CAPÍTULO 7 – Pericŭlum
«El retirarse no es huir, ni el esperar es cordura cuando el peligro sobrepuja a la esperanza.»
Miguel de Cervantes Saavedra — Escritor español.
«La astucia puede tener vestidos, pero a la verdad le gusta ir desnuda.»
Thomas Fuller — Clérigo y escritor británico.
«Excelente cosa es tener la fuerza de un gigante, pero usar de ella como un gigante es propio de un tirano.»
William Shakespeare — Escritor británico.
Incertidumbre.
La sentía corroer sus venas como lava ardiente y poderosa. Eso, aquello, ella, él incluso ellos o un nosotros: La misma magia, divina y ancestral postrada ante sí coqueto (¿O coqueta?), perversa y siniestra, pero aún mayor era su comprensión, su don de reconocer errores e incluso los que no eran propios y tratar de solventarlos.
—Lejos tú, Harry Potter, eres el mago entre magos destinado a gobernar —era una premisa sencilla, que para una fuerza tan ancestral como ella misma no atraía ningún problema mayor.
—¿Sabes lo que estás diciendo? —su corazón allí no latía, sus sentimientos allí no lo colapsaban pero su lógica estaba recia en su mente, soltando verdades e inconclusos con crueldad.
—¿Sabes tú lo que te estoy dando entre tus manos? He visto y sentido en mi propia vida, o no vida, imperios erigirse orgullosos y caer años después en una catástrofe. He visto hombres y mujeres alzarse imponentes ante una sociedad y luego perecer entre lo que se llamaba olvido o memorias difusas junto a proyectos que nunca estuvieron en su mente.
»A ti, Harry Potter, te estoy dando la misma posibilidad de hacer algo e intentar equilibrar tu mundo. A ti, solo a ti.
Llegaba el punto en que pensar no estaba en su mente, sino mas bien perseguir aquel instinto nato con el cual nació, el mismo al cual muchas veces omitió.
—Tú, entre mis hombres debes entender...
—Querrás decir, entenderlo a él. No a cualquier persona, sino a aquella que con su mano vengadora y egoísta asesinó y cortó el sueño de muchos.
—Como muchos otros cortaron el de él. ¿Te parece poco? Tú lo has vivido junto con él, ese pequeño relicario que tu cuello adorna te ha dado la posibilidad de uno en un billón de comprender por qué, cómo y cuándo.
—¿Y qué quieres que haga con eso? ¿Qué se lo eche en cara?
—Era un alma pura como tú mismo y otros más.
—... No tienes que repetirlo, ya lo sé. Lo rompieron en el camino, una y otra vez, quitándole lo poco y nada que tenía.
—No me hables así, que tampoco yo tengo la culpa, ni tú, ni aquel viejo de barba blanca. Nadie la tuvo pero él más que nadie podía hacer algo por aquel que destruyes.
—¿Y apareces ahora y no antes? ¿Qué solución se puede dar?
—Siempre hay una. La verdad no es otra cosa que contar los hechos tal cual sucedieron. Tu lo vives casi a diario, sientes su dolor pero también sus ansias de conocer lo que tú ya has probado. Tienes el poder, el material, la fuerza y espíritu. ¿Cómo van tus ganas, pequeño rayo?
Su utilidad. ¿Era así o más complicado? ¿Solo a él le ocurrían estas cosas? No lo pensaba así, por lo menos conocía a una persona que la vida le escupía en la cara cuando menos se lo esperaba incluso ahora aunque él fuera el mismo escupitajo.
¿Hasta en eso se parecían?
—Eres caprichosa, ya comprendo por qué te dicen la magia en vez de el magia.
—Creo que deje bien en claro que yo...
—Ni hombre, ni mujer, ni animal, eres todo pero a la vez no eres nada. Creo que quien tiene la vida más triste de todos eres tú, quien ni siquiera puede definirse o nombrarse de alguna manera.
El silencio se hizo cargo esta vez, y la tensión inicial que hubo se volvió una suave risa que calentaba almas y relajaba el cuerpo.
—Eres uno en muchos, Harry Potter. Tú eres el único quien siente piedad hasta por lo que no se ve.
Se río de sí mismo, él era la única persona en esta maldita tierra que quería abrazar árboles y cuidar hasta la más mínima piedra.
