¡Hola!

Lamento la tardanza, pero estuve algo bloqueada con este capítulo y me costó mucho avanzarlo. Afortunadamente, se me ocurrieron algunas ideas y pude terminar.

Ya a partir de aquí, el fic comienza a entrar en su recta final, clímax o como quieran llamarlo, por lo que quedan poquitos capítulos para el final.

Espero que les haya gustado y no olviden dejar sus comentarios

Saludos =D


Blind man: Capítulo VII

Desde hacía algunas horas había regresado a ese horrendo y repugnante lugar que llamaba, despectivamente, "dulce hogar". Quería volver al departamento de cierto rubio, pues sencillamente no aguantaba ni un minuto más en ese lugar: la estadía en el burdel se le hacía cada vez más insoportable. ¡Cómo anhelaba ser libre!

Sentado al borde de lo que supuestamente era su cama, Shuichi repasaba mentalmente la agradable noche que había pasado junto a su rubio asesino, siéndole imposible el no poder pensar en él después de haberle entregado su virginidad. Ello le hacía sentir como si aquel hombre formara parte de su ser, incluso se atrevería a decir que ahora eran una sola persona, una sola alma.

Realmente estaba fascinado con el profesor, y es que jamás pensó que hacer el amor podía llegar a ser tan placentero que le haría desear hacerlo una y otra vez hasta morir de cansancio en los brazos de aquel sexy rubio.

Dando reiterados suspiros que dejaban escapar un tibio aliento, su piel revivió cada caricia, cada beso que Yuki le brindó hasta hacerlo llegar al éxtasis en el que, por primera vez, se sintió querido. Deseaba poder repetir la experiencia, pero algo en su interior le decía que podía ser peligroso. Shuichi tenía el presentimiento de que las cosas empezarían a complicarse y que su idilio se volvería una tragedia griega. Ojalá aquella intranquilidad sólo fuese una idea suya y no una verdad inminente.

—Shuichi—se escuchó de pronto la voz de cierto rubio—. Tohma quiere hablar contigo—le informó con un tono apacible, pero el menor no le hizo caso—. Está furioso, así que te recomiendo que vayas. Entre más pronto lo hagas, será mejor para ti. —Shuichi observó a Mr. K con el rostro inmutable, como si no estuviera ahí.

Sin dirigirle la palabra al rubio, el pequeño salió de la habitación con cierta inquietud carcomiéndole las entrañas, como si algo le dijera que no fuera hasta el despacho de su hermanastro. Por alguna razón tenía un mal presentimiento, pero la curiosidad por saber qué quería el amo del burdel, le llevó hasta ese lugar que tanto odiaba.

Como siempre, aquella oficina se hundía en el putrefacto olor de las drogas y el sexo, rodeado de un ambiento denso, húmedo y caluroso que desagradaría a cualquier persona que no estuviese acostumbrada a estar allí. Si el burdel de por sí ya era un lugar de perdición, la oficina del mandamás era la encarnación misma del libertinaje: un lugar en donde todo estaba permitido.

Shuichi se adentró a la habitación dando pasos tambaleantes, haciendo una mueca de asco apenas el aroma a encierro y a un sinfín de olores irreconocibles, llegó hasta sus células olfativas. Ni siquiera prestó atención a lo que sucedía a su alrededor mientras caminaba hasta el escritorio de su hermanastro, pues ya se imaginaba lo que estaban haciendo aquellas personas que se detenían a mirarle, por breves segundos, de forma obscena.

—¿Qué quieres de mí?—preguntó el muchacho en tono altanero. Estaba claro que no le agradaba la idea de estar ahí.

—No me vengas a hablar con ese tono, mocoso insolente—le reprochó el elegante hombre tras el escritorio—. Bastante tengo con que trabajes cuando se te dé la gana. Sabes perfectamente que si fuera por mí te echaría a la calle.

—¿Y por qué no lo haces? Así me dejarías en paz de una vez por todas.

—Shuichi… Parece que aún no entiendes cómo funcionan las cosas en este lugar… —Su voz sombría y aquella expresión calculadora y fría, provocaban en el menor un desagradable escalofrío que le erizaba los vellos de todo el cuerpo—. De aquí, sólo saldrás en un ataúd. —Shuichi le observó algo asustado, pero ello no fue suficiente para amainar sus ánimos rebeldes—. En fin, ¿dónde diablos estuviste?

