Disclaimer: En serio, en serio. De verdad, de verdad. Por más que quisiera, Inuyasha no me pertenece. Rumiko Takahashi es la gran mente maestra. (:
"La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar." – Eduardo Galeano.
Capítulo siete.
"Nieve"
- ¿Qué? – Repitió por tercera vez, pero ahora abriendo sus ojos con sorpresa.
- Escucha… Está en un castillo, prisionero de una mujer de largos cabellos blancos.
- Tsubaki… – Murmuró con rencor.
- Tu padre trata de liberarse lo que causa que ella se vuelva más débil a cada minuto.
- ¿Dónde está ese castillo? – Preguntó él sin rodeos.
- No sé cómo llegar. Pero sé cómo es el castillo.
- Bien, que no se diga más.
- ¿Huh?
- Vamos a buscarlo.
- ¿Vamos?
- Sí. – Afirmó.
- No, Inuyasha. Creo que es mejor esperar a que tu padre me muestre por donde se encuentra el castillo.
- ¡No! No esperaré.
- No iré hacia allá para después perdernos, sólo porque tú quieras.
- SÍ irás. ¡¿Acaso no te importa mi padre?!
- ¡Por supuesto que sí!
- ¡¿Y entonces?! ¡¿Cuál es el maldito problema?! – Exclamó.
- ¡Cálmate! – Vociferó Kagome dándole una cachetada. – Con gritar no resolvemos nada.
Inuyasha le dio un puñetazo al marco de la puerta. - ¿Cuál es la solución entonces?
- Ya te lo dije. Hay que ser paciente; esperar a que tu padre me diga exactamente el camino.
Él suspiró resignado, Kagome tenía razón. No había necesidad en salir a deambular por el bosque sin saber la ubicación del castillo. – Bien.
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Nieve… ¡Nieve! Definitivamente hacía falta alguien que diera el tiempo. Gracias a Dios que había llevado un abrigo.
Salió hacia la parte delantera del palacio. No estaba acostumbrada a ver nieve ni a estar en climas fríos, pero era algo que definitivamente no se podía perder. Miró alrededor viendo el paisaje que solía estar repleto de verde. Ahora todo estaba blanco, hermoso.
- Kagome. – Habló la voz de Kaede.
- Hola. – Dijo sonriendo.
- Acompáñame un momento. – Replicó caminando en la nieve que le cubría un poco más arriba de los tobillos.
Kagome le siguió sin protestar. Caminaron hacia el lado oeste del palacio y cuando Kaede paró de caminar, la joven se extrañó al ver el arco y las flechas que estaban encima de una pequeña mesa.
- Toma. – Le dijo pasándole el arco y una flecha.
- ¿Qué hago con esto?
- ¿Ves ese árbol de allá? – Preguntó señalando un enorme árbol al frente de ellas.
- Aja.
- Quiero que trates de tirar la flecha en el centro. El centro es donde está esa marca en forma de círculo.
- De acuerdo. Pero… Ni siquiera sé cómo funciona esto.
Kaede le ayudó a ponerse en la posición correcta. Kagome duró unos minutos concentrándose y visualizando bien el centro, pero cuando tiró la flecha, ésta quedó demasiado debajo del centro.
- ¡Aw, apesto en esto! – Exclamó irritada.
- No te preocupes, intenta de nuevo. – Le animó Kaede.
Kagome tomó otra flecha y se puso en posición para tirarla. Cuando lo hizo, la flecha quedó un poco más a la izquierda del centro.
- ¡Argh!
- La tercera es la vencida.
- Esta vez lo haré. ¡Quieras o no! – Le dijo a la nueva flecha en su mano a lo que Kaede sonrió. Decidida, Kagome inhaló y exhaló para después ponerse en posición. Esta vez la flecha dio directo en el centro.
- ¡YES! – Gritó emocionada.
- Bien hecho. Me dejaste impresionada. – Dijo Kaede.
