Los Amantes del fuego
Summary: Para aquellos amantes de penas amargas que el fuego los consumió y su sacrifico recompenso. Renace corazón vuelve a palpitar con normalidad ya que frente a ti lo que jamás soñaste se hará realidad. Cambia con tus latidos la brasa ardiente que borro lo que tanto te daño, respira el humo sofocante de la libertad de los amantes del fuego que como el ave fénix renacieron de las cenizas de su destrucción…
Disclamer: Los personajes son de S.M yo solo juego con ellos.
N.A: ANTES DE LEER ESTA HISTORIA LES PIDO QUE PASEN AL ONE SHOOT "EL FUEGO NOS CONSUME" PARA QUE PUEDAN ENTENDER POR QUE HICE ESTE FIC...ES SU CONTINUACION.
Capitulo 7
El primer contacto.
Narra- Rosalie.
Había salido de la ducha con agua hirviendo, me sentía acalorada, las cosas no habían sido normales. Pero, el miedo y la vergüenza, se empezaban a difuminar. No del todo pero, de eso a nada, prefería esta realidad. Había entablado algunas conversaciones con el doctor Cullen. Tal vez es extraño, y más para una persona que ultrajaron, pero el hombre con semblante pasivo, me daba toques de haberlo conocido y brindarle mi entera confianza. Fueron varias veces, las que me sorprendieron analizando su rostro. No lo note avergonzado. Solo me dedicaba sonrisas e irradiaba tranquilidad. Me explico múltiples veces, lo que yo ya sabía.
Pero había algo que no coordinaba. Su vestimenta era un tanto extraña. Le pregunte pero solo evadió la respuesta. A cambio me dejo claro: que aquí no era como en mi país. Asumí que era una tribu, ya que todos tenían una manera de vestir un tanto extravagante. Me hacia recordar a las personas de Asia o tal vez América del Sur. Se limitaban a usar pantaloncillos cortos y dejaban al descubierto el pecho, en su mayoría moreno-cobrizo.
Se suponía que había pasado algún tiempo desde el ataque de aquel animal y sus malditos compañeros. Pero, a mi me parecía que no se trataba de días, meses ni años. Todo era realmente diferente a lo que estaba acostumbrado. No tenía a la servidumbre ni siquiera a mi nana. Tenía que vestirme sola y calentar el agua para bañarme.
El baño, los cuartos, la cocina y todo lo que tiene esta casa era un tanto rural. Como si estuviera en la montaña más alejada de la civilización. No me molestaba, de hecho era algo que me hacía sentir cómoda.
Cuando abría la ventana podía aspirar el aire natural, las brisas frescas que golpeaban mi rostro. Llenando mis pulmones de olores exquisitos de naturaleza al por mayor. Me había negado a salir. Aun que me moría de ganas de hacerlo y saltar por la libertad y la lejanía de aquellos bastardos.
Me puse a analizar los beneficios de estar aquí. No se me obligaba a hacer nada de lo que normalmente mi madre me hostigaba para hacer a su conveniencia. Ni ponerme esos corset que me hacían querer partirme en dos. No, aquí todo emanaba un aire de libertad pura…
Usaba poca ropa, que al principio me apeno, pero al siguiente momento me acostumbre. Unos vestidos que no eran ampones. Si no lisos y que se amoldaban a mi cuerpo. La ropa interior también era extraña. De hecho, nada cómoda. Pero era lo que tenia. Esto o regresar a verle la cara a aquella gente que me puntualizara como la escoria de la sociedad.
Me estremecí por el hecho de volverlos a ver ¿Cómo se tomarían que no esté muerta? Lo verían como un estorbo que les añadiría problemas. Si y tal vez me usarían como su servidora sexual manteniéndome arraigada en la oscuridad.
Complaciendo sus actos impuros y asquerosos.
Por reflejo me abrace a mí misma.
No deseaba que nadie volviera a tocar mi cuerpo…nadie. Ahora necesitaba solo pensar. Dejarme fluir entre este paraíso selvático y vientos con lluvias vaporosas. Hasta los truenos -a los cuales antes temía- se volvieran como iluminadores de mis pesadillas.
Tome la última prende que debía ponerme. Tenía hambre, y creo que a este nivel engordaría mucho sin mis fajas. Pero, eso ya no me importaba. El hecho de no tener a quien lucirle el cuerpo, me mantenía alejada de las rigurosas dietas que me hacían en mi casa. Bueno, en la casa de aquella familia que permitió que me vendiera a un cerdo con perlas.
