Disclaimer: Los personajes pertenecen a la gran S. Meyer. La historia es sólo una invención de mi cabeza que he decidido compartir con ustedes. ¡Di no al plagio!
Capitulo 7
Aventura y deseo carnal
Edward sabía que Isabella quería acompañarlo, no por su amada compañía. Vio el miedo reflejado en sus ojos. Sus ojos marrones despedían desconfianza ante su hospitalario guía japonés. Él sabía, de ante mano, que no quería que la dejará en manos de un extraño que apenas acababa de conocer, aún si fueran los mejores amigos del mundo.
—Isabella —sus ojos se posaron firmes sobre ella—, confíe en mí —la agarró suave del brazo—. Sam va a cuidar bien de usted. Algo inesperado se presentó. La veré en una hora, lo prometo.
Reticente, Bella asintió. El miedo aún seguía en sus ojos, pero permaneció en silencio. Se sentía insegura al estar en un país extranjero en compañía de un hombre al cual había conocido escasamente treinta minutos antes, pero confiaba en Edward, con todo su corazón. Sólo esperaba que está hora pasará rápido.
—Sam —Edward se dirigió a su amigo—, no dejes a mi asistente sola. Quédate con ella hasta que yo regrese —las miradas de ambos reflejaban preocupación.
Sólo soy su asistente. Eso es todo lo que yo significo para él.
Sí Sam estaba sorprendido ante tal petición, no lo demostró, simplemente asintió con la cabeza. Los ojos de Bella aún le suplicaban a Edward que no la dejara sola, que se quedará, pero él, por el bien de ambos, la ignoró.
—Cambia de lugar ahora —instruyó Edward al chofer de Sam cuando la luz del semáforo cambio a roja. Volteó una vez más para ver a Isabella—. Estaré de regreso en cuanto menos lo piense —acarició de nuevo la longitud de su brazo. Salió de la limo para subir a asiento trasero del vehículo de su seguridad privada, que lo esperaba.
Cuándo arrancó la limo, Bella volteó para ver por la ventana, odiando la distancia que la separaba de Edward en su coche de seguridad ¿Por qué no podía llevarme con él? Se preguntaba porque tenía que regresar al hotel. Sabía que él cancelaba sus citas por favorecer algunas de mayor urgencia e importancia ¡Debió llevarme con él! Nunca antes había estado en Japón. Ahora, estaba con un extraño, en un país extranjero y no sabía hablar el idioma. Nerviosa, dirigió su mirada hacia Sam. Él le sonrió.
Al llegar al hotel, Sam la guió hasta la suite de Edward. Le mostró los alrededores; la kitchenette, las áreas en común, su habitación y la puerta adjunta que daba a la habitación de Edward.
—Me disculpo porque la obligan a estar bajo mi cuidado.
Isabella resopló incomoda.
—Trataré de estar a su lado hasta que Edward regrese —le informó, tratando de consolarla—. Puede ver la televisión sí desea o prefiere descansar sí está cansada.
—Me gustaría… tomar una ducha caliente —No podría sentarse a ver la televisión y mucho menos descansar. Una ducha la ayudaría a pasar el tiempo.
—Seguro, tómese el tiempo que necesite —Sam apuntó hacia la puerta que daba hacía el cuarto de baño.
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Bella desempacó su ropa. Agarró un pantalón y una playera color limón, de algodón para ponérselos después de la ducha. Había leído en algún libro o revista que tomar un baño en la tina era un ritual en Japón. La gente se limpiaba primero en un cubículo antes de entrar a la tina. Haría eso a la siguiente noche, si tenía oportunidad. Ahora no estaba de humor para relajarse en la tina. Hoy quería una ducha rápida y esperar a que Edward regresara.
En el momento en que Sam escuchó que la puerta del baño se cerraba, se quitó su chaqueta y checó la habitación entera, removiendo el arma que llevaba escondida en la espalda baja para colocarla en la mesa de centro. Abrió la puerta de la suite, miró de un lado al otro antes de volver a cerrarla con seguro. Posteriormente tomó asiento en la mesa.
