Disclaimer: Inuyasha no es mío, los personajes utilizados en toda la historia no son de mi propiedad sino de Rumiko Takahashi, creadora de la serie, estos son solo utilizados sin ánimos de lucro, solo diversión. Aunque la historia es mía. Mao y Takeshi son míos…solo míos :3.
Advertencia: AU Y Ooc un poco de ambos, la verdad.
Blue Dragon
Capitulo 6: Ruge, Tigre.
—¿Es normal que ella haga esta clase de cosas?—pregunto Inuyasha mientras salían de la sala, Takeshi a su lado , lo miro de reojo.
—Algo así. Se mete en problemas con una facilidad demencial—exclamo mirando a Kagome hablar con Sango.
El ojidorado asintió.
—Bien…y…¿que vamos a hacer?—pregunto Mao.
Kagome rolo los ojos.
—¿Clases?
Mao negó.
—Celebremos que una vez mas tus habilidades te sacan ilesa—dijo con una sonrisa maliciosa.
Sango asintió, con una sonrisa, pero recibió una llamada y salió disparada. Takeshi se encogió de hombros, Inuyasha mascullo algo a Miroku que teniendo la vista fija en Sango asintió. En cambio Rin negó, se disculpo de Kagome una vez mas, y deslizándose en un auto plateado se perdió entre las calles.
—Tu tacto Mao…es sorprendente—exclamo Kagome.
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—¡La quiero fuera de la Universidad!
El señor Shinwa levanto la mirada cansada de los papeles al ver su hijo enojado, con sus ojos rojos fulgurantes en ira.
—¿Qué pasa?
Naraku titubeo un poco, pero reafirmo su ira aun mas.
—Me echaron de la Universidad. Esa estúpida de Higurashi es una…
El Señor Shinwa soltó los papeles de golpe, con la mirada fría.
—¿Que has dicho?
Naraku observo a su padre masajear su sien, sabia que estaba furioso, solo tenia ese ademan cuando estaba realmente de mal humor.
—Me expulsaron.
—¿Quién?—gruño, con sus ojos rojos fulgurantes en ira. No por nada trabajaba en una de las mas grandes compañías automotriz.
Masajeo rápidamente sus manos, estaba nervioso.
—Higurashi Kagome.
Keito Shinwa observo a su hijo, durante años había estado dándole lo que había querido, ocultando lo que había hecho: todo por la imagen que la familia Shinwa y la empresa debían tener.
—¿Cómo demonios te metiste con ella?
—Una de las perras amigas de ella me gusto. Simplemente quise obtenerla—gruño disgustado—pero esa maldita se interpuso…
—No puedo hacer nada—corto Keito.
—¿Qué?...—su rostro se puso pálido—¿Qué has dicho padre?
Naraku observo a su padre que con una mueca cínica, malhumorada y cansada, lo miraba a los ojos.
—Lo que acabas de escuchar. No puedo arriesgarme a que la mocosa abra la boca.
—Pero…pero…¡La maldita hizo que me echaran de la Universidad!—derribo todos los papeles del escritorio caoba de su padre, que con frialdad enfrento su ira. Retrocedió un poco, cuando la respiración de su padre se hizo agitada y de forma brusca se acerco amenazante.
Ahora estaba asustado.
—¿Crees que no se quien es ella?¿Acaso crees que algunos de los otros empresarios no han utilizado sus aclamadas servicios?—mascullo—Me entere, Naraku. Blue Dragon es una persona de cuidado, además, sus padres son accionistas mayoritarios de la mayoría de los compradores.
—¿Q-que?
Keito soltó una carcajada sarcástica.
—Si, querido hijo—exclamo con ironía—Los Higurashi eran una familia poderosa, Touru Higurashi tiene mas dinero que yo, estando muertos ella es la mayor heredera—gruño—No puedo perder un contacto así.
—¡Pero! ¡Padre!—Keito gruño, azotando un vaso de vidrio en la pared.
—¡Lárgate de aquí, chico inútil!...Antes de que te arrepientas.
Naraku palideció con rapidez, asintiendo frenéticamente. Se deslizo rápidamente en la puerta.
—Bien si no quiere ayudarme. Yo mismo lo hare.
