DISCLAIMER: TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A J. K. ROWLING

* CAPITULO REEDITADO *

ONÍRICA

Unidos

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—¡¿Qué tu qué?!

—¡Cállate Ginevra! pueden oírnos; te digo que sueño con Malfoy. Pero sólo es eso, sólo son sueños.

—¡Claro!, ¡¿y esperas acaso que me crea que sólo sueñas con él porque sí?! Dime la verdad Hermione... ¿tienes algo con él?

—Ginny ¡por Merlín! Es Malfoy, claro que no tengo nada con él. Y ni se te ocurra comentarle nada a Harry, y mucho menos a Ron.

—¡Nunca creí que el Hurón botador pudiera gustarte, Hermione! —le dijo la pelirroja entre risitas.

—¡Te digo que no me gusta!

—Y entonces, si no te gusta ¿por qué sueñas con él?

—Quisiera saberlo Ginny, en verdad que quisiera…

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Mientras caminaba hacia su encuentro, Hermione Granger meditaba profundamente sobre la situación en la que se encontraba. Cada vez le resultaba más difícil separar lo que sentía en sus sueños de lo que sentía en la realidad, y no es que no lo intentara… al contrario; ocupaba más tiempo del necesario en meditar acerca de sus sentimientos. Draco Malfoy ahora ocupaba el segundo lugar en su lista de "lo que no puedo dejar de pensar"; por encima de sus amigos, cosa que no le gustaba en lo absoluto pero que era inevitable, y solamente por debajo de sus estudios para los EXTASIS.

Definitivamente estaba confundida. Desde su memorable encuentro navideño finalizado con un casi beso —el cual ya era su segundo casi beso—, el contacto con Su Draco había ido volviéndose cada vez más cercano, y cada vez más tenso. Su intrincada mente se dividía en dos opiniones diametralmente opuestas al respecto: por un lado moría por besarlo y por el otro se sentía absolutamente estúpida por ilusionarse con algo que era un producto de su torcida y extraña imaginación. Muy a pesar de todas las interrogantes que llegaban a su cabeza no podía negar lo evidente. "No, ¡absolutamente no! ¡Definitivamente no me estoy enamorando! Me siento atraída, solamente atraída…"

Comenzaba a sentirse atraída por el rubio, y se encontraba a si misma planteándose la posibilidad de acercarse al Malfoy real para conocerlo un poco más. Por su puesto que éste pensamiento terminaba siendo frenado en el acto por aquella parte de su cabecita que seguía renuente a aceptar que no perdía nada con intentarlo; pero durante todas sus vacaciones de invierno no pudo sacarlo de su cabeza, ni dormida, ni despierta.

Regresando a Hogwarts volvió a tomar su rutina de estudio y más estudio, cosa que contribuyó en gran medida a equilibrar su mente y dirigirla hacia cosas más productivas que un rubio intento de príncipe azul sin futuro. Sin embargo, era difícil evitarlo por completo debido a que seguían compartiendo la odiosa clase de pociones y tenían que trabajar juntos sí o sí. Y ahí era donde la cosa se complicaba en serio; porque más de una vez se le había salido por accidente llamarlo Draco, logrando una cara de perplejidad por parte del Slytherin, pero sobre todo porque no podía evitar mirarlo y perderse en la profundidad de sus ojos grises, que la atraían cada vez más.

Eran las diez de la noche y tenía que llegar al salón de pociones para incluir un ingrediente por demás problemático y engorroso. Para la realización de la poción matalobos era necesario atrapar un rayo de luz de luna llena y vaciarlo en el caldero mientras se removía rítmicamente el contenido. Y claro que sí, Malfoy tenía que estar presente. La ventaja era que había logrado convencerlo de que no era necesario estar juntos para capturar el rayito de luna, y tras un complicado hechizo y varios intentos por atraparlo en un pequeño tubo —los rayos de luna pueden ser muy escurridizos—, ahora se dirigía al aula para encontrarse con él.

—Granger, te tardaste —comentó un aburrido rubio que se encontraba sentado frente al caldero hirviente de la poción del mes.

