Sousuke llevaba casi ocho meses ahí y los días calurosos del verano, pronto estaban dando paso a las tardes un tanto más frescas de otoño.

Su relación con mucha de la gente del pueblo era algo cordial, aunque con la mayoría de las personas se mostraba un tanto distante, algunos habían aprendido a lidiar con su personalidad un tanto fría. Incluso había recibido bromas sobre ello por parte de Nagisa y Ran, que no se reprimían en tomarle el pelo, sobretodo si Makoto estaba involucrado.

Makoto era una persona agradable por naturaleza, siempre tenía palabras amables y sonrisas cálidas. Sus conversaciones siempre eran educadas y aunque con Sousuke se permitía un poco de diversión más acorde a un hombre de su edad, habían logrado cierto entendimiento que los hacía felices.

Cada día lo conocía un poco más.

Sabía que era asustadizo, que le temía a muchas cosas, los fantasmas, los espíritus y los zombies, esto quizá por el montón de películas de terror que se había obligado a ver al lado de Nagisa, que era un fanático ávido. Él también se había envuelto en esas maratónicas noches de sábado en las que se reunían en la pequeña sala del rubio, a mirar películas de culto o de reciente estreno.

Sousuke nunca había sido muy aficionado a películas de ese tipo, pero aprendió a apreciarlas, aunque jamás admitiría que nada tenía que ver el hecho de que Makoto se pegara a él y ocultara su rostro en su brazo.

Nagisa adoptaba una sonrisa sádica y en ocasiones reía histéricamente cuando Makoto pegaba pequeños brincos y algunos gemidos de terror abandonaban sus labios. Era por completo contrario a su angelical apariencia y parecía disfrutar torturando un poco a Makoto.

Pese a que las primeras veces le pareció extraño, la única vez que aceptó quedarse a dormir en casa de Nagisa, tuvo que sufrir el constante parloteo sobre las más recientes leyendas urbanas de los alrededores, lo que explicaba la prisa que tenía Makoto por regresar a su casa incluso aunque hubiese pasado de la medianoche.

Ahora, cada que la maratónica sesión de películas de terror terminaba, él y Makoto salía de casa de Nagisa e iban a quedarse a su casa. Dormían juntos. La primera vez se habían limitado a meterse ambos en la cama, sin expectativas, sin roces incómodos ni nada parecido. Eran amigos después de todo.

Makoto se había pegado a su espalda durante la noche y Sousuke al final se había girado y le pasó un brazo encima. Situación que se repitió con frecuencia después de la primera vez que durmieron juntos.

Makoto despertaba muy temprano, la costumbre de hacerlo no fallaba incluso aunque hubiese dormido tarde, Sousuke se removía y Makoto prometía regresar después de mediodía para ayudarle en la clínica.

Ese fin de semana había sido diferente. Nagisa no los había arrastrado a una noche de cine. Ran había ido a la ciudad con sus amigas de la universidad y pasaría la noche en casa de una de ellas, por lo que tampoco anduvo rondando por ahí. Se contentaron con caminar por los alrededores. Sousuke incluso fue a ayudarle por la tarde a revisar los invernaderos y a guardar algunos sacos de fertilizante.

A reparar algunos daños que los animales habían hecho a las cercas y Makoto lo acompañó a hacerle una visita de rutina a una de las ancianas del pueblo que era diabética.

Mientras Sousuke terminaba de hacer unas anotaciones en el expediente de la mujer, Makoto le había preparado té a la mujer y había estado charlando con ella con amabilidad, preguntándole sobre sus nietos. Ahí se dio cuenta que Makoto habría sido un excelente enfermero y que ambos se complementarían si se decidían a modernizar un poco más la clínica, evitando así algunos viajes al hospital regional, al poder brindar atención un tanto más especializada.

El pensamiento en si mismo le chocó cuando se dio cuenta de lo que en realidad significaba. Cuando llegó a aquel lugar había firmado un contrato por un año. Un año que ya casi había transcurrido. Se había prometido a sí mismo que tomaría eso como un descanso para recuperarse, que durante ese tiempo pensaría en retomar una especialidad, quizá pediatría, y regresaría a la clínica familiar, en la que su padre insistía, había un lugar seguro para él.

Incluso el doctor Takeuchi había ofrecido hacer una valoración médica para verificar si podía terminar su especialización en cirugía y ahora estaba ahí, pensando en instalarse en una clínica rural, al lado de un hombre que prácticamente a penas conocía.