La mente de Isabella comenzó a volar, inquietándola más ¿Qué tal si algo le pasaba a Edward? ¿Qué tal si lo secuestran? Ella no conocía a nadie en Japón. Bueno, al menos sabía cómo actuar, tendría que ir a la embajada de Estados Unidos para que ellos resolvieran el problema. Salió de la ducha para buscar dentro de su portafolio sí había traído los números en caso de una emergencia. Secó su cabello y todo su cuerpo para enfundarse en su pants limón a juego con su blusa, antes de aventurarse a salir al lounge y encontrarse con Sam. Él estaba trabajando en su laptop en la mesa frente al gran cuadro de ventanas, como le había informado.
—Konnichiwa —se inclinó frente a ella al levantarse—. Le preparé un poco de té. Está muy bueno… relajante para un día muy cálido como hoy.
—Gracias —Bella caminó hasta donde estaba la tetera— ¿Le sirvo un poco?
—Gracias —aceptó él.
Bella agarró su tasa con té y se sentó en el sofá frente a la televisión. Estaba muy tentada a prenderla pero no deseaba molestar a Sam. Parecía que él estaba muy concentrado en su trabajo. Por eso, decidió sólo ver la programación en una de las revistas japonesas. No entendió absolutamente nada de tan complicado idioma, símbolos que le eran incomprensibles.
—Un error mío. Me disculpo —Sam se paró frente a ella con un ejemplar de la guía en inglés junto con dos revistas de moda más—. Olvide sacar esto para usted.
—Gracias —sonrió ella cortésmente al tomar las revistas que él le ofrecía.
— ¿El té es de su agrado?
—Uhm… es un sabor algo exótico —el té era realmente fuerte, cargado con esencias de hierbas. Los japoneses eran fanáticos de la salud y de los alimentos saludables.
—Una vez que se acostumbre, no va a querer beber nada más, lo prometo.
—Quizá le debería de dar esto a mi jefe —rió nerviosamente—. El señor Cullen bebe mucho café.
Ella desvió la mirada cuando sintió la mirada de Sam sobre ella ¡Oh, por qué no podía dejar de pensar en él por sólo cinco minutos! Bella se preguntaba cuánto más iba a tardarse Edward. Se estaba preocupando más de la cuenta. Moría por hablarle al móvil, sólo para asegurarse de que se encontraba bien, pero no debía hacerlo. Él le preguntaría cuál era el jodido problema, se molestaría. Le tomo mucha fuerza de voluntad para no estar viendo el reloj.
—Creo que voy a descansar un poco —se levantó del sofá—, sí no le importa —agregó. No sabía sí era de mal educación dejar sólo al guía amigo de su jefe. Las circunstancias eran inusuales.
—Valla —Sam parecía contento de poder deshacerse de ella—. Con su permiso, disfrutaré de otra taza con té.
—Por supuesto —Bella se dirigió a la puerta de su habitación.
Cuando entró a su recamará, Bella cerró la puerta suave y se aseguró dos veces seguidas que le había puesto seguro a la misma. Se paseo por toda la habitación, preguntándose donde estaba Edward. Revisó su móvil y no tenía ninguna llamada perdida o mensajes de texto. Miró el reloj, habían pasado ya cuarenta minutos desde que Edward la había dejado para irse en el vehículo de su seguridad ¿Dónde puede estar? Con absolutamente nada que hacer, tumbó en la cama. Estaba hambrienta y cansada. Tal vez, sí permanecía tumbada por un momento, Edward iba a tirar la puerta, la cargaría en sus brazos, la llevaría a su cama y le haría el amor de la forma más pasional y salvaje ¡Tonta! ¡Eres una tonta Bella!
Se quitó la ropa y se puso el camisón delgado que era para los hospedados del hotel. Hacía calor, aún así se metió entre las cobijas de la cama ¿Podría dormir? Quizá debería checar si no había mails urgentes para Edward ¿Aún eran horas de oficina? Le cansaba trabajar en horarios diferentes. Lo checaría más tarde.
