~6~
Conducía en silencio hasta la casa de su compañera. Ella, sentada a su lado miraba por la ventana con una sonrisa pintada en la cara. No solía ser así de silenciosa, sin embargo su expresión jubilosa le era indicativo suficiente para no preocuparse por ella. Mientras tanto su debates internos lo golpeaban una y otra vez dejándolo sumamente cansado. Se sentía culpable, ¿por qué no la rechazó?, para sus adentros él se veía como una persona fuerte, capaz de decir que no cuando a él le daba la gana. Miró fugazmente a la chica que tenía a su lado y volvió la vista al frente. Una mirada le bastaba para responder a sus preguntas.
Aparcó su coche cerca de la morada de Lux, ésta conocía la zona, así que se dejaba orientar por ella. Y durante el corto trayecto hasta la puerta de la casa siguió fustigándose mentalmente. Tenía alternativas; ir a casa a recoger su cartera e irse a un hotel, pedir ayuda a Sid o incluso a su hermano. Pero en su defecto allí estaba, tomando la caridad de la muchacha que lo guiaba.
Lux abrió la puerta y dejó que él pasara primero. Éste no muy seguro dio unos cuantos pasos y la esperó. Porque sentía que cada movimiento, cada cosa que hacía, incluso mirarla era cometer un pecado tras otro. ¿Era aquello traición?, ¿qué diría Quilletta si se lo contara?, quizás debía hacerlo, quizás debía de ser sincero con Quill, quizás la solución estaba en frente de sus narices y él, tan tozudo como siempre era, no quería tomarla. Sus pensamientos fueron interrumpidos por dos felinos quienes se mostraron ante su presencia, uno de ellos, color canela observaba desde el fondo, el otro, blanco con manchas marrones, corrió hasta los pies de Darius, lo olfateó un poco y luego le dio pequeños toquecitos con la cabeza. Viendo la pasividad de aquel hombre, el gato comenzó a enredarse entre las piernas de éste, pidiendo la demanda de atención que se merecía tras un largo día sin humanos en casa.
Lux tomó el gato en cuello y lo aparto de él. Lo miró algo temerosa de su reacción.
—No te dije que tenía animales en casa. Lo siento, pero son muy buenos. —el otro felino al ver a la muchacha cargar a su compañero se acercó receloso, pero únicamente a Lux, pues desconfiaba de la otra presencia. La chica dejó a Garen en el suelo y éste volvió a demandar atención por parte de Darius. —Garen, ya basta, jolines. —dijo la mujer mientras volvía a separarlo de él. —Déjale tranquilo. —pero el gato parecía ser muy cabezota, empeñado en ser querido por Darius. Éste fue quien lo tomó esta vez en brazos, y el animalillo, contento, se acomodó un poco. No le gustaban los animales especialmente, pero aquella bola de pelo se hacía querer, y en cierto modo le recordó un poco a Lux. Sonrió ante sus pensamientos a lo que la chica se relajó al ver el mutuo acercamiento entre su gato y aquel hombre.
—No me quedaré mucho tiempo, y en cuanto consiga mi cartera te pagaré por esto. —Lux resopló con molestia.
—No tienes que pagarme nada. Más importante, ¿no llevas cartera?, ¿cuánto dinero llevas encima?— comenzó a rebuscar en su bolso para sacar su propio monedero. —Dejaré dinero en casa por si lo necesitas…
—No hace falta, mañana por la mañana iré a casa a buscar mis cosas, luego saldré a correr, suelo despertarme muy temprano. —ella asintió y sonrió satisfecha.
—¿Me harías el favor de despertarme a mí también?, así podremos salir juntos. —él alzó una ceja, extrañado.
—¿Tú también sales a correr por las mañanas?— Lux rio.
—No he hecho deporte desde hará cinco años. —él se rascó un poco la nuca, confuso. ¿Estaría tomándole el pelo de nuevo?, aquella chica era muy dada a bromear con él. — ¿Por qué no empezar contigo?, siempre será una experiencia nueva. — Darius sonrió discretamente.
