Leer las notas finales, son importantes para la historia.


Consecuencias


Capitulo 7


Katsuki recuerda claramente cuando a los cuatro años le leyeron en el preescolar la primera historia que había oído sobre predestinados. Trataba sobre una omega, que era obligada a casarse con un alfa mayor para salvar a su familia del destierro, pero ella terminaba irremediablemente enamorada de un beta campesino, que al final resultaba ser su alfa predestinado, amo y señor de todas las tierras del cuento. Historia por demás cliché, pero que a los cuatro años había emocionado a muchos del salón abejitas, dejándoles fantasear con ser aquel alfa u omega.

A los cuatro años, nadie tenía claro el concepto de ser predestinados, ni mucho menos, de lo terrible que podía significar ser alfa u omega.

Porque no eran solo los omegas quienes sufrían. Los alfas, en menor medida y a su manera, también. Katsuki había llevado a cuestas la obligación de ser uno. Viniendo de una larga línea de alfas y de padre omega, no había opción a que fuera lo contrario. Los omegas machos emparejados con alfas, solo engendraban en sus vientres a otros alfas. Aun con las complicaciones que tenían para embarazarse y dar a luz, eran deseados por esta particularidad.

Mitsuki, su madre, no era predestinada con Masaru, su padre; por lo que Katsuki nunca vio este amor incondicional del que hablaban los cuentos en casa. Sus padres se querían, sí, pero no encontraba diferencia de ese amor con el que los betas expresaban.

Masaru era dócil y gentil, siempre tenia palabras de aliento para él y le protegía si sentía que su único hijo temía algo. Mitsuki era lo contrario. Ella había sido educada bajo los estándares de lo que un alfa debía de ser y por ende, educó a Katsuki bajo el mismo molde. Desde muy pequeño fue implacable con él, le enseñó lo superior que podría llegar a ser un alfa y lo necesario para lograrlo.

Un alfa no lloraba, no importaba la situación; llorar era muestra de debilidad y un alfa era fuerte, ellos trasformaban el llanto en guerra. Un alfa no tenía miedo, eran ellos quienes influían miedo. Un alfa actuaba con prudencia y rectitud, para nunca errar y disculparse.

Porque los alfas eran exitosos, perfectos y estaban en la cima.

– Estas destinado al éxito, Katsuki.

Sí, él lo sentía así.

Su ego, su carácter, toda su personalidad había sido moldeado desde pequeño para ser un alfa poderoso.

Y un alfa no creía en estupideces de predestinados.

Oh no.

Ellos tomaban ventaja del omega que les dejaba tomarlo y se casaban con quien se daba su lugar. Los englobaban fácilmente en dos grupos como si de cosas se trataran, siendo el primero, aquellos que no ocultaban sus feromonas con supresores o cuidaban su cuello. Y los del segundo, aquellos que se hacían respetar y usaban sus collarines negros, tomaban supresores incluso cuando no estaban en celo, buscando camuflar su aroma de sus opuestos.

Él nunca había sentido las feromonas de su padre en todo su esplendor, lo cual le llevaba a entender el porqué su madre le había elegido a él.

Por ello, esa tarde que sucedió el incidente con Deku, no le dio muchas vueltas al asunto. La pequeña mierda era un omega que no usaba collar y asistía a una escuela junto a alfas, si bien, aun era temprano para que alguno de ellos experimentara el celo, el hecho de que se expusiera así de libre en la escuela, era como si pidiera que le hicieran algo.

Deku era del primer tipo de omegas.

Para pasar el rato.

Y Katsuki se aseguro de pasar un buen rato a su lado.

Algo que nunca esperó y nunca contó, fue la angustia que sintió los días posteriores a ese, en los que Deku ya no estaba. El omega del infierno había desaparecido y eso le inquietaba, volviéndolo más agresivo y con un humor del demonio.

En ese instante, le resto importancia. Creyendo que era algo normal en un alfa joven que acababa de experimentar el primer celo y tenia las hormonas hechas un loquerio.

Ahora entendía que esas sensaciones que le acompañaron por semanas, eran lo que se conoce como una ruptura. Su cuerpo había cortado todo lazo con su omega predestinado y en busca de calmar el dolor, había bloqueado recuerdos, que fueron desenterrados luego de la dichosa entrevista a sus compañeros de escuela.

Una prueba más del innegable vínculo que tenía con ese destino.

– Con una mierda.

Rasca su cabello cenizo, desordenándolo. Aun le quedaba un día de descanso y era incapaz de dormir nuevamente o concentrarse en ver alguna película. Las revelaciones de Deku como su omega le habían dejado inquieto y que la pequeña mierda le abrazara de imprevisto, le había bajado la guardia. Ese simple toque había calmando todo el cumulo de emociones y sensaciones dentro suyo, sin embargo, Izuku se había apartado de golpe y reingresado a la cafetería sin decir nada, dejándole con las feromonas alborotadas y un malestar en la boca del estomago.

Katsuki no había podido seguirlo a hablar con él sobre su nuevo descubrimiento.

Porque tenia prohibido ingresar a la cafetería de All Might.

Porque prometió a Deku permanecer lejos.

Porque era un alfa y los alfas, no iban tras omegas, sino al revés.

Bufa fuerte, tirando su cabeza hacia atrás, retozando en el respaldo de su sofá.

– No importa a donde vayan o cuanto huyan del otro, el destino siempre terminara por unirlos.

El destino era una perra por hacer eso.

Habian sido seis años de perfecta paz y armonía en su vida. No había tenido más inconvenientes que las conversaciones de Kirishima, su madre llamándolo cada que se acordaba y uno que otro villano que le reventaba las bolas. Hasta que Deku llegó como un remolino a desestabilizar los cimientos de su vida con el pequeño engendro que tenía por hija.

El sonido del timbre lo saca de sus cavilaciones y gruñe, incomodo del pitido agudo. Suena una vez. Dos veces.

Tescuatrocinco…

– ¡YA VOY! – Grita a quien sea que fuera – con una-maldita-mierda. – parafrasea en su camino, sintiendo el aroma de esa persona traspasar la madera antes de abrirla.

– ¡Bro! No me avisaste que habías salido del hospital – Kirishima ingresa al apartamento sin pedir permiso o esperar invitación – Si no es porque somos vecinos no me entero nunca. – El pelirojo se acomoda en el sofá mientras Katsuki recorre su andar con la mirada. – ¿Por qué esta todo apagado y las cortinas cerradas?

– Ya cállate – refunfuña, molesto por la invasión a su privacidad.

Kirishima toma asiento en el sofá en total oscuridad. No ve el rostro de su amigo, pero por el tono de voz y aroma, sabe que esta de mal humor. Que bien podría ser su estado de ánimo estándar.