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Los frenos del vehículo donde viajaba Edward se rompieron. Se abrazó a si mismo puesto que él había dado esa orden al conductor. Escuchó como las llantas traseras chirriaron contra el concreto de la carretera, salieron disparadas, lejos de ellos. Inteligente y ágil, Edward salió del auto antes de que los ocupantes del sedán tuvieran tiempo para responder.
Al intentar Edward sacar al conductor del vehículo, él quiso atacarlo. Se aparto ágil para que el sujeto cayera sobre sus rodillas, le puso el pie en la espalda para que este quedara sobre el asfalto. Se agachó a su lado cuando los otros sujetos venían a ayudar al conductor, sacó su arma y espero a que los sujetos reaccionaran primero. Afortunadamente, no tuvo que disparar puesto que su cuerpo de seguridad ya se había encargado de los sujetos. Edward guardó su arma, se acomodó la chaqueta y sacudió un poco el polvo de sus pantalones. Caminó hasta el auto de los sujetos y de inmediato reconoció a sus connacionales. Ellos eran agentes especiales de la unidad de la CIA.
—Están muy lejos de casa, caballeros —siseó Edward, furioso de que sus propios connacionales lo seguían.
Los agentes desviaron sus miradas de él, se veían el uno al otro. Se suponía que estaban encubiertos en una operación de seguridad nacional, claramente no había hecho un buen trabajo en cuanto a discreción se refería.
— ¿Piensan que les estoy vendiendo secretos a los japoneses? —Edward apunto con el dedo al agente encargado de la operación de espionaje contra él.
—Lo estamos protegiendo —respondió malhumorado.
Edward se carcajeó—. ¡Ni siquiera pueden protegerse a sí mismos!
Los demás se removieron en su lugar, incómodos. Seguro, fueron entrenados rigurosamente para llevar a cabo operaciones especiales. Pero Edward había sido un MARÍN, su entrenamiento había sido más avanzado y extensivo, incomparable,
—El Tío Sam piensa que estoy aquí para vender al mejor postor —cuestionó Edward.
Nadie le respondió a Edward. Él esperaba su silencio. Los agentes seguían sin mirarlo a los ojos, no tenían la libertad de informarle a Edward el por qué lo estaban siguiendo. Edward era demasiado intuitivo como para no haberse dado cuenta de que un auto los venía siguiendo.
—Regresen con sus superiores —bramó Edward—. Díganles que me reservo el derecho a hacer negocios con quien se me de la regalada gana.
No era que él no tuviera lealtad a su país, claro que la tenía. Nunca había vendido información o inteligencia al enemigo. Estados Unidos no estaba en guerra con Japón… al menos no hasta que su país lanzó la bomba atómica en 1945.
Edward no estaba vendiendo nada. Al contrario, estaba en Japón para hacer investigaciones. De hecho era una misión propia. Estaba ahí para aprender de los japoneses el arte de perfeccionar como los chips podían resistir grandes alturas sin congelarse. Había algo en su prototipo que faltaba, algo que estaba olvidando.
—Envíenlos a los chicos de regreso a casa —instruyó Edward a su equipo de seguridad—. Asegúrate de que el único lugar al que vallan sea al avión —se dirigió a la cabeza de su seguridad.
Alguien había hablado a la policía local. Las sirenas de las patrullas se podían escuchar cerca. Sólo el chofer fue el encargado de llevarlo al hotel, los demás tenían que escoltar a los agentes directo al aeropuerto. Edward miró su reloj. Le había dicho a Isabella que estaría de regreso en una hora. Su hora había terminado cinco minutos antes. El chofer lo dejo en la entrada del hotel. Alcanzó su móvil y marcó a Sam cuando subía al elevador.
La puerta fue abierta para él, antes de que tocara. Edward levantó ambas cejas, frunciendo el ceño.
—Te vi a través de la cámara de seguridad que coloque antes —sonrió Sam.
Edward deseaba ir directo a la habitación de Isabella para checar que se encontraba sana y a salvo, pero se contuvo. Necesitaba hablar con Sam.
—Los chinos están en la ciudad —masculló Sam—. Mis fuentes me dijeron que un comprador ruso está muy interesado en conocerte.
