Capitulo 7: La Fugitiva
Era bueno ver que las cosas regresaban a la normalidad.
No había nada mejor que ver cómo el grupo regresaba a ser lo que era antes de que Zuko llegara: Sokka era tan bromista como siempre, Toph seguía siendo dura y gruñona y Katara era de nuevo la Katara de siempre. Eso era lo que Aang pensaba, por que desde que Zuko se había unido a su grupo, todo había cambiado y ahora que él ya no estaba más con ellos todo volvía a ser igual que antes.
Pero había ciertas cosas que Aang tenía que afrontar:
1. Zuko era el único maestro fuego que estaría dispuesto a enseñarle.
2. Él volvería a reunirse con ellos en el día de la invasión.
3. Katara esperaba ansiosa ese día (todos los días le preguntaba a Sokka cuantos días faltaban para la invasión.)
La cuestión era ¿qué hacer? Ya le había dicho a Katara como se sentía respecto a ella y la chica no le había dado una respuesta. A lo mejor eso era lo que hacia falta: tomar una decisión. Pero no de inmediato, no era el momento adecuado para hacerlo, un entrenamiento con sus maestras favoritas le esperaba, luego iría a confrontar a Katara.
Lastima que la oportunidad se le esfumo como una brisa que apaga una vela.
Esa noche, en algún pueblo algo lejos de allí, Zuko entraba en el bar. Había viajado a pie todo el día y el cansancio y la sed le llenaban, así que decidió pasarse por el bar para relajarse.
Al entrar se volvió evidente que algo sucedía esa noche, el lugar reventaba de actividad: Grupos de adultos charlando ruidosamente, borrachos cantando al son de uno de esos enormes cuernos que tocaba su tío y chicos y chicas que bebían y buscaban un compañero para pasar la noche.
La última vez que Zuko estuvo en un bar había sido durante la época en que vivía en Ba Sing Se. Su tío, buscando que el chico hiciera un poco más de vida social, se lo había recomendado. Y la verdad es que esa fue una de las pocas veces en que Zuko estuvo a favor de algo que Ihro dijera, hiciera o sugiriera. Así que sin más había tomado algo de dinero y desaparecido por la noche, solo para encontrarse a la mañana siguiente en un cuarto que no conocía, con una chica, que si bien parecía bajamente familiar, Zuko no recordaba siquiera su nombre; la ropa en el suelo y una resaca que le duro el resto de la semana.
Antes de ponerse a beber lo que fuese, Zuko se acercó al dueño del bar y le pidió el alquiler de un cuarto para pasar un par de noches. Una vez el trato hecho, Zuko se dispuso a poner sus cosas en su cuarto, pero no llego muy lejos.
-¡Oye tú!– dijo un hombre a unos cuantos metros del chico, Zuko lo miro de reojo- ¡Sí tu! El que lleva la espada. ¿Te gustaría ganar algo de dinero?
Zuko giro la cabeza para míralo a la cara, si bien esto tenia mala pinta, el hecho era que empezaba a estar corto de dinero.
-Veo que te interesa- continuo el hombre-. ¿Por qué no vienes a la parte trasera del local? Estamos haciendo apuestas de lucha, todo esta permitido, incluso espadas, si ganas un par tendrás algo de dinero y nosotros entretenimiento- finalizó mientras abría los brazos señalando a sus compinches.
-Suena interesante, lo pensaré ¿Cuándo empiezan?
-Dentro de media hora.
-¿Cuánto me propones?
-20 piezas de plata por pelea que ganes y dependiendo de como lo hagas, puede ser más.
Zuko asintió con la cabeza y sin más siguió su camino hasta el pequeño cuarto el la segunda planta del edificio. ¿Peleas? Sonaba muy interesante, desde que se había separado de los demás, no había tenido la oportunidad de entrenar y en estos momentos sentía que eso le caería muy bien con toda la información que su cerebro había estado recibiendo, liberar algo de presión nunca era malo.
Un par de minutos más tarde, el chico bajo al bar, se tomo un par de copas para amortiguar el dolor y salió a la parte trasera.
