Hola a todos! Aquí os dejo el nevo capi :)
Una noche de buen sueño era de agradecer, porque pedir dos ya era demasiado para mí. El dormir bien y tranquila en casa de mis padres había sido como un paréntesis en la realidad que vivía últimamente, pero volver a mi apartamento era como un violento empujón que me devolvía hacia ella.
Ya había amanecido, aunque aún era muy temprano y todavía el mundo dormía. Giré mi cabeza para observar a mi hermana y ella aún se mostraba así, con los ojos cerrados y una respiración relajada. Era curioso que estuviera tan tranquila en un día tan importante, pero bien es cierto que era la primera vez desde la muerte de Raye que logragaba conciliar el sueño. Sin embargo yo...
Intentaba cerrar los ojos, pero estos parecían tener un resorte que les impedía estar de otra forma que no fuera abiertos. No podía decir que mi cuerpo temblase, sin embargo, mi interior se sacudía. Mi corazón latía fuertemente y una sensación de angustia, dolor y miedo me invadían. ¿Por qué? No podría dar una respuesta lógica. Tal vez los nervios, quizás el estrés... no en vano, hoy era el primer día en el que iría a la Escuela como primera bailarina, seguro que firmaría el contrato que me avalaba como ello, pero dejando de lado mis asuntos, era el día en el que Naomi se iba exponer abierta y directamente ante el caso Kira. Eso era razón suficiente para estar nerviosa, pero es que sentía como algo más. No sabría definirlo y quizás suene paranoico. Notaba algo que iba más allá, que me intentaba advertir de que todo iba a salir mal. Qué tontería ¿no?... O lo cierto era que me intentaba autoengañar con todo este discurso interno porque la sensación ya me era conocida.
El reflejo del espejo mostraba la sombra de lo que esa persona fue en algún momento de su vida. El cabello descuidado y despeinado y los ojos rojos e hinchados que apenas podía abrir de la sequedad que había causado tal derramamiento de lágrimas. Eso por no hablar del cuerpo. Era escuálido cuando había sido hermoso. El exceso de ejércicio y otros motivoe eran la razón de dicho resultado y ahora dolía. Un simple movimiento era motivo de sufrimiento... ¿En qué momento había cruzado el límite de la cordura?
Pero ya daba todo igual. Cuando se cruza la barrera no había modo de volver. Era todo o nada. Y aquel era el último paso que iba a dar. No quería, pero él le había obligado a tomar la decisión, el único camino que quedaba, pues no había otra salida. Se había encargado de que así fuera y por lo tanto pagaría.
Una risa cruel y desesperada se oyó en esa nublada mañana. Hasta el sol parecía esconderse por el miedo. ¿Sabéis lo que ocurre cuando se lleva a una persona al extremo más absoluto? ¿Cuándo éste, incluso, se supera? Pues que llega un momento en que todo da igual. Sus seres queridos, familia, amigos, profesión, ilusiones, miedos y hasta su vida...
Por eso tomó la decisión definitiva. Aunque fuera su final, pero también sería el de él. ¡Era perfecto! e irónico que hubiese llegado a descubrir la perfección de esa manera y en el último momento, pero lo había conseguido finalmente. Dejaría huella, estaba segura.
El corazón le latía deprisa y el cuerpo le hablaba. Antes que su consciencia, sabía que todo estallaría y se hundiría, sin embargo, es justo lo que quería. El olor a muerte le perseguía como si fuera una prefiguración de la misma que acaba con la vida y volvió a reír frente al espejo. Una risa con lágrimas. El placer de la venganza junto al dolor de la pérdida.
Se miró una vez más en el espejo y suspiró. Tan solo cogiendo las llaves de su apartamento, se levantó y salió para hacer realidad sus planes. Para ver su final...
Esa persona quedaba ya muy lejos de mí. Había evolucionado o tal vez había vuelto a mis orígenes, no estaba muy segura. Pero la sensación que viví, el olor a muerte, notar que mi cuerpo ya sabía lo que pasaría era algo que por desgracia notaba en esa mañana.