Hace silencio en lo que ve a Katsuki acomodarse al otro extremo del sofá y cubrir sus ojos con el antebrazo. Sonríe a oscuras. Su Katsubro esta bien. O al menos, sano físicamente. Aun no sabe que tanto sea en lo emocional, sin embargo, le resta importancia por unos segundos en los que le observa quieto, en la misma posición.

Al menos estás vivo, piensa, mas no por eso se siente relajado. Espera paciente la ola de reclamos que de seguro le lloverá encima por haber hablado de más con Recovery girl y Iida.

Espera.

Y sigue esperando.

Mas el reclamo nunca llega.

Tamborilea los dedos sobre sus muslos, inquieto de la extraña tranquilidad que se ha formado en el ambiente. Es algo asfixiante y se pregunta, si aquello no solo es el preámbulo al ataque de histeria de su amigo. Le observa de soslayo y oye su respiración pausada, casi como si durmiera, pero por el movimiento leve de su pie izquierdo, sabe que esta despierto.

Kirishima traga hondo.

Aun si Katsuki ve con malos ojos lo que hizo, no puede culparlo por hacerlo y esta dispuesto a defenderse excusándose todo lo que sea necesario. Porque Bakugou esta vivo. Y lo está, gracias a su gran bocota.

Suspira.

– Lo siento. – termina por romper el silencio. Katsuki baja el brazo y le observa fijo el perfil. – No quería contárselo a nadie, pero Recovery girl insistió y no podía dejar que murieras – se excusa rápido – ¡Oh! Y Iida prometió no decir nada. Lo juró por su hermano.

– Ya olvídalo.

El pelirojo parpadea. Le mira y no ve atisbo de molestia en su rostro.

Se pellizca disimuladamente.

Definitivamente debe ser un sueño.

– ¿E-en serio? …Digo… ¿No estás molesto por eso?

– No – vuelve a cubrir sus ojos– Pero me voy a molestar como no cierras el hocico.

Respira suave.

Katsuki odia que el idiota de pelos de mierda haya hablado sobre él como le venga en gana con otros. Empero, no puede ser injusto y molestarse por ello. Quiera o no, esa información había servido para estabilizarlo y de no haber sido por Eijiro, él no estaría ahí en ese momento.

– Y… ¿Ya hablaste con él?

– ¿Hablar de qué?

– De que son predestinados.

Suspira largo.

Al igual que Kirishima, asume que Deku ya lo sabe. No hay otra manera en que Tenya hubiera logrado hacerle ir al hospital. Sin embargo, no le ha enfrentado ni tiene intensiones inmediatas de hacerlo, porque en el fondo, teme la respuesta que pueda recibir.

Es decir, según los relatos que ha leído de pequeño, siempre es el omega quien se ilusiona con ello y sienten ese lazo del destino más fuerte. Lo cual es entendible, porque ellos son más sensibles en todos los aspectos emocional y ciertamente, alguna vez vio a Deku de esa manera. Un omega risueño, llorón y tímido. Incluso a veces, le había recordado a su propio padre.

Pero Deku había cambiado drásticamente y ya no era aquel mocoso de ojos brillantes y atrapante olor a menta y primavera.

Izuku era un omega hostil que no hacia más que alejarlo.

– Prometí no acercarme más a él.

La respuesta toma a Kirishima por sorpresa. Bakugou es rudo y muchas veces tiene el comportamiento de un hombre de las cavernas, pero siempre cumple lo que promete, aunque en este caso, no seria de sorprenderse que la rompa. Porque ser predestinados era cosa seria y de cumplir su palabra, las cosas no saldrían tan bien como quisiera.

De hecho, saldrían bastante mal, como ya lo habían hecho hace poco y esto…

¡UN MOMENTO!

– Espera ¿Hace cuanto prometiste eso? ¿Fue cuando te enviamos a disculparte?

El cenizo calla y el silencio otorga la respuesta que Kirishima necesita.

Traga duro, casi raspando su garganta al corroborar lo que cree.

Sí Katsuki se ha mantenido alejado del omega y su venida abajo se dio a causa de ello, no habrá que esperar mucho antes de que nuevamente recaiga en ese estado y todo se torne en una espiral. O peor aun, que llegue el momento en el que el omega ya no quiera ayudarlo. Apoya los codos en sus rodillas, con las manos debajo de su nariz, pensando. Ya no es una fantasía el ser predestinados como lo era antes, así como tampoco lo es, que una pareja de estas se separe. Pero el método es complejo, ya que si el vinculo se rompe, la pareja debe distanciarse lo suficiente como para que el instinto de ambos olvide al otro.

Tal y como paso con ellos la primera vez. De lo contrario, la fatalidad esta destinada a pasar.

A no ser…

–…Tu hija… – murmura para si mismo, como quien ha hallado la respuesta a un problema universal. De hecho, es lo que acaba de hacer, Kirishima tiene la solución. Gira y toma al cenizo de los hombros, sacudiéndolo – ¡Necesitas a tu hija!

– ¡Carajo! ¡Ya lo sé! – Le empuja – No soy estúpido como tú.

Ambos alfas se miran.

Katsuki sabe a lo que Kirishima se refiere. El hijo entre un alfa y omega, desprende feromonas solo perceptibles para sus padres y que compatibiliza a la perfección con los aromas de ellos. Y es que la naturaleza es sabia y ha previsto la supervivencia de ellos en caso uno falte. Asi que, si un omega llegase a quedar sin su alfa, el hijo que hay entre ambos tiene el aroma suficiente para calmar el estrés generado en la madre. Lo mismo sucede en sentido contrario.

Y Katsuki necesita a Mizuki a su lado si no quiere volver a pasar por ese desgaste físico que ya ocasionó una vez el estrés y ansiedad en él.

– Bien. Dame su número. – Katsuki enarca una ceja. – Tengo una idea, pero necesito hacerlo yo, así que dame su número.

– ...

– Blasty.

– No lo tengo.

– ¡Mentira! Le has investigado, Uraraka me lo dijo – Katsuki refunfuña maldiciones. La estúpida cara redonda no podía mantener la boca cerrada. – Dame tu teléfono.

Le mira con el entrecejo junto, pensándolo y lo cierto es, que Kirishima tiene pareja y él no, por lo que algo bueno de haber hecho para que Mina saliera con él.

Bufa molesto y termina por entregarle el móvil.

Kirishima no pierde tiempo y entra a sus contactos. Recuerda que llama al omega Deku y sabe que esta en lo correcto cuando lo haya en la letra D.

[19:11 hrs] xxx-xxx-987.: "Podemos hablar?"

[19:17 hrs] Deku.: "Quien eres?"

Katsuki le mira de soslayo. Ceño fruncido.

Eijiro le sonríe, disculpando la estupidez. No es como que haya optenido ese numero de una manera legal, por lo que el omega no tiene idea de que es el cenizo quien escribe.

[19:17 hrs] xxx -xxx-987.: "Katsuki"

Izuku parpadea sorprendido.