-Estuviste impresionante allí afuera- comento una voz femenina en su oído derecho
-No fue gran cosa, he estado en peores batallas- contestó Zuko girando levemente la cabeza para mirarla: se trataba de una chica de su edad, pelo negro, lacio; ojos astutos; buen cuerpo y sonrisa picara.
-¿Lo dices por lo de la cicatriz? Es bastante evidente.
-No exactamente, esa historia es personal.
-De acurdo… Soy Ting, por cierto.
-Xiaoyang.
-Bueno, Xiaoyang ¿Te apetece una copa más? En honor a tu gran triunfo, yo invito.
Había resultado mucho más fácil de lo que Zuko había supuesto derrotar a ese monto de idiotas: la gran mayoría iba armado con cosas que ni siquiera sabían usar y la otra parte no sabia pelear, al final, había logrado un total de 108 piezas de plata, 52 de oro y 8 de bronce. Todo a salvo en su bolso en el piso superior
-Así que dime- continuó Ting mientras esperaban las bebidas- ¿De donde vienes, Xiaoyang? ¿Qué te trae por estos deshabitados lugares?
-Lo siento pero esas son cosas que solo me conciernen a mi o a los que forman parte de la historia.
-¡Hombre misterioso! Interesante. Déjame adivinar ¿Sí?
-Como quieras.
-Eres espía del Reino Tierra y buscas invadirnos.
-Lo siento, pero no. Soy maestro fuego- y para probarlo lanzó una flama hacía un hombre que intentaba prender un cigarrillo.
-¡Entonces eres un soldado en un misión especial!
Esto le hico bastante gracia al chico. Por un lado la chica creía que él era un soldado y él no podía culparla, en los últimos mese desde Ba Sing Se, Zuko había crecido de manera increíble y el adolecente que había sido no hacía mucho tiempo atrás había desaparecido por completo y ahora él podía pasar perfectamente por un joven de veinte pocos años. Y luego estaba lo del "soldado" ¿De acuerdo con cual definición? ¿La del hombre que pelea en esta guerra o la del hombre que pelea por su nación? Bueno, al fin y al cabo Zuko era ambos.
-Supongo que puede decirse que soy algo así como un soldado.
-¡Entonces voy bien!- canturrio la chica.
Y así paso el tiempo. Obviamente Ting nunca llego a saber la verdad sobre Zuko, pero su intento mantuvo a Zuko entretenido por el resto de la noche y cuando ya solo quedaban los borrachos de siempre y los dos había bebido más copas de lo que nadie podía contar, la chica se le acercó y preguntó:
-¿Te gustaría compañía esta noche?
Zuko lo considero un momento, pensando en Katara. Katara que era feroz e indomable, pero demasiado inocente al mismo tiempo; Katara con la que hacía ya algún tiempo Zuko no paraba de soñar; Katara que en esos momentos no estaba allí.
-¿Por qué no?
Y sin más desaparecieron juntos por las escaleras.
¿Qué hacer? ¿Detenerla o permitir que continuara? Ese era el dilema en que Katara se encontraba con respecto a las nuevas costumbres de Toph. Tenia que admitir que necesitaban dinero, pero la cantidad que Toph poseía era simplemente exorbitante y estaba empezando a ser notado. Además, ese dinero era de otras personas, por que si bien el primer corredor de apuestas al que Toph había engañado, era una ladrón, Katara sabía que muchos de los hombres que habían ido a él, eran hombres de familia que tenían problemas con el juego o deudas y esperaban ganar algo más de dinero para ayudar a sus familias.
Pero ahora la ciega parecía también sorda y se negó completamente a tomar el consejo de Katara y el hecho de que Sokka y Aang estuviesen siguiéndole la corriente solo lo hacía todo peor, porque ella como si le dijeran que lo que ella pensaba estaba mal y ellos bien.
-Katara- le interrumpió Toph mientras intentaba explicarles su punto de vista por milésima vez-, ya te lo he dicho muchas veces, no te preocupes, lo tenemos todo bajo control.
-Toph, lo que realmente esta empezando a preocuparme es el hecho que ese dinero podía necesitarlo alguien más.