Miré por la ventana que había en el techo abuhardillado de mi habitación y el cielo se mostraba gris. El día estaba triste... como apunto de llover o mejor dicho de llorar. Otra señal... ¡Me estaba ya por dar un infarto! Y como queriendo ayudarme que así fuera, el despertador sonó estrepitosamente. ¡Genial! Todo comenzaba...
Naomi se movió brevemente y luego despertó.
- Buenos días - dijo estirándose.
- Hola - dije enfadada mientras intentaba callar a ese maldito trasto.
- ¡Uf! Menudos humos... - advirtió - ¿Has dormido bien?
- Sí... - resoplé - ¿Y tú?
- Pues bien, sí... creo que es de la emoción por lo que nos espera hoy - meditó.
- Mira que eres rara - hice una mueca.
- ¿Acaso no estás nerviosa? - dijo levantándose con una risa - Hoy daré unas pistas claves para L.
- Ya, claro - me acomodé mejor en mi cama - Manteniéndome a mí al margen. Eso no es justo.
- Va a ser tu primer día en la compañía - dijo - Deberías estar emocionada.
- Sí... - bostecé. Ahora que tenía que moverme me entraba el sueño que no había aparecido en toda la noche.
- Anda, dúchate que prepararé el desayuno - me sonrió.
La hice caso y cinco minutos después me estaba enjabonando el cuerpo. A ver... mi cerebro parecía estar adormilado mientras que mi cuerpo seguía en ese estado de alerta. Tenía que obligar a trabajar a mis neuronas... a pensar, a darme alguna respuesta de como convencer a Naomi para que le acompáñase porque no debía dejarla sola. Cerré el grifo de la ducha y me vestí. Bajé casi corriendo las escaleras.
- Vaya, que ímpetu - rió ella mientras me servía unas tortitas.
- Naomi... - suspiré - Por favor, déjame ir contigo.
- Y dále Danielle - me llamó por mi nombre completo, solo lo hacía cuando se enfadaba - Te he dicho que no. No seas P-E-S-A-D-A.
- Naomi, por favor... - ya me estaba preocupando - Me has dejado formar parte de tu investigación ¿Por qué no me dejas terminar lo que hemos empezado?
- No me hagas repetir los mismo Dani - sirvió algo de café. - Ir a la Jefatura será como decir "Hola Kira, tengo información que ayudará a atraparte" Así que no pienso exponerte así.
- ¡Naomi deja de protegerme quieres! - dí un golpe en la mesa - Mira, ya sé que en el pasado me comporté como una niñata gilipollas e inmadura que nos hizo meternos a las dos en serios problemas, pero ¡joder! no pienso cagarla ahora, no cuando estás tú implicada.
- Ya lo sé Dani... - dijo cansada - Pero soy tu hermana mayor, por lo tanto la que debe cuidarte y ya estamos hablando en palabras mayores con lo que va a suceder hoy - me miró seriamente - ¿Qué pasa con tu sueño? ¿Lo vas a tirar así?
- No es eso... - observé mi reflejo en el café - Es que... tengo la sensación de que no voy a volver a verte.
- ¿Pero que tontería es esa? - dejó su desayuno de lado para abrazarme - Solo voy a la Jefatura, que es un riesgo, sí, pero no voy a la guerra - sonrió.
- Es que todas las sensaciones que tengo son exactas a cuando... - no sabía como seguir - cuando...
- ¡Dani! - me agarró delicadamente el rostro para que la mirara - No, no pienses en eso ¿vale? La situación no tiene nada que ver.
- Pero es que siento lo mis...
- Escúchame - me dijo en tono tranquilizador - Lo de Raye, tu elección, Kira... ¡por Dios! es que ha sido demasiado en tan poco tiempo... es normal que te sientas inquieta - me apartó un mechón de la cara - Pero confía en mí. Cuando vuelvas de los ensayos me encontrarás aquí con la cena lista - dibujó una dulce sonrisa - ¿Quieres que haga tarta de fresa? - lo decía porque sabía que era mi favorita y una buena forma de aplacarme.
- Ainsss Naomi - me quejé como una niña pequeña cuando se ve derrotada por el sermón de su madre.
- Hazme caso - me acarició el rostro - Todo irá bien.