¿Cómo tenia su número?

¿Hasta que punto le había investigado?

[19:20 hrs] Deku.: "No tenemos nada de que hablar"

[19:21 hrs] xxx -xxx-987.: "Es sobre Mizuki"

[19:21 hrs] xxx -xxx-987.: "Se que prometí no acercarme"

[19:22 hrs] xxx -xxx-987.: "Pero en verdad quisiera verla"

[19:22 hrs] xxx -xxx-987.: "Necesito hacerlo"

[19:22 hrs] xxx -xxx-987.: "No importa si es bajo tus condiciones."

Katsuki golpea en la nuca al otro alfa.

– ¡¿Qué mierda fue eso?!

– ¿Quieres ver a tu hija o no? – El cenizo chasquea la lengua y se gira, haciéndose el desentendido de lo que escribe, piensa que de esa manera, la vergüenza sera menor – así esta mejor.

[19:24 hrs] xxx -xxx-987.: "Por favor"

Izuku observa el mensaje en la pantalla, algo incrédulo de lo que lee y da por hecho de que ese no es Katsuki.

O quizás sí.

Predestinados.

Presiona el móvil en su mano.

Entiende porque el alfa quiere ver a su hija, pero esperaba que se tardara un poco más en relacionar las cosas o si quiera, en aceptar que eran predestinados. Total, era un alfa y ellos no se andaban creyendo cursilerías de novelas románticas. Menos Katsuki, que nunca prestaba atención a los cuentos que les leían en el preescolar.

Observa a su izquierda sigilosamente, Hitoshi se encuentra sentado a su lado en aquel banco de madera, ensimismado, vigilando a Mizuki que juega con otros niños en el parque. Izuku simula hacer lo mismo y de soslayo, relee los mensajes.

Y le vuelve a sonar a lo mismo.

Predestinados.

Hasta hace unos años atrás, ser predestinado no era más que un mito, romantizado por telenovelas y libros de amor. Para muchos, aun seguía siendo así y constantemente se abrían debates en programas televisivos sobre ello. Pero para Izuku, esa atracción era tan real como él mismo o su hija. Luego de que Shinso-san le dijera que el problema de su celo adelantado se debía en un 90% a la presencia de su alfa destinado, él había avocado todo su ser en recabar información acerca del tema. Habia le dio informes científicos, novelas basadas en hechos reales e incluso, historias verdaderas que pululaban por Internet. Todo era valido con tal de saber la verdad. De poder aclararle al doctor, y a él mismo, que Katsuki no era su predestinado o, caso contrario, que aquello de ser predestinados era un mito sin fundamentos.

La verdad le golpeó tan fuerte que se sintió desmoronar.

El rompecabezas de su vida se armó solo, mientras leía los párrafos. Las historias que ahí se contaban bajo sustento científico, eran increíbles y tan retorcidas que le estrujaba las viseras. Omegas de once años padeciendo de su celo a causa de la cercanía del alfa predestinado. Otros de doce años, dando a luz a un bebe cuando sus cuerpos aun se encontraban desarrollándose. Entre los relatos reales, se encontraban los románticos con finales de pesudo-superacion. "Pesudo", porque eso estaba lejos de ser superado. Izuku leía incrédulo como una persona abusada, podía haberse emparejado con ese alfa y llevar una vida "feliz", como si el instinto y un "mito" pusieran en su ADN amor por alguien que apenas conocían.

Alguien que les había causado sufrimiento.

Pero ahí no quedaba todo.

Lo peor estaba por manifestarse en él mismo cuando algunas noches más tarde, mientras sentía las pataditas de Mizuki dentro de él, empezó a añorar el aroma a neroli cerca. Como un antojo tan fuerte, que despertaba de madrugada, ansioso y con el llanto en la garganta por no tenerlo cerca. Otras, soñaba con Katsuki, no como la bestia que abuso de él, sino como el alfa amoroso que su omega interior le pedía tener a su lado.

Entonces, entendió que el instinto muchas veces no correspondía a aquello que se quería, y si quería diferenciarse de esos omegas de los que había leído, debía hacerlo a su manera. Izuku no pretendía dejarse dominar por un instinto tan básico como un animal, él era fuerte, no en vano había querido ser un héroe. Tomó una libreta de las tantas que tenia y escribió uno a uno todos los tomentosos momentos que Katsuki le había hecho pasar.

Si su cuerpo tenía la necesidad de tener a ese alfa cerca, él haría que el desprecio en su mente fuera tan fuerte como para opacar al instinto.

El odio y desarraigo hacia su alfa, seria por convicción propia.

– ¿Del trabajo? – inquiere Hitoshi, haciendo mención tacita al mensaje en la pantalla del móvil.

Midoriya se gira rápido observándole e intenta inventar una escusa o asentir a su pregunta, mas no puede. Nunca ha sido bueno en mentir, menos a Hitoshi. Esconde la mirada bajo los rizos verdosos, avergonzado de lo que va a decir.

– Katsuki.

Silencio.

Oye la risa de Mizuki en los juegos, fingiendo luchar contra los otros niños que están en el parque. Siente la respiración pausada de Hitoshi a su lado y le observa tímido, por entre sus risos, pero el beta sigue con la vista fija en su hija.

Izuku sonríe leve de ver esa imagen. No quiere romper el momento, pero necesita de alguien que le aconseje que hacer.

Inhala profundo y lo suelta.

– Quiere ver a Mizuki.

– ¿Y le vas a dejar?

– No lo sé – duda.

Aun tiene presente la última vez que lo vio y se le colgó del cuello abrazándolo. Aquello no se lo ha contado Hitoshi, no entendería su reacción y terminaría en un interrogatorio que la vergüenza no le dejaría responder. De hecho, ya lo había pasado con Yagi-san y Kouta, quienes intentaron tocar el tema la mañana siguiente e Izuku cambió la conversación, dejando en claro que ese tema no se tocaba.

Porque al fin y al cabo, era solo instinto, no había mucho que explicar ni nada que aclarar.

– Pensé que tu plan era huir.

– ¡Lo es! – Exclama fuerte, queriendo sonar convincente para ambos – es solo que…

Es solo que… ¿Qué?, se pregunta, incrédulo de que se este poniendo peros él mismo. Pero –una vez más- no sabe como proceder. Sí, quiere a Mizuki lejos de él, pero de hacerlo, estaría condenando a Katsuki a una muerte segura con el trabajo que tiene. Por otro lado, si huye, todo se solucionaría; sin embargo, cómo explicarle eso a al cenizo.

No es como que fuera a decirle "no puedes ver a tu hija, pero no te preocupes porque me iré pronto y ya no vas a pasar por eso otra vez."

¡Ja!

Que hermoso seria si todo se solucionara así de simple.

Hitoshi le mira impávido, como escudriñando dentro suyo. Izuku a veces cree que su quirk no se limita a lavar el cerebro, sino a leerlo.