—Eso no te importa. —Tohma sonrió.

—Me han dicho que andas visitando a cierto profesor… ¿Cómo es que se llama? ¿Eiri Uesugi?—dijo burlón, observando con regocijo cómo el rostro serio del menor mutaba a una expresión horrorizada y sorprendida.

—¿Cómo sabes de él?

—No me subestimes, Shuichi. Yo sé todo lo que haces, aunque no sé qué tiene de especial ese maestro de cuarta. ¿Por qué decidiste revolcarte con un pobre profesor de primaria en vez de buscarte un millonario?

—Eso no te importa.

—Me importa porque eres de mi propiedad—dijo con voz sombría—. No quiero que vuelvas a ver a ese sujeto y, de ahora en adelante, tienes absolutamente prohibido salir del burdel. Si lo haces, ten por seguro que te arrepentirás el resto de tu vida.

—Eres tú el que se va a arrepentir. Tarde o temprano caerás, Tohma…

Diciendo esto último y sin detenerse a escuchar los constantes llamados de su hermanastro, Shuichi decidió abandonar esa repugnante habitación del burdel para dirigirse a la suya. Tantos sentimientos eran los que le inundaban en aquel instante cuando sus pasos cruzaron el umbral de aquella puerta, que se volvía difícil de identificarlos y explicarlos. Se sentía impotente, triste y enojado, con ganas de mandar todo a la mierda y de correr a los brazos de Eiri, pero no sólo eso, en su interior, las ganas por ser liberado de sus cadenas crecían como la espuma. ¿Qué haría ahora que su hermano le había prohibido salir?

Por un instante pensó en que sería buena idea pedirle ayuda a Mr. K, pero ya no sabía si confiar en él o no. Bueno, era cierto que el guardaespaldas de su hermano era en realidad un agente del FBI, pero eso no era suficiente para brindarle confianza al cien por ciento. El problema era que Eiri corría peligro, pues Shuichi intuía que algo malo estaba por pasar en cualquier momento. Era algo así como la crónica de una muerte anunciada o algo parecido…

Encerrándose en su habitación, asegurando la puerta para que nadie le interrumpiera, permaneció horas y horas lamentándose sobre su situación, dejando que sus ojos violetas se inundaran de pequeñas gotas de lluvia. Tenía tantas ganas de ver a Eiri y pedir ayuda, pedir que lo sacara de ese lugar, que lo alejara de su hermanastro, que lo liberara de sus ataduras y que se fueran a vivir lejos a un lugar en el que nadie pudiera encontrarlos… ¿Por qué la vida tuvo que ensañarse tanto con él? ¿Qué había hecho para merecer tanta infelicidad?

—Shuichi. —La voz del agente encubierto interrumpió sus lamentos—. ¿Podemos hablar?

Sin decir nada y limpiándose el rostro con los puños, se encaminó a abrir la puerta, dejando que el rubio se adentrara en su habitación, mientras él volvía a su posición anterior, esto es, estirado sobre la cama mirando el techo.

—Yo no le he dicho nada a Tohma sobre Eiri y tú. Quiero que eso te quede claro…—se excusó, sentándose a los pies de la cama—. Tohma ya no confía tanto en mí como antes. Tengo entendido que le pidió a Taki y sus amigos que te vigilaran…

—¿Taki? ¿Por qué a él?—preguntó entre sorprendido y aterrado, pues Taki era parte de los matones de su hermano, unos asesinos a sueldo e investigadores privados que al igual que el rubio, se dedicaban a guardar las espaldas del mandamás y cumplir sus órdenes al pie de la letra.

—No sé qué tiene en mente, pero debes tener cuidado.

—¿No te das cuenta? Eiri está en peligro…Tohma ya sabe de él y no tardará en descubrir que él es…

—Blind man. —Shuichi contempló al rubio con los ojos desorbitados por la sorpresa—. No soy tonto, Shuichi. Cuando tú vas, yo ya he vuelto tres veces. Desde un principio sospeché de él, pero ahora acabas de confirmármelo.

—Yo no he dicho nada, estás equivocado.