Pues no, no me convencía ¿Y si la hacía creer que iba a la Escuela, pero luego la seguía? ¡Por favor! Que era mi hermana... ¿En qué demonios pensaba? Perseguirla cual delicuente, anda que vaya ocurrencias. Pero esa angustia... es que no se iba. Quizás Naomi tenía razón y era debido a una acumulación de cosas. Sí, eso era lo más seguro, al fin y al cabo, ella era la sensata y la que tenía siempre razón. Tenía que hacerla caso.
Recogimos los cacharros del desayuno y los pusimos en el lavavajillas. Mientras Naomi se vestía yo aproveché para pasear a Cherry. Cuando volvimos, ella ya estaba lista para macharnos. Nos paramos en el portal de mi edificio, pues nuestros caminos eran diferentes. Miramos las dos al cielo gris y posteriormente nuestros ojos se posaron en la una y la otra. Ella me sonrió y yo le devolví el gesto, pero inexplicablemente tenía unas enormes ganas de llorar. Naomi me acarició la mejilla.
- Vas a coger frío - advirtió al ver mi cuello desnudo. Se quitó su bufanda para ponérmela y entonces su cuello se me antojó curiosamente desprotegido. Aún en momentos así, seguía cuidándome cuando tenía que ser alrevés.
- Naomi...
- Estaré bien - me cortó adivinando mis pensamientos. - ¿Tarta de fresa?
- Sí - asentí triste.
- Ya verás que rica va a quedar - sonrió - Buena suerte, Dani.
- Igual... - suspiré - Cualquier cosa llama.
Ella se giró dispuesta a irse, pero entonces...
- ¡Naomi! - corrí hacia a ella para abrazarla - Te quiero.
- Y yo a ti - me dijo sorprendida para luego devolverme el abrazo.
Y la dejé ir, sin más. No se porqué diantres lo hice, pero entonces mis pasos me llevaron a la Escuela y allí pasé el día. En efecto, firmé el contrato con la compañía y allí me presentaron al resto de bailarines, entre los que estaba Hina. Estuve todo el día viendo el programa de pasos que había preparado el coreógrafo y entre explicaciones y más explicaciones. Todo teórico y nada práctico, pero querían asegurarse de que entendiéramos todo antes de comenzar. He de decir que el protagonista masculino, un ruso de gran prestigio en el mundo del ballet llamado Alexander, tenía a todas locas, pero a mí me pareció un auténtico payaso. ¿Por qué? Demasiado creído y con unos aires inmensos de creerse dios, a parte de que no esperó ni un minuto para coquetear conmigo ¿¡Pero quién se creía! Por supuesto que Hina no tardó en visualizar que iba a acabar casándome y teniendo hijos con él...
- ¡Ah no! Bastante con que por mis venas corre sangre de Escocia, Francia, América y Japón, así que no pienso añadir a Rusia. Al final mi familia parecerá un congreso de la ONU - bromeé.
...
La noche había caído cuando regresé. Suerte que me esperaba una tarta de fresas preparada por Naomi. Ya se podía ir preparando porque la iba a preguntar hasta el último detalle de lo que había sucedido en la Jefatura ¿Habría llegado a hablar con L? Ojalá que sí. Tanto ella como Raye se merecían justicia y aunque me costase admitirlo... comenzaba a posicionarme al lado de ese detective sin rostro. Él parecía ser el único que podía hacer algo contra Kira. Nunca lo había visto desde esa perspectiva, pero su reto por televisión fue realmente bueno para poner a tal asesino contra las cuerdas.
Pero cuál fue mi sorpresa al entrar en casa estaba todo oscuro, sin signos de otra vida salvo la de mi querida perrita. Encendí las luces y dejé mis cosas tiradas en el sofá. La cocina estaba tal cual la dejamos esta mañana, por lo que nadie había entrado desde entonces. Qué extraño...
- Hola Cherry - saludé a mi perra poniéndome de cuclillas para acariciarla - ¿Y Naomi? - pregunté - ¡Naomi! - grité para luego subir a mi cuarto - ¡Naomi! - pero no había nadie - Quizás se haya retrasado - me dirigí de nuevo a mi mascota que estaba bajo mis pies - Bueno, vamos a la calle y sino está la tita, la llamo - cogí la correa y salí para dar un paseo con Cherry.