Saco rápidamente su celular.
Blue Dragon se arrepentiría.
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Inuyasha recibió con agrado las luces estroboscópicas de "Danger", el bar. Cuerpos se frotaban, sudaban y bailaban al ritmo de "Latch". Dos morenas de piernas infinitas le sonrieron coquetas al examinarlo lentamente.
—A ti te desnudan cada segundo ¿eh?—exclamo Takeshi.
Inuyasha sonrió.
—Son sexys.
Takeshi se encogió de hombros, con sus ojos azules examino la pista de baile.
—No son de mi agrado particular
El ojidorado sonrió burlón.
—Vaya, nunca oí nada como eso.
Kagome estiro su cuello.
—No todos son como tu, Taisho—sonrió, Inuyasha observo como las caderas de la morena se balanceaban delicada y seductoramente. Trago con dificultad—El tiene mas capacidad electiva que la mayoría—envió un guiño a Takeshi que respondió con una sonrisa.
—¡Kagome!—exclamo Mao, atrajo con la cintura a la morena mientras se inclinaba en su oído y le susurraba algo que la hizo sonreír. Ambos se sentaron en una de las mesas mientras seguían hablándose al oído.
Inuyasha observo el intercambio de susurros, miradas y sonrisas. Fue extraño ver a Blue Dragon tan cómoda, en sus anteriores recuerdos era ella siempre burlona, pero cómoda, jamás.
Miroku silbo mientras observaba cada esquina del lugar.
—Buen bar.
Kagome carraspeo y se dirigió hacia el ojiazul.
—Lo que hace ser Blue Dragon.
Inuyasha asintió, observando a la camarera rubia y con grandes pechos pidió una cerveza bien fría, las caderas de la camarera se agitaron y sus ojos parpadearon coquetamente.
Horas después Inuyasha había desaparecido con la camarera, Kagome dejo que se fuera, sin amargarlo, después de esta noche era mejor tenerlo de buen humor. A su lado Mao, que coqueteaba con una chica que se sonrojaba con cada sonrisa traviesa y seductora del fotógrafo. Mao mordía su aro de forma traviesa.
Takeshi, que no les gustaban estas fiestas, arrugaba el ceño mirando el techo. Ella sonrió, eran parecidos en eso: las fiestas salvajes no eran de su agrado. Para ella, fiesta era hablar y disfrutar con sus amigos. No ver gente emborracharse como si no hubiera fin.
Pero ahí la música era estridente, ni siquiera se podían gritar.
Pero simplemente esperaría.
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Inuyasha subió la cremallera del pantalón observando a la camarera (la cual no tenia idea el nombre) limpiar sus labios y retocar el fuerte color rojo de sus labios.
—Cariño, me largo.
—¿Y tu numero?—ronroneo, pegando todo su cuerpo al pecho de el.
—Después, cariño. Después—con un guiño, abrió la puerta y fue golpeado con el olor del sudor y alcohol, y cegado por las luces moradas y verdes que brillaban. Busco rápidamente su mesa, observando a Mao con una chica encima de su regazo. No había nadie ahí.
—Mao—llamo, dejando que el pelinegro lo mirara con las mejillas arreboladas y los labios hinchados—¿Dónde están todos?
—Kagome se fue con Takeshi y …tu amigo se fue con una chica, creo—la pelinegra en su regazo empezó a lamer su cuello, Mao se retorció, cerrando sus ojos— Si me disculpas, estoy ocupado.
Inuyasha gruño, y observo su reloj.
Once de la noche.
Se iría por esta vez. Temprano.
Salió rápidamente, siendo golpeado por el frio, cerro la chaqueta de cuero y metió las manos en los bolsillos.
—Taisho
Kagome, enfundada en una chaqueta de cuero y con el casco negro, apretó el acelerador de la Ducatti deteniéndose a su lado.
—¿Tu no te habías ido?
—Algo así—agito su mano—Pero esperabas que terminaras tu diversión, aunque creí que demorarías mas.
—¿Me esperabas?
Kagome asintió, con un casco compañero asintió hacia el asiento trasero.
—Vamos. Hace un buen rato escape a mi apartamento, necesitaba esta noche mi pequeño—exclamo con una sonrisa, acariciando la moto.