—Voy a ser billonario antes de que me valla de Japón —sonrió Edward, pero no estaba contento—. Será mejor que me ayudes con mi investigación para que sea más rápido.
— ¿Aún no eres ya un billonario? —inquirió San con el ceño fruncido.
— ¿Todo estuvo bien? —preguntó Edward evasivo. Lo que quería saber era sí Bella estaba bien.
Sam asintió, sin entender deliberadamente a Edward—. Concreté una cita con unos colegas míos para mañana en la mañana. Sólo tenemos que detallar algunas cosas.
Edward deseaba estrangular a Sam. Asintió paciente, sin mucho interés de su cita de mañana.
— ¿Practicaste algún deporte antes de llegar al hotel? —rió Sam al observar la camisa de Edward fuera del pantalón, llena de polvo.
—Dirigí a un equipo de básquetbol por un rato —comentó Edward—. No sabía que ese deporte les gustaba por aquí.
—Luces mal, será mejor que tomes una ducha antes de que sigamos platicando —sugirió Sam—. Prepararé un poco de té para ti.
—Prepárame un whisky bien cargado —aventó Edward por encima de su hombro mientras se apresuraba a ir a su habitación. Al ver la puerta de su asistente, fue hacia ella y tocó repetidamente la puerta.
— ¡Isabella, Isabella!
Ella se despertó de lo que había sido un profundo y reparador sueño al escuchar el llamado urgente de Edward. Estaba a punto de derrumbar la puerta de su habitación a golpes. Salió de la cama como un rayo.
¡Regresó Edward!
Bella abrió la puerta— ¡Edward! —su nombre se le escapó de sus labios. Lo atrapó entre sus brazos.
Los ojos de Edward se abrieron más de la cuenta, lo había llamado por su nombre de pila. Su pulso se aceleró violentamente, podía escuchar su corazón en sus oídos. Era bueno que Bella no se había dado cuento de su efecto en él. Los brazos de Bella cayeron hacia sus costados, apenada.
—Disculpe —murmuró—. Estaba asustada, en un país que no es el mío, en una ciudad extraño con un hombre al que acabo de conocer.
—Lo siento.
— ¿Disculpe? —Bella estaba confundida ante la disculpa de Edward.
—No debí de haberte dejado sola.
Ella miró su reloj. Había dormido por más de hora y media. Agarró su bata para asegurarse de que no se transparentaba nada. Todo lo que llevaba abajo eran sus diminutas bragas de encaje, sin sujetador.
—Aún te ves cansada —él paso sus dedos por su mejilla. Era una observación, no una pregunta. Ella levantó la mirada. Su rostro se había teñido de un rojo brillante. Los dedos de Edward le causaron una atracción magnética. Moría por cerrar su mano en torno a la de él. Momentáneamente su mirada bajó hacía sus labios y regresó a sus orbes verdes, hipnotizantes, como un fresco césped por la mañana. Le gustaba cuando ese verde se tornaba más oscuro como ahora.
—Ya descanse lo suficiente —murmuró.
—Necesito discutir algo con Sam —Edward disfrutó de la mirada seductora e inocente de Bella.
—Ok, estaré lista en dos minutos — apretó más la cinta de la bata alrededor de su cintura.
—Puede descansar un poco más. Hablaré con él a solas —el cielo sabía que ella sería una gran distracción, una tentación que no le permitiría concentrarse en el trabajo. Bella era una visión erótica con sólo esa bata, sabía que escasamente traía bragas bajo ese camisón.
—Pero pensé que quería que tomará notas.
—Mañana iremos a la fábrica. Está noche será sólo una pequeña plática —los orbes verdes de Edward se posaron en los ojos marrones de ella.
—Reúnase conmigo para a cena —invitó.
Isabella aceptó. De vez en cuando cenaban juntos, especialmente cuando salían de viaje de negocios. Lo esperaba con ansias. No era una cita, pero al menos podría estar a solas con Edward, disfrutando de la cena junto a él. Esperaba que Sam no los acompañara.
—Vendré por usted más tarde —sonrió él—. Descanse.
