Advertencias:

Los personajes pertenecen a L. J. Smith, menos la protagonista, Sally y su familia que son originales míos.

Esta historia contiene lenguaje fuerte, escenas de violencia y sexo.

La historia está inspirada en la serie de televisión, por lo cual, habrá detalles que se tomen de ella al igual que habrá cosas originales.

Si se me olvida algo, perdón. Gracias al que lo lea.

Capítulo 7

La pesadez de los ojos de Sally fue enorme aquella mañana debido al alcohol que ingirió la noche pasada, ya que aunque hubo sido poco, ella no estaba acostumbrada a beber.

Su pelo, ahora dorado debido a los rayos del sol que impactaban contra él, se desparramaba sobre la almohada creando un precioso contraste entre el blanco de la funda y el topacio de su cabello.

Poco a poco fue abriendo los ojos hasta espabilarse lo suficiente como para recordar todo lo acontecido hacía unas cuantas horas. La cena, la fiesta, Damon... ¡Se había acostado con Damon! Al pensar en ello, y darse cuenta de que era totalmente cierto, se incorporó con rapidez observando su alrededor. Él no estaba, y eso la alivió, pero a la vez despertó en ella un profundo miedo; Ahora tenía que salir de ese cuarto y buscarlo, hablar con él sobre que estaba ocurriendo entre ambos.

Se levantó de la cama completamente desnuda y comenzó a buscar su ropa interior. Una vez puesta, intentó encontrar en la estancia su vestido negro, pero recordó en ese preciso instante que el moreno lo había tendido para que se secase la noche anterior, así pues, se cubrió con la gran camisa azul oscuro y salió de la habitación con vergüenza y sigilo.

Creyendo que estaba sola en la casa, pues son escuchaba ningún ruido, fue hacia la cocina donde se encontraba su vestido, ya que allí había un pequeño tendedero. Su sorpresa y vergüenza fue brutal al descubrir a Stefan en la sala tomando café mientras ojeaba un libro. Él enseguida se percató de la presencia de alguien, y se giró sintiendo algo de vergüenza debido a las circunstancias.

-Dios, Stefan, qué vergüenza. Creía que no había nadie, así que iba a por mi ropa y a marcharme.

-Tranquila, no te preocupes. Tómate un café. –El joven trató de quitarle hierro al asunto aunque evitó desviar la mirada de los ojos de la chica, que se sentó con lentitud en una silla cercana mientras Stefan se levantaba y la servía con rapidez.

-Gracias.

-No hay de qué. ¿No sabrás donde está mi hermano, verdad?

-No, lo siento, cuando me he despertado no había nadie. Ha sido raro.

-Bueno, mi hermano nunca ha tenido mucho tacto en esas cosas. Deberías hablar con él si es cierto lo que me dijiste anoche. Eres una buena chica, no me gustaría que sufrieras por su culpa.

-Tienes razón, esto ya ha ido demasiado lejos, tenemos que aclararlo. Estoy algo asustada es la primera vez que siento esto así por alguien...

-No te preocupes, tienes que ser valiente, es el único modo de conseguir cosas en la vida.

-Muchas gracias, Stefan. Que alguien te escuche e intente ayudarte es muy reconfortable.

-Para eso estamos los amigos, ¿no?

La joven sonrió al chico, que a su vez, la imitó. Ambos se llevaban muy bien y sabían que aquello era el comienzo de una buena amistad.

Sally se sintió mucho mejor después de aquella conversación, y tras terminar el café y arreglarse, se fue a su casa decidida, y más segura de sí misma. Comenzaba una nueva vida para ella.

Aquella tarde no lograba concentrarse en otra cosa que no fuera Damon, él había desaparecido y no se ponía en contacto con ella, cosa que le resultó algo preocupante y molesta. Le mandó un mensaje de texto al teléfono y esperó impaciente algún tipo de contestación que llegó tras una insufrible media hora.

Quedaron los dos en un parque cercano a al casa de la joven en un cuarto de hora. Sally se vistió y salió corriendo hacia el lugar sumamente impaciente y temerosa.


Damon apareció a la hora, tranquilo y despreocupado como normalmente se le veía, con esa confianza en sí mismo tan característica. Cambió su semblante alegre por uno más serio al observar la preocupación de la joven.

-Perdona por desaparecer así, me surgió algo importante y tuve que irme de inmediato. –Mintió el moreno, que en realidad, había salido a beber sangre fresca de hermosos cuellos de mujeres.

-Vale, tranquilo; No pasa nada, pero deberíamos hablar de que va a pasar ahora, de qué va esto.

Damon la silenció con una beso, para segundos después, mirarla a los ojos desde muy cerca.

-Me gustas, yo te gusto. Intentémoslo, Sally. –Dijo sin apartar la vista de la de la joven a al cual el corazón le latía con rapidez.

-Me parece una idea estupenda. –Confirmó la castaña para después besar al joven, esta vez, durante más tiempo y de una forma más pasional.


La noche había llegado y Damon aparecía por la puerta de casa, observando a Stefan en el sofá quien dejó su libro a un lado y se levantó.

-¿Cómo has podido largarte esta mañana dejando a Sally sola?

-Tenía demasiadas ganas de sangre y no me gustaría comerme a mi novia, más sabiendo que no la puedo hipnotizar.

-¿Estáis saliendo? –Preguntó el castaño con el ceño fruncido en señal de extrañeza.

-Sí, hermanito, desde hoy oficialmente.

-No se te ve muy emocionado.

-Oh, ya sabes que tú eres el pasteloso, yo soy el frío, pero también tengo mi corazoncito. –El moreno se burló mientras ponía una mueca de pena, y luego sonreía.

-Ella está muy ilusionada, te quiere de verdad y no sé como lo has conseguido, pero te advierto de que somos amigos.

-Sí, sí, ya me has echado la charla más veces, tranquilo, Stefan. Pero quizás deberías no meter las narices donde no te llaman. ¡Deja de hacerte el héroe, por Dios, cómo si todo te importara!

-La tengo aprecio, y ella a mí, no voy a fallarla, quiero poder conservar algún amigo y empezar mi vida.

-No puedes empezar una vida, Stefan, estás muerto. Ya la tuviste y salió mal, ahora debes cambiar para que no se repita la misma historia.

-Mírate, Damon, no quiero ser como tú. Yo aún conservo algo de mi humanidad.

El menor se marchó de la estancia tras observar al moreno, ignorándole mirando su vaso medio lleno de whisky. Sabía que le había escuchado, pero era un caso perdido. Jamás cambiaría, y por ello en su interior tenía una mala sensación. Algo no saldría bien.