- Gracias.
- Me da curiosidad… ¿Alguna vez has practicado arquería?
- Profesionalmente no. La verdad, en… el futuro existe algo que se llama "parque de diversiones" y en ese lugar, hay un juego donde hay que tomar un arco y una flecha para darle al blanco. Si ganas, te dan un premio. Así que… creo que eso cuenta ¿no?
- Probablemente. ¿Te gustaría que yo te ayude en arquería?
- ¿Está bromeando? ¡Por supuesto que sí!
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- ¡Koga!
- ¿Qué?
- ¿Cuánto más tenemos que estar aquí? ¿Por qué no volvemos? – Preguntó con tono cansado.
- No volveremos por ahora. Aún tengo cosas que resolver con ese idiota.
- Pensé que eso ya había quedado en el pasado… - Habló el otro.
- No digas incoherencias.
¿Pasado? ¡Ha! Sí claro. Ese tonto iba a pagar por lo que le había echo. Él no era de las personas que se quedaban de brazos cruzados, y no iba a soportar idioteces. "¿Por qué no solucionamos esto de una manera razonable?" fueron sus palabras. Psh. ¿Razonable? No se necesitaba ser razonable en circunstancias como esas. Estúpido cara de…
- Pienso que estamos perdiendo el tiempo. – Interrumpió sus pensamientos uno de sus acompañantes.
- A callar. – Ordenó sentándose en la hierba.
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Caminaba sin prisa, viendo cada detalle del palacio. A sus oídos llegó una música hermosa, una música que estaba acostumbrada a escuchar… La de un piano. No sonaba lejos, así que rápidamente se dejó guiar por su oído para llegar al lugar donde se encontraba la persona tocando el piano. Cuando llegó, vio a Inuyasha -que más bien parecía un modelo de Abercrombie- tocando el piano. Se quedó quieta, viendo lo hermoso que se veía. Se sobresaltó cuando el piano tocó una nota fuera de lugar. Primero pensó que Inuyasha se había equivocado, pero descartó este pensamiento cuando vio que él la miraba con el ceño fruncido.
- Umm. ¡Hola! – Exclamó nerviosa.
- ¿Qué quieres?
- Nada… es que oí el piano.
- Oh.
Kagome se acercó hasta Inuyasha y le hizo una seña para que le hiciera un espacio en el taburete. Él, dudoso, lo hizo.
- ¿Sabes tocar? – Le preguntó.
Su pregunta fue respondida cuando Kagome empezó a tocar con perfección. Sus manos se movían por las teclas blancas y negras, con gracia, sin perder una sola nota. Con movimientos acompasados y relajantes. Él inhaló profundo, deseando que su nariz también pudiera percibir aquel sonido que sus oídos eran tan privilegiados de oír. Después de cinco minutos, Kagome terminó la melodía, con la última nota aún sonando en un eco magistral. Inuyasha abrió sus ojos, cosa curiosa, porque ni siquiera se acordaba que los había cerrado.
- Le Onde. – Susurró ella sonriendo. – Einaudi.
¿Einaudi? No se le hacía conocido. - Eso fue… impresionante. – Dijo mirándola sorprendido. – Nunca hubiera imaginado que tocabas el piano.
- Todos me dicen eso. Pero toco el piano desde que tenía siete años.
- Las primeras apariencias engañan. – Dijo él y Kagome sonrió.
- Oye… ¿Sabes tocar Rondo Alla Turca verdad?
- Sí.
- ¿Sabes tocarlo en dueto?
- Nunca he tratado.
- ¿Quieres tratar ahora? – Preguntó emocionada.
- De acuerdo. – Respondió.