Dudaba a creer en los hombres, pero estos que me rodeaban no mostraban interés hacia mi persona.
No me molestaba que no me adularan. No, pero aquellos ojos que había captado por primera vez. Ojos negros, destellantes y cargados de un inmenso mar de emociones. Me mantenían alocada. Jacob Black. El joven indio que se portaba demasiado amable. Lo veía como a un niño pequeño en cuerpo de hombre. No creía que tuviera dieciséis años. Pero, todos corroboraban su versión. No tenía manera de refutar sus argumentos. ¿Cómo hacerlo si es tan hermoso? Sin contabilizar a sus cómplices…puro hombre inmenso y semi-desnudo.
No era el típico hombre que conoces a la vuelta de la esquina. Su alma viva de inocencia, su sonrisa a perlada, sus ojos encendidos y su maldita egolatría que me atraía.
Me decía a mi misma que no confiara. Pero, con solo una mirada seductora o un juego de desafío para ganar la partida. Vencían rápidamente a las barreras que ponía.
Mi cuerpo carbura ideas extrañas para mí. Hiperventilaba cuando me retaba a hacer algo. El tenerlo cerca inducia sensaciones en el vientre. Temía que me enamorara como una tonta. El no mostraba interés sentimental hacia mí. Pero sus acciones me dictaban lo contrario.
Lo había pillado entre sueños entrar a la habitación. Verme como a una diosa dormida y acariciar mi cabello mientras me admiraba. La primera vez, me quede extrañada, la segunda: idiotizada y la tercera lo anhelaba.
Quería que cada noche el velara mis sueños. Que alejara las pesadillas horrorosas que me tenían tensa. Que con sus manazas hiciera un masaje relajante que me motivara a soñar con las estrellas.
Su olor, tan parecido a la naturaleza. El bosque impregnado en su esencia. El néctar florecido de sus poros emanaba, aquel tentador olor almizclado con madera.
Y ni hablar de los escalofríos cuando; el amanecer venia a flote y se despedía con un beso tibio en la coronilla.
Un deseo ardiente: sostenerlo y besarlo con alevosía.
Estrechar nuestros labios.
Danzar con el grosor rosado y carnoso.
-Se puede- y hablando del rey de Roma- Rose te traigo el desayuno- susurro entre abriendo la puerta. Mi corazón empezó a gimotear desenfrenado. El mismo que escuchaba cada que me hablaba o veía.
Dios que me pasa
-Adelante- conteste revisando la vestimenta.
Era el único con quien me permitía entablar conversaciones extensas. Afloraba en mi interior un sentimiento diferente. Algo parecido y fortalecido cien mil veces al que una vez sentí por Royce. Me estremecí ante el recuerdo de aquel bastardo. Pero, el ver entrar con una charola en mano, a ese hombre moreno y con su torso desnudo. Los recuerdos nefastos y catastróficos se extinguieron.
Me sonrió mostrando la blanquezca de sus dientes y expandiendo sus labios por su rostro.
Le devolví la sonrisa sin pensarlo dos veces.
El nerviosismo se apodero de mi cuerpo al verlo caminar tan cerca.
-Nada como unos buenos huevos tibios con pan tostado y un buen jugo de naranja para empezar el día ¿verdad muñeca?- dijo guiñando uno de sus ojos. Me sonroje al instante. No me acostumbraba a ese sobrenombre que me había puesto hacia una semana al igual que muchos otros.
Muñeca.
Dios lo dirá ¿por que me veo muy fría? o quizás ¿por que empezaba a verme con buenos ojos?
Que sea la segunda. Que sea la segunda repetía mi cabeza mientras me quedaba admirando su semblante al poner, la charola, que mantenía en equilibrio sobre el buro diminuto a nuestra derecha. La lámpara tambaleo y sin pensarlo me acerque a detener su caída.
Me arrepentí.
Quede demasiada cerca de su cuerpo.
Podía escuchar el sonido de sus exhalaciones e inhalaciones aceleradas.
Podía sentir su mirada penetrando sin piedad; mí enrojecido rostro que, rozaba su brazo izquierdo. Empecé a temer por la cercanía. Unas inmensas ganas de arrojarme a sus brazos…me desestabilizaban.
La conexión de sus cuencas oscuras contra las mías marrones…se hizo intensa.
De pronto, el gruñido de mi estomago, rompió la conexión.