—Si me vas a pedir que te enseñe que sepas que no tengo paciencia. —trató de sonar severo, pero no pareció conseguirlo pues ella se puso rígida, se llevó una mano a la frente y lo saludó como si fuera uno de sus subordinados. Ni siquiera hacia el saludo bien lo que hizo que él carcajease un poco.
Lux le enseñó la habitación dónde él dormiría. Al ser la suya la única con cama matrimonial, decidió, dada la altura de Darius, cedérsela a él durante aquellos días y ella dormiría en alguna de las restantes habitaciones. También le explicó dónde estaba cada cosa guardada, y le informó acerca de la calefacción, los electrodomésticos de la cocina, y cómo regular la temperatura del agua. Acto seguido le dio su teléfono móvil por si necesitaba algo y se fue a comprar cosas para cenar y comer los días siguientes, mientras su invitado se daba una ducha.
Sus sentimientos salieron a flote de nuevo mientras en aquella desconocida morada el agua caliente le calaba hasta los huesos. Sentía las gotitas sobre sus hombros y se relajó en el sonido del correr del agua. No había mirado el móvil desde la última llamada de Sid, temía ver mensajes de Quilletta, llamadas perdidas suyas, y más tras lo que le había dicho su amigo "ella te quiere con locura", en su egoísmo la suerte de encontrar a una mujer como su novia se disipó, y pensó en lo fácil que sería todo si no fuera de esa manera. Si Quill no lo amara, todo sería mucho mejor. Se llevó una mano a la cara y se limpió el agua que en aquel momento le caía por el rostro. Cerró el grifo y salió de la ducha, su cuerpo parecía guiar sus actos automáticamente, mientras su cabeza no paraba de darle vueltas al asunto. Llegó a la conclusión de que estar con Lux no sería la solución, y menos ser apegado a ella, pues parecía que cuanto más cercano era más se confundía con todo. Pensaba en su discusión con Quill y al instante le llegaban sentimientos de júbilo al intuir que era probable que aquella chica de finos cabellos rubios se hubiera fijado en él, ¿qué otra explicación tendrían si no sus reacciones? No le daría tanta importancia si él no se hubiera fijado en ella también, así que para dejar las cosas en frío volvió a su excusa de siempre; era un capricho, y como tal no debía tirarlo todo por la borda y menos por una niña como era Luxanna.
Se vistió y buscó el secador de pelo, al no encontrarlo por ninguna parte decidió secarse un poco con la toalla e irse al salón a esperar a su anfitriona. Según salió del baño el gato moteado comenzó a seguirle, parecía esperarle con impaciencia ¿qué narices le pasaba a aquel gato?, pues el otro tenía un carácter más propio de aquel tipo de animales, mas el que le seguía era demasiado cariñoso.
Se sentó en el sofá, tomó el mando a distancia y encendió la televisión. Por suerte estaban emitiendo un partido de baloncesto lo que le hizo evadirse de todos sus problemas internos. Aquel gato, Garen lo había llamado Luxanna, se acurrucó a su lado mientras el otro los observaba desde la lejanía. Darius sonrió y estiró un poco el brazo para acariciarle, no le gustaban los animales en absoluto, pero en la soledad de aquella morada ajena, ellos le hacían compañía.
Lux tardaba demasiado y estaba comenzando a preocuparse. Miró la hora marcada en la propia televisión y se propuso llamarla si tardaba quince minutos más. No llegó su pensamiento a término cuando escuchó la puerta abrirse. Ella saludó con alegría, era extremadamente ruidosa, llamaba a los gatos en voz alta y se descalzaba sin cuidado alguno dejando un zapato a un lado de la entrada y el otro al otro lado, con su correspondiente estruendo dejó las cosas en la cocina, ante aquellas acciones Darius rio un poco. Qué diferente era la llegada de Lux respecto a la de Quilletta. La chica se sentó a su lado dejándose caer en el sofá lo que hizo que Garen se levantara de inmediato debido al movimiento de los cojines. El hombre negó con la cabeza mientras veía al felino irse.
—Estaba tranquilo hasta que has hecho eso. —acusó burlón. Ella rio y lo miró de manera pilla.