– Siempre le quisiste lejos de ella. Incluso dudaste de venir a Tokio por miedo a que se cruzaran.

El omega agacha la cerviz.

Recuerda de forma tan vivida las tres veces en las que se negó a ir con él, argumentando que quería mantener a Mizuki alejada del alfa y ahora estaba ahí, dudando sobre que hacer.

– En lo personal, no creo que sea un mal padre – Izuku eleva la vista rápido, con el ceño levemente fruncido al ver que su amigo casi le esta defendiendo. – Según tengo entendido, ha querido hacerse cargo de ella. Que sea un patán contigo, no quiere decir que lo vaya a ser con su hija y Mizuki siempre le ha admirado.

– Te admira más a ti – susurra.

– También a ti. – Hitoshi le sonríe con languidez y él se sonroja leve – Por otro lado, si tú idea es huir de él, lo mejor seria mantener los ánimos calmados hasta que te vayas, ¿no crees? – El pecoso asiente – Acuerda un horario favorable para ti con él y recuerda, que él es un héroe y tiene más que perder si hace algo extraño.

Izuku presiona su labio inferior entre el pulgar y anular, meditando entre murmullos el consejo de su amigo. Y es que tiene sentido, Katsuki ha querido hacerse cargo de Mizuku, incluso All Might se lo había mencionando, recalcando que aquello era un derecho adquirido de su hija. Sin embargo, estaba el hecho del instinto, que si bien este llevaba a un alfa a proteger sus hijos, también los volvía violentos. El pecoso había leído casos en que alfas, habían atacado a sus propia descendencia por el rechazo de sus omegas.

Y es que en el fondo, eran animales movidos por algo más fuerte que la razón. E Izuku temia, por su hija y por Katsuki.

Sus murmullos se ven callados por una mano que revuelve sus cabellos. El omega observa a su lado, Hitoshi tiene la mano enredada entre sus risos, desordenándolos. Izuku deja de lado un momento aquellos pensamientos angustiantes y suelta una risilla boba, en tanto intenta alejar la mano sin éxito. Tampoco le pone mucho empeño. Es un juego entre ambos y le hace feliz tener esas pequeñas muestras de afecto de su amigo.

Le hace sentir que aun tiene una familia.

Shinso era serio, su rostro escasa vez mostraba algún gesto y sin embargo, siempre habia sabido como mejorarle el estado de ánimo. Incluso con Mizuki, sabe lidiar con ella mejor que él y rara vez usa su quirk para manipularla.

Cuando el beta baja la mano, Midoriya le sostiene del brazo pegándose a su lado y frota sus mejillas en él. Hitoshi bufa divertido, sintiendo como los rizos del pequeño le hacen cosquillas en la barbilla, inconsciente de lo que la acción del menor significa.

Izuku esta dejando sus feromonas impregnadas en él.

Es la forma en la que los omegas marcan su territorio.

La manera en la que ellos reclaman a alguien como suyo.

[20:57 hrs] Deku.: "Puedes pasar por ella mañana después de la escuela y entregármela en el café a la hora de mi salida."

– Dos horas después – recalca el tiempo mientras observa el mensaje y maldice que no este pelos de mierda que conteste por él.

Debe darle crédito de que hizo aceptar la proposición a Deku, aunque a este le haya valido un carajo su horario o que tenga que trabajar. Quiere ver a su hija, sí, pero en su tiempo libre.

[20:59 hrs] xxx -xxx-987.: "A esa hora trabajo"

[21:00hrs] xxx -xxx-987.: "Puedo el domingo que es mi día libre"

[21:05hrs] Deku.: "Podría ser nunca"

Katsuki gruñe ante tan engreída respuesta y tiene que soltar el teléfono por que siente que va a hacerlo estallar de la rabia.

Bufa irritado.

Y vuelve a tomar el móvil. Ya pensaría como devolverle esa al estúpido Deku.

[21:10hrs] xxx -xxx-987.: "Mañana paso por ella"

Camina de un lado a otro, cual animal enjaulado, meditando en las cosas que puede decir y las que no.

Abre y cierra los puños, inquieto por esas palabras.

Observa la puerta a un lado de él y maldice. Tenia que estar jodidamente mal de la cabeza por haber aceptado con tanta pasividad la oferta de Deku y no solo eso, por estar ahí, fuera de la oficina de Todoinutil pensando en que palabras guardarse para no hablar de más sobre Mizuki.

Chasquea con fastidio, finalmente, y gira la perilla de la puerta sin anunciarse.

– Se toca antes de entrar.

– Ni que estuvieras haciendo algo importante. – Escupe la respuesta tras verlo en su escritorio con el móvil entre las manos.

– Espero que sea importante – deja de lado el móvil. Apoya los codos en el escritorio, con la barbilla apoyada en sus manos, y le observa.

Katsuki vuelve a meditar sus palabras. Puede decir que Mizuki es una pariente lejana a la que debe de cuidar ese día o alguna idiotez que se le parezca con tal de no revelar que es su hija. Entonces, piensa un poco más allá de esa escusa.

Porque no puede decirle la verdad al bastardo de en frente, puesto que esto acarrearía una serie de preguntas nada favorables para él.

¿Pero y Mizuki?

¿Es que ella nunca había preguntado por su otro padre?

Hasta ahora no se había puesto a meditar en ello. Y es que si Mizuki había preguntado en algún momento por él, Deku habría tenido que cubrirlo con alguna mentira.

¿Qué mentira habría dicho?

– Bakugou, no tengo todo el día.

– Tsk. Tengo que salir por unos quince minutos en una hora.

– ¿Por qué?

– Debo recoger un paquete.

– Podrías hacerlo en tu día libre, es en…– Shouto observa el calendario en su escritorio, en donde esta apuntado todo lo necesario sobre los héroes de su agencia. Enarca una ceja. – Se supone que hoy es tu descanso por tu ciclo.

Y ahora es Katsuki quien enarca una ceja, con el ceño fruncido y confundido. Saca el móvil de su bolsillo para verificarlo. No es que sea irregular o no sepa el día exacto de su celo, es solo que nunca ha tenido interés por memorizar dos estúpidas fechas del año, cuando por lo general, su cuerpo es quien le avisa unos días antes de lo inminente. Busca en el calendario en el que lleva la fecha de su ciclo y se pasma al ver que es cierto.

Su celo no ha llegado.

Y es extraño, porque durante seis años nunca se ha atrasado.

– Te doy permiso de ir donde Recovery girl a que te tome una muestra de sangre. De camino puedes recoger aquel paquete.

Aun con algo de desconcierto, acepta la propuesta. Aunque no le viene en gracia tener que ir a un hospital. Odia esos lugares con olor a pino y desinfectante, pero sabe que es necesario. Un héroe con un ciclo irregular es un peligro para sus compañeros y las propias personas que salvaría.

