluto.
oOo
El día anterior a su partida Shindou hizo una pequeña reunión con todos sus compañeros y amigos, incluidos sus senpai y varios chicos del segundo equipo. Esperaba una respuesta de su mejor amigo pero éste ni siquiera contestó a los mensajes, menos apareció por la fiesta de despedida junto con el grupo que había quedado antes en la parada de autobús más cercana. Sangoku se mostró muy confundido pero no hizo preguntas, cosa que Shindou agradeció, aunque Hamano no hizo lo mismo, haciendo varios comentarios que los demás no eran capaces de decir en voz alta. Al final concluyó que Kirino querría ver al capitán en persona y a solas, así que dejaron de hablar del tema en lo que quedó de tarde.
Shindou sabía de sobra que eso no iba a ocurrir. Kirino era demasiado orgulloso como para hacer algo primero, o por lo menos, necesitaba mucho tiempo para poner sus ideas en orden y así actuar en consecuencia. Aún así, muchas veces y tratándose de Shindou solía morderse la lengua y pedir disculpas siempre, sobre todo las veces que se habían peleado.
Pero esa situación no era ni mucho menos algo normal, algo que se olvidaría fácilmente. Y por mucho que Kirino quisiera volver a ser su amigo, le costaría mucho empezar a hacerlo.
Shindou le esperaría, por descontado. Ya le estaba echando terriblemente de menos y no había pasado más que un par de días desde aquel suceso.
Por lo demás la tarde pasó sin incidentes remarcables, más que las bromas de los chicos, recordando todo lo que había sucedido hasta el momento con el capitán (o ex-capitán ya que Tenma había tomado el relevo no hacía mucho tiempo). Lo único que Shindou encontró extraña fue la actitud de Masaki Kariya. Éste parecía ido, el cuerpo presente con sus compañeros pero la mente en otra parte totalmente distinta cuando él, entre todos los miembros del Raimon, era el primero en contar anécdotas vergonzosas o bromear sobre cualquier cosa que dejara a alguien en evidencia. Ni siquiera Kageyama era capaz de sacarle una sonrisa a pesar de estar haciendo el tonto con Tenma y Tsurugi, el delantero sintiéndose cada vez más incómodo entre las risas de los demás.
Kariya sabía algo, y eso se lo estaba haciendo pasar mal por no querer decirlo. Bebía mucha agua así que la garganta la tenía seca, evitaba el contacto verbal con los demás u sólo asentía pesadamente con la cabeza. No era posible que la marcha de su capitán le afectara de esa forma, pero Shindou no estaba seguro si en realidad quería sacarle sus preocupaciones.
Siempre estaba molestando a Kirino, y no sería muy descabellado pensar que echaría de menos al chico ahora que se había graduado.
Como ya había anticipado, Kirino no dio señales en la fiesta, ni tampoco después cuando todos se fueron a sus casas. Shindou pasó las siguientes horas repasando sus maletas junto con una de sus criadas y luego cenando con sus padres, quienes no dijeron nada del asunto. No podía ocultar lo acontecido, tampoco que no había podido arreglar lo que había pasado con su mejor amigo a pesar de que ellos dos se lo recomendaron.
Gracias al cielo su padre no abrió la boca para soltar alguno de sus comentarios sarcásticos y, su madre se limitó a disfrutar de las últimas horas con su pequeño príncipe, ahora no tan pequeño, que se disponía a pasar un tiempo fuera del país.
Para Takuto, entre bocado y bocado de guiso, no era agradable saber que la persona más importante en su vida no quería saber nada de él. Que se iba a marchar fuera y ni se dignara a mandar un simple mensaje de apoyo. El plan original de Shindou consistía en ver a Kirino en la reunión y hablar con él a solas luego, pues siempre se quedaba más que los demás para charlar de sus cosas, pero no pudo ser. El error que cometió fue muy grande, demasiado grande, lo suficiente como para terminar una amistad de años.
Antes de meterse en la cama le mandó otro par de mensajes que no tuvieron contestación, incluso le llamó pero Kirino no cogió el teléfono, pero de haberlo hecho no hubiera sabido qué decir.
"Es un problema para mi que seas un chico, pero no quiero perderte porque…"
Shindou no pudo dormir esa noche.
oOo
Kirino no podía creer que pudiera ser tan cobarde, Shindou le había llamado por la noche, incluso le había mandado varios mensajes preguntándose dónde se había metido, y él no había hecho el amago de responderle.
