7

- No llores más, por favor, no me has hecho nada.

- No mientas, Damon –dijo ella entre sollozos-. Siempre te estoy haciendo sufrir, haciéndote daño por mis actos… y nunca me había dado cuenta, siempre cegada por mi misma…

- No digas tonterías. Aquí el único egoísta soy yo, lo soy Elena, por quererte tanto.

Elena paró de llorar como puso y se separó de él lo justo para poder mirarlo. Esa debía ser la tercera vez que Damon le había dicho que la quería.

- Yo… -empezó-, Stefan…

- No, cállate. No quiero oír el nombre de Stefan ahora, solo tú y yo.

- Pero no puedo… Aunque él ahora sea así yo aún confío...

- Lo se, Elena, lo se.

Damon la separó un poco de si mismo, cogiéndola por los hombros y mirándola fijamente.

- Lo que te voy a pedir es algo sumamente egoísta, pero lo necesito. Necesito que me correspondas por una vez, sentirme lleno, algo por lo que seguir viviendo…

Mientras el vampiro hablaba Elena pudo ver como se le humedecían los ojos. Nunca había visto a Damon así, tan… vulnerable.

- ¿Qué te corresponda? –preguntó ella sin entenderlo muy bien.

- Quiero que hablemos, que te sinceres conmigo, pero siempre llevas un muro impenetrable a tu alrededor, no quieres abrirte, dejarte llevar… Así que por una noche, quiero que te quites el collar con verbena. Yo haré que lo olvides todo, mañana no recordarás nada de esta noche, e intentaré no forzarte a nada, solo a que estés conmigo.

Ella se quedó parada. Le estaba pidiendo que se dejara controlar, manipular por él una noche, y que además la obligaría a olvidarlo todo. Algo así la habría sacado de quicio meses atrás, pero ahora, mirando a Damon a los ojos se sentía segura, sentía que podía hacerlo y que se lo merecía. Además, ¿por qué había elegido al hermano mayor para ir al baile? ¿Qué significaba aquello? Quizás, si se dejaba llevar lo descubriría…

- Está bien, solo esta noche.

Elena se desabrochó el colgante que le había regalado Stefan y lo alejó de su cuello, quedando expuesta totalmente al control mental de cualquier vampiro, de Damon.