Chicos,
Gracias por sus comentarios, espero que esta historia AU los siga conmoviendo y removiendo miles de emociones.
En este capítulo, veremos actitudes basadas en impulsos y arrebatos viscerales, actitudes que abrirán la puerta a nuevos sentimientos ;)
Espero que sea de su agrado.
Un besote y buen viaje a NY

PD: Este capi se lo dedico a una buena amiga HHr, que el día de hoy está de cumpleaños. Felicidades, Elo!


Capítulo siete: Mala señal

"Cuando el amor no es locura, no es amor" (Pedro Calderón de la Barca)

Los violines sonaban maravillosamente. Sus gemidos de cuerdas tensas a lo largo de la canción desgarraban los oídos y llevaban a una conmoción y liberación indescriptibles. Hacía mucho tiempo que Harry no bailaba y no supo por qué se había motivado a hacerlo, quizás fue por la llamada de atención de Hermione, quizás quería agradecerle de alguna forma su infinita paciencia o simplemente buscaba divertirse después del trago amargo en el puente John F. Kennedy. No quiso pensar en eso. Con su muñeca derecha enyesada, le costaba trabajo tomar bien de la mano a su pareja de baile. La castaña, tratando de no causarle malestar dejó que él la llevara a su ritmo de momento. Ella no era muy fácil de guiar gracias a su testaruda naturaleza. Hermione detectó el mal humor de Harry con sólo mirarlo. Se dio por sentado que sentirse menos frente a ese chico de un rubio cobrizo había removido viejos rencores y enfados en él. No sabía hasta qué punto le fastidiaba pero no resultaba difícil adivinarlo. Después de que Harry le hubiese contado de Cho, Hermione comprendió en un cierto grado la competitividad masculina. Sí, era infantil e incluso primitivo que sucediera, sin embargo no lo culpaba. La chica era muy atractiva y lo miraba a los ojos con un dejo de provocación. Pudo percibir a leguas que le gustaba jugar con fuego.

- ¿Sigues pensando en lo que sucedió?- se atrevió a preguntar la joven. Harry se quedó mirándola sin responder por varios segundos. Resopló, incómodo.
- Trato de no hacerlo.
- Escuché lo que Cho te dijo, ¿cuántas veces te ha llamado?
- No lo sé- mentira. El moreno sabía perfectamente cuántas veces y qué mensajes le había dejado en su contestadora, pero no quiso hablar de ello. Hermione, bajando un poco el ritmo del baile, se mostró pensativa.
- Por lo que vi, no quiere perder pan ni pedazo… - afirmó de pronto y Harry sintió un nudo en su estómago. Sabía que tenía razón, pero oírlo era una cosa muy distinta. La castaña reparó en el cambio de ritmo de su compañero, como si quisiera rehuir de sus palabras de alguna manera. No quiso inquietarlo más, por lo tanto agregó: - ¿Quieres hablar de esto?
- No.
- Bien, hablemos de otra cosa- propuso. Harry pensó unos instantes y luego esbozó una sonrisa burlesca en sus labios.
- Tendremos que rehacer pronto la maqueta del proyecto - dijo sonando irónico- Recuerda que la que teníamos se hizo mierda por la furia de alguien, así que debemos apurarnos.- Hermione empequeñeció sus ojos debido al sarcasmo y tomó aire antes de debatir.
- ¡No fue culpa mía!… Ok, yo la lancé pero tú empezaste dándome órdenes para luego criticar… - Harry comenzó a reír sonoramente al oírla. Le resultaba muy sencillo sacarla de quicio. No obstante, sus costillas resentidas le recordaron que no debía reír con tanta fuerza. Lanzó un quejido dolorido interrumpiendo el baile. - ¿Estás bien? ¿Quieres sentarte?
- No, no te preocupes… - le respondió retomando la postura- Hace mucho que no bailaba y además, me gusta Frank Sinatra.

