Twilight pertenece a Stephenie Meyer y Distractions a Windchymes, quien me ha dado el permiso de traducir su historia.

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Edward haba reabastecido la Biblioteca Pública de Forks.

Para mí.

Había gastado una insana cantidad de dinero sólo para que no tuviera que conducir fuera de la ciudad para estudiar.

Hace tres meses hubiera estado furiosa con él.

Pero ahora no.

Las lágrimas se acumularon y picaron, inundando mi visión mientras recogía mis libros. Me apresuré por salir de la Biblioteca, casi cayendo sobre la fría superficie del estacionamiento y finalmente, me subí a la camioneta. Y todo el tiempo el mismo pensamiento pasaba por mí a cabeza – él realmente no me había dejado.

Incluso en su ausencia él estaba tratando de mantenerme a salvo. Casi podía sentir sus brazos a mí alrededor, manteniéndome cerca de él, como si fuera la cosa más preciosa en el mundo – porque eso es lo que este gesto me estaba diciendo.

El asiento del conductor chilló mientras me acomodaba bruscamente y arrojé el bolso a mi lado. Encendí el motor, bombeando el pedal del acelerador demasiado rápido y la camioneta protestó, cuando la sacaba del estacionamiento para poder dirigirla hacia Seattle.

La dirección de Trorndykes estaba garabateada en un trozo de papel en mi bolsillo. No me había molestado en escribir la referencia del pedido, ya que estaba quemada en mi cerebro…

1901.1987

Su año de nacimiento. Mi año de nacimiento

"Vampiro sentimental," murmuré y me quité algunas lágrimas de las mejillas.

Comenzó a llover ligeramente justo cuando pasé la indicación que me decía que ahora estaba dejando que las tiras de goma rasparan el vidrio, esparciendo la lluvia, y eso me hizo comprender que estaba haciendo exactamente la cosa por la que Edward había gastado setenta y ocho mil dólares. Estaba manejando mi camioneta fuera de la ciudad.

Mi pie de realojó sobre el acelerador y pensé en lo que estaba haciendo. Ahora la lluvia caía fuertemente, traqueteando contra el techo de la cabina, y el camión se sacudía y estremecía al golpear un bache en el camino. Un nuevo ruido apareció bajo el capó y me pregunté si tal vez no era tan buena idea. Tal vez debería ir a casa y llamar a Thorndykes, hacer mis preguntas por teléfono desde la seguridad de mi dormitorio. Pero mientras mi cerebro racionalizaba, mi corazón me estaba diciendo la verdad…yo sólo quería estar en el lugar en donde él había estado, pararme en el mismo espacio, mirar los mismos libros, tocar la misma manilla de la puerta.

Apreté mi pie de nuevo en el acelerador y el motor se quejó cuando los neumáticos se deslizaron por la carretera. Bajé la velocidad de nuevo, rápidamente, y miré el reloj en el salpicadero…en este caso no llegaría a Seattle hasta después de la hora de cierre. Dejé escapar un profundo suspiro cuando di vuelta la camioneta y me dirigí de nuevo a Forks. De pronto me hubiera gustado haber aceptado el pequeño Audi coupé deportivo que Edward siempre me ofrecía.

∙∙∙/∙∙∙

Estaba acurrucada en el sofá negro de cuero de Edward. Él estaba sentado a mi lado, con el brazo alrededor de mi cintura, acercándome a su costado.

"Bueno, ¿qué piensas?" Preguntó bajito y podía oírlo sonreír.

"Um, se ve bien," asentí, levantado la vista del folleto de papel satinado en mis manos.

"¿Sólo bien?" Sus cejas se alzaron y su sonrisa decayó.

"Um, bonito. De verdad se ve…bonito."

Oops. Puede que eso era decir algo incorrecto.

"¿Bonito?" frunció el ceño. "Eso es peor que bien."

Puse el folleto a mi lado y me moví sobre mis rodillas para poder pasar mis brazos alrededor de su cuello. Sus manos se sentían ligeras sobre mis caderas y su ceño fruncido de suavizó al ver mis claras intensiones. Inclinó la cabeza ligeramente, dejando que pudiera darle un beso bajo la oreja. Sus dedos me tomaron con un poco más de fuerza a la vez que mis labios se encontraba con su piel, luego se relajaron cuando me alejé.

"Lo siento. Supongo que no me gustan tanto los autos como a ti…pero eso ya lo sabes."

Ahora estaba sonriendo, con ojos suaves.

"Lo sé," inclinó la cabeza, pasando la nariz a lo largo de mi mandíbula. "Pero te amo de todos modos."

"¡Oh!" Solté un pequeño jadeo de indignación y Edward rió entre dientes. Me besó rápidamente y luego nos acomodamos por lo que terminé sentada sobre su regazo.

"Entonces, ¿te gustaría ir?" preguntó. "No tenemos que ir si…,"

Presioné un dedo sobre sus labios.