Ambos se pusieron en posición. Y, como Kagome estaba en el lado izquierdo del taburete, le tocó ser secondo mientras que a Inuyasha le tocó ser primo. Él empezó a tocar, seguido de Kagome. El piano se escuchaba armonioso, rítmico. Las manos de ambos tocaban al compás. Inuyasha cerró sus ojos, sin dejar de tocar. Él había tocado el piano desde que tenía memoria, pero ahora se daba cuenta de cuan hermoso puede llegar a ser su sonido. Cuando tocaron las últimas notas, abrió los ojos.
- ¡Bravo! – Los dos jóvenes voltearon la cabeza, viendo a Lady Izayoi aplaudiendo. Y no sólo a Lady Izayoi, sino a la mayoría de los sirvientes y sirvientas que también aplaudían con una sonrisa.
Kagome se sonrojó volteando la cabeza hacia el frente de nuevo.
- ¿Qué tan rápido puedes correr? – Susurró Inuyasha.
- Muy rápido si es en una situación tan embarazosa como esta. – Respondió ella de la misma manera.
- Entonces… ¡Corre! – Exclamó y ambos corrieron hacia la puerta más cercana.
Cuando salieron, no se dieron cuenta de que el suelo estaba repleto de nieve, lo que causó que Kagome cayera sentada. Inuyasha empezó a reír desenfrenadamente y Kagome le miró extrañada, nunca lo había visto reír de esa manera. Al parecer la risa de Inuyasha era contagiosa porque después de unos segundos, Kagome empezó a reír también.
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- ¡Ay, Kagome! ¿Qué hiciste? ¡Estás toda cubierta de nieve! – Gritó Sango cuando vio a Kagome entrar en la cocina.
- No es nada. Solo me resbalé. – Contestó moviendo sus hombros.
Sango suspiró resignada. – Ten más cuidado.
- Sí… ¡Oye, Miroku! – Llamó ella al ver que el muchacho cruzaba por allí.
- Dime. – Dijo acercándose al par de chicas.
- ¿Qué pasaría si salgo a dar una vuelta por ahí?
- ¿Qué quieres decir?
- Lo que quiero decir es que… si salgo a dar una vuelta nadie estará esperando para comerme, ¿verdad?
Miroku sonrió. – Nah, lo dudo. A los Yukais no les gusta este clima. Dudo que algo pase.
- Bien. Entonces, nos vemos luego.
- ¡No! ¡Espera! ¿A dónde crees que vas? – Habló Sango.
- No te alteres Sango de mi vida, nada le pasará. – Dijo Miroku poniéndole un brazo en sus hombros.
Kagome salió de la cocina sonriendo… Ese par de tontos, ¿Cuándo se confesarían su amor de verdad?
Fue a su habitación, tomó un abrigo color verde y se lo puso. Cambió sus zapatos por unos más cómodos. Cuando ya se encontraba en la parte delantera del palacio, buscó el arco y las flechas donde antes los había dejado. Un poco de precaución no mataba a nadie…
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- Esa niña no es normal, de verdad. – Decía Kaede mientras ayudaba a Lady Izayoi con su vestido.
- ¿Por qué?
- Esta mañana le dio con la flecha justo en el centro a un árbol. Lo intentó dos veces y la tercera vez lo logró. No se lo dije pero, una persona llega a hacer eso cuando ya tiene por lo menos varios meses practicando arquería.
- Kagome ya me ha sorprendido bastante desde que llegó aquí. Y, lo más raro… Es que es idéntica en todos los aspectos a Kikyo. – Murmuró Lady Izayoi.
- Exceptuando la personalidad. – Dijo Kaede.
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Las cosas no estaban bien. La primera señal que le confirmaba aquello era que tenía más de una hora caminando de vuelta al palacio y aún no lo encontraba. La segunda señal era que ya empezaba a caer nieve de nuevo. Y la tercera señal era que sus pies le dolían… mucho.