—Lo he hecho adrede, le molesto muy a menudo. —se giró para ver al gato irse y rio de nuevo. Se levantó de repente y se fue a la cocina tomó una pequeña bolsa y volvió al sofá. Él la siguió con la mirada hasta que se sentó de nuevo. Lux sacó una camiseta roja, con unas letras negras que no parecían tener sentido. La desdobló y la superpuso sobre la camiseta que Darius llevaba puesta, colocando los hombros de la misma sobre los hombros de él. Respiró hondo cuando vio que le quedaba y se la tendió. —Menos mal, pensé que no te quedaría, era la talla máxima. Con esto he comprobado que sí que venden ropa de tu talla en la tiendas. —sonrió. Él se quedó sin saber qué decir, con la prenda en la mano y los ojos abiertos como platos.
—T-Te pagaré en cuanto…— Lux lo cortó haciendo un gesto con la mano. Darius comprendió tras ello el porqué de su tardanza, ¿realmente había estado buscando camisetas para él?, quiso rechazar ese gesto, pero se sentía tan bien. Ser cuidado por ella, que lo tratara de esa manera, cualquier cosa que ella le diera sería suficiente para él. Sonrió mientras examinaba su nuevo regalo.
—He pensado que no te sentirías cómodo por la noche durmiendo con la misma ropa. Aunque no es la camiseta más bonita del mercado, pienso que el rojo te queda bien. —el rojo era su color favorito, cuán acertada era aquella mujer, ¿era azar todo aquello que le estaba pasando?, el destino y la llegada a Raleigh, encontrarse con ella, las acertadas acciones que aquella mujer parecía tener. Todo, absolutamente todo parecía estar indicando siempre a una misma dirección. Fijó sus oscuros ojos en los azules de ella. Ésta se sorprendió ante la intensidad de aquella mirada, no era de alegría, tampoco tristeza, pues reflejaba algo profundo en el vacío de aquellos ojos negros. Lux entrelazó sus manos, enrojeciéndose por completo. Lo había notado desde el primer momento, pero en aquella circunstancia lo notó más aún; Darius era muy guapo, si bien no era una belleza usual, la temeridad que mostraba con sus gestos, sus rasgos afilados o sus fieros ojos brunos, incluso sus finos labios, todo en aquel hombre la llevaba a querer desentrañar más y más. No pudiendo sostenerle la mirada se fijó en la televisión y trató de cambiar de tema. — ¿T-Te gusta el baloncesto?— él miró a la televisión también.
—Sí, solía jugar. —se sinceró para su propia sorpresa.
—¿Y ya no juegas?— aquella pequeña mujer siempre era demasiado curiosa.
—No, ya no juego. —quiso zanjar el asunto, pero iba a devenir imposible con ella como investigadora.
—¿Por qué?, ¿ya no te gusta?— él suspiro. ¿Cómo explicar algo tan complicado?, acarició la camiseta recién adquirida, recordando los colores de su antiguo equipo. Hacía ya tanto tiempo que le sonaba demasiado lejano. Lo había dejado por Quilletta, pues el tiempo que ella demandaba era incompatible con poder gastarlo en jugar al baloncesto. La nostalgia por la decisión tomada en aquella época, algo ya olvidado, volvió a él de nuevo.
—Si tú fueras mi amiga. —comenzó Darius mientras seguía mirando la prenda. —Y debido a mi poco tiempo libre no nos pudiéramos ver apenas. ¿Seguirías siendo mi amiga? —tras la pregunta él alzó su vista para centrarse en ella. Ésta se frotó un poco la nariz y pensó durante un rato. Llegó a una conclusión rápidamente con una sonrisa.