—Pero ya llegué Malfoy, deja de ser tan quisquilloso —se defendió la castaña—. Traigo el rayo de luna; comienza a girar el contenido en dirección de las manecillas del reloj.

—Sí, sí… sé cómo hacerlo Granger, gracias por tu preocupación —el rubio comenzó su tarea mientras la miraba de soslayo vaciar lentamente el contenido luminoso del recipiente. Nunca la había visto iluminada por los rayos de la luna —bueno sí, pero en sueños no contaba—, y se veía absolutamente encantadora. Se le hacía un nudo en la garganta de sólo pensar que había estado a centímetros de besarla en sus sueños, y era chocante saber que ella ni siquiera lo intuía.

Comenzaba a plantearse seriamente el intentar conquistarla, pero su idea era desechada al entender que era más probable que Granger aceptara salir con un colacuerno húngaro que con él. No es que no tuviera confianza en su atractivo, eso no se discutía; simplemente era conciente de que tantos años de maltrato y humillación por su parte jugarían irremediablemente en su contra. Y Granger era demasiado inteligente como para caer en sus redes como cualquier otra chiquilla insulsa.

—Bien Malfoy, terminamos. Ahora, si me disculpas me retiro a dormir —comentó la chica mientras daba media vuelta para retirarse.

—Dulces sueños Her… —se aclaró la garganta intentando ocultar el hecho de que casi pronuncia su nombre—. Granger. "Intentaba ser irónico joder… ¿porque me salió un estúpida despedida cursi y melosa? Qué estupidez…"

La chica se volvió lentamente, con cara contrariada y fijó su mirada en esos ojos que la observaban fijamente. "Dulces sueños… ni te los imaginas Draco."

—Gracias Malfoy, seguramente que lo serán. Igualmente para ti.

"Ni lo dudes Hermione… ni lo dudes."

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—¿Es difícil Malfoy? —preguntó la chica después de un largo silencio. Tras haber caminado por horas se habían detenido bajo un árbol, en las lindes del Bosque Prohibido.

—No sé a que te refieres— preguntó el rubio volteando a verla con incertidumbre.

—Haber estado del otro lado… ya sabes a lo que me refiero. ¿Es difícil vivir ahora después de haber sido un mortífago?

El chico volteó su mirada al cielo mientras meditaba su respuesta.

—Más que difícil, es… complejo. Al principio fue fácil para mí suponer que eso era lo que quería hacer, simplemente porque crecí creyendo que era lo adecuado, ya sabes: superioridad sanguínea y derecho a dominar. Después entendí que además de ser algo que me correspondía hacer podría conseguir poder y gloria… No tengo que esconderte que siempre fui ambicioso, eso lo sabes de sobra; pero realmente era sólo un chico inmaduro, incapaz de racionalizar que el asunto iba mucho más allá del poder o de agradar a mi padre. Cuando lo comprendí ya era muy tarde; mi padre estaba en prisión y fui amenazado para sustituirlo. El Señor Tenebroso amenazó a mi madre, entonces no tuve más remedio. Era la vida de Dumbledore o la de mi madre.

La chica lo miraba atentamente, sin perderse una sola de las palabras que pronunciaba su acompañante. Podía entenderlo… si a ella la hubieran puesto en esa situación, si hubieran amenazado a sus padres ¿qué habría hecho? Probablemente lo mismo que él.

—Pero no lo mataste.

—No; no pude hacerlo. Una parte de mí quería hacerlo, pero luché contra ella porque no quería convertirme en un asesino, Granger. Te digo que es complicado. Es como si hubiera tenido una lucha interna entre lo que quería y lo que tenía que hacer… y al final ganó mi lado más humano, aunque sirvió de poco.

—Pero todo fue planeado. Tú no debías convertirte en un asesino Malfoy.

—Sí, lo sé. Pero hay veces en las que quisiera haberlo hecho; fue muy duro lo que sucedió después. El Señor Tenebroso se ensañó conmigo por no haber cumplido la misión encomendada y… - —no pudo continuar. Sintió un nudo en la garganta ante el recuerdo de los peores momentos de su vida.

