Cuando yo te amé

Isabella queda devastada luego de que Edward la abandona luego de cinco años de relación. Años después él regresa, dispuesto a recuperarla.

Pero…

¿Ella estará dispuesta a aceptarlo?


Capítulo 7:

Edward seguía en su mundo, ni siquiera la alegría de Florencia pudo hacerlo sonreír de nuevo.

-Edward, por favor no le creas- le pidió Tanya-. Seguramente mintió

-Es lo más lógico, Tanya. Pasaron siete años

-Pero si tú no estuviste con nadie, es posible que…

-Tiene dos hijos…

- ¿Y qué tal si son tuyos?- cuestionó Tanya con una sonrisa triunfal. A Edward le emocionaba aquella posibilidad, pero la idea le parecía demasiado descabellada ya que en varios meses nunca lograron un embarazo, ¿por qué sería diferente el último mes que estuvieron juntos?

-No lo creo, mi madre me lo hubiera dicho…

-Edward, tú siempre le colgabas demasiado rápido, no querías saber nada

- Si sabía algo de ella iba a dolerme e iba a regresar de inmediato. Isabella me llamó una vez luego de nuestra separación, se escuchaba muy mal…

-Y fuiste un cobarde porque volviste a rechazarla

Florencia, quien estaba dormida, despertó y no pudieron seguir conversando. Los tres iban en el taxi rumbo al hotel donde se hospedarían durante las vacaciones. Vacaciones que Tanya necesitaba para despejarse y que Edward se había tomado para recuperar a la mujer que nunca dejó de amar.

Cuando llegaron al hotel y estuvo a solas en su habitación descargó toda la frustración que había acumulado desde el encuentro con Emmett en el aeropuerto.

-¡Soy un imbécil!- exclamó, golpeando la cama con un puño-. La perdí, la perdí

Su sacrificio no había valido la pena. El trabajar duro para construir un patrimonio para Isabella y los hijos que deseaba tener con ella, había sido en vano.

Tanya entró en la habitación minutos después ya que había dejado la puerta abierta. Se sentó en la cama, donde Edward estaba sentado con el rostro entre las manos para ocultar sus lágrimas.

-Me parte el alma verte así, aunque te lo merezcas

-Soy un idiota por haber creído que ella me esperaría

-Tu primo nunca dijo que estuviera casada

-Pero es lo más lógico teniendo hijos

-Puede ser madre soltera

-Pero tiene hijos, otro hombre la tocó- contestó Edward, destrozado. La imagen de Isabella desnuda y siendo acariciada por manos que no eran las suyas, le hervía la sangre.

-¡¿Y por eso ya no la querrías?!- gritó Tanya-. ¿Por eso ya no vas a luchar por ella? Yo no te creía así…

-Por supuesto que sí, no me importa si estuvo con alguien más, yo la amo y quiero recuperarla. Es solo que me muero de celos

-No te mueras de celos por algo que no has confirmado. Maldito Esteban, lo amaba, pero si pudiera revivirlo, lo mataría

- ¿Qué?

-Yo sé que él provocó que dejaras a Isabella. Lo escuché hablando contigo antes de que llegaras a vivir con nosotros y sé que te amenazó con desheredarte y dejarte sin estudios si volvías aquí. Esteban te ninguneó, te hizo creer que no eras digno de ella

-Me dijo la verdad, no era digno de ella

-Tienes razón, no lo fuiste en ese momento y no lo eres ahora. Fuiste demasiado débil, dejaste que unas simples palabras y amenazas afectaran tu vida, lastimaste a la persona que más querías…

-Yo quería tener algo que ofrecerle. Ella estaba acostumbrada a vivir bien, sin carencias y yo solo era un simple cajero de un supermercado que no podía pagarse la universidad, mucho menos mantenerla si la convertía en mi esposa

-Tal vez no fue con mala intención, pero la dejaste por dinero, por la maldita ambición, creíste que tener dinero haría que fueran felices y peor aún… ser digno de ella. Pudiste encontrar la manera de no dejarla y seguir estudiando, pero...