Shindou se había declarado a su mejor amigo pensando que era una chica. En realidad todo lo relacionado con ese suceso estaba mal y por mucho que Kirino quisiera tener contacto con él, simplemente no podía hacerlo.
Kirino no tenía ganas de ir a la fiesta de su amigo a ver a los demás con una sonrisa falsa en el rostro. Era terrible, en cierto modo, pensar que Shindou le quería con los demás, como si nada hubiera pasado. Kirino quería hablar con él antes de nada, pero se encontró sin fuerzas ni ganas.
Y en ese mismo momento estaría en el aeropuerto, cogiendo un avión hacia Londres y no volvería a verle hasta el verano. Eso si la relación no se enfriaba durante todo ese tiempo.
Iba a ser difícil, pensaba. Deshacerse de esos sentimientos, hacer como si nada hubiera ocurrido. El amor de él hacia Shindou era sólido como una roca, pero no estaba seguro que pasara lo mismo al contrario. Kirino no tenía pecho, tampoco curvas, solo un pelo largo y bien cuidado que tampoco conservaba gracias a las sorprendentes manos de Kariya. Quién le iba a decir que el chico tendría tan buena mano para los cortes de pelo, aunque hizo poco más que cortarle las coletas e igualarle un poco los trasquilones.
Era incómodo en cierto modo cuando se peinaba; siempre se terminaba pasando el peine por el cuello y resultaba doloroso, pero eso solo sería así los primeros días. La promesa hacia Shindou no le importaba, él no era una mujer y tenía que dejarlo bien claro. Se lo tenía que dejar claro a sí mismo sobre todo el mundo.
Esos meses de separación servirían para muchas cosas, para rehacer su vida y buscarse nuevas amistades, cambiar de aires, lo que fuera.
Estaba caminando por la calle sin rumbo fijo cuando terminó en la arcada. Las tiendas acababan de abrir al público y decidió dar un paseo sin fijarse mucho en los escaparates, hasta que algo llamó su atención.
Entre una librería y una tienda de ropa encontró una cafetería en la que pocas veces había reparado. Era bonita, decorada con un vistoso toldo verde, una pequeña terracita en el exterior rodeada de flores frescas. Recordó brevemente una vez que se tomó ahí un chocolate con Shindou y les gustó mucho, repitiendo así un par de veces más.
Miró a un cartel que había colgado en un lateral, algo que sabía que tendría que andar buscando en un par de meses, aunque no pensaba que lo iba a encontrar de forma tan involuntaria.
Necesitaba una nueva vida, se repetía una y otra vez. Y cuanto antes empezara, mejor.
oOo
Necesitaba una nueva vida, se repetía Shindou una y otra vez.
Las horas en el avión se hicieron eternas. Shindou tenía que coger dos vuelos, uno hasta París y otro hasta Londres, ya que a sus padres se les hizo complicado encontrar un vuelo directo al dejarlo todo para el último momento. El primero en sí estaba siendo un horror con sus doce horas sentado sin ningún tipo de descanso, y casi deseaba que el avión se estrellara en mitad de la nada y terminara con ese sufrimiento. El chico tampoco quería imaginarse lo que era hacer ese vuelo de haber estado en turista, pero por lo menos tenía todas las comodidades, incluso su asiento podía ponerse totalmente en horizontal para poder dormir sin mayor problema, hasta pedir comida cuando se le antojara.
Pero no podía hacerlo por segunda noche consecutiva. Había dejado Japón sin haber aclarado un malentendido que había vuelto su vida patas arriba, mirar al techo del avión no ayudaba a aclarar su mente, mucho menos si dirigía la mirada a la pantalla situada justo delante de él, dónde podía verse un mapa del mundo con un avión sobrevolando lo que parecía ser Siberia.
Se puso una película de dibujos para no pensar, pasó a una serie, luego a otra película más. Notó que incluso había juegos disponibles, pero solo era capaz de jugar al tetris sin sentir que estaba perdiendo de una forma brutal y vergonzosa. En su mente solo había sitio para Kirino; Kirino en el colegio, mirándole como si le estuviera haciendo un favor el día que se conocieron y Shindou le pidió ser su amigo, Kirino en la fiesta de su décimo cumpleaños, con el cabello por los hombros, la sonrisa radiante, Kirino con sus preciosas coletas, jugando al fútbol siempre a su lado, Kirino en shock delante del invernadero, creyendo que Shindou se estaba burlando de él.