—Mi mejor amiga, Janna, vivía cerca de mí, cuando residía en Massachusetts. Nos hicimos muy amigas desde que nos vivimos, tanto fue así que hicimos una especie de pacto. —rio un poco al recordarlo. —Habíamos propuesto que nos iríamos a vivir juntas en cuanto una de las dos encontrara trabajo después de acabar la carrera. Daba igual el destino, la primera en tener trabajo lo decidiría y la otra se desplazaría con ella hasta encontrar algo de su sector. —suspiró y sus ojos se entrecerraron, ladeó su cabeza en una expresión nostálgica y taciturna, mas distaba de ser triste. —Ella encontró a su actual pareja, y se fue a vivir con él a los pocos meses. Sigue viviendo en Massachusetts, y yo pues bueno, yo estoy aquí. La vida es así, me alegré en cuanto supe que ella tenía la vida que deseaba, Janna puede gastar su tiempo como quiera, puede decidir sobre su vida, no por ello tiene que dejar de ser mi amiga. Al día de hoy nos llamamos, hablamos por WhatsApp prácticamente todos los días. Además sé que si algo me pasara ella sería la primera en ayudarme. Ella es feliz y yo soy feliz por ella. La amistad no se basa en el tiempo ni en la distancia. Así que, respondiendo a tu pregunta. Sería tu amiga sin dudar, aun si no tuvieras tiempo para verme tan de seguido, pues sabría que tú estarías ahí para mí a pesar de todo. De hecho, no me gustaría que tú dejaras de hacer cosas que te gustan por conservar nuestra amistad. — lo miró con aquellos ojos azules que tan preciosos le parecían. —Gasta tu tiempo libre en lo que tú quieras, Darius, o de lo contrario cuando llegues a una edad, te arrepentirás de no haberlo hecho. Nadie tiene que cuestionarte qué haces y qué no, la vida es para vivirla, no para sacrificarla. — ¿Tan fácil como eso?, ¿cómo podía ser que alguien a quien apenas conocía de un mes, llegase a tales conclusiones? acertando en todo lo que hacía, haciendo de sus pensamientos algo fútil, pues él en lo más profundo de su ser, tenía la misma filosofía. Si se sentía agobiado, si se sentía molesto con su propia vida era porque parecía que todo cuanto tenía que hacer era para otros. Gastando su propio tiempo en algo que no quería hacer. Lux no veía las incompatibilidades que el resto de personas veían en una amistad. ¿Qué pensaría del amor entonces?, si ellos dos fueran pareja ¿pensaría de la misma manera? O por el contrario ¿se volvería como Quilletta?, demandando tal atención, haciendo que al final él se sintiera preso de la situación. Calmó sus enredados sentimientos cuando la vio sonreír, Lux parecía notar sus debates internos, y tratando de consolarle, aun no sabiendo el verdadero motivo de éstos, le dio un par de palmadas en el hombro. —Seguro que hay varios clubes por la zona, podemos buscar juntos si quieres, encontraremos alguno en el que estés a gusto. ¿Qué te parece?
—¿A pesar de no tener tanto tiempo para vernos? —aquella pregunta de tanteo fue respondida de inmediato por ella. Ésta asintió feliz.
—Y cuando nos veamos me gustaría que me contaras qué tal te va en el club. Seguro que es genial pertenecer a un equipo, trabajar juntos para ganar. —rio un poco. —ya sabes. —no pudo contener más su emoción. Tan distante de la pesadez que sentía cuando hablaba de ello con Quill allí estaba ella, siendo tan natural que lo abrumaba. ¿Qué cojones era aquello?, ¿cómo podía una persona en tan solo un mes entenderte de tal manera?, diez años, frente a un mes. Estiró su brazo para rodear la espalda de Lux y con el otro brazo la hizo apegarse a él mientras ella se sorprendía por la repentina reacción. La chica se sonrojó, notando el calor de Darius sentía que su corazón se le iba a salir del pecho. Lux estiró los brazos y tocó la ancha espalda de aquel hombre con delicadeza. Y aquellos finos dedos posándose sobre la espalda de él lo hicieron salir del aquel trance. ¿Qué estaba haciendo?, ¿qué narices estaba haciendo?, él no era así, para nada. La apartó de inmediato, y se sintió el ser más despreciable por haber caído con ella. Había discutido con Quilletta, aquella mujer ahora estaría en casa esperando por él, muy preocupada probablemente y él, él estaba allí, abrazado a una mujer diferente.
—No debí haber hecho eso. —dijo mientras miraba de manera fugaz las sonrosadas mejillas de Lux. Y de nuevo se sintió orgulloso, feliz al ver la reacción favorable de ella. Sintiéndose correspondido. Pero se detuvo, necesitaba echar un freno a sus emociones o aquello se tornaría en desastre. Lux sonrió.