—No trates de ocultarlo. ¿Por qué crees que lo estuve investigando? —Shuichi tragó con fuerza.

—Por favor, no se lo digas a nadie. No lo denuncies a la policía…—le rogó desesperado y al borde llanto.

—No puedo hacer eso, Shu.

—Aunque sea, dame tiempo para estar con él un poco más… Déjame ser feliz con él…—pidió poniéndose a llorar amargamente una vez más. Al rubio se le oprimió el corazón como si pudiera sentir el dolor del muchacho, entendiendo sus emociones a la perfección.

—Tu relación con Eiri es sólo una ilusión, no te engañes. Él es inalcanzable para ti.

—¡Qué importa! Yo lo amo y no puedo hacer nada contra ello. No puedo sacarme del pecho lo que siento por él… Él… Él ha sido lo mejor que me ha pasado en esta maldita y despreciable vida… —La congoja del muchacho enternecieron al agente, al punto de buscar reconfortarle, dándole un abrazo paternal.

—Tranquilo… Déjamelo a mí. Te ayudaré a estar con él, pero debes tener en cuenta que no será por mucho tiempo. Eiri debe ir a la cárcel por todos los crímenes que ha cometido.

—No, K. Eiri no es malo, él no puede ir a la cárcel. Lo que él necesita es alguien que lo quiera y lo haga sentir especial…y no sólo eso, Eiri necesita un médico—explicó secándose las lágrimas.

—¿Insinúas que tiene un desorden mental o algo así? —El menor asintió quedamente, pero para precisar la idea, habló.

—Eiri no está loco, sólo que tiene un trauma psicológico.

—Ya veo… Quizás sea el trauma derivado de la muerte de su madre. Seguramente, nunca recibió tratamiento psicológico para superarlo.

—¿De qué estás hablando?—preguntó confundido.

—¿No lo sabes? —Shuichi negó—. Su madre fue asesinada cuando él tenía 8 años y él presenció todo. —Los ojos violáceos del menor se abrieron mostrando su desconcierto y sorpresa—. No sé todos los detalles, así que es mejor que hables con él.

Shuichi se quedó cabizbajo sin pronunciar palabra alguna, pues la noticia le había conmocionado y a la vez le había hecho entender parte de la personalidad de su amado asesino. Quizás, aquel episodio en su vida le causó un tremendo e irreparable trauma que con el tiempo derivó en esa imperiosa necesidad de hacer correr sangre inocente… Lo cierto es que el menor ahora sentía curiosidad por conocer cada detalle del pasado de Yuki, con el fin de comprenderlo y de poder ayudarlo a superar esas heridas que aún no se cerraban.

Sin embargo, ahora tenía un gran problema… ¿Cómo podría ver a Yuki si su hermanastro le había prohibido salir del burdel? Sintió ganas de llorar y así, sus ojitos se aguaron hasta que una lágrima rodó por su mejilla dejando un sutil surco en ella. Necesitaba tanto a Eiri en ese momento…

—Descuida, Shuichi. No llores… Yo voy a ayudarte en lo que pueda. —Mr. K trató de reconfortarle, rodeando con sus grandes brazos el fino cuerpo junto a él. Aquel tierno abrazo le dio confianza al menor y de paso creyó pertinente contarle todo lo que sabía sobre Blind Man… Quizás con ello podría ayudar a Eiri y, a la vez, ayudarse a sí mismo: K era su única esperanza.

Cuando Eiri volvió a la comodidad de su departamento, se sintió decepcionado al notar que se encontraba vacío como todos los días, pues por un instante pensó que se encontraría con cierto muchacho de cabellos rosados que había llegado a su vida para revolucionarla. Pero no, sus esperanzas se hicieron trizas al comprobar que el lugar estaba solo, a excepción de Azrael que descansaba tranquilamente sobre el sillón. Pues ni modo: total, ya estaba acostumbrado a estar solo y con la escasa compañía de su gato. Sólo necesitaba olvidarse de Shuichi y hacer como si nunca hubiese estado allí…

Se adentró en el departamento arrastrando los pies, cansado de aquella vida que llevaba, cansado de aquella oscuridad que se ceñía sobre él. Dejó sus cosas de forma despreocupada sobre la mesa del comedor y luego, carente de ganas, se dirigió al baño: quería darse una ducha. Quizás esperaba poder salir esa noche a cazar brujas, pero en vista de lo peligroso que resultaba con la policía detrás de sus pasos, creyó que era mejor esperar… Esperar que las aguas se calmaran y que la policía se olvidara de él. Blind man necesitaba un descanso, pero no porque estuviera aburrido de matar, sino que por mera precaución: necesitaba cuidar su pellejo si quería seguir viendo a Shuichi.

