Alfred estaba dormido en su pequeña cama cuando escuchó un ruido que lo despertó. No estaba solo. Inmediatamente se cubrió la cabeza con la cobija temblando de miedo.
-Hostia p…-maldijo Antonio en voz baja cuando trató de romper los barrotes que protegían la casa del americano y terminó rompiendo una ventana- Maldito cejón, fortificó bien la casa… ¿Cómo entraré?
El español buscó una ventana libre o alguna otra entrada pero no la encontró. Frustrado por lo bien que la había protegido el inglés, soltó un golpe contra la puerta cuando de pronto escuchó un ruido y miró hacia arriba.
Asomado de un pequeño balcón, temblando de pies a cabeza mientras abrazaba una almohada, Alfred miraba al intruso. Al parecer había reunido el valor suficiente para levantarse de la cama e ir a investigar que era ese ruido.
La mirada esmeralda se conectó con la mirada zafiro y España no pudo evitar sonreír, el pequeño era realmente lindo, ahora entendía por qué el angloparlante lo había escondido tan celosamente
-Hola-lo saludó alegremente. Esperaba ganarse la confianza del menor y que éste pudiera abrir las puertas y las rejas- Soy Antonio…
El pequeño rubio se dio cuenta de que el extraño lo había visto y se apresuró a esconderse a lo que el español trató de evitar que se encerrara diciéndole que no le iba a hacer daño
-Calma pequeño-dijo alarmado- ¿Cuál es tu nombre?
-I'm Alfred-comentó el ojiazul entendiendo vagamente lo que el mayor quería decir. España sabía un poco de inglés pues llevaba mucho tiempo conociendo al británico por lo que le dijo de manera algo extraña que él era amigo de Arthur- ¿Really? ¿You know where is he?
-No-dijo el castaño antes de decirle con mímica que le abriera la puerta
-Arthur told me "Don't open the door"-respondió el niño negando con la cabeza. El español quería arrancarse el cabello, realmente el inglés había pensado en todo. Siguió tratando de convencerlo hasta que finalmente recordó que traía algo de comer
-Debes tener hambre ¿no es así?-preguntó mostrándole un frasco de miel
Era cierto, Alfred se había acabado los scones que le había dejado el ojiverde y estaba realmente hambriento por lo que no dudó más y bajó las escaleras para abrir la puerta y la reja.
Antonio estaba feliz, muy feliz de que el pequeño hubiera caído en su trampa. En cuanto lo tuvo enfrente, le dio la miel y entró. Tomó ropa del menor y la metió en una bolsa junto con sus cosas personales pues no quería tener que comprarle cosas al niño
-Oye Alfred…-dijo cuanto tuvo todo listo- ¿No te gustaría viajar en barco hacia mi casa en lo que llega Arthur?- "Si es que llega jaja" pensó
La mirada azul del rubio se iluminó. Arthur le había contado de las maravillas del mar y siempre había querido salir de su casa y verlo todo con sus propios ojos por lo que asintió enérgicamente.
-¡Genial!-exclamó España con una amplia sonrisa y lo cargó- ¡Vamos!
Rápidamente ambos se alejaron de la casa hacia el muelle para viajar en el galeón del español. El pequeño americano se sentía libre por primera vez…
-I WILL BLOODY KILL YOU!-gritaba el inglés tratando en vano de librarse de sus ataduras mientras fulminaba al francés y al prusiano con la mirada deseándoles una muerte lenta y dolorosa- YOU DON'T KNOW ME! I'M GREAT BLOODY BRITAIN!
-Deja de gritar o te amordazaremos-comentó el albino molesto mientras el francés veía felizmente un mapa de América
-Este pedazo para mi… este pedazo para Tonio… éste para mi… éste para Tonio-dividía alegremente el territorio de New England
-¡LES CORTARÉ LAS MANOS SI TOCAN A MI COLONIA!-les espetó furioso- Esperen a que me libere y entonces sufrirán tanto que suplicarán la muerte como medio de escape… ya verán…
-Relájate, Angleterre-comentó el francés con una sonrisa de suficiencia
El galeón español cortaba las olas con facilidad mientras se dirigían hacia el sur del continente. Alfred estaba agarrado a la barandilla de la proa para ver todo completamente emocionado
-¿Entonces nunca habías salido de esa casa?-comentó el español sentándose a su lado
-No, never-comentó con una sonrisa de oreja a oreja- El exterior es muy bonito…
-Pues si te gusta el exterior y las cosas nuevas, te encantará mi colonia-comentó Antonio sonriendo- Hay haciendas muy bonitas y edificios mejores que los del cejón y calles empedradas, en resumen, Nueva España es maravillosa. ¡Oh! Y también podrás jugar con María…
-¿María?-preguntó el rubio confundido- ¿Ella quien es?
-Es mi pequeña colonia… bueno quizás no tan pequeña como quisiera, es mayor que tu, pero creo que se llevarán bien-dijo rascándose la nuca- En verdad te gustará mucho tu nueva casa…
-¿New house?-preguntó Alfred confundido mirando al mayor quien se dio cuenta de su metida de pata
-Es provisional, ya sabes, en lo que regresa Arthur-rió nervioso.
-Ok…-el menor regresó su mirada al mar muy emocionado al ver los movimientos de las olas y los peces. Poco a poco comenzó a quedarse dormido arrullado por los movimientos de las olas.
-Vaya, realmente eres adorable…-comentó España acunándolo en sus brazos mirándolo dormir- Tendré que cambiarte muchas cosas pequeño, el nombre, el idioma, el gobierno, etc.
Arthur se estaba volviendo loco, no podía creer que las cosas le hubieran salido mal, todo iba a la perfección: Alfred no había crecido de manera acelerada y las riquezas de su nación superaban con creces a las de otros países.
¿Qué había fallado en su perfecto plan? Quizás debió darse cuenta de que no lo lograría solo… pero eso ya no importaba, estaba solo ahora y cuando uno toca fondo, lo que queda es subir… y él lo haría con estilo…
En cuanto Antonio tocó tierra en la Nueva España, se dirigió hacia la casa donde se encontraba su pequeña colonia mientras cargaba al rubio que aún dormía
-Bienvenido Alfredo, serás un gran tesoro de la corona española fusosososo~
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