—Uno, en muchos...
No sabía si sentirse halagado u ofendido.
Lanzar un Imperio era como sumergirse en aguas profundas: Sentías la presión y unas ganas acérrimas de poder respirar, claro, hasta que la mente a la cual quería ingresar se te abría paso demostrando pensamientos fugaces y una voluntad que suprimía con la suya que era más fuerte.
¿Así que eso era todo?
¿Una lucha de voluntades?
Una suave carcajada escuchó como eco en aquella mente difusa y distante.
—¿Amas a tu amo? —preguntó a la nada, pero sabía que entre las sombras estaba ella, atenta y desquiciante.
—¡Mucho, mucho, mucho! Muchísssimo —siseaba y repetía con ahínco.
—Pues te tengo una misión para enorgullecerlo. ¿La quieres? —indagaba con un acento que realmnte podría convencer a cualquiera.
—¡Oh, por supuesto! Sí, sí, sí, sí, sísísísísís —y la pudo apreciar allí, arrastrándose con un largo vestido negro que agraciaba su figura, sus saltones ojos con ojeras y esa sonrisa predadora. A Harry no le cayó ninguna duda que ella fue una mujer hermosa e inteligente antes de Azkaban.
—No estoy muy seguro de dártela —dudó jugando un poco. Se sintió cínico por estar haciendo esto con tanta naturalidad. Cínico, sucio y abusador, pero también lo disfrutaba, porque una parte de él sabía que estaba haciendo lo correcto y además, le salía a la perfección, que aquella manera natural suya de someter a otros no le era tan fácil a muchos. Extático.
—¡Oh, no, nonono! ¡Yo sí puedo! ¡SÍ PUEDO! Todo por mi señor, absolutamente todo —se arrastraba dramáticamente, poniendo cara de súplica y sus ojos vidriosos con su labio inferior saliendo. Ahora comprendía por qué Voldemort la llamaba hermosa incluso tras esa velada locura que se apreciaba de lejos, era encantadora cuando podía y pensó para sí que tener sus sentimientos más profundos guardados en una caja mientras tanto ayudaba a ver lo que realmente nunca había podido apreciar con claridad.
—Tan hermosa —le dijo en un susurro —... Bien, bien. Te la daré, pero si fallas no olvides que le fallas a tu amo. ¿Quieres que él sea feliz, no? —el asentimiento voraz con su cabeza le hizo preguntarse si quizás no le dolía ya el cuello.
—¿Mi misión? Mi misión —pedía con urgentes ganas de ir a cumplirla.
—Oh, es sencilla.
Hermione estaba escondida en el arbusto más cercano de donde se encontraba Harry y Lestrange. Los ojos vidriosos de esta última le hacían pensar que su amigo ya se había infiltrado en la podrida mente de la mujer, pero Harry aún alzaba su varita frente ella, mientras que su mirada y cuerpo estaba relajado.
Ella había visto a pocas personas hacer un Imperius, contando a Barty Junior, siempre soltaban la petición sobre la misma "Has esto", "No hagas aquello".
Estaba tan tensa que siquiera tenía el exabrupto de regañar a Ron por respirar demasiado fuerte.
—Se está demorando mucho, se está demorando mucho —repetía el pelirrojo con voz aguda apretando las hojas y mirando a los costados para ver a cualquier Mortífago invisible.
—"Vamos, Harry, vamos" —eran ánimos nulos e innecesarios, pero necesitaba pensar algo o iba a estallar por la ansiedad.
La tétrica carcajada que dio Bellatrix Lestrange les paro los cabellos de punta, Ron gimió lastimeramente intentando alzar su varita firmemente pero el temor era tal por la desquiciante mirada que tenía la mujer que ni ella misma podía intentar hacer algo inteligente.
—Vete —fue un comando sencillo que nada tenía que ver con los minutos de silencio anteriores. El fuerte crack de la desaparición se hizo presente. Harry miraba al frente pensante, y ella estaba que se deshacía del relajo.
—S-supongo q-que eso significa que todo salió bien —la duda estaba palpable en cada palabra que salió por los pálidos y rotos labios de Ronald, quien parecía haber envejecido unos años y su cabello aclarado.
—Sí. Es hora de moverse.