¡Un momento! ¿Desde cuándo sus planes giraban entorno a Shu?

Suspiró apesadumbrado, apretando sus puños como si buscara deshacerse de la frustración que le había invadido al darse cuenta que Shuichi se había convertido en alguien importante para él. Demasiado importante para su gusto… Necesitaba verlo y estrecharlo entre sus brazos como la noche anterior… Quería escuchar su voz y sentir su cuerpo retorcerse de placer ante sus suaves caricias…

—Iré a buscarlo—susurró mientras dejaba que el agua tibia mojara su desnudo cuerpo—. Iré por ti, Shuichi… Te necesito a mi lado.

Apenas terminó de ducharse, se vistió con un pantalón negro y una camisa gris. Afuera hacía algo de frío, así que tomó un abrigo negro del ropero y se lo colocó, saliendo rápidamente del departamento sin hacerle caso a Azrael que maullaba en la cocina.

Cegado por el imperioso deseo de ver a Shuichi, no supo ni cuándo ni cómo llegó, pues su mente sólo estaba concentrada en su objetivo de llegar al burdel. Así se adentró en los oscuros callejones del barrio rojo, dando pasos ágiles y precisos, ignorando en su camino a todo aquel que le ofreciera servicios sexuales. ¡Qué asco le daban esos seres! Con sólo escuchar sus ofrecimientos descarados le daban ganas de vomitar. ¿Por qué rayos tenían que existir? ¿No se daban cuentan que su existencia era molesta para él?

Su instinto asesino afloraba a cada paso, siendo sólo aplacado por la bella voz de Shuichi que retumbaba en su cabeza, aunque no sólo era su voz, sino también su cabello, su cuerpo, su suave piel. Su deseo por tener a Shuichi entre sus brazos era más fuerte que su odio hacia las prostitutas; aquel sentimiento que identificaba como amor era más fuerte que cualquier otra cosa en el mundo.

—Señor, ¿necesita algo?—le preguntó el guardia del burdel.

—Vengo a ver a Shuichi. —Su mirada penetrante no inmutó al sujeto que vestía enteramente de negro, pero sí lo alertó al mencionar a Shu.

—Espere un momento—dijo, para luego adentrarse en el recinto dejando en la puerta a otro tipo. Luego de unos minutos, volvió—: el joven Shuichi no está atendiendo hoy, vuelva otro día. —Eiri abrió la boca para protestar, pero el guardia prosiguió—. Sin embargo, el señor Seguchi desea hablar con usted.

—¿Seguchi? ¿Quién rayos es ése?

—El dueño de este lugar. —Quedándose inmóvil ante esa respuesta, su cerebro comenzó a trabajar preguntándose qué querría el dichoso proxeneta de Shuichi, aunque claro: no había que ser un genio para advertir que, seguramente, el sujeto le pediría que se alejara de Shu—. Sígame, por favor.

Sumido en un escalofriante mutismo, Eiri se adentró en el burdel yendo tras el guardia, manteniendo su dorada mirada fija en la ancha espalda del hombre para no mirar las aberraciones que se realizaban a su alrededor: eso sólo le provocaría un ataque de locura que terminaría con varios muertos. Aquel lugar era tan repugnante a ojos de Eiri que rápidamente comprendió por qué su niño estaba tan desesperado por salir de ahí e irse para siempre. Sencillamente, ese lugar daba asco…

Cuando llegaron a la oficina del proxeneta, el rubio sintió ganas de vomitar. El fuerte hedor que emanaba de ese lugar era insoportable, tanto que, instintivamente, se llevó la mano a la boca y apretó la garganta para evitar que los fluidos de su estómago escaparan. Se sentía mareado y tenía el estómago revuelto como si hubiese comido algo descompuesto. Hizo esfuerzos para mantener la compostura, procurando respirar por la boca repetidas veces hasta que las arcadas se calmaron por fin. Logró acostumbrarse al peculiar olor de ese lugar, pero aún así le parecía desagradable: tendría que agregarlo a su lista de cosas que odiaba.