-No me vengas con ese argumento, tú amas gastar

-No sé si lo sepas, pero renuncié a la parte de la herencia que me correspondía y se la he cedido a mi hija. Si ya no lo tengo a él, no quiero disfrutar ese dinero porque era nuestro, no mío. Yo habría sido feliz a su lado, aunque viviésemos en una choza…

-No me hagas sentir peor- gimoteó Edward-. Estoy muy arrepentido, quiero recuperarla…

-Antes debemos averiguar si está casada como dijo tu primo, pero algo me dice que no lo está

-Yo la quiero de vuelta esté casada o no. No soportaré renunciar a ella de nuevo

-Si está casada no te quedará más remedio

-No, ella es mía, siempre lo fue y siempre lo será- afirmó Edward.

Tanya se estremeció. La mirada de aquel chico al cual quería como un hermano, le causaba terror.

/

-Edward volvió, lo vimos en el aeropuerto- le dijo Emmett luego de cerrar el restaurante y de que los empleados se fueran. Isabella suspiró y se encogió de hombros. No tenía ganas de preocuparse ya que mentalmente estaba cansada. Su padre le había contado la verdad tras su supuesta muerte por la mañana y apenas había logrado tranquilizarse.

-Bueno, tendré que decírselo a los niños…

-Ese desgraciado no se acercará a mis nietos- gruñó Charlie-. Estás loca si crees que voy a permitirlo…

-No, papá. Dejaré que los conozca, son sus hijos y no le negaré el derecho a verlos…

-Pero te dejó estando embarazada

-Ninguno de los dos sabíamos que lo estaba

-Eso es verdad, amor- intervino Tamara-. Nos enteramos de su embarazo cuando la llevé al hospital por un desmayo

-Aun así…

Yo estoy de acuerdo con Charlie- habló Emmett-. No merece conocerlos

-Pero si dices que ha llegado, Esme debió habérselo dicho ya, ¿no crees?

-Tienes tiempo de huir con los niños para que no los vea

-No soy ninguna cobarde y tampoco le tengo resentimiento. Cualquier sentimiento que tuve hacia él, desapareció por completo

-Parece que él no te ha olvidado del todo a pesar de que estaba con su esposa y su hija. Debiste ver la cara que puso cuando le dije que tenías dos hijos

-¿Ya se lo dijiste?- reclamó, ignorando por completo la mención de su esposa e hija pues no le interesaba en lo absoluto, de hecho, le aliviaba de cierta manera ya que eso aumentaba las probabilidades de que no se pudiera pesado. Él sabía el valor de un hijo y entendería que no debía apartarlos de su madre y llegarían a un armonioso acuerdo.

-Sí, pero no especifiqué la edad, por lo que debe estarse comiendo la cabeza pensando que estás casada

-Genial- murmuró Isabella de forma sarcástica-. Heriste su orgullo

-Claro, se lo merece, Bella. No le digas que son sus hijos, no tiene caso, ¿qué tal si eso afecta su matrimonio? Odio a mi primo, pero la chica y la niña no tienen nada que ver…

- ¿Por qué tendría que afectar su matrimonio? La concepción de nuestros hijos ocurrió cuando él era mi pareja o sea antes de estar con ella y tener esa hija. No pienso correr a buscarlo pero tampoco impedir que él se entere

-Bien, ya lo intenté. Si él quiere quitártelos no me digas que no te lo advertí

-Él no va a quitármelos, lo mato primero

-Esa es mi hija- sonrió Charlie, con orgullo.

/

Esme marcó el número de Isabella con un poco de nerviosismo. Edward se dirigía a su casa y no quería hacer ni decir nada sin antes consultarlo con ella.

-¿Esme?- contestó Isabella al tercer tono.

-Sí, hija, soy yo…

¿Qué pasó? ¿te ocurre algo?

-Está a punto de darme algo. Edward viene para acá y no sé si mencionarles a mis nietos

-No le mientas, si te pregunta algo contesta con la verdad. No es para tanto- al escuchar el tono tan relajado de Isabella le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo.

-¿No crees que habrá problemas a raíz de esto? ¿No crees que él va a molestarse?

-Claro que no, él se largó, no puede exigirme nada sino agradecerme que no le estoy ocultando a sus hijos ni negando su paternidad

-No debí callarme yo- gimió Esme-. Debí decírselo

-Hiciste lo que pudiste por decírselo y él no te dejó, no te sientas culpable

-Pero llegó un punto en el que me cansé de intentarlo y me rendí

-Porque él no quiso saber nada. Si no pregunta nada, no se los menciones y ya…

-De acuerdo

-No tenemos nada que temer. Él ya tiene una hija, comprenderá que no puede separarlos de mí…

-¿De qué hablas?