"Iría a cualquier parte contigo, Edward Cullen." Sus ojos ámbar, felices y cálidos, se derritieron en los míos mientras me ofrecía una sonrisa torcida. "Incluso al Salón del Automóvil de Seattle," agregué y él rió, enterrando una mano en mi cabello mientras tomaba el folleto de nuevo, sosteniéndolo para que ambos pudiéramos verlo.

"Entonces este auto, este…," comencé.

"Lotus," dijo bajito. "Es un Lotus Alisa."

"Este Lotus Alisa…¿estará en exhibición en el Salón del Automóvil?"

"Sí."

"¿Estas pensando en comprarte uno?"

"No. Este modelo en particular no está a la venta, no hasta el próximo año. Está será como la presentación para el mercado de Estado Unidos."

"¿Y eso es emocionante, verdad?"

"Sí, lo es."

Él sonreía ahora y yo sonreí, sacudiendo la cabeza. Él era un chico.

"Está bien. ¿Cuándo es el show?"

"El primer fin de semana de octubre."

"Falta casi un mes, entonces."

Lo sentí asentir, su barbilla ahora descansaba contra mi hombro, sus labios soplaban aire frio contra mi cuello. Reí y lo empujé con la cabeza y él me respondió el golpe juguetón.

"Audi tendrá un stand allí también," dijo muy casualmente. "Su último coupé es muy…,"

"No, Edward." Mi voz fue firme y cuando volteé para mirarlo él era toda inocencia con los ojos muy abiertos.

"Yo sólo estaba haciendo conversación," dijo, pero una sonrisa estaba pugnando por salir, casi la podía ver, ciertamente podía sentirla. Estreché los ojos ligeramente.

"Hemos tenido antes esta discusión. Nada de un pequeño Audi deportivo…mi camioneta anda muy bien, gracias."

"Por ahora," murmuró en voz baja. Estreché más los ojos, casi no lo podía ver y creo que Edward lo notó porque comenzó a reír. Me molesté un poco pero decidí ignorarlo cuando me di vuelta para mirar el folleto de nuevo y traté de sentir algo de entusiasmo.

El auto era de liso, brillante y plateado. Era pegado al suelo y se veía como algo venido del futuro. Odiaba pensar lo difícil que sería entrar y salir de la cosa. Y odiaba pensar en cuánto costaría.

Y eso me hizo pensar en…su Volvo, el Vanquish, ambos coches caros y sabia que había tenido otros en el pasado.

Me removí un poco para poder verlo.

"Edward, ¿la gente te toma enserio cuando compras tus autos?"

"Ellos toman el dinero en serio," murmuró y se veía más interesado en pasar su nariz en círculos sobre el hueco de mi cuello. Solté un grito ahogado, sonriendo, y me alejé de sus cosquillas. Se incorporó un poco y me acomodó en su regazo, ladeando la cabeza hacia un lado, curioso ahora.

"¿Por qué me lo preguntas?"

Mis ojos lo recorrieron, apreciando, pero especulando, también.

"Me pregunto si cuando la primera vez que te ven, ellos sólo piensan que eres un chico al que le gusta mirar autos caros."

"Soy un chico al que le gusta mirar autos caros," sonrió. "Como notarás cuando vayamos al salón de automóvil el próximo mes."

Algo de cabello caía sobre su frente y ojos. Los empujó hacia atrás, sin dejar de sonreír. Reí y rodé los ojos.

"Sabes a lo que me refiero."

"Sí, lo sé," sonrió y luego se hizo hacia atrás contra el brazo del sofá, doblando un brazo detrás de su cabeza, mientras el otro que estaba a mi alrededor me arrastraba con él.

"Todo está en cómo vistas, la postura, la actitud que presentas a la gente. Cuando me ves así," bajó la cabeza hacia sí mismo. "En jeans y una camiseta y mi pelo por todas partes me veo de diecisiete."

Asentí, se veía así.

"Pero si me visto diferente y cambio mi postura podría aparentar veinte o veintiuno."

Recordé la noche de la fiesta de graduación, cuando se había puesto un esmoquin, y comencé a ruborizarme. Él se había visto hermoso, y sí, se veía más adulto.

"Es importante para nosotros evolucionar si vamos a permanecer en un lugar por mucho tiempo. También es importante aparentar en ciertas situaciones. Como al comprar un auto caro." Sonrió de nuevo.

"Supongo que tiene sentido. ¿Cuál es tu rango de edad?"

Lo pensó por un momento. "Cómodamente puedo actuar entre los dieciséis y los veintiuno. Puedo manejar veinticinco con algo de presión."

"¡Veinticinco!" Abrí los ojos completamente, sorprendida. "¿Cómo te las arreglas para aparentar veinticinco? ¿Y cuándo?"

"Cuando voy a comprar autos caros," rió entre dientes y le di un golpe juguetón en el brazo. Cuando di un respingo me agarró los dedos y los besó rápidamente.

"No," murmuró. "Te harás daño." Los besó de nuevo, mirándome a través de sus pestañas. Por un momento olvidé lo que estábamos hablando.