Kirino, Kirino, Kirino. Kirino era su princesa de cuento, la chica de sus sueños y ahora no estaba seguro de lo que había pasado en esos últimos años de su vida.
Para cuando llegó a Paris, Shindou tenía unas enormes ojeras y ganas de pegar a alguien. Su mal humor estaba aumentando considerablemente, de tal manera que incluso las azafatas se apartaron de golpe al preguntarle si todo había sido de su agrado. Si había algo que no podía evitar era su cara de enfado que hacía que todo el mundo (menos Kirino, siempre Kirino) se apartara de él como si tuviera la peste.
Entrar en el aeropuerto tampoco le hizo ningún bien.
Ha había estado antes en París cuando era pequeño, pero no recordaba mucho más que quería comprarle un peluche de Minnie Mouse a su nueva amiga, un regalo que no le tiró a la cara de milagro pero que Kirino aún conservaba en la cama de su modesto cuarto. Su padre le comentó poco antes de coger el vuelo que esa vez aterrizaron en Orly y Shindou iba a hacerlo en el Charles de Gaulle, así que hasta eso se le hacía extraño. Había mucha gente hablando infinidad de idiomas y tenía un par de horas antes de subirse al avión que le llevaría a Londres, así que primero paseó por toda la Terminal mirando a ver si había algo de interés en los Duty Free sin conseguirlo. A pesar de eso agradeció poder moverse sin problemas después de tanto tiempo entumecido dentro del avión. Al rato se cansó y regresó a su puerta de embarque, dónde había una cafetería justo en frente.
Sabía que tenía una sala de espera para él solo y el resto del pasaje VIP, pero se sentía un poco atrapado en esa pequeña jaula de cristal. Tomar un simple café sin pretensiones era en lo único en lo que podía pensar, y quizás descansar al fin durante el corto vuelo que le esperaba. Esperó su turno con paciencia, le indicó lo que quería a la chica que le atendió en inglés, aunque tardó un segundo intento en hacerse entender. Era un establecimiento del tipo Starbucks, así que decidió dirigirse a la sala VIP con su pequeña compra, sin muchas más ganas de seguir investigando el lugar por su cuenta.
Entonces, un ruido ensordecedor le sacó de su ensimismamiento. Bocinas, pitos y cacerolas se escuchaban por toda la Terminal, haciendo que los pasajeros se apartaran consternados. Levantó la vista para ver a un montón de gente protestando con pancartas. Pasada esa primera impresión, decidió ir hacia dónde tenía planeado pero no podía. Al parecer al comienzo era solo una pequeña cantidad de personas que fueron aumentando a medida que pasaban los minutos, dejando a Shindou desconcertado y mirando hacia todas las direcciones buscando un lugar dónde preguntar, porque todo el mundo chillaba en francés y ya no tenía ni idea si eso era una manifestación o el comienzo de una guerra mundial.
Y entonces lo vio.
La gente se arremolinaba alrededor de uno de los carteles luminosos que indicaban las salidas y llegadas de los vuelos. Lo que normalmente estaba en amarillo y blanco empezó a teñirse con luces rojas que tanto en francés como en inglés indicaban que todos los vuelos habían sido cancelados.
Y Takuto Shindou se encontró perdido en mitad del aeropuerto Charles de Gaulle, sin saber cómo actuar y con su recién comprado capuccino tirado en el suelo.
¡Hola de nuevo! He tardado un poco menos en actualizar porque estoy de vacaciones (aunque me va a durar más bien poco, ejem)
En realidad yo pensaba mandar a Shindou a Londres, solo que se me ocurrió que terminara en un lugar que conozco un poco mejor. Y estoy esperando a que salgan franceses e ingleses en Galaxy para poder usarlos, pero me temo que tendré que sacar de la manga personajes originales... no tan originales. Ya veréis a qué me refiero con eso ;D
Por su parte, Kirino conmenzará una nueva vida y Kariya... bueno, Kariya. Qué decir de él (mejor nada)
Muchas gracias por los reviews y favoritos, se agradece ver que la historia gusta. Nos veremos en la próxima actualización que tardará algo más. Hasta ese momento, cualquier comentario, opinión, recomendación o tartas de natita con fresitas serán bien recibidas en los reviews o PMs. ¡Gracias por leer!