-Ya lo…
-¡No Toph! ¡No lo entiendes! Tu creciste en una familia rica, siempre se te dio lo que quisiste, pero no todos en este mundos son así de afortunados, muchas personas tiene problemas financieros, problemas que tengo que de3cir vienen de la guerra, la cual debemos detener y parece que hemos olvidado. Aang lleva días sin practicar tierra control.
-¡No le eches la culpa a Toph!- le espetó el susodicho- Ella solo se parto porque Zuko iba a enseñarme fuego control, pero como puedes ver ¡Él no esta aquí! Así que no hay mucho que podamos hacer.
Desde la partida del maestro fuego, Katara había explicado a Sokka y Toph que este se había marchado por que creía que Aang no estaba listo para aprender fuego control (esto le pareció lo más adecuado a decir, cuando, mientras pensaba en Zuko siento el maestro de Aang, recordó a Jeong Jeong y como él había dicho que Aang no estaba listo) y que si se quedaba solo sería una carga para ellos y que regresaría el día de la invasión, tratando de demostrar así su lealtad al grupo. Los dos chicos se habían dado cuenta de que esa no era toda la verdad, pero fingieron creer lo que la maestra agua les dijo, ya que los ojos de la chica, usualmente un cielo, se cubrían lentamente de nubes grises, prediciendo así una tormenta.
Así que cuando Aang le hecho la culpa a Zuko, la tensión que se creo en el aire, hizo que el problema del dinero pareciese insignificante. Porque ese, obviamente, era un tema delicado.
-¡Tú no le eches la culpa a Zuko! Porque eres tú él que no esta listo para aprender fuego control.- le dijo Katara en una voz que apenas contenía su enojo.
-¿No hablabas hace un minuto sobre la importancia de detener la guerra?- le devolvió en maestro aire, en el mismo tipo de voz- ¿Es que se te olvida que para hacer semejante cosa, debo aprender los cuatro elementos antes de que llegue el cometa? ¿No crees que hubiese sido más lógico, que sin importar si estoy listo o no para aprender fuego control, Zuko me hubiese enseñado al menos lo básico, para volver mi tarea durante la invasión más sencilla?
-¿Para qué? ¿Para que con tú falta de madures, terminaras quemando a alguien? ¿Cómo me quemaste a mí aquella vez?
¡Bum! Ese era uno de las cosas que Aang lamentaba más y a pesar de lo sucedido, Katara jamás se lo había tirado a la cara de esa manera. Todo el enojo que sentía se desvaneció al instante.
-Yo no…- intento decir- Eso no era lo que yo… tú sabes que yo nunca lo hice a propósito… ¡Fue un accidente!
Katara lo miro un par de segundos, con una expresión que Aang no supo descifrar, para luego dar media vuelta y marcharse. Aang descubrió en ese momento que todos, incluso Katara, la gentil Katara, tienen un lado oscuro por naturaleza.
La mañana siguiente, Zuko se levanto perezosamente un poco después del amanecer, Ting todavía dormía enrollada entre las cobijas. Había sido una buena noche, eso Zuko tenía que admitirlo, pero había algo que le molestaba un poco, aunque no estaba seguro de que. Se visto, se aseguro que todo estuviese donde se suponía y dándole una ultima mirada a la chica en la cama, se marcho. Al llegar al final del pasillo, antes de bajar las escaleras, le llego la voz de la chica:
-Adiós Xiaoyang.
Aunque era emocionante pensar que tenia su propio cartel de "se busca", Toph se sentía algo irritada por el hecho de que al final Katara había tenido razón con respecto a llamar la atención, por que al fin y al cabo ella no era tonta, solo testaruda, y sabía que llamar así la atención de las autoridades no era nada bueno.
Luego Sokka había hablado con ella con respecto a Katara y eso la había hecho sentirse todavía más culpable, aunque eso jamás lo admitiría, por supuesto. Sin embargo, de pronto Katara había venido a ella diciéndole que le ayudaría en un último asalto para demostrarle que ella también era divertida: Katara "delataría" a Toph como la Fugitiva, cobraría la recompensa y Toph se escaparía utilizando su tierra control, a cambio esa seria la ultima vez en que Toph conseguiría dinero de esa forma.