Hermione lo notó, y se acercó a él. Colocó suavemente una mano en su mejilla, invitándolo a voltear a verla. El rubio al principio resistió, pero al final giró su rostro para encontrarse una mirada suave y comprensiva, que no lo juzgaba. "Granger… juegas con fuego al mirarme así. ¡Soy hombre, por Merlín!"

—No fue tu culpa Malfoy —la chica se aproximó más hacia el rostro del hombre frente a ella—. Nada de lo que sucedió fue tu culpa; y todo quedó en el pasado. —El espacio iba acortándose hasta que sus narices rozaron, mientras sus miradas continuaban fijas una sobre la otra; potentes, vibrantes, anhelantes.

Hermione cerró los ojos y giró su rostro para tener un mejor acceso a la boca del rubio, quien al sentir el contacto de los suaves labios de la chica se estremeció y abrió sus párpados con asombro. Eso no lo esperaba, pero definitivamente era bienvenido. Cerró sus ojos y con su mano izquierda tomó a la chica por la nuca para acercarla a él, mientras con sus labios aprisionaba su boca y la hacía temblar ligeramente. Entonces con su mano libre se apoderó de su cintura y la atrajo hacia él, hasta quedar tan juntos que no había espacio entre ellos ni para un suspiro, mientras aplicaba un poco más de insistencia con sus labios, y trazaba contornos suaves con su hábil lengua, tratando de profundizar el beso.

Hermione entreabrió sus labios presa de una ansiedad que nunca había experimentado. Eran tantas las emociones que circulaban por su cuerpo que se sentía pequeña ante tal magnitud. Entonces sintió como la lengua de Draco se apoderaba de su boca y la exploraba como propia, arrancando suaves suspiros de deleite a su paso. Era un beso cargado de anhelo y pasión, que en vez de quitar el hambre la hacía más intensa… Las manos de Hermione recorrieron los hombros del rubio hasta situarse bajo su nuca, mientras con cada roce degustaba la miel más dulce que habían probado sus labios, y aunque era una tarea imposible intentó acercarlo aún más a ella, como si quisiera fundirlo a su cuerpo.

Lentamente fueron cayendo al piso, mientras sus bocas cobraban vida propia y se reconocían. Experimentando cada roce, cada sabor, cada contacto, cada suspiro.

Draco terminó de reclinar a Hermione en el piso y mientras conservaba su mano bajo la nuca de la chica para mantenerla cerca, con su otro brazo se apoyaba en el pasto para evitar aplastarla con el peso de su pecho. No podía siquiera pensar en algún otro beso que hubiera dado en su vida, la mujer que tenía entre sus brazos estaba robándole el alma por la boca, borrando con sus labios cualquier otra boca que hubiera besado antes.

Cuando Draco comenzaba a mover su mano para acariciar la silueta de la chica sintió algo que lo hizo detenerse. Era como si lo estuvieran jalando… Abrió los ojos y pudo ver que Hermione tenía plasmada en su rostro la misma mirada de sorpresa, mientras todo a su alrededor se volvía confuso y giraba incontrolablemente. La estrechó contra él para protegerla mientras el entorno se volvía negro, tragándolos hacia el vacío.

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Me encuentro de pie en un lugar oscuro; sólo percibo la compañía de Hermione entre mis brazos… la siento temblar y emitir un sonido similar a un sollozo. Un denso olor a encierro y humedad corroe mis fosas nasales. La ausencia de luz me causa una horrible sensación de vértigo que parece afectarla a ella también; me siento pequeño y atrapado, pero aún así me preocupa más el miedo que percibo en ella. Le tomo la mano con firmeza y la estrecho. Al sentir el contacto ella se aferra a mi brazo con aplomo. La altura de los muros que nos encierran es descomunal, no alcanzo a divisar el techo. A pesar de que el espacio es amplio me siento incapaz de moverme, como si estuviera encadenado al piso y a la mano que se aferra con fuerza a mí. Siento una imperiosa necesidad de protegerla y la acerco aún más a mi cuerpo. Mi oído se agudiza… percibo un sonido similar al de madera quemándose, tal vez una chimenea, aunque no podría precisarlo.