—¿Qué?
—Taisho, tu primer favor. Ahora. Así que a mi moto.
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—Repite…¿Qué mierdas debo hacer?
Inuyasha observo la puerta del bar, varias personas estaban de pie en la puerta, cada vez que se abría la puerta de hierro, la música y luces se escapaban y eran tragadas después por la oscuridad y el hierro.
—Entrar. Deberás hacer un trabajo adentro, el te reconocerá.
—¿Segura?
Kagome ensancho su sonrisa, jugando con el celular.
—Tranquilo el trabajo de va a encantar. Anda, ve.
El ojidorado fulmino ante el tono conciliador de la morena, camino hasta el bar y entro. La música golpeo sus sentidos, observo la multitud saltar ante la electrónica. Una luz azul bañaba las personas, que se veían fantasmagóricas.
—¿Tu eres Inuyasha Taisho?—pregunto una voz a su lado, encaro al hombre enfundado en un traje y que con una sonrisa burlona preguntaba.
—Si.
—Sígueme.
Confundido por la mirada burlona, siguió al hombre a la segunda planta, dos hombres enfundados en leotardos negros le lanzaron miradas lascivas y peligrosas. Bien ahora estaba asustado. Otra puerta, esta vez de rojo, se abrió, música estridente con mujeres y hombres se agitaban por la música.
—Uh mira que trasero—murmullo una voz masculina.
—Viste esas piernas—jadeo a su lado otro hombre.
—Oye…¿que mierdas es esto?—pregunto con un murmullo, al hombre enfundado en traje. El tipo enarco la ceja.
—¿Acaso no sabes?
—¿Qué?
—El Bar…la segunda planta es un bar gay.
Inuyasha jadeo.
—¿Qué?...No, eso no puede ser, se supone que me iba a encontrar con alguien, no entrar a un bar gay…
—Estas en lo cierto, cariño. Es conmigo con quien te vas a encontrar—ronroneo una voz chillona, Inuyasha se estremeció, cuando enfrento al hombre casi se cae al suelo del susto. El pelinegro con leotardo rojo, lo miraba con lascivia.
—Un placer querido. Mi nombre es Jakotsu—sonrió coquetamente—Kagome nunca dijo que fueras caliente y taaan masculino. Vamos querido, tu trabajo empieza ahora, conmigo.
Inuyasha trago ruidosamente. Sentía el miedo subirle al cuello.
Mataría a Kagome Higurashi.
Siguió a Jakotsu, que agitaba sus caderas pasos adelante. Estaba asustado, no podía negarlo, sus miradas lascivas y maliciosas le enviaban escalofríos de desagrado. Entro por un cuarto oscuro, una luz baja color rojo junto con una cama de terciopelo también rojo la decoraba.
Jakotsu vio su expresión.
—Tranquilo, no vamos a hacer nada de eso—rio—Aunque…si tu deseas…
Negó rápidamente.
Atravesaron rápidamente la habitación, hacia la puerta, que cuando lo abrió se sorprendió.
Un estudio fotográfico.
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—¿Qué hay con el?—Kagome se mordió nerviosa la uña. Inuyasha Taisho estaba furioso, disgustado…
—Delicioso. Nada mejor que el, querida—escucho la risa chillona de uno de sus clientes. Conocía a Jakotsu, claro que lo conocía, era el dueño del bar gay mas grande de la ciudad . Ella le ayudaba a controlar la fuga de información personal y sobre el bar.
Era bastante lo que se hablaba del bar.
Y sobre Jakotsu y sus gustos desaforados y extravagantes.
—¿Esta enojado?
—Le sale sangre de la nariz de la furia.
—Espero las fotos—en la otra línea la risa de Jakotsu estallo en una carcajada—Ver, no tocar. No quiero amenazas o demandas.
—Bien bien—se imagino el puchero—Te envió las fotos.
Colgó y guardo en el bolsillo al celular, estaba algo nerviosa. Taisho era conocido por ser hedonista consumado, pero también, era conocido por los ataques de ira y lo explosivo que era. Sus peleas eran legendarias, había estado en pie, con golpes y heridas, casi a punto de desangrarse por el simple hecho de que alguien había insultado a su madre.