"Um…mm, ¿Cómo haces para verte de veinticinco?"

Se encogió de un hombro, tomando mis dedos adoloridos y enredándolos suavemente con los suyos.

"Actitud sobre todo, pero un traje y un par de gafas por lo general ayudan."

"¿Gafas?" Esto era nuevo. "¿De verdad? ¿Gafas?"

Edward asintió, comenzando a sonreír, obviamente divertido por mi sorpresa. "A veces," dijo, "Todo depende."

"¿Tienes algunas aquí? ¿Puedo ver?"

Ahora él parecía sorprendido.

"¿Por favor?"

Parecía vacilante. "¿Qué pasa? ¿Te vez súper nerd o algo así?" Como si eso fuera posible.

Se echó a reír. "No sé, tal vez sí."

Negué. "No, no te verías así. Y de todos modos, Alice no te dejaría salir de la casa si te ves así."

"Eso es verdad," sonrió. Se apartó de mi, se puso de pie y se dirigió a la cómoda al lado de la puerta. Abrió el primer cajón, metió la mano y luego se volvió hacia mí.

"No te rías," murmuró con fingida seriedad, mientras levantaba un par de anteojos que tenía en las manos y se los ponía en el rostro.

Eran simples, de marcos plateados rectangulares y mientras lo hacía le daban una imagen diferente, pero aun aparentando diecisiete años.

Me mordí el labio, estudiándolo, sonriendo.

"Ahora te ves como del tipo intelectual."

Resopló y arruinó todo el efecto. Luego empujó las gafas hacia abajo por su nariz y me miró por encima de ellas, con el rostro serio mientras arqueaba una perfecta ceja.

Reí y sus labios se abrieron en una amplia sonrisa.

"No vas a obtener el efecto deseado sin la ropa adecuada," dijo, quitándose el cabello de la cara. "O la actitud."

"¿Me mostrarás?"

Al principio pensé que no lo iba a hacer porque no se movió, ni dijo nada, pero de pronto…él era diferente. Su postura había cambiado, pero no podía precisar como. Tal vez fue la postura de sus hombros o de la inclinación de su cabeza. Su expresión era nueva, su rostro se veía más aduto ahora de alguna manera.

Jadeé bajito, era inquietante, verlo cambiar de esa manera y él definitivamente no se veía de diecisiete.

"Wow," susurré.

"¿Wow?" Incluso el todo de su voz era diferente. Me miró por encima de sus lentes.

"¿Ese era un buen wow?"

"Um, sí. Sólo…wow. ¿Cómo haces eso?"

Se encogió de hombros y todo su comportamiento cambió de nuevo, volviendo al Edward adolescente. "Todo es parte de la ecuación." Tomó las gafas y de las dejó en el cajón.

"¿Es difícil mantenerlo? Tú sabes, ¿actuar de veinticinco por algún periodo de tiempo?"

Sacudió la cabeza al caminar hacia mí.

"No en realidad. He tenido más de cien años de, bueno, no exactamente experiencia de vida, pero experiencia, supongo. En mi mente yo no soy un adolescente. De hecho, es más difícil actuar de diecisiete por mucho tiempo."

La inquietud comenzó a picar mientras sus palabras se asentaban…un acto. Me mordí el labio cuando se sentó a mi lado.

"¿Quién eres cuando estamos juntos?" susurré.

Sus ojos ámbar apuntaban a los míos. "Soy yo," dijo rápidamente, desconcertado. "Es muy fácil ser yo mismo contigo, Bella, pensé que lo sabías." Tomó mi mano entre las suyas. "Yo sólo soy…yo." Me dio una sonrisa torcida, casi de disculpa, al encogerse de hombros y apretar mis dedos.

Y yo sabía eso. Lo recordé en esa noche en Port Ángeles cuando me había salvado. Él podía ser él mismo conmigo. Mi malestar se desvaneció y sonreí.

Su pierna descansaba junto a la mía y soltó mi mano y bajó la mirada, estirando un largo dedo para trazar patrones sobre mi rodilla, mirando, concentrado en los espirales invisibles que él estaba dibujando. Ahora mismo se veía pensativo.

"Es sólo que mi cuerpo y mi mente no siempre coinciden," murmuró en voz baja, casi para sí mismo.

Su dedos siguió avanzando, los remolinos y espirales se hacían cada vez más elaborados y poco a poco su dedo se movió un poco más arriba en mi pierna, lejos de mi rodilla y hacia el muslo. "Y a veces…," susurró. "…coinciden a la perfección." Me miró a través de sus pestañas oscuras y un destello de calor quemó en mí, haciendo que mis mejillas enrojecieran y mi corazón se acelerara. Enterré los dientes en mi labio inferior.

Edward retiró su mano rápidamente y en su lugar la frotó fuertemente, de ida y vuelta, por encima de su propia pierna mientras apartaba la mirada hacia la ventana. "A veces puede ser muy confuso," murmuró, y agarró su rodilla y puso la pierna debajo de su barbilla, abrazándola allí.

