Nico Robin vs Roronoa Zoro 2Y
Finalmente, y no iba sin tiempo, los Mugiwara podían empezar a disfrutar de su paso por isla Gyojin de la manera en que pensaban hacer en un principio aunque, si le preguntabas a alguno de ellos, ni hace falta decir nombres, le habría parecido mucho mejor como habían ido las cosas si sus enemigos hubieran dado la talla para la pelea. Pero, volviendo al presente, hoy era día de playa. Lo que quería decir que volverían a la cala de las Ningyo, para disfrute de Sanji al que le parecía demasiado lento el Osakana Bus pero, por supuesto, no iba a permitir viajar solas a sus dos ángeles, aunque estuvieran viajando todos los mugiwara juntos. Bueno, no todos…
—Solamente espero que aparezca para cuando nos marchemos de la isla— se dijo Nami que lo último en lo que quería pensar era en su despistado nakama—. Por lo menos no podrá salir de la isla.
—A no ser que atraviese la burbuja— intervino una risueña Robin que se había quitado el sombrero dentro del bus.
—No digas eso que seguro que sería capaz de hacerlo— se estremeció Nami ante la posibilidad de que este bendito descanso pudiera ser interrumpido por las idióticas acciones de su nakama.
—¿Por qué piensas que pueda hacerlo? Os he escuchado hablar sobre el mal sentido de la dirección de Zoro pero me parece que estáis exagerándolo mucho— las palabras de Robin casi lograron desencajarle la mandíbula a Nami—. ¿Ocurre algo?
No podía creerse lo que estaba escuchando.
—¿En serio has dicho eso? Pero si ese baka ha demostrado saber perderse en un pasillo de una sola dirección— Nami seguía sorprendiéndose cuando Robin parecía estar haciendo memoria pero sin añadir nada más—. No hay que pensar mucho, Robin.
La sonrisa de Robin dio paso a unas ligeras risas, que casi resultaron inaudibles ante la algarabía que sus nakama estaban montando en el bus.
—Recuerdo que en Skypiea, cuando nos dirigimos en la búsqueda del oro, tanto Luffy como Zoro iban a tomar los caminos equivocados pero podía ser un error inocente al haber visto mal el mapa y no prestarle mucha atención.
Nami no podía creérselo.
—No, de verdad. ¿Me estás hablando en serio?
La tranquilidad de Robin, en ocasiones, resultaba del todo enervante porque producía, junto a sus palabras, el efecto contrario en sus oyentes. En este caso Nami.
—Cuando quiso ir en busca de Kami y le acompañamos ni se perdió ni hizo gesto de equivocarse de dirección— le recordó Robin.
—Bueno, eso es cierto pero estaba con nosotras— fue el turno de Nami para hacerle recordar a Robin.
—¿Pero no estabas tú quejándote, en la fiesta en Water 7, de que Zoro no supo seguir la indicación de subir las escaleras en los Juzgados de Enies Lobby?
Aquello pareció darle alas a Nami.
—¡Exacto! Ese baka no supo seguir una indicación cuando solamente tenía que subir las enormes escaleras que se alzaban ante él.
—¿Le dijiste que debía ir por esas escaleras?— le preguntó Robin como si estuviera tratando de encontrar un fallo para justificar a Zoro.
—Pues claro que sí. Dije que las escaleras llevarían al piso superior— respondió Nami sabiendo de las intenciones de su nakama.
—¿Y por dónde se iba Zoro no podría haber llegado igualmente al tejado?
Nami bufó ante semejante pregunta.
—O también llegaría a Raftel— dijo Nami toda sarcástica.
Robin ni se mostró molesta por aquellas palabras o intranquila si no todo lo contrario porque, siendo fiel a sí misma, era el ejemplo perfecto de la serenidad.
—¿Cómo llegaste al tejado, Nami?
Un relámpago cruzó la mirada de la akage.
—Por culpa de ese bakamono— mezcla de baka, idiota, y bakemono, monstruo— que a punto estuvo de matarme junto a Chopper al atraparnos en uno de sus monstruosos ataques que nos lanzó hasta el tejado.
—¿Quieres decir que siguió un camino ascendente de una sola dirección sin ningún tipo de problema?— y ahí estaba esa maliciosa, y victoriosa, sonrisa de Robin—. Aunque recuerdo que cuando estábamos buscando al South Bird se volvía por el mismo camino por el que vinimos.
Nami se puso en pie como con un resorte y apuntó con su índice a Robin con gesto victorioso.
—¡Ajá! Lo sabía. Sabías que no tiene sentido de la orientación y te has dedicado a burlarte de mí, Robin.
—Hmmm también recuerdo que me dijo que no se fiaba de mí y que debería tener cuidado para luego volverse y hacer una salida dramática dejándome atrás… pero yo como me encontraba frente a él no le quedaba más remedio que regresar por nuestros pasos— a Nami le gustaría poder borrarle esa sonrisa de los labios porque, aunque disfrutaba viéndosela cuando se la dirigía a los demás, no cuando ella era la destinataria—. Estoy segura de que no tendrá ningún problema en llegar a la playa. Le dejé un mapa.