—¿Moverse dónde? ¿No se supone que la vamos a esperar?
—Por supuesto que no, este sitio está apestado de trampas —regañó a la ligera el azabache —. Ella se aparecerá a donde iremos ahora. Tenemos muchas cosas que hacer además de lanzarle un obliviate.
—Si todo esto sale bien, tendríamos dos horrocux. ¿Cómo encontraríamos los otros?
—Este no es un lugar seguro para hablar de ello. Cojan uno de mis brazos, nos largamos de aquí.
El similar sentimiento de succión y no poder respirar correctamente atenazaron los sentidos de Ron y Hermione, pero también sabían que era diferente, de hecho la magia de Harry siempre reaccionaba diferente en cosas tan mundanas como una aparición o un accio cuando las sabía manejar.
Por decirlo de alguna manera, la succión fue como un campo de flores y la sensación de no respirar les trajo la sensación de relajo y el pensamiento de "No hay nada de qué preocuparse".
Pisar tierra nunca se sintió tan deprimente.
—¿Dónde estamos? —era lo básico a saber, aquel pueblo parecía agreste y muy por sobre todo, gris. Obviamente todos eran muggles y bastante maleducados por lo que podían apreciar, y sin olvidar el hecho de que Harry no había viajado mucho.
Era extraño ver la mirada calculadora y conocedora del menor.
—¿Qué coño hacemos aquí?
—Recopilando información.
—¿Harry?
—Escuchen —cortó serio el de ojos verdes —, sé que no os gustará pero deben quedarse aquí y esperar a Lestrange. Yo iré a buscar lo que necesito y realmente es peligroso que me acompañen. Sé que son inteligentes y sabrán cubrirse, pero necesito la capa.
—¡Harry! No podemos dejarte ir así como así, es peligroso y...
—¡Olvídalo! ¿Y qué pasa si él-... eso aparece aquí? —dudó el pelirrojo Weasley por unos segundos —, debemos estar juntos para mayor protección y...
—No me sirven donde voy, sólo atraeremos la atención y será peor. Escuchen, si en una hora no vuelvo pueden irme a buscar. De hecho, sólo tienen que seguir la calle colina abajo y se enterarán dónde estoy, pero realmente necesito ir solo.
La mirada era seria y daba por sentado que era mejor hacerlo a las buenas que terminar amarrados sin poder hacer nada. Hermione asintió aún indecisa mientras que su amigo aún tenía ganas de discutir pero Harry decidió abrir la boca antes de que dijera algo:
—Y así también ustedes aprovechan de hablar —alzó unas cejas y la sonrisa tortuosamente sabihonda se formó en los labios contrarios. Granger enrojeció hasta la punta de los zapatos y el balbuceo de Ron se hizo insoportablemente gracioso. Agitó su mano antes de caminar calle abajo.
Eso los mantendría ocupados por uno segundos.
Aceptarse por quien era realmente le estaba saliendo más natural y cómodo de lo que pensó.
Sus pies lo dirigieron cuatro cuadras más abajo, donde en un deprimente lugar que se estaba viniendo abajo se leía Orfanato Wool desde 1870. Al costado, un edificio más pequeño y moderno se alzaba orando el mismo nombre solo que el "Nuevo" se anteponía y los niños parecían más felices de lo que él había visto en sus extraños sueños. Dio unos pasos decidido a ingresar al destruido edifico hasta que una señora que tenía apariencia regular pero reconocía el chismorreo por donde viniera se acercó a él a pasos lanzados.
—¿Entrarás allí, niño? No lo hagas, ese lugar está maldito —exclamaba orgullosa de encontrar a alguien a quien narrarle historias.
—Luego de que un demonio dejara de habitar allí, comenzaron a suceder cosas extrañas. Se incendió tres veces y luego un monstruo salía por las noches según los niños y ayudantes del lugar, es por eso que hay un nuevo orfanato, el Municipio nunca pagaría uno nuevo por otra razón.
Así que el lugar estaba maldito, Thomas lo maldijo como el puesto de Hogwa...
Sólo había una razón por la cual lo haría. Casi sintió como si algo se encendiera en su mente y miró a la mujer con una gran sonrisa satisfactoria.