Da la espalda al heterocromático, dispuesto a salir de la oficina. Toma la puerta por el pomo y cuando está medio paso afuera, le observa por sobre el hombro.

Todavía faltaba el anuncio más importante.

– Por cierto, voy a traer a una niña a la oficina.

Y cierra la puerta.

Huyendo de las preguntas que a esa frase perecederan.

Usualmente, Katsuki, se siente orgulloso de su porte de alfa. De héroe. Con sus casi dos metros de estatura, espalda ancha, brazos fornidos, no hay villano que quiera enfrentarle, sin embargo, si personas que se le acercan. Y la sala de espera del preescolar de su hija, se vuelve un caldo de cultivo de feromonas cuando omegas esperan a sus hijos con él presente.

Katsuki es un alfa que difícilmente se encuentra atraído por las feromonas y usualmente las ignora con excelencia, pero de un momento a otro siente que sus fosas nasales se han vuelto muy susceptibles a este olor y capta rápidamente los aromas de otros.

Por ejemplo, el de Deku. Su nariz le indicaba que ese omega olía a primavera y ¿Quién carajos sabe a que huele la primavera? Nadie, pero si su nariz, secundada por ese sexto sentido que posee su especie, le indicaban ello, debía serlo. Así como le indicaban lo desagradable que era el aroma en esa habitación, que casi rozaba lo nauseabundo. Imagina que así se deben sentir las personas embarazadas cuando hasta el mismo aire les da asco.

Presiona su nariz de tanto en tanto, queriendo limpiarla de la suciedad que ingresa por ella, mientras espera que el timbre de salida suene y pueda ir por la mocosa de su hija.

– Disculpe, ¿Usted es Ground zero? – pregunta una omega.

No, el hada de los dientes, se tienta a decir, viendo que trae el traje puesto y aun asi le pregunta aquello. Mas no lo hace, solo asiente.

– ¿Podría tomarme una foto con usted? Mi esposo es su admirador.

Katsuki blanquea los ojos y termina por aceptar. Dos años como pro héroe, le han hecho aprender que aquello es también parte del trabajo. Aunque nunca sonríe en esas estúpidas fotos, ni trata de lucir bien, menos cuando es un omega sin tino que se le pega al brazo.

Siente que su quirk le va a hacer implorar con las feromonas asquerosas que tiene tan cerca, pero entonces suena el timbre de salida y puede apartar a la omega rápido y entrar al aula por Mizuki. Ignora a los mocosos que se emocionan al verle y toma a la pequeña en un brazo, su mochila rosa con orejas en el otro y sale de ahí más rápido que inmediato.

Mizuki se retuerce entre su brazo, queriendo zafarse, empero Katsuki ignora sus esfuerzo y se centra en llegar rápido a la agencia. Respira hondo. Atosiga sus pulmones del aroma que expele la pequeña. Es Izuku, en una menor dosis, pero le calma el fuego que es su cuerpo por dentro cuando no le huele cerca.

Así que, le resta importancia al chillido agudo que hace su hija y continúa su camino, casi como si estuviera drogado por el olor.

– wow wow wow… Es el día de traer a tu hija al trabajo ¿O qué?

Katsuki se queda de piedra cuando oye esa frase. Observa a Mina que le mira entrar, apoyada en el escritorio de Kirishima. El pelirrojo no hace ni ademan de girarse a verle, por lo que el cenizo deduce, que alguien abrió su bocota nuevamente.

– ¿No deberías estar haciendo tu ronda con cara redonda?

– Ochako fue sola porque la cubrí el otro día.

– ¡Alien Queen! – Grita Mizuki entre su brazo, zafándose del agarre e intentando correr hacia la chica rosada.

– ¡Ah, no! – el alfa la sujeta del cuello de su uniforme. Alzándola hasta el sofá de descanso, a un lado de sus escritorios, en donde la sienta – Tú te quedas acá tranquila, sin joder al resto.

Mizuki entrejunta las cejas. Molesta por la forma en la que le habla, porque su padre nunca usa esas palabras en ella. Esta por contestar algo tan impertinente como lo ha hecho el héroe, pero en eso, su estomago ruge y la calla.

– ¿Tienes hambre?

– No – dice en un puchero, cruzándose de brazos.

Y nuevamente ruge su estomago.

Claro que tiene hambre, es hora de almuerzo y debería estar comiendo junto a All Might, Kouta y su papá. Pero no, esta ahí, con un héroe que le habla feo y no entiende por que.

El mayor camina hacia su escritorio, abre un cajón sacando algo de ahí y regresa junto a la niña. Le entrega una bolsa plástica que contiene dentro un sándwich. Es su reserva en caso el almuerzo no le llene y olvido que su hija es un ser humano que debe alimentarse y no le trajo nada.

La pequeña observa el sándwich en su regazo y se pregunta hace cuanto habrá estado guardado en ese cajón. Lo coge y deja a un lado del sofá.

– ¿No te gustan los sándwiches de jamón y queso?

– No me gustas tú.

Inhala.

Exhala.

– Bien – dice con la molestia controlada y tratando de usar las palabras adecuadas – ¿Qué puedo hacer para gustarte?

– Desaparecer.

Bufa cansado.

No pretende hacer explotar a su hija en horario laboral. Menos cuando solo son unas cuantas horas antes de entregársela a Deku y que ya sea problema suyo.

– Quédate acá, todos están trabajando así que no los molestes. – Repite la advertencia, volviendo a su escritorio.

El Deku que él conocía, era una persona diligente, obediente, algo sumisa y es increíble, que su hija no logre ser así y tenga ese carácter tan imposible.

Chasque al aire.

En fin. No es como que le importe demasiado. Necesita a la mocosa para un fin en específico, que es calmar a su alfa interior y con berrinches y todo, tenerla ahí cerca, le ayuda bastante. Por lo que no se va a hacer problemas. Si no quiere comer el estúpido sándwich, que no lo coma. Total, no va a ser él quien se muera de hambre.

Coge su silla del respaldar, tira de ella, dejando espacio suficiente para entrar al escritorio y sentarse. Y es cuando esta por tocar el fino acolchado de su asiento, que no lo siente bajo él y se va de lleno al suelo. La caída retumba en todo el piso y la risa chillona de la menor no tarda es sonar.

– ¿Te caíste? – pregunta Kirishima extendiéndole una mano.

– ¡NO IDIOTA, ASÍ ME SIENTO!

El pelirojo quita su mano, al ver que su bro se esta poniendo de pie solo. Observa a la pequeña ceniza en el sofá y de inmediato, la niña mira hacia otro lado, evadiendole.

Y es que Kirishima ha visto todo.

TODO.

Desde que Bakugou iba a sentarse, hasta el extraño movimiento que hizo la pequeña con sus manos y la silla se moviera hacia atrás.

¿No se suponía que su quirk era el de explosión?

¿Y que su padre era quirkless?