Se aclaro la garganta solo para sobre saltarme y apenarme.
-Creo que tienes hambre- susurro burlón. Di un paso hacia atrás y me senté en el filo del colchón- Esta vez, me permití traer mi desayuno con migo- se rasco su cabeza y se veía apenado. Tuve que sonreír al verlo tan inocente…
-¿Y tu padre?- pregunte desarrugando el vestido. Necesitaba entretenerme en algo que no fuera su cuerpo.
-Se ha ido con los viejos de la tribu. No me dijo nada solo me pidió que te cuidara.
-Claro. Ya he mojado mis pañales- dije rodando lo ojos. Había algo en todo esto que me molestaba: que me sobre protegieran. Y, no mentía al decir que sus cuidados eran al estilo infante. No me daban de comer en la boca porque Dios es grande y aun me aprecia.
-Mmm tentador muñeca pero eres muy joven para limpiar tu trasero- dijo sentándose a mi lado. Me inmute por su comentario de mal gusto. ¿No le enseñaron modales? Maldito ególatra. Tuve que golpear su hombro para disimular mi sonrojo- Oye es broma. Aun que si es tentador.
-Cállate Jacob- finalice volviéndolo a golpear.
Sus indirectas eran cada vez más directas. Y eso, me ponía nerviosa.
-A sus órdenes muñeca- guiño nuevamente su ojo y cogió del muro, unos de los panes tostados untados con mantequilla.
-¿Por qué me dices muñeca?- le pregunte imitando su acción y mordiendo la orilla crujiente. Lo vi encogerse de hombros y de dos bocados término con la tostada.
-No sé. Te pareces a las muñecas que mis hermanas usaban cuando vivían con nosotros.
-Y ¿donde están ellas?- pregunte con curiosidad.
-¿Las muñecas o mis hermanas?- pregunto riéndose como niño haciendo una broma y regocijándose al verme confundida.
-Idiota.
-No te enojes preciosa. Es broma. Mi hermana es Rachel, la chica que viene de vez en cuando a ayudarte con la ropa- dijo pero al verme ladear la cabeza al no reconocer a su hermana prosiguió- La que está embarazada. Y Rebecca esta en Hawai con su marido.
-Oh- fue lo único que le conteste.
La localice, después de rememorar a cada mujer que entra a ayudarme. Podía distinguir a la hermana de Jacob. Era la única embarazada. Las otras dos eran muy parecidas pero más bien parecían familia entre ellas. Una con semblante arrogante pero que al verme, siempre sonreía con sinceridad. La otra era hermosa aun con su rostro marcado. Había una más, una blanca y con sus ojos dorados. A ella si la recordaba bien. Alta, joven y bella. Un prototipo para ser la esposa del doctor rubio y amable
-Jacob no te acabes el jugo- le grite al ver como se bebía el contenido de mi vaso.
Había probado el picante que tenían los huevos tibios y su color se veía al rojo intenso. Pasaron los segundos, en los que recuperaba su alma después de la enchilada que se había metido.
-Princesa, casi me muero ahogado y a ti solo te interesa tu jugo- fingió estar enojado a lo que tuve que reírme. Se veía precioso de esa manera…
-Era mi jugo- le conteste dejando el plato vacio. No me había dado cuenta en qué momento me había terminado el contenido. Últimamente he estado comiendo demasiado. Me daba los lujos de comer hasta que mi estomago doliera. Y eso no era bueno -Ahora la que morirá sin liquido soy yo- le seguí la corriente a su berrinche y me cruce de brazos. Lo escuche reírse a todo pulmón. Sus risas eran melodía para mis oídos.
-Si quieres te puedo ayudar- dijo levantando la ceja. No entendía su comentario y no tarde en preguntarle.
-En serio ¿Cómo? Me traerás un jugo nuevo- dije rodando los ojos.
-Nop.
-Entonces, no entiendo- me volvía a cruzar de brazos con más fuerza.
-Soy mejor actuando que hablando- lo voltee a ver extrañada pero la sorpresa que me vino encima fue la que me dejo tiesa.
Me tomo de la nuca para acercarme con sigilo a su rostro. Me quede paralizada. Solo veía dos cosas. Su mirada decidida y sus labios rojos. Los relamió. Trague en seco y postro sus labios contra los míos con delicadeza.
Estampo el olor cítrico, dejando un sonido chillante en el cerebro. Canalice la situación pero no podía pensar lucido. Su sabor se había impregnado en los labios, solo se mantenían unidos de forma casta. No se movía. Lo vi cerrar los ojos y acariciar la piel de la nuca tiernamente.