¿Donde estamos Draco? me pregunta con voz temblorosa. Sé dónde estamos, he estado aquí tantas veces antes.

Creo que en una pesadilla le contesto con un hilo de voz. Siento un terror incomprensible que se apodera de mí, mi corazón se acelera a ritmos peligrosos. La adrenalina fluye por mi sistema; y ella, al percibirlo se asusta aún más.

¿En una de tus pesadillas? ¿pero... cómo? ¡¿Qué hacemos aquí?! Draco... creo que no me siento bien, algo extraño me pasa.

Volteo a verla y la noto extraña; me tallo los ojos intentando enfocarla bien, pensando que tal vez estoy interpretando equivocadamente lo que veo, pero no. Ella está desdibujada, como una imagen mal sintonizada… alguna vez vi algo similar en uno de esos aparatos muggle que tenía Zabbini en su casa.

¿Qué te sucede Hermione? te ves rara, como una visión distorsionada.

¿Como si no perteneciera a este lugar? así me siento… como si estuviera en un lugar donde no debería estar. Y la sensación es por demás curiosa; siento mucho miedo, pero es un sentimiento ajeno a mí, no me pertenece, es como si… como si pudiera sentir tu miedo, ¡Como si estuviera sintiendo a través de ti!

Volteo mi mirada intentando comprender un poco lo que sucede, tratando de encontrar algo que pueda ayudarme a sacarla de aquí, y entonces lo veo. Lo veo de pie frente a mí, en toda su altura y mirándome fijamente.

Hermione, sal de aquí, ¡corre!logro decirle mientras lo veo acercarse. No quiero que la vea a ella, no quiero que se le acerque. ¡Por favor que no la toque a ella!

Escucho un grito de terror en la voz de Hermione y un sollozo apagado que emerge de su garganta cuando logra divisar la figura que se acerca a nosotros.

El monstruo está cada vez más cerca y sólo atino a posicionarme frente a Hermione intentando protegerla de esos ojos inyectados de sangre y con pupilas alargadas, con facciones más propias de una serpiente que de un humano. Pero aparentemente sólo me ve a mí, no la ha visto a ella, como si no estuviera presente, como si no fuera su objetivo. El Señor Tenebroso me mira con odio y su boca se deforma en un rictus que simula ser una sonrisa, una sonrisa que presagia muerte.

Y entonces lo recuerdo. Sé qué va a suceder, lo he vivido antes. Y con tan sólo recordarlo comienzo a temblar.

—Ésto es mi pesadilla Hermione, debes entenderlo, no vas a poder cambiar nada de lo que suceda porque es un sueño recurrente. No te acerques, no te muevas, no hagas nada. Parece que no se ha percatado de que estás aquí. ¡¿Escuchaste?!, Pase lo que pase ¡quédate donde estás!

La empujo tras una columna y me acuclillo en posición fetal, presa del terror que me carcome y escucho su terrible risa mientras mis ojos se llenan de lágrimas. Tengo tanto miedo que mi propio cuerpo me pide desbordarse. De soslayo volteo a comprobar que Hermione me ha hecho caso y no intenta salir de su escondite, pero la veo contorsionada por el miedo, acurrucada en una esquina de la pared. Está sintiendo mi terror, ¿entonces también sentirá…?

Entonces lo escucho pronunciar la maldición torturadora y percibo un grito desgarrador proveniente de mi espalda…¡NO! Déjalo en paz infeliz

Pero la maldición rebota sobre mi pecho sin que pueda evitarlo.

Dolor, siento tanto dolor. Por favor que alguien me mate… Me retuerzo sintiendo ácido carcomerme, fuego quemarme, navajas desgarrarme. ¡Piedad! Por favor mátenme, ya no quiero seguir sufriendo esta tortura. Grito enardecido y mi garganta se reseca, mientras mi verdugo se ríe y disfruta mi agonía; luego la escucho a ella desgarrar el aire con un grito y todo mi dolor pierde significado al comprobar que ella lo esta sintiendo junto conmigo. Intento evitar sentirlo para ver si de ese modo logro ahorrarle el dolor a ella, pero no lo consigo, la maldición es más fuerte que yo.