Bien, era algo divertido, Taisho jamás iba a creer que ella fuera peor.
Mucho peor.
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—No me voy a poner esta mierda.
Inuyasha observo el pantalón de seda negra que se deslizaba por sus dedos, junto con el antifaz de cuero. Parecía alguna estupidez de BDSM.
—Si, debes hacerlo—canturreo Jakotsu junto con la cámara—Le debes favores a Blue.
Gruño, estampando la ropa.
—Le debo favores a ella. No a ti.
—Por eso—sonrió—Ella me debe algo, esta es la forma. Tu eres la paga—rio—Ahora…póntelo, sino quieres que ella aplique su justicia en ti.
—Ni mierda—con paso raudo se dirigió a la puerta…sin embargo la voz de Jakotsu lo detuvo.
—¿Acaso sabes lo que pasa cuando Blue Dragon no le pagan sus favores?
—¿Qué puede hacer?—gruño enojado.
Jakotsu se volvió serio de repente.
—Quedan en la nada, ella los acaba. Tiene las suficientes herramientas y contactos—Inuyasha observo como Jakotsu se estremecía. Un escalofrió de advertencia recorrió su columna—Créeme no quieres meterte con ella.
Inuyasha mascullo una maldición, pero decidió hacer caso a su instinto que nunca le había fallado.
Camino hacia la ropa y se fue a cambiar. Un espejo de cuerpo completo en el vestidor lo recibió y observo su mirada…se veía extraño.
—Dios…¡Te ves delicioso!—chillo emocionado Jakotsu. Lo arrastro inevitablemente hacia el centro de la habitación, donde había esposas, fustigas, plumas, y una sombrilla…y extrañas orejas de animales.
—¿Para que son las fotos?—pregunto sin ver a Jakotsu, sino la mirada fija en los "artilugios".
—Propaganda—exclamo—para el bar. Tranquilo, no será peligroso para tu imagen.
Inuyasha asintió, sintiéndose de repente inquieto. Se sentí desnudo.
—Vamos, chico.
Sostuvo las esposas de forma…¿provocativa?. O eso parecía ya que Jakotsu chillo y disparo el flash. Ya le estaba dando un dolor de cabeza.
—Ruge, Tigre. Ruge.
Se quiso morir.
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Cuando observo la figura esbelta y pequeña de Kagome Higurashi solo quiso tener su cuello para agitarlo y apretarlo.
Ella sonrió y salto al otro lado de la moto, interponiéndola entre ambos, ella y el instinto asesino de el.
—Tranquilo, Taisho—exclamo—¿Qué tal el trabajo?
—¿Qué?¿Que mierdas acabas de preguntar?...—grito enojado, agito su cabello corto—Adivina, estuvo asquerosamente horrible. Porque mierdas no avisaste que era una maldita sesión de fotografía de un bar gay.
Ella se mordió el labio inferior y batió las pestañas inocentemente.
—Le debía a Jakotsu, no sabia que era eso. Solo dijo que necesitaba alguien atractivo, y ahí estabas tu.
Inuyasha respiro profundamente, tratando de tranquilizarse. Miro los ojos azules, como el cielo, oscurecerse con culpa.
—Bien, como disculpa te invito ya a comer. ¿Qué dices?
Se quedo observándola, decidiendo si la mataba o no, pero el hambre que hasta ahora se daba cuenta que le comía el estomago lo azoto.
—Comida.
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Entraron juntos al restaurante japonés de comida tradicional. Se sentaron en la mesa, al fondo, aunque el restaurante estaba mas o menos vacio por la hora, era mejor la privacidad.
Inuyasha ojeo el menú pero sintió la mano de ella bajar el menú. Sus ojos azules brillaron y negó.
Un camarero llego y asintió hacia Kagome.
—¿Lo conoces?
—Algo asi, vengo seguido. El ramen aquí es…delicioso—los ojos de Kagome brillaron—Te encantara.
Inuyasha asintió, no quería hablar nada. Aun estaba de mal humor, tenia vergüenza, nunca la había tenido, y ahora la sentía.
—Vamos…no fue tan malo…¿o si?
Gruño, jugando con el salero.
—Fue espeluznante, Jakotsu es…aterrador.