Siguieron bailando durante cuatro canciones más. Harry, sin premeditarlo, quiso saber más de aquella compañera extranjera. Llevaban largos días trabajando juntos y no sabían mucho el uno del otro. Le preguntó de su vida en Londres, de la universidad de Cambridge, de sus pasatiempos y de sus seres queridos que de seguro extrañaba enormemente. Hermione respondió a todas y cada una de sus preguntas sin evasivas; pero hubo una en particular que tardó en contestar: Cormac McLaggen. El chico que había sido su novio durante doce meses exactos. La castaña mordió su labio inferior mientras pensaba la forma de resumirlo todo en pocas palabras. No era un tema que le gustara traer a colación. Harry la observaba creyendo que casi podía escuchar los engranajes de su mente.

Hermione y Cormac se conocieron en el segundo año de universidad gracias a la creación de un comité liderado por un profesor de la institución, llamado Horace Slughorn. Dicho comité estaba compuesto por los mejores estudiantes de cada carrera y tenía la responsabilidad de organizar eventos sociales importantes, eventos que incluso aparecían en las páginas sociales de los periódicos londinenses. Los bailes de gala, las cenas y las producciones benéficas fueron los escenarios perfectos para que el popular Cormac McLaggen posara sus ojos en la castaña. Fue tentador y desafiante para él conquistarla. No se parecía en nada a las chicas que frecuentaba tener a su merced. Todas parecidas, sin nada qué decir, simples y aburridas. Ella, en cambio, ni siquiera lo notaba cuando pasaba por su lado. Le resultaba frustrante verla siempre con la nariz pegada a sus libros y que lo ignorara por completo. Tuvo que desplegar sus mejores artimañas para llamar su atención, concertar una cita y robarle un beso después de mucho tiempo de infructuoso acecho. Fue la mujer más difícil que hubiera tratado jamás. No obstante, jugando sus cartas de hombre considerado, humilde y tenaz- virtudes para nada propias- consiguió que ella gustara de él, sin embargo, siempre supo que no podría retenerla a su lado con la seguridad que esperaba. Era escurridiza, suspicaz. No le creía completamente su actuación de joven sencillo y desinteresado. A Cormac le costaba un mundo disimular la arrogancia McLaggen con la cual se había criado. Hermione fue desencantándose de él paulatinamente hasta que un buen día, un famoso equipo de fútbol lo reclutó entre sus filas y su voluntad no pudo vencer a la soberbia. Desde ese momento la relación se fue a pique.

- Debió ser un fastidio estar con alguien así- comentó Harry. La joven asintió con la cabeza luego de terminar de hablar. Se dio cuenta que era la primera vez que relataba tanto de su vida en tierras americanas. No pudo evitar sentirse expuesta y detuvo el baile. La insistente mirada marítima del chico sobre ella la ponía nerviosa.
- Necesito algo de ponche- dijo sin rodeos. El moreno sonrió y se acercaron a la barra abierta para pedir dos tragos. Harry retomó el tema.
- Entonces, decidiste venir a Estados Unidos a estudiar y así poner distancia entre ustedes dos, ¿no?
- Así es… y es algo que Cormac no quiere aceptar- suspiró bebiendo un sorbo de su copa. Continuó- La noche que fue a verme a mi apartamento, me exigió que volviéramos a intentarlo, que él no aceptaría un fracaso sin luchar. No tengo las energías para soportar su amor propio y el de su familia otra vez.
- Y fue ahí donde se me ocurrió intervenir como un desquiciado- anotó Harry, riendo despacio. Hermione le devolvió una sonrisa de medio lado al recordar su entrada por la escalera de incendios.
- No muchas personas pueden decir que tienen a un defensor al otro lado de la calle- dijo sin más, guiñándole un ojo.