Las horas pasan y Mizuki empieza a aburrirse.

Ya comió el sándwich que Ground zero le dio. No sabia mal, pero no permitió que su rostro expresara lo contrario mientras lo hacia.

Observa al héroe de las explosiones, que se ve enteramente concentrado en los papeles de su escritorio y Mizuki cree que mientras él no la vea, está bien ir por ahí libre. Gatea entre los escritorio con sigilo. Viendo a unos pocos héroes en ellos. Es la primera vez que ingresa a una agencia de héroes e imaginaba que seria más genial y no tan aburrida.

Se hace paso entre los pasillos que forma el mobiliario y ve a Red riot en uno de esos escritorios. Le observa desde abajo, recuerda que su papá le ha leído una vez su ficha técnica, la que le vino junto a su álbum de héroes y se pregunta que tan fuerte puede llegar a ser su quirk de endurecimiento y si este soportaría las explosiones del suyo.

Mizuku observa su traje, el cual es muy descubierto, pero genial. Le agrada esa especie de mascarilla negra que trae en el rostro y hace contraste con su cabello rojo. La pequeña se encuentra sumida en sus cavilaciones, cuando nota que el héroe le esta mira también y ella no es tan invisible como se creía.

Eijiro le sonríe.

Ella se sonroja y sale gateando de ahí, de regreso al sofá.

Toma asiento y coge su muñeco de Shouto. Ella quería el de Ground zero, mas estaba agotado cuando su papá fue a comprarlo. Aunque ahora que lo conoce, no esta segura de si seguir queriéndolo. No es de un héroe hacer llorar a las personas, y él hizo llorar a su papá.

Mizuki nunca lo había visto llorar. Ni siquiera cuando la abuela murió y si lo hizo, no fue en presencia de ella. Su papá siempre se mostraba fuerte y valeroso frente a ella y a ella le gustaba aquello. Aunque ahora que había despertado su quirk, ya no tendría porque ser así.

Ella estaba para defenderlo.

Mira sus pequeñas manos, que han empezado a formar callosidades a causa de su quirk.

Recuerda que una vez su padre le comentó que el quirk de su abuelo era el de respirar fuego. El de la abuela ella misma lo había visto, atraía pequeños objetos a si misma. Mizuki asume que ha sacado un poco de ambos, salvo algunas modificaciones. Porque ella relaciona sus explosiones, con la particularidad de su abuelo, y el poder mover objetos, con el de su abuela. Aunque este ultimo, lo ha descubierto recién hace poco.

Y no estaba segura de que fuera ella la que movía las cosas o si era el viento a su paso.

Mover la silla de Katsuki, había sido un experimento que había terminado por confirmárselo.

– Ohhh.

Mizuki gira hacia la derecha, luego de oir el largo suspiro de sorpresa. Sonríe de forma inconsciente, al ver a la heroína que muchas sueñan con ser, frente a ella.

– Uraravity – musita.

Ochako ve como la pequeña se pone de pie frente a ella, emocionada, con una sonrisa en los labios. La misma que le contagia.

Observa la carita de la pequeña, los ojos carmesí, el cabello cenizo. Es minibakugou, piensa. Recuerda dos cosas importantes entonces. La primera, que cuando salió a hacer su ronda, esa niña no estaba ahí, ni tampoco Bakugou. La segunda, es el informe errado que Bakugou le entregó hacia un tiempo atrás. La ficha de un civil, un omega sin quirk que tenia una hija.

Y su cerebro comienza a atar cabos y hacer nexos a una velocidad solo comparable con la de la luz.

La conclusión le llega como una epifanía: Esa niña, la hija del omega, no es solo hija del omega.

Es hija de Bakugou también.

– ¿Co-como te llamas?

– Mizuki Midoriya.

Mizuki, piensa.

No hay mas dudas. Recuerda que ese es el nombre que leyó en el informe. Lo que si le sorprende, es que su apellido no sea Bakugou, sino que aun use el del omega. Pues es sabido, que el orden de los apellidos hace ir primero al del alfa y luego, al del beta u omega.

– ¿Me enseñas tu quirk? – pregunta la ceniza con una vocecilla que le hace gracia y despierta cierto instinto maternal en ella.

No hay forma que le diga que no.

Ochako adora a los niños y la que tiene en frente es toda una lindura. No se cree que la hija de de Bakugou pueda ser tan adorable.

Coge la figura de Shoto que ve en el sofá, que es de la pequeña, y le hace flotar en el aire. Mizuki cubre su boca emocionada y Uraraka vuelve a pensar en lo adorable que es esa niñita. Observa con ternura como los ojos rubíes brillan mirando al muñeco flotar. Entonces, coge a la pequeña de ambas manos y la hace flotar una altura mínima.

Mizuki ríe, procurando no hacer un alboroto con su risa, ya que Ground zero le dijo que se estuviera tranquila sin molestar a nadie.

Ochako la libera del quirk, a ella y a su figura de Shouto. Continua mirándola embelesada, preguntándose si el día que ella tenga un hijo será tan idéntico a ella o a su alfa.

– ¿Quieres que te enseñe el mío? – pregunta emocionada la menor.

La omega asiente.

Entonces Mizuki retrocede unos pasos y enseña sus palmas. Hace unas pequeñas chispas, que es lo máximo que puede controlar por ahora.

– ¡Oh por dios! – exclama al tope de sus emociones. Incrédula de que todo lo que ha pensado este encajando tan perfectamente – Eres la copia exacta de tu padre. Incluso el quirk de él.

Mizuki entrecierra los ojos, no entendiendo lo que dice la mayor.

– Mi papá no tiene quirk.

– Oh, claro. No me refería al quirklees – dice Ochako sin meditar sus palabras.

– No le digas así. No le gusta.

Mizuki pierde la sonrisa. Tornándose seria.

Uraraka no siente que haya dicho nada malo, ya que ese es el término técnico con el que se denomina a las personas sin quirk.

– L-lo siento – aun así se disculpa con la pequeña. Para luego aclarar el punto: – Es solo que yo me refería a tu otro padre, Bakugou.

El rostro adusto de la ceniza empeora, al reconocer a Ground zero como el "Bakugou" al que se refiere Uraravity.

– Él no es mi papa.

Ochako inclina leve el rostro.

Confundida.

¿No ató bien los cabos?

– Yo pensé…como se parecen tanto y tu papá sale con Bakugou.

Es entonces cuando el rostro de Mizuki toma el típico ceño fruncido de Katsuki y Uraraka no tiene más dudas.

Es su hija.

– ¡MI PAPÁ NO SALE CON ÉL! – grita señalando a Katsuki, acaparando la vista de todos y sale corriendo de ahí.

La castaña se queda impactada ante el cambio de humor repentino de la pequeña.

