Imagen 194. Duda, pero le toca la mano. Genee.

Personajes: Sora y Taichi (Taiora)


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«Momento de paz»

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Todo era demasiado relajante. El viaje a las termas con todos, la tranquilidad después del baño, la comodidad del yukata, pero sobre todo, disfrutaba verla a ella disfrutar. Era casi de noche y Mimi había tenido la idea de prender algunas bengalas. Detrás del hostal se reunieron y empezaron a encender cada uno el suyo.

Taichi la vio con su bengala sentada en la madera del suelo del pasillo exterior del hostal, pero sin estar demasiado alejada. Sin pensarlo, se sentó a su lado, sin decir nada, observándola con curiosidad. Sora sonreía, y toda la luz que desprendía de la bengala se mezclaba en sus ojos y su rostro iluminado de la emoción.

—¿No enciendes uno? —preguntó de repente Sora, mirándolo.

Taichi parpadeó y salió de su ensoñación.

—Ah… bueno, se lo di a Agumon. Aunque no sé si sea buena idea…

Al momento de decir eso, veía a su digimon con la bengala en alto y corriendo en círculos mientras que el resto lo seguían provocando un alboroto. Sora se rió.

—Es genial toda esta paz. Aunque sea temporal.

Taichi la contempló y entrecerró los ojos. La pelirroja, mientras observaba a los digimon divertirse, sobre todo a Piyomon, su rostro se había enternecido, endulzado. Lo cual no era nada novedoso, pues Sora solía ser cariñosa. Pero cuando Taichi la veía así, no podía apartar la mirada.

Y entonces, sus ojos bajaron al notar que la mano izquierda de Sora estaba posada en la madera donde estaban sentados —con la otra sujetaba la bengala, cuya chispa estaba a punto de extinguirse en breves—. Taichi acercó la suya, muy, muy lentamente. Luego la alejó. Seguidamente volvió a acercarla.

Tragó saliva.

Se repitió mentalmente que era el portador del emblema del valor, así que, miró a otro lado, tragó de nuevo saliva y acercó la mano hasta tocar algunos dedos cerrados de Sora. Después de esto, se quedó un rato sin moverse, sin respirar —aunque no tanto porque si no, moría—, hasta que miró de reojo, con lentitud, para ver qué pensaba Sora de eso. La cara de esta estaba levemente ruborizada. Lo miró fugazmente de reojo y volvió a mirar distraídamente su bengala, pero sin previo aviso, Taichi sintió que su mano era envuelta por la suya, al completo.

Sora sonreía, con leve timidez, pero sonreía. Y Taichi dejó escapar una gran bocanada de aire, sonrió y miró junto a ella la bengala consumirse.

—Mientras tanto, disfrutemos de esta paz.

Observó a todos reír, bailar incluso —a Yamato y Koushirou los arrastraron— y Taichi quiso poder desear que todo aquello fuera eterno. Que esa lucha fuera todo un mal sueño y que en realidad pudieran vivir en armonía junto a los digimon.

Pero estaba claro que todo se acabaría alguna vez.


Un Taiora esta vez :) espero que lo disfrutéis.