Los típicos ritos tradicionales de una boda se cumplieron sin esperar. El ramo, la liga, el corte del pastel de tres pisos y finalmente la huida de los novios para viajar esa misma noche a Rumania de Luna de Miel, regalo de Charlie Weasley, uno de los hermanos mayores de Ron. Todo había resultado perfecto y hermoso. Pese a que Nymphadora Tonks fuese una tabernera desde hacía diez años, dueña de un local que fue propiedad de su padre en la década de los ochenta, las copas de ponche y champaña consumidas fueron superiores a ella ganándole la partida. Con algo de recelo tuvo que entregar las llaves de su Pontiac a Neville Longbottom, ya que Harry estaba con una mano herida y enyesada, y regresaron sin prisa al lado oeste de la ciudad poco antes de las seis de la mañana del domingo. El moreno miraba al conductor designado por el rabillo del ojo pensando en el acuerdo que habían llegado la noche que se estrelló. Quería mencionarle el hecho de que se arrepentía de haber aceptado enseñarle a correr en motocicleta pero estaba Ginny sentada a poca distancia y tan atenta como una lechuza. Después de su accidente, la seguridad se había mermado en su interior. ¿Y si algo malo ocurría? ¿Tanta era su obsesión de demostrar su valor? Por un lado lo entendía. No debía ser agradable verse opacado por un tipo como Malfoy. Al cabo de un rato, no supo si su expresión ensimismada o la forma en que movía las piernas lo había delatado, pero Neville frunció el ceño para quitar por un segundo la vista del camino y mirarlo, intrigado. Tenía la clara percepción de que su amigo tenía que decirle algo. Harry rompió el silencio.

- Ve mañana a mi apartamento, necesito… hablar contigo sobre… la planta que me diste.
- ¿Qué hay con ella?- preguntó el aludido, al tiempo que doblaba en una esquina cerrada. Harry sabía que su amigo había entendido el oculto motivo en su frase porque no existía planta alguna y la línea de sus labios se tensó ligeramente.
- No creo que sea buena idea… trasplantarla, ese cambio radical puede dañarla- Neville se quedó en silencio un par de cuadras. Harry reparó que estaba pensando lo recién escuchado y buscando una respuesta propicia. Tomó aire tamborileando sus dedos pulgares en el manubrio.
- Sí, es un riesgo… pero también la planta puede fortalecerse y crecer, ¿por qué le impides que lo haga?- las palabras del botánico quedaron flotando unos instantes dentro del vehículo. El ojiverde suspiró para luego mirar por la ventanilla a su costado.
- Tengo miedo de que si lo hago se marchite.- su tono de resignación y preocupación no pasó desapercibido por Hermione, quien estaba sentada detrás de Neville escuchándolo todo. Sin querer interrumpir la plática, miró el perfil de Harry leyendo en la dureza de sus facciones que estaba intranquilo por algo. No se creyó la estúpida conversación del cuidado de plantas. Algo estaban tramando. Tonks, abrió sus ojos adormilados y cortó el extraño momento como una navaja suiza.
- ¿Pueden sostener una plática más gay que ésta?- y cerró nuevamente los ojos para dormir el resto del camino.

Después de dejar a cada uno en sus respectivas direcciones, Neville se llevó el Pontiac para regresar a su casa al despuntar el alba. Tonks se quedó en el apartamento de Harry cruzándose en la cama con el peso muerto de su delgado cuerpo. El moreno la cubrió con una manta y buscó otra para él y así tenderse en su mullido sofá junto a Max. Su fiel mascota lo esperaba con la misma energía de siempre, agitando su cola alegremente. Le acarició su cabeza escuchando su respiración breve y constante. Se preguntó si Hermione ya se habría ido a dormir incorporándose para ver a través de su ventana hacia la suya. La luz de la mañana recién nacida aún no era lo suficientemente fuerte como para ahorrar la eléctrica, por tanto, la castaña había encendido su lámpara y para asombro de Harry, una decoración distinta lo sobrecogió. Varios ramilletes de rosas invadían el apartamento de punta a cabo. Hermione estaba hablando por teléfono, de seguro con el responsable de semejante atención romántica. Tenía que admitir que los ramos eran bellísimos, frondosos, rosas rojas en botón tan grandes que parecían un montón de manzanas. Reparó en la joven su ceño fruncido mientras hablaba, gesticulaba y apuntaba las flores bajo ademanes claramente entendibles: no le había caído en gracia la sorpresa. Aquello llenó de curiosidad a Harry. Una vez más el sexo femenino lo descolocaba. Un detalle así debería conmover a cualquier mujer, pero por lo visto eran tan o más complejas que una cirugía coronaria. Al parecer ese tal Cormac no se da por vencido,dijo Harry en voz baja, sólo Max pudo escucharlo…