La ciega había aceptado la oferta de buena gana, pero ella sabía que eso solo era la forma en que la maestra agua se desahogaba por sentirse tan traicionada y sola desde que Zuko se había marchado. Si bien Toph no creía que el hecho por el que Zuko se había marchado era por que no consideraba que Aang estuviese listo para aprender fuego control, tenía que admitir que ella sí creía que eso era cierto, eso basándose en su propia experiencia: Cuanto le había costado que Aang aceptara la fuerza de la roca, que aceptará esa parte de él que por tanto tiempo había permanecido sellada por simple naturaleza.
Aceptar quienes somos es suficientemente difícil, pero lo que realmente importa era hacer que los demás aceptaran quien eres, eso no había nadie quien lo supiese mejor que ella. Ella que había nacido ciega; ella que había sido reprimida por sus padres toda su vida por la misma razón; ella que había sido la Bandida Ciega con la esperanza de que el mundo entendiera quien era; ella que ahora era la Fugitiva, la que huía de todos aquellos que no la entendían, pero que continuaba regresando con la esperanza de que esta vez, sí esta vez, alguien entendiese quien era y la aceptase tal y como era.
Que el mundo entendiese y aceptase. Tal y como Aang, Katara, Sokka y anciano Ihro y Zuko entendieron y aceptaron.
Cuando por fin llego el día en que llevarían a cabo su plan, sorprendentemente fue Aang el que estaba revoloteando nerviosamente por todas partes.
-¿No creen que es mejor dejarlo?- pregunto por milésima vez- Tenemos suficiente dinero, no hace falta hacer esto.
-Tranquilízate, Pies Ligeros- le contesto Toph-. Tenemos esto bajo control, todo saldrá bien.
-Pero…
-Basta Aang- le atajó esta vez Katara-. Ya hemos decidido que lo haremos y así será- y sin una palabra más se dio la vuelta y empezó a caminar, Toph la siguió de cerca.
Katara tenía una horrible sensación de vacío en su interior que no la dejaba en paz, no desde que Zuko se había marchado. No se había realmente dado cuenta de cuanto significaba Zuko para ella hasta que lo había perdido, aunque pensándolo bien tenía muchísimo sentido: todas esas noches a bordo de la nave, hablado y hablando de todo y nada, los sacrificios hechos para llegar allí, la amistad y confianza que se había formado… bueno, más que amistad, ellos se habían e… ¡Un momento! ¿¡Ellos!? ¿Pero en donde tenía la cabeza?
"¡Concéntrate Katara! Este no es el momento para andar pensando en esas cosas" se dijo a si misma. "Primero lo primero."
Conseguir la atención de las autoridades había sido realmente fácil, luego vino la captura y el teatro, seguidamente la cobra de la recompensa y todo hubiese salido como debía ser todo tenía que salir bien. Pero por supuesto que con la suerte de la chica estos días eso era imposible: Toph estaba en una celda de madera.
Cuando Katara la vio, sintió ganas de sentarse a llorar. ¿Cómo era que había terminado todo así? ¿Por qué su vida parecía un huracán estos días? ¿Qué había hecho ella para merecer eso? ¡Ojala Zuko estuviese allí! Él sabría que hacer, él hubiese detenido a Toph desde el principio y nada de esto hubiese sucedido, ella no tendría por qué estar pensando en como demonios iba a sacar a la ciega de allí.
Se dirigió corriendo a l campamento donde Sokka y Aang las esperaban.
-¿Conseguiste el dinero?- pregunto Sokka en cuando la vio llegar, como respuesta Katara le lanzo la bolsa de dinero directo a la cara.
-¿Dónde esta Toph?- pregunto Aang ansiosamente mirando a su alrededor.
-Esta encarcelada, la tienen en una prisión de madera- Los dos chicos miraron a Katara con el asombro y el miedo dibujado en sus caras-. Tenemos que sacarla de allí.
Los dos asintieron y juntos empezaron a hacer planes para una pequeña irrupción nocturna en la prisión. Al fin y al cabo, Toph era "La Fugitiva"