Algo me hizo tomar su cuello y enredar mis manos en el. Deje entre abierta la boca. Aprovecho y se empezó a mover. Dejando que uno de sus labios se introdujera con un baile rítmico y lento junto a los míos. El sabor a cítrico fue exquisito pero no tanto como el sabor de su boca. El paraíso se formo al cerrar los ojos. Pude probar su saliva. Tan dulce y fresca pero demasiado tibia. Un remolino me galopo el organismo. Un sentimiento nuevo floreció.
Me besaba con ternura y me enamoraba sin palabras. Solo con su acción de poseer lo que pensé que jamás experimentaría.
Las mariposas revolotearon sin temor por el vientre. Un deseo insuperable me gritaba que siguiera. Que lo necesitaba…que él sería mi salvador.
El aire empezó a escasear.
Tuvo que separarse cuando un gemido ronco me indico la última exhalación antes de necesitar el aire de vuelta. Unió nuestras frentes y respiro agitado. Igual o más de lo que lo hacía yo. Mi pecho se inflaba al mismo tiempo que me acercaba.
-Las naranjas se acabaron- susurro aun con la oscuridad que provocaban los parpados cerrados. Trago en seco y se tomo un respiro para continuar- esto es lo último que queda del sabor a naranja- su aliento golpeaba mi rostro. Mis terminaciones nerviosas se destensaban. Se dejaban fluir por el mar de su cercanía- Creo que me tengo que ir…
-No- grite al escucharlo. Abrí los ojos rápidamente y su mirada oscura me idiotizo-Quédate- le confesé con suplica.
Lo necesitaba cerca. No entendía por qué. Pero tampoco quería averiguarlo. Solo sabía una cosa. Con el…todo era diferente.
-Perdón- susurro entrecerrando sus ojos. Relamiendo el sabor que yo había dejado en sus labios. Sonreí un poco y el pareció no querer evitarlo. Las sonrisas tímidas abrieron paso a un embrollo que no carburaba.
-No hay nada que perdonar- le susurre deslazando mis manos de sus cuello. El pareció dudar en dejar de tocar mi nuca. Pero termino por rendirse…-El jugo debió estar muy rico.
-¿Quieres otra probadita?- se removió pero dejando lucir su extensa sonrisa burlona. Me sonroje al instante. Era verdad, necesitaba probar nuevamente.
-No juegues con tu suerte Jacob- lo amenace sin fuerzas. Aun sentados en la orilla de la cama, la cercanía era inmensa. No era incomoda, si no todo lo contrario. Me agradaba tenerlo cerca-¿No querrás perder tu cabeza niño?- lo desafié.
En el interior quería retarlo para que me volviera a besar. Y tenía claro que el hecho de decirle "NIÑO" le molestaba de una manera sorprendente.
-Muñeca no me tientes que puedes salir perdiendo- suspiro y se dedico a ver a sus dedos entrelazados. El nerviosismo lo invadió y me agradaba verlo de esa manera.
Era extraño.
Se supone que cuando a una mujer la ultrajan. Esta, debe estar rehusada a cualquier contacto con otro hombre. Pero, con Jacob todo era diferente.
-Ha cállate niño- le dije con burla y remarcando la palabra que me había prohibido decirle.
-Preciosa…-
-Por fin. De qué manera me dirás. Muñeca, princesa o preciosa. ¡Vale! siento que les hablas a varias personas.
Lo último que de lo que fui consciente, era la manera en que me había acomodado en la cama. Oprimiendo la mitad de mi cuerpo contra el suyo. Una prisión entre sus torso desnudo. Me quede sorprendida. Podía distinguir con claridad cada facción por la extensión de mis ojos. Los había abierto demasiado.
Sonrió y se aclaro la garganta.
-Es difícil ser educado cuando TÚ no ayudas. No me costaría nada obligarte a ser buena chica. Pero, tengo miedo de asustarte. Por lo tanto, no me tientes que el fuego es inconsciente y puede llegar a quemarte- susurro muy de cerca. Su mirada penetraba mis cuencas oculares. Y sus labios se movían con delicia-Pero lo de nombrarte. Eso si soy libre de escoger. Te llamara como yo quiera a la hora que yo quiera. Entendiste-asentí como tarada al ver su manera tan decidida de hablarme-Y por milésima vez…no me llames niño- dijo ya más serio.