Ella ha sentido en un par de ocasiones un olor dulzón de omega provenir de Katsuki y ha asumido que se trataba del chico al que investigo. El padre de la pequeña. Aun si no fuera cierto y Bakugou no tuviera una relación con dicho omega ¿Qué niño no quisiera creer que su padre era un héroe?

No entendía el porque de la ofensa.

– ¡¿QUÉ MIERDA HICISTE, CARA REDONDA?! – grita Katsuki parado a su lado.

– N-no…no lo sé.

– ¿Cómo que no sabes? – cuestiona también Kirishima.

– ¡No lo sé! – grita, con los ojos brillantes de lagrimas.

Katsuki revuelve sus cabellos cenizos, molesto de la mierda que ahora debe de limpiar.

Sale de la agencia, pretendiendo hacer el recorrido de Mizuki, mas la encuentra sentada al ingreso de la misma. Luce molesta, trae los hombros tensionados y las manos en puño.

– Quiero irme a casa ya.

El alfa alza una ceja, al oír el tono autoritario empleado.

Como si una pequeña mocosa de seis años, fuera a darle ordenes.

– Deku aun no sale de trabajar.

– ¡Se llama Izuku! ¡Y quiero irme ya!

– ¡No seas caprichosa! – dice con la paciencia al límite. Controlando la verborrea que no puede emplear frente a ella – Ya dije que aun no sale del trabajo.

Intenta cogerla del brazo y forzarla a ingresar a la agencia nuevamente.

Mizuki es mas rápida y retrocede. Para luego extender una de sus manos y hacer una explosión relativamente fuerte que le hace arder la mano, así como a Katsuki la piel que ha rozado.

– ¡NO ME TOQUES! – Vuelve a gritarle, esta vez, en un tono más fuerte– ¡No te quiero cerca! ¡Tú no vas a ser mi papá! – la voz se le entrecorta. Solloza. – Yo quiero que Hitoshi lo sea. Yo no te quiero a ti.

Luego de una rápida discusión por teléfono con Izuku, en la que el omega le hizo ver que como no llevara a su hija a casa le cortaría las bolas – o a si lo entendio él–, Katsuki termina por acceder llevar a Mizuki a casa del tal Hitoshi que por una puta razón, ha empezado a tener vela en ese entierro.

No se cree aun la paciencia que esta teniendo para no mandar a la mierda a Deku y darle una buena tunda a la mocosa y hacer explotar al ojeroso que intenta entrar a la jugada.

Mizuki sube de dos en dos las gradas del edificio y Katsuki intenta seguirle el paso a la misma velocidad. La niña corre hasta la puerta de Hitoshi y toca frenéticamente, el alfa esta a punto de llamarle la atención, hasta que la puerta se abre y la fuerte marea de feromonas sale de ahí dentro.

Menta, hierba buena, miel.

Y primavera.

¿Por qué huele a Deku?

La ceniza se abraza a la pierna de Hitoshi, este le revuelve el cabello y ella le sonríe verdaderamente feliz de tenerlo cerca.

Katsuki gruñe. Recelo de que su hija no pueda mostrarle una sonrisa así de sincera cuando se trata de él.

¿Qué tiene un beta simplón, que un alfa héroe como él, no?

No hay punto de comparación entre ambos.

Pero tanto Deku como su hija, le prefieren al ojeroso.

Sus miradas se encuentran. Rubí versus amatista.

Hitoshi le palmea la espalda a la pequeña, haciéndole pasar dentro de la casa. Quedando a solas en el ingreso con el héroe.

– ¿Algún problema?

Y Katsuki le observa trastocado. Ese beta le mira y habla sin un ápice de miedo. Con toda seguridad. Creyéndose su igualdad. Como si no midiera de su poder como héroe alfa.

Así que se para erguido. Alza los hombros, ensanchando la espalda para lucir intimidante, pero el beta no se amilana. De hecho, luce muy seguro de si mismo, a pesar de ser poco corpulento.

– ¿Cual es tu relación con Deku? – demanda, con el sabor a Deku impregnado en el paladar.

– No conozco ningún Deku.

El violáceo intenta cerrar la puerta, mas Katsuki la sujeta y opone resistencia sin mucho esfuerzo. Bufa socarrón, la fuerza del beta no es suficiente para hacerle frente a la suya.

Esa es la diferencia entre un héroe y un simple mortal.

Ahora lo tiene.

– No te hagas el imbécil conmigo. – brama y esta apunto de expectorar una sarta de insultos, hasta que se siente paralizado.

Date la vuelta y ve a casa.

Izuku llega a casa poco después de Katsuki, lo sabe porque aun siente la canela y neroli en el aire. Ha pedido permiso a Yagi-san de salir antes, ya que no tenia idea de que había pasado entre Katsuki y su hija para que la pequeña llorara y quisiera alejarse con tanto ahincó de él.

– ¡Papá! – Salta de pronto sobre su padre. Este la toma entre sus brazos, cargándola. – Te extrañe.

Izuku camina dentro del edificio, con la pequeña entre sus brazos, frotándose a él.

– ¿Qué paso? Pensé que estarías con Ground zero hasta mi hora de salida.

Toma asiento en el sofá con Hitoshi a su lado, esperando una respuesta de su hija.

No luce desanimada, de hecho, le ignora. Esta bastante cariñosa con él, jugando con sus rizos y acariciando sus mejillas.

– Mizuki – le llama con voz firme, tomando distancia de ella para verle el rostro – ¿Paso algo entre él y tú?

La menor mira sus manos y su rostro cambia del alegre inicial, a uno más sombrío.

– Ground zero… no va a ser mi papá ¿verdad?

Izuku se siente palidecer.

¿Qué ha pasado exactamente entre esos dos?

De soslayo, ve a Hitoshi, quien le hace un gesto de calma. Asume que ya habló con su hija y no es algo tan grave como cree.

Aun así, no esta seguro de que palabras usar para responder a eso.

– Pensé que era tu héroe favorito.

– Prefiero a Shouto ahora. – Eleva la mirada, observándole fijo a los ojos esmeralda – No lo va a ser ¿verdad?

Suspira.

Izuku es consciente que sus mentiras son como una bola de nieve que cada vez se hace más y más grande y que llegado el momento, le explotará encima. Pero prefiero que todo aquello explote cuando Mizuki tengo unos cuantos años más y pueda comprenderlo, a decírselo ahora.

– No – Por lo que le miente una vez más. – Él solo…quiso ayudar a cuidarte mientras yo trabajaba. Eso es todo.

– ¿En serio?

– Sí. Eso fue todo.

Mas esa respuesta parece ser insuficiente.

La sonrisa no vuelve al rostro de Mizuki. Ella no le cree del todo. Lo siente en su aroma que si bien es tenue, se siente agrio.

Así que se aventura de ir un poco más lejos. Confiado en que su hija tiene la suficiente madures, para no decir nada.