—Puedes hacerlo cuando quieras. —Darius la miró sorprendido. Cuán inocente era, mas ¿cómo podía ser que luego fuera tan descarada en según qué cosas? Queriendo volver a la realidad se levantó del sofá, controlando sus impulsos de querer ir más allá. Tomó su móvil y se fue a la habitación dejando a Lux plantada. No había sido educado, pero sentía que si ella decía algo más no sería capaz de controlarse. Desbloqueó su teléfono, los WhatsApp que tenía eran todos del trabajo o de Sid. No había ninguna llamada de Quilletta, tampoco ningún mensaje. En aquellos momentos necesitaba que su novia bajara su orgullo, un solo gesto de ella serviría para volver a su vida. Porque en aquellos momentos se sentía completamente perdido.
La noche llegó rápido y le costó dormirse. Estaba cansado pues tras la discusión con su novia, dormir en el coche y todas las emociones sufridas por culpa de la anfitriona de la casa, no tuvo respiro en todo el día. Pero aquella habitación era la de Lux, ella había dormido allí, ella le había comprado la camiseta que llevaba puesta, el champú con el que se había lavado el pelo era de ella, y en todas las cosas, en todas las percepciones de sus sentidos estaba ella; Luxanna. Incluso cansado tuvo pensamientos, que para él, eran del todo lascivos, sintiéndose a la vez culpable por traicionar a su chica, pues aunque trataba de refrenarse lo cierto era que, cerrar los ojos, inundarse con el olor de Lux e imaginarse en una situación sexual con ella, en aquella misma habitación le gustaba.
La vibración de su móvil lo despertó. Apagó la alarma aún somnoliento, se desperezó y se estiró. Abrió la puerta de su habitación y se encontró con una pequeña bola de pelo esperándole, la cual instantáneamente comenzó a enredarse entre sus piernas.
—Qué raro, tú esperándome. —le habló al gato de manera sarcástica, para acto seguido, agacharse y tomarlo en brazos. El felino se dio por satisfecho, ronroneando ante las caricias de aquel hombre.
La puerta de la habitación de Lux estaba completamente abierta. Comprendió que ella la dejaba así por sus gatos en cuanto entró en su cuarto y vio al otro animalillo acurrucado a los pies de su cama. La persiana también la tenía abierta, entrando por la ventana la claridad de las farolas de la calle, pues al ser tan temprano aún no había amanecido. Qué rara que era, él no hubiera podido dormir así, pero ella dormía al igual que su gata; en posición fetal, con sus rodillas recogidas entre sus brazos. Darius sonrió al verla así, dejó a Garen junto a Katarina y se agachó un poco para despertar a la chica. Examinó sus facciones antes de hacer ruido alguno, viendo como el amarillento color de la luz exterior iluminaba su pálida piel y sus moteadas pecas e impulsivamente llevó una mano hasta el pelo de ella, apartándole algunos mechones sueltos que le caían por la cara. No pudo evitar rozar su mejilla con el dedo corazón, recorrer su nariz suavemente, hasta llegar a aquellos rosados labios. Apartó de inmediato su mano en cuanto recordó la cara de Quilletta al haberla llamado problema. Tocó su hombro y la zarandeó un poco para despertarla. Lux abrió los ojos poco a poco y aún cansada sonrió con felicidad.
—Es genial despertar así. —dijo con una inocencia preciosa. Darius tuvo las ganas irrefrenables de volver a abrazarla. Pero se dio la vuelta mientras le informaba.
—Voy a casa a por mis cosas, en media hora estaré por aquí.
—Coge mis llaves si quieres. Están en la mesita del salón. —él asintió, y salió de aquel lugar, mas aunque no lo hizo notar, también había pensado lo mismo que ella. Ojalá hubiera oportunidad para despertar junto a ella. Ojalá pudiera.