Como ya se sentía mejor, observó su alrededor y se arrepintió de ello rápidamente. Aquello era como estar observando una orgía en el mismísimo infierno, un lugar de desenfreno en donde la premisa principal era divertirse… Lástima que para el asesino más buscado del país lo que sus ojos veían sólo eran más razones para odiar ese podrido mundo de libertinaje, lástima que tuvo que reprimir sus más bajos instintos para no terminar asesinando a todos los que estaban allí. ¡Qué excitante hubiera sido eliminar a todos esos mugrosos! ¡Qué ganas de sacarles hasta la última gota de sangre y bañar su nívea piel con ella!

Suspiró. Por suerte, su inminente psicosis había desaparecido gracias a su esfuerzo y a su sana realización mental de lo que podría haber hecho con esa gentuza. Logró así contenerse, sintiéndose listo para enfrentar al hombre que se había ganado su odio sin siquiera conocerlo: Tohma Seguchi, aquel sujeto cuyos ojos esmeralda se clavaban en Eiri con una actitud arrogante.

—¡Así que tú eres el famoso profesor Eiri!—exclamó a modo de saludo, apoyando el mentón en sus dedos entrecruzados—. No entiendo que te ve Shuichi como para estar dispuesto a desobedecerme; no eres la gran cosa.

—¿Qué quiere?—preguntó, restándole importancia a las palabras del mandamás, pues a Eiri sólo le importaba ver a Shuichi.

—Sólo quiero tratar contigo dos cosas: primero, quiero saber qué te traes con Shuichi y qué quieres de él; y segundo, te ordeno que te alejes de él.

Eiri sonrió satisfecho, cerrando los ojos por un instante. Sabía que el proxeneta querría decirle eso, lástima que él no estaba dispuesto a dejar a Shuichi en sus manos.

—Yo amo a Shuichi y quiero llevármelo. Estoy dispuesto a cualquier cosa con tal de sacarlo de esta pocilga. —Sus ojos dorados se quedaron fijos en Tohma, clavados como finas dagas que, si hubiesen podido, habrían atravesado el cuerpo de éste.

Seguchi se sintió incómodo bajo esa mirada, esos ojos fríos parecían dejar expuesta su alma y todo su ser. Miró hacia un costado para rehuir de Eiri, mientras pensaba en lo que diría, claro que él ya sabía lo que tenía que decir, porque hacía años se había jurado y rejurado que nadie apartaría a Shuichi de su lado: él era su esclavo y lo sería por toda la vida.

—Lástima que tendrás que quedarte con las ganas—dijo en tono burlón, dirigiéndole al profesor una sonrisa mordaz. Eiri quedó desconcertado—: Shuichi no saldrá de aquí, hagas lo que hagas. Ni aunque me pagues con todo el dinero del mundo. Él es de mi propiedad. —Su voz sombría ni siquiera fue capaz de impresionar a Eiri, quien permaneció inmutable y con los pies firmes en el piso. Su mirada continuaba examinando cuidadosamente cada gesto del proxeneta como si buscara en él alguna debilidad—. Shuichi sólo saldrá de aquí con los pies por delante…

—¡Cómo gustes!—exclamó—. Si tengo que matar a Shuichi para liberarlo de ti, lo haré encantado. —Mostrando una sonrisa claramente irónica y triunfal, dio media vuelta y se dispuso a volver sobre sus pasos para salir de allí. Tohma le vio con el rostro desencajado, horrorizado ante esa respuesta que no esperaba.

—¡Tú!—gritó furioso—. ¡¿Tú eres Blind Man?!—exclamó señalándole con el dedo de forma acusadora, pero Eiri no se inmutó, ni siquiera volteó a mirarle, sólo siguió su camino hasta salir por la enorme puerta de aquel despacho. Aún podía escuchar los gritos del proxeneta, claro que ya no podía entender lo que decía y, ciertamente, tampoco le importaba. Siguió caminando hasta salir del burdel, sin darse cuenta de que cierto rubio de cabello largo le seguía desde cerca.