Le dejé un mapa, farfulló mentalmente Nami para acto seguido mirar por la burbuja y caerse del asiento, ¿para qué se había sentado entonces?
—Mira para tu experto explorador— por suerte era una burbuja y no un cristal porque, de lo contrario, el índice acusador de Nami lo habría roto en lugar de flexionarla con el dedo—. Está yendo en dirección contraria, y eso ya es decir mucho porque podía estar yendo en otra aún mucho peor.
Ciertamente se podía ver a Zoro caminando por las calles y yendo en dirección opuesta a la que le llevaría a la playa. Robin, como no, ni se inmutó lo más mínimo.
—Va bien— dijo Robin escuetamente para desesperación de Nami que no explotó allí mismo por muy poco.
—¿Cómo puedes decir eso? ¿Es qué no estás viendo lo mismo que yo?— le preguntaba mientras amenazaba con reventar la burbuja si seguía clavándole con tanta insistencia el dedo.
—Sí, veo como va a un bar para comprar algo de beber. No creo que sea tan delicioso como el sake que nos ofrecieron en palacio pero dudo mucho que Zoro sea de los que den tanta importancia a una buena bebida.
Nami pegó con tanta fuerza su rostro contra la burbuja que a punto estuvo de atravesarla. Y era cierto, lo que dijo Robin, puesto que Zoro no tardó mucho en ponerse en marcha nuevamente, y para desesperación de Nami lo hizo en la dirección correcta, mientras le daba un trago a una botella.
—Ese baka bebe demasiado— farfulló cruzándose de brazos en una actitud de lo más infantil y que no mejoró cuando Robin se rió de ello—. No tiene gracia.
—Bueno, creo recordar que acabaste tumbando al príncipe Fukaboshi en la fiesta y para eso ya hay que beber solamente para compensar la diferencia de tamaño— Robin trató de ocultar otra risa cuando su nakama cerró los ojos haciendo un esfuerzo para no gritar. En su lugar solamente soltó un suspiro de lo más audible—. ¿Va todo bien, Nami?
El nervio de esta mujer.
—No, si Zoro se pierde es malo pero si no lo hace es como si fuera un signo de mal augurio— negó Nami con la cabeza—. Llegó primero a Sabaody por lo que está claro que todo puede suceder en Grand Line, imagínate en el Shin Sekai.
—¿Estás diciendo que llegará primero a la playa?
El tono usado por Robin hizo alzar el rostro a Nami que miró para su nakama como si la estuviera descifrando, algo casi completamente imposible.
—¿Es una apuesta?
Esto hizo reír a Robin.
—Eso suena muy peligroso— las risas se murieron y una amplia sonrisa se formó en aquellos labios—. Es una apuesta.
Por supuesto que esto captó el interés de Nami.
—¿Y qué nos apostamos?— preguntó con tono calculador.
—Lo que decida la ganadora.
El gesto de sorpresa en la mirada de Nami no le pasó desapercibido a Robin que le siguió sonriendo de manera indulgente. Eso no hizo si no alimentar el espíritu combativo de la akage.
—Acepto la apuesta— solamente fue el decirlo para que Robin se deshiciera en una lluvia de pétalos de sakura dejando tras de sí a una atónita Nami—. ¿Nani?
Un mal presentimiento le vino a Nami para comprobar su veracidad cuando encontró que Zoro no estaba solo en las calles si no que, a su lado, se encontraba Robin que, alzando el rostro en dirección a Nami la saludó… ¿burlonamente?
Nami no se lo podía creer.
¿Me la han jugado?
Por las sonrisas que se dedicaban Zoro y Robin uno podría llegar a la conclusión de que así era. Nami había sido derrotada en su propio juego.
¡A no ser que llegue primera a la playa!
Era una suerte que Nami fuera de esas personas capaces de convencer a quien sea de que se hagan las cosas a su manera, sean sus propios nakama o al Osakana Bus. Claro que también podría poner en funcionamiento dichas habilidades para tratar de convencer a Robin de que dejase pasar el pago de la apuesta cuando al llegar a la playa se encontraron en ella a sus dos nakama tan tranquilos tomando el sol sobre una amplia burbuja sobre el agua. No sabía si reír o llorar al ver a las pobres ningyo tratando de jugar, ¿o sería jugar?, con Zoro para que este las ignorase por completo. A diferencia de las ningyo que trabajaron de camareras en la fiesta en palacio. Ahí bien que les hacía caso.
¡Un momento! ¿Quiere decir esto que también tendré que convencer a Zoro sobre dejar pasar la apuesta?, su pasado común en pagos no le auguraba una salida muy noble que digamos, ¡estoy jodida! Y no en el buen sentido.
La media sonrisa de Zoro conjuntaban con las ligeras risas de Robin, con ese aire tan risueño que se le ponía cuando estaba contenta. Por lo menos Nami debería estar contenta de que hubieran necesitado unirse esos dos para poder derrotarla.
Happy my ass!
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Continuará
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