De verdad que hacía frío, bueno, es que había nevado durante todo el día, así que era normal. Mi perra parecía disfrutar más que nadie con la nieve, no paraba de saltar sobre ella y revolcarse. Era muy gracioso verla, pero no lo suficiente para quitarme el nudo que tenía en la garganta. ¿Dónde estaría Naomi? Si había logrado contactar con L podría ser lógico que no hubiera vuelto a casa ¿no? Sí, esa sería la razón. Casi podía ver la escena: mi hermana y L en un cuarto hablando y rodeados de miles de papeles sobre la investigación, trabajando juntos, dando pasos de gigante en el camino que conducía a la detención de Kira.
Cuando volvimos a casa me encontré con el portero. Me detuve a preguntarle por si por algún casual Naomi se había pasado por el apartamento en algún momento del día, pero no fue así.
- Está con L - no me paraba de repetir, aunque eso no parecía convencerme mucho. Cuando estuvimos de nuevo en mi salón, busqué mi móvil y llamé al de Naomi. Daba señal pero...
- El número al que llama está apagado o fuera de cobertura - dijo al fin una voz grabada. ¡Genial! Lo único que faltaba, que no cogiera el teléfono - Si lo desea, puede dejar su mensaje después de la señal. - oí el pitido.
- Naomi, soy Dani. He llegado a casa y no estás. Bueno... cuando puedas llámame ¿vale? - colgué. - Cherry, pues nos toca hacer la cena ¿Qué te apetece? - dije mientras veía que movía el rabito como una loca.
Puse en su plato de comida un poco de pienso y para mí no me compliqué mucho la vida, así que opté por devorar unas trufas que tenía. Era curioso que mi enano apartamento de pronto me pareciese gigante. Creo que me había acostumbrado a habitarlo con alguien. Humano, claro, porque Cherry no contaba. El silencio estaba comenzando a ser abrumador y yo me estaba desesperando. Llevaba un año viviendo sola ¿y ahora me acomplejaba estar sin Raye y Naomi? Parecía mentira... A lo mejor debería llamar a mis padres, pero eso era una idea bastante mala.
- Está con L - pensé de nuevo. Pero eso no quitó que volviera a llamar a mi hermana.
- Naomi, soy yo otra vez. ¿Dónde estás? Llama por favor. - dejé el segundo mensaje en su contestador.
Para evitar el silencio que nuevamente reinaba en el ambiente, opté por poner la televisión. En casi todos los canales hablaban del tema estrella: Kira, pero yo no tenía el cuerpo como para oír y ver hablar más sobre el asunto, así que puse un interesante documental sobre la reproducción de las ranas silvestres del Amazonas. A falta de un buen somnífero para dormir, un reportaje tan "divertido" como ese era de gran ayuda...
- ¡Marco!
- ¡Polo!
- ¡Marco!
- ¡Polo!
- ¡Te pillé!
- ¡Ahhhhhh! - grité infantilmente y luego salí corriendo entre los árboles de aquel parque que se unía con un bosque seguida de mi hermana mayor que tenía diez años frente a los cinco que tenía yo.
Todos los domingos mi padre nos llevaba a merendar a ese sitio tan alejado de la ciudad. Era un pequeño respiro al vivir en una población tan ajetreada y ruidosa como la de Tokyo y una manera para afrontar con energía las clases del colegio que nos esperaban durante la semana. Papá lo había descubierto en una de sus jornadas de caza, puesto que él era muy aficionado y desde entonces, no faltábamos nunca a ese lugar por un día a la semana. Él estaba seguro que no lo conocía nadie a excepción de nosotros, así que era un auténtico privilegio poder disfrutar de tal paraje. La naturaleza en estado vivo.
Mi hermana era rápida y me seguía de cerca, aunque mis piernas eran más ágiles y le era díficil alcanzarme. Siempre jugábamos a aquelo juego ¡Qué divertido era! Nuestro padre se quedaba preparando los sándwiches y nosotras no parábamos de corretear. Hasta que un día nos alejamos demasiado...