"Pero es muy limitado si actuó de veinticinco," continuó y ahora sonaba práctico. "Nunca se puede actuar por mucho tiempo. Es más fácil para los demás, ello eran más viejos cuando…," hizo una pausa, encogiéndose, mirando el suelo. "Hay ciertas implicancias al ser convertido a los diecisiete."

Pensé en sus palabras, tal vez viendo un atisbo de la frustración enloquecida que él debía sentir, a veces, siempre siendo tratado como un adolescente, al ser forzado a actuar como uno. Me removí, presionándome más cerca de él, estirándome para pasar los dedos sobre su nuca. Sus ojos parpadearon un poco y luego los cerró.

"Eso se siente bien," susurró, sonriendo suavemente, y nos quedamos en silencio por un rato.

Entonces, de pronto sus ojos se abrieron, su sonrisa se amplió y su estado de ánimo dio un giro completo al mirarme.

"¿Entonces vas a venir conmigo al salón del automóvil?"

Se veía emocionado de nuevo al ponerme de nuevo en su regazo y reí.

"La verdad, realmente tienes diecisiete, ¿no es así, Edward?"

"A veces," estrelló los labios contra mi cuello y podía sentirlo sonriendo. "¿Irás?"

"Te lo dije, Edward, yo iría a cualquier parte contigo."

Una semana después se había ido.

∙∙∙/∙∙∙

Me precipité a mi habitación, tiré la bolsa en mi cama y busqué el número de Thorndykes en Seattle. Cinco minutos después estaba hablando con Angus Fowel, el Gerente, preguntándole sobre la orden 1901.1987 para la Biblioteca Pública de Forks del pasado mes de septiembre.

"Margot Howard era la gerente entonces." Su voz era suave, gentil. "Ella se fue justo antes de Navidad y yo sólo he estado aquí por una semana, pero puedo mirar en el sistema y ver lo que hay."

Sentí una pisca de alivio por haber evitado la perorata de la política de privacidad.

Jugué con las cosas de mi escritorio mientras esperaba, moviendo la lata lapicera adelante y atrás, empujando arriba y abajo el mango de la perforadora.

"¡Wow!" La exclamación de Angus vino de pronto del teléfono, sorprendiéndome. Tiré la perforadora al suelo y el confeti se derramó por todas partes pero apenas lo noté.

"Esa fue una gran orden. En realidad…," hizo una pausa y contuve el aliento. "La verdad, no era ni siquiera una orden normal, se trataba de una venta en efectivo."

¿En efectivo?

"¿Creí que era una tarjeta de crédito?" Tal vez había estado equivocada en eso.

"Sí, se pagó con tarjeta de crédito, quiero decir que no fue facturada, se pagó en su totalidad en el momento, al igual que una venta en efectivo. Las instrucciones eran entregar a la Biblioteca Pública de Forks."

"Oh, está bien. Um, ¿hay alguna información sobre la persona que realizó la orden? Tal vez ¿un número de contacto?" Estaba tratando de no parecer obvia, o desesperada.

"No se ve así. Técnicamente no lo necesitamos con una venta directa, aunque con algo de este tamaño habría pensado…," se perdió. "Estoy sorprendido de que Margot no insistiera para conseguir más información."

No me sorprendía. Bajé la mirada a mis pies, sintiendo como la decepción comenzaba a quemar a través de mí. Por supuesto que Margot no insistió, Edward habría sido muy persuasivo…muy deslumbrante.

"Se emitió un recibo," Angus continuó. "Pero parece que sólo era el recibo estándar de la tarjeta de crédito. Al parecer Margot le pidió al cliente una referencia, pero eso es todo."

Cerré los ojos, apretándolos con fuerza.

"Y eso es el 1901.1987, ¿cierto?"

"Sí, es cierto. Así que ni siquiera puedo decirte el nombre, lo siento. Está sólo el número de referencia y la dirección de entrega."

Suspiré pesadamente.

"En realidad…," Angus dijo y luego hizo una pausa. Noté que estaba conteniendo la respiración de nuevo y mi mano se apretaba alrededor de la lapicera. "La verdad, podría haber algo en las notas de archivo. ¿Quieres esperar un momento mientras lo compruebo?"

"¡Sí! Quiero decir, sí…por favor."

Podía oír el sonido del teclado. Mi pierna se sacudía de arriba abajo con nerviosismo y dejé la lata lapicera para trazar patrones en zig-zag desiguales sobre el polvo de mi escritorio.

"Mm, un montón de notas." Angus murmuró y mi corazón dio un giro y un salto. "Dice que el cliente vino con una copia del plan de estudios del último año del instituto estatal y una lista de libros complementarios."

Cerré los ojos.

Él había tenido una lista.

Por alguna razón esa imagen, de Edward con una lista, pidiendo que se complete, me hizo querer llorar. Me mordí el labio mientras trataba de enfocarme en lo que Angus estaba diciendo. Su voz había tomado el ligero ritmo cantarino de alguien que lee de forma punteada.

