7.-Veinte Por Ciento
Lapis ve un faro a lo lejos. Le recuerda el momento en que vio sus ojos. Los comparaba siempre con faros, faros verdes. Sus pies tocan el mar, está frío. Contrasta con la mano cálida que la sujeta. De algún modo, esa sensación y aquella que sintió al verla no eran tan diferentes.
Era ver un cálido amanecer luego de una noche lluviosa. Era ver unos hermosos y tranquilizadores ojos, luego de que te partieran el corazón. Era sentirte llena y de pronto recordar que amaba a alguien más.
Cuando la pequeña rubia se percató de la mirada de Lapis se ruborizó un poco.
-L-lo lamento, no me he presentado -luego se aclaro la garganta y le tendió la mano a Lapis-. Mi nombre es Peridot y soy la pareja de Amatista, es un placer.
Lapis no captaba completamente lo que pasaba a su alrededor, se sentía extraña al mirar esos hipnóticos ojos, y le costaba apartar su mirada de ellos.
Pasó un poco más de un segundo para que respondiera al saludo.
-E-este, mi nombre es Lapis, es un placer -luego le apretó la mano.
Posiblemente era el momento más incómodo por el que hubiera pasado, y eso era mucho decir.
Después de la extraña escena, las visitas se dirigieron a la sala de estar, Lapis las siguió. Una vez ahí, tomaron asiento en el sofá grande, la una junto a la otra y Lapis en el sillón. Por un momento la habitación se sumió en un gran silencio, hasta que Amatista lo rompió.
-Y dime, ¿cómo conociste a mi hermana? -preguntó con una gran sonrisa curiosa.
-Por internet -contestó rápidamente Lapis.
Y volvió el silencio, ahora más incomodo, si es que era posible.
-¿Y ustedes? -preguntó Lapis como unos 30 segundos después.
-Ella cayó encima de mí -respondió Amatista riendo para tratar de aligerar el ambiente. No funcionó.
Pasaron algunos segundos, para que alguien tratara de hablar de nuevo, esta vez fue Lapis.
-Jasper me contó que viven juntas, ¿cómo sucedió?
-Bueno, pues ella me lo pidió de pronto y yo siempre quise salir de la casa de mis tíos. Son buenas personas, pero no me sentía cómoda ahí. Y simplemente le dije que sí, mis tíos no tuvieron problemas con dejarme.
-¿Y a que se dedican? -Lapis ya sabía la respuesta, pero necesitaba ganar tiempo para que Jasper llegara y la salvara de la incomodidad.
-Pues yo trabajo como ayudante de cocina, me ayuda a prepararme para mi carrera, además la paga es muy buena -respondió la hermana menor de Jasper.
-Y yo me dedico a dibujar -se apresuró a decir la rubia, era la primera vez que hablaba en toda la conversación.
-Oh, ¿pero en verdad puedes vivir de eso?, digo, ¿tienes un sistema de donación y todo eso?, ¿y cómo funciona? ¿O es que solamente te promocionas por las redes sociales y te contactan personalmente?
-Uso un sistema de donaciones, había empezado con pedidos pro contacto ¡pero era un caos!, a veces tenía hasta 100 pedidos al mes.
-Vaya, debes ser muy buena.
-Debo admitir que lo soy.
-Y debes admitir que no tienes nada de humildad.
Ambas rieron.
-¡No puedo creer que conozcas de esto!, a Amatista tuve que explicárselo como diez veces. Y no solamente a ella, todos quienes me preguntan me dicen que no es un trabajo real.
-Sí, ese es el estigma que se la gente que trabaja por internet.
-Supongo que tienes razón -suspiró la rubia.
-¿Y es difícil llegar a recibir 100 pedidos al mes? -dijo Lapis con una sonrisa y una de sus manos en la barbilla.
-La verdad es que al principio sí es difícil, tienes que hacerlo sin pensar en el dinero, ya sabes como un pasatiempo y cuando menos te das cuenta ya hay gente pidiendo y puedes sustentarte con eso. Es muy gratificante.
-¿Cuál es tu límite de personas al mes?
-20, además los que donan tienen acceso a dibujos que no subo a ninguna otra parte y hago un sorteo con un premio mensual.
-¿Y qué te piden? ¿No te molesta que te pidan dibujar algo que odias? -preguntó Lapis. Era una conversación bastante interesante.
-En verdad a veces me molesta un poco, en especial cuando me piden un dibujo de una pareja imaginaria en una serie. Lo triste es que eso es lo que más hago.
-Oh entiendo, emparejar personajes sí que arruina algunas series.
-¡Sí, lo sé!, jamás le ponen atención a la trama. La gente sólo piensa en que tal o cual van a quedar juntos y no les importa nada más. Lo tenebroso es que se expande al mundo real, con las bandas de chicos, los deportistas e incluso personajes históricos.
-Exacto, Jasper me dice que algunas parejas que se inventas los fans son buenas ideas, ¡pero nunca me da ejemplos! Aunque… pagaría una cantidad bastante tentadora por un dibujo de Paul McCartney y John Lennon.