- ¿Qué es lo que pretendes?- preguntó Hermione apretando el móvil contra su oído con más fuerza de la pensada. La voz de su ex novio sonaba pasmada.
- ¿Acaso no puedo enviarte flores como un obsequio?
- No me parece apropiado, Cormac. Nosotros terminamos. No tienes por qué enviarme nada.
- ¿Ni siquiera como un obsequio de amigos?- insistió el aludido- Después de todo lo que hemos pasado, ¿ni eso podemos ser?- Hermione resopló su cansancio. Miró la hora en su reloj de pulsera advirtiendo que ya era pasada las seis treinta y se caía del sueño.
- Claro que podemos ser amigos, pero me resulta incómodo este tipo de cosas. Además, no estoy segura de que quieras que seamos sólo eso. Te conozco- Cormac rió por lo bajo. Le alegró que la castaña no hubiera cambiado nada durante su estancia en Nueva York. Seguía igual de desconfiada y suspicaz. No pudo evitar ser por completo honesto con ella.
- Sí, me has pillado. Encontraré la forma de volver a enamorarte- dijo con seguridad y sin darle tiempo de responder a eso, añadió- Dime la verdad, ¿qué te parecieron las rosas?- Hermione se mordió los labios y caminó por su sala mirando cada ramo sobre sus muebles y piso encerado. Sabía que si decía una mentira resultaría obvio, así que no pudo más que dejar de darse vueltas y deteniéndose frente a su ventana, suspiró.
- Están increíbles, gracias- y dicho esto, Hermione cortó la llamada. Nunca pensó que ese chico, el afamado jugador de fútbol y orgulloso patológico, Cormac McLaggen, se diera esa clase de molestias para volver a llamar su atención. Nunca había sido así de romántico cuando estuvieron juntos. ¿Volver a enamorarla? ¿Estuvo alguna vez enamorada de él? Luego de cortar, apoyó la frente en el vidrio sintiendo la frescura del cristal en su piel. Cerró un momento los ojos para a los pocos segundos volver a erguirse y encontrarse con la mirada de su vecino, Harry, al otro lado de la calle. Se quedaron así, observándose por un tiempo indefinido. La inmediata intención del moreno fue ocultarse al saberse descubierto pero optó por quedarse allí sin saber por qué. Hermione meneó la cabeza como diciendo: ¿Qué se le va a hacer?... obvio que podía ver las rosas desde su apartamento. Harry, por otro lado, la miró con preocupación:¿Estás bien?… la castaña entendió su expresión y asintió suavemente. Se despidió de él con un gesto de su mano, apagó la luz y se retiró a su alcoba arrastrando los pies. El muchacho la siguió con la mirada hasta perderla de vista e hizo lo mismo, recostándose en su sofá con Max a sus pies. No pudo evitar la rara molestia que se produjo en su pecho debido a las flores enviadas. Hubiera preferido no haberlas visto.