No aguante la risa y me agarre a carcajada suelta. Aun contra su cuerpo oprimiéndome, las risas hacían eco. El solo fijaba su visión seria…había logrado lo que quería. Hacerlo enfadar por primera vez. Y me regocijaba de verlo tan frustrado…
-Niño- le saque la lengua para después agarrarme nuevamente a reír.
-Contra advertencia no hay engaño- fue lo último que escuche decirle para, después, abrir mis piernas y meterse en el hueco entre ellas. Llevo mis manos a los costados. Me dejo sin poder moverme. Su cuerpo se oprimía por entero contra el mío. Sus labios se estamparon con furia. Provocando en mi una sensación de éxtasis y adrenalina que gritaban MAS vociferándose en el cráneo.
Introdujo su lengua sin que le diera acceso. La humedad de cavidad a cavidad bucal se volvió empapada por las salivas entremezcladas. No tarde en responderle. Había jugado con fuego y ahora me estaba quemando…y valla que lo estaba haciendo.
Mi cuerpo empezó a arder. Con tanto esmero que la excitación por lo desconocido se volvió extrema.
Fue como activar el botón de lo provocativo…
Gemí entre la danza de labios.
Libero mis manos, rápidamente, llevo sus palmas a mi rostro. Lo toco pero se fue guiando un poco más abajo. Deslizo sus yemas por la extensión de mi cuello, mientras, devoraba sin tapujos la boca y succionaba los labios.
Contuve el aire, cuando, llevo sus palmas a mis senos. Toco la protuberancia que sobre salía aun bajo la tela. Un jadeo, me delato sorprendida, cuando, los oprimió entre sus pulgares. Volcando en el interior, una oleada, de escalofríos que me hervían como agua sobre la lumbre.
Se separo. Pero no dejo de besarme. A este punto, no había marcha atrás. Lo necesitaba.
¡Dios mío! Necesitaba a un hombre que apenas conocía.
Escalofríos erizaron cada vello de la nuca. Sus labios húmedos se posaron por la mejilla enrojecida. Me dedique a cerrar los ojos ante su tacto. Fiero, exquisito, adictivo. Los jadeos se hicieron constantes. El desliz pasaba lentamente por mi cuello. Y dejaba besos mojados. Ardiendo al ser abandonados.
Sus manos fueron bajando. Tocando la extensión de una de mis piernas que ya se enredaba a su cadera. Fue subiendo el largo del vestido hasta llegar a los muslos. Los apretó. Haciendo el Boom en el cuerpo.
Su boca besando mi cuello, mi rostro y mi oído. Sus manos descubriendo mi pierna, mi muslo y la cadera.
Un gemido ronco se escucho resonar y me apene al darme cuenta que fui la causante.
Pero, al sentir como hurgaba en búsqueda del interior de mi cuerpo. Toda lucidez se fue al demonio.
Arquee la espalda. Juntando más nuestros cuerpos y enredando mas las piernas en su contorno. El espacio de su cadera contra la mía solo lo dividía su mano. Esa que ahora, exploraba y tentaba por la tela de la ropa interior. Agradecí que no fueran los antiguos y bochornosos pedazos inmensos de algodón. Si no, todo lo contrario, diminutos y casi transparentes. Algunos hilos cubrían la intimidad. Esa que Jacob había descubierto.
Sus labios buscaron mi oído…y no fui consciente de la succión del lóbulo, pues, había oprimido la tela y palpado mi centro.
-Un niño no te haría sentir esto ¿verdad? Muñeca- pregunto susurrando muy cerca de mi oído. Estremeciéndome ante sus palabras…
Claro que no. Un niño no sería capaz de hacerme olvidar de la moral y la recantación que me inculcaron mis padres. Pero…esto.
Era tan exquisito que no podía parar.
De pronto, se puso de pie, dejándome atontada y abriendo los ojos para buscar el motivo de que su calor ya no me invadía.
Su sonrisa estaba radiante. Sus ojos destellaban excitación pura. Pero, había dejes de maldad en su inocente rostro…
-No me vuelvas a decir niño Rosalie- amenazo dejando de sonreír- Porque prometo que la que sigue será mucho peor. Te hare sentir quien es el que debe obedecer. ¿Entendiste?- finalizo dando media vuelva.
Dejándome tendida y dispuesta a abrirle paso a los deseos carnales que me rogaban culminar.