—Gracias por la advertencia —y sin más ingresó aún más decidido que el comienzo. No dio ni dos pasos en el vestíbulo y la magia negra se sintió densa sobre su piel a la cual lamía en busca de peligro, pero Harry no ansiaba destruir ni contramaldecir nada, de hecho estaba buscando aquello. Las paredes estaban bañadas de conocimiento y magia salvaje de un niño sufrido, y el piso parecía querer rechinar sus historias como a ninguna otra persona.
Se puso a tono con aquel lugar.
Por inercia sus pies lo guiaron por escaleras huecas, tablas con termitas y más de algún peligro hasta llegar a la parte superior del lugar, donde la humedad se sentía aún más y la magia más junta y caprichosa. Casi por inercia esta comenzó a atacar rechinando las tablas, cayéndose las vigas o el tétrico sonido del fondo del pasillo pero él sabía lo que eso significaba: Debilidad.
Mientras más se adentraba a la habitación de Thomas Riddle, el Orfanato tenía aún más ganas de incendiarse.
—Tranquilo, tranquilo... Deja tu magia fluir y unirse, siente y comprende —fue un suave susurro.
Sentir, unir y comprender.
Era un suspiro doloroso en su alma, estaba todo tan roto...
Todo se arremolinó por unos segundos, siendo absorbido por la oscuridad y el cansancio que se acumuló sobre su piel.
—Es un pequeño monstruo, no tiene usted por qué adoptarlo, tengo otros niños que son mejores que él.
—Pero me acaba de decir que es inteligente y tranquilo —exclamó una mujer de aristócratas facciones.
—Pero está maldito.
—¡Es un niño!
—Un niño maldito, créame cuando le digo. Yo más que nadie quiere deshacerse de él, pero no le deseo a nadie semejante abominación.
—¡Mujer cruel!
—¡No me entiende!
Riddle en un rincón solo, con su libro y sus pensamientos, escuchando las horrisonantes voces de tétricos ecos que lo declaraba diferente. No estaba parado en ningún lado, ni tampoco podía oír por alguna parte pero supuso que eso sentía magia cuando decía que sabía y a la vez no lo que pasaba.
Que quería pero a la vez no podía cambiar las acciones.
Estaba atado de pies y manos en este momento, sabiendo lo que iba a pasar, ansiando que no sucediera pero a la vez intuyendo que quizá esto nunca pasó.
—¿Otra vez aquí, Riddle? ¿Disfrutas de tus amigos los libros? Me pregunto qué pasara si yo... No sé, ¿Los quemo?
Manos apretadas y el odio bullendo en el interior.
—No lo sé, por qué no lo intentas —declaró resuelto el menor con su rostro siempre tan serio y la autosuficiencia rondando por sus facciones.
—No eres más que un mocoso asustado.
—Y tú un matón que no tiene nada mejor que hacer.
Lacerante dolor, hambruna y soledad.
Tan familiar.
Tan impoluto.
Para cuando Harry pudo despertar se encontró en una colcha raída, el olor era intenso y nauseoso mientras que el frío acalambraba sus extremidades. El polvo hacia que le picara la nariz mientras que pequeñas punzadas provocaban que todo su cuerpo se tensara aún más... Supuso que eso era el resultado de mucho tiempo expuesto a magia oscura.
—Hora de partir —le susurró a la nada. Sentía a cada paso que algo había ganado y perdido estando allí, solo que no sabía qué.
—Te lo digo, mujer, que Harry está bien —repetía por novena vez.
—¿Bien? ¿Bien te parece? Hasta hace poças horas Harry se estaba muriendo literalmente en el camastro y tú ahora encuentras que está bien. Se levantó como un bólido para lanzar Imperius y ahora nos trae a un pueblo quién sabe dónde para luego volver a perderse y tú dices que él está bien —mascullaba enojada. ¡Por supuesto que nada estaba bien! Hermione reconocía los signos de cuando Harry les estaba mintiendo o planeando algo a sus espaldas, estaba más callado y minucioso que de costumbre sin contar con que su mirada también ha cambiado.