-Bueno, Esme, me necesitan aquí, tengo que colgar- Isabella colgó y Esme frunció el ceño, confundida… ¿de dónde había sacado la idea de que Edward tenía una hija?

De repente, escuchó un auto estacionarse cerca de su casa y decidió correr la persiana. Se atragantó al ver que era Edward quien estaba bajando de un taxi. Le sorprendió ver que no llegaba con Florencia y Tanya, pues él había dicho que lo haría.

-¡Hijo!- exclamó, contenta después de todo. Había extrañado al que seguía siendo su pequeño a pesar de sus errores.

-Mamá- dijo él, correspondiendo a su sonrisa. El taxi se fue luego de que Edward pagara y Esme acortó la distancia entre ellos para darle un abrazo.

-Hijo, que bueno que has llegado bien

-No del todo, mamá. Te extrañé muchísimo…

-Y yo a ti

-No lo creo, mamá, no después de lo que hice con Bella

-Bueno, hijo, me costó entenderlo pero al final acepté y ella misma aceptó que no la amabas…

-No es así, mamá. Déjame explicarte- suplicó su hijo y ella lo miró atónita.

-¿Qué estás diciendo?

-Te lo contaré, pero antes entremos

-Está bien, hijo- Esme no sabía si sonreír o enfadarse pero esperaría a que Edward le explicara todo.

Una vez acomodados en la sala, Edward habló.

-Amo a Bella, mamá. Siempre la amé…

-¡¿Entonces por qué te fuiste?!- le gritó, ahora enfadada.

-Por imbécil, no quería terminar como tú y mi padre, que dejaron de amarse por sus constantes peleas por el dinero…

-No puedo creer lo que me estás diciendo- Esme negó con la cabeza, incrédula-. ¿En serio creíste que tu padre y yo nos divorciamos por eso?

-Sí, es lo más lógico…

-Edward, tu padre me dejó por otra mujer, no por problemas de dinero. Él jamás pudo llegar a amarme como yo a él y por eso me pidió el divorcio

-¿Qué?

-Sí, me dejó por una mujer llamada Reneé. A ella la amaba y yo decidí dejarlo libre…

-Es un desgraciado- masculló Edward.

-Por supuesto que no- lo defendió Esme-. Tu padre fue honesto, siempre tuve claro que no sentía lo mismo por mí, que se casó conmigo porque me quería de cierta forma y creía que no podría estar jamás junto a ella. Nunca me mintió, en cambió tú…

-Pero yo si amo a Bella…

-Y la dejaste, diciéndonos a todos que ya no lo hacías. Emmett me contó lo que le dijiste cuando saliste del departamento que compartías con él…

-Tenía que hacerlo creíble, si le hubiera dicho a Bella mis motivos reales…

-Ella te habría esperado, no sabes cuanto sufrió con tu partida, la dejaste destruida…

-No me digas eso- la voz de su hijo se quebró-. Bella me superó, Emmett me dijo que tiene dos hijos…

Esme tragó grueso. Él sabía de la existencia de Frederick y Charlie y no podría evitar decirle la verdad como había indicado Isabella. Solo esperaba que su hijo no se volviera loco.

-Ella te superó, pero después de muchas cosas que tuvo que pasar. Fue a dar al hospital dos veces a causa de su depresión, la primera fue dos semanas después de que te fuiste y la segunda fue…

- ¡¿Qué?! ¿qué le ocurrió? - la interrumpió Edward.

-Fue un intento de suicidio la primera vez, pero no pasó a mayores porque solo fue un desmayo. La segunda vez, cuando se enteró de algo sobre ti, luego de unos meses, rompió bolsa y tuvo una cesárea de emergencia porque apenas entraría a las treinta y dos semanas, gracias a Dios estaban sanos y no hubo complicaciones, solo un tiempo en la incubadora porque eran pequeños…

- ¡Dios mío!, ¡¿Pero de qué se enteró?!

-Emmett escuchó cuando me llamaste para decirme que te habían golpeado y quebrado el brazo porque un señor creyó que habías embarazado a su hija…

-¡Pero eso no fue cierto! ¡Ni siquiera conocía a ese hombre! El chico que estaba a mi lado en esa tienda era el verdadero responsable…

-Lo sé, pero Emmett malinterpretó todo y se fue antes de que yo le explicara. Él se lo contó a Tamara y a Rosalie, la que ahora es su esposa. Ésta última se indignó y se lo dijo a Isabella, ella se puso mal y entró en labor de parto…

-Espera, espera, espera… - Edward se levantó del sofá y comenzó a caminar por toda la sala. Se detuvo a mirarla antes de continuar-. Eso fue hace siete años… ¿sus hijos tienen esa edad?