—Ok —Bella cerró la puerta, permaneció recargada sobre la puerta, frotándose los brazos.
Voy a cenar con Edward.
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—Esa no fue mi gente, espiándote —le informó Sam a Edward cuando él fue directo a la barra del bar para tomar su bebida.
Edward estudió a Sam. Así que él sabia que los estaban espiando. Esa era la razón por la que confiaba en Sam. Siempre estaba alerta y era perceptivo como él. Tenía mucho en común.
—También estás bajo el radar —sonrió Edward abiertamente.
—Riesgos del trabajo —se carcajeó Sam.
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Bella contuvo la respiración cuando escucho un golpe suave en la puerta de la habitación. Era Edward. Se miró en el espejo, una vez más para posteriormente ir a abrir la puerta.
—Hola —sonrió ella tímidamente.
La sonrisa desapareció de su rostro cuando vio a Edward con el ceño fruncido. La veía diferente. Ok. Quizá está no era una cita, pero ella deseaba lucir bien. Quería vestirse para él está noche ¿Fue demasiado? Quizá su vestido era… demasiado revelador. Se cambiaría… sí él creía que lo era. No sabía que esperar de él por su confusa expresión. Edward sabía muy bien controlar sus emociones.
— ¿Algo está mal? — ella comenzó a sentirse nerviosa.
Los ojos de Edward recorrieron seductivamente el vestido color crema que se ajustaba a ella como una segunda piel, dejando ver perfectamente las curvas de su cuerpo. Las cintas se detenían justo arriba de su hombro, revelando su cremosa piel al descubierto.
—Luce hermosa, Isabella —Edward se asombró por lo normal que sonó su voz.
—Oh… gracias —balbuceó ella.
— ¿Está lista? —le ofreció su brazo como el caballero que era.
—Sí —ella agarró su cartera.
Cuando el elevador se detuvo en la planta baja, Bella observó a Edward. Lucía adorable en su smoking. Ella hubiera querido decírselo, pero sus nervios la traicionarían. Mientras ella era un manojo de nervios, él estaba sereno. Había una sonrisa curvada en sus labios, su porte era relajado mientras esperaban que las puertas del elevador se abrieran.
Al abrirse las puertas, Edward la agarró delicadamente del brazo—. Espero que no le importe, hoy vamos a cenar comida japonesa —su corazón latió a mil por hora cuando apareció la sonrisa torcida que tanto le gustaba a ella.
—Seguro —musitó estúpidamente.
Se sentía cómoda por el hecho de que Edward había hecho, él mismo, la reservación de su mesa. Esa hubiera sido su tarea como su asistente, pero le complació que él lo había hecho. Los pequeños detalles contaban… ella los contaba.
—Disculpe —Edward comentó en el momento en que su móvil vibró.
—No hay problema.
Bella espero en la recepción del hotel mientras Edward estaba ocupado con la llamada que había recibido minutos antes. Estaba tan concentrado en esa llamada, obviamente sus amantes no le daban respiro. Ella no las culpaba, al contrario, las entendía. Edward era un hombre demasiado atractivo y exudaba sexo por los poros de su piel. Miró la opulencia del lugar, decoración cara y ostentosa. Realmente, se tomaban muy enserio su servicio.
Temblaba demasiado, estaba segura de que estaba temblando y por primera y única vez, no era culpa de la atracción magnética hacia Edward. Sólo llevaba unas diminutas bragas de encaje negro, no quiso tomar su abrigo porque no quería opacar su vestido.
—Me preguntaba sí estabas tratando de impresionar con tu versión de mujer maravilla.
— ¿¡Qué!? —ella no se había dado cuenta cuando él había finalizado su llamada.
— ¿No trajo un abrigo para cubrirse del sereno? —inquirió.
Bella la miró—. No me di cuenta de que fuera a hacer mucho frío —masculló.
—Venga —Edward caminó hacia la boutique del hotel —. Vamos por un abrigo —gentilmente, la tomo del brazo.