- ¡Naomi! - exclamé.
- ¿Qué sucede? - preguntó con la respiración entrecortada de la carrera una vez que llegó a donde me había parado.
- ¡Mira! - señalé. Ante nosotras se alzaba un imponente mirador, aunque por su estado, había sido abandonado hacía mucho tiempo.
- ¡Ala! - dijo asombrada - ¡Qué alto es!
- Vamos a subir - tiré de ella hacia aquella construcción, muerta por la curiosidad.
- ¡No, Dani! - me detuvo - Está derruido, puede ser peligroso.
- ¡Anda ya! - me deshice de ella y comencé a subir sus interminables escaleras - Yo quiero ver lo que se ve desde arriba.
- Pero te puedes caer y... - se detuvo ante el primer peldaño - Esto no parece seguro, Dani. Deberíamos llamar a papá.
- Papá no nos dejará subir - me agarré a la barandilla puesto que el décimo escalón se tambaleaba.
- ¡Dani! Baja ya - me gritó.
- ¡Qué no! - contesté - Sube tú.
- No me obligues a ir a buscarte - se estaba comenzando a enfadar.
- No lo harás porque eres una cobarde - le saqué la lengua.
- No es porque sea cobarde...
- ¡Cobarde! - le piqué - ¡Cobarde!
- ¡Eso no es verdad! - al final cayó en mis provocaciones y comenzó a subir - ¡Te vas a enterar!
Grité divertida e ignorando el estado peligroso del mirador, ambas subimos hasta arriba del todo. Para mi sorpresa me encontré esperándome allí a una Naomi adulta y no niña. Una sensación fría me invadió y el olor a muerte llegó mientras que el cielo se tornaba rojo sangre.
- Me afixio - me dijo.
- ¿Naomi? - dije sorprendida.
- No puedo respirar - La notaba cada vez más lejos de mí y me costaba entenderla.
- ¡Espera! - le llamé - ¿Dónde estás? - Su rostro se tornó morado mientras que alrededor de su cuello salía una especie de marca que le impedía respirar. Tardó en responderme, pero cuando sus lágrimas cayeron, habló.
- Con Raye.
Desperté violentamente en el sofá. Casi no podía respirar. Tenía una extraña sensación en el cuello, como si tuviera algo que me ahorcase. Cherry me comenzó a ladrar asustada. Llevé mis manos a la garganta como si así pudiese ¿notar aquello que me ahogaba? ¿¡Qué estaba pasando! Fui a levantarme del sillón y al hacerlo caí al suelo. Entonces esa sensación pasó. No sabía la razón, pero comencé a llorar amargamente... como nunca lo había hecho en m vida, pues notaba que había perdido algo...
...
Había hablado con Hina y mi madre y les había contado que hacia dos días que no sabía nada de Naomi. La primera me excusó ante los ensayos, cosa que hizo que recibiera un nuevo mensaje de la directora de la Compañía de Ballet diciéndome que no me preocupase, que al parecer tenían retrasos con la preproducción de la obra y que mi presencia no era necesaria por el momento. Me preguntaba hasta cuando me sonreiría la suerte en lo profesional porque ya la estaba tentando demasiado..., pero poco me importaba ahora. Mi madre por su parte, me dijo que no le diría nada a mi padre hasta que no llegasen a Japón. No era la primera vez que Naomi desaparecía por algún caso en el que estaba muy metida, así que tampoco era raro que no diese señales de vida, pero yo sabía que esta vez no era así. Algo me lo decía.
Así pues, hice algo que nunca me había costado hacer en mi vida: desobecer. Una vez más, ignoré lo que me dijo mi madre y me dirigí a la Jefatura de Policía a denunciar la desaparición de Naomi y... contactar con L. ¿Era una locura? Sí, pero lo tenía que hacer. Había pensado en llamar y así no mostrar mi rostro para evitar cualquier riesgo que Kira pudiese utilizar en mi contra, pero los teléfonos podían estar pinchados y eso era un riesgo, aún cuando llámase desde una cabina pública. Lo mejor era ir y ver la cara de la gente con la que hablase. Además, era lo que había hecho Naomi y yo no iba a ser menos...