-No existe el dinero suficiente para que haga eso. Además… Paul es de Ringo.
Ambas volvieron a reír.
Amatista se aclaró la garganta.
-¡¿Qué tal si mejor se besan?! -soltó de pronto.
Y entonces la habitación se sumió nuevamente en el silencio inicial. Pero ahora sumada con la tensión.
-¿P-pero qué estás diciendo? -dijo Lapis preocupada, ni siquiera sabía que había hecho mal para molestar a Amatista.
-¡Ya me escuchaste maldita zorra!, ¿por qué no te besas con ella? Es lo único que falta.
-Amatista, cálmate, estás teniendo un ataque -dijo con una voz calmada, casi susurrando como la de una madre arrullando a su bebé.
-¡Cómo rayos me voy a calmar, si estaban coqueteando en mis narices!
-¿Estás escuchando lo que dices?, ¿realmente tiene algún sentido?, por favor, solo respira.
La castaña estaba hiperventilando. Miraba a los ojos a Peridot y eventualmente intercambiaba para ver a Lapis. Inhaló y exhaló, repitiendo el proceso por lo menos unas diez veces más.
Cerró los ojos, respiró una última vez. Luego se dirigió a la puerta.
-Nos tenemos que ir.
-No tienen que irse ¿sabes?, sé que fue un accidente -dijo Lapis.
-Lamento lo ocurrido, dile a Jasper que vendré luego. Una vez más, lo siento -salió de la casa, ni siquiera la volteó a ver.
Al salir, la chica rubia volvió a pedirle disculpas en voz baja. Y cuando se fueron Lapis cerró la puerta, puso su espalda contra esta y se dejó caer.
¿Qué rayos acaba de pasar? -se preguntó.
Su mente no iba divagando acerca del porque de la reacción de Amatista, pues Jasper ya la había preparado mentalmente sobre ello. No esperaba que fuera tan celosa o tan impulsiva, pero al menos sabía que cualquier cosa podría pasar.
Pensaba más en porque esos ojos verdes la habían hipnotizado, en la conversación que estaban teniendo, en realidad estaba poniéndole atención, no fingía para nada. Desde que había conocido a Jasper, las conversaciones que no fueran con ella le parecían monótonas, aburridas y unidireccionales. Siempre dejaba que la otra persona hablara, y se limitaba a asentir. Cuando le pedían su opinión respecto a algo decía sí o no, dependiendo de la situación, pero con esta chica no, ella fue diferente, y no sabía la razón.
Mientras subían al auto Peridot notó que Amatista aún estaba muy seria.
-¿Qué pasa, todavía te sientes mal por lo que paso ahí? -sentía tristeza por su novia, quien se veía arrepentida.
-¿Eh? No, sólo pensaba que esa chica no me agrada, me parece que es algo falsa -dijo con un tono sorprendentemente calmado.
-¿Por qué lo dices?, a mi me pareció buena gente.
-A ti todas las personas te parecen buena gente -dijo Amatista.- se veía en sus ojos, estaban tristes y opacos, aún cuando sonreía y reía a todo pulmón, notaba que no dejaba de pensar en algo que la hace infeliz.
-Pues a mí me pareció buena gente. Por segunda vez alguien sabe de que trata mi trabajo, digo, quizá tu hermana le enseñó, pero lo hizo bien. Realmente sabía de lo que hablaba y realmente le interesaba lo que decía.
De pronto cerró la boca. Notó que su novia la miraba de una manera poco agradable.
-Aunque concuerdo contigo con que sus ojos se veían tristes, me pregunto por qué será.
-Sí, seguro lo notaste, no apartabas tu mirada de ellos -respondió Amatista con los brazos cruzados.
-Hey ¿qué tal si vamos por un helado? -dijo cambiando el tema.- Ayer abrieron un lugar nuevo en el centro comercial.
Peridot pasó todo el camino sin ver a su novia, se dirigieron al centro comercial. Ahí compraron los helados que había prometido, luego fueron a pasear por un rato en los alrededores, distrayéndose de toda la locura de ese día. Peridot pensaba que debió haber previsto un ataque como ese, de hecho lo más sensato hubiera sido haberse limitado a saludar y callarse hasta que llegara Jasper.
Para Peridot no era sencillo ser la novia de Amatista.
Sí, a veces había momentos buenos y en esos momentos ella era extrovertida y alegre. Eran esos momentos los que la hacían creer que todo valía la pena, que podían superar sus problemas y ser felices algún día. Para Peridot, aquellos momentos donde Amatista era feliz eran los más hermosos, los más esperanzadores, pero también los más tristes.
Porque también había momentos malos. Ella sabía que en una relación se pasaba por problemas de todo tipo, pero con Amatista el ochenta por ciento de su relación eran esos momentos. No se podía quejar, al principio posiblemente era el noventa por ciento. Era lo que había aceptado al ser su novia. La rubia lo sabía y Amatista se lo había advertido, y aun así ella había aceptado. Y no había llegado el día en que se arrepienta de aquella decisión.