Ella sonrio.
—Si puede ser excéntrico, pero es buena persona—mordió su labio, e Inuyasha se fijo perfectamente en ello—Asi que…fotos.
Fulmino rápidamente los ojos de Kagome.
—Ni te atrevas a preguntar.
Soltó una carcajada, observando el ceño fruncido y el puchero del ojidorado, era mortalmente tierno.
—Bien—levanto las manos—Pero te aseguro que si no fuera por mi estarías en tu apartamento comiendo basura.
El rolo los ojos.
—¿Y aquí es cuando te debo agradecer?—mascullo sarcástico.
—Te invite a comer—sonrió cuando diviso al camarero llegar con dos platos humeantes y con un olor delicioso—Gracias, Shien.
El hombre asintió y salió disparado hacia la cocina.
—Lo aterrorizaste.
Ella sostuvo los palillos en el aire mientras sonreía.
—Es tímido. Hace unos dos años vengo, y el siempre hace eso.
Frunció el ceño mirando los palillos. ¿Cómo mierdas se sostenían?. Kagome lo observo ver los palillos.
—No sabes.—afirmo.
—Si se.—lanzo una rápida mirada hacia la mano de la ojiazul y trato de repetir como los sostenía. Sin embargo, los palillos resbalaron salpicándole el rostro.
Kagome se atraganto con la risa, deslizo sus palillos al lado, y firmemente sostuvo las manos del ojidorado, que la observo sorprendido.
Lentamente, sostuvo entre sus manos los dedos grandes y masculinos de Inuyasha, y acomodo los palillos.
—Así…—cerro delicadamente los dedos de el junto con los suyos. Sumergió la punta y enredo los fideos—Y así.
El la observo absorto. Asintió y repitieron dos veces el procedimiento, hasta que Inuyasha se sintió seguro.
Lo dejo solo y comieron en silencio. Inuyasha gimió cuando la explosión de sabores golpearon sus papilas, ahora era su plato favorito.
—¿Cada cuanto comes aquí?—su boca estaba llena pero se las arreglo para que salieran bien las palabras.
Ella enarco la ceja al ver como comía. Cerdo.
—Si así comes, no te quiero ver como seduces—se burlo—Casi toda la semana, a menos que tenga trabajo o exámenes.
—Son deliciosos.
—Lo sabia, te iban a encantar—el levanto la mirada, la sonrisa de ahora, era luminosa y honesta. Nunca la había visto, pero de repente vino un solo pensamiento a la cabeza.
Hermosa.
—Te voy a robar el lugar—exclamo, tratando de aclarar su mente. El estúpido comentario anterior estaba fuera del caso. Era la primera vez que pensaba así.
—Tranquilo. Las cosas buenas nunca deben ser negadas.
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Dejo las llaves en el mostrador, entro a la cocina y sacando una Coca-Cola fue y encendió su computador. Abrió rápidamente su correo y la bandeja de entrada ilumino las fotos que quería ver.
Su pecho salto, al verlo enfundado en unos pantalones de seda negra que se aferraban en el sitio correcto en sus caderas, dejando ver la exquisita depresión que llegaba mas abajo y sus seis paquetes de abdominales. Los ojos dorados brillaban de forma maliciosa.
No pareciera que sufriera mucho.
Paso desinteresadamente foto por foto. Habían varias donde le sacaban carcajadas, sobre todo cuando tenia una fusta rosada de peluche o orejas de tigre.
Sin embargo una foto la atrajo, estaba de perfil, con sus rostro en una sonrisa de medio lado, con cada musculo ondulante completamente tenso. Unas orejas de perro negras asomaban en su cabeza, pero con la luz se veía extrañamente plateado.
Era masculino, estremecedor y misterioso.
No podía negar que Taisho era una obra de arte antes los ojos femeninos.
"Delicioso"
Sonrió ante el adjetivo mejor calificado.
Nunca pudo estar mas de acuerdo con Jakotsu.
Amaterasu97
Y AQUÍ…esta…bueno, hasta ahora no a desarrollada la trama central, pero se va desenlazando cosillas por aquí y otras por allá. Mi comida es el review y mi alma sus comentarios, no se les olvide.