— ¡No!, estaré bien —no iba a gastar una fortuna por comprarse un elegante abrigo. Esa boutique era muy exclusiva. Curiosamente, ya había dado un vistazo a los precios mientras esperaba a que él terminara su llamada.
— ¡Isabella, son dos grados centígrados bajo cero allá afuera!, Le compraré un abrigo y punto.
—No… tienen que hacerlo… mejor piense en todos los animales que matan para confeccionar esos abrigos —tartamudeó ella—. Me… rehúso a usarlo.
—Espere un minuto —Edward la dejó ahí y se dirigió al interior de la boutique. Dos rubias se apresuraron a atenderlo. Edward sabía usar su encanto masculino. Ellas señalaban, asentía y movían sus manos. Las señoritas se miraron la una a la otra, dejaron de sonreír bobamente. Una de ellas comenzó a caminar y Edward le siguió los talones.
Bella vio como un caballero y una dama, se acercaban a Edward. Estrecharon manos. Inmediatamente, los hombros del caballero se relajaron ante el reconocimiento de la opulencia y poder de Edward. Ella sonrió por ese hecho. Irguió sus cejas cuando una segunda dama regresó con una pila de abrigos para mostrárselos a Edward, quién asintió.
—Isabella, venga para acá —pidió autoritario.
Ella tragó nerviosamente, lento camino hacia donde estaba Edward parado.
—Es pelaje sintético —habló suave.
—No puede ser —lo retó Bella—, es demasiado hermoso.
Ella no era una experta o algo parecido, pero el pelaje era parecido al de la marta rusa.
—Está hecho de lana de borrego —sonrió él, mostrándole la etiqueta de manufactura. La cual guardaría, en caso de que aceptara la extravagante oferta de Edward.
—No necesitan matar a los borregos para obtener su lana —volvió a sonreír. Esa sonrisa torcida de nuevo la hizo ruborizarse de inmediato.
—Lavamos la lana hasta que queda perfecta para transformarla en auténtica piel —comentó el dueño de la boutique.
Bella estaba demasiado apenada ante la mirada de los cuatro pares de ojos que la observaban ¿Cuándo le iba apagar esto a Edward? El precio era exorbitante.
—Nos lo llevamos —decidió Edward, hablando con él dueño.
—Sí señor Cullen —el hombre se inclinó, asintiendo a sus asistentes, quienes se apresuraron a envolver el abrigo.
—Señor Cullen —comenzó Isabella cuando estuvieron a solas—, mire… sé que debería darle las gracias, pero no sé cuánto tiempo me va a tomar para… pagarle esto —su voz casi fue un débil murmullo.
—Es un regalo para usted, Isabella —gentil acaricio su brazo—. No tiene que pagarme nada, insisto —advirtió.
Bella no quería que él le comprara extravagantes regalos, no cuando ella no significaba nada para él. Tampoco quería que él pensara que era una mujer fácil. —Es muy hermoso —sonrió, observando el abrigo negro de lana. Podría jurar que era piel real y no… lana, pero ¿qué sabía ella? Su jefe se aseguró de que viera el certificado ¡Típico de Edward Cullen!
—Déjeme ayudarla —Edward saco el abrigo para que Isabella se lo pusiera. Reacia, coló sus brazos por el elegante abrigo.
— ¡Wow! —Bella rio suavemente cuando vio que el abrigo cubría su cuerpo entero—, es muy hermoso.
—Me alegra que le guste —asintió— Es demasiado hermoso.
El abrigo es hermoso… yo no.
Llegaron al restaurante, su primer noche en Japón. Comían juntos muy seguido, pero esta vez era diferente. Edward estaba muy atento. Sus ojos verdes estaban fijos en ella. Nerviosa, Bella llevo un bocado a su boca ¿Por qué pensaba en él de una forma sexual cuando su cerebro discutía con ella? ¡El deseo es sólo eso, deseo! Debería saber ella que él no la veía de esa forma. Vació su copa con vino. Mejor… pero no por mucho. Aún lo deseaba.
¿Qué estaba pensando Edward? Era claro que él no sentía lo mismo por ella, como lo hacia ella. A él no le afectaba su presencia como la de él a ella.