Cuando la conoció, Amatista era un desastre, incluso más que ahora. Y ella también lo era.
En Amatista encontró comprensión en un mundo donde sentía que todos le daban la espalda. Con ella pudo expresarse, cada momento que pasaba con ella le hacía pensar que valía la pena levantarse de la cama, y quería creer que ella era el motivo por el que Amatista también lo hacía. Aunque con el pasar del tiempo cayó en cuenta que se equivocó al compararse con Amatista. Cuando lo pensaba se burlaba de sí misma, sus problemas eran nulos comparados a los de ella. Peridot creyó estar mal, pero mientras más iba conociendo a Amatista, más se daba cuenta de que, comparada con ella, Peridot sólo era una niña berrinchuda, llorando por motivos banales. Porque ella había pasado por el verdadero infierno, mientras que Peridot solamente podía soñar con conocerlo.
Cuando pensaba en todo por lo que habían pasado, se sorprendía recordando cómo era ese tiempo, parecía que hubiera sido hace siglos, a pesar de que sólo hubieran pasado dos años.
-Sí que he cambiado -pensaba con una sonrisa triste.
Todavía recordaba el primer día que la vio.
Fue una tarde de Mayo. Hacía mucho calor, pero incluso así, una Peridot de 15 años caminaba de regreso a su casa con un suéter negro, escuchando música mientras pensaba en la mierda de día que había sido aquel.
Deseaba llegar a casa para desquitar ese odio. Inconscientemente se sujetó el brazo, todavía sentía el dolor de las cortadas que se había causado la vez anterior. De pronto, la canción cambia, comienza a sonar una canción de los Beatles, una que hablaba sobre que lo único que necesitabas era amor. Una mentira, pero no dejaba de ser una buena canción.
De repente, mientras doblaba la esquina de una calle siente un dolor en la cara, luego se cae, esperaba sentir su rostro estrellarse en la banqueta, pero cuando abrió los ojos, se encontró con los de Amatista. No eran hermosos ni únicos, se trataban de unos ojos atormentados con unas ojeras enormes que sólo se podrían describir como corrientes. Y aun así lograron hechizarla.
Inclusive dos años después de su encuentro, Peridot seguía ignorando el por qué esos ojos le atrajeron tanto. Tenía la teoría de que fue a causa de la fase por la que atravesaba. Creía haber encontrado a alguien como ella, pero, ¿y ahora que había cambiado? No lo sabía, pero tampoco era que se la desviviera pensándolo. En esos momentos a ella le bastaba con el veinte por ciento de momentos felices, porque esos momentos, eran invaluables.
Jasper llegó a las 5:00 PM. Con ella traía comida china y otras cosas que le parecieron necesarias para su hogar, cuando entró a su casa la encontró totalmente vacía. No había nadie en la sala, ni tampoco en la cocina. Entró al que era el cuarto de su hermana, en este encontró a Lapis dormida. Se veía tan apacible que le parecía un crimen el tratar de despertarla, así que decidió salir. Se preguntaba si su hermana habría llegado. La llamó dos veces a su casa pero nadie respondió, quería pensar que era porque estaban de camino.
Esperó una hora más a su hermana hasta que decidió que ya no llegaría, se dispuso a comer. Tomó una de las cajas de comida y las metió al microondas. Mientras esperaba que su comida se calentará, escuchó los pasos de Lapis. La vio cruzar el umbral de la puerta y cuando llegó a la cocina se sentó en una silla.
-Tu hermana está completamente desquiciada, me dijiste que fuera sutil, no que no volteara a ver a su novia -le dijo con una sonrisa, desperezándose del sueño.
-Oh dios, no me digas que te amenazó de muerte -le respondió.
-No, sólo me llamó zorra.
-¿Y el motivo fue...?
-¡Ninguno!, solamente hablaba con su novia acerca de su trabajo.
-Oh sí, debí advertirte que es muy celosa, y que esté un poco mal de la cabeza no lo mejora
-¿Algo más que deba saber acerca de ella?
-Éste no, creo que no, ¡ah sí!, también es vengativa, mucho.
-¿Entonces, debo huir?
-Jajaja, no, es sólo una broma, normalmente se avergüenza mucho de esos ataques.
-Muy graciosa.
-Sí, me han dicho que debería ser comediante en vez de profesora -se burló por última vez. -¿Y su novia?, ¿qué te pareció?
-Ahora entiendo porque decías que era extraño que siguiera con ella.
-¿Lo ves? Es raro.
-Pero sabes, yo creo que en verdad la ama, porque sus ojos brillan bastante cuando la ve o cuando habla de ella.
-Con que sí ¿eh? Pero sabes, eso da más miedo.
-¿Por qué lo dices?
-Porque si en verdad la ama, aún no la conoce, y si la conoce hay dos posibilidades; A) en verdad la ama o B) ella está más loca que mi hermana.
-Yo creo que exageras bastante.
-Supongo que sí -dijo Jasper suspirando.- supongo que sí -repitió.