Entonces se acaba. Tan intempestivamente como comenzó. Quedo tendido en el piso, con mis miembros lánguidos por el esfuerzo de la convulsión. Intento arrástrame hacia donde se encuentra ella, tendida en el piso y con lágrimas resbalando por sus ojos. No puedo levantarme… Logro tocar su brazo y me acerco hasta su rostro. Ella me voltea a ver con su mirada adolorida; no dice nada, sólo levanta los brazos y me acerca a ella, abrazándome. ¡Hermione me está abrazando a mí! Siento cómo me coloca sobre su pecho en un ademán protector y escucho su corazón latir con una fuerza inusitada. Entonces todo el dolor y el miedo se escapan de mí y sólo queda ella… sólo quedamos nosotros. Mi mirada se extravía en las negras profundidades de la habitación y mis ojos se desenfocan y se cierran.

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Abrieron los ojos y se encontraban exactamente en la misma posición que recordaban. Hermione recostada en el piso, con el cuerpo de Draco parcialmente sobre ella y a escasos centímetros de distancia.

—¿Estás bien? —preguntó Draco mientras se incorporaba y la jalaba del brazo para que ella también se sentara.

—¡Ouch!, eso creo… fue muy raro. Y muy, muy doloroso. ¿Qué se supone que fue eso?

Eso fue una de mis pesadillas, Granger. Eso fue lo que me pasó desde que salimos de sexto año y hasta que el Lord fue derrocado. Lo único que no entiendo es por qué acabamos ahí.

—No tiene sentido… —comentó la chica absolutamente extrañada.

—Más bien creo que absolutamente nada por estos lugares tiene sentido, pero particularmente ¿a que te refieres?

—Bien, no quiero generar ningún tipo de discusión debido a lo que voy a decir, ¿de acuerdo? —El rubio asintió mirándola fijamente—. Lo que no tiene sentido Malfoy, es el hecho de que si éste fuera mi sueño, no hay absolutamente ninguna posibilidad de que pueda viajar a tus pesadillas.

—Exactamente. Por lo tanto…

—No, definitivamente no. Te digo que no voy a discutir al respecto Draco Malfoy. Tú tienes tu idea y yo la mía; pero aparte de eso quiero enfocarme en la situación por favor. Entiende lo que intento decirte… ¿Por qué me sentía así? ¿por que no podías verme con claridad estando ahí...? ¿Por que demonios sentí un cruciatus que no fue dirigido a mí?

—De acuerdo, creo que se por dónde vas. Vamos a plantearlo de otra manera: Digamos que éste lugar es un lugar común para ambos, un terreno neutro por decirlo de otra forma. Hipotéticamente aquí podemos estar los dos, como si nos perteneciera a ambos ¿entiendes? Entonces, hace rato cuando, bueno, cuando nos besamos, salimos de aquí por alguna razón que no alcanzo a comprender y nos transportamos a otro lugar. Ese lugar es mío. Me pertenece a mí. Y siguiendo con esta lógica tu no debías estar ahí, sencillamente porque no pertenecías a ese lugar.

—Vaya… si eso fuera plausible ¿entiendes lo que significaría? —preguntó contrariada la chica, que no dejaba de dar vueltas una y otra vez a una idea en su cabeza.

—Siguiendo con esa lógica Hermione, entonces ésto no sería un sueño común y corriente… ninguno de los que hemos tenido en realidad. No puedo ni imaginar que sea posible, pero no encuentro otra lógica aparente…

—Tres mundos de sueños; uno tuyo, uno mío, y uno…

—Nuestro.

Los dos se miraron con intensidad mientras intentaban comprender lo que se abría ante sus propios ojos: una perspectiva que nunca antes se habían planteado, y que no eran capaces de asimilar. Porque si fuera así, si en realidad compartieran sus sueños…

—Imposible — murmuraron los dos a la vez impactados, mientras todo volvía a tornarse negro a su alrededor y desaparecían del claro del bosque para aparecer de nuevo en sus respectivas camas.