-Jacob- chille frustrada. ¿Me iba a dejar así? Dolida por su contacto y con ganas de más…no podía creerlo. Maldito- Jacob por favor- roge al verlo girar la perilla. Se giro y demostró un lado salvaje y fiero que no había notado en el.
-¿Qué?- contesto en tono seco.
-¿Me vas a dejar así?- le pregunte mostrando mi cuerpo. El vestido desacomodado y el cuerpo hirviendo. Mis cabellos rubios y ondulados aun humedecidos se veían revueltos. Asintió y yo suspire antes de soltar un grito y dejarme caer a la cama-No puede ser- susurre sofocándome con el llanto que estaba a punto de salir.
Me le estaba entregando y el maldito me dejaba así solo por decirle niño. O…temblé al pensar que tal vez le purgaba que alguien más me hubiera tocado. El sabía lo que me habían hecho esos tipos y creo que le daba asco tocarme.
Un gemido lastimero me hizo sollozar. Las lágrimas pronto salieron a flote…
-Entiendo si te da asco…tocarme- susurre entrecortada. La voz salió rota. Rápidamente lo sentí nuevamente cerca. Me daba pena verlo. Tuve que girar mi rostro y cerrar los ojos para que no me viera.
-Ey muñeca tranquila- dijo besando mi mejilla- me encantaría seguir pero debes aprender que no soy un niño. Aparte el viejo Billy a llegado. No creo que quieras que nos vea enredados ¿verdad?- pregunto y confeso al mismo tiempo.
Un alivio se formo en el estomago. Los ascos habían dejado de acumularse con los ácidos gástricos. Lo voltee a ver para verificada su semblante. Podía descubrir que no me mentía si lo veía a los ojos. Y, la verdad en sus orbes corroboraba su declaración. Me sonrió y volvió a besar antes de separarse.
-¿Quieres dar una vuelta por la playa?- pregunto acomodando el mismo mi ropa.
-No lo sé- confesé acariciando su cabello corto.
-No te arrepentirás. No hay quien nos moleste- me guiño un ojo mostrando picardía y me sonroje al instante- Dios, me vuelves loco Rosalie, pero eres demasiado rezongona- prosigo dejando besos por el cuello y acariciando una de las piernas. Introduciendo su mano entre el colchón y los glúteos. Los estrujo haciéndome gemir.
-Dame cinco minutos y nos vamos- conteste.
Me urgía privacidad.
Asintió sobre mi cuello. Escuchamos el ruido de la silla de ruedas cruzando la puerta. No había notado el ruido del motor de un auto hasta que avanzo y después los movimientos y varios pasos.
-No tardes- estampo sus labios y no pude evitar besarlo con intensidad. Se alejo segundos después y solo susurre un jadeo con un Si entre mezclado.
Jacob tomo los platos y la bandeja para salir corriendo hacia la puerta. Me volteo a ver de reojo y sonrió. Hice lo mismo…y lo vi desaparecer estampando la puerta.
No podía creer el efecto que provocaba en mí, ese hombre.
Si que era hombre. Pude sentir leves roces de su miembro erguido pero no quise decir nada por vergüenza. Algo que esperaba pronto se extinguiera…
Sonreír como boba y después me puse de pie.
Estaba claro, el primer contacto, fue el mejor. Me hizo adicta a su pelo negro crespo y sus caderas afiladas. Pero sobre todo a su sonrisa retorcida y aires de mandato.
Destilaba en mis poros el desorbitante olor a excitación.
Me prepare un poco y revise mi semblante extasiado.
Las mejillas sonrojadas y la piel color crema. Los labios hinchados y los ojos brillantes.
Me apresure a salir. La primera vez que lo hacía en casi un mes…en un mes donde ese hombre me hizo sentir mujer con sus atenciones y en donde hace unos segundos me hizo burbujear placer con sus roces…
Uff que cosa ¿no creen? Bueno me dedicare a esta pareja fogoza por un rato. He, dios, el primer contacto y ya andan haciendo cositas. He, bueno espero les guste.
Por cierto.
Les ruego paciencia.
No es pretexto pero las otras historias también me llevan tiempo. No es algo de media hora. De hecho, son noches de desvelo debatiéndome cual de todas escribir.
El que sigue será algo…mejor descúbranlo ustedes.
Dejen sus review chicas. Son mi alimento para escribir primero esta historia.
XoXo
Mony Black
Sugerencias, inconformidades, recomendaciones son bien aceptadas y las tomo en cuenta y practica.