Se adentró en un callejón oscuro mientras su ánimo mutaba, y desaparecía la sonrisa triunfal que le había dedicado a Tohma… Sus pies se detuvieron: era momento de que saliera a flote la rabia que había acumulado. La tozudez del proxeneta le había colmado la paciencia. ¿Por qué no podía dejar que Shuichi fuera feliz con él lejos de ese lugar? ¿Por qué rayos le había dicho que estaba dispuesto a matar a Shuichi? Acaso, ¿él sería capaz de algo así?

Se agarró la cabeza con ambos manos jalándose los cabellos, y un grito desgarrador se apoderó de su garganta mientras sentía que su pecho se acaloraba. Quería gritar, quería deshacerse de la impotencia que le invadía, quería tener a Shuichi entre sus brazos, quería que Tohma no existiera en sus vidas…

Otra vez sintió la necesidad de sangre, aquella obsesión que lentamente acababa con su alma. Necesitaba sentir que tenía el poder, que tenía la vida de alguien en sus manos. Reanudó su camino mientras su corazón se aceleraba y ese insoportable calor que se apoderaba de su pecho cada vez que estaba apunto de matar, subió hasta su cabeza haciéndole transpirar. Las manos también le sudaban y su respiración errática se hacía audible gracias al silencio, aunque sus pasos resonaban con eco…

K le seguía de cerca, pero, como buen agente encubierto, supo hacerse invisible para no ser descubierto por Eiri. Contempló desde lejos cada una de sus acciones y fue mudo testigo de lo que estaba por ocurrir…

Totalmente al azar, agarró del brazo a la primera puta que se le ofreció y la llevó a un rincón oscuro y alejado para que nadie los viera. La toqueteó un poco para engañarla y evitar que se diera cuenta de sus intenciones, incluso le pidió que se volteara y se subiera la falda… Lástima que no pudo darse cuenta que cumplir esa orden había sido un grave error.

Sacó el pañuelo de seda que traía en su abrigo: pañuelos que compraba sagradamente por precaución y que llevaba en su ropa de igual forma, pues nunca sabía cuando sería el momento de utilizarlos; y, sin cuestionárselo, lo utilizó para rodear el cuello de la mujer.

Qué sencillo se había vuelto matar a alguien…

Continuará…


Mariuki-chan: Jajajaja Deberías compadecerte del pobre de Yuki xD No es que sea estúpido sólo está preocupado(?) Descuida, Ryuichi no hará nada… De hecho, fue el mismo Yuki (empiezo a creer que tal vez si es un estúpido xD) Bueno, así como enamorado… ni tanto, bueno, en realidad, sólo que el pobre trata de no aceptar que se enamoró. Jajajaja El que tú quieras ayudar a Eiri a exterminar putas no quiere decir que todo el mundo quiera hacerlo… Al menos yo no lo haría Jajajaja. ¡Gracias, chica! Espero que este capi te haya gustado y lamento que Yuki si haya hecho más estupideces xD Besos!

Mandy: Mandy, tantos siglos =) Sé que demoré mucho en actualizar, pero me quedé un poco atorada en una parte. Afortunadamente, se me ocurrió todo el desarrollo de la historia y ya casi nos acercamos al final. Jejeje La experiencia ayuda mucho a la hora de escribir historias, así que no tengo problema en mantener varias al mismo tiempo (y eso que estás son sólo las que subo, pero no las que escribo jajaja) ¡Gracias por leer! ¡Besotes!

Nezu (Guest): ¡Hola, chica! Lamento no poder asegurarte eso, porque el final no lo tengo pensado del todo, pero quizás si acabe igual, a menos que se me ocurra un final distinto. Saludos =)

Luna Paola Black: Hola, más vale tarde que nunca =) Gracias por tu comentario y espero que este capi te haya gustado. Hice lo posible para que quedara emocionante ^^ Saluditos =3

00Katari-Hikari-chan00: Hola, otra vez! Me alegra saber que te gustó este fic =) Oh, ¿en serio? Bueno, es el único manga de Kaori que conozco xD No sabía que tenía más, pero no tienes que agradecerme jajaja Uff, sí, esperemos que a Shu no le pase nada, pero quien sabe u.u ¡Gracias por leer! Saludos =D