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A la mañana siguiente, Bella se apresuró a vestir su traje ejecutivo para ir a la junta con Edward. Esperaba que no se viera como se sentía. Casi no pudo dormir, paso la noche pensando en su jefe. Había tenido una asombrosa cita… cena. Cuando finalmente pudo conciliar el sueño, sus sueños fueron invadidos por eróticas imágenes de Edward.
Ella tocó la puerta e inconscientemente entró a la habitación de Edward. Se quedo quieta en su lugar ante semejante visión. Él en el teléfono, pantalones puestos, camisa desabotonada y sin zapatos.
—Yo… yo… yo —desesperada, Bella trató de apartar sus ojos del muscular pecho de él. Sus dedos le dolieron por que morían por enredarse en el fino vello que lo cubría. Giró sobre su eje, cerrando los ojos para demandarle a su cerebro funcionar. La risa espontanea de Edward, la relajo quien sabe cómo. Volteo para enfrentarlo de nuevo. Aventó su móvil sobre la cama y comenzó a abotonar lentamente los botones de su camisa. Bella lo observó hipnotizada, deseando que fuera ella la que tocaba ese pecho masculino.
—Usted debió haber visto a un hombre semidesnudo antes, Isabella —dijo él con voz tensa, sus ojos la devoraban hambrientamente. Edward deseaba que pudiera cancelar su junta, tomar a su asistente en sus brazos, aventarla a la cama para hacerle el amor todo el día y toda la noche.
—Claro que sí —ella se relamió los labios, inconscientemente —. Me pidió que lo viera a las siete y media.
—Estoy listo Isabella. Ya desayuné, ¿y usted?
—También — mintió, decepcionada de que él ya había tomado el desayuno pues ella quería que desayunaran juntos.
Queridas lectoras, ya sé que deje demasiado abandonada está historia pero decidí a petición de muchas de ustedes seguir sólo LALI y cómo dicho Fic está por terminar, ahora seguiré con las actualizaciones de Seducida. Espero que sigan leyendo la historia, aunque también estoy por terminarla.
Agradecimientos:
A las lectoras fantasma que espero algún día dejen un comentarios, es la única manera en que sé que les está gustando la historia (siempre que los comentarios sean con respeto, buenos o malos).
A las chicas que tienen ésta historia dentro de sus favoritos y la siguen ¡GRACIAS por leer!
A las chicas que dejan review: Elaine Haruno de Uchila, Mistery Twihart, , jhuanuita, Cherryland, supattinsondecullen, gaby, cary, Guest, Liz Beikova, Deathxrevenge, Mila Whitlock, marah2221, Ilovevampiresangels, , Sunicolita, tiuchis, krisvampire, solcito, Lily M, annieyandy, vivicullenhaleswan, angie palomo, Barbie Hale black, jailannys, Ofelia duarte, anto prenezio, joa ferreyra, indii93, Sony Bells, itzamara, FerdePattinson, Tata XOXO, mariirobsten 15, Melanie Lestrange, Ale74, melanieglopezc,, yolabertay, Melania, Always i be u're friend, SAIOMASEN, dulcesito, anaprinces25, blankitapia, Yomiz, LUCYarg, Ingrid, Lydia Zs Carlton, Vero Grey de Cullen, CorimarCautela, Isa Cullen Grey M, ludgardita, PrincesLynx, SalyLuna, pera l.t, green'splace, Paola, lygher.
En general a todas y cada una de ustedes que se toman el tiempo para leer.
Respondiendo a algunos de sus review, Jacob será nuestro antagonista y hará que nuestro sexy Edward saque el monstruo de ojos verdes que lleva dentro. La tensión entre ellos, es claro, ue se puede palpar con las palmas de la mano. Chicas entre más tiempo se deseen créanme que en el momento (que muchas esperan) van a haber fuegos artificiales. En lo personal me fascina la hermanita de Edward, quiere a Bella muchísimo jeje, además es la peque de los Cullen.
Lygher bueno aquí dejo un nuevo capítulo que espero disfrutes como todas las demás.
Merezco review?
Nos leemos pronto.
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