No tardó mucho en tomar una pequeña maleta de mano con sus efectos personales y por supuesto su cartera. Por suerte, y no habiéndose equivocado, Quill ya había salido de casa. Antes de irse recorrió aquella morada con lentitud, fijándose en cada rincón y al igual que la noche anterior con Lux, percibiendo la actividad que su novia había dejado por la casa, como sus pertenencias, su olor, la manera ordenada de colocar las cosas. No pudo evitar volver a debatirse, ¿realmente quería dejar aquello?, ¿realmente quería seguir con ello?, ¿volver de nuevo? No teniendo demasiado tiempo se fue de la casa en dirección a la vivienda de Lux de nuevo.
Abrió la puerta, viéndola directamente en la cocina, con el pijama aún puesto, completamente despeinada y tomándose un café y unas magdalenas. El carácter desordenado de aquella chiquilla, al contrario de lo que pensaba, le gustó, pues le resultaba sumamente natural y divertido. Dejó las cosas en un rincón, en la entrada de aquel lugar y dirigiéndose a la cocina le advirtió.
—Si vas a salir a correr, no deberías de desayunar eso. Te va a sentar mal. —ella lo miró como si le hubiera dicho la peor de las ofensas.
—Tengo hambre y tengo sueño, ¿qué voy a comer entonces?— él negó con la cabeza, y tomó sus cosas para ir a ponerse una ropa más cómoda.
—El que avisa no es traidor. —dijo él mientras se iba. Lux dejó su desayuno a la mitad, mas no pudiendo refrenarse le metió un último bocado a su ya empezada magdalena.
—Por un poco más no pasará nada. —se dijo a sí misma.
La chica lo guio a un parquecillo cercano. No era muy grande y el recorrido circular de éste no es que fuera muy interesante, pero era suficiente para dar unas cuantas vueltas. Aquel lugar, al ser tan temprano, estaba prácticamente desprovisto de gente, no siendo por un par de personas que sacaban a sus mascotas a pasear, el lugar lo tenían para ellos solos. Pusieron como punto de partida imaginario un pequeño arco que adornaba el lugar con su nombre y desde ahí contarían las vueltas dadas.
—¿Vas a dar más de una?— se burló él. Mientras hacía estiramientos para comenzar. Ella lo imitaba poniendo atención en los pasos de aquel hombre.
—Me subestimas. —dijo indignada.
Trataba de centrarse en sus ejercicios, pues algo de lo que era muy consciente era de que, las mallas de Lux parecían ser bastante ajustadas, y si bien estaba acostumbrado a ver ese tipo de ropa deportiva en una mujer, en esa mujer específica lo excitaba de sobremanera. Nunca achacó el deporte a algo sexual, pues él siempre mantenía la concentración sin dificultad cuando lo practicaba, pero con ella parecía ser diferente. Verla así, con sus mejillas sonrosadas por el esfuerzo distaba mucho de la faceta adorable que tiempo atrás tenía de ella. Tragó saliva y dejó de mirarla, al menos de esa manera, obligándose de nuevo a seguir con su tarea.
No le costó mucho centrarse en cuanto comenzaron a correr; Lux iba exageradamente lento comparada con él, así que compaginó su respiración y dejó la mente en blanco mientras se ejercitaba.
Su paz mental se vio interrumpida por una escena que le era sumamente reconocida. No era inusual encontrarse con borrachos a aquellas horas de la mañana, pues muchos de ellos concluían sus fiestas personales en los parques. Odiaba ese tipo de actitudes y más de una vez tuvo encontronazos con aquella gente debido a Quilletta. Su novia tenía muchísimo temperamento y le gustaba esa faceta de ella, pues a la mínima que alguno le dijera algo vejatorio ella cortaba de raíz, defendiendo su territorio a toda costa.
Los dos ebrios hombres se sentaron en un banco y cuando veían a Lux pasar lo que al principio eran miradas, se convirtieron en algún que otro silbido, para más tarde comenzar a darle "ánimos" que a él le parecían sumamente despectivos. Desde la lejanía divisó como ella se paraba ante ellos y escuchó mientras se iba acercando algo que no pudo creer; "Gracias por los ánimos", y les sonrió satisfecha mientras seguía con su marcha. ¿En serio?, ¿les había agradecido por lo que le estaban diciendo?, ¿es que era estúpida?, ¿de verdad se creía que esos ánimos eran reales? Se fijó en las caras de ellos, viéndose ambos sumamente confusos por la reacción de ella. Era tan idiota que había llegado incluso a desorientar a los borrachos con su respuesta. No pudo evitar sonreír por aquella surrealista escena. Mas a la siguiente vuelta volvió a escucharlos animar de nuevo a la muchacha. Quizás Lux no los consideraba una molestia, pero él no pudo evitar frenar ante lo último que había escuchado "Cuando acabes podemos darte un premio".