Decidió sentarse debajo de un árbol. Se abrazó a sí misma sintiendo el frío invadirla a cada segundo. ¿Qué estaría pasando en su tiempo en este momento? Quería a su mamá, quería a su papá, quería que Sota la molestara y le llamara "cara de pepino" de nuevo. Quería ver civilización, grandes edificios. Quería ver a sus amigas, ir al centro comercial, hacer tareas. Quería ver carros y bicicletas. Quería estar en su auto, con calefacción. Quería volver a Miami, a su casa.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando sintió que algo la estaba oliendo. Posó su mirada en el enorme animal que tenía en frente. La adrenalina no tardó en aparecer. Visualizó su pelaje gris y blanco, los grandes dientes que se asomaban de su boca. Sus ojos que la miraban con… hambre. Oh, como desearía poder volar en estos momentos. Sabía que si corría, el animal la iba a perseguir, pero… su instinto de supervivencia era más fuerte de lo que pensaba, y en un segundo se paró y empezó a correr.
Miró hacia atrás y se extrañó al ver que el enorme lobo no la estaba persiguiendo. Y justo cuando pensó que la suerte estaba de su lado, otro lobo estaba al frente de ella. Éste tenía un pelaje con diferentes tonos en marrón. En un abrir y cerrar de ojos, se encontraba rodeada de ocho lobos, todos con diferentes colores en el pelaje, pero su expresión era la misma… hambre.
Si iba a morir en ese lugar, comida por una manada de lobos, no iba a quedarse sentada para dejarles todo fácil. Se puso en posición para tirar la flecha y cuando lo hizo una luz rosa parecía emanar de la flecha, ésta pasó muy cerca de uno de los lobos, pero sólo le llegó a rozar el pelaje. Bien… Este no era el momento para preocuparse de aquella luz, habían cosas más importantes en qué pensar… Que estaba a punto de ser devorada por ocho lobos, por ejemplo.
Cuando vio que ellos corrían hacia ella, cerró los ojos… esperando la muerte. Sin embargo después de unos segundos, estaba extrañada de que aún no la habían atacado. Abrió los ojos con temor y vio que los ocho lobos miraban a la izquierda, ella los imitó y vio a un hombre, mejor dicho un… muchacho.
- Hey… Tranquilos. ¿Qué creen que están haciendo? – Habló él. Kagome arqueó una ceja… ¿Estaba hablándole a los lobos?
- En serio… Pensé que les gustaban los retos, no una presa fácil. – Sip. Definitivamente esta hablando con los lobos. Se fijó un poco más en el muchacho y abrió los ojos con sorpresa. Cabello largo, ojos azules, voz ronca… Él era el mismo que había visto en su sueño, de eso no había duda.
Continuará…
Aclaraciones:
1- Abercrombie es una marca de ropa muy popular en Estados Unidos y alrededor del mundo. Una de sus características es que los modelos de ésta marca, son ridículamente apuestos y hacen que personas como yo tengan ganas de ir a comprar a esa tienda. Por eso, Kagome se refiere a Inuyasha como un modelo de Abercrombie.
2- Le Onde es una composición de piano creada por Ludovico Einaudi. Este hombre aún está vivo, por eso Inuyasha no sabía quién era.
3- Cuando hay un dueto de piano, a la persona que está a la izquierda se le llama secondo porque es quien toca las notas bajas. Mientras que, a la persona que está a la derecha se le llama primo porque toca las notas altas.
4- Rondo Alla Turca (Marcha Turca) Es una de las más famosas composiciones de Mozart.
Creo que no hay más aclaraciones, pero les recomiendo que cuando estén leyendo la parte del piano, al mismo tiempo vallan escuchando la composición que Kagome toca (Le Onde) y lo mismo para cuando está tocando con Inuyasha (Rondo Alla Turca/Marcha Turca) Mientras estaba escribiendo, las estaba escuchando y creo que le da más emoción a la escena.
Una cosita más... Gracias por los reviews. Me alegra que les gusten los inventos de mi loca imaginación. xD
Nos leemos en el próximo capítulo. :D