Los besos fueron cambiando de ritmo volviéndose frenéticos, apasionados y hambrientos. Cada caricia bajo su falda y dentro de su pantalón, los volvía locos de deseo sabiendo que estaban en un lugar prohibido y por tanto peligroso. Era sin lugar a dudas excitante. Draco Malfoy, con su cabello rubio desordenado y enredado entre los dedos de una compañera de clase, Pansy Parkinson, sentía la electricidad del placer corriendo por sus venas. Tomó a la joven entre sus brazos y la elevó para sentarla sobre uno de los muebles del cuarto de impresión de la facultad. La puerta, debidamente trancada con una silla, les daba la confianza de que nadie entraría sin antes golpear como era debido. Aquella muchacha de labios carnosos y manos diestras conseguía sacar de él sus más bajos instintos. Desde el comienzo de la carrera que ambos se habían convertido en amigos con ventaja, saciando la necesidad de sexo cada vez que podían. Nada de ataduras, nada de compromisos. Sólo sexo y satisfacción. Pansy utilizó las piernas para aprisionarlo por la cintura y acercarlo con los talones. Al comprobar que su conocido amiguito estaba más que dispuesto a salir a jugar, comenzó a apurar la gestión desabrochando el cinturón de cuero que entorpecía su cometido. Draco la dejó actuar, llevando la mirada hacia la ventana de persianas a medio cerrar del cuarto. Aquella vista conducía al patio central de la universidad. Desde el segundo piso en donde estaban, veía pasar a los estudiantes sintiendo cómo su compañera masajeaba su intimidad llevándolo a morderse los labios. Aquel movimiento le erizaba la piel y apretó sus muslos con las manos. No obstante, justo cuando estaban entrando en materia seria, el encendido cabello rojo de Ginny Weasley a distancia lo desconcentró. La chica caminaba resuelta por el campus, llevando su bolso café cruzado en su hombro derecho. El blondo tragó saliva sin esperar sentirse incomodado frente a su imagen. Siempre que estuvo con Parkinson mantenía la mente en blanco. Sólo pensaba con el cuerpo, con las manos, con su sexo ansioso. En cambio, en ese minuto, algo le dijo al oído que no lo hiciera, que no era correcto, que no saciaría nada con una mujer por la que no sentía absolutamente nada. Fue por completo insospechado. Draco Malfoy jamás había interrumpido una cogida por pensamientos melosos y fuera de contexto. Pansy seguía estimulándolo de maneras que un hombre no podría resistirse, pero resultó inútil. El joven había perdido el interés sin poder sacar a Ginny Weasley de su cabeza. Comenzó a dolerle el pecho, un dolor parecido al ardor del fuego. Estiró el brazo torpemente, cerró las persianas y se alejó de la muchacha casi por efecto de un empujón. No podía creerse ni a sí mismo. Respiró profundo tratando de calmarse.

- ¿Qué pasa?- preguntó Parkinson.
- No puedo hacer esto- dijo para acto seguido pasar sus manos por su rostro.
- ¿Por qué no? La semana pasada lo hicimos aquí… y muy bien, debo añadir.
- Lo sé, lo sé… pero ahora no puedo… no me siento bien- después de unos minutos, Draco salió del cuarto de impresión, tropezando con todo el mundo, para casi correr al estacionamiento y montar su motocicleta. Necesitaba sentir un poco de aire.

¿Qué mierda te está pasando?, se dijo a sí mismo mientras se detenía en una luz roja. Esa pelirroja te está afectando, eso es lo que pasa. Maldita Weasley. Lo único que quería era poseerla y demostrarse que no existía mujer en el mundo que pudiera resistirse a él. ¿Qué diría el viejo Weasley cuando supiera que su princesita había sido follada por el hijo de su enemigo? Sin embargo, esa idea ya no le arrancaba una sonrisa como antes, de hecho se dio asco y tuvo que sacudir su cabeza para serenarse. Cuando creyó que estaba desvariando, preso de sus propias contradicciones, divisó a Ginny caminando por la vereda de la siguiente cuadra. Draco frunció el ceño y se obligó a adoptar su papel de arrogante. El semáforo cambió a luz verde y condujo hasta alcanzarla deteniéndose a su lado. La joven al verlo paró en seco mirando a su alrededor como si se tratara de un ex convicto al cual temiese y necesitara ayuda. No obstante, se puso a la defensiva. El blondo se quitó el casco con una sonrisa que siempre resultaba en sus conquistas, aunque en ella no surtiera efecto alguno.