"Er, la orden fue elaborada mientras el cliente esperaba…el cliente revisó y aprobó la orden…," sonreí un poco por eso…tan Edward. "…el cliente llama en una semana para comprobar que la orden sea entregada…y luego hay una instrucción para abastecer con los últimos libros de la lista de Best Seller cada mes."

Abrí los ojos. "¿Pero hay algún detalle del cliente?"

"No, lo siento."

Asentí, sintiendo volver la profunda decepción y comenzar a quemar en mí…pero un momento después se había ido cuando una nueva idea comenzó a tomar fuerza, vertí agua sobre la decepción y dejé que la esperanza parpadeara de nuevo.

"¿Cómo son pagados los best seller? Sería una cantidad diferente cada mes, ¿no?"

"Buena pregunta, espera un segundo…,"

Escuché a Angus tipiar y hacer clic.

"La factura de cada mes es enviada a un bufete de abogados en Chicago. Ellos también son el contacto para cualquier otro tipo de correspondencia."

Un bufete de abogados. Recordé a Edward diciendo algo acerca de abogados una vez. Traté de captar la conversación mientras bailaba en el borde de mi memoria, pero ya era demasiado inestable y se escabulló.

"¿Dice que bufete de abogados?" Por favor que no tire lo de la política de privacidad ahora…por favor.

"Jackson Finch Kinkade," Angus replicó y el aliento que estaba conteniendo salió de forma precipitada. "Tengo la dirección y el número de teléfono si lo desea."

"Sí, por favor." Mi corazón latía con fuerza mientras cogía una pluma y escribía los detalles.

La llamada terminó conmigo agradeciéndole efusivamente a Angus, riendo y diciéndole que tuviera un buen día. Entonces me quedé mirando la dirección y el número de teléfono garabateado en el bloc de notas frente a mí.

¡Sííí!

Por fin tenía un punto concreto de contacto.

No era el número telefónico de Edward, pero eran sus abogados, ellos saben cómo comunicarse con él. Él estaba justo a un paso. Y mientras no era tan ingenua como para pensar que me iban a dar los detalles libremente, estaba bastante segura de que estarían obligados a pasar el mensaje o la correspondencia a su cliente.

Mis manos temblaba ligeramente al golpear los número en mi teléfono. Era sábado, así que no me sorprendí cuando me encontré con un mensaje grabado que me daba las horas de oficina, 8.30am a 5.30om, de lunes a viernes, Chicago estaba dos horas antes de Forks así que sabía lo que estaría haciendo a las 6.30 de la mañana el lunes. Me preguntaba cómo iba a esperar tanto tiempo.

Bajé el teléfono y busqué en Google Jackson Finch Kinkade. Su sitio web era moderno y elegante, pero me decía que ellos habían estado en el negocio en Chicago desde 1903. Ellos también tenían varias oficinas dispersas por el país, incluyendo Seattle y me pregunté por qué Edward había elegido la oficina de Chicago.

"¡Oh!" Por supuesto. Sacudí la cabeza por mi propia estupidez. Él había nacido en Chicago, así que tal vez esta había sido la empresa que su familia usaba, y luego la curiosidad flameó a través de mí al recordar que su padre había sido abogado, y me pregunté so tal vez Edward Masen Snr había trabajado para esa firma. Le preguntaría a Edward cuando lo encuentre.

Me dejé caer de nuevo en la cama y pensé por un rato mientras sonreía y me abrazaba a mí misma. ¿Debería escribir una carta a los abogados para que la remitan a él? O un mensaje simple sería mejor…por favor contractar a Bella Swan con urgencia. Eso seguramente llamaría su atención, pero podría preocuparse porque algo anduviera mal. Negué, no, yo no quería que se preocupara, era mucho mejor ir con una carta.

Me senté rápidamente, tomé el block de notas y un lápiz de la mesa y luego me recosté en la cama, boca abajo, apoyada en los codos. Mordisqueé el extremo del lápiz.

Estimado Edward…

¿Cómo debía comenzar? Tal vez debería abrir con una cita de Shakespeare, o de Cumbres Borrascosas. O tal vez de una manera más sencilla. Te amo. Te extraño. Encontré tus regalos. También sé que me amas.

"¡Argh!" Rodé a mi espalda. Yo no quería escribir una carta de amor…bueno, sí quería, pero tenía que ser algo más que eso.

Sabía que existía la posibilidad de que Edward no volvería a mí, incluso si lo localizaba. Era posible que él insistiera en mantenerse alejado, poniendo mi supuesta seguridad por delante de su corazón. Pero incluso si se quedaba lejos, él necesitaba saber que yo sabía la verdad de por qué se fue. No…más que eso…él necesitaba saber que yo entendía, y esa era la diferencia.

Pero los sentimientos corrían muy profundo y no importaba como lo intentara no podía encontrar las palabras correctas.