-Sí, Edward, Fred y Charlie tienen siete años, nacieron el cinco de junio, ocho meses después de que te fuiste…

-Eso quiere decir que…

-Sí, Edward, son mis nietos

-Y son mis…

-Sí, son tus hijos…

/

-¿Estás lista, cariño?- le preguntó Jasper Whitlock, su esposo, cuando estacionaron frente al restaurante Swan.

-No, no lo estoy. No podemos pedirle esto a Bella…

-Alice, tú la ayudaste a salir de su depresión con tus terapias, las cuales fueron sin costo alguno, debe estar agradecida contigo

-Pero eso no se compara a lo que yo voy a pedirle

-Se trata de la vida de nuestra hija, ¿no quieres salvarla?

-¡Claro que quiero!- exclamó-. Pero me pone nerviosa explicarle las razones por las que se lo estoy pidiendo. Yo sé que ella es generosa, pero hará preguntas…

-No tienes nada que temer, estaré contigo. Tenemos que agotar todas las posibilidades, nosotros no somos compatibles y no tiene hermanos…

-Espero que acepte hacerse los exámenes al menos- suspiró Alice-. Espero no herirla y no herir a Tamara, a ésta última le tengo demasiado aprecio, fui su terapeuta durante un tiempo

-No vas a herirlas, no le hiciste nada, tranquila…

-De acuerdo, bajaré

-¿No quieres que te acompañe?

-No, debo hacer esto sola…

-¿Segura?

-Sí, segura…

/

-Mis hijos…- Edward desvió la mirada del rostro de su madre y se topó con el portarretrato que estaba sobre la mesa de centro. En la fotografía aparecía ella con dos niños preciosos, de ojos y cabello oscuros, bastante parecidos a Isabella a excepción de la nariz, que definitivamente era la suya-. ¿Son ellos?

-Sí, querido…

- ¡¿Por qué no me dijiste nada?!- reclamó, enfadado-. Tengo dos hijos con… ¡no puede ser!

- ¿Podrías dejar de gritar? - lo reprendió Esme-. Tú tienes la culpa de no saber de ellos…

-Por supuesto que no, ¡me los ocultaron!

-Nadie te ocultó absolutamente nada- gruñó ella-. Tú nunca quisiste saber lo que ocurría con Isabella y ella, aunque tuviera todo el derecho del mundo, jamás me prohibió decirte algo

- ¿Entonces por qué nunca me lo dijiste?

-Porque cada vez que intentaba decírtelo, me colgabas. No querías saber nada de ella y un día me harté de que no escucharas lo que tenía para decir. Si vas a culpar a alguien, cúlpate a ti mismo…

-Maldita sea- masculló y se dejó caer en el sofá. Jaló su pelo, lo cual solía hacer cada que se sentía frustrado-. Tengo dos hijos…

-Y son lo mejor que me ha pasado, después de tu nacimiento. No voy a permitir que los dañes ni que hagas un escándalo…

Edward ignoró a su madre. Sus pensamientos se centraban en su adorada Isabella y aquellos niños tan parecidos a ella que algún día soñó tener. Volvió a levantarse del sofá.

-Tengo que ir a buscarla

-No, ahora no- lo detuve Esme cuando él intentó salir.

-Déjame ir, mamá. Necesito hablar con ella, explicarle todo, quiero recuperarla

-Es demasiado tarde para algo así- le contestó-. Ella ya no te ama

- ¿Está con alguien más? - preguntó su hijo con una mirada atemorizada.

-No, no está con alguien en este momento o no me lo ha dicho, pero el día que lo esté me alegraré mucho, merecer ser feliz, es una estupenda madre…

- ¿Cómo puedes decir que te alegraría? ¡eres mi madre!

-Y ella la madre de mis nietos y, por lo tanto, la quiero. Mi amor de madre no me ciega

-Tienes que ayudarme, mamá…

-¿A qué?

-Quiero… quiero casarme con ella

Lo miró con los ojos muy abiertos. Su hijo estaba loco, completamente loco.