- ¿Necesitas que te lleve, Weasley?- preguntó. La joven se negó al instante.
- No, muchas gracias. No necesito nada de ti.
- Vamos. Estoy siendo amable contigo y me atacas. – Ginny reanudó sus pasos y Malfoy la siguió a la misma lenta velocidad. – Sé que no logras odiarme como tu familia, así que deja de fingir y permíteme llevarte a casa.
- Ya te dije que no quiero tener problemas.- Draco detuvo la motocicleta, la desmontó y se plantó frente a ella para bloquearle el paso. Tenerla enfrente le aceleró el corazón. Se puteó internamente. Por otro lado, la muchacha lo miró a sus ojos grises notando en ellos otro tipo de brillo. Para su sorpresa los notó suplicantes. Nunca esperó percibir algo así en ese chico tan presumido.
- Escúchame, ya eres una niña grande. Será mejor que me des una excusa mejor que ésa- la firmeza impuesta en sus palabras logró sacudir un poco a Ginny al escucharlo. Lo pensó unos segundos. No encontró excusa, por lo menos ninguna que le impidiera aceptar su propuesta y aceptó sintiendo que ese paso ya no tendría vuelta atrás. El blondo no pudo fingir el gusto en su rostro.

Los jóvenes treparon a la motocicleta, Ginny posó sus manos en la cintura de Draco y él echó andar calle abajo. Comprendió, muy a su pesar, que ese inocente contacto suyo lo ponía nervioso. Sentirla sentada a su espalda, ciñéndose a su cuerpo cada vez que aceleraba o doblaba en una curva, lo hacía perder la calma. Olvidó por completo las caricias recién vividas con Parkinson ante el puro hecho de tener a la pelirroja abrazando su cintura. Qué cosa más patética, rumió él entre dientes. ¿Desde cuándo aquella chica comenzó a importarle más allá de lo estrictamente físico? Era una mala señal.

La pareja voló por la avenida Broadway sorteando vehículos, autobuses, taxis y peatones. La velocidad los envolvió y Ginny sintió ese vértigo exquisito arriba de esa máquina BMW. Sabía que Malfoy conducía como los dioses, era cosa de verlo en las carreras nocturnas al competir junto con Harry. Tenía talento, seguridad, cálculo, parecía que la motocicleta y él conformaban uno solo. Al llegar a las puertas de su edificio, la joven desmontó notando que sus piernas temblaban. Se quitó el caso que el rubio le había cedido, entregándoselo sin mirarlo. Había algo en él que la volvía torpe e insegura. Le agradeció y cuando se giró sobre sus talones para entrar, Malfoy la cogió de la muñeca para detenerla. Ella se volteó.

- Espero que se repita alguna vez.- le dijo sonriente. Ginny titubeó pero finalmente escogió las palabras antes de decirlas.
- Lo dudo mucho – respondió para luego caminar hacia el edificio sin mirar atrás. Draco rió. Tomó eso como un "Gracias por traerme".


Dos semanas habían pasado y Harry veía desde la esquina de una calle desierta, cómo Neville Longbottom manejaba su Yamaha con bastante control y seguridad. Ya casi medianoche, el moreno junto con su padrino, Sirius Black, observaban el manejo del científico sobre la motocicleta. Lo perdieron de vista en una curva para verlo de nuevo en otra volviendo hacia ellos. Harry tenía que admitir que su amigo lo había sorprendido, tenía un talento innato y muchas ganas de aprender, lo que hacía todo mucho más sencillo. Irónicamente pensó que si hubiese tenido que enseñarle a Hermione Granger, de seguro ya habrían abandonado todo gracias a las discusiones. Se sonrió, imperceptiblemente. No, tenía que ser justo. Durante ese tiempo el proyecto iba viento en popa. Por fortuna, el dolor en sus costillas había mejorado bastante aunque su muñeca seguía dando problemas. No podía ayudar a su compañera en la construcción de la nueva maqueta pero avanzaban muy bien. Faltaban algunas semanas para la nueva presentación de avance antes de las vacaciones de navidad y esperaban reivindicarse por el tropiezo anterior. Harry esperaba no meter la pata.