—¿A mí me vais a dar un premio también?— les preguntó desde su altura, a lo que ellos alzaron su vista dejando de mirar a la chica para centrarse en él. Éstos tragaron saliva. Darius imponía demasiado y si bien en el día a día aquello no lo ayudaba en absoluto, en circunstancias como aquellas se alegraba de ello. No solo estaba molesto por todas las gilipolleces que tenía que escuchar y ver por parte de ellos, también por haber tenido que detener su marcha. Ante el silencio de ellos añadió. —Lo imaginaba. No me hagáis parar otra vez, dejadla tranquila.
—Solo la animamos. —soltó uno mientras se reía a lo que el otro rio burlón mientras asentía.
—¿Y por qué no me animáis a mí también?— Se acercó a ellos y se cruzó de brazos. Comenzaba a molestarse demasiado y no quería empezar el día mal por culpa de dos gilipollas.
—Tío… vamos. —uno de ellos se levantó tambaleándose, trató de ser cercano a él, como si de un colega se tratara. —Si nos vamos a ir ya ¿qué más da? Vamos a terminar alegrándonos las vista, ¿qué daño hacemos?
—Está muy buena. —añadió el otro que también se puso de pie.
—Ojos tenemos todos. —soltó Darius de un bufido. —Pero ni yo, ni ella, ni nadie tiene por qué saber lo que estáis pensando. Así que guardaos los putos ánimos para vosotros mismos.
—¿Es tu novia?— preguntó uno de los chavales. —Si es tu novia no queríamos ofender.
—Pues me habéis ofendido, así que adivinad. — recogieron sus bebidas y se disculparon con Darius, algo que no le gustó en absoluto, pues no era a él a quien tenían que pedir disculpas si no a Lux. Ésta paró en cuanto lo vio allí de pie viendo como los dos chicos se iban. El ceño fruncido de su compañero la hizo preocuparse.
—¿Ocurrió algo?—Él la miró completamente molesto. Pero al ver su cara de inocencia, aquellos ojos azulados preocupados por él no pudo sino sonreír, destensando por completo su gesto. Aquella chiquilla debía de ser de otro mundo. Realmente era extraña. Posó una mano sobre la cabeza de ella y le revolvió el pelo sin cuidado, despeinando su coleta por completo.
—A ver si espabilas. —le dijo tan solo para reanudar de nuevo su marcha. Porque las cosas que le sacaban de quicio, las cosas malas que parecía tener la vida, junto con Lux le parecían menos malas.
El tiempo de ejercicio estaba por finalizar, desde lejos observó cómo Lux se levantaba del suelo con dificultad y se sacudía las rodillas un poco. Estaba claro que se había caído, pero no parecía haberle pasado nada. No obstante paró, le preguntó si estaba bien, quiso, ya que estaban a punto de irse, amoldar su trote al de la chica. Pero ésta no le dejó.
—El camino que recorremos es el mismo ¿no?, pues eso es lo que importa. —rio mientras lo apartaba de su lado haciendo aspavientos con las manos. —Aunque yo vaya a otro ritmo, estoy aquí. No tienes que cambiar tu ritmo por mí. —con Quilletta aquello fue sinónimo de discusión, estúpida sí, pero molesta también. Ella se quejaba constantemente, pues según su criterio salir a correr juntos era para pasar el poco tiempo que tenían unidos. Y al final el ritmo de uno era dispar al del otro, provocando tales riñas. Probablemente el significado que Lux le quiso dar a sus palabras era otro, pero él no pudo evitar sentir el alivio implícito en ellas. Detuvo el trote de la chica interponiéndose en su trayecto. Ella alzó su vista sorprendida ante la brusca reacción de él, temiendo que hubiera dicho algo molesto. Darius tomó, sin mucha fuerza a la mujer por los hombros, y de nuevo la abrazó. La altura de ella era tan dispareja a la de él que tuvo sumo cuidado en no apretar, ni hacer movimientos bruscos. Únicamente sus brazos alrededor de ella, sintiendo el calor, y la entrecortada respiración debido al ejercicio.