/

-¡Alice!- exclamó Tamara al verla llegar-. Mucho tiempo sin verte, a mi hija le dará gusto…

-Sí- respondió ella-. También me dará gusto verla…

-Ven, te llevaré a la mesa que está junto a la ventana, como te gusta…

-En realidad no vengo a comer, aunque me encantaría. Vengo a buscar a Bella, ¿podría hablar con ella?

-Oh claro, por supuesto, ¿ocurre algo?

-Sí, es urgente que hable con ella, es algo muy importante

-De acuerdo, voy por ella- Tamara la miró algo confundida-. Puedes sentarte donde quieras…

-Sí, me sentaré por allá- señaló una mesa vacía que estaba cerca de la entrada.

Alice observó el restaurante al que no había ido desde su inauguración, tres años atrás. Era grato para ella ver que aun conservaban impecable el restaurante y aquellos sillones tan cómodos, por no hablar del agradable olor de la comida. El restaurante seguía ofreciendo aquel ambiente familiar que tanto la había enamorado la primera vez que entró.

-¿Querías verme?- le preguntó Isabella, parada a un lado de su mesa.

-Sí, Bella…- le contestó Alice con una sonrisa forzada debido a su situación.

-Me da muchísimo gusto verte- Isabella se inclinó y la saludó con un beso en la mejilla-. ¿Puedo sentarme?

-Por supuesto, necesito hablar contigo…

Isabella se sentó en el sillón del otro lado para quedar frente a ella.

-¿Y bien? ¿Pasa algo? ¿quedó un asunto pendiente en nuestras terapias?- bromeó Isabella.

-No, por supuesto que no. Tú recuperación fue exitosa, estoy encantada con los resultados que logramos durante el tiempo en que fui tu terapeuta

-Yo te agradezco muchísimo todo tu apoyo y comprensión, pero si no es eso lo que quieres decirme, ¿qué es entonces?

-Es un favor, un favor muy grande…

-Dime de que se trata…

-Mi hija tiene leucemia- aquellas palabras quemaban su garganta, deseaba no volverlas a pronunciar dentro de un tiempo.

-Oh, lo siento muchísimo, Alice- Isabella frunció el ceño-. ¿En qué puedo ayudarte? ¿Necesitas algún préstamo? No dudes

-No, es algo mucho más que eso. Mi hija necesita un transplante de médula, los padres de mi esposo fallecieron, mi madre no es compatible al igual que Jasper y yo. Nadie más de la familia quiso ayudarnos…

-Te ayudo encantada, Alice, pero… no sé si yo seré compatible, no soy su familiar…

-Te equivocas, Isabella, tú podrías llegar a ser compatible, eres su pariente…

-¿De… de qué estás hablando? ¿Por qué somos parientes? ¿tenemos en común a algún pariente?

-Somos más cercanas de lo que crees. Si mi hija no estuviera en peligro, no vendría a decírtelo, no te habrías enterado jamás- su pulso se aceleró. Tendría que confesárselo, tenía que hacer ese sacrificio por su hija.

En ese momento se escuchó un estruendoso ruido proveniente de la cocina. De ésta salió presuroso un hombre castaño y de ojos verdes al que ella recordaba muy bien por las fotos que su madre le había mostrado. Detrás de él un hombre alto, una rubia y Tamara.

-No… no puede ser- susurró Alice, abriendo los ojos como platos. Él estaba vivo, no podía ser cierto.

-Discúlpame, Bella, tengo que irme- dijo Alice antes de levantarse e irse del restaurante sin detenerse ante el llamado de Isabella. Su esposo la esperaba en el auto, mirándola esperanzado.

-¿Qué pasó? ¿aceptó?

-No se lo dije, sucedió algo

-¿Qué?

-Él está vivo, Jasper…- miró a su esposo con lágrimas en los ojos.

-¿Quién está vivo?

-Mi padre, mi padre está vivo…


Hola de nuevo! espero que les guste el capítulo. Parece que aun no acaba la historia de Charlie jajaja.

Gracias por leerme y dejar sus comentarios :D me anima mucho leerlos :) (aunque la mayoría son para expresarle odio a Edward jajajaja)

El que Edward siga amando a Bella no significa que ella vaya a correr a sus brazos, eso es todo lo que tengo que decir.

Saludos! Nos vemos en el siguiente capítulo :)