Nunca había estado tan nerviosa en mi vida. Era bastante temperamental y el grado de frialdad que podía alcanzar mi hermana para tomar decisiones era algo que no llevaba en mis genes. ¿Qué haría cuando llégase allí? ¿Denunciar la desaparición de Naomi y preguntar por L? ¿Decir que tenía algo sobre el caso Kira? ¡Dios mio que mal iba! Y lo peor es que sabía que mi vida -y puede que la de Naomi- estaban en juego, pero ¿Qué podía hacer si simplemente era una bailarina de vida normal? Ojalá fuese tan buena como mi hermana mayor...
Cuando quedaba unos pocos pasos para llegar a la Jefatura, en una zona de la calle, sentí un escalofrío. Parecía que ese sexto sentido que tenemos todos, esos días lo tenía más desarrollado que nunca y no paraba de gritar para comunicarme algo... De alguna manera podía sentir que Naomi había estado allí ¿Cómo? No lo sé. Pero aquella sensación en mi cuello y el frío... No pude mantener el equilibro y caí...
- ¿Está bien, señorita? - oí una voz masculina.
- Sí... - contesté dudosa. Noté como el dueño de esa voz me ayudaba a levantarme. El hombre no me superaba en altura y tenía una expresión muy amigable.
- ¿Está segura? - preguntó, pero yo estaba más atenta en mirar alrededor para ver si podía descubrir el motivo de mi reacción - Trabajo aquí mismo y si usted quiere podría llamar a alguien que venga a buscarl...
- No - le corté tajante - Tengo que ir a la Jefatura.
- ¿A la Jefatura? - preguntó con sorpresa - Yo trabajo ahí, soy policía.
- ¿En serio? - juro que tuve ganas de abrazarle. La suerte parecía ponerse un poco de mi parte...
- Sí - me sonrió dulcemente - Si quiere puedo ayudarle. ¿Qué le ocurre?
- Pues que... - ¡un momento! Todo apuntaba a que Kira era un policía japonés y tanta amabilidad por parte de ese hombre derepente me resultó extraña... Tenía que protegerme - No, lo siento. No puedo hablar con usted.
- ¿Por qué no? - dijo asombrado - Señorita, confíe en mí, yo puedo ayudarla. Dígame lo que le pasa y le pondré en contacto con quien pueda responder a su problema.
- Venía a denunciar una desaparición - dije tras pensar un rato.
- ¿Y por eso tanto misterio? - me dijo en broma - No corresponde a mi departamento, pero le prometo que haré que tome su caso el jefe de la sección de desaparecidos. Acompáñeme - me indicó.
- Es que no es una desaparición común - dije parándole. Él me miró confuso - ¿Podría hablar con alguno de los investigadores del caso Kira? - Vale, ya estaba comenzando a notar toda mi adrenalina subiendo. Primer riesgo tomado.
- ¿Del caso Kira? - sus ojos están abiertos de par en par.
- Sí. Quizás suene a chiflada porque supongo que habrá mucha gente que os moleste con ello, pero de verdad necesito hablar con alguien que esté metido en el caso - le debí de sonar tan convicente o tal vez tan suplicante que tras un momento me dijo:
- Por favor, sígame. No es seguro hablar en mitad de la calle.
Le hice caso y caminé tras sus pasos. Entramos en aquel enorme edificio y gracias a aquel policía no fue necesario que en la entrada me parasen a pedirme una acreditación. Les dijo que iba con él, así que no me molestaron. He de admitir que eso fue un gran alivio, pues no debía dar mi rostro y mi nombre. Lo tenía bien presente. Tómamos el ascensor y subimos unas cuantas plantas para luego llegar a un piso completamente vacío... ¿Vacío? Esto no me gustaba...
- Desde la muerte de los agentes FBI, muchos policías han renunciado a seguir en el caso Kira - me comenzó a decir al ver mi expresión por no ver a nadie trabajando. - Somos pocos los que seguimos luchando contra él...
- ¿Usted es investigador del caso Kira? - pregunté sorprendida.