Las palabras correctas…o…

"¡Oh!"

De pronto fui golpeada con una idea que era tan buena, tan perfecta, que todo mi cuerpo se congeló por un segundo, mi respiración se detuvo y mi corazón se calmó mientras la dejaba entrar.

Y entonces actué.

Me salí de la cama, golpeándome la pierna con el escritorio, apenas notándolo, mientras tomaba la lista de Edward desde el bolsillo de mi mochila, la lista que había empezado la noche en que había encontrado mis regalos de cumpleaños. Y luego comencé a hurgar en el lío del fondo de mi closet.

"¿Dónde está?" Murmuré, haciendo a un lado los zapatos, una caja de cosas todavía empaquetada que había traído de Phoenix, y la bolsa de plástico que contenía la radio de auto que Emmett y Rosalie me habían regalado para mi cumpleaños. Lo había arrancado del tablero, no mucho después de que se fueran de Forks…me pregunté si ahora estaba demasiado dañada para volver a ponerla, pero lo pensaría más tarde.

Mi celular comenzó a sonar, y lo ignoré, dejando que pasara a la contestadora.

"Vamos," siseé, haciéndome camino entre mis cosas. ¿Cuántos pares de zapatos tenía? Parecía que casi tantos como Alice. A pesar de que la mayoría de los míos eran zapatillas o botas, no sandalias de diseñador o tacones altos con tiras, espigados y mortales.

Y luego encontré la linda caja de zapatos rosada y plateada que guardaba los zapatos de graduación que Alice me había comprado. La abrí y saqué los zapatos. Había usado sólo uno esa noche y vi el desgaste en la suela. Era otro todavía estaba sin tocar. Sacudí la cabeza – todavía me sorprendía como no me había quebrado la otra pierna esa noche, usando un zapato así. Pero entonces, Edward nunca habría permitido que algo así me sucediera.

El teléfono sonó de nuevo y solté un profundo suspiro mientras lo tomaba de la mesa.

"¿Callum?"

"Sí, hola," bostezó, con voz llena de sueño. "Respondiste esta vez."

Me senté en el charco de zapatos que había creado. "¿Todavía estas acostado?"

"No. No, he estado…en realidad, sí."

Una ola de culpa se apoderó de mí. "¿Estuviste toda la noche despierto hackeando?"

"No toda la noche," bostezó de nuevo.

"Callum, por favor…,"

"Ya está bien, Swan."

¿Swan?

"Si no estuviera hackenado para ti habría estado hackeando en algo más de todas formas." Volvió a bostezar y luego se hizo silencio y me mordí el labio con nerviosismo. Después de las revelaciones de anoche, ahora me sentía un poco incómoda.

"Así que escucha," Callum continuó después de un momento. "¿Todavía quieres que te ayude a encontrar a Edward?"

"¿Todavía quieres ayudarme?"

Rió entre dientes. "Eso no contesta mi pregunta. Pero, sí, quiero. Como he dicho…creo que necesitas que alguien vele por ti. Alguien que conoce los riesgos."

"Los Cullen no son un riesgo, Callum."

"Sé que ellos pueden no serlo, pero hay otros."

"¿Otros?"

Comenzó a murmurar a través de un bostezo. "Yo no sé a dónde vas a ir a buscar o con que te encontrarás, y no me refiero sólo a los vampiros," dijo vagamente y rodé los ojos.

"No soy estúpida."

"Lo sé," dijo rápidamente. "Pero tú lo amas y a veces eso hace que la gente haga cosas estúpidas."

Abrí la boca en desacuerdo, pero la cerré. Él estaba en lo correcto. Había hecho algunas cosas potencialmente estúpidas desde que me había enamorado de Edward. Incluyendo usar zapatos asesinos…o un zapato. Miré el artículo en cuestión en mi mano y luego lo metí de nuevo en su caja y lo dejé de nuevo en el armario mientras Callum continuaba.

"De todas formas, estabas bastante sorprendida anoche, creí que podrías sentirte de manera diferente esta mañana, eso es todo. Sólo lo estoy comprobando."

Me sentía diferente. Me sentía esperanzada y feliz a la vez que mis ojos se deslizaban hacia la dirección de Jackson Finch Kinkade en el bloc de notas. Debatí un momento en contarle a Callum sobre los libros, Thorndykes y los abogados, pero decidí decirle no mucho. Se sentía demasiado personal. Pero debía decirla algo, él iba a causar muchos problemas de todas formas.

"Um, debería decírtelo, voy a preguntarle a sus abogados si tienen alguna información de él."

Eso, eso no era revelar demasiado.

"¿Él tiene abogados?"

"Sí."

"Um, bien. Eso es…sorprendente. Pero es probable que no te lo dirán."

"No, pero le pueden pasar un mensaje."

"Buena idea. Entonces, sé lo que voy a comprobar hoy más tarde," dijo. "Pero encontré algo anoche. No es grande. Traté con Vogue y ellos lo tiene muy bloqueado así que lo dejé, pero me las arregle para entrar a Tiffany."

