Disclaimer: Ella… Andrómeda Black no es mía, pero es Slytherin… así que… cómo si lo fuera jeje. Todo de Rowling, para variar.


Sola.

O casi.

¿Qué dirían Druella y Cygnus si la vieran ahora? Si vieran que lo había perdido casi todo. Que su misma hermana le había quitado a la pequeña Dora, sangre de su sangre.

Esa niña mestiza, de dones metamórficos, con la que, junto a Ted, todo había cobrado perfecto sentido.

Pensaba en ellos, en los padres que un buen día, a los diecisiete años dejó de tener. Y, aunque había creído odiarlos, no podía imaginarlos felices por eso. Por ese final. 'Aunque no hubieran ido a buscarla, pese al paso de los años, pese al nacimiento de Dora…'

Después de jurarles que nunca, nunca, se casaría con alguien que no fuera Ted… casi treinta años atrás… nunca los había vuelto a ver.

El viejo Cygnus, hombre recto de disciplina inamovible; y la siempre gris Druella, sombra discreta de su cuñada Walburga, la habían expulsado de sus vidas, la habían llamado traidora, y aún así se negaba a creer, que allí donde estuvieran, en el más allá, pudieran ver algo de positivo en el rumbo que habían tomado, al final, las vidas de sus tres hijas.

Narcissa, Andrómeda y Bellatrix.

'Pensar un instante en ese último nombre; en esos nombres juntos, era suficiente para quebrar toda su fuerza de voluntad'. Suficiente para querer olvidar quién era, y porque lloraba la muerte de una hija que aún tendría que estar viva.

Suficiente para desear estar muerta. 'Ser ella la víctima de aquella que, un día, había sido su hermana mayor'.

.

La hija traidora de Cygnus y Druella no había conseguido huir, finalmente, del estigma de los Black. Porque lo había dejado todo por Ted. Había luchado por lo que era justo, y el destino la había dejado sola, con casi cincuenta años, y un bebé en brazos.

Recordó el rostro aniñado y el cabello rosa chicle de su hija. 'Quería llorar y gritar, encerrarse en casa y olvidarse de ese mundo'. De esa paz que sólo le serviría para recordar que ella sí había perdido la guerra, ¿Por qué, qué sentido tenía seguir sin ellos?

'Ellos, por los que lo había dado todo. Y seguiría dándolo mil veces más, si fuera necesario'.

Andrómeda Tonks, Black en su infancia y juventud, repetiría paso a paso todas las decisiones que había tomado en su vida, aunque con eso no cambiara el final.

Al fin y al cabo la vida no era justa…

Recordó el momento en qué, con temblores, se enfrentó al cuerpo sin vida de su hija, en ese gran comedor de Hogwarts, convertido en una gran morgue; en una enfermería improvisada también.

El instante en qué se cruzó con ellos. Con los Malfoy. Con Narcissa. 'Que se enfrentarían a un juicio, pero estaban vivos. Vivos, pese a todo'.

Cissy había tenido más suerte que ella; y aunque había comprendido que eso sólo lo había decidido el azar, no estaba orgullosa de haber sentido celos de su hermana menor. Con la que tampoco hablaba desde su más tierna juventud.

'No deseaba a nadie el tormento que, a partir de ahora, la acompañaría para siempre'. Aunque Teddy fuera un pequeño rayo de esperanza.

El pequeño cuerpecito se movió en sus brazos, y Andrómeda volvió a ser consciente que se encontraba en la puerta de casa, en su maldito jardín. En ese lugar lleno de árboles bien cuidados que tanto gustaba a Nymphadora de niña. El jardín en el que jugaría, años después, lo único que ahora tenía sentido en su vida.

Suspiró.

Con la guerra finalizada, tenía que volver a luchar.

Y ahora eran sólo dos.

Ella; en su vieja casa, en la que tantas cosas habían pasado con Ted y en la que, juntos, habían visto crecer a Nymphadora; y ese bebé que era su nieto y que ahora tendría que criar.

'Porque, qué diablos, no renunciaría a ese consuelo por nada del mundo'.

Después de una vida entera de lucha, Andrómeda Tonks se enfrentaba a la mayor prueba de su vida. 'Ninguna madre tendría que enterrar, nunca, a una hija'.

Ninguna madre debería estar ahí, recordando el momento en qué había llorado frente a la lápida de su pequeña. Recordando a esa bebé, su bebé, de cabellos rosas, aunque no siempre.

A la chica con camisetas chillonas, que se había enamorado de un hombre mayor, y había demostrado la misma testarudez que su madre al luchar por él. A la mujer que no había lamentado enamorarse de un hombre lobo, pese a la insistencia, pesimista, de él.

Dora, esa Hufflepuff luchadora de la que tan orgullosa se sentía. 'A diferencia de lo que habían sentido sus padres de ella misma'.

Porque, frente a todos Andrómeda era la hija traidora, aquella que había ido en contra de las creencias aprendidas des de pequeña; aquella que había traicionado los estándares de la casa Slytherin, pese a ser una más en ella. 'Pese a haberse sentido parte de esa casa, durante siete largos cursos'.

La chica, ahora mujer mayor, que había renunciado a todo por amor. Y a la que, tantos años después, habían truncado su final feliz.

Cerró los ojos, evitando las lágrimas. Evocando esas tardes de verano, en qué Ted jugaba con su hija en el jardín, mientras ella preparaba limonada en la cocina, a la manera muggle. 'Cómo le gustaba a Ted, y cómo tanto habrían odiado sus padres'.

.

El pequeño Teddy lloró en el triste presente. 'Debía tener hambre, y ella debía aparcar su dolor, para atenderle'.

Definitivamente no era el momento de volver a llorar.


Nota: Este personaje me gusta mucho más que Quirrell, que conste. Pero era trampa no poner al profe tartamudo. Si hablo de traidores, he de ponerlos a todos. Al menos a los principales.

Cabe decir que era la hija traidora, porque así lo veían sus padres y la pesada de Walburga. Pero en realidad Andrómeda tenía que ser una mujer fiel a su familia, a la que de verdad le devolvió el cariño que ella se merecía… Ted y Dora… Una mujer desafortunada, pese a los años felices que pasó con los suyos, porque enterrar al amor de su vida y a su hija debió ser durísimo…