- Creo que Snape quedará con la boca abierta cuando vea nuestro progreso- le había comentado Hermione, en una de las reuniones de proyecto. Harry asintió mientras le daba de comer a Max.
- Eso espero y te juro que llevaré mi cámara para tomarle una fotografía- la castaña rió y continuó corrigiendo detalles del plano en la laptop. Harry volvió a la mesa y se sentó frente a ella- ¿Sabes? Estuve pensando sobre la casa que me enseñaste hace unos días… – Hermione despegó la vista de la pantalla para mirarlo.- ¿No crees que deberías buscar patrocinio y construirla? No debería estar descansando entre tus archivos. Me parece un diseño soberbio.- la joven sintió que sus mejillas se encendían involuntariamente. Harry jamás había usado una palabra como ésa para describir lo que pensaba de su creación.
- Cuidado con los halagos, arquitecto. Recuerde que puedo ser su competencia.- llevaba razón, el moreno no lo había pensado pero se dio cuenta que no le importaba demasiado.

La llegada de Neville a su lado le interrumpió el recuerdo de esa plática. Luego de haber pasado cerca de dos horas de práctica, los tres estaban cansadísimos. Sirius celebró el avance en la coordinación y equilibro del joven novato. Le ponía tanto empeño a la práctica que no le extrañaría verlo conducir perfectamente en poco tiempo. No muchas personas demostraban ese tipo de seguridad tras el manubrio. El científico se quitó el casco y no pudo disimular la dicha que le causaba sentir la velocidad en su cuerpo. Aunque no superaba los kilómetros razonables para realizar las maniobras correctas. Harry lo felicitó. No esperaba que pudiera ser como un pez en el agua. Propuso ir a descansar, al otro día debían levantarse temprano ya que era día de semana. Neville insistió en dar otra vuelta y el moreno se lo permitió tras mirar la hora en el reloj de Sirius. El botánico encendió el motor reparando que le fascinaba el sonido al acelerar. Soltando el embrague despacio, retomó la marcha por la calle iluminada por los faroles a cada costado. Fue una vuelta un poco más larga. Se internó por las avenidas cerca de Central Park, aprovechando los pocos vehículos que circulaban por ahí. Se detuvo en algunos semáforos, sorteó uno que otro autobús y pasó frente el edificio donde vivía Ginny, notando que su ventana estaba a oscuras. De seguro ya estaba durmiendo. Supo que estaba cometiendo una locura por ella, pero como bien dijo Calderón de la Barca: "Cuando el amor no es locura, no es amor", pensó. Se quedó mirando el apartamento unos minutos antes de volver a echar andar el motor. Nuevamente rugió y se atrevió a rechinar las llantas sobre el asfalto. Fue vigorizante. Una vez que había regresado, Harry dio por terminada la clase del día y se retiraron a dormir. El moreno volvió a su apartamento y Sirius llevó a Neville a casa en su auto. También se trataba de un clásico, pero a diferencia del de su prima Tonks, el suyo era un Chevrolet Impala del 59. El ruido de su peculiar motor rompió la monotonía de la noche.

Harry hizo el trayecto hasta la 71th en tiempo récord. Una de las cosas que amaba hacer era conducir a esas horas por las calles de Nueva York, el tráfico bajaba considerablemente y las luces de los edificios le resultaban embriagantes. Al llegar, estacionó la motocicleta y descendió quitándose el casco de la cabeza. Al hacerlo, miró instintivamente hacia el apartamento de su vecina y reparó que no estaba sola. Entre las cortinas semi corridas pudo verla conversando con alguien fuera de su campo de visión. Aquello lo llevó a fruncir el ceño. ¿Con quién estaba? ¿El ex novio volvió de Londres para hacerle una visita? ¿Qué tanto conversaban para estar hasta esa hora dialogando? Optó por no darle importancia e ingresó al edificio. Estuvo inquieto. No podía dejar de mirar minuto a minuto por la ventana. Sólo veía a Hermione, sentaba despreocupadamente en su sofá, charlando. Harry parecía un león enjaulado. De un lado a otro. Max lo miraba sin entender lo que sucedía con él. ¿Qué mierda me importa con quién esté?, Ella puede tener nuevos amigos, o quizás sea Ginny o Tonks…, ninguna de esas posibilidades le convencía. No quiso llamar celos lo que estaba sintiendo sino que preocupación. Sí, esa palabra era más acertada. Si fuese ese tal Cormac debía estar atento, podría ser que lo necesitara en algún momento. Miró la hora en el reloj de su pared: casi la una de la madrugada. Podría ir hasta allá con una excusa… ¿Preguntarle algo sobre el proyecto?, absurdo, para eso estaba el teléfono, ¿algo que pudiera pedirle?, pero… ¿qué?