– Te voy a contar un secreto – Toma la carita de su hija entre sus manos. Suelta sus feromonas lo más dulce que puede, para que lleguen a ella. – Pronto haremos un viaje, solo los dos. Pero no se lo puedes decir a nadie ¿Está bien?

– ¿Y Hitoshi? – Gira a ver al violáceo – ¿Tú no vienes?

Izuku le mira a él también, no sabiendo como decirle que no a su hija.

– Tal vez – responde el beta.

La pequeña sonríe feliz de oír eso y abraza a su padre, sujetando con una mano la polera del violáceo. Izuku gesticula un "gracias" a su amigo, viéndose arder en el infierno a ambos por mentirle tan cínicamente a una niña.

Pero no hay otra opción.

Mizuki esta tan acostumbrada a Hitoshi, como a su padre.

Para ella, Hitoshi es alguien a quien admirar. A pesar de tener un gran quirk y poder obtener todo lo que quisiera con el, casi nunca lo usa. Siempre le dice, que las cosas se deben de obtener por merito propio y de usar su quirk, no seria alguien digno de merecerlas. Ella ve en esas palabras, un discurso digno de un héroe.

Por otro lado, el chico es un beta, y por lo que ha oído en la televisión, ellos no suelen sobresalir mucho, sin embargo sabe por su papá, que Hitoshi es el mejor de su clase y se prepara para ser un medico de omegas.

Eso también le gusta, porque su padre es un omega y a su corta edad, entiende las dificultades por las que ellos pasan.

Porque en su escuela, todos ven como menos a betas y omegas.

No obstante, eso no le importa a Mizuki. Ella quiere a su padre y quiere también, a Hitoshi

Pero lo que más quiere, y anhela desde que tiene uso de razón, es que él sea su otro papá.

No es hasta que Katsuki cierra la puerta de su apartamento, que recobra la consciencia. Parpadea un par de veces, observando todo a su alrededor, cerciorándose de que efectivamente es su apartamento.

¿Pero como ha llegado hasta ahí?

No puede responderse. Su mente se siente vacía de los últimos recuerdos e incluso, el haber estado con Mizuki le sabe a un sueño. No es nítido en su memoria y por un segundo, cree que nada de eso paso. Que simplemente tuvo un día normal en la agencia, salio de ella y fue a casa tan distraído que no vio el camino.

Mas no se lo cree.

Oh no.

Menos cuando tiene tan nítido el aroma a Izuku en la nariz y pegado en el paladar.

Saca el móvil de uno de uno de sus bolsillos y ve la hora. Ha pasado cerca de cuarenta minutos desde la última vez que la vio. Treinta minutos es lo que demora a pie, de la casa de Deku a la suya. Entra a la bandeja de mensaje y encuentra su conversación con Deku.

No fue un sueño.

Es real.

Ha estado con Mizuki. Le recogió de la escuela, le rechazo el almuerzo, Uraraka le hizo llorar y le hizo una pataleta para que la llevara con su padre.

E Izuku pidió que la dejara con cabello de troll.

– Date la vuelta y ve a casa.

Y entonces, todo cobra un nuevo sentido.

– Que mierda...


Siguiente capitulo:

Izuku entiende que para luchar contra el destino, no necesita albergar rencor en el corazón.

Que el odio es un veneno que uno mismo toma para matar al otro.

Y que él, ya no esta dispuesto a sacrificarse por esa causa.


Nota de la autora:

Bien. Como habrán notado, este capitulo es más calmado que los anteriores. Es un preámbulo a lo que se acerca, aun así deje algunos datos –creo yo- interesantes en el. Vemos un poco de la relación Hitoshi-Izuku. También el como ha bajado algunos grados el carácter de Katsuki.

Y sí, Mizuki tiene otro quirk.

Como dije arriba, este es el preámbulo a algo importante y es que se avecina el celo de alguien ¿adivinan de quien?

Por el momento, dejo algunas explicaciones de como funciona los supresores y el celo acá. (Debí hacer un primer capitulo explicando esto, lo siento.)

– Los supresores se usan para suprimir el celo tanto en alfas como omegas durante su ciclo. Sin embargo, hay quienes lo toman durante todo el tiempo previo al celo y durante el mismo. Esto sirve para no sucumbir a ningún tipo de feromonas que sientan atrayente. En el caso de Izuku, por el trauma que tiene con los alfas, y de Katsuki, por que es héroe y en ellos es obligatorio el uso.

– El celo en omegas es cada dos meses y dura unos cinco días. En alfas se da dos veces al año y solo un día cada uno.

– En el caso de conocer a su predestinados, los supresores no siempre funcionan.

Por cierto -momento del espacio publicitario- he subido un nuevo fic omegaverse (por eso tardó esta actualización) Se llama Erase una vez –KatsuDeku-y tiene de todo un poco dentro de este universo.

Y un último aviso, suelo desesperarme cuando una historia que me gusta no actualiza y no se nada de si continua o no, así que les comento que mi tiempo aproximado de actualización es de 1 MES, días más, días menos. Si demoro mucho es porque me bloquee, subí nuevo fic o encontré trabajo jajajajaja.

Eso es todo.

Nos vemos.

Respuesta usuarios sin log:

Daniperez: Doble review uyuyui…Concuerdo contigo, Katsuki es demasiado orgulloso para cometer el mismo error dos veces. Entonces ¿Por qué casi fuerza a Izuku nuevamente? Sencillo, instinto. Katsuki es conciente de su error, pero cuando esta Deku cerca (que es su predestinado) no puede controlar tanto el lado racional, por eso el constante arrepentimiento luego de hacerle algo a Deku. Oh!que lindo que te guste la historia aun si preferias a Bakugou como omega xD Espero seguir sin ser evidente en lo que se avecina.

WhitteRabbit: Es la calma antes de la tormenta, pero va durar esta calma. Es un conflicto inmenso eso del instinto, porque es solo una parte suya que pide algo opuesto a lo que su lado racional le exige. Shinso, Shinso, Shinso…prefiero no responder sobre lo que aun no esta escrito. A diferencia de Deku, Katsuki no tenia idea de que eran predestinados, por lo que engloba a Mizuki e Izuku en un solo paquete que quiere y necesita proteger.

Eve kurosaki: Creo que aun se vienen más cosas bonitas de parte del instinto y es todo lo que dire. Me lavo las manos de cualquier sentimiento o ilusión que te de jajajaja. Izuku dentro de todo sigue teniendo su misma escensia y creo que aun sin instinto si supiera que su peor enemigo lo necesita para vivir, él lo ayudaría (no se, siempre me lo he imaginado como alguien muy noble aun con quien no lo merece). Siento el mismo abandono de las historias KatsuDeku en esta plataforma, pero yo sigo aquí actualizando, don't worry xD

Guest: A que es hermoso cuando se juntan muchos capítulos, no? Gracias por retomar la historia y aquí esta la ctualizacion! (explota confeti de fondo)