Además estaba el hecho de que Makoto se hacía cargo de la granja de su familia, sin embargo estaba seguro que gracias a las ideas sobre modernización del castaño, a la ayuda del padre del mismo y la posible contratación de un ayudante, Makoto podría…

¡Dios!

¡Ni siquiera sabía si a Makoto le interesaba hacer algún curso de primero auxilios o enfermería e instalarse con él en la clinica! Y ahí estaba él, planeando la vida de ambos como… como si fuese… como si estuviesen...

—Yamazaki. —Makoto movió su mano delante del rostro de Sousuke y este parpadeó.

—Ni siquiera nos hemos besado. —balbuceó de manera torpe. Makoto se sonrojó tanto que la mujer mayor murmuró algo sobre los recientes fríos que estaban haciendo por las noches.

Aunque habían existido momentos en los que pudieron hacerlo, en los que Makoto parecía más que dispuesto, en los que él mismo estaba determinado a hacerlo.

Se decidió. Lo haría. Ahora. No. En algún momento. Sí, algún día. ¡Maldición!


Estuvieron conversando durante la cena, sobre anécdotas graciosas que le habían ocurrido a Makoto en la granja, en cómo siendo pequeño había escondido un conejo en uno de los invernaderos y el animal había mordisqueado tantas plantas que su padre había estado furioso por días.

—En realidad no me gustaba mucho el conejo. —admitió. —Pero papá es alérgico a los gatos y no me dejaban tener uno. Sousuke se rió.

—¡Definitivamente eras un niño muy travieso! —Makoto se encogió de hombros, terminaron de lavar los platos y se fueron a la salita a mirar un rato televisión, aunque en realidad siguieron conversando. Sousuke recibió en ese momento un mensaje en su celular.

Enrojeció al mirarlo.

Makoto que había permanecido mirándolo, se sintió curioso.

Forcejaron un poco hasta que Makoto miró la foto adjunta.

Una foto con la leyenda "Mira lo que encontré ¿te trae recuerdos LOL?"

Un Sousuke más joven miraba de perfil, con la cabeza echada hacia atrás, una de sus manos retirando el exceso de agua de su cabello, que caían en gotas que mojaban sus hombros. Un traje de baño que se ajustaba a sus largas piernas de una forma que… bueno… era una fotografía que había sido tomada para estimular visualmente a quien la mirara.

—¿Eras modelo? —preguntó Makoto cuando miró la marca en una esquina, junto con un eslogan muy conocido.

—Algo así. —masculló enrojeciendo. Le contó sobre la natación, sobre su lesión en el hombro, sobre su corta incursión en el mundo del modelaje.

—Cuando estaba en el instituto de verdad me gustaba. —habían terminado recostados sobre un futón, en el saloncito que tenía una enorme puerta corrediza que daba a la terraza del jardín trasero. —Sin embargo con la lesión, entendía que no era lo que quería y me convertí en médico. Al principio no quería, ya sabes, era el hijo rebelde y no quería entrar al negocio familiar.

—Es normal desear comerse al mundo siendo adolescente. —Makoto levantó ambos brazos y los estiró hacia el techo. —El cielo es el límite. —sonrió.

—¿Siempre supiste que te quedarías en la granja de tu familia? —preguntó con un quedo susurro, curioso. Makoto bajó los brazos, cerró los párpados y así los mantuvo. —¿Nunca quisiste irte?

—Te mentiría si dijera que no. —respondió con suavidad. —Pero me gusta la granja y el trabajo con las manos. —abrió los ojos y giró un poco la cabeza para mirar a Sousuke, le sonrió. —Soy feliz aquí.

Quizá fue por el gesto, o porque todo el maldito día había sentido el impulso de hacerlo, pero en ese momento se incorporó un poco, para después bajar su rostro hasta que sus labios rozaron apenas los de Makoto.

Se apartó un poco y entonces los ojos del castaño se fijaron en él.

—He querido hacer esto desde hace mucho. —Makoto levantó los brazos, atrayendo el cuerpo de Sousuke hacia él. Entreabrió los labios. Sousuke volvió a bajar, esta vez separando un poco sus labios también, girando la cabeza hacia un lado para cubrir la boca de Makoto con la suya.

Primero fue un simple roce, que se profundizó luego de que Sousuke deslizara su lengua sobre el labio inferior de Makoto. Cuando se apartó de nuevo, Makoto le sonreía y Sousuke no pudo evitar sonreír también.

—Me alegra que no te hayas ido.