"¿Tiffany?" Sólo había mencionado el catálogo, no me esperaba que se fuera por ese camino.

"Sí. Encontré a un E Cullen con dirección en Forks, pero era un Emmett Cullen, no Edward."

"¿Emmett?" pregunté. "¿En serio?"

Entonces pensé en Rosalie y en alguna de las hermosas piezas de joyería que tenia y hacía sentido.

"¿Eso ayuda en algo?" Callum preguntó.

"Um, responde una pregunta, pero…," podía oír el susurro de lo que probablemente era la ropa de cama.

"Pero no te ayuda a encontrar a Edward. No hay problema, vamos a continuar. Podría tener que preguntarte algunas cosas, sin embargo, ¿eso está bien?"

"Um…no sé, depende de lo que preguntes. Siento que ya he dicho demasiado." Podía escuchar la culpa en mi voz al hablar y Callum entendió.

"Está bien, sólo puede tomar tiempo, eso es todo." Luego suspiró y su voz era suave cuando volvió a hablar. "Pero, Bella, ¿te das cuenta de que yo habría supuesto que Edward era un vampiro sin que me lo dijeras?"

"Yo…yo creo que sí."

"Y hasta ahora, todo lo que has dicho es que un vampiro llamado James intentó matarte, que Carlisle es doctor, que Esme cultiva rosas y que todos ellos se alimentan de animales. Aparte de lo de James yo podría haber descubierto el resto de casi cualquiera del pueblo."

"Te di su nombre humano," susurré.

"Sí, bueno, vale, pero eso en realidad no dice mucho. Me gustaría probar un ángulo diferente, aunque…si Carlisle es doctor, él debería estar registrado con una junta médica, tal vez la AMA, así que pensé que iba a intentar con ese sitio también." Dudó un poco. "¿Está bien? Sé que no estás feliz con lo de la tarjeta de crédito…," arrastró las palabras y sonreí. (n/t: AMA: American Medical Association)

"Gracias por preguntar. Supongo que si es sólo una direccion…,"

"Claro."

Me puse de pie y me senté en la cama, cruzando las piernas debajo de mí.

"¿Te parece una enorme coincidencia que tú, sabiendo lo que sabes de los vampiros, hayas llegado aquí, a buscar uno?"

Rió. "Sí, sé lo que quieres decir, pero realmente hay un vinculo lógico en Forks…mi bisabuelo creció aquí."

No me esperaba eso.

"¿En serio?"

"Sí. Mi bisabuelo, Joseph, nació en Forks y mi bisabuela nació en La Push. Por eso es que mi papá se interesó en los mitos y esas cosas."

Negué con la cabeza, sin entender. "¿Cómo es eso?"

"¿Conoces a la tribu nativa de La Push, los Quileutes? Ellos tienen leyendas sobre humanos que se convierten en lobos y que luchan con vampiros."

Abrí la boca un poco por la sorpresa al recordar la historia que Jacob me había contado en First Beach hace casi un año, y del tratado entre los Quileutes y los Cullen.

"Um, tengo un amigo en La Push," le dije. "Él me había contado esas historias."

"¿Sí? Bueno, Joseph era amigo de algunos chicos Quileutes cuando era niño y escuchó las historias de ellos. De todas formas, cuando mi padre era niño, Joseph le contó las historias, y eso es lo que hizo que se interesara en los mitos y leyendas."

"¿Así que tu padre creció aquí, también?"

"No. Joseph y Annie se fueron cuando se casaron."

Pensé en eso.

"Entonces, ¿eso significa que tienes una parte Quileute?"

"Poquito," dijo.

Él era tan rubio, sus ojos tan azules, era difícil de creer.

"¿Pero tu tía vive aquí?"

"Sólo en los últimos años. Ella vino a ver el lugar una vez cuando estaba trazando el árbol familiar y le gustó. Cuando se divorció, decidió venir aquí." Luego se echó a reír. "¿Puedes imaginar que alguien se mude a Forks de buena gana?"

Sonreí mientras pensaba en mi reticencia original. No podría alejarme ahora.

Callum bostezó de nuevo.

"Creo que voy a ir a buscar algo para desayunar," dijo con voz somnolienta y reí cuando vi el reloj.

"Callum, casi es hora del almuerzo."

"Almuerzo entonces. ¿Qué vas a hacer hoy?"

"En realidad, tengo que hacer las comprar. ¿Y tú?"

"No sé todavía, es muy temprano."

Solté un bufido. "Sí, claro," dije y él rió.

"Diviértete haciendo las compras, Swan." Y colgó.

El Thriftway estaba casi vacío cuando llegué allí. Había decidido terminar con lo de los alimentos antes de comenzar mi mensaje a Edward. Quería ser capaz de concentrarme, sin interrupciones, asegurándome que lo hacía a la perfección.