- Así es - me sonrió mientras me indicaba que me sentase en una silla que había tras una mesa que debía de ser la suya - Mi nombre es Ukita.
- El mío Moira, Moira Shearer - mentí.
- Y dígame señorita Shearer - dijo - ¿Viene a denunciar una desapación que tiene que ver con el caso Kira?
- Sí - asentí - No se moleste, pero es algo que solo me gustaría hablar ante L. - nuevamente, sorprendí a aquel hombre.
- Disculpe... pero eso es imposible.
- Sé que es díficil - dije. Llegar a L en esos momentos debía ser más complicado que intentar tomar un café con el presidente de Estados Unidos - Pero la información que poseo es de especial interés para el caso Kira.
- Perdóneme de nuevo - notaba que estaba acabando con la buena fé de Ukita, pero no dejaba de ser amable conmigo - ¿Pero sabe cuánta gente ha venido aquí diciendo lo mismo?
- Estoy segura que mucha - le comprendía perfectamente, así que decidí tomar el segundo riesgo. Estaba cerca de mi próposito... Podía hacerlo - Pero tal vez le ayude cuando le diga que sé que uno de los agentes del FBI asesinados fue Raye Penber - noté que se le cortó la respiración - La identidad de los doce del FBI no ha sido revelada, así que verá que ya sé algo más que el resto del mundo - por su expresión, supe que había dado en el clavo - Además, la desaparición que vengo a denunciar es la de Naomi Misora. Era la prometida del agente Penber y por si sigue dudando de mí, puede mirar en su ordenador que ella se trataba de una ex-agente del FBI. - Ukita tardó en asimilar la información, pero cuando lo hizo, tecleó y comprobó que lo que decía era cierto.
- ¿Cómo sabe todo esto? - dijo no saliendo de su asombro.
- Ya le he dicho que solo responderé ante L - contesté - Y más vale que se dé prisa en ponerme en contacto con él porque tengo más información.
- Señorita - me dijo entonces - Aunque es cierto que me ha ofrecido datos confidenciales y yo informe de ello, es muy díficil que L la responda personalmente.
- Por favor - supliqué. No iba a dejar escapar una oportunidad como esta. No ahora. - Diga el nombre de Naomi Misora, eso le hará a L responder.
- ¿Puedo preguntar por qué? - dijo con el ceño fruncido.
- Porque ella trabajó para él.
Agarró el teléfono fijo y marcó un número. ¿Ya? ¿Tan fácil iba a ser hablar con L? Bueno, no me iba a quejar, todo estaba siendo jodidamente díficil y por algo que estaba saliendo rodado no ina a protestar, además, bastante me había arriesgado al darle tanta información... Aunque acabó con mi ilusión cuando oí que no se dirigía a L, sino a un tal Watari.
- Watari, soy Ukita de la Jefatura - dijo - Tengo aquí a una mujer con una información bastante interesante... No, tranquilo, me ha dado datos que solo nosotros podríamos saber... - me miró de reojo - Está bien - para mi asombro colgó, pero antes de que pudiera protestar volvió a llamar y me pasó el teléfono - Ha tenido mucha suerte... - ¿¡Entonces iba a hablar con L! ¡¿En serio! Cogí el teléfono con mi mano temblorosa por los nervios y suspiré para armarme de valor... ¿Por dónde iba a empezar?
- ¿Sí? Al habla Suzuki, responsable de llamadas de particulares sobre el caso Kira - oí al otro lado de la línea a un voz tan... sumamente apática...
Ha sido largo esta vez eh? Había pensado en dividirlo en dos como el anterior, pero como prometí que en este salía L, lo que dejado así. Espero que no os haya sido pesado de leer ^^
Hablando de L... ya ha salido... ¿Lo habéis reconocido? ;)
Como veréis, en este capi aludo mucho al cuello de la prota y el de Naomi... ¿Recordáis como murió ésta última verdad? Tan solo es un guiño. Ainsss qué penita de verdad! Maldito Kira ¬¬
Bueno, y eso es todo por el momento. Muy atentos al próximo capi :D
Gracias por los que se paran a leer y gracias al cuadrado por los que también se paran a comentar, en especial a Alice que me anima un montón ^^
Besos!