Ambos estaban en el mismo callejón pero más arrinconados, habían pasado solo veinte minutos desde que Harry se marchó y ella quería conocer las respuestas, hubiera ido tras el Gryffindor de no ser por el orgullo y lealtad que ambos tenían y los obligó a estar allí de pie esperando a Lestrange la loca, sin duda alguna aquello debería contar como las cosas más extravagantes que han hecho durante esta travesía: Esperar por un Mortífago, y no uno cualquiera, sino a Bellatrix Lestrange. Sus cabellos castaños estaban atados en un rodete desordenado, no había tenido tiempo para más por lo cual tanto sus ropas como su apariencia era la de días.
Los hechizos de limpieza puede que otorgara esa sensación refrescante pero tras tres días de estar con la misma ropa y no conocer una ducha se sentían sucios incluso aunque su piel estuviera reluciente y pulcra.
Sucios y desordenados.
—¿Qué hacen aquí escondidos? —la voz los sobresaltó y pronto alzaron varitas a un divertido Harry Potter —, ¿Qué?
—¡¿Cómo nos conocimos? —pregunta estúpida, pregunta estúpida pensaron ambos a la vez tras la sonrisa del contrario. Lo malo de separarse en lugares públicos es que nunca sabían si quien volvía era efectivamente la misma persona.
—Pregunta estúpida, aún lo hacemos. Uno no conoce totalmente a un persona, Hermione. Ahora trata de lanzar una que verdad me cueste un poco más.
No era necesario de todas formas. Bajaron sus varitas y el recién llegado asintió feliz consigo mismo.
—¿Y?
—¿Y qué?
—¿Cómo te fue?
—Bien.
—¿Solamente bien?
—Hermione —el chillido agotado de Ron los distrajo unos segundos antes de comprender el silencio de su amigo. Orbes esmeraldas se reunieron con los suyos en una clara evidencia que de sus labios no saldría nada, no aún.
—¿Ha pasado algo novedoso? —preguntaba escarbando en sus bolsillos evitando verla, si antes dudaba que a Harry le sucedía algo, ahora afirmaba su teoría.
—No, Bellatrix no ha apa...
Como si fuera una premonición, el sonoro crack se abrió entre las paredes y una niebla densa y negra llegó. Harry avanzó sin siquiera dudarlo pese a temor naciente en la boca de su estómago.
—¿La tienes? —preguntó más por querer decir algo y le respondiera, en este punto estaba en un sitio ciego donde atacar y ser atacado era parte de una danza.
—Mhmm... Aquí, aquí mi señor —era una copa, presumiblemente no más grande que otras, hecha de lo que Harry presumo era oro de elfos y detalles bastante minuciosos. En el escudo, sin siquiera dudarlo un poco, Harry vio la insignia de Hufflepuff y sonrió.
—Bien hecho, Bella, muy bien hecho —susurró complaciente. Se acercó a ella agarrando la copa entre las manos y esta pareció palpitar entre ellas mientras el relicario se removió gustoso y ansioso al reconocer a la otra parte, si hasta pudo percibir la pequeña oscilación de magia y un suave siseo.
—¿Lo hice, mi señor? El Lord estará orgullosa de mi —susurró con ansias de poder decírselo al mundo.
Harry la miró con una sonrisa que nunca antes sus amigos le habían visto.
—Claro, quédate aquí unos segundos más —Harry retrocedió hasta llegar a sus amigos aún con la sonrisa en el rostro —, Hermione, es tu turno.
Granger alzó la varita temblorosa aún.
—Obliviate...
No lo habían reconocido. Harry estaba actuando de una manera que nunca antes habían visto pero a la vez sentían que no podían enojarse o extrañarse con él. Aquel viaje que partió siendo angustioso y tormentoso se estaba haciendo más llevadero desde la actitud de Potter.
Ninguno de los dos había estado cerca de los horrocrux por el insano temor que tenía Harry de que les hiciera algo, esos trozos de alma afectaban demasiado sus sentimientos y personalidades pero con Harry solo parecía una taza y collar corriente de no ser por los episodios que se seguían repitiendo uno tras otro.
Noches en vela producto de las pesadillas, un Harry agitado se enrollaba siempre en sus mantas y murmuraba para sí irrealidades construidas de la nada, se agitaba mucho si se acercaban pero al amanecer esta como si él nunca hubiera estado asustado de ellos, con esa sonrisa predadora y pasos seguros.
Era toda una sorpresa verlo así tan brillante como nunca lo hizo.