Empujé el carrito por el pasillo, llenando la canasta lentamente mientras hacia las comprar para la semana. Me apreté la chaqueta a mí alrededor mientras me dirigía hacia el pasillo de los alimentos congelados. Era curioso como nunca notaba la frialdad de la piel de Edward, pero el mango de la nevera de vidrio enviaba un rápido escalofrío a través de mí.

Tomé un paquete de guisantes congelados y luego sonreí cuando mis ojos pasaron por los cubos de helado.

Paseábamos a lo largo del muelle de Port Ángeles, de la mano mientras veíamos a los barcos subir y bajar en el agua. El día era cálido, la cubierta de nubes mantenía la temperatura del soleado día anterior.

"Esto es bueno," suspiré y Edward soltó mi mano, envolviendo en vez sus brazos alrededor de mi cintura.

"Sí, lo es," murmuró y sentí sus labios en mi cabello. "¿Cómo sientes la pierna?"

"Bien. Tal vez un poco cansada." El yeso había sido retirado sólo el día anterior.

"Deberíamos regresar al auto…te puedo llevar." Y él comenzó a agacharse, listo para levantarme.

"¡No!" me eché a reír. "No, no estoy dispuesta a irme todavía. Y no quiero que me cargues." Se enderezó de nuevo. "Y de todos modos, me prometiste un helado."

Su rostro se arrugó con una sonrisa brillante. "¿De qué sabor?"

"Mm, ¿menta choc?"

"Menta choc será."

Fuimos hasta un asiento que daba hacia el agua y me senté mientras Edward corría, a ritmo humano, a través de parque a la fila de tiendas cercanas. Me gustaba ver a Edward correr. Estaba en sólo una camiseta y jeans y podía ver la flexión y el rodar de su espalda y hombros, el fluido movimiento de sus piernas al avanzar. Podía imaginar que así se veía cuando estaba persiguiendo a una presa.

El parque estaba lleno y él esquivó cuidadosamente a unos chicos que pateaban un balón. Uno de los muchachos pateó muy fuerte y la pelota voló por el aire, sobre las cabezas de sus amigos, directamente hacia Edward, que la atrapó con facilidad y la tiró de vuelta, sonriendo, ni una vez rompiendo su ritmo.

Mmm…

Cruzó la calle y desapareció en a Heladería Port Ángeles. Un momento después salió, con un helado en la mano y un montón de servilletas en la otra, sonriendo como si estuviera a punto de presentarme a las joyas de la corona.

"Parece que está goteando," dijo, dándome el cono y ofreciéndome las servilletas.

Pasé la lengua alrededor de la base, capturando las gotas que avanzaban por el cono.

"Mm, rico. Gracias." Miré a Edward sentado a mi lado y sus ojos se habían oscurecido un podo y tenía la mandíbula apretada. Tragó una vez y luego se hizo más atrás en el banco, alejando su mirada de mí, para ver el agua.

"¿Sabe bien?" preguntó.

"Sí. ¿Quieres un poco?"

Sonrió y negó con la cabeza. "No, pero gracias por la oferta."

"Si cambias de opinión, sólo déjamelo saber."

Estaba delicioso y me di cuenta de que era el primer helado que comía desde que me había mudado a Forks.

Edward se veía muy tranquilo, sus brazos estaban apoyados a los largo del respaldar del banco mientras observaba a vista frente a nosotros. Después de un momento una amplia y feliz sonrsa cruzó sus labios.

Lo empujé. "¿Qué?" Pregunté cuando volvió a mirarme y él sólo se encogió de hombros, sin dejar de sonreír.

"Estoy sentado aquí, en un parque, mirando la vista con mi novia y ella está comineando el helado que yo le he comprado." Se encogió de hombros otra vez. "Estoy feliz."

Y lo estaba, estaba escrito en todo su rostro.

A pesar del cálido recuerdo, el frío de la nevera parecía quedarse conmigo mientras me iba al pasillo siguiente. Me acomodé la claqueta a mi alrededor, luego me quedé inmóvil, cuando sentí un soplo helado en mi nuca. Se me secó la boca, mi corazón se aceleró, pero no podía moverme mientras unos dedos incluso más helados vinieran detrás de mí y rodeaban la muñeca de la mano que tenía apoyada en el carrito. El temblor comenzó al darme vuelta y ver los sangrientos ojos rojos de Victoria.

"Hola Bella," gruñó.

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.

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Hola!

Apareció Victoria! Y no hay ningún vampiro o lobo a su alrededor para salvarla! Pobre Bella!

Quiero que mi novio corra a comprarme un helado jejeje.

Esta semana si que hicieron colapsar mi email con tanta notificación ¡Yeah! Muy feliz por eso. Muchas gracias por sus reviews, follows, favs, etc. Pronto comenzaré a trabajar (ni primer trabajo como profesional) y no sé que tanto demore en seguir traduciendo, espero que dos semanas, dependerá del tiempo que me quede libre, por favor paciencia si se da el caso.

Me he estado portando bien y dando capítulos semanales, serán buenitos?