- ¡Esto es ridículo!- bufó de repente y Max elevó su cabeza para mirarlo, asustado.- Será mejor que me vaya a la cama. No soy el padre de nadie.

Esperó que al decirlo en voz alta se convenciera a sí mismo de hacerlo, pero no, fue peor. Miró nuevamente por la ventana y vio a Hermione reír para después incorporarse y perderse del espacio de la ventana. Aquello activó sus alertas. Le escocía la curiosidad de quién estaba con ella. No lograba concentrarse en nada más que eso. Deseó haber tenido visión rayos X, poder penetrar las paredes y ver dónde y con quién estaba. Miles de imágenes pasaron por su cabeza de típico macho básico. Error de todos los hombres. La imaginó con el ex besándose, reconciliándose, caminando abrazados hasta la habitación y caer sobre el colchón para recordar viejos tiempos y recuperar los meses separados. Harry ignoró que todo eso era cavilación y deducción de alguien celoso. No, no se aceptaba aquello. Sólo estaba preocupado, insistía que era eso, porfiaba que sólo era eso.

Al cabo de diez minutos, cuando seguía sin ver a nadie dentro del marco de la ventana, Harry cogió las llaves del apartamento, ordenó a Max quedarse donde estaba y salió con paso apresurado hacia la calle. Cruzó a la otra vereda y para su conveniencia, uno de los vecinos de la castaña iba saliendo, le pidió dejarlo entrar y como ya varios lo conocían por las semanas de reuniones de proyecto con Hermione, se lo permitió. Harry subió los tres pisos corriendo al tiempo que pensaba la excusa que le daría por estar ahí tan tarde. Cuando la tuvo, respiró profundo frente a la puerta y golpeó tres veces. Esperó. La puerta de entrada se abrió y, sin siquiera planearlo, ingresó de lleno dejando a la muchacha a su espalda con un rostro de estupefacción y media frase en la boca:

- Harry, ¿Qué…?- el moreno se detuvo en el recibidor viendo que el reconocido arquitecto Remus J. Lupin, estaba sentado en la mesa del comedor con la laptop de Hermione encendida frente a él. Se sintió tan estúpido que quiso tener una máquina del tiempo y retroceder ese momento.
- Buenas noches, señor- le saludó. El académico le respondió, educadamente. La castaña cerró la puerta y se dirigió al recién llegado con una inmensa interrogante en su mirada. – Yo… sólo vine a… - Harry buscó de manera desesperada la excusa que había pensado hasta que la encontró- saber si podías prestarme un momento tu banda ancha. Mi conexión va como la mierda. – Imbécil, se dijo en silencio después de escucharse.
- Claro… pero ¿estás bien? Entraste como si te persiguiera el diablo.- anotó la joven. Harry ante ese comentario soltó una risa indefinida.
- Lo siento, es que estoy algo apurado…- no tuvo más remedio que seguir mintiendo. Lupin le cedió la laptop dejando ver que estaba admirando el plano del museo.
- Estábamos hablando del proyecto- inició ella. Harry asintió con la cabeza.
- Muy impresionante… - dijo el profesional.- Hermione me pidió que viniera y echara un vistazo a sus progresos. Debo decir que van excelentemente. Bien hecho.- Era lógico. El moreno sabía que ese había sido su mentor en Cambridge y que, conociendo el perfeccionismo en su compañera, debió pedirle su consejo o su opinión al respecto del trabajo elaborado.
- Gracias- musitó el ojiverde, sentándose en una de las sillas para fingir que realmente usaría la conexión. Perder el control así, como sucedió con Draco Malfoy, también era una mala señal. Se envió un correo a sí mismo con la frase: Debiste irte a dormir, idiota- y sin nada más qué reprocharse, presionó "Enviar".