Hermione realmente trataba de omitir el cambio de personalidad, pero a veces lo encontraba imposible cuando su mejor amigo se arrinconaba en la carpa y comenzaba a respirar como si estuviera en un sueño para alzarse rápidamente y decir que Voldemort estaba planeando un ataque.
Ahora no le decía siquiera Lord Voldemort, sino que para él sólo existía una persona: Thomas Riddle.
Temía lo que eso pudiera llegar a construir de seguir así.
—Lo están consumiendo.
—¿Qué cosa? —tenía que tomar el camino más fácil y ese siempre era decirle a Ron las cosas de frente y este alzaba con una puya para luego solucionar las cosas.
—Los horrocrux. Harry está actuando así por culpa de ellos, tenemos que sacárselos y...
—Está buscando una manera de destruirlos —le murmuró con el ceño fruncido —. Escucha, sé que estás asustada y sorprendida, yo también lo estoy. Harry ha cambiado mucho en poco tiempo y se ha vuelto un poco... ¿Frío? No lo sé, pero sí sé que la guerra trae esas consecuencias, Hermione, no puedes esperar que sea el mismo Harry el cual conocimos.
» Un loco está detrás de su cabeza, tiene que destruir su alma y también armar un plan para marlo a él también, no sé cómo lo verás tú pero eso no es sencillo considerando que el mismo tipo que busca asesinarte ya tiene a toda Gran Bretaña sumida en sus redes.
Aquella noche Hermione no dijo absolutamente nada.
—¿Lo puedes creer? ¡Se fue a un internado para personas con un intelecto superior! ¡Él! —Irwin no lo podía creer, el hijo de puta de Riddle iba a un Instituto privado mientras que el resto tenía que estar en esta porquería de orfanato.
Claro, no que él tuviera que estar allí pero desde que tenía diecisiete años no podían considerarlo un niño en adopción y lo lanzaron a la calle con unas pocas libras.
Libras que ya no le quedaban y no tenía de otra mas que mendigar a la Señora Cole para poder comer aunque sea una ración diaria y él haría lo que sea para ella, y dentro de ese lo que sea entraba cualquier capricho por parte de la viuda y necesitada señora.
Año tras año lo vio marchar primero dudoso de lo que encontrara, y posteriormente más seguro, confiado y bien alimentado de lo que estarían estos niños en años, lo vio —como bien dijo la señora Cole no sin cierto disgusto— florecer en su juventud y ante él un pendejo de quince años, alto con ojos claros y una sonrisa que descojona a cualquiera se alzaba enhiesto Thomas Riddle, el rey de este mugriento orfanato.
—¿Y cómo coño o paga? —dijo de mala forma —, ¿Acaso se vende? Porque si es así hasta incluso yo me pongo en lista de espera —sonrió burlón y lascivo. A lo lejos pudieron apreciar la nariz aristócrata y ninguno nunca supo cómo lograba mantener esa atracción si lo molían a golpes cuando era pequeño.
—Está becado. Según la señora Cole vino el sub-Director para decir que en esa Academia lo tenía en sus archivos hace mucho tiempo y que no se preocupara por el dinero, ya que todo plebeyo tiene derecho a una beca, el mismo Instituto se encarga de sus útiles y demás cosas.
Estar celoso era poco, aquel mocoso tenía la buena fortuna que no le tocaba a muchos, pero si había algo que Irwin Dawson no le gustaba era a los pendejos más suertudos que él.
—Ya verá el muy cabrón —bisbisó entre labios.
Nada se quedaría así.
Cuando Harry despertó tras ese recuerdo en particular no supo que pensar, por un lado Tom estaba lo suficientemente alejado como para escucharlo, pero por otro sabía que era necesario haberlo visto.
Caprichosa y tétrica era la magia misma. Harry apretó la manta sobre su cuerpo pidiendo por esta vez que los sueño se detuviesen, temía lo que podía ver.
Temía el resultado de eso.
G L O S A R I O
1) Periculum significa peligro.
2) Bólido, siguiendo el contexto, quiere decir que se alzó demasiado rápido o hizo todo con una velocidad inusual.
Agradezco siempre vuestros comentarios, si me dejan muchos actualizaré pronto. Lo prometo porque estoy tan estresado que es la única manera de sacarme la Universidad de encima xD.