—¿D-Darius?— llamó confusa. Pues aquello la había pillado de sorpresa.
—Dijiste que podía hacerlo cuando quisiera. —respondió con brusquedad. Porque quería estar así, aunque fuera un poco más. Lux sonrió y pasó a abrazarle también.
El tiempo laboral pasó despacio, pues la espera de volver a casa con ella se le estaba haciendo eterna. Cenaron juntos, luego estuvieron los dos en el sofá junto con ambos gatos, si bien Garen se acercaba a él, la otra era más partidaria de estar con Lux. Vieron un partido de baloncesto de nuevo, y aunque ella le pidió que le explicara las normas, la chica al no estar acostumbrada a despertarse tan temprano y salir a correr, se quedó completamente dormida. Quiso terminar de ver el juego, pero él también comenzaba a sentirse adormilado. Se fijó en Lux, ésta había dejado caer su cabeza contra el hombro de él, y dormía profundamente con la boca entreabierta, emitía de vez en cuando el sonido de la respiración profunda. Sonrió y no pudo evitar tocar su pequeña nariz, aquella que tantas veces se frotaba cuando pensaba. Ella se revolvió ligeramente ante la acción de Darius, pero continuó durmiendo. Katarina se acercó un poco, controlando que aquel hombre no le hiciera nada a su dueña. Éste lo notó, y rio sin sonido, para no despertarla.
—Es tan bonita que no he podido contenerme. —se excusó con la gata en un susurro.
Aunque no era muy tarde, no pudo más con su cansancio. No quiso dejar a la chica allí, así que la tomó en brazos, poco le costó el cargarla, pues era tan pequeña y delgada que comparada con todo lo que tenía que cargar en sus misiones de campo aquello era pura pluma. La metió en la cama y la tapó con las mantas. La gata se subió a la cama de su dueña y miagó un poco, como si quisiera echar a Darius de allí. Éste trató de acariciarla, pero ésta no se dejó. Se acurrucó con su dueña y vigiló.
Él regresó a su habitación. Tomó el móvil para mirarlo antes de ir a dormir. Y su burbuja explotó en cuanto vio las seis llamadas perdidas de su novia. Su pesadez inundó su mente y sus sentimientos miserables lo golpearon duramente. Pensó en qué hacer durante varios minutos. Nunca había sido un cobarde, y no lo sería esta vez tampoco. Marcó el número de su novia y esperó.
—«Darius…»—escuchó al tercer toque. Aquella voz apagada lo rompió por dentro. Él estaba bien, diría que incluso mejor al haberse separado de ella, pero ella, esa voz, quebrada, profunda y oscura. —«P-Por favor.» —la respiración entrecortada de su novia le indicó que estaba llorando y de nuevo su corazón, su mente, su alma se fragmentaban más y más. —«Vuelve a casa… Vuelve, por favor… te quiero, muchísimo.» —el tiempo se detuvo, percibía el olor de Lux en todo él, miró hacia el pasillo, pocos metros más allá aquella chiquilla…
Una pequeña bola de pelo hizo acto de presencia jugueteando en el umbral de su puerta. Y de nuevo la respiración de Quill. Diez años, su vida, prácticamente entera había sido de esa mujer, y ella lo había cuidado tanto, lo había querido tanto, ¿Cómo podía siquiera pensar en dejarla? En irse ¿para qué?, ¿para estar con Lux?, ¿Aseguraba Lux su felicidad? ¿Aseguraba Lux que romper diez años serviría para estar mejor? "la vida es para vivirla, no para sacrificarla "recordó las palabras que la pequeña chica le había profesado el día anterior. Así pensaba él también cuando tenía veintitrés años, le hubiera gustado seguir ese camino, pero no lo había seguido. Era bonito soñar cuando uno era joven, pero él, él tenía una vida ya hecha que en aquel momento no podía quebrar.
—Sí